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      <titleStmt>
        <title>Núm.30</title>
        <author>Anónimo [Ventura Ferrer]</author>
      </titleStmt>
      <editionStmt>
        <edition>Moralische Wochenschriften</edition>
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          <name>Elisabeth Hobisch</name>
          <resp>Editor</resp>
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        <respStmt>
          <name> Julia Landerl</name>
          <resp>Editor</resp>
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        <respStmt>
          <name> Lisa Hofer</name>
          <resp>Editor</resp>
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      </editionStmt>
      <publicationStmt>
        <publisher>Institut für Romanistik, Universität Graz</publisher>
        <date when="2014-07-21">21.07.2014</date>
        <idno type="PID">o:mws.2758</idno>
      </publicationStmt>
      <sourceDesc>
        <bibl>Anónimo: El Regañón general ó Tribunal catoniano de Literatura, Educacion y
                    Costumbres. Madrid: Imprenta de la Administracion del Real Arbitrio de
                    Beneficencia. 1803-1804., 233-240 </bibl>
        <bibl type="Einzelausgabe" xml:id="REG">
          <title level="j">El Regañón
                        general</title>
          <biblScope type="vol">1</biblScope>
          <biblScope type="issue">30</biblScope>
          <date>1803</date>
          <placeName key="#GID.1">Spanien</placeName>
        </bibl>
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              <interp xml:id="UT">Utopische Erzählung</interp>
              <interp xml:id="MT">Metatextualität</interp>
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        </interpretation>
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        <name type="place">Graz, Austria</name>
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      <langUsage>
        <language ident="es">Spanish; Castilian</language>
      </langUsage>
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            <term xml:lang="de">Menschenbild</term>
            <term xml:lang="it">Immagine
                            dell&apos;Umanità</term>
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            <term xml:lang="es">Imagen de los Hombres</term>
            <term xml:lang="fr">Image de
                            l’humanité</term>
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        </keywords>
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                    </p>
                    <div1>
                        <head>NÚM.° 30.</head>
                        <p rend="date">Sábado 10 de Setiembre de 1803.</p>
                        <p rend="EU"><milestone unit="E2" xml:id="FR.2"></milestone></p>
                        <div2>
                            <head>LITERATOS.</head>
                            <p rend="SO"><milestone unit="E3" xml:id="FR.3"></milestone> Bien sabe vmd. señor
                                Público, que hay en la Corte y en todo el Reyno una clase de
                                individuos á quienes se les da este nombre indistintamente porque se
                                han aplicado al estudio de las ciencias y de las bellas letras. En
                                otro tiempo los sabios se entregaban al estudio separados del mundo,
                                y trabajando para sus contemporáneos no pensaban mas que en la
                                posteridad. Sus costumbres llenas de candor y de aspereza no tenian
                                relacion alguna con las de la Sociedad, y los demas individuos,
                                ménos instruidos que en el dia, admiraban sus obras, ó mas bien el
                                nombre de sus autores, y no se tenian por dignos de vivir con ellos.
                                En el tiempo presente el gusto de las ciencias y de las bellas
                                letras se ha extendido insensiblemente, y ha llegado hasta el punto
                                de que los que no le tienen le fingen tener: se han buscado á los
                                sugetos que las cultivaban, y los han introducido en el mundo, por
                                decirlo así, á proporcion del placer que han hallado en su trato.
                                Mucho han ganado ámbas partes con esta union, porque las personas
                                sociales han cultivado su talento, formado su gusto, y adquirido
                                nuevos placeres; y los literatos no han tenido ménos ventajas, pues
                                han encontrado estimacion, perfeccionado su gusto, pulido su
                                talento, endulzado sus costumbres, y adquirido conocimientos sobre
                                muchas materias que seguramente no hubieran sacado de sus
                                libros.</p>
                            <p>Las letras á la verdad no forman el establecimiento de un individuo,
                                pero le proporcionan, y se adquieren por ellas algunas distinciones
                                que aun las personas de la clase superior no llegan á obtener
                                siempre. El talento es lo mismo que la hermosura, que nadie se cree
                                degradado, rindiéndole homenage, á ménos que no entre en competencia
                                con la calidad ó con el fa-<pb n="234"></pb>vor, que entónces puede
                                llegar á ser el mayor objeto de la rivalidad; pero el que tiene una
                                superioridad de mérito bien conocida por su nacimiento ó por sus
                                empleos, protege el talento con complacencia, y aun se apresura á
                                darle á un hombre de una clase inferior el premio que le disputaria
                                á un rival suyo por otros motivos, porque el talento tiene la
                                ventaja de que aquellos que le aprecian y le patrocinan, dan á
                                conocer que ellos mismos le tienen, ó á lo ménos todos lo creen así,
                                que para el fin viene á ser lo mismo.</p>
                            <p>En muchas clases se pueden dividir los literatos. Los eruditos han
                                merecido en otro tiempo un grande aprecio de las gentes, pero como
                                hoy han disminuido infinito, se ha escaseado tambien su número. Á
                                los sabios que se ocupan en el estudio de las ciencias se les
                                estima, reconoce por útiles, y algunas veces se les recompensa.
                                Estos individuos son mas conocidos en la sociedad por la fama de su
                                nombre que por su persona, á ménos de que no tengan en ella otros
                                agrados distintos del mérito que hace su reputacion.</p>
                            <p>Los literatos mas estimados son los hombres de talento conocido, que
                                han profesado el estudio de las bellas letras, entre los quales se
                                puede hacer una distincion. Aquellos cuyas producciones son felices
                                y brillantes, son muy buscados y estimados en el trato de las
                                gentes; pero si un individuo se halla encerrado en la esfera del
                                talento, y sin la brillantez de la expresion ingeniosa de sus
                                palabras, por mas adornado y profundo que pueda ser en su
                                meditacion, se aplauden sus obras, pero no se hace caso del autor,
                                porque en la sociedad siempre se prefiere á aquel cuyo talento tiene
                                un uso mas variado, y una instruccion ménos prolixa, pero mas
                                general. Los primeros hacen mas honor á su siglo, pero los segundos
                                agradan mas en el trato. Además de que todo tiene su contrapeso,
                                pues los grandes talentos no estan siempre acompañados de un gran
                                fondo de ingenio, y todos saben muy bien que un pequeño conducto de
                                agua puede formar un surtidor mas brillante que un arroyo, cuyo
                                curso igual y copioso fertiliza una tierra útil. Los hombres de
                                talento deben tener mas celebridad, y esta es una de sus
                                recompensas; pero los ingeniosos deben encontrar mas agrado en el
                                trato de las gentes. Los talentos no se comunican por la
                                conversacion, y sí el ingenio, que se desenvuelve, se extiende, y se
                                hace comunicable á todos; y así es que el placer y la costumbre de
                                vivir con hombres ingeniosos hace nacer la estrechez y aun la
                                amistad entre las gentes, á pesar de la des-<pb n="235"></pb>proporcion
                                de las clases. Es un dicho vulgar que el juego y el amor igualan
                                todos los estados y condiciones, y yo estoy persuadido de que se
                                hubiera tambien añadido el ingenio si el proverbio se hubiese hecho
                                despues que ha venido á tener un uso tan extendido. El juego iguala
                                las clases, envileciendo la superior, el amor elevando la inferior,
                                y el ingenio sin resulta alguna, porque la verdadera igualdad nace
                                de las almas. Seria de desear que la virtud produxese el mismo
                                efecto; pero solo las pasiones á la cuenta tienen el poder de
                                reducir á los hombres á no ser mas que hombres, esto es, á renunciar
                                en ciertas circunstancias todas las distinciones exteriores. Sin
                                embargo, el mas extendido de todos los imperios sin ser visible, es
                                el de los hombres ingeniosos y de talento. El poderoso manda, pero
                                los hombres de ingenio gobiernan, porque ellos á la larga forman la
                                opinion pública, y esta temprano ó tarde todo lo subyuga.</p>
                            <p>Los individuos á quienes deben estar mas reconocidas las bellas
                                letras son los cortesanos, y si yo aconsejara á un hombre de talento
                                que quisiera vivir feliz, y darse á conocer, le diria: prefiere á
                                todo la amistad de tus iguales, porque esta es la mas segura, la mas
                                honrada, y muchas veces la mas útil, porque los amigos de un estado
                                mediano son los que hacen los mayores servicios sin tiranizar el
                                agradecimiento; pero si quieres amistades sociales búscalas en la
                                Corte, porque estas son las mas agradables y ménos incómodas. La
                                intriga, el doblez y la maldad no la emplean los cortesanos sino en
                                los rivales de su ambicion, y ellos no piensan jamas en hacer daño á
                                aquellos sugetos que no pueden oponerse á sus proyectos: al
                                contrario, tienen una especie de gloria en obligarlos, y desean
                                atraer á su estimacion á un hombre de mérito, cuyo agradecimiento
                                les puede hacer mucho honor. Quanto mas grande es un individuo,
                                tanto ménos procura hacer conocer la distancia que hay de él á su
                                protegido, porque el amor propio, que obra por principios, no se
                                distingue de la modestia en sus efectos. Un literato digno de
                                estimacion no manifestará jamas un fausto ofensivo, pues debe
                                conocer muy bien quanto se expondria con aquellas personas que no
                                tienen sobre él mas que una superioridad impertinente, y que
                                creerian que por este medio se les daba á conocer.</p>
                            <p>Á mí no se me oculta que hay muchos hombres que favorecen á los
                                literatos mas bien por el honor que les puede dar esta proteccion,
                                que por las ventajas que de ella podrian sacar las bellas letras;
                                pero siempre se notará la diferencia que hay <pb n="236"></pb> entre
                                estos individuos, y aquellos que las protegen por inclinacion, y por
                                un convencimiento de lo necesarias que son para un Estado. Muchos
                                caminos hay para lograr la introduccion en el trato de las gentes:
                                la nobleza calificada, las riquezas, y mil circunstancias la
                                proporcionan, pero el medio mas seguro y brillante es el del
                                talento, porque la entrada depende entónces de la eleccion, y las
                                amistades que con este motivo contraen los literatos, les franquean
                                necesariamente las distinciones. Tan cierto es esto, y lo conocen
                                tanto los mismos poderosos que tienen talento, que si se observa con
                                atencion su conducta, se verá claramente que aunque ellos saben
                                gozar de su fortuna, prefieren siempre á todo la gloria de ser
                                hombres instruidos. Llegan hasta el punto de ofenderse de las
                                alabanzas que les dan á sus liberalidades, porque conocen que tienen
                                en sí otro mérito mas glorioso, y así sucede que buscan á los
                                literatos, y se honran con su amistad.</p>
                            <p><milestone unit="FP" xml:id="FR.4"></milestone> El buen suceso que han tenido
                                algunos hombres de talento ha extraviado á muchos de su carrera,
                                porque han creido disfrutar la misma suerte, y se han engañado, ya
                                porque no han tenido tanto mérito como aquellos, ó porque no ha
                                llegado á ser tan conocido. Muchos jóvenes han pensado seguir su
                                inclinacion, emprendiendo esta carrera, y la mala suerte que han
                                tenido en ella los ha hecho incapaces de seguir otras en que habrian
                                hecho progresos si las hubieran tomado desde temprano; y por esta
                                causa ha perdido el Estado una multitud de individuos que podian
                                haberle sido muy útiles, y la literatura no ha ganado cosa alguna.
                                    <milestone rend="closer" unit="FP"></milestone></p>
                            <p>Las ventajas que sacan de las letras los que las profesan, estan
                                reducidas á algunas satisfacciones en la sociedad, pero no dexan por
                                eso de excitar la envidia, porque los necios por su naturaleza son
                                enemigos de los hombres de talento, y esta qualidad no es muy útil
                                algunas veces al mismo que la posee. Muchos han llegado á pensar que
                                los hombres estiman mas el talento que la virtud, porque ellos
                                mismos hacen mil alabanzas de su buen corazon, y reprueban el menor
                                elogio que qualquiera hiciese de su propio talento; pero esta
                                conseqüencia no es justa porque hay otras razones que disculpen la
                                dicha conducta. El hombre que nos da á entender en sus expresiones
                                que tiene talento, y que se gloría en decirlo, no hace mas con esto
                                que prevenirnos que no le sorprehenderemos con falsas virtudes, ni
                                le ocultaremos nuestros defectos, porque él los verá todos, y nos
                                hará justicia; y un anuncio semejante ya se ve que es una <pb n="237"></pb> declaracion de guerra: al contrario, el que nos alaba
                                la bondad de su corazon, y nos procura persuadir con ella, nos dice
                                tácitamente que debemos contar con su indulgencia y con sus
                                servicios, y que podemos impunemente ser injustos con él.</p>
                            <p><milestone unit="FP" xml:id="FR.5"></milestone> Los necios no se contentan con
                                aborrecer á los literatos, sino que los representan como hombres
                                dañosos, intrigantes, y llenos de ambicion, y suponen que no se
                                puede hacer del talento y del ingenio mas uso que el que ellos
                                harian si lo tuviesen. El ingenio, á la verdad, no es mas que un
                                resorte que pone en movimiento la virtud ó el vicio: los viciosos le
                                emplean en sus pasiones; pero ¿quántas veces no ha guiado,
                                sostenido, descubierto y fortificado las mismas virtudes? El talento
                                solo, por un interes justificado, ha producido acciones tan loables
                                como hubiera podido producir la virtud, y así es que la necedad
                                solamente ha causado quizá tantos crímenes como el vicio. Los
                                hombres de talento, ó de un gusto decidido á las ciencias y artes,
                                son muy poco temibles en las intrigas ambiciosas, porque la mayor
                                parte de ellos son incapaces de sostenerlas, y los intrigantes de
                                profesion que jamas pierden de vista sus intereses, conocen tanto á
                                esta especie de sugetos, que quando los empeñan en asuntos árduos lo
                                primero que piensan es en engañarlos, haciéndoles servir de
                                instrumento á sus fines, y no confiándoles jamas el principal
                                secreto de sus miras. <milestone rend="closer" unit="FP"></milestone></p>
                            <p>El amor de las letras hace á los hombres en parte insensibles á la
                                codicia y á la ambicion, les consuela en sus desgracias, y aun les
                                impide muchas veces el sentirlas. Bien pesadas estas razones es
                                preciso inferir que los hombres instruidos y de talento son mejores
                                que los demas, ó á lo ménos deben serlo, pues de dos personas
                                igualmente sensibles y benéficas, la que tenga mas talento, á ménos
                                de ser un depravado, hará siempre mas progresos en la practica de
                                las virtudes sociales, porque tendrá una conducta en sus
                                procedimientos que no podrá tener un hombre limitado: él no
                                humillará á nadie en el modo de repartir sus beneficios, sino tendrá
                                en sus dones aquellas miras que son tan superiores al mayor
                                agradecimiento, y que léjos de hacer ingratos, hacen probar un
                                consuelo delicioso en hacer bien.</p>
                            <p>Sucede generalmente que el talento inspira al que le tiene una
                                especie de satisfaccion propia, que no tiene mas objeto que el de
                                hacerse mas agradable á la sociedad. Los hombres de talento debian
                                hacer muy poco caso de la envidia que excitan, porque no viven jamas
                                gustosos sino entre los de su clase, y la <pb n="238"></pb> experiencia
                                misma les enseña quanto se necesitan unos á otros, y si algun pique
                                los llega alguna vez á separar, los necios mismos los vuelven á unir
                                por la imposibilidad de vivir continuamente en el trato de estos
                                últimos. Yo desearia infinito, por el honor de las bellas letras, y
                                por la felicidad de los que las cultivan, que todos ellos estuviesen
                                persuadidos de una verdad que deberia ser para los literatos un
                                principio de su conducta, y es: que se deshonran ellos mismos con
                                las injurias que dicen y escriben contra sus rivales: que haciendo
                                esto, lo mas que pueden conseguir es mortificarlos, enemistarse, y
                                obligarlos á que respondan en el mismo tono; pero nunca podrán
                                destruir una reputacion radicada en el público, porque esta no se
                                adquiere ni se pierde sino por uno mismo. La envidia demuestra
                                inferioridad en quien la tiene, y por mas ventajas que tenga
                                qualquiera sobre su rival, luego que concibe envidia de él, da á
                                conocer que le es inferior en alguna cosa.</p>
                            <p>No hay particular tan elevado é ilustre, ni sociedad tan respetable,
                                que pueda mudar el juicio del público, aunque una cábala pueda por
                                acaso conseguir en parte alguna victoria pasagera. En tiempos
                                antiguos quizá podria lograrse esta porque el público era ménos
                                instruido, y no procuraba tanto juzgarlo todo; pero en el dia se
                                divierte con las escenas literarias, menosprecia personalmente á los
                                que en sus disputas escriben con indecencia, separándose al mismo
                                tiempo de la razon, y no muda jamas la opinion que ha formado de
                                esta clase de escritos. Es inútil probar á los literatos que toda
                                rivalidad es vergonzosa quando no es causada por la emulacion,
                                porque esta verdad no necesita pruebas; pero deberian conocer que su
                                desunion se opone directamente á su interes general y particular. Lo
                                que debemos esperar de los literatos es que trabajen con esmero
                                obras útiles, y que hagan críticas sensatas y severas, pero justas y
                                decentes, en donde se designen las bellezas y los defectos de las
                                producciones, y rectifiquen las costumbres, haciendo ver las causas
                                que se oponen á su mejora. Sus discusiones no deben tener mas objeto
                                que la verdad, evitando siempre aquellas disputas tenaces que
                                produce el amor propio, y que son tan dañosas para ellos, como
                                escandalosas para los sabios. Los hombres estúpidos, á quienes ha
                                enseñado la envidia á conocer su propia pequeñez, y que son
                                demasiado orgullosos para confesarla, son los únicos que pueden
                                tener gusto de ver que se llenan mútuamente de vituperios unos
                                individuos que debian ellos respetar.</p>
                            <p><pb n="239"></pb> Á mí me parece que veo en los literatos un pueblo que
                                con sus disensiones provee de armas á los bárbaros, y les enseña el
                                arte de manejarlas: á lo menos, si observamos la conducta que
                                tienen, conoceremos que se hace precisamente en el dia todo lo
                                contrario de lo que se practicaba en tiempos antiguos, que hacian
                                reñir á los animales para divertir a los hombres. Salud.</p>
                            <p rend="BU"><hi rend="italic">El Presidente.</hi>
                                <milestone rend="closer" unit="E3"></milestone></p>
                        </div2>
                        <div2>
                            <head>SECRETARÍA.</head>
                            <div3>
                                <head>CARTA QUE HEMOS RECIBIDO.</head>
                                <p rend="MO">........... <hi rend="italic">se mata por querer
                                        vivir.</hi></p>
                                <p rend="QU">Virg.</p>
                                <p><milestone unit="E3" xml:id="FR.6"></milestone>
                                    <milestone unit="LB" xml:id="FR.7"></milestone> Muy Señor mio: <milestone unit="E4" xml:id="FR.8"></milestone>
                                    <milestone unit="SP" xml:id="FR.9"></milestone> Yo soy del número de los
                                    valetudinarios, y confieso á vmd. que he adquirido esta
                                    debilidad física, y aun moral, por el estudio de la Medicina.
                                    Leí el tratado de fiebres de <persName corresp="#REG" key="Sydenham, Thomas" subtype="H" xml:id="PN.1">Sydenham</persName>, y me causó una calentura lenta que no
                                    me dexó hasta que concluí la obra. Leí despues otro Autor que
                                    trata de la tisis, y al instante me creí atacado de consumpcion,
                                    hasta que el haberme puesto muy grueso me avergonzó, y me curó
                                    de esta manía. Á poco tiempo me vi acometido de todos los
                                    síntomas de la gota, excepto el dolor, hasta que me curó la
                                    lectura del mal de piedra escrito por un Autor muy ingenioso,
                                    que siguiendo la práctica de su arte saca un mal con otro. En
                                    fin, me llené de una infinidad de males que me aniquilaban; pero
                                    por fortuna cayó en mis manos el discurso de <persName corresp="#REG" key="Santorio, Santorio" subtype="H" xml:id="PN.2">Santorio</persName>, y resolví seguir
                                    escrupulosamente su método. Todos los erudítos saben que este
                                    doctor, para hacer mejor sus experimentos, inventó una silla
                                    matemática, suspendida en el ayre con tanto artificio, que se
                                    podia pesar en ella qualquiera cosa como en una balanza: de este
                                    modo sabia quantas onzas de alimento se disipaban por la
                                    transpiracion, que cantidad se convertia en su propia
                                    substancia, y quanta se descartaba por otras vias. </p>
                                <p>Luego pues, que me hice con una de estas sillas, me acos-<pb n="240"></pb>tumbré á estudiar, comer, beber y dormir en ella,
                                    de modo que se puede decir que hace tres años que vivo en una
                                    balanza. Segun mi observacion, quando estoy enteramente bueno
                                    peso doscientas libras; pierdo cerca de una quando ayuno un dia,
                                    y adquiero una mas despues de haber comido bien, por lo que todo
                                    mi cuidado es el mantener la balanza igual entre estas dos
                                    libras volátiles de mi constitución. En mi comida ordinaria
                                    aumento mi peso media libra, y si noto que falta algo, bebo
                                    justamente otro tanto, ó como pan hasta llegar á mi peso. En mis
                                    mayores excesos no añado mas que otra media libra, lo que
                                    practico por mi salud todos los primeros Lúnes de cada mes.
                                    Quando despues de comer me hallo bien en balanza, me paseo hasta
                                    transpirar el valor de cinco onzas y quatro escrúpulos y medio:
                                    luego me disipo tres onzas y media estudiando, y no llevo cuenta
                                    del resto de la libra. No tengo hora para comer ó beber; pero
                                    quando mi silla me advierte que mi libra de alimento se ha
                                    consumido, concluyo de aquí que tengo hambre. Mi dosis de sueño
                                    una noche con otra es un quarteron poco mas ó ménos, y si al
                                    levantarme veo que no he completado el peso, duermo lo que falta
                                    en la balanza. Segun el cálculo exâcto de lo que he perdido ó
                                    ganado en el año último en peso, resulta en mi registro, que en
                                    lo ordinario no creo se haya disminuido mi salud una onza. Pero
                                    á pesar de todo mi cuidado en tener mi cuerpo en un justo
                                    equilibrio, me veo reducido á un estado débil y lánguido: me he
                                    puesto pálido, tengo el pulso desigual, y estoy amenazado de
                                    hidropesía. <milestone rend="closer" unit="SP"></milestone>
                                    <milestone rend="closer" unit="E4"></milestone> Tenga vmd. pues, señor
                                        <persName corresp="#REG" key="El Regañón general" subtype="F" xml:id="PN.3">Regañon</persName>, la
                                    bondad de comunicarme algunas reglas mas ciertas que las que he
                                    observado hasta aquí, y téngame por su verdadero amigo, pues sin
                                    duda á causa de tantas enfermedades es tan regañon como vmd. su
                                    afectisimo</p>
                                <p><persName corresp="#REG" key="Diógenes" subtype="F" xml:id="PN.4">Diógenes</persName>. <milestone rend="closer" unit="LB"></milestone>
                                    <milestone rend="closer" unit="E3"></milestone>
                                    <milestone rend="closer" unit="E2"></milestone></p>
                                <p>CON REAL PRIVILEGIO.</p>
                                <p>MADRID</p>
                                <p>EN LA IMPRENTA DE LA ADMINISTRACION DEL REAL ARBITRIO DE
                                    BENEFICENCIA. <milestone rend="closer" unit="E1"></milestone></p>
                                <p></p>
                            </div3>
                        </div2>
                    </div1>
                </body>
      </text>
      <text ana="framings">
        <body xml:space="preserve">
                    <div>
                        <ab>
                            <seg synch="#FR.1" type="E1">
                                <seg type="U1">NÚM.° 30.</seg>
                                <seg type="DT">Sábado 10 de Setiembre de 1803.</seg>
                                <seg synch="#FR.2" type="E2">
                                    <seg type="U2">LITERATOS.</seg>
                                    <seg synch="#FR.3" type="E3"> Bien sabe vmd. señor Público, que
                                        hay en la Corte y en todo el Reyno una clase de individuos á
                                        quienes se les da este nombre indistintamente porque se han
                                        aplicado al estudio de las ciencias y de las bellas letras.
                                        En otro tiempo los sabios se entregaban al estudio separados
                                        del mundo, y trabajando para sus contemporáneos no pensaban
                                        mas que en la posteridad. Sus costumbres llenas de candor y
                                        de aspereza no tenian relacion alguna con las de la
                                        Sociedad, y los demas individuos, ménos instruidos que en el
                                        dia, admiraban sus obras, ó mas bien el nombre de sus
                                        autores, y no se tenian por dignos de vivir con ellos. En el
                                        tiempo presente el gusto de las ciencias y de las bellas
                                        letras se ha extendido insensiblemente, y ha llegado hasta
                                        el punto de que los que no le tienen le fingen tener: se han
                                        buscado á los sugetos que las cultivaban, y los han
                                        introducido en el mundo, por decirlo así, á proporcion del
                                        placer que han hallado en su trato. Mucho han ganado ámbas
                                        partes con esta union, porque las personas sociales han
                                        cultivado su talento, formado su gusto, y adquirido nuevos
                                        placeres; y los literatos no han tenido ménos ventajas, pues
                                        han encontrado estimacion, perfeccionado su gusto, pulido su
                                        talento, endulzado sus costumbres, y adquirido conocimientos
                                        sobre muchas materias que seguramente no hubieran sacado de
                                        sus libros. Las letras á la verdad no forman el
                                        establecimiento de un individuo, pero le proporcionan, y se
                                        adquieren por ellas algunas distinciones que aun las
                                        personas de la clase superior no llegan á obtener siempre.
                                        El talento es lo mismo que la hermosura, que nadie se cree
                                        degradado, rindiéndole homenage, á ménos que no entre en
                                        competencia con la calidad ó con el fa-<pb n="234"></pb>vor, que
                                        entónces puede llegar á ser el mayor objeto de la rivalidad;
                                        pero el que tiene una superioridad de mérito bien conocida
                                        por su nacimiento ó por sus empleos, protege el talento con
                                        complacencia, y aun se apresura á darle á un hombre de una
                                        clase inferior el premio que le disputaria á un rival suyo
                                        por otros motivos, porque el talento tiene la ventaja de que
                                        aquellos que le aprecian y le patrocinan, dan á conocer que
                                        ellos mismos le tienen, ó á lo ménos todos lo creen así, que
                                        para el fin viene á ser lo mismo. En muchas clases se pueden
                                        dividir los literatos. Los eruditos han merecido en otro
                                        tiempo un grande aprecio de las gentes, pero como hoy han
                                        disminuido infinito, se ha escaseado tambien su número. Á
                                        los sabios que se ocupan en el estudio de las ciencias se
                                        les estima, reconoce por útiles, y algunas veces se les
                                        recompensa. Estos individuos son mas conocidos en la
                                        sociedad por la fama de su nombre que por su persona, á
                                        ménos de que no tengan en ella otros agrados distintos del
                                        mérito que hace su reputacion. Los literatos mas estimados
                                        son los hombres de talento conocido, que han profesado el
                                        estudio de las bellas letras, entre los quales se puede
                                        hacer una distincion. Aquellos cuyas producciones son
                                        felices y brillantes, son muy buscados y estimados en el
                                        trato de las gentes; pero si un individuo se halla encerrado
                                        en la esfera del talento, y sin la brillantez de la
                                        expresion ingeniosa de sus palabras, por mas adornado y
                                        profundo que pueda ser en su meditacion, se aplauden sus
                                        obras, pero no se hace caso del autor, porque en la sociedad
                                        siempre se prefiere á aquel cuyo talento tiene un uso mas
                                        variado, y una instruccion ménos prolixa, pero mas general.
                                        Los primeros hacen mas honor á su siglo, pero los segundos
                                        agradan mas en el trato. Además de que todo tiene su
                                        contrapeso, pues los grandes talentos no estan siempre
                                        acompañados de un gran fondo de ingenio, y todos saben muy
                                        bien que un pequeño conducto de agua puede formar un
                                        surtidor mas brillante que un arroyo, cuyo curso igual y
                                        copioso fertiliza una tierra útil. Los hombres de talento
                                        deben tener mas celebridad, y esta es una de sus
                                        recompensas; pero los ingeniosos deben encontrar mas agrado
                                        en el trato de las gentes. Los talentos no se comunican por
                                        la conversacion, y sí el ingenio, que se desenvuelve, se
                                        extiende, y se hace comunicable á todos; y así es que el
                                        placer y la costumbre de vivir con hombres ingeniosos hace
                                        nacer la estrechez y aun la amistad entre las gentes, á
                                        pesar de la des-<pb n="235"></pb>proporcion de las clases. Es un
                                        dicho vulgar que el juego y el amor igualan todos los
                                        estados y condiciones, y yo estoy persuadido de que se
                                        hubiera tambien añadido el ingenio si el proverbio se
                                        hubiese hecho despues que ha venido á tener un uso tan
                                        extendido. El juego iguala las clases, envileciendo la
                                        superior, el amor elevando la inferior, y el ingenio sin
                                        resulta alguna, porque la verdadera igualdad nace de las
                                        almas. Seria de desear que la virtud produxese el mismo
                                        efecto; pero solo las pasiones á la cuenta tienen el poder
                                        de reducir á los hombres á no ser mas que hombres, esto es,
                                        á renunciar en ciertas circunstancias todas las distinciones
                                        exteriores. Sin embargo, el mas extendido de todos los
                                        imperios sin ser visible, es el de los hombres ingeniosos y
                                        de talento. El poderoso manda, pero los hombres de ingenio
                                        gobiernan, porque ellos á la larga forman la opinion
                                        pública, y esta temprano ó tarde todo lo subyuga. Los
                                        individuos á quienes deben estar mas reconocidas las bellas
                                        letras son los cortesanos, y si yo aconsejara á un hombre de
                                        talento que quisiera vivir feliz, y darse á conocer, le
                                        diria: prefiere á todo la amistad de tus iguales, porque
                                        esta es la mas segura, la mas honrada, y muchas veces la mas
                                        útil, porque los amigos de un estado mediano son los que
                                        hacen los mayores servicios sin tiranizar el agradecimiento;
                                        pero si quieres amistades sociales búscalas en la Corte,
                                        porque estas son las mas agradables y ménos incómodas. La
                                        intriga, el doblez y la maldad no la emplean los cortesanos
                                        sino en los rivales de su ambicion, y ellos no piensan jamas
                                        en hacer daño á aquellos sugetos que no pueden oponerse á
                                        sus proyectos: al contrario, tienen una especie de gloria en
                                        obligarlos, y desean atraer á su estimacion á un hombre de
                                        mérito, cuyo agradecimiento les puede hacer mucho honor.
                                        Quanto mas grande es un individuo, tanto ménos procura hacer
                                        conocer la distancia que hay de él á su protegido, porque el
                                        amor propio, que obra por principios, no se distingue de la
                                        modestia en sus efectos. Un literato digno de estimacion no
                                        manifestará jamas un fausto ofensivo, pues debe conocer muy
                                        bien quanto se expondria con aquellas personas que no tienen
                                        sobre él mas que una superioridad impertinente, y que
                                        creerian que por este medio se les daba á conocer. Á mí no
                                        se me oculta que hay muchos hombres que favorecen á los
                                        literatos mas bien por el honor que les puede dar esta
                                        proteccion, que por las ventajas que de ella podrian sacar
                                        las bellas letras; pero siempre se notará la diferencia que
                                        hay <pb n="236"></pb>entre estos individuos, y aquellos que las
                                        protegen por inclinacion, y por un convencimiento de lo
                                        necesarias que son para un Estado. Muchos caminos hay para
                                        lograr la introduccion en el trato de las gentes: la nobleza
                                        calificada, las riquezas, y mil circunstancias la
                                        proporcionan, pero el medio mas seguro y brillante es el del
                                        talento, porque la entrada depende entónces de la eleccion,
                                        y las amistades que con este motivo contraen los literatos,
                                        les franquean necesariamente las distinciones. Tan cierto es
                                        esto, y lo conocen tanto los mismos poderosos que tienen
                                        talento, que si se observa con atencion su conducta, se verá
                                        claramente que aunque ellos saben gozar de su fortuna,
                                        prefieren siempre á todo la gloria de ser hombres
                                        instruidos. Llegan hasta el punto de ofenderse de las
                                        alabanzas que les dan á sus liberalidades, porque conocen
                                        que tienen en sí otro mérito mas glorioso, y así sucede que
                                        buscan á los literatos, y se honran con su amistad. <seg synch="#FR.4" type="FP"> El buen suceso que han tenido
                                            algunos hombres de talento ha extraviado á muchos de su
                                            carrera, porque han creido disfrutar la misma suerte, y
                                            se han engañado, ya porque no han tenido tanto mérito
                                            como aquellos, ó porque no ha llegado á ser tan
                                            conocido. Muchos jóvenes han pensado seguir su
                                            inclinacion, emprendiendo esta carrera, y la mala suerte
                                            que han tenido en ella los ha hecho incapaces de seguir
                                            otras en que habrian hecho progresos si las hubieran
                                            tomado desde temprano; y por esta causa ha perdido el
                                            Estado una multitud de individuos que podian haberle
                                            sido muy útiles, y la literatura no ha ganado cosa
                                            alguna. </seg> Las ventajas que sacan de las letras los
                                        que las profesan, estan reducidas á algunas satisfacciones
                                        en la sociedad, pero no dexan por eso de excitar la envidia,
                                        porque los necios por su naturaleza son enemigos de los
                                        hombres de talento, y esta qualidad no es muy útil algunas
                                        veces al mismo que la posee. Muchos han llegado á pensar que
                                        los hombres estiman mas el talento que la virtud, porque
                                        ellos mismos hacen mil alabanzas de su buen corazon, y
                                        reprueban el menor elogio que qualquiera hiciese de su
                                        propio talento; pero esta conseqüencia no es justa porque
                                        hay otras razones que disculpen la dicha conducta. El hombre
                                        que nos da á entender en sus expresiones que tiene talento,
                                        y que se gloría en decirlo, no hace mas con esto que
                                        prevenirnos que no le sorprehenderemos con falsas virtudes,
                                        ni le ocultaremos nuestros defectos, porque él los verá
                                        todos, y nos hará justicia; y un anuncio semejante ya se ve
                                        que es una <pb n="237"></pb>declaracion de guerra: al contrario,
                                        el que nos alaba la bondad de su corazon, y nos procura
                                        persuadir con ella, nos dice tácitamente que debemos contar
                                        con su indulgencia y con sus servicios, y que podemos
                                        impunemente ser injustos con él. <seg synch="#FR.5" type="FP"> Los necios no se contentan con aborrecer á
                                            los literatos, sino que los representan como hombres
                                            dañosos, intrigantes, y llenos de ambicion, y suponen
                                            que no se puede hacer del talento y del ingenio mas uso
                                            que el que ellos harian si lo tuviesen. El ingenio, á la
                                            verdad, no es mas que un resorte que pone en movimiento
                                            la virtud ó el vicio: los viciosos le emplean en sus
                                            pasiones; pero ¿quántas veces no ha guiado, sostenido,
                                            descubierto y fortificado las mismas virtudes? El
                                            talento solo, por un interes justificado, ha producido
                                            acciones tan loables como hubiera podido producir la
                                            virtud, y así es que la necedad solamente ha causado
                                            quizá tantos crímenes como el vicio. Los hombres de
                                            talento, ó de un gusto decidido á las ciencias y artes,
                                            son muy poco temibles en las intrigas ambiciosas, porque
                                            la mayor parte de ellos son incapaces de sostenerlas, y
                                            los intrigantes de profesion que jamas pierden de vista
                                            sus intereses, conocen tanto á esta especie de sugetos,
                                            que quando los empeñan en asuntos árduos lo primero que
                                            piensan es en engañarlos, haciéndoles servir de
                                            instrumento á sus fines, y no confiándoles jamas el
                                            principal secreto de sus miras. </seg> El amor de las
                                        letras hace á los hombres en parte insensibles á la codicia
                                        y á la ambicion, les consuela en sus desgracias, y aun les
                                        impide muchas veces el sentirlas. Bien pesadas estas razones
                                        es preciso inferir que los hombres instruidos y de talento
                                        son mejores que los demas, ó á lo ménos deben serlo, pues de
                                        dos personas igualmente sensibles y benéficas, la que tenga
                                        mas talento, á ménos de ser un depravado, hará siempre mas
                                        progresos en la practica de las virtudes sociales, porque
                                        tendrá una conducta en sus procedimientos que no podrá tener
                                        un hombre limitado: él no humillará á nadie en el modo de
                                        repartir sus beneficios, sino tendrá en sus dones aquellas
                                        miras que son tan superiores al mayor agradecimiento, y que
                                        léjos de hacer ingratos, hacen probar un consuelo delicioso
                                        en hacer bien. Sucede generalmente que el talento inspira al
                                        que le tiene una especie de satisfaccion propia, que no
                                        tiene mas objeto que el de hacerse mas agradable á la
                                        sociedad. Los hombres de talento debian hacer muy poco caso
                                        de la envidia que excitan, porque no viven jamas gustosos
                                        sino entre los de su clase, y la <pb n="238"></pb>experiencia
                                        misma les enseña quanto se necesitan unos á otros, y si
                                        algun pique los llega alguna vez á separar, los necios
                                        mismos los vuelven á unir por la imposibilidad de vivir
                                        continuamente en el trato de estos últimos. Yo desearia
                                        infinito, por el honor de las bellas letras, y por la
                                        felicidad de los que las cultivan, que todos ellos
                                        estuviesen persuadidos de una verdad que deberia ser para
                                        los literatos un principio de su conducta, y es: que se
                                        deshonran ellos mismos con las injurias que dicen y escriben
                                        contra sus rivales: que haciendo esto, lo mas que pueden
                                        conseguir es mortificarlos, enemistarse, y obligarlos á que
                                        respondan en el mismo tono; pero nunca podrán destruir una
                                        reputacion radicada en el público, porque esta no se
                                        adquiere ni se pierde sino por uno mismo. La envidia
                                        demuestra inferioridad en quien la tiene, y por mas ventajas
                                        que tenga qualquiera sobre su rival, luego que concibe
                                        envidia de él, da á conocer que le es inferior en alguna
                                        cosa. No hay particular tan elevado é ilustre, ni sociedad
                                        tan respetable, que pueda mudar el juicio del público,
                                        aunque una cábala pueda por acaso conseguir en parte alguna
                                        victoria pasagera. En tiempos antiguos quizá podria lograrse
                                        esta porque el público era ménos instruido, y no procuraba
                                        tanto juzgarlo todo; pero en el dia se divierte con las
                                        escenas literarias, menosprecia personalmente á los que en
                                        sus disputas escriben con indecencia, separándose al mismo
                                        tiempo de la razon, y no muda jamas la opinion que ha
                                        formado de esta clase de escritos. Es inútil probar á los
                                        literatos que toda rivalidad es vergonzosa quando no es
                                        causada por la emulacion, porque esta verdad no necesita
                                        pruebas; pero deberian conocer que su desunion se opone
                                        directamente á su interes general y particular. Lo que
                                        debemos esperar de los literatos es que trabajen con esmero
                                        obras útiles, y que hagan críticas sensatas y severas, pero
                                        justas y decentes, en donde se designen las bellezas y los
                                        defectos de las producciones, y rectifiquen las costumbres,
                                        haciendo ver las causas que se oponen á su mejora. Sus
                                        discusiones no deben tener mas objeto que la verdad,
                                        evitando siempre aquellas disputas tenaces que produce el
                                        amor propio, y que son tan dañosas para ellos, como
                                        escandalosas para los sabios. Los hombres estúpidos, á
                                        quienes ha enseñado la envidia á conocer su propia pequeñez,
                                        y que son demasiado orgullosos para confesarla, son los
                                        únicos que pueden tener gusto de ver que se llenan
                                        mútuamente de vituperios unos individuos que debian ellos
                                        respetar. <pb n="239"></pb>Á mí me parece que veo en los
                                        literatos un pueblo que con sus disensiones provee de armas
                                        á los bárbaros, y les enseña el arte de manejarlas: á lo
                                        menos, si observamos la conducta que tienen, conoceremos que
                                        se hace precisamente en el dia todo lo contrario de lo que
                                        se practicaba en tiempos antiguos, que hacian reñir á los
                                        animales para divertir a los hombres. Salud. El Presidente. </seg>
                                    <seg type="U2">SECRETARÍA.</seg>
                                    <seg type="U3">CARTA QUE HEMOS RECIBIDO.</seg>
                                    <seg type="MO">........... se mata por querer vivir.</seg>
                                    <seg type="QU">Virg.</seg>
                                    <seg synch="#FR.6" type="E3">
                                        <seg synch="#FR.7" type="LB"> Muy Señor mio: <seg synch="#FR.8" type="E4">
                                                <seg synch="#FR.9" type="SP"> Yo soy del número de
                                                  los valetudinarios, y confieso á vmd. que he
                                                  adquirido esta debilidad física, y aun moral, por
                                                  el estudio de la Medicina. Leí el tratado de
                                                  fiebres de Sydenham, y me causó una calentura
                                                  lenta que no me dexó hasta que concluí la obra.
                                                  Leí despues otro Autor que trata de la tisis, y al
                                                  instante me creí atacado de consumpcion, hasta que
                                                  el haberme puesto muy grueso me avergonzó, y me
                                                  curó de esta manía. Á poco tiempo me vi acometido
                                                  de todos los síntomas de la gota, excepto el
                                                  dolor, hasta que me curó la lectura del mal de
                                                  piedra escrito por un Autor muy ingenioso, que
                                                  siguiendo la práctica de su arte saca un mal con
                                                  otro. En fin, me llené de una infinidad de males
                                                  que me aniquilaban; pero por fortuna cayó en mis
                                                  manos el discurso de Santorio, y resolví seguir
                                                  escrupulosamente su método. Todos los erudítos
                                                  saben que este doctor, para hacer mejor sus
                                                  experimentos, inventó una silla matemática,
                                                  suspendida en el ayre con tanto artificio, que se
                                                  podia pesar en ella qualquiera cosa como en una
                                                  balanza: de este modo sabia quantas onzas de
                                                  alimento se disipaban por la transpiracion, que
                                                  cantidad se convertia en su propia substancia, y
                                                  quanta se descartaba por otras vias. Luego pues,
                                                  que me hice con una de estas sillas, me acos-<pb n="240"></pb>tumbré á estudiar, comer, beber y dormir
                                                  en ella, de modo que se puede decir que hace tres
                                                  años que vivo en una balanza. Segun mi
                                                  observacion, quando estoy enteramente bueno peso
                                                  doscientas libras; pierdo cerca de una quando
                                                  ayuno un dia, y adquiero una mas despues de haber
                                                  comido bien, por lo que todo mi cuidado es el
                                                  mantener la balanza igual entre estas dos libras
                                                  volátiles de mi constitución. En mi comida
                                                  ordinaria aumento mi peso media libra, y si noto
                                                  que falta algo, bebo justamente otro tanto, ó como
                                                  pan hasta llegar á mi peso. En mis mayores excesos
                                                  no añado mas que otra media libra, lo que practico
                                                  por mi salud todos los primeros Lúnes de cada mes.
                                                  Quando despues de comer me hallo bien en balanza,
                                                  me paseo hasta transpirar el valor de cinco onzas
                                                  y quatro escrúpulos y medio: luego me disipo tres
                                                  onzas y media estudiando, y no llevo cuenta del
                                                  resto de la libra. No tengo hora para comer ó
                                                  beber; pero quando mi silla me advierte que mi
                                                  libra de alimento se ha consumido, concluyo de
                                                  aquí que tengo hambre. Mi dosis de sueño una noche
                                                  con otra es un quarteron poco mas ó ménos, y si al
                                                  levantarme veo que no he completado el peso,
                                                  duermo lo que falta en la balanza. Segun el
                                                  cálculo exâcto de lo que he perdido ó ganado en el
                                                  año último en peso, resulta en mi registro, que en
                                                  lo ordinario no creo se haya disminuido mi salud
                                                  una onza. Pero á pesar de todo mi cuidado en tener
                                                  mi cuerpo en un justo equilibrio, me veo reducido
                                                  á un estado débil y lánguido: me he puesto pálido,
                                                  tengo el pulso desigual, y estoy amenazado de
                                                  hidropesía. </seg>
                                            </seg> Tenga vmd. pues, señor Regañon, la bondad de
                                            comunicarme algunas reglas mas ciertas que las que he
                                            observado hasta aquí, y téngame por su verdadero amigo,
                                            pues sin duda á causa de tantas enfermedades es tan
                                            regañon como vmd. su afectisimo Diógenes. </seg>
                                    </seg>
                                </seg> CON REAL PRIVILEGIO. MADRID EN LA IMPRENTA DE LA
                                ADMINISTRACION DEL REAL ARBITRIO DE BENEFICENCIA. </seg>
                        </ab>
                    </div>
                </body>
      </text>
    </group>
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</TEI>
