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        <title>Pensamiento XX</title>
        <author>Beatriz Cienfuegos</author>
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        <edition>Moralische Wochenschriften</edition>
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          <name>Alexandra Fuchs</name>
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          <name> Elisabeth Hobisch</name>
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          <name> Renate Hodab</name>
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        <publisher>Institut für Romanistik, Universität Graz</publisher>
        <date when="2016-10-31">31.10.2016</date>
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        <bibl>Cienfuegos, Beatriz: La Pensadora gaditana. 4 Bände. Bd. 2: Madrid: Imprenta
                    de Francisco Xavier García 1763, 193-224 </bibl>
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          <title level="j">La Pensadora
                        Gaditana</title>
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          <date>1763</date>
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<p rend="EU"><milestone unit="E1" xml:id="FR.1"></milestone></p>
<div1><head>Pensamiento XX</head>
<p rend="date">Se hallarà todos los Jueves en la Librerìa de <hi rend="italic">D. Salvador Sanchez Ossorio</hi>, frente del Corrèo: Y de <hi rend="italic">D. Manuél Ferrera</hi>, frente del Populo.</p>
<p rend="date">Cadiz, y Noviembre 22. de 1763.<lb></lb>Imprimasse. Dr. Ortega.</p>
<p rend="date">Cadiz, y Noviembre 21. de 1763.<lb></lb>Imprimasse, quedando este Original en la presente Escrivanìa de Imprentas, y Librerìas, á<lb></lb>donde se deberán tambien passar dos Exemplares. Villaformada.</p>
<p rend="SO"><milestone unit="E2" xml:id="FR.2"></milestone> <milestone unit="E3" xml:id="FR.3"></milestone> <milestone unit="MT" xml:id="FR.4"></milestone> Agradecida mi Pluma, solo desea ocasiones en que dàr â entendér â mis Lectores, la obligacion en que se halla constituìda, viendo el continuado favòr con que todos procuran mis <hi rend="italic">Pensamientos</hi>;<hi rend="italic"> </hi>pues aunque es verdad, que esto viene mezclado con muchos sinsabores, por la delicadeza de unos, la ignorancia de otros, y lo más común, por los bien fundados reparos del mayór número; no obstante en prueba de que pretendo dàr â el Público una clara expression, que manifieste mi gratitud, proseguiré en mi empeño, sin envanecerme con el aplauso de mis apassionados, ni atemorizarme de las fie-<pb n="196"></pb>ras dentelladas que me tìra la ociosidad embidiosa: y assi tomando en una prudente proporcion mi camino, mediré los passos sin que resvalen por jactanciosos, ni tropiezen de tìmidos; huyendo de elevàr mis discursos â otra esphera agena de su objeto, para quitar la ocasion de que me censuren aquellos, que me hàn visto caminár tanto tiempo por las humildes margenes de mi corriente estylo; que â no sér por èste temòr, tal véz procuràra levantárle de punto: pero está el Mundo de manera, que es un nuevo estimùlo de las Satyras, el esfuerzo honrado de los humildes, quando procuran ascendèr por el cami-<pb n="197"></pb>no de la virtud â las alturas del mèrito: esto contiene â mi Pluma en su misma baxeza, y èste motivo hace que se ahoguen en màs de quatro pechos generosos los nobles impulsos â lo mágnífico: pues aunque se hallen con capacidad suficiente para proyectàr empressas agigantadas; se miran con menos constancia para tolerár los rabiosos combates de la maledicencia, suprimiendo en èste delinquente recelo, unos alientos dignos de pechos Alexandros.<hi rend="italic"> </hi>Insensiblemente se hà introducido un assumpto bien necessitado de reflexion: cũplirè con él èsta Semana, transladando el elegido â otro dia.</p>
<p><milestone unit="E4" xml:id="FR.5"></milestone> <milestone unit="EX" xml:id="FR.6"></milestone> Si â el nacér de entre las humil-<pb n="198"></pb>dades de la tierra el Ciprés, manifestando â el Mundo la despreciable figura de una pequeña yerbecita, se pusiesse â consideràr la immensa distancia de sus principios con la sobervia, y procerosa altura de otros de su espècie â èl vecinos; sin duda que desmayado el ánimo, â el discurrir objeto  tan distante, se cubrirìa de nuevo con la tierra, que le diò el sér, y solo tendría por premio la oculta gloria de el intento. Y si atendiera juntamente â la harmoniosa burla que hacìan de sus idèas con el ruído bullicioso de las ramas, los que por màs antiguos se hallabã tocando con sus hojas las nubes, precissamente sofocado con el sonrojo <pb n="199"></pb> de la satyra, amaynarìa en sus esfuerzos, por no verse assumpto ridiculo de tantos compañeros â él semejantes, que le atribuían por delito, lo mismo que ellos obstentaban, llenos de gloria, por hazaña. Pero si la Naturaleza próvida con todos sus individuos, le alentasse â la consecucion de su fin, trayendole por exemplo, el que aquellos mismos que le insultaban, eran igualmente hijos de unos principios, nada distintos del suyo, y que no se distinguian en màs, que en la antelacion del nacimiento, debiendo assimismo sus primeros passos â la pequeñèz, que èl posseìa: ¿No sería un ignorante, necio, y desalumbrado, si <pb n="200"></pb> preocupado de los tèmores, abandonasse los discretos consejos que le daba la Naturaleza? No tiene duda.</p>
<p>Assi, pues, muchos viven en el Mundo, que anonadando el ánimo en su misma pequeñéz, sofocan en el pecho, â el nacer, unos pensamientos, que si los alentàran con el valòr y confianza; ni mirarìan como inacessibles las alturas de lo heroyco, ni les serviría de impedimento su misma baxeza; y se arrojarìan virtuosamente atrevidos â los proporcionados médios, que ofrece indiferente la Providencia â todos aquellos que haciendo de su parte lo precisso, pretenden con laudable empeño <pb n="201"></pb> lo eminente. ¡Pero què se hàn de alentar estos infelices, si apenas procuran irse desenvolviendo de aquellos grosseros obstaculos de su nacimiento, pobreza, ô desgracia; quando las picantes sales, los indignos vexamenes, y los continuos oprobios de todos, son otros tantos estorvos, que impossibilitan aquellas dignas determinaciones, hijas legitimas de un racionál pecho, en nada distinto de el de los mayores Hombres de la tierra!</p>
<p>Màs daño tiene causado â la Sociedad el desprecio con que se miran las gloriosas idèas, quando no se acompañan de las circunstancias de ser nacidas en Sugetos colocados <pb n="202"></pb> en alta fortuna por su nacimiento, ô su dicha; que todas las irrupciones que hán hecho las Naciones barbaras en los Paìses màs cultos de la Europa. Estas impetuosas avenidas de genios cruéles, y rusticos, que por tantas veces inundaron nuestro continente en los passados Siglos, es verdad que captivaron los entendimientos, obscurecieron las Ciencias, y amedrentaron los ànimos discretamente valerosos; convirtiendolo todo, à el impetu de su impericia, y brutal dominio, en tímidas ignorancias, y bestiales témeridades: pero con la continuacion de tratàr con los mismos oprimidos, se civilizaron; y despues promovieron <pb n="203"></pb> con igual empeño lo mismo que havìan destruído, haciendose objetos de la admiracion, aquellos mismos que poco antes lo fueron del ocio, y el menosprecio. Pero el abusso que mìro tan extendido entre los màs cultos, y más civilizados del Mundo, como es el motejàr, y ridiculizar, como delito digno de castigo, y de risa, los esfuerzos que hacen los menòres por llegàr â ser grandes: en una palabra; concebir todos los que se hallan en alta fortuna, como un  atrevimiento digno de reprehension, que unas criaturas que nacieron de su espècie, y con las mismas facultades, concedidas por el Authòr de la Naturaleza, <pb n="204"></pb> iguales â las que ellos posseen, y no pocas veces con aumento; miren como blanco de sus esfuerzos, el imitar las acciones de los Heròes; y procuren por aquèl camino señalarse, y emmendár con su industria las faltas de su felicidad: es una preocupacion digna de la mayòr reforma.</p>
<p>En todas lineas, en todas facultades, y en todos estados hay su particular heroismo: y assi aquel llegarà â la classe de Heroë en su linea, que sepa aventajarse â sus iguales, y vencer todos las dificultades, que se le opongan, para poder con gloriosos alientos exceder â los que se le distingüen por mayores: tal véz no será Heroë ce-<pb n="205"></pb>lebrado en el Mundo con aquel estruendoso aplauso, con que se aclaman los Vencedores, y Conquistadores; pero la misma <hi rend="italic">Sociedad</hi> dandole el debido premio â sus fatigas, hará la proclamacion: es verdad, que no tan ruidosa, y brillante; pero mas agradable, y màs apacible: porque los elogios de aquellos se esparciràn, juntamente mezclados con los funestos vapores de la vertida Sangre de tantos individuos de la naturaleza, como murieron â el filo de sus azeros; pero los de estos resonaràn por todas partes, unidos con las alabanzas de los beneficiados, y socorridos por sus mismas empressas.</p>
<p>Què otra cosa se mira en el Mũ-<pb n="206"></pb>do, que las repetidas burlas y menosprecios en los yà encumbrados â la altura de los premios, quando desde la sobervia torre en que se hallan, se dignan volvèr los ojos â las inferioridades de los desgraciados, y los vèn premeditar nobles empressas, discurrir eruditamente, y fundamentàr principios sólidos, y discretos, para adquirir los que llaman bienes de fortuna. ¡Valgame Dios, y como los motejan, censuran, y aún reprehenden! ¿No vèn Vms. Cavalleros (se dicen regularmente), como <hi rend="italic">Melibeo</hi>, que ayèr estaba sugeto â el triste sudór de su Padre, cuya hacienda era una choza, y quatro cabras, yà hoy olvidando-<pb n="207"></pb>se de su nacimiento, pretende elevarse â los puestos màs distingüidos, solo porque la casualidad le favoreciò en tal accion, le hà adornado de quatro facultades, ô le hà proporcionado medios para adquirir algun caudalejo? Ciertamente que merece mil palos: ¿no fuera mejor, que se estuviera entre su ganado, ayudando â su viejo Padre, y no que ahora se quiere meter â Cavallero, quando tan lejos se mira de este mérito? No fuera mejor: y es una necedad originada de una desproporcionada arrogancia, querer que unos racionales, que nacieron para el alivio de la Sociedad, y concurrir con sus talentos â el beneficio co-<pb n="208"></pb>mun, se niegüen â estas cosas, solo por el vano pretexto de que nacieron humildes, ô desgraciados. ¿Por ventura aquellos sujetos distinguidos, que hoy numèran por grandeza de sus Casas â siglos la antigüedad (mejor diré) que ignoran los principios de su Nobleza por ancianos, tuvieron acaso mejores cunas sus primeros ascendientes? Pues si â estos mismos (que dieron, tal vèz con menores causas, fundamentos laudables â los privilegios que hoy disfrutan) los que en aquellos tiempos se hallaban en la cima de la felicidad, les huvieran contenido, y estorvado sus designios por humildes; ¿los que hoy se rien, y burlan se halla-<pb n="209"></pb>rían en el estado distingüido que posseen? De ninguna suerte: se mirarìan confundidos con el vulgo, y no disfrutarìan de las veneraciones, que el Mundo les tributa: pero como sus gloriosos Antecessores tuvieron la dicha, de que se estimasse sus virtudes, sin mas respecto, que el de la virtud misma, por esta causa acaloraron sus memorables intentos, y lograron para sì, y sus descendientes la debida paga â tan altas idèas. Pues assi pretendo, que en nuestros dias los mismos que se vèn abundantemente premiados, no sean avaros de las felicidades, y alienten con su proteccion, consejos, y alabanzas en los pequeños, aque-<pb n="210"></pb>llas maximas, empressas, ô designios, que son verdaderamente grandes, y dignos de la mayor aceptacion: ayudando con su exẽplo, à que otros que con iguales facultades se hallan arrinconados en la oscuridad de su miseria, abandonen los temores, y como dignos individuos de nuestra Sociedad, procuren poner de su parte aquellas luces, ô dotes especiales, que disfrutan, para ilustrarla, y hacerla más util, y agradable.</p>
<p>¿Si se juntáran en un Pueblo los Principales, ê ideassen la fabrica de un Puente, precisso â su màs comodo comercio, y para esto convidassen â todos los vecinos, <pb n="211"></pb> sin distincion de personas, ni calidades para la mas prompta consecucion del intento: ¿se enojarían porque concurriessen los humildes, y ofreciessen quanto posseìan para aquella tan util, quanto costosa empressa? ¿Se burlarîan porque apareciesse un vecino, y ofreciesse un racional, y fundado arbitrio, para que la fábrica se hiciesse â menos costo, y trabajo? No por cierto: antes sin dificultad, discurro, que los admitirìan, agradecerían sus promessas, y los distinguirían de los demàs, enpago de aquellos servicios: pues esto es lo mismo que nos sucede â los racionales, mientras completámos el número de los vivientes. <pb n="212"></pb> Es la Sociedad precisso, y agradable Puente, para passar sobre seguro, libres de los torrentes impetuosos de nuestros inescusables trabajos: nos hace caminár, contra todos los golpes de la fortuna, de un estado â otro, sin que peligre nuestra vida con la novedad. Esta Sociedad, ô Puente de la vida se halla miseramente arruinada por sus principales partes, â los fieros impulsos de la ignorancia, lisonja, pressumpcion, y sobervia; siendo (la que havia de ser agradable y deleytoso passéo, para poder soportar nuestras proprias miserias) una serie continuada de precipicios, que sobre los estrivos de la infidelidad y tyra-<pb n="213"></pb>nía ofrece, con apariencias de seguridad, un camino arriesgado, y peligroso â los que incautos se dexan engañar de sus mentidas apariencias.</p>
<p>¿Todos aquellos que concurren, sean grandes, ô pequeños â ofrecer sus caudales, industrias, ô arbitrios para la reedificacion de este Puente: esto es, para hacer la Sociedad mas tolerable, y segura, seràn dignos de la risa, ô del aprecio? ¿Aquellos que corran ansiosos, desde las lexas distancias de su abandóno, para poner una piedrecita en este Puente, y lo consigan, mereceràn ser atendidos de los que con sus grandes possibles intenten solos reedificar-<pb n="214"></pb>la? Me parece debe ser assi: porque sus deseos, sus diligencias, y discursos se han dirigido â el bien comùn, y particular, y assi es precisso mirarlos con amor, y premiarlos con cariño. ¿Y quièn necessita de estos para nada? (me replicaràn.) Allà en el Puente que Vm. supone, fueron todos convocados; ¿pero en el segundo caso, en el que aplica Vm. la pariedad, quièn se acuerda de ellos, por què no se estàn en sus chozas, y entre sus iguales, y no se vienen â hacer figura donde no les llaman? ¡Donde no les llaman! ¡O qué ignorancia! ¿Pues la naturaleza misma quando produce un individuo no le convida, y <pb n="215"></pb> havilita para todo lo que es proprio, privativo, y peculiar â su especie? ¿Acaso quando nacen los infelices, los pobres, y los despreciados, no sacan consigo todas las facultades, y licencias del mismo Authòr de la naturaleza, para que licitamente adquieran, intenten, emprendan, y cumplan con las obligaciones de ser Sociables, utiles para sì, y para todos los Hombres? Discurro que no hay contra: ¿luego parece que será injusticia, tyranìa, ê inracionalidad pretender, que estos mismos no discurran, no premediten acciones grandes, y no procuren adquirir riquezas licitamente, para ilustrarse; pues son individuos de <pb n="216"></pb> una misma naturaleza, y están llamados por ella misma, para unir sus auxilios en el mayor beneficio de la Sociedad? Parece se funda mi Discurso.</p>
<p>No presuman algunos, que miran las cosas con los ojos torcidos de una perversa inteligencia,  que yo pretendo hacer crítica de aquellos, que en elevada fortuna son dignos objetos de la veneracion, y respeto: no pienso en tàl cosa; antes por el contrario, viendo lo utiles, y necessarias que son â  la Sociedad, èstas distinguidas classes de Personas, toda la idèa de éste Discurso se dirige â que se aumente su número, para que logrémos mas frequentes sus beneficios: <pb n="217"></pb> y anhelo â que se consiga èste fin, con el fomento de estos mismos, que estàn en possession de hacer felices, solo con apadrinár los dignos intentos de los que idèen seguir la carrera del valór, las Ciencias, ô riquezas; para que de èsta suerte, no oculten sus nobles deseos entre los olvidos, temores, y menosprecios. Si los <hi rend="italic">Sixtos Quintos</hi>, los <hi rend="italic">Hernan-Corteses</hi>, y los <hi rend="italic">Viriatos</hi> huvièran tìmidos contenido sus talentos, valòr, ê industria entre las sombras de su pobreza, ô desgracia; si no huvieran tenido quien los huviera dado la mano en sus invidiables principios; ni el uno desde los brazos de una pobre lavandera huviera ascendido â go-<pb n="218"></pb>vernàr dignamente la Cathedra de San Pedro; el otro con la Espada, y su inimitable, y bien governada industria, tampoco desde su misma desgracia saliera para conquistàr un vastissimo Imperio â su Rey, â pesar de las oposiciones de la envidia; ni el postrero desde el tosco manejo de un cayado contra la unica Pontencia del Orbe, y entonces en su mayór exaltacion, huviera logrado libertár su Patria de las Armas Enemigas, y hacerse temible, y respetár de aquellos mismos, que miraban el resto del Mundo baxo de su dominio. Muchos son los exemplares, que nos ofrece la Historia, y fueran más repetidos, si â el nacer <pb n="219"></pb> atrevimientos tan virtuosos, les dieran la mano los que pissan la cumbre, para que no desmayassen en la subida: ¡pero, ô Emvidia, que como â crueles Enemigos procuran su precipicio, tal véz porque no llegüen â igualarles en el merito! <milestone rend="closer" unit="EX"></milestone> <milestone rend="closer" unit="E4"></milestone></p>
<p>Podrá tambien alguno replicarme, que con èste <hi rend="italic">Pensamiento</hi> excito las ossadias, anímo las temeridades, y apadrino las imprudencias; pues deseo que â todos los que nacieron para obedecer, se les permita y ayude para que lleguen â mandàr: siguiendose el inconveniente, de que en èste caso se destruìria màs la misma Sociedad, que pretendo sostenèr; pues <pb n="220"></pb>subiendo todos â ser Señores, ô alentandolos para que lo deseen, es sublevàr una especie de conspiracion entre la mayòr parte de los vivientes, que está destinada para las obras serviles, y mechánicas. Parece que se sigue este inconveniente, si se miran mis reflexiones de montón, y no se regùla con la prudencia su inteligencia. Quando pinto un corazòn abatido por su nacimiento, pobreza, ò desgracia, y que èste disimula entre sus mismos trabajos, algunas grandes esperanzas, no delinéo la ignorancia, impericia, y rusticidad, que se hallan por lo regular en la mayòr parte de los vulgares: hablo sí en aquèl caso, el que se vè con <pb n="221"></pb> alguna frequencia, de hallarse Hombres eminentes por su valór, ò sabiduría mezclados con la misma Plebe, y que si estos hablan, ô intentan, son despreciados, y reprehendidos, porque sus dichos, ô sus hazañas no son acompañadas de los estimables accidentes de calidad, ô riqueza: en èste sentido hablo: y en estas ocasiones afirmo con mucho fundamento, que aquellos que se hallan en possession de podèr favorecer, deben con todas sus fuerzas amparár, y fomentár â estos mismos, conocidos por Sugetos capaces de cosas grandes, y están en la obligacion de assi practicarlo: porque viviendo estos, segùn su estado, más <pb n="222"></pb> precissados â solicitár el aumento de la Sociedad racional, como que la conocen, deben no omitir médio alguno, para fomentar Hombres utiles â la Sociedad, à la Patria, â el Estado, y â sí mismos. Y si entre los Romanos á el que libraba un Ciudadano de la muerte, era acreedòr de coronarse en los pùblicos espectàculos, porque havìa dado la vida á un hijo de la Patria, aunque fuesse de condicion despreciable; ¿de qué serà digno aquél, que libèrte de la cruél muerte del olvido, y abandono, no un Patricio inutil, sino es â un Hombre, que puede llegàr â ser el honòr, la alabanza, y alegria de toda la Nacion, por hallarle con pren-<pb n="223"></pb>das suficientes para conseguirlo? Serà merecedór de ser igualmente participe de toda la gloria que el favorecido se adquiera, como causa, y principios de todos sus ascensos: pues â los gratos impulsos de su proteccion, venciò las timideces que le oprimian, y las desgracias que le abrumaban, y con vigoroso aliento, volò en àlas de su mèrito â las cumbres mas altas de la Fama: y de un individuo de la Sociedad, que no huviera sido otra cosa, que inutil objeto de las lastimas, sacó baxo el calór de su ampàro, un assumpto digno de las aclamaciones; cumpliendo en esto con la obligacion de la màs exacta nobleza, que es favorecer, <pb n="224"></pb> promovér, y amparàr â los desvalidos benemeritos, y no burlarse de sus laudables pretensiones à lo Heroyco. <milestone rend="closer" unit="MT"></milestone> <milestone rend="closer" unit="E3"></milestone></p>
<p rend="MO"><milestone unit="ZM" xml:id="FR.7"></milestone> <hi rend="italic">Generosi, &amp; magnifici animi est, juvare &amp; prodesse.</hi> </p>
<p rend="QU">P. Syrus. 3. benef. cap. 15.</p>
<p rend="GT">SONETO</p>
<lg><l rend="G1">La causa natural por excelencia </l>
<l rend="GF">en vano nada alienta, forma, y cria,<lb></lb>pues se inclina su gràn Sabidurìa,<lb></lb>pròvida â desterràr toda indigencia:</l>
<l rend="G1">Assi, si ella te diò la preferencia </l>
<l rend="GF">en fortuna, ê infiel tu altanerìa<lb></lb>â nadie favorece, es bastardìa <lb></lb>contra lo que intentò la Providencia:</l>
<l rend="G1">Lo Noble, lo Sublime, y lo Elevado </l>
<l rend="GF">cumplen su obligacion, si â el desvalido<lb></lb>procuran sea su merito premiado:</l>
<l rend="G1">¿Puedes, y â esto te escusas presumido? </l>
<l rend="GF">Pues sabe que â lo Noble ya hàs faltado,<lb></lb>y es vano tu podèr, necio, y fingido. <milestone rend="closer" unit="ZM"></milestone> <milestone rend="closer" unit="E2"></milestone> <milestone rend="closer" unit="E1"></milestone></l>
</lg><p></p></div1></body>
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          <div>
            <ab>
              <seg synch="#FR.1" type="E1">
                <seg type="U1">Pensamiento XX</seg>
                <seg type="DT">Se hallarà todos los Jueves en la Librerìa de D.
                                    Salvador Sanchez Ossorio, frente del Corrèo: Y de D. Manuél
                                    Ferrera, frente del Populo.</seg>
                <seg type="DT">Cadiz, y Noviembre 22. de 1763.<lb></lb>Imprimasse. Dr.
                                    Ortega.</seg>
                <seg type="DT">Cadiz, y Noviembre 21. de 1763.<lb></lb>Imprimasse,
                                    quedando este Original en la presente Escrivanìa de Imprentas, y
                                    Librerìas, á<lb></lb>donde se deberán tambien passar dos Exemplares.
                                    Villaformada.</seg>
                <seg synch="#FR.2" type="E2">
                  <seg synch="#FR.3" type="E3">
                    <seg synch="#FR.4" type="MT"> Agradecida mi Pluma, solo
                                            desea ocasiones en que dàr â entendér â mis Lectores, la
                                            obligacion en que se halla constituìda, viendo el
                                            continuado favòr con que todos procuran mis
                                            Pensamientos; pues aunque es verdad, que esto viene
                                            mezclado con muchos sinsabores, por la delicadeza de
                                            unos, la ignorancia de otros, y lo más común, por los
                                            bien fundados reparos del mayór número; no obstante en
                                            prueba de que pretendo dàr â el Público una clara
                                            expression, que manifieste mi gratitud, proseguiré en mi
                                            empeño, sin envanecerme con el aplauso de mis
                                            apassionados, ni atemorizarme de las fie-<pb n="196"></pb>ras dentelladas que me tìra la ociosidad embidiosa: y
                                            assi tomando en una prudente proporcion mi camino,
                                            mediré los passos sin que resvalen por jactanciosos, ni
                                            tropiezen de tìmidos; huyendo de elevàr mis discursos â
                                            otra esphera agena de su objeto, para quitar la ocasion
                                            de que me censuren aquellos, que me hàn visto caminár
                                            tanto tiempo por las humildes margenes de mi corriente
                                            estylo; que â no sér por èste temòr, tal véz procuràra
                                            levantárle de punto: pero está el Mundo de manera, que
                                            es un nuevo estimùlo de las Satyras, el esfuerzo honrado
                                            de los humildes, quando procuran ascendèr por el                                         
       cami-<pb n="197"></pb>no de la virtud â las alturas del
                                            mèrito: esto contiene â mi Pluma en su misma baxeza, y
                                            èste motivo hace que se ahoguen en màs de quatro pechos
                                            generosos los nobles impulsos â lo mágnífico: pues
                                            aunque se hallen con capacidad suficiente para proyectàr
                                            empressas agigantadas; se miran con menos constancia
                                            para tolerár los rabiosos combates de la maledicencia,
                                            suprimiendo en èste delinquente recelo, unos alientos
                                            dignos de pechos Alexandros. Insensiblemente se hà
                                            introducido un assumpto bien necessitado de reflexion:
                                            cũplirè con él èsta Semana, transladando el elegido â
                                            otro dia. <seg synch="#FR.5" type="E4">
                        <seg synch="#FR.6" type="EX"> Si â el nacér de entre
                                                  las humil-<pb n="198"></pb>dades de la tierra el
                                                  Ciprés, manifestando â el Mundo la despreciable
                                                  figura de una pequeña yerbecita, se pusiesse â
                                                  consideràr la immensa distancia de sus principios
                                                  con la sobervia, y procerosa altura de otros de su
                                                  espècie â èl vecinos; sin duda que desmayado el
                                                  ánimo, â el discurrir objeto tan distante, se
                                                  cubrirìa de nuevo con la tierra, que le diò el
                                                  sér, y solo tendría por premio la oculta gloria de
                                                  el intento. Y si atendiera juntamente â la
                                                  harmoniosa burla que hacìan de sus idèas con el
                                                  ruído bullicioso de las ramas, los que por màs
                                                  antiguos se hallabã tocando con sus hojas las
                                                  nubes, precissamente sofocado con el sonrojo <pb n="199"></pb>de la satyra, amaynarìa en sus esfuerzos,
                                                  por no verse assumpto ridiculo de tantos
                                                  compañeros â él semejantes, que le atribuían por
                                                  delito, lo mismo que ellos obstentaban, llenos de
                                                  gloria, por hazaña. Pero si la Naturaleza próvida
                                                  con todos sus individuos, le alentasse â la
                                                  consecucion de su fin, trayendole por exemplo, el
                                                  que aquellos mismos que le insultaban, eran
                                                  igualmente hijos de unos principios, nada
                                                  distintos del suyo, y que no se distinguian en                                           
       màs, que en la antelacion del nacimiento, debiendo
                                                  assimismo sus primeros passos â la pequeñèz, que
                                                  èl posseìa: ¿No sería un ignorante, necio, y
                                                  desalumbrado, si <pb n="200"></pb>preocupado de los
                                                  tèmores, abandonasse los discretos consejos que le
                                                  daba la Naturaleza? No tiene duda. Assi, pues,
                                                  muchos viven en el Mundo, que anonadando el ánimo
                                                  en su misma pequeñéz, sofocan en el pecho, â el                                               
   nacer, unos pensamientos, que si los alentàran con
                                                  el valòr y confianza; ni mirarìan como
                                                  inacessibles las alturas de lo heroyco, ni les
                                                  serviría de impedimento su misma baxeza; y se
                                                  arrojarìan virtuosamente atrevidos â los
                                                  proporcionados médios, que ofrece indiferente la
                                                  Providencia â todos aquellos que haciendo de su
                                                  parte lo precisso, pretenden con laudable empeño
                                                  <pb n="201"></pb>lo eminente. ¡Pero què se hàn de
                                                  alentar estos infelices, si apenas procuran irse
                                                  desenvolviendo de aquellos grosseros obstaculos de
                                                  su nacimiento, pobreza, ô desgracia; quando las
                                                  picantes sales, los indignos vexamenes, y los
                                                  continuos oprobios de todos, son otros tantos
                                                  estorvos, que impossibilitan aquellas dignas
                                                  determinaciones, hijas legitimas de un racionál
                                                  pecho, en nada distinto de el de los mayores
                                                  Hombres de la tierra! Màs daño tiene causado â la
                                                  Sociedad el desprecio con que se miran las
                                                  gloriosas idèas, quando no se acompañan de las
                                                  circunstancias de ser nacidas en Sugetos colocados
                                                  <pb n="202"></pb>en alta fortuna por su nacimiento, ô
                                                  su dicha; que todas las irrupciones que hán hecho
                                                  las Naciones barbaras en los Paìses màs cultos de
                                                  la Europa. Estas impetuosas avenidas de genios
                                                  cruéles, y rusticos, que por tantas veces
                                                  inundaron nuestro continente en los passados
                                                  Siglos, es verdad que captivaron los
                                                  entendimientos, obscurecieron las Ciencias, y
                                                  amedrentaron los ànimos discretamente valerosos;
                                                  convirtiendolo todo, à el impetu de su impericia,
                                                  y brutal dominio, en tímidas ignorancias, y
                                                  bestiales témeridades: pero con la continuacion de
                                                  tratàr con los mismos oprimidos, se civilizaron; y
                                                  despues promovieron <pb n="203"></pb>con igual empeño
                                                  lo mismo que havìan destruído, haciendose objetos
                                                  de la admiracion, aquellos mismos que poco antes
                                                  lo fueron del ocio, y el menosprecio. Pero el
                                                  abusso que mìro tan extendido entre los màs
                                                  cultos, y más civilizados del Mundo, como es el
                                                  motejàr, y ridiculizar, como delito digno de
                                                  castigo, y de risa, los esfuerzos que hacen los
                                                  menòres por llegàr â ser grandes: en una palabra;
                                                  concebir todos los que se hallan en alta fortuna,
                                                  como un atrevimiento digno de reprehension, que
                                                  unas criaturas que nacieron de su espècie, y con
                                                  las mismas facultades, concedidas por el Authòr de
                                                  la Naturaleza, <pb n="204"></pb>iguales â las que
                                                  ellos posseen, y no pocas veces con aumento; miren
                                                  como blanco de sus esfuerzos, el imitar las
                                                  acciones de los Heròes; y procuren por aquèl
                                                  camino señalarse, y emmendár con su industria las
                                                  faltas de su felicidad: es una preocupacion digna
                                                  de la mayòr reforma. En todas lineas, en todas
                                                  facultades, y en todos estados hay su particular
                                                  heroismo: y assi aquel llegarà â la classe de
                                                  Heroë en su linea, que sepa aventajarse â sus
                                                  iguales, y vencer todos las dificultades, que se
                                                  le opongan, para poder con gloriosos alientos
                                                  exceder â los que se le distingüen por mayores:
                                                  tal véz no será Heroë ce-<pb n="205"></pb>lebrado en
                                                  el Mundo con aquel estruendoso aplauso, con que se
                                                  aclaman los Vencedores, y Conquistadores; pero la
                                                  misma Sociedad dandole el debido premio â sus
                                                  fatigas, hará la proclamacion: es verdad, que no
                                                  tan ruidosa, y brillante; pero mas agradable, y
                                                  màs apacible: porque los elogios de aquellos se
                                                  esparciràn, juntamente mezclados con los funestos
                                                  vapores de la vertida Sangre de tantos individuos
                                                  de la naturaleza, como murieron â el filo de sus
                                                  azeros; pero los de estos resonaràn por todas
                                                  partes, unidos con las alabanzas de los
                                                  beneficiados, y socorridos por sus mismas
                                                  empressas. Què otra cosa se mira en el Mũ-<pb n="206"></pb>do, que las repetidas burlas y    
                                              menosprecios en los yà encumbrados â la altura de
                                                  los premios, quando desde la sobervia torre en que
                                                  se hallan, se dignan volvèr los ojos â las
                                                  inferioridades de los desgraciados, y los vèn                                                  
premeditar nobles empressas, discurrir
                                                  eruditamente, y fundamentàr principios sólidos, y
                                                  discretos, para adquirir los que llaman bienes de
                                                  fortuna. ¡Valgame Dios, y como los motejan,
                                                  censuran, y aún reprehenden! ¿No vèn Vms.
                                                  Cavalleros (se dicen regularmente), como Melibeo,                 
                                 que ayèr estaba sugeto â el triste sudór de su
                                                  Padre, cuya hacienda era una choza, y quatro
                                                  cabras, yà hoy olvidando-<pb n="207"></pb>se de su
                                                  nacimiento, pretende elevarse â los puestos màs
                                                  distingüidos, solo porque la casualidad le
                                                  favoreciò en tal accion, le hà adornado de quatro
                                                  facultades, ô le hà proporcionado medios para
                                                  adquirir algun caudalejo? Ciertamente que merece
                                                  mil palos: ¿no fuera mejor, que se estuviera entre
                                                  su ganado, ayudando â su viejo Padre, y no que
                                                  ahora se quiere meter â Cavallero, quando tan
                                                  lejos se mira de este mérito? No fuera mejor: y es
                                                  una necedad originada de una desproporcionada
                                                  arrogancia, querer que unos racionales, que
                                                  nacieron para el alivio de la Sociedad, y
                                                  concurrir con sus talentos â el beneficio co-<pb n="208"></pb>mun, se niegüen â estas cosas, solo por
                                                  el vano pretexto de que nacieron humildes, ô
                                                  desgraciados. ¿Por ventura aquellos sujetos
                                                  distinguidos, que hoy numèran por grandeza de sus
                                                  Casas â siglos la antigüedad (mejor diré) que
                                                  ignoran los principios de su Nobleza por ancianos,
                                                  tuvieron acaso mejores cunas sus primeros
                                                  ascendientes? Pues si â estos mismos (que dieron,
                                                  tal vèz con menores causas, fundamentos laudables
                                                  â los privilegios que hoy disfrutan) los que en
                                                  aquellos tiempos se hallaban en la cima de la
                                                  felicidad, les huvieran contenido, y estorvado sus
                                                  designios por humildes; ¿los que hoy se rien, y
                                                  burlan se halla-<pb n="209"></pb>rían en el estado
                                                  distingüido que posseen? De ninguna suerte: se
                                                  mirarìan confundidos con el vulgo, y no
                                                  disfrutarìan de las veneraciones, que el Mundo les
                                                  tributa: pero como sus gloriosos Antecessores
                                                  tuvieron la dicha, de que se estimasse sus
                                                  virtudes, sin mas respecto, que el de la virtud                                            
      misma, por esta causa acaloraron sus memorables
                                                  intentos, y lograron para sì, y sus descendientes
                                                  la debida paga â tan altas idèas. Pues assi
                                                  pretendo, que en nuestros dias los mismos que se
                                                  vèn abundantemente premiados, no sean avaros de
                                                  las felicidades, y alienten con su proteccion,
                                                  consejos, y alabanzas en los pequeños, aque-<pb n="210"></pb>llas maximas, empressas, ô designios, que
                                                  son verdaderamente grandes, y dignos de la mayor
                                                  aceptacion: ayudando con su exẽplo, à que otros
                                                  que con iguales facultades se hallan arrinconados
                                                  en la oscuridad de su miseria, abandonen los
                                                  temores, y como dignos individuos de nuestra
                                                  Sociedad, procuren poner de su parte aquellas
                                                  luces, ô dotes especiales, que disfrutan, para
                                                  ilustrarla, y hacerla más util, y agradable. ¿Si
                                                  se juntáran en un Pueblo los Principales, ê
                                                  ideassen la fabrica de un Puente, precisso â su
                                                  màs comodo comercio, y para esto convidassen â
                                                  todos los vecinos, <pb n="211"></pb>sin distincion de
                                                  personas, ni calidades para la mas prompta
                                                  consecucion del intento: ¿se enojarían porque
                                                  concurriessen los humildes, y ofreciessen quanto
                                                  posseìan para aquella tan util, quanto costosa
                                                  empressa? ¿Se burlarîan porque apareciesse un
                                                  vecino, y ofreciesse un racional, y fundado
                                                  arbitrio, para que la fábrica se hiciesse â menos
                                                  costo, y trabajo? No por cierto: antes sin
                                                  dificultad, discurro, que los admitirìan,
                                                  agradecerían sus promessas, y los distinguirían de
                                                  los demàs, enpago de aquellos servicios: pues esto
                                                  es lo mismo que nos sucede â los racionales,
                                                  mientras completámos el número de los vivientes.
                                                  <pb n="212"></pb>Es la Sociedad precisso, y agradable
                                                  Puente, para passar sobre seguro, libres de los
                                                  torrentes impetuosos de nuestros inescusables
                                                  trabajos: nos hace caminár, contra todos los
                                                  golpes de la fortuna, de un estado â otro, sin que
                                                  peligre nuestra vida con la novedad. Esta
                                                  Sociedad, ô Puente de la vida se halla miseramente
                                                  arruinada por sus principales partes, â los fieros
                                                  impulsos de la ignorancia, lisonja, pressumpcion,             
                                     y sobervia; siendo (la que havia de ser agradable
                                                  y deleytoso passéo, para poder soportar nuestras
                                                  proprias miserias) una serie continuada de
                                                  precipicios, que sobre los estrivos de la
                                                  infidelidad y tyra-<pb n="213"></pb>nía ofrece, con
                                                  apariencias de seguridad, un camino arriesgado, y
                                                  peligroso â los que incautos se dexan engañar de              
                                    sus mentidas apariencias. ¿Todos aquellos que
                                                  concurren, sean grandes, ô pequeños â ofrecer sus
                                                  caudales, industrias, ô arbitrios para la
                                                  reedificacion de este Puente: esto es, para hacer
                                                  la Sociedad mas tolerable, y segura, seràn dignos
                                                  de la risa, ô del aprecio? ¿Aquellos que corran
                                                  ansiosos, desde las lexas distancias de su
                                                  abandóno, para poner una piedrecita en este
                                                  Puente, y lo consigan, mereceràn ser atendidos de
                                                  los que con sus grandes possibles intenten solos
                                                  reedificar-<pb n="214"></pb>la? Me parece debe ser
                                                  assi: porque sus deseos, sus diligencias, y
                                                  discursos se han dirigido â el bien comùn, y
                                                  particular, y assi es precisso mirarlos con amor,
                                                  y premiarlos con cariño. ¿Y quièn necessita de
                                                  estos para nada? (me replicaràn.) Allà en el
                                                  Puente que Vm. supone, fueron todos convocados;
                                                  ¿pero en el segundo caso, en el que aplica Vm. la
                                                  pariedad, quièn se acuerda de ellos, por què no se
                                                  estàn en sus chozas, y entre sus iguales, y no se
                                                  vienen â hacer figura donde no les llaman? ¡Donde
                                                  no les llaman! ¡O qué ignorancia! ¿Pues la
                                                  naturaleza misma quando produce un individuo no le
                                                  convida, y <pb n="215"></pb>havilita para todo lo que
                                                  es proprio, privativo, y peculiar â su especie?
                                                  ¿Acaso quando nacen los infelices, los pobres, y
                                                  los despreciados, no sacan consigo todas las
                                                  facultades, y licencias del mismo Authòr de la
                                                  naturaleza, para que licitamente adquieran,
                                                  intenten, emprendan, y cumplan con las
                                                  obligaciones de ser Sociables, utiles para sì, y
                                                  para todos los Hombres? Discurro que no hay
                                                  contra: ¿luego parece que será injusticia,
                                                  tyranìa, ê inracionalidad pretender, que estos                                              
    mismos no discurran, no premediten acciones
                                                  grandes, y no procuren adquirir riquezas
                                                  licitamente, para ilustrarse; pues son individuos
                                                  de <pb n="216"></pb>una misma naturaleza, y están
                                                  llamados por ella misma, para unir sus auxilios en
                                                  el mayor beneficio de la Sociedad? Parece se funda
                                                  mi Discurso. No presuman algunos, que miran las
                                                  cosas con los ojos torcidos de una perversa                         
                         inteligencia, que yo pretendo hacer crítica de
                                                  aquellos, que en elevada fortuna son dignos
                                                  objetos de la veneracion, y respeto: no pienso en
                                                  tàl cosa; antes por el contrario, viendo lo
                                                  utiles, y necessarias que son â la Sociedad, èstas
                                                  distinguidas classes de Personas, toda la idèa de
                                                  éste Discurso se dirige â que se aumente su
                                                  número, para que logrémos mas frequentes sus
                                                  beneficios: <pb n="217"></pb>y anhelo â que se consiga
                                                  èste fin, con el fomento de estos mismos, que
                                                  estàn en possession de hacer felices, solo con
                                                  apadrinár los dignos intentos de los que idèen
                                                  seguir la carrera del valór, las Ciencias, ô
                                                  riquezas; para que de èsta suerte, no oculten sus
                                                  nobles deseos entre los olvidos, temores, y
                                                  menosprecios. Si los Sixtos Quintos, los
                                                  Hernan-Corteses, y los Viriatos huvièran tìmidos
                                                  contenido sus talentos, valòr, ê industria entre
                                                  las sombras de su pobreza, ô desgracia; si no
                                                  huvieran tenido quien los huviera dado la mano en
                                                  sus invidiables principios; ni el uno desde los
                                                  brazos de una pobre lavandera huviera ascendido â
                                                  go-<pb n="218"></pb>vernàr dignamente la Cathedra de
                                                  San Pedro; el otro con la Espada, y su inimitable,
                                                  y bien governada industria, tampoco desde su misma
                                                  desgracia saliera para conquistàr un vastissimo
                                                  Imperio â su Rey, â pesar de las oposiciones de la
                                                  envidia; ni el postrero desde el tosco manejo de
                                                  un cayado contra la unica Pontencia del Orbe, y            
                                      entonces en su mayór exaltacion, huviera logrado
                                                  libertár su Patria de las Armas Enemigas, y
                                                  hacerse temible, y respetár de aquellos mismos,
                                                  que miraban el resto del Mundo baxo de su dominio.
                                                  Muchos son los exemplares, que nos ofrece la
                                                  Historia, y fueran más repetidos, si â el nacer
                                                  <pb n="219"></pb>atrevimientos tan virtuosos, les
                                                  dieran la mano los que pissan la cumbre, para que
                                                  no desmayassen en la subida: ¡pero, ô Emvidia, que
                                                  como â crueles Enemigos procuran su precipicio,
                                                  tal véz porque no llegüen â igualarles en el
                                                  merito! </seg>

                      </seg> Podrá tambien alguno replicarme, que con èste
                                            Pensamiento excito las ossadias, anímo las temeridades,
                                            y apadrino las imprudencias; pues deseo que â todos los
                                            que nacieron para obedecer, se les permita y ayude para
                                            que lleguen â mandàr: siguiendose el inconveniente, de
                                            que en èste caso se destruìria màs la misma Sociedad,
                                            que pretendo sostenèr; pues <pb n="220"></pb>subiendo todos
                                            â ser Señores, ô alentandolos para que lo deseen, es
                                            sublevàr una especie de conspiracion entre la mayòr
                                            parte de los vivientes, que está destinada para las
                                            obras serviles, y mechánicas. Parece que se sigue este
                                            inconveniente, si se miran mis reflexiones de montón, y
                                            no se regùla con la prudencia su inteligencia. Quando
                                            pinto un corazòn abatido por su nacimiento, pobreza, ò
                                            desgracia, y que èste disimula entre sus mismos
                                            trabajos, algunas grandes esperanzas, no delinéo la
                                            ignorancia, impericia, y rusticidad, que se hallan por
                                            lo regular en la mayòr parte de los vulgares: hablo sí
                                            en aquèl caso, el que se vè con <pb n="221"></pb>alguna
                                            frequencia, de hallarse Hombres eminentes por su valór,
                                            ò sabiduría mezclados con la misma Plebe, y que si estos
                                            hablan, ô intentan, son despreciados, y reprehendidos,
                                            porque sus dichos, ô sus hazañas no son acompañadas de
                                            los estimables accidentes de calidad, ô riqueza: en èste
                                            sentido hablo: y en estas ocasiones afirmo con mucho
                                            fundamento, que aquellos que se hallan en possession de
                                            podèr favorecer, deben con todas sus fuerzas amparár, y
                                            fomentár â estos mismos, conocidos por Sugetos capaces
                                            de cosas grandes, y están en la obligacion de assi
                                            practicarlo: porque viviendo estos, segùn su estado, más
                                                <pb n="222"></pb>precissados â solicitár el aumento de
                                            la Sociedad racional, como que la conocen, deben no
                                            omitir médio alguno, para fomentar Hombres utiles â la
                                            Sociedad, à la Patria, â el Estado, y â sí mismos. Y si      
                                      entre los Romanos á el que libraba un Ciudadano de la
                                            muerte, era acreedòr de coronarse en los pùblicos
                                            espectàculos, porque havìa dado la vida á un hijo de la
                                            Patria, aunque fuesse de condicion despreciable; ¿de qué
                                            serà digno aquél, que libèrte de la cruél muerte del
                                            olvido, y abandono, no un Patricio inutil, sino es â un
                                            Hombre, que puede llegàr â ser el honòr, la alabanza, y
                                            alegria de toda la Nacion, por hallarle con pren-<pb n="223"></pb>das suficientes para conseguirlo? Serà                                        
    merecedór de ser igualmente participe de toda la gloria
                                            que el favorecido se adquiera, como causa, y principios
                                            de todos sus ascensos: pues â los gratos impulsos de su
                                            proteccion, venciò las timideces que le oprimian, y las
                                            desgracias que le abrumaban, y con vigoroso aliento,
                                            volò en àlas de su mèrito â las cumbres mas altas de la
                                            Fama: y de un individuo de la Sociedad, que no huviera
                                            sido otra cosa, que inutil objeto de las lastimas, sacó
                                            baxo el calór de su ampàro, un assumpto digno de las
                                            aclamaciones; cumpliendo en esto con la obligacion de la
                                            màs exacta nobleza, que es favorecer, <pb n="224"></pb>promovér, y amparàr â los desvalidos benemeritos, y no
                                            burlarse de sus laudables pretensiones à lo Heroyco.
                                        </seg>
                  </seg>
                  <seg type="MO">
                    <seg synch="#FR.7" type="ZM"> Generosi, &amp;
                                            magnifici animi est, juvare &amp; prodesse. </seg>
                    <seg type="QU">P. Syrus. 3. benef. cap. 15.</seg>
                    <seg type="GT">SONETO</seg> La causa natural por excelencia
                                        en vano nada alienta, forma, y cria,<lb></lb>pues se inclina su
                                        gràn Sabidurìa,<lb></lb>pròvida â desterràr toda indigencia:
                                        Assi, si ella te diò la preferencia en fortuna, ê infiel tu
                                        altanerìa<lb></lb>â nadie favorece, es bastardìa <lb></lb>contra lo
                                        que intentò la Providencia: Lo Noble, lo Sublime, y lo
                                        Elevado cumplen su obligacion, si â el
                                        desvalido<lb></lb>procuran sea su merito premiado: ¿Puedes, y â
                                        esto te escusas presumido? Pues sabe que â lo Noble ya hàs
                                        faltado,<lb></lb>y es vano tu podèr, necio, y fingido. </seg>
                </seg>
              </seg>
            </ab>
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