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        <title>Núm.31</title>
        <author>Anónimo [Ventura Ferrer]</author>
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      <editionStmt>
        <edition>Moralische Wochenschriften</edition>
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          <name>Elisabeth Hobisch</name>
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          <name> Julia Landerl</name>
          <resp>Editor</resp>
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        <respStmt>
          <name> Lisa Hofer</name>
          <resp>Editor</resp>
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      </editionStmt>
      <publicationStmt>
        <publisher>Institut für Romanistik, Universität Graz</publisher>
        <date when="2014-07-21">21.07.2014</date>
        <idno type="PID">o:mws.2759</idno>
      </publicationStmt>
      <sourceDesc>
        <bibl>Anónimo: El Regañón general ó Tribunal catoniano de Literatura, Educacion y
                    Costumbres. Madrid: Imprenta de la Administracion del Real Arbitrio de
                    Beneficencia. 1803-1804., 241-248 </bibl>
        <bibl type="Einzelausgabe" xml:id="REG">
          <title level="j">El Regañón
                        general</title>
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          <biblScope type="issue">31</biblScope>
          <date>1803</date>
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        </bibl>
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        </interpretation>
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        <name type="place">Graz, Austria</name>
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        <language ident="es">Spanish; Castilian</language>
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                            l’humanité</term>
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                            Donne</term>
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                        femme</term>
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                    </p>
                    <div1>
                        <head>NÚM.° 31.</head>
                        <p rend="date">Miércoles 14 de Setiembre de 1803. </p>
                        <p rend="EU"><milestone unit="E2" xml:id="FR.2"></milestone></p>
                        <div2>
                            <head>COSTUMBRES.</head>
                            <p rend="SO"><milestone unit="E3" xml:id="FR.3"></milestone> Señor Público: Me
                                confundo cada vez que pretendo averiguar de donde nace entre
                                nosotros esta maldita inclinacion que tenemos de no divertirnos sino
                                á costa de nuestros semejantes. Quando exâmino los espectáculos y
                                las diversiones que han entretenido y entretienen á los hombres, no
                                puedo ménos de notar este defecto, y hasta el mismo trato de las
                                gentes no es ameno ni divertido en el concepto de los hombres del
                                dia, si no se emplea la sátira, la murmuracion, ó á lo menos si no
                                es el próximo el objeto de nuestras conversaciones: esto sin duda ha
                                sido causa de que se haya extendido tanto el uso del <hi rend="italic">ridículo</hi> como se nota generalmente. Uso de
                                esta voz porque expresa mejor que otra alguna la especie de burla
                                que se hacen los individuos racionales unos á otros. El ridículo
                                consiste en chocar contra la moda, ó contra la opinion general, y
                                algunas veces se emplea contra los que se separan de la razon. Su
                                dominio no se extiende mas que á las cosas indiferentes por su
                                naturaleza, y que la moda las hace valer, como el vestido, el
                                lenguage, la afectacion, y el ayre del cuerpo; pero como la moda se
                                ha hecho todo poderosa entre los hombres, se juzga de las acciones,
                                de las ideas y de los afectos con relacion á ella, y todo lo que no
                                se conforma con esta tirana de la sociedad, se tiene por ridículo.
                                Por una conseqüencia de este principio se extiende la ridiculez
                                hasta sobre la virtud, y este es el medio mas seguro que emplea la
                                envidia para obscurecer su esplendor. El ridículo ha llegado á ser
                                la ponzoña de la virtud y de los talentos, y alguna vez el castigo
                                del vicio; pero, por desgracia, hace mas impresion sobre los hombres
                                honrados y sensibles, que sobre los viciosos, porque estos se
                                atrincheran contra el ridículo, y <pb n="242"></pb> entre ellos se da y
                                se recibe sin causar mas efecto que una diversion pasagera.</p>
                            <p>La ridiculez es el azote de los hombres sociables, y que siguen la
                                moda, y es muy justo que tengan por tirano un sér imaginario.
                                Comunmente se ve que se sacrifica la vida al honor, y que el honor
                                se prostituye á la fortuna; pero se han dado muchos exemplares de
                                aventurar los hombres su fortuna, y todo al temor de hacerse
                                ridículos. Yo no me admiro que se ponga tanto cuidado en evitar la
                                ridiculez, porque esta hace mucha fuerza en el espíritu de aquellos
                                con quienes tenemos que tratar familiarmente; pero no tiene disculpa
                                la extremada sensibilidad que muchos sugetos sensatos tienen sobre
                                este punto, y este temor tan excesivo ha producido una multitud de
                                burlones ó ridiculizadores, que deciden en todas materias con
                                magisterio. Si estos individuos no se hubieran apoderado del empleo
                                de ridiculizar á los demas, serian ellos los mas ridiculizados; de
                                manera que son lo mismo que aquellos delinqüentes sentenciados á la
                                horca que se ponen á verdugos por librar la vida.</p>
                            <p>Creen pues todos estos sugetos que su imperio es universal, y no es
                                sino harto limitado, pero por mas pequeño que sea no dexa de ser
                                bastante poderoso en la sociedad, porque el temor pueril de hacerse
                                ridículo sofoca las ideas, reduce los talentos, formándolos por un
                                solo modelo, y produce las mismas conversaciones poco interesantes
                                por su naturaleza, y fastidiosas por su repeticion. Así sucede que
                                los necios son los únicos que han ganado en el trato general y
                                amanerado que se usa, pues se han igualado á lo menos con los
                                sugetos mas instruidos y de ingenio, porque el talento es igual en
                                todos los hombres quando no tiene mas campo donde extenderse que en
                                el corto recinto de las materias que se tratan generalmente en la
                                sociedad. En teniendo el tono y los modales de estilo, puede
                                qualquiera impunemente ser un necio, pues nada hay que se parezca
                                mas á la necedad, que la ignorancia de algunos usos bastante
                                comunes.</p>
                            <p>No basta el no exponerse á la ridiculez para librarse de ella, porque
                                se ridiculiza á los que lo merecen ménos, y hasta á las personas mas
                                respetables. Como sobre el ridículo no se ha decidido cosa alguna
                                positiva, no tiene mas exîstencia que en la opinion de las gentes, y
                                así es que depende en parte de la disposicion del que le recibe, y
                                en este caso tiene necesidad de ser aceptado. Por este motivo se
                                logra destruirle, no rechazándole con fuerza, sino recibiéndole con
                                menosprecio é indiferen-<pb n="243"></pb>cía, pues con él sucede lo
                                mismo que con las flechas de los indios de América que traspasaban
                                el hierro, y no podían penetrar los vestidos de lana. Aun quando un
                                hombre merezca que le pongan en ridículo, puede tener el arte de
                                inutilizarlo, siguiendo y adelantando la burla en la misma materia
                                de que se han valido, y de este modo consigue humillar á su
                                adversario, menospreciando los golpes que intenta darle.</p>
                            <p>El hombre que emplea su talento en ridiculizar á los otros, y
                                exponerlos á la risa, indica que no tiene las mejores ideas, y que
                                no hay en sus pensamientos honor ni elevacion. Todos en el mundo
                                tenemos nuestras debilidades, y los caracteres mas sobresalientes
                                tienen los mayores lunares: pero ¿ podrá haber una cosa mas absurda
                                que realzar los defectos de un individuo sin hacer mencion de sus
                                excelentes qualidades, fixar mas la atencion sobre sus vicios que
                                sobre sus virtudes, y hacerle que sirva mas bien de juguete, que
                                tenerle por modelo? Se nota comunmente que los sugetos que se
                                dedican á hacer burla son muy ingeniosos y hábiles en descubrir las
                                debilidades de los otros, aunque ellos en sí no posean qualidad
                                alguna que sea buena, y de esta conducta nace el que estos hombres
                                despreciables y llenos de malicia ganan muchas veces mas reputacion,
                                y son mas estimados que las personas de un carácter mas
                                apreciable.</p>
                            <p>Si el ridículo sirviese para desterrar el vicio y la locura del
                                mundo, podría sin duda ser muy útil; pero si en lugar de exercitarse
                                en esto se emplea ordinariamente en burlarse de la virtud, y en
                                combatir lo mas respetable, lo mas santo, y lo mas digno de elogios.
                                En las primeras edades del mundo en que floreciéron los héroes, las
                                almas grandes y generosas, los hombres no se distinguian unos de
                                otros mas que por la noble sencillez de costumbres, y no conocian
                                todos estos placeres de la conversacion, que tanto se ponderan en el
                                dia. Verdad es que nosotros no hemos podido igualar á los antiguos
                                ni en la poesía, ni en la oratoria, ni en la pintura, ni en la
                                arquitectura, ni en la historia, ni en las artes y ciencias que
                                dependen mas del talento que de la experiencia; pero les excedemos y
                                con mucho en la chanza, en el burlesco, en la sátira, y en todos los
                                modos triviales de poner á los hombres y todas sus dependencias en
                                ridículo.</p>
                            <p>Otro vicio que tambien distinguímos en la sociedad, y que es casi tan
                                comun como el que acabamos de describir es el prurito que tienen los
                                hombres de hacerse singulares y notados, y este me parece que nace
                                de la uniformidad que se encuentra en <pb n="244"></pb> el trato de las
                                gentes, porque en todas partes se ven generalmente las mismas ideas,
                                los mismos modales, y se oyen las mismas conversaciones. La
                                singularidad no es precisamente un carácter, sino una especie de
                                sistema involuntario, unido a alguna de nuestras qualidades
                                naturales que seguimos sin advertirlo nosotros mismos, y que quando
                                llegamos a reconocerle se destruye enteramente, de tal modo que es
                                lo mismo que un enigma, que dexa de serlo luego que se sabe lo que
                                quiere decir. Quando un hombre llega á notar que es diferente de los
                                otros en su modo de pensar, y que esta diferencia no es un mérito,
                                no puede permanecer en él sino por afectacion, y entonces el orgullo
                                que manifiesta causa fastidio, al paso que la singularidad natural
                                infunde un cierto agrado en la sociedad, que reanima la languidez.
                                Hay muchos necios que viendo el partido que logra alguna vez la
                                singularidad, se quieren hacer singulares, pero se hacen mas
                                ridículos, porque queriendo ser alguna cosa son insufribles. Como
                                han oido decir muchas veces que los hombres mas grandes no estan
                                libres de alguna especie de locura, ellos imaginan extravagancias, y
                                no hacen mas que necedades.</p>
                            <p>Otra especie de singularidad afectada se nota en el trato de las
                                gentes con bastante freqüencia, que consiste no solo en procurar no
                                ser lo que son los demas, sino en ser únicamente lo que ellos no
                                son. Este defecto se distingue en las tertulias, con especialidad
                                donde los caractéres estan repartidos entre los concurrentes como
                                los papeles en las comedias. Uno se hace filósofo, otro chistoso,
                                otro de humor tétrico, otro burlon, y á este tenor los demas: sugeto
                                hay que teniendo un carácter condescendente y sencillo, se ha hecho
                                satírico, porque ya encontró su papel ocupado. No es de extrañar que
                                estos caprichos tengan lugar en la cabeza de un necio: lo admirable
                                es que se encuentren en muchos hombres de talento, pues se nota en
                                algunos de estos que creen hacer brillantes sus defectos por la
                                singularidad, haciendo mas bien gala de ellos, que aplicándose á
                                corregirlos. Estos representan su propio carácter: estudian la
                                naturaleza para separarse de él, y formarse uno particular: no hacen
                                ni dicen cosa alguna que no se aparte de la sencillez, y sucede al
                                fin que por buscar las rarezas no se encuentran mas que las
                                necedades, porque los mismos hombres de talento nunca tienen ménos
                                que quando hacen un estudio para tenerlo. La experiencia misma nos
                                enseña que la naturalidad, aunque mas se busque, jamas se encuentra,
                                porque el esfuerzo en esta parte produce el exceso, y este descubre
                                la falsedad del carácter: <pb n="245"></pb> muchos quieren parecer de
                                genio duro, y se hacen feroces; otros pretenden ser vivos, y son
                                aturdidos; la bondad estudiada degenera en una política fastidiosa,
                                y la sinceridad aparente no dexa de conocerse, pues aun quando
                                llegue á imitarse por algun tiempo, no llega jamas a ser una
                                franqueza, la qual tiene la propiedad de que muchos y repetidos
                                actos no bastan para probarla, y uno solamente en contrario la
                                destruye.</p>
                            <p>Finalmente, toda afectacion llega al cabo á descubrirse, y queda
                                entónces el individuo en un concepto mucho mas inferior del que
                                merece. Asi pues, el único medio de evitar todos estos
                                inconvenientes es que seamos lo que realmente somos, sin añadir cosa
                                alguna á nuestro carácter, procurando tan solo separar de nosotros
                                todo lo que pueda incomodar á los demás: tengamos valor para
                                substraernos del imperio de la moda, pero sin pasar los límites de
                                la razon. Salud.</p>
                            <p rend="BU"><hi rend="italic">El Presidente.</hi>
                                <milestone rend="closer" unit="E3"></milestone></p>
                        </div2>
                        <div2>
                            <head>SECRETARÍA.</head>
                            <div3>
                                <head>CARTA QUE HEMOS RECIBIDO.</head>
                                <p><milestone unit="E3" xml:id="FR.4"></milestone>
                                    <milestone unit="LB" xml:id="FR.5"></milestone> Señor Editor del <name corresp="#REG" key="El Regañón General" type="work" xml:id="WT.1">Regañon general</name>: Muy Señor
                                    mio: Lo mucho que vmd. habla de la educacion, y los males que
                                    causa el descuido de los padres en ella, de que tengo
                                    experiencia en mí mismo, me obliga á manifestar á vmd. quan útil
                                    seria que en <placeName corresp="#REG" key="#GID.2" xml:id="SID.1">Madrid</placeName>, y demas poblaciones del
                                    Reyno, proporcionadas a mi intento, se estableciesen por
                                    subscripcion unas Casas de enseñanza y recogimiento, llevando á
                                    ellas, con el auxîlio del Gobierno, quantos pobres se
                                    encontrasen sin hogar, ni lugar determinado para vivir,
                                    extendiéndose los encargados de un establecimiento tan santo á
                                    cuidar igualmente de los pobres del respectivo Barrio que vivan
                                    en sus casas, y necesiten de auxîlios ó direccion en algunos
                                    casos para su subsistencia.</p>
                                <p>El pueblo de <placeName corresp="#REG" key="#GID.2" xml:id="SID.2">Madrid</placeName>, por donde á mi parecer debe principiar
                                    esta idea, se compone, segun un cálculo prudente, de doscientas
                                    mil almas, ó quarenta mil vecinos, quienes podrán contribuir
                                    adelantadamente con veinte reales de vellon cada uno, y yo,
                                    aunque de la clase mediana, lo practicaré con seiscientos al
                                    año. Por este cálculo resultará la cantidad total de ochocientos
                                    mil reales vellon en igual tiempo, los quales divididos en ocho
                                    Establecimientos con cien mil reales de fondo <pb n="246"></pb> cada
                                    uno para principiar sus operaciones de industria, sin mas cargas
                                    que las muy precisas, me parece podrian bastar á sostener tan
                                    benéfico establecimiento, repitiéndose cada año la recoleccion
                                    de la propia cantidad citada.</p>
                                <p>Lo practicado ya sobre este punto en las Cárceles y Casas de
                                    Recogimiento, dan una idea de que mi pensamiento no es                        
            impracticable, y si el mal se atacase en los principios, no
                                    habria tantas víctimas de la desgracia, probablemente casi todas
                                    por falta de educacion.</p>
                                <p>Conozco que esta idea podrá merecer la atencion de vmd. atendido
                                    su carácter del <persName corresp="#REG" key="El Regañón general" subtype="F" xml:id="PN.1">Regañon
                                        general</persName>, y la presencia de tantos objetos
                                    lastimosos como se presentan á cada paso en las calles de esta
                                    Corte, los quales mueven á piedad, ó endurecen tal vez con la
                                    continuacion de mirarlos y oirlos declamar, al corazon mas
                                    sensible.</p>
                                <p>Yo conozco que ni el estilo ni el plan que queda referido es
                                    apropósito para abrazar un objeto tan vasto, pero vmd. sabrá
                                    extender uno y otro, segun corresponde, animando con sus
                                    expresiones el zelo de todos, para que concurran gustosos á
                                    remediar la miseria de sus semejantes, y proporcionar al Estado
                                    ahora y en adelante una porcion de brazos útiles, que tal vez,
                                    segun el sistema del dia, le son sumamente gravosos y
                                    perjudiciales. B. L. M. de vmd. su mas afecto seguro
                                    servidor</p>
                                <p rend="BU"><hi rend="italic">F. X. P. ϒ. R.</hi>
                                    <milestone rend="closer" unit="LB"></milestone>
                                    <milestone rend="closer" unit="E3"></milestone></p>
                                <p><milestone unit="E3" xml:id="FR.6"></milestone>
                                    <milestone unit="FB" xml:id="FR.7"></milestone></p>
                                <p rend="GT"><hi rend="italic">EL L0RIT0.</hi> FÁBULA.</p>
                                <lg>
                                    <l rend="GF">Como las perdices</l>
                                    <l rend="GF">Son tan agraciadas,</l>
                                    <l rend="GF">Con aquel piquito</l>
                                    <l rend="GF">De color de grana,</l>
                                    <l rend="GF">Su pintada pluma;</l>
                                    <l rend="GF">La mucha elegancia</l>
                                    <l rend="GF">Del hermoso pecho,</l>
                                    <l rend="GF">Y toda la gracia</l>
                                    <l rend="GF">De aquellas patitas</l>
                                    <l rend="GF">Tan recoloradas;</l>
                                    <l rend="GF">Un Lorito mio</l>
                                    <l rend="GF">Se huyó de la jaula,</l>
                                    <l rend="GF">Y fuese tras ellas</l>
                                    <l rend="GF">Por esas montañas.</l>
                                    <l rend="GF">Presentóse el mozo</l>
                                    <l rend="GF">Con toda la gala</l>
                                    <l rend="GF">De sus coloridos,</l>
                                    <l rend="GF">Y ellas muy pagadas</l>
                                    <l rend="GF">De su bizarría,</l>        
                            <l rend="GF">Lo acogen y halagan</l>
                                    <l rend="GF">Con grandes caricias</l>
                                    <l rend="GF">Y finezas raras.</l>
                                    <l rend="GF">Una le pedia,</l>
                                    <l rend="GF">Para hacerse galas,</l>
                                    <l rend="GF">Plumas amarillas, </l>
                                    <l rend="GF">Otra coloradas,</l>
                                    <l rend="GF">Otra quiere verdes</l>
                                    <l rend="GF">Y él por agradarlas</l>
                                    <l rend="GF"><pb n="247"></pb> Fué tan boquirrubio,</l>
                                    <l rend="GF">Que en pocas semanas</l>
                                    <l rend="GF">Quedó desplumado,</l>
                                    <l rend="GF">Sin que le dexaran</l>
                                    <l rend="GF">Mas de los cañones,</l>
                                    <l rend="GF">Y aun eso de gracia.</l>
                                    <l rend="GF">Quando lo pararon</l>
                                    <l rend="GF">Tan de mala data,</l>
                                    <l rend="GF">Huyéronle todas,</l>
                                    <l rend="GF">Y tornó à la jaula</l>
                                    <l rend="GF">Lleno de ignominia;</l>
                                    <l rend="GF">Inquiero la causa</l>
                                    <l rend="GF">De su desventura,</l>
                                    <l rend="GF">Y él, que nada calla,</l>
                                    <l rend="GF">Me lo dixo todo;</l>
                                    <l rend="GF">Y al ver su ignorancia</l>
                                    <l rend="GF">Le dixe, Lorito,</l>
                                    <l rend="GF">Dale al cielo gracias</l>
                                    <l rend="GF">Porque esas perdices</l>
                                    <l rend="GF">Eran de montaña,</l>
                                    <l rend="GF">Que si has tropezado</l>
                                    <l rend="GF">Con estas que andan</l>
                                    <l rend="GF">Por las poblaciones,</l>
                                    <l rend="GF">Ellas te dexáran</l>
                                    <l rend="GF">Tan descañonado</l>
                                </lg>
                                <p>Que no pelecháras.<hi rend="italic">M. M. M. <milestone rend="closer" unit="FB"></milestone></hi><milestone unit="MT" xml:id="FR.8"></milestone> NOTA. Esta fábula y otras que se pondrán en este
                                    papel de igual, ó tal vez de mayor mérito que la presente,
                                    señaladas con la misma cifra, forman parte de una coleccion que
                                    intenta su autor dar á luz lo mas pronto que pueda. <milestone rend="closer" unit="MT"></milestone>
                                    <milestone rend="closer" unit="E3"></milestone></p>
                            </div3>
                        </div2>
                        <div2>
                            <head>OTRA CARTA.</head>
                            <div3>                   
             <head><hi rend="italic">Los Idolos</hi>.</head>
                                <p><milestone unit="E3" xml:id="FR.9"></milestone>
                                    <milestone unit="LB" xml:id="FR.10"></milestone>
                                    <persName corresp="#REG" key="El Regañón general" subtype="F" xml:id="PN.2">Señor Regañon</persName>: Toda mi vida me ha
                                    parecido extraño el que el hombre cargado de flaquezas y
                                    defectos pueda llegar á tener ambicion de gloria, y que el
                                    vicio, la ignorancia, la imperfeccion y la miseria pretendan
                                    elogios, y aspiren á ser objetos de admiracion, bien que las mas
                                    veces el camino que se toma para llegar á ésta, conduce
                                    precisamente al término opuesto.</p>
                                <p>¿Qué cosa hay, por exemplo, mas ridícula y despreciable que estas
                                    mugeres que en su vanidad se figuran ídolos?. . . Pero mejor
                                    será que para mayor claridad haga yo aquí su retrato.</p>
                                <p><milestone unit="E4" xml:id="FR.11"></milestone>
                                    <milestone unit="FP" xml:id="FR.12"></milestone> Es preciso advertir en
                                    primer lugar que un ídolo está siempre y únicamente ocupado del
                                    afan de adornarse: en todas las actitudes de su cuerpo, en el
                                    ayre de su rostro, y en el movimiento de su cabeza, manifiesta
                                    que no tiene otro objeto que el atraerse adoradores; por lo que
                                    vemos siempre que los ídolos se presentan en todas las
                                    concurrencias públicas, y en los lugares mas freqüentados, para
                                    seducir á los pobres hombres.</p>
                                <p>Es cierto que un ídolo puede decaer de su divinidad por varios
                                    accidentes: el matrimonio, por exemplo, es una <hi rend="italic">anti-</hi><pb n="248"></pb><hi rend="italic">apoteosis</hi>, ó
                                    una divinizacion inversa, porque desde que un ídolo se
                                    familiariza con un hombre, cae al momento á su primer estado de
                                    criatura mortal, esto es, vuelve á ser muger, y nada mas.</p>
                                <p>La vegez es tambien otro terrible enemigo de los ídolos, porque
                                    en verdad no hay un ente mas infeliz que un ídolo arrugado, y
                                    aun qualquier ídolo que tiene hijas que se van divinizando; por
                                    lo que, para evitar equivocaciones, señalamos á los ídolos el
                                    término preciso de treinta años, y no mas, ni un dia, después de
                                    los quales se las degrada de su dignidad, volviéndolas á la
                                    clase de mugeres, aunque aparenten robustez, buen color, poco
                                    juicio, melindre, ansia por las modas, y en fin, qualquiera otra
                                    gracia y mérito. <milestone rend="closer" unit="FP"></milestone>
                                    <milestone rend="closer" unit="E4"></milestone> Así pues, ya que en
                                    qualquier caso la muger sobrevive siempre al ídolo, es
                                    conveniente que vmd. <persName corresp="#REG" key="El Regañón general" subtype="F" xml:id="PN.3">señor
                                        Regañon</persName>, saque la moralidad de mi discurso,
                                    inculcando á las damas que dirijan á mas sólido objeto sus
                                    afanes, esto es, que no busquen la admiracion, sino la
                                    estimacion de las gentes sensatas, la que no lograrán jamas de
                                    la belleza, de los adornos, ni de sus perpetuas é insufribles
                                    conversaciones sobre modas; sino de las buenas qualidades
                                    interiores del alma, y de las virtudes de su corazon, que son
                                    las únicas gracias durables, las quales ni el tiempo, ni las
                                    enfermedades podrán nunca borrar, y las harán tanto mas amables,
                                    quanto sean mas conocidas. Vmd. podrá, <persName corresp="#REG" key="El Regañón general" subtype="F" xml:id="PN.4">señor
                                        Regañon</persName>, decirlas otras muchas cosas que omite su
                                    corresponsal afectísimo</p>
                                <p><persName corresp="#REG" key="Diógenes" subtype="F" xml:id="PN.5">Diógenes</persName><hi rend="italic">.</hi>
                                    <milestone rend="closer" unit="LB"></milestone>
                                    <milestone rend="closer" unit="E3"></milestone>
                                    <milestone rend="closer" unit="E2"></milestone></p>
                            </div3>
                            <div3>
                                <head>AVISO.</head>
                                <p>Se recuerda á los Subscriptores de las Provincias como á fines de
                                    este mes se cumplen los quatro que han pagado desde el principio
                                    de este periódico, para que concurran con tiempo á las Librerías
                                    en que han subscrito á renovar la subscripcion, y no
                                    experimenten atraso en el recibo de los Números, pues el que no
                                    avisare que continúa no los recibirá. El abono por los tres
                                    meses es de veinte y quatro reales, francos de porte, á razon de
                                    ocho reales por cada mes.</p>
                                <p>CON REAL PRIVILEGIO.</p>
                                <p>MADRID</p>
                                <p>EN LA IMPRENTA DE LA ADMINISTRACION DEL REAL ARBITRIO DE
                                    BENEFICENCIA <milestone rend="closer" unit="E1"></milestone></p>
                                <p></p>
                            </div3>
                        </div2>
                    </div1>
                </body>
      </text>
      <text ana="framings">
        <body xml:space="preserve">
                    <div>
                        <ab>
                            <seg synch="#FR.1" type="E1">
                                <seg type="U1">NÚM.° 31.</seg>
                                <seg type="DT">Miércoles 14 de Setiembre de 1803. </seg>
                                <seg synch="#FR.2" type="E2">
                                    <seg type="U2">COSTUMBRES.</seg>
                                    <seg synch="#FR.3" type="E3"> Señor Público: Me confundo cada
                                        vez que pretendo averiguar de donde nace entre nosotros esta
                                        maldita inclinacion que tenemos de no divertirnos sino á
                                        costa de nuestros semejantes. Quando exâmino los
                                        espectáculos y las diversiones que han entretenido y                       
                 entretienen á los hombres, no puedo ménos de notar este
                                        defecto, y hasta el mismo trato de las gentes no es ameno ni
                                        divertido en el concepto de los hombres del dia, si no se
                                        emplea la sátira, la murmuracion, ó á lo menos si no es el
                                        próximo el objeto de nuestras conversaciones: esto sin duda
                                        ha sido causa de que se haya extendido tanto el uso del
                                        ridículo como se nota generalmente. Uso de esta voz porque
                                        expresa mejor que otra alguna la especie de burla que se
                                        hacen los individuos racionales unos á otros. El ridículo
                                        consiste en chocar contra la moda, ó contra la opinion
                                        general, y algunas veces se emplea contra los que se separan
                                        de la razon. Su dominio no se extiende mas que á las cosas
                                        indiferentes por su naturaleza, y que la moda las hace
                                        valer, como el vestido, el lenguage, la afectacion, y el
                                        ayre del cuerpo; pero como la moda se ha hecho todo poderosa
                                        entre los hombres, se juzga de las acciones, de las ideas y
                                        de los afectos con relacion á ella, y todo lo que no se
                                        conforma con esta tirana de la sociedad, se tiene por
                                        ridículo. Por una conseqüencia de este principio se extiende
                                        la ridiculez hasta sobre la virtud, y este es el medio mas
                                        seguro que emplea la envidia para obscurecer su esplendor.
                                        El ridículo ha llegado á ser la ponzoña de la virtud y de
                                        los talentos, y alguna vez el castigo del vicio; pero, por
                                        desgracia, hace mas impresion sobre los hombres honrados y
                                        sensibles, que sobre los viciosos, porque estos se
                                        atrincheran contra el ridículo, y <pb n="242"></pb>entre ellos
                                        se da y se recibe sin causar mas efecto que una diversion
                                        pasagera. La ridiculez es el azote de los hombres sociables,
                                        y que siguen la moda, y es muy justo que tengan por tirano
                                        un sér imaginario. Comunmente se ve que se sacrifica la vida
                                        al honor, y que el honor se prostituye á la fortuna; pero se
                                        han dado muchos exemplares de aventurar los hombres su
                                        fortuna, y todo al temor de hacerse ridículos. Yo no me
                                        admiro que se ponga tanto cuidado en evitar la ridiculez,
                                        porque esta hace mucha fuerza en el espíritu de aquellos con
                                        quienes tenemos que tratar familiarmente; pero no tiene
                                        disculpa la extremada sensibilidad que muchos sugetos
                                        sensatos tienen sobre este punto, y este temor tan excesivo
                                        ha producido una multitud de burlones ó ridiculizadores, que
                                        deciden en todas materias con magisterio. Si estos
                                        individuos no se hubieran apoderado del empleo de
                                        ridiculizar á los demas, serian ellos los mas ridiculizados;                 
                       de manera que son lo mismo que aquellos delinqüentes
                                        sentenciados á la horca que se ponen á verdugos por librar
                                        la vida. Creen pues todos estos sugetos que su imperio es
                                        universal, y no es sino harto limitado, pero por mas pequeño
                                        que sea no dexa de ser bastante poderoso en la sociedad,
                                        porque el temor pueril de hacerse ridículo sofoca las ideas,
                                        reduce los talentos, formándolos por un solo modelo, y
                                        produce las mismas conversaciones poco interesantes por su
                                        naturaleza, y fastidiosas por su repeticion. Así sucede que
                                        los necios son los únicos que han ganado en el trato general
                                        y amanerado que se usa, pues se han igualado á lo menos con
                                        los sugetos mas instruidos y de ingenio, porque el talento
                                        es igual en todos los hombres quando no tiene mas campo
                                        donde extenderse que en el corto recinto de las materias que
                                        se tratan generalmente en la sociedad. En teniendo el tono y
                                        los modales de estilo, puede qualquiera impunemente ser un
                                        necio, pues nada hay que se parezca mas á la necedad, que la
                                        ignorancia de algunos usos bastante comunes. No basta el no
                                        exponerse á la ridiculez para librarse de ella, porque se
                                        ridiculiza á los que lo merecen ménos, y hasta á las
                                        personas mas respetables. Como sobre el ridículo no se ha
                                        decidido cosa alguna positiva, no tiene mas exîstencia que
                                        en la opinion de las gentes, y así es que depende en parte
                                        de la disposicion del que le recibe, y en este caso tiene
                                        necesidad de ser aceptado. Por este motivo se logra
                                        destruirle, no rechazándole con fuerza, sino recibiéndole
                                        con menosprecio é indiferen-<pb n="243"></pb>cía, pues con él
                                        sucede lo mismo que con las flechas de los indios de América
                                        que traspasaban el hierro, y no podían penetrar los vestidos
                                        de lana. Aun quando un hombre merezca que le pongan en
                                        ridículo, puede tener el arte de inutilizarlo, siguiendo y
                                        adelantando la burla en la misma materia de que se han
                                        valido, y de este modo consigue humillar á su adversario,
                                        menospreciando los golpes que intenta darle. El hombre que
                                        emplea su talento en ridiculizar á los otros, y exponerlos á
                                        la risa, indica que no tiene las mejores ideas, y que no hay
                                        en sus pensamientos honor ni elevacion. Todos en el mundo
                                        tenemos nuestras debilidades, y los caracteres mas
                                        sobresalientes tienen los mayores lunares: pero ¿ podrá
                                        haber una cosa mas absurda que realzar los defectos de un
                                        individuo sin hacer mencion de sus excelentes qualidades,                                    
    fixar mas la atencion sobre sus vicios que sobre sus
                                        virtudes, y hacerle que sirva mas bien de juguete, que
                                        tenerle por modelo? Se nota comunmente que los sugetos que
                                        se dedican á hacer burla son muy ingeniosos y hábiles en
                                        descubrir las debilidades de los otros, aunque ellos en sí
                                        no posean qualidad alguna que sea buena, y de esta conducta
                                        nace el que estos hombres despreciables y llenos de malicia
                                        ganan muchas veces mas reputacion, y son mas estimados que
                                        las personas de un carácter mas apreciable. Si el ridículo
                                        sirviese para desterrar el vicio y la locura del mundo,
                                        podría sin duda ser muy útil; pero si en lugar de
                                        exercitarse en esto se emplea ordinariamente en burlarse de
                                        la virtud, y en combatir lo mas respetable, lo mas santo, y
                                        lo mas digno de elogios. En las primeras edades del mundo en
                                        que floreciéron los héroes, las almas grandes y generosas,
                                        los hombres no se distinguian unos de otros mas que por la
                                        noble sencillez de costumbres, y no conocian todos estos
                                        placeres de la conversacion, que tanto se ponderan en el
                                        dia. Verdad es que nosotros no hemos podido igualar á los
                                        antiguos ni en la poesía, ni en la oratoria, ni en la
                                        pintura, ni en la arquitectura, ni en la historia, ni en las
                                        artes y ciencias que dependen mas del talento que de la
                                        experiencia; pero les excedemos y con mucho en la chanza, en
                                        el burlesco, en la sátira, y en todos los modos triviales de
                                        poner á los hombres y todas sus dependencias en ridículo.
                                        Otro vicio que tambien distinguímos en la sociedad, y que es
                                        casi tan comun como el que acabamos de describir es el
                                        prurito que tienen los hombres de hacerse singulares y
                                        notados, y este me parece que nace de la uniformidad que se
                                        encuentra en <pb n="244"></pb>el trato de las gentes, porque en
                                        todas partes se ven generalmente las mismas ideas, los
                                        mismos modales, y se oyen las mismas conversaciones. La
                                        singularidad no es precisamente un carácter, sino una
                                        especie de sistema involuntario, unido a alguna de nuestras
                                        qualidades naturales que seguimos sin advertirlo nosotros
                                        mismos, y que quando llegamos a reconocerle se destruye
                                        enteramente, de tal modo que es lo mismo que un enigma, que
                                        dexa de serlo luego que se sabe lo que quiere decir. Quando
                                        un hombre llega á notar que es diferente de los otros en su
                                        modo de pensar, y que esta diferencia no es un mérito, no
                                        puede permanecer en él sino por afectacion, y entonces el
                                        orgullo que manifiesta causa fastidio, al paso que la                               
         singularidad natural infunde un cierto agrado en la
                                        sociedad, que reanima la languidez. Hay muchos necios que
                                        viendo el partido que logra alguna vez la singularidad, se
                                        quieren hacer singulares, pero se hacen mas ridículos,
                                        porque queriendo ser alguna cosa son insufribles. Como han
                                        oido decir muchas veces que los hombres mas grandes no estan
                                        libres de alguna especie de locura, ellos imaginan
                                        extravagancias, y no hacen mas que necedades. Otra especie
                                        de singularidad afectada se nota en el trato de las gentes
                                        con bastante freqüencia, que consiste no solo en procurar no
                                        ser lo que son los demas, sino en ser únicamente lo que
                                        ellos no son. Este defecto se distingue en las tertulias,
                                        con especialidad donde los caractéres estan repartidos entre
                                        los concurrentes como los papeles en las comedias. Uno se
                                        hace filósofo, otro chistoso, otro de humor tétrico, otro
                                        burlon, y á este tenor los demas: sugeto hay que teniendo un
                                        carácter condescendente y sencillo, se ha hecho satírico,
                                        porque ya encontró su papel ocupado. No es de extrañar que
                                        estos caprichos tengan lugar en la cabeza de un necio: lo
                                        admirable es que se encuentren en muchos hombres de talento,
                                        pues se nota en algunos de estos que creen hacer brillantes
                                        sus defectos por la singularidad, haciendo mas bien gala de
                                        ellos, que aplicándose á corregirlos. Estos representan su
                                        propio carácter: estudian la naturaleza para separarse de
                                        él, y formarse uno particular: no hacen ni dicen cosa alguna
                                        que no se aparte de la sencillez, y sucede al fin que por
                                        buscar las rarezas no se encuentran mas que las necedades,
                                        porque los mismos hombres de talento nunca tienen ménos que
                                        quando hacen un estudio para tenerlo. La experiencia misma
                                        nos enseña que la naturalidad, aunque mas se busque, jamas
                                        se encuentra, porque el esfuerzo en esta parte produce el
                                        exceso, y este descubre la falsedad del carácter: <pb n="245"></pb>muchos quieren parecer de genio duro, y se
                                        hacen feroces; otros pretenden ser vivos, y son aturdidos;
                                        la bondad estudiada degenera en una política fastidiosa, y
                                        la sinceridad aparente no dexa de conocerse, pues aun quando
                                        llegue á imitarse por algun tiempo, no llega jamas a ser una
                                        franqueza, la qual tiene la propiedad de que muchos y
                                        repetidos actos no bastan para probarla, y uno solamente en
                                        contrario la destruye. Finalmente, toda afectacion llega al
                                        cabo á descubrirse, y queda entónces el individuo en un
                                        concepto mucho mas inferior del que merece. Asi pues, el                     
                   único medio de evitar todos estos inconvenientes es que
                                        seamos lo que realmente somos, sin añadir cosa alguna á
                                        nuestro carácter, procurando tan solo separar de nosotros
                                        todo lo que pueda incomodar á los demás: tengamos valor para
                                        substraernos del imperio de la moda, pero sin pasar los
                                        límites de la razon. Salud. El Presidente. </seg>
                                    <seg type="U2">SECRETARÍA.</seg>
                                    <seg type="U3">CARTA QUE HEMOS RECIBIDO.</seg>
                                    <seg synch="#FR.4" type="E3">
                                        <seg synch="#FR.5" type="LB"> Señor Editor del Regañon
                                            general: Muy Señor mio: Lo mucho que vmd. habla de la
                                            educacion, y los males que causa el descuido de los
                                            padres en ella, de que tengo experiencia en mí mismo, me
                                            obliga á manifestar á vmd. quan útil seria que en
                                            Madrid, y demas poblaciones del Reyno, proporcionadas a
                                            mi intento, se estableciesen por subscripcion unas Casas
                                            de enseñanza y recogimiento, llevando á ellas, con el
                                            auxîlio del Gobierno, quantos pobres se encontrasen sin
                                            hogar, ni lugar determinado para vivir, extendiéndose
                                            los encargados de un establecimiento tan santo á cuidar
                                            igualmente de los pobres del respectivo Barrio que vivan
                                            en sus casas, y necesiten de auxîlios ó direccion en
                                            algunos casos para su subsistencia. El pueblo de Madrid,
                                            por donde á mi parecer debe principiar esta idea, se
                                            compone, segun un cálculo prudente, de doscientas mil
                                            almas, ó quarenta mil vecinos, quienes podrán contribuir
                                            adelantadamente con veinte reales de vellon cada uno, y
                                            yo, aunque de la clase mediana, lo practicaré con
                                            seiscientos al año. Por este cálculo resultará la
                                            cantidad total de ochocientos mil reales vellon en igual
                                            tiempo, los quales divididos en ocho Establecimientos
                                            con cien mil reales de fondo <pb n="246"></pb>cada uno para
                                            principiar sus operaciones de industria, sin mas cargas
                                            que las muy precisas, me parece podrian bastar á
                                            sostener tan benéfico establecimiento, repitiéndose cada
                                            año la recoleccion de la propia cantidad citada. Lo
                                            practicado ya sobre este punto en las Cárceles y Casas
                                            de Recogimiento, dan una idea de que mi pensamiento no
                                            es impracticable, y si el mal se atacase en los
                                            principios, no habria tantas víctimas de la desgracia,
                                            probablemente casi todas por falta de educacion. Conozco                                           
 que esta idea podrá merecer la atencion de vmd. atendido
                                            su carácter del Regañon general, y la presencia de
                                            tantos objetos lastimosos como se presentan á cada paso
                                            en las calles de esta Corte, los quales mueven á piedad,
                                            ó endurecen tal vez con la continuacion de mirarlos y
                                            oirlos declamar, al corazon mas sensible. Yo conozco que
                                            ni el estilo ni el plan que queda referido es apropósito
                                            para abrazar un objeto tan vasto, pero vmd. sabrá
                                            extender uno y otro, segun corresponde, animando con sus
                                            expresiones el zelo de todos, para que concurran
                                            gustosos á remediar la miseria de sus semejantes, y
                                            proporcionar al Estado ahora y en adelante una porcion
                                            de brazos útiles, que tal vez, segun el sistema del dia,
                                            le son sumamente gravosos y perjudiciales. B. L. M. de
                                            vmd. su mas afecto seguro servidor F. X. P. ϒ. R. </seg>
                                    </seg>
                                    <seg synch="#FR.6" type="E3">
                                        <seg synch="#FR.7" type="FB">
                                            <seg type="GT">EL L0RIT0. FÁBULA.</seg> Como las
                                            perdices Son tan agraciadas, Con aquel piquito De color
                                            de grana, Su pintada pluma; La mucha elegancia Del
                                            hermoso pecho, Y toda la gracia De aquellas patitas Tan
                                            recoloradas; Un Lorito mio Se huyó de la jaula, Y fuese
                                            tras ellas Por esas montañas. Presentóse el mozo Con
                                            toda la gala De sus coloridos, Y ellas muy pagadas De su
                                            bizarría, Lo acogen y halagan Con grandes caricias Y
                                            finezas raras. Una le pedia, Para hacerse galas, Plumas
                                            amarillas, Otra coloradas, Otra quiere verdes Y él por
                                            agradarlas <pb n="247"></pb>Fué tan boquirrubio, Que en
                                            pocas semanas Quedó desplumado, Sin que le dexaran Mas
                                            de los cañones, Y aun eso de gracia. Quando lo pararon
                                            Tan de mala data, Huyéronle todas, Y tornó à la jaula
                                            Lleno de ignominia; Inquiero la causa De su desventura,
                                            Y él, que nada calla, Me lo dixo todo; Y al ver su
                                            ignorancia Le dixe, Lorito, Dale al cielo gracias Porque
                                            esas perdices Eran de montaña, Que si has tropezado Con
                                            estas que andan Por las poblaciones, Ellas te dexáran
                                            Tan descañonado Que no pelecháras.M. M. M. </seg><seg synch="#FR.8" type="MT"> NOTA. Esta fábula y otras que
                                            se pondrán en este papel de igual, ó tal vez de mayor
                                            mérito que la presente, señaladas con la misma cifra,
                                            forman parte de una coleccion que intenta su autor dar á                             
               luz lo mas pronto que pueda. </seg>
                                    </seg>
                                    <seg type="U2">OTRA CARTA.</seg>
                                    <seg type="U3">Los Idolos.</seg>
                                    <seg synch="#FR.9" type="E3">
                                        <seg synch="#FR.10" type="LB"> Señor Regañon: Toda mi vida
                                            me ha parecido extraño el que el hombre cargado de
                                            flaquezas y defectos pueda llegar á tener ambicion de
                                            gloria, y que el vicio, la ignorancia, la imperfeccion y
                                            la miseria pretendan elogios, y aspiren á ser objetos de
                                            admiracion, bien que las mas veces el camino que se toma
                                            para llegar á ésta, conduce precisamente al término
                                            opuesto. ¿Qué cosa hay, por exemplo, mas ridícula y
                                            despreciable que estas mugeres que en su vanidad se
                                            figuran ídolos?. . . Pero mejor será que para mayor
                                            claridad haga yo aquí su retrato. <seg synch="#FR.11" type="E4">
                                                <seg synch="#FR.12" type="FP"> Es preciso advertir
                                                  en primer lugar que un ídolo está siempre y
                                                  únicamente ocupado del afan de adornarse: en todas
                                                  las actitudes de su cuerpo, en el ayre de su
                                                  rostro, y en el movimiento de su cabeza,
                                                  manifiesta que no tiene otro objeto que el
                                                  atraerse adoradores; por lo que vemos siempre que
                                                  los ídolos se presentan en todas las concurrencias
                                                  públicas, y en los lugares mas freqüentados, para
                                                  seducir á los pobres hombres. Es cierto que un
                                                  ídolo puede decaer de su divinidad por varios
                                                  accidentes: el matrimonio, por exemplo, es una
                                                  anti-<pb n="248"></pb>apoteosis, ó una divinizacion
                                                  inversa, porque desde que un ídolo se familiariza
                                                  con un hombre, cae al momento á su primer estado
                                                  de criatura mortal, esto es, vuelve á ser muger, y
                                                  nada mas. La vegez es tambien otro terrible
                                                  enemigo de los ídolos, porque en verdad no hay un
                                                  ente mas infeliz que un ídolo arrugado, y aun
                                                  qualquier ídolo que tiene hijas que se van
                                                  divinizando; por lo que, para evitar
                                                  equivocaciones, señalamos á los ídolos el término
                                                  preciso de treinta años, y no mas, ni un dia,
                                                  después de los quales se las degrada de su
                                                  dignidad, volviéndolas á la clase de mugeres,
                                                  aunque aparenten robustez, buen color, poco                                           
       juicio, melindre, ansia por las modas, y en fin,
                                                  qualquiera otra gracia y mérito. </seg>
                                            </seg> Así pues, ya que en qualquier caso la muger
                                            sobrevive siempre al ídolo, es conveniente que vmd.
                                            señor Regañon, saque la moralidad de mi discurso,
                                            inculcando á las damas que dirijan á mas sólido objeto
                                            sus afanes, esto es, que no busquen la admiracion, sino
                                            la estimacion de las gentes sensatas, la que no lograrán
                                            jamas de la belleza, de los adornos, ni de sus perpetuas
                                            é insufribles conversaciones sobre modas; sino de las
                                            buenas qualidades interiores del alma, y de las virtudes
                                            de su corazon, que son las únicas gracias durables, las
                                            quales ni el tiempo, ni las enfermedades podrán nunca
                                            borrar, y las harán tanto mas amables, quanto sean mas
                                            conocidas. Vmd. podrá, señor Regañon, decirlas otras
                                            muchas cosas que omite su corresponsal afectísimo
                                            Diógenes. </seg>
                                    </seg>
                                </seg>
                                <seg type="U3">AVISO.</seg> Se recuerda á los Subscriptores de las
                                Provincias como á fines de este mes se cumplen los quatro que han
                                pagado desde el principio de este periódico, para que concurran con
                                tiempo á las Librerías en que han subscrito á renovar la
                                subscripcion, y no experimenten atraso en el recibo de los Números,
                                pues el que no avisare que continúa no los recibirá. El abono por
                                los tres meses es de veinte y quatro reales, francos de porte, á
                                razon de ocho reales por cada mes. CON REAL PRIVILEGIO. MADRID EN LA
                                IMPRENTA DE LA ADMINISTRACION DEL REAL ARBITRIO DE BENEFICENCIA
                            </seg>
                        </ab>
                    </div>
                </body>
      </text>
    </group>
  </text>
</TEI>
