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      <titleStmt>
        <title>Número XIII</title>
        <author>Juan Antonio Mercadal [Francisco Mariano Nipho o Juan Enrique de Graef]</author>
      </titleStmt>
      <editionStmt>
        <edition>Moralische Wochenschriften</edition>
        <respStmt>
          <name>Roland Bernhard</name>
          <resp>Editor</resp>
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        <respStmt>
          <name> Alexandra Fuchs</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name> Martin Fürlinger</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name> Elisabeth Hobisch</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name> Renate Hodab</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name> Jessica Köhldorfer</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
      </editionStmt>
      <publicationStmt>
        <publisher>Institut für Romanistik, Universität Graz</publisher>
        <date when="2012-11-29">29.11.2012</date>
        <idno type="PID">info:fedora/o:mws-099-379</idno>
      </publicationStmt>
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        <bibl>Juan Antonio Mercadal: El Duende especulativo sobre la vida civil. Madrid: Imprenta de Manuel
Martín 1761, 301-326 </bibl>
        <bibl xml:id="DE">
          <title level="j">El Duende especulativo sobre la vida
civil</title>
          <biblScope type="vol">1</biblScope>
          <biblScope type="issue">13</biblScope>
          <date>1761-08-17</date>
          <placeName key="#GID.1">Spanien</placeName>
        </bibl>
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              <interp xml:id="E1">Ebene 1</interp>
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              <interp xml:id="AE">Allgemeine Erzählung</interp>
              <interp xml:id="SP">Selbstportrait</interp>
              <interp xml:id="FP">Fremdportrait</interp>
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              <interp xml:id="MT">Metatextualität</interp>
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        <name type="place">Graz, Austria</name>
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  <text>
    <group>
      <text ana="layout">
        <body xml:space="preserve">
<p><milestone unit="E1" xml:id="FR.1"/>
</p>
<div1>
<head>NUM. XIII. </head>
<p
                rend="MO"><milestone unit="ZM" xml:id="FR.2"/> Parvaleves capiunt animos.</p>
<p
                rend="QU">Ovid. de Art. am. L. I. vers. 159. <milestone rend="closer"
                unit="ZM"/></p>
<div2>
<head>[Adornos, y Peynados de Moda]</head>
<p rend="SO"><milestone unit="E2"
                  xml:id="FR.3"/> La mas estrecha obligacion de un hombre racional
es, y serà siempre defender en lo justo la inocencia perseguida, favoreciendo à quienes viessemos
injustamente oprimidos. El noble, y generoso sexo femenino, y sus acciones, es perennemente el
blanco de la ojeriza, y murmuracion de muchos adustos, y mal humorados Criticos, que con lenguas
enconadas, y venenosas plumas satyrizan, y procuran obscurecer las prendas, que mas sobresalen en
sus inocen-<pb
                  n="302"/>tes, y càndidas passiones. A este injusto proceder de los hombres se pueden
oponer autoridades respetables, que demuestran la falsedad de las acusaciones, con que se imputa à
las Señoras el ser mas vanas, y mas estravagantes en sus trages, y adornos, que lo fueron sus
tatarabuelas. No me parece empeño grande el de hacer confessar à los Satyricos, que el excedo que
encuentran en este siglo, comparado con los passados, en la vanidad de las mugeres, es supuesto; y
que hay poca razon para realzar, y engrandecer el recato, la modestia, y las prendas de las mugeres
de otros tiempos, con el solo criminal motivo de abatir à las que viven oy dia. Contradiciendo,
pues, esta opinion tan descaminada, me atrevo à sostener, que las virtudes, y excelencias de las
Damas de otras Eras, comparadas con las virtudes, y prendas de las mugeres de la presente, dexan una
considerable ventaja (si se puede deducir alguna de su conducta) à favor de las ultimas: probandolo
con la correccion de una infinidad de abusos, que antes estaban en el solio, y de que el mundo (sino
fue <pb
                  n="303"/> siempre uno en orden à la conducta de las mugeres) està al presente mucho mas
purgado, que antes: y dexemonos de pleytos.</p>
<p>La critica murmuracion se deleyta siempre mas en hacer presa en las mugeres, que en los hombres;
y los melancolicos ingenios tartufos, ò misantropos, amantes de los siglos passados, se creen con
derecho, autoridad, ò despotismo para censurar las acciones de las Damas. Yo no alcanzo en què
pueden fundar jurisdiccion tan negada: porque la prerogativa de lo varonil no se estiende hasta
poder tratar como esclavas, à quienes debemos mirar como compañeras. Querer syndicar maliciosamente
la presumida vanidad de las mugeres, y su solìcito deseo de parecer bien, solo con el fin de
manifestar su flaqueza, es ruindad, è infamia: ademàs, que la Naturaleza, que siempre aspira à la
mayor perfeccion en sus operaciones, dotò à la muger con especiales gracias, que negò à los hombres;
adjudicandola los adornos del arte, para realzar mas, y mas sus naturales dones. Aquellos
Reformadores Estiticos, que <pb
                  n="304"/> para ensanchar con dicterios, y terminos mal sonantes su
propension à morder, manifiestan su depravada intencion, con derramar,con pròdiga mano, incienso, y
perfumes sobre la memoria de las Matronas antiguas, dando à sus virtudes, y conducta, como por
contrapunto de las estravagancias, y desarreglos, que atribuyen à las modernas, no pueden encubrir
la malicia, y el dañado corazon que les mueve: pues, ò ignoran, ò callan engañosamente lo que es
vituperable en las primeras, y lo que se halla de loable en las segundas. Y para que queden
corridos, avergonzados, por si se les averigue obrar con intencion dañada,vamos à instruirles, y
hacerles vèr, que hablan sin conocimiento, quando dicen, que las mugeres son causa de la ruina de
los maridos, y del desgovierno de las casas. No es la buena fee en el trato, la naturalidad en la
conducta, el cuidado de la familia, y la paciencia en los trabajos, el patrimonio de los hombres?
Pues hagase cuenta, que el deseo, y la solicitud de conservar, y aumentar su natural gracia, es dote
de las mugeres. La hermosura es una joya <pb
                  n="305"/> de especial merced, con que las enriqueciò el
Cielo, y la qual no puede desairar sin ofender à la Naturaleza, antes bien la debe aumentar por los
medios mas honestos, para darla realce, y lustre.</p>
<p>Contra estas razones diràn los contrarios, que las mugeres abusan estrañamente del permiso de
servirse de aquellos adornos que prescribiò la Naturaleza para los hombres, y que contra este abuso
clamaron siempre los Oradores Christianos, y Politicos, deseseosos de reducir à su primer estado el
modo de vestirse, y tocarse de las Señoras. Los que assi hablan se imaginan, que las novedades en
los trages, que vèn en las gentes, es todo ostentacion, fausto, y gasto sin exemplar; y que lo que
ellos alaban, como modestia, recato, y economia en los siglos anteriores, no estaba inficionado de
los vicios, con que se tropiezan al presente; pues sepan, que sus quexas, y clamores, sobre reforma
de vestiduras mugeriles, no son tan nuevas, que no hallen exemplos à montones en los escritos de los
Profetas en la Ley Escrita y en las Obras de los Santos Padres, y <pb
                  n="306"/> Doctores en la Ley
de Grecia.</p>
<p>Pero con què compensacion les parece à los Criticos engrandeceria la Naturaleza en las mugeres la
falta de barba, con que adornò al rostro varonil? Pues la privacion de un ornato, que hace
respetable à nosotros, huviera sido en agravio del sexo, sino se le huviesse dado en remuneracion
una belleza plausible, con que se ha hecho de ella un epilogo de perfecciones agraciadas. Es.verdad
que la Naturaleza no la permite, que deslumbre con arte las propriedades, y rasgos con que el
Criador adorna su persona, y por esto vemos, que aquellas que lo intentan, valiendose del artificio,
hallan en su propio conato el castigo mas cruel de sus intentos, enmascarandose, y haciendose
ridiculas à los ojos de quantas vèn, y aborrecen el artificio. El arte, ni el estudio son capaces de
remediar con pinturas estrañas, y colores fingidos, imperfecciones impressas por la Naturaleza; y
jamàs se preferirà à la natural belleza una perfeccion supuesta, adquirida à fatigas del arte.
Siempre parece mejor un descompuesto aliño, que una afectada <pb
                  n="307"/> compostura: <milestone unit="E3"
                  xml:id="FR.4"/> porque un innato asseo, una modestia incuria, un desprecio natural del
arte, son las propias señales del cuidado, con que la misma Naturaleza se esmera en hermosear las
mugeres, como lo cantò el <hi
                  rend="italic">Tasso</hi>.<hi rend="superscript"><note
                  n="1">Le
negligence sue son gli Artificii.</note></hi>
<milestone rend="closer"
                  unit="E3"/></p>
<p><milestone unit="E3" xml:id="FR.5"/>
<milestone unit="MT"
                  xml:id="FR.6"/> Pero veamos qual es la fecha de la posession en que estàn las
mugeres del uso de trages, adornos, y composturas; y si el titulo que presentan no revindica
bastantemente su honra, contra los que pretenden perturbarlas en el goze de sus prerogativas.
Tratarèmos separadamente de los adornos, segun ocupan las partes del cuerpo, y examinarèmos en què
consiste su excesso. No es mi animo abogar, ni protexer el abuso que se puede hacer de las Modas;
antes bien quiero destruirle con las armas de la ridiculez mas estraña; para que entiendan mis
adversarios tetricos, que hasta los mas aborrecibles vicios del aliño, que son los afeytes del
rostro, perdieron mucho de su fuerza, y vigor en nuestros días. <milestone
                  rend="closer" unit="MT"/>
<milestone rend="closer" unit="E3"/></p>
<p><milestone unit="E3"
                  xml:id="FR.7"/>
<milestone unit="AE"
                  xml:id="FR.8"/> Consultèmos en primer lugar la Corte de los Emperadores <hi
                  rend="italic">Byzantinos</hi>, y <pb n="308"/> oygamos à un Autor: <milestone unit="E4"
                  xml:id="FR.9"/> Mugeres, decia el <hi
                  rend="italic">Chrysostomo</hi>, si la Naturaleza os hizo hermosas,
contentaos con esta hermosura, y conservad esta gracia para vuestros maridos, sin afear con falsas,
y remojos vuestra belleza; y si ella no os favoreciò con belleza, no por esto debais acrecentar esta
poca dicha, con nuevas desgracias del arte. <milestone
                  rend="closer"
                  unit="E4"/> Pues à fee, que es
del quarto siglo el sermoncito, y el zelo con que este Padre, reprehendiendo en las mugeres de su
tiempo el loco devaneo de sus Modas, procura con irresistibles argumentos combatir el uso de las
drogas, y embustes con que procuraban estropajear sus carnes: manifiesta que es mal que tiene yà
muchos siglos, y que las Damas nuestras son simples, y debiles imitadoras de las antiguas. Sin
razon, pues, las acusan de inventar novedades, y usos de preparado estaño, cinabrio, albayalde,
aguas olorosas, azeytes, quintas essencias, unguentos, y emplastos: todo lo heredaron de sus
mayores. Y por què no confessarèmos, que en estas cosas de que hallamos tantos exemplares en la
antiguedad, <pb
                  n="309"/> es mucha la enmienda, y mejora, que observamos? Las Señoras no ignoran,
que el arte tiene sus primores, y que es licito ponerlos en obra. Ellas mismas son las primeras que
ridiculizan à sus compañeras, que abusan de la libertad de adornos. Esta sola venerable autoridad
del <hi
                  rend="italic">Chrysostomo</hi> debe contentar à las que con cejas fruncidas quieran
persuadirnos, que los afeytes son pecados modernos, y sino oponganme algun texto, al que yo he
citado à favor de la antiguedad de este vicio. <milestone
                  rend="closer" unit="AE"/>
<milestone rend="closer" unit="E3"/></p>
<p><milestone unit="E3"
                  xml:id="FR.10"/>
<milestone unit="AE"
                  xml:id="FR.11"/> La cabeza de las Señoras, y sus cabellos, son objetos, que à
los Criticos excitan à murmurar contra los ornatos, con que los hermosean. Arguyen contra el tiempo
que se gasta en tocarse, y contra el tormento à que en el tocador se sujetan. Pero lo que me provoca
la risa, es, que algunos de estos censores ganan de mano à las mugeres, en lo mismo que censuran.
Unos desesperan al Barbero, quando les afeyta: otros agotan el caudal cientifico de un Peluquero,
sobre el peynado: y algunos alborotan su familia sobre el aplanchado, punto de medias, <pb
                  n="310"/>
limpiaduras de zapatos, &amp;c. La compostura del cabello engalana à una Señora, y hasta el Esposo
de los <hi
                  rend="italic">Cantares</hi> se confiessa esclavo de los cabellos de su Amada. El pelo, y
adorno de la cabeza de la muger, es al presente natural, y propio; en lugar que el de las Matronas
heroycas, de los Criticos, era adulterino, y postizo. Y por què no serà licito à las Damas valerse
de la Peluca, quando nosotros las usurpamos el Papillote? Sea en hora buena hermoso el trage de
rodete, del moño, de la trenza; hayase despreciado en hora buena menos tiempo en estos tocados, que
aora se desperdicie en los del empapellado: todo esto no hace mas que echarnos en cara nuestras
propias ridiculeces; pues tapamos las canas de sesenta, con una peluquilla de diez y ocho: ademàs de
esto, nadie quiere ser cano, ni calvo.</p>
<p>Mucho mas licito, y natural es en las mugeres el aliño de su cabeza, que en los hombres. Sus
cabellos son propiamente su dote, y un patrimonio tan natural, que rarissima vez las despoja de
ellos el tiempo. <hi
                  rend="italic">Zonaro</hi> nos dà bellissimos moti-<pb n="311"/>vos de este
privilegio. <milestone
                  unit="E4" xml:id="FR.12"/>
<hi
                  rend="italic">Plinio</hi> dice, que es irregular, y extraordinario, vèr una muger calva; y en
efecto la cosa mas ingrata à nuestra vista es la muger privada del ornamento de su pelo.<hi
                    rend="superscript"><note n="2">Et sine fronde frutex, &amp; sini crine caput.</note></hi>
<milestone
                  rend="closer"
                  unit="E4"/></p>
<p>No hay Historia alguna, que entre las costumbres de los Pueblos no haga mencion de la escrupulosa
solicitud mujeril en adornar su cabeza. Las Matroñas antiguas apreciaban sobre manera, el pelo de
color de oro, haciendo consistir en ello su perfeccion, y mayor belleza.</p>
<p>No escusaban gastos, ni tiempo para teñirle de este color; y si aora tenemos adversion à ello,
es, porque la vulgar creencia tiene, que eran roxos los cabellos, y la barba de <hi
                  rend="italic">Judas Iscariotes</hi>. Esta vulgaridad errada, no es muy antigua; porque en los testimonios, y
autoridades de los Escritores del tercero, quarto, y quinto siglo, vemos reprehender en las Damas,
su loca, y descomedida passion para el pelo roxo, ò color de oro. En ellos leemos los nombres de las
drogas, que empleaban para teñirlos roxos, aquellas que no los tenian de este color por <pb
                  n="312"/> Naturaleza. <milestone unit="E4" xml:id="FR.13"/>
<hi
                  rend="italic">San Juan Chrysostomo</hi> se reìa de que el capricho de las mugeres de su tiempo,
llegaba hasta desear fuessen de oro los suelos, y las paredes de sus casas; y si fuesse dable, los
ayres, que respiraban, y los cielos, que las cubrian. El Santo dice, que se corre de vèr las locuras
de las Damas, que teniendo verguenza de la hermosura, con que les regalò la Naturaleza, estudian
medios para obscurecerla, y mudarla enteramente en su persona. No escusan, añade, gastos, fatigas,
ni medios, para teñir de color de oro sus cabellos, usan mil artes, à fin de parecer bien: y nadie
serìa capaz de arrestar el rapido buelo de sus intentos, sino hallassen contraste en un resto de
pudor que se opone à su demencia de tener cabellos, cejas, labios, y quanto vèn, y tocan de oro.
Quieren imitar al Rey de Persia, que tenia la barba de este metal, y desean que lo sean sus
cabellos. <milestone
                  rend="closer"
                  unit="E4"/> No sale de su natural esfera, una necedad tan
temeraria? No podemos decir, que las mugeres que desean, y procuran semejante cosa, aborrecen
formalmente la disposicion, y providencia del Criador, en lo <pb
                  n="313"/> que produxo? <milestone unit="E4" xml:id="FR.14"/>
<hi
                  rend="italic">Elio Capitolino</hi> nos cuenta, que el Emperador <hi
                  rend="italic">Vero</hi>
estimaba tanto sus rubios cabellos, que con singular, y ridicula mania, los humedecia, y rociaba à
cada instante con oro fluido,ò los pulverizaba con limaduras del propia metal: de modo, que el pelo
despedia brillantes rayos, quando el Sol heria la cabeza del Monarca. <milestone
                  rend="closer" unit="E4"/>
<milestone unit="E4" xml:id="FR.15"/>
<hi
                  rend="italic">San Clemente Alexandrino</hi> hace una ingeniosissima relacion de los medios que
empleaban las mugeres de su tiempo, para cuidar de sus cabellos. Dice, que debemos mirar con horror
el pelo de las mugeres, porque es prestado, y adulterino, y trata de impiedad el estilo de servirse
del de difuntos para texer lazos, y cautivar à los vivos. Pregunta, què cosa bendice el Sacerdote
quando se presentan semejantes mugeres, para que las imponga las manos: si bendice la persona viva,
ò el pelo de los muertos que las adornan. <milestone
                  rend="closer" unit="E4"/>
<milestone unit="E4" xml:id="FR.16"/>
<hi
                  rend="italic">Tertuliano</hi> dice, que es cosa impìa, y abominable ver, que las mugeres
prefieran à las cosas naturales, dispuestas por Dios, otras fingidas, y artificiosas, que son obras
del demonio. No sè, añade, por què pintado con <pb
                  n="314"/> azafràn, y otras drogas el pelo,
quieren hacerse Germanas, ò Galas, cuyas locuras adoptan en el color de sus cabellos: trabajan en
destruir su salud; y haciendose voluntariamente calvas, se exponen à diferentes enfermedades. El
color de los ingredientes, de las falsas, azeytes, y polvos, dàn dolores de cabeza, y los rayos del
sol que encienden mas, y mas à estas cosas, las desecan el celebro. <milestone
                  rend="closer" unit="E4"/>
<milestone unit="E4" xml:id="FR.17"/>
<hi
                  rend="italic">San Gregorio Nazianceno</hi>, amonesta à las mugeres, que no sigan la moda, y el
estilo del tocador; que no engalanen su cabeza con cabellos fingidos, ni con aquellas pomposas
decoraciones, y frontispicios de entalles, y molduras, mas propias para torres, y edificios, que
para cabezas de mugeres: Que horror, dice, causa vèr que un rostro hermoso se convierta en una
horrible mascara, y que de un semblante ayroso, y apacible, se hace una fantasma nocturna!
<milestone
                  rend="closer"
                  unit="E4"/></p>
<p>Insensiblemente hemos declinado hacia la antiguedad, por no dexar que decir à los que acusan al
mundo de empeorar continuamente; y sin pensarlo me viene à la memoria una pregunta de <pb
                  n="315"/>
<hi
                  rend="italic">Christo</hi>, sobre la mudanza del pelo con que las mugeres procuran distinguirse.
Quièn puede convertir cabellos blancos en cabellos negros, preguntaba el Divino Maestro, sino solo
Dios? Mas facil es que las mugeres los tiñan de color de oro para hermosearse, que negros, para
encubrir su arrepentimiento de haver llegado à viejas. Yo no sè si entonces havia peynes de plomo, ò
aquellos secretos, que se anuncian en las esquinas para semejante industria. Tienen algo mas que
desear sobre esta materia, los que canonizan la antiguedad, unicamente para zaherir con mas desahogo
los estilos modernos? No està probado con claridad el caso que merece la patraña de los cabellos, y
de la barba roja de <hi
                  rend="italic">Judas Iscariotes</hi>, por el testimonio que dàn los
Christianos primitivos, à favor de un color que tanto aborrecemos? Nadie crea, que defiendo errores,
ni abusos. Con furia deslucen à la Naturaleza aquellas ancianas, que à fuerza del arte quieren
reformarse, y se empeñan en quedar siempre niñas, haciendo azabache aquello que con razon es
sier-<pb
                  n="316"/>ra nevada. La desenfrenada passion de muchas mal avisadas Doncellas, no balancea,
porque prevalecen en la Moda en hacerse calvas en lo mas lozano, y florido de sus años, poniendo
coto, è impedimento à las operaciones de la Naturaleza. Contra estas vibrarè siempre las armas de la
razon, y del bien pùblico. <milestone
                  unit="E4" xml:id="FR.18"/>
<milestone unit="EX" xml:id="FR.19"/> El Emperador <hi
                  rend="italic">Augusto</hi> entrò un dia en el
Gabinete de su hija <hi
                  rend="italic">Julia</hi>, al tiempo que se estaba tocando. El Principe que
viò el engaño de sus cabellos, la dixo con estudiada indiferencia: què partido tomaria, si la
diessen à escoger entre ser cana, ò calva. Respondiòle la Doncella, (que no havia advertido la
malicia de su padre) que mas quisiera ser cana, que calva: à lo que replicò <hi
                  rend="italic">Augusto</hi>, pues què razon tienes para hacerte calva antes que sea necessario, y para componer tu
cabeza con cabellos comprados? <milestone
                  rend="closer" unit="EX"/>
<milestone rend="closer"
                  unit="E4"/> Pero por què citar exemplos para afrentar à las Señoras, si
nosotros mismos debemos confessarnos delinquentes en esta materia? Entre las preseas de que se valiò
<hi
                  rend="italic">Judith</hi>, para cautivar los ojos de <hi
                  rend="italic">Holofernes</hi>, puso
especial estudio en hermosear su ca-<pb n="317"/>beza; y <hi
                  rend="italic">Alapide</hi> presume, que
se sirviò de un hierro para rizar los cabellos. Esto no lo podràn creer, aquellos, que, impugnando
todo lo moderno, vituperan magistralmente las Modas mugeriles. Pues valga por lo que valiera. La
frenesì de tener hermoso pelo, no es mas estravagante oy dia, que lo fue antiguamente. Apenas hay
Historiador, que no hable de la embidia que tenian las mugeres Romanas, de que las Alemanas, y
Flamencas tenian mas bello pelo por naturaleza, que ellas por arte: <hi
                  rend="italic">Tacito, Silio
Italico, Plutarco, Marcial, &amp;c.</hi> son abonos de lo que digo.<hi
                    rend="superscript"><note
                  n="3">Rufæ comæ jam formidante Batavo. Sil.Ital. Figuli lusus rufi persona Batavi.
Mart.</note></hi></p>
<p>Hasta estos barbaros, tan favorecidos de la naturaleza en esta parte, se valian del arte, à fin
de dàr mas lustre à su belleza.<hi
                    rend="superscript"><note
                  n="4">Rufæ comæ jam formidante Batavo.
Sil.Ital. Videbat lavantes, alios quosdam rutilantes ex more. Ammiano. Caustica Theutonicos accendit
spuma capillos. Mart. Prodest, &amp; sapo Galliarum hoc inventum rutilandos capillis ex seno, &amp;
cinere. Plin.</note></hi>
<pb
                  n="318"/> Tenian Peluqueros ò para expressar mejor el sentido literal, Tintoreros, y Rizadores,
que las mugeres Romanas hacian venir à Roma, queriendo con ambicion vengativa, superar con arte el
dòn que la Naturaleza havia hecho à estas Naciones, y Pueblos Barbaros. <milestone
                  unit="E4" xml:id="FR.20"/>
<hi
                  rend="italic">Ovidio</hi>, ponderando, este mugeril cuidado, alaba los cabellos de los
Theutonicos, y dice, que los Peluqueros de aquel Paìs iban à Roma para componer con pelo postizo la
cabeza de las Damas Romanas.<hi
                    rend="superscript"><note
                  n="5">Iam tibi captivos mitit Germania
crines culto triumphantæ munere gentis aris. Ovid.</note></hi>
<milestone
                  rend="closer"
                  unit="E4"/> Assi, pues, fue siempre estilo, y moda, aquella que nos parece
al presente criminal, è insoportable, como lo dice <hi
                  rend="italic">Plauto</hi>.<hi rend="superscript"><note
                  n="6">Multa sunt mulierum vitia, sed hoc é multis unum maximum est: Cum
nimis placeant, nimisque operam dant, ut placeant viris. Plauto.</note></hi> No lo creen los
adversarios de la compostura del papillote? Pues visiten el Jardin de Aranjuèz, y noten algunas
estatuas antiguas el rizo, alli veràn el orden, y compostura del pelo, que no ha muchos años, era de
la ultima moda entre las Damas de la Corte.</p>
<p><pb
                  n="319"/>
<milestone unit="MT"
                  xml:id="FR.21"/> En què quedamos, Señores malcontentos? Queda abatida al pie de
la verdad vuestra inaplacable critica? Queden respondidos los cargos, dolosamente supuestos, con que
Misantropos modernos intentais deslustrar el honor de las Damas, condenando su solicitud en el
adorno de sus cabezas? Ea convengamos en algo. Prudentemente conjeturo, que el tocador de las
Señoras, no està al presente, ni mas rico, ni mas frequentado, que lo fuesse en los tiempos mas
cercanos à la venida de nuestro Redemptor, y aun antes. Infinitos textos, y autoridades me favorecen
para demonstrarlo, y convencer à los que son de sentir contrario: pero las omito; porque las citadas
bastan para contentar, à mi entender, à los que hablan con juicio, y deseo de saber, y no con
passion, ni encono contra el sexo. En quanto à otros, y de que hay muchos, que solo hablan por
hablar, y que, por no tener materia para despegar los labios en conversaciones, y concursos,
censuran indiferentemente, y sin tino lo primero que les viene à la memoria; à estos los dexamos en
su er-<pb
                  n="320"/>ror, è ignorancia. Diferentes Señoras han prometido à sus amigos leer los papeles
con que el <hi
                  rend="italic">Duende</hi> honra à su sexo, con tal, que este se contenga en los
limites que se ha prescrito à sì mismo, de no disminuir, ni oponerse à las prerogativas que las
mugeres gozan de immemorial tiempo. Esto es decir, que no leeràn los papeles del <hi
                  rend="italic">Duende</hi>, si este se persuade, que haràn impression sobre ellas, los avisos que las diesse con
severidad ceñuda, ò las condenaciones que pronunciasse sobre cosas que en su espiritu passan por
indiferentes; y aunque en esto me parecen algo injustas, respecto que debieran considerar que toda
la fuerza de los argumentos del <hi
                  rend="italic">Duende</hi> se reduce simplemente à convencerlas,
que deban preferir las calidades del espiritu à los cuidados de su corporal belleza; esto es, que es
menester antepongan lo mas essencial à lo que lo es menos: no me quexo de su opinion erronea, porque
la experiencia nos enseña todos los dias, que el espiritu del hombre robustecido por una educacion
formal, y consequente, queda muchissimas veces victima del er-<pb
                  n="321"/>ror que adopta su
corazon; y assi, què motivo hay para querer que el corazon de la muger estuviesse à prueba de las
tentaciones mas terribles, como son los deseos de producirse, y agradar por medios honestos? En
admitiendo igualdad en las facultades de ambos sexos, debemos creer, que el espiritu de la muger,
sin hacerla agravio, estando siempre menos cultivado, que el del hombre, està mas expuesto à sufrir
ilusiones, en ciertos casos, ò materias en que su propension natural se halla en contradicion, en
que puede arriesgar menos los interesses de su virtud, ò en que por ventura sufre su amor para los
adornos, que los hombres las disputan. <milestone
                  rend="closer"
                  unit="MT"/></p>
<p>Atengamonos à declarar la guerra à la mudanza, y poca duracion de un estilo que se admite en el
arte de adornar la cabeza de las Señoras, y no al adorno mismo: pues al cabo, què ganarèmos, sino es
dàr nuevos motivos para lamentarse las Señoras que les apretamos mas, y mas el dogal de la
servidumbre, y que la embidia de los hombres, de verlas mas à proposito para ser idolatradas, las
<pb
                  n="322"/> priva de sus privilegios, y exemciones para apropiarse ellas todo el dominio, que la
humanidad en cierto modo ha repartido entre los dos sexos. Fuera de esto, la continua revolucion de
las Modas es un bien para el Comercio, y no pocas veces un principio de fortuna para algun Artifice,
ò Criada. Las Doncellas sirvientes, ocupandose en inventar nuevos rizos, ò en perfeccionar los
inventados, pueden formar con su inteligencia, y buen gusto el caudal de un dote ventajoso; y el
arte de saber tocar con gracia á la Señora, dà tal vez motivo, à que el Ayuda de Camara sepa captar
la benevolencia de su Amo, peynandole sympaticamente con el tocado de la muger, de lo qual debe
resultar una consonancia de alabanzas à favor de los dos virtuosos.</p>
<p>Si los hombres quisiessen desnudarse de aquella caprichosa pasion de soberania que pretenden en
todo, confessarian de contado, que en las operaciones mugeriles no entra menos ciencia que en las
artes, que ellos exercen.Què cuidados, què estudios, no requiere el manejo del pelo de las Damas,
para que estas <pb
                  n="323"/> se eximan de la censura de sus conocidas, y puedan servir de modelos
para el tocado de la Corte. Un cabello solo, mal ordenado, ò fuera de su linea, es capaz de
desquadernar la Architrave de la hermosa fabrica de una Señora. A bien considerar el peynado, en èl
se pueden distinguir varias partes analogas, à las que caracterizan à la Architectura. Pues
consideren bien à una, y otra los inteligentes, y hallaràn, que no necessite menos destreza la
peynadora, para acomodar todas las partes del pelo de una cabeza, que el Architecto para repartir
con acierto las partes de la Cornisa de un edificio, y dàr à cada parte la cantidad, y espacio que
la corresponde: pues para el ornato de la cabeza mugeril, se ha establecido la misma regla, que se
observa en cada orden Architectonico. <milestone
                  rend="closer" unit="AE"/>
<milestone rend="closer" unit="E3"/>
<milestone unit="MT"
                  xml:id="FR.22"/> Pero en esto mas sabe mi Aplanchadora, que el Philosopho mas
celebrado de las Universidades de <hi
                  rend="italic">España</hi>. Oygamos, pues, sobre esto hablar à
una muger, que nos lo dirà con suma energia. <milestone
                  rend="closer" unit="MT"/></p>
<p rend="BA"><milestone unit="E3" xml:id="FR.23"/>
<milestone unit="LB"
                xml:id="FR.24"/> Cavallero Duende.</p>
<p rend="SO"><milestone unit="E4" xml:id="FR.25"/>
<milestone
                  unit="SP" xml:id="FR.26"/> “Estoy en la flor de mi edad, y con <pb
                  n="324"/> animo
deliberado de seguir la vereda de la innocencia; pero con hacienda presente, con titulos en
prespectiva, con nacimiento aventajado, que no puedan las consideraciones placenteras dèl gozar: y
por esto es dificil resolverme à renunciar à los recreos, y diversiones ruidosas de la Corte. No me
es posible despojarme de aquella pequeña satisfaccion, que recibe mi amor propio por el arte que
posseo de saber agradar, y de haver sabido postrar à mi altivèz toda la indiferencia de <hi
                  rend="italic">Don Diego Retuerto</hi>. <milestone rend="closer" unit="SP"/>
<milestone rend="closer"
                  unit="E4"/> Si los pensamientos del matrimonio me cautivan, aùn me resta
superioridad, y dominio sobre mi misma, para diferir la execucion de mis ideas, hasta passar el
proximo Invierno, à fin de conocer mas cumplidamente el modo de pensar de este Cavallero, en orden à
las joyas, y adornos, que tanto apetecemos las mugeres, y el juicio que hace de los medios, que
inventamos todos los dias, para atraernos una reverencia del mas declarado misantropo. No señor <hi
                  rend="italic">Duende</hi>: no piense <hi rend="italic">Don Diego</hi>, que me empe-<pb
                  n="325"/>ñarà
su moral Socratica, ni la aspereza de sus axiomas. He, conozco un genero de secreta estimacion para
el sexo, mezclada con un artificioso menosprecio de nuestras ocupaciones, y estudios para elegir
trages, que realzan nuestra natural belleza. No me parece, que este Cavallero se contenta con
nuestra honradèz sola: èl quisiera vernos reclusas, desdeñando joyas, y telas, à fin de ocuparnos
unicamente de aquello, que pudiera lisongear à su amor propio. Pues, no ha de ser assi: sepa, por
medio de sus papeles de Vmd. que pretendo ponerle al toque, y que me verà en la Comedia, en los
passeos, y en las Visitas de mas concurso: en una palabra, en qualquiera parte donde huviesse
diversiones, para que aprenda, que las riquezas, la libertad, la juventud, &amp;c. auxiliadas de la
compostura femenina, sirven para realzar la virtud de aquella, que à Vmd. <hi
                  rend="italic">Caballero Duende</hi>, besa las manos. <milestone rend="closer" unit="LB"/>
<milestone
                  rend="closer" unit="E3"/></p>
<p><milestone unit="AE"
                  xml:id="FR.27"/> Acaba de entrar mi Criado con las cartas del Correo, y en
una escrita de <hi
                  rend="italic">Paù</hi> en <hi rend="italic">Bearne</hi> en 15. de Junio de este
pre-<pb
                  n="326"/>sente año, se me avisa, que se han puesto en camino para esta de <hi
                  rend="italic">Madrid</hi>, dos sugetos de los mas diestros, que de esta parte de la <hi
                  rend="italic">Garona</hi>
hayan passado à <hi
                  rend="italic">Parìs</hi>, para perfeccionarse en el manejo de las cabezas, y
coordinacion de los cabellos de las Señoras. Mi Correspondiente dice por mayor, que ambos son
diestros, buenos mozos, y de pocos años, y que un Amigo que tiene en <hi
                  rend="italic">Parìs</hi>,
el qual les abona por excelentes Rizadores, le suplìca les procure algunos conocimientos en esta
Corte de <hi
                  rend="italic">Madrid</hi>. Yo no hallo mejor medio para cumplir con el empeño, en que
me pone mi Correspondiente, sino avisar con tiempo, por carteles que se pondràn en las esquinas
acostumbradas, y por el Diario su llegada; para que las Damas, que quisiessen servirse de ellos,
apalabren sus visitas, pera [sic] tener el honor de poder divulgar las primeras modas, y las
novedades mas recientes, que en el tocar se huviessen introducido en <hi
                  rend="italic">París</hi>, y
en <hi rend="italic">Versalles</hi>. <milestone rend="closer"
                  unit="AE"/>
<milestone rend="closer" unit="E2"/></p>
<p><hi rend="smallcaps">FIN</hi>.</p>
<p><hi
                  rend="italic">El Discurso siguiente saldrà el Sabado 29. de Agosto de 1761.</hi></p>
<p>En Madrid: Con las Licencias necessarias, en la Imprenta del Tribunal de la Santa Cruzada, Calle
de las Hileras.</p>
<p><hi
                    rend="italic">Se hallarà este, y todos los siguientes en las Librerìas de Antonio Sancha,
frente del Correo; en la de Bartholomè Lopez, Plazuela de Santo Domingo; y en la de Bartholomè
Ulloa, frente del Salvador. <milestone
                    rend="closer" unit="E1"/></hi></p>
<p/>
</div2>
</div1>
</body>
      </text>
      <text ana="framings">
        <body xml:space="preserve">
<div>
<ab>
<seg synch="#FR.1" type="E1">
<seg type="U1">NUM. XIII. </seg>
<seg
                    type="MO"><seg synch="#FR.2" type="ZM"> Parvaleves capiunt animos.</seg>
<seg
                  type="QU">Ovid. de Art. am. L. I. vers. 159. </seg></seg>
<seg
                  type="U2">[Adornos, y Peynados de Moda]</seg>
<seg synch="#FR.3"
                    type="E2"> La mas estrecha obligacion de un hombre racional es, y serà siempre
defender en lo justo la inocencia perseguida, favoreciendo à quienes viessemos injustamente
oprimidos. El noble, y generoso sexo femenino, y sus acciones, es perennemente el blanco de la
ojeriza, y murmuracion de muchos adustos, y mal humorados Criticos, que con lenguas enconadas, y
venenosas plumas satyrizan, y procuran obscurecer las prendas, que mas sobresalen en sus inocen-<pb
                    n="302"/>tes, y càndidas passiones. A este injusto proceder de los hombres se pueden oponer
autoridades respetables, que demuestran la falsedad de las acusaciones, con que se imputa à las
Señoras el ser mas vanas, y mas estravagantes en sus trages, y adornos, que lo fueron sus
tatarabuelas. No me parece empeño grande el de hacer confessar à los Satyricos, que el excedo que
encuentran en este siglo, comparado con los passados, en la vanidad de las mugeres, es supuesto; y
que hay poca razon para realzar, y engrandecer el recato, la modestia, y las prendas de las mugeres
de otros tiempos, con el solo criminal motivo de abatir à las que viven oy dia. Contradiciendo,
pues, esta opinion tan descaminada, me atrevo à sostener, que las virtudes, y excelencias de las
Damas de otras Eras, comparadas con las virtudes, y prendas de las mugeres de la presente, dexan una
considerable ventaja (si se puede deducir alguna de su conducta) à favor de las ultimas: probandolo
con la correccion de una infinidad de abusos, que antes estaban en el solio, y de que el mundo (sino
fue <pb
                    n="303"/>siempre uno en orden à la conducta de las mugeres) està al presente mucho mas
purgado, que antes: y dexemonos de pleytos. La critica murmuracion se deleyta siempre mas en hacer
presa en las mugeres, que en los hombres; y los melancolicos ingenios tartufos, ò misantropos,
amantes de los siglos passados, se creen con derecho, autoridad, ò despotismo para censurar las
acciones de las Damas. Yo no alcanzo en què pueden fundar jurisdiccion tan negada: porque la
prerogativa de lo varonil no se estiende hasta poder tratar como esclavas, à quienes debemos mirar
como compañeras. Querer syndicar maliciosamente la presumida vanidad de las mugeres, y su solìcito
deseo de parecer bien, solo con el fin de manifestar su flaqueza, es ruindad, è infamia: ademàs, que
la Naturaleza, que siempre aspira à la mayor perfeccion en sus operaciones, dotò à la muger con
especiales gracias, que negò à los hombres; adjudicandola los adornos del arte, para realzar mas, y
mas sus naturales dones. Aquellos Reformadores Estiticos, que <pb
                    n="304"/>para ensanchar con
dicterios, y terminos mal sonantes su propension à morder, manifiestan su depravada intencion, con
derramar,con pròdiga mano, incienso, y perfumes sobre la memoria de las Matronas antiguas, dando à
sus virtudes, y conducta, como por contrapunto de las estravagancias, y desarreglos, que atribuyen à
las modernas, no pueden encubrir la malicia, y el dañado corazon que les mueve: pues, ò ignoran, ò
callan engañosamente lo que es vituperable en las primeras, y lo que se halla de loable en las
segundas. Y para que queden corridos, avergonzados, por si se les averigue obrar con intencion
dañada,vamos à instruirles, y hacerles vèr, que hablan sin conocimiento, quando dicen, que las
mugeres son causa de la ruina de los maridos, y del desgovierno de las casas. No es la buena fee en
el trato, la naturalidad en la conducta, el cuidado de la familia, y la paciencia en los trabajos,
el patrimonio de los hombres? Pues hagase cuenta, que el deseo, y la solicitud de conservar, y
aumentar su natural gracia, es dote de las mugeres. La hermosura es una joya <pb
                    n="305"/>de
especial merced, con que las enriqueciò el Cielo, y la qual no puede desairar sin ofender à la
Naturaleza, antes bien la debe aumentar por los medios mas honestos, para darla realce, y lustre.
Contra estas razones diràn los contrarios, que las mugeres abusan estrañamente del permiso de
servirse de aquellos adornos que prescribiò la Naturaleza para los hombres, y que contra este abuso
clamaron siempre los Oradores Christianos, y Politicos, deseseosos de reducir à su primer estado el
modo de vestirse, y tocarse de las Señoras. Los que assi hablan se imaginan, que las novedades en
los trages, que vèn en las gentes, es todo ostentacion, fausto, y gasto sin exemplar; y que lo que
ellos alaban, como modestia, recato, y economia en los siglos anteriores, no estaba inficionado de
los vicios, con que se tropiezan al presente; pues sepan, que sus quexas, y clamores, sobre reforma
de vestiduras mugeriles, no son tan nuevas, que no hallen exemplos à montones en los escritos de los
Profetas en la Ley Escrita y en las Obras de los Santos Padres, y <pb
                    n="306"/>Doctores en la Ley de
Grecia. Pero con què compensacion les parece à los Criticos engrandeceria la Naturaleza en las
mugeres la falta de barba, con que adornò al rostro varonil? Pues la privacion de un ornato, que
hace respetable à nosotros, huviera sido en agravio del sexo, sino se le huviesse dado en
remuneracion una belleza plausible, con que se ha hecho de ella un epilogo de perfecciones
agraciadas. Es.verdad que la Naturaleza no la permite, que deslumbre con arte las propriedades, y
rasgos con que el Criador adorna su persona, y por esto vemos, que aquellas que lo intentan,
valiendose del artificio, hallan en su propio conato el castigo mas cruel de sus intentos,
enmascarandose, y haciendose ridiculas à los ojos de quantas vèn, y aborrecen el artificio. El arte,
ni el estudio son capaces de remediar con pinturas estrañas, y colores fingidos, imperfecciones
impressas por la Naturaleza; y jamàs se preferirà à la natural belleza una perfeccion supuesta,
adquirida à fatigas del arte. Siempre parece mejor un descompuesto aliño, que una afectada <pb
                    n="307"/>compostura: <seg synch="#FR.4"
                      type="E3"> porque un innato asseo, una modestia incuria, un
desprecio natural del arte, son las propias señales del cuidado, con que la misma Naturaleza se
esmera en hermosear las mugeres, como lo cantò el Tasso.<note
                    n="1">Le negligence sue son gli
Artificii.</note></seg>
<seg synch="#FR.5" type="E3">
<seg
                      synch="#FR.6"
                    type="MT"> Pero veamos qual es la fecha de la posession en que estàn las mugeres
del uso de trages, adornos, y composturas; y si el titulo que presentan no revindica bastantemente
su honra, contra los que pretenden perturbarlas en el goze de sus prerogativas. Tratarèmos
separadamente de los adornos, segun ocupan las partes del cuerpo, y examinarèmos en què consiste su
excesso. No es mi animo abogar, ni protexer el abuso que se puede hacer de las Modas; antes bien
quiero destruirle con las armas de la ridiculez mas estraña; para que entiendan mis adversarios
tetricos, que hasta los mas aborrecibles vicios del aliño, que son los afeytes del rostro, perdieron
mucho de su fuerza, y vigor en nuestros días. </seg>
</seg>
<seg
                    synch="#FR.7" type="E3">
<seg synch="#FR.8"
                        type="AE"> Consultèmos en primer lugar la Corte de los Emperadores Byzantinos, y
<pb
                        n="308"/>oygamos à un Autor: <seg synch="#FR.9"
                        type="E4"> Mugeres, decia el Chrysostomo, si la
Naturaleza os hizo hermosas, contentaos con esta hermosura, y conservad esta gracia para vuestros
maridos, sin afear con falsas, y remojos vuestra belleza; y si ella no os favoreciò con belleza, no
por esto debais acrecentar esta poca dicha, con nuevas desgracias del arte. </seg> Pues à fee, que
es del quarto siglo el sermoncito, y el zelo con que este Padre, reprehendiendo en las mugeres de su
tiempo el loco devaneo de sus Modas, procura con irresistibles argumentos combatir el uso de las
drogas, y embustes con que procuraban estropajear sus carnes: manifiesta que es mal que tiene yà
muchos siglos, y que las Damas nuestras son simples, y debiles imitadoras de las antiguas. Sin
razon, pues, las acusan de inventar novedades, y usos de preparado estaño, cinabrio, albayalde,
aguas olorosas, azeytes, quintas essencias, unguentos, y emplastos: todo lo heredaron de sus
mayores. Y por què no confessarèmos, que en estas cosas de que hallamos tantos exemplares en la
antiguedad, <pb
                    n="309"/>es mucha la enmienda, y mejora, que observamos? Las Señoras no ignoran, que
el arte tiene sus primores, y que es licito ponerlos en obra. Ellas mismas son las primeras que
ridiculizan à sus compañeras, que abusan de la libertad de adornos. Esta sola venerable autoridad
del Chrysostomo debe contentar à las que con cejas fruncidas quieran persuadirnos, que los afeytes
son pecados modernos, y sino oponganme algun texto, al que yo he citado à favor de la antiguedad de
este vicio. </seg>
</seg>
<seg
                    synch="#FR.10" type="E3">
<seg synch="#FR.11"
                        type="AE"> La cabeza de las Señoras, y sus cabellos, son objetos, que à los
Criticos excitan à murmurar contra los ornatos, con que los hermosean. Arguyen contra el tiempo que
se gasta en tocarse, y contra el tormento à que en el tocador se sujetan. Pero lo que me provoca la
risa, es, que algunos de estos censores ganan de mano à las mugeres, en lo mismo que censuran. Unos
desesperan al Barbero, quando les afeyta: otros agotan el caudal cientifico de un Peluquero, sobre
el peynado: y algunos alborotan su familia sobre el aplanchado, punto de medias, <pb
                        n="310"/>limpiaduras de zapatos, &amp;c. La compostura del cabello engalana à una Señora, y hasta el Esposo
de los Cantares se confiessa esclavo de los cabellos de su Amada. El pelo, y adorno de la cabeza de
la muger, es al presente natural, y propio; en lugar que el de las Matronas heroycas, de los
Criticos, era adulterino, y postizo. Y por què no serà licito à las Damas valerse de la Peluca,
quando nosotros las usurpamos el Papillote? Sea en hora buena hermoso el trage de rodete, del moño,
de la trenza; hayase despreciado en hora buena menos tiempo en estos tocados, que aora se
desperdicie en los del empapellado: todo esto no hace mas que echarnos en cara nuestras propias
ridiculeces; pues tapamos las canas de sesenta, con una peluquilla de diez y ocho: ademàs de esto,
nadie quiere ser cano, ni calvo. Mucho mas licito, y natural es en las mugeres el aliño de su
cabeza, que en los hombres. Sus cabellos son propiamente su dote, y un patrimonio tan natural, que
rarissima vez las despoja de ellos el tiempo. Zonaro nos dà bellissimos moti-<pb
                        n="311"/>vos de
este privilegio. <seg synch="#FR.12"
                          type="E4"> Plinio dice, que es irregular, y extraordinario, vèr
una muger calva; y en efecto la cosa mas ingrata à nuestra vista es la muger privada del ornamento
de su pelo.<note
                        n="2">Et sine fronde frutex, &amp; sini crine caput.</note></seg> No hay Historia
alguna, que entre las costumbres de los Pueblos no haga mencion de la escrupulosa solicitud mujeril
en adornar su cabeza. Las Matroñas antiguas apreciaban sobre manera, el pelo de color de oro,
haciendo consistir en ello su perfeccion, y mayor belleza. No escusaban gastos, ni tiempo para
teñirle de este color; y si aora tenemos adversion à ello, es, porque la vulgar creencia tiene, que
eran roxos los cabellos, y la barba de Judas Iscariotes. Esta vulgaridad errada, no es muy antigua;
porque en los testimonios, y autoridades de los Escritores del tercero, quarto, y quinto siglo,
vemos reprehender en las Damas, su loca, y descomedida passion para el pelo roxo, ò color de oro. En
ellos leemos los nombres de las drogas, que empleaban para teñirlos roxos, aquellas que no los
tenian de este color por <pb
                        n="312"/>Naturaleza. <seg synch="#FR.13"
                        type="E4"> San Juan
Chrysostomo se reìa de que el capricho de las mugeres de su tiempo, llegaba hasta desear fuessen de
oro los suelos, y las paredes de sus casas; y si fuesse dable, los ayres, que respiraban, y los
cielos, que las cubrian. El Santo dice, que se corre de vèr las locuras de las Damas, que teniendo
verguenza de la hermosura, con que les regalò la Naturaleza, estudian medios para obscurecerla, y
mudarla enteramente en su persona. No escusan, añade, gastos, fatigas, ni medios, para teñir de
color de oro sus cabellos, usan mil artes, à fin de parecer bien: y nadie serìa capaz de arrestar el
rapido buelo de sus intentos, sino hallassen contraste en un resto de pudor que se opone à su
demencia de tener cabellos, cejas, labios, y quanto vèn, y tocan de oro. Quieren imitar al Rey de
Persia, que tenia la barba de este metal, y desean que lo sean sus cabellos. </seg> No sale de su
natural esfera, una necedad tan temeraria? No podemos decir, que las mugeres que desean, y procuran
semejante cosa, aborrecen formalmente la disposicion, y providencia del Criador, en lo <pb
                        n="313"/>que produxo? <seg synch="#FR.14"
                        type="E4"> Elio Capitolino nos cuenta, que el Emperador Vero
estimaba tanto sus rubios cabellos, que con singular, y ridicula mania, los humedecia, y rociaba à
cada instante con oro fluido,ò los pulverizaba con limaduras del propia metal: de modo, que el pelo
despedia brillantes rayos, quando el Sol heria la cabeza del Monarca. </seg>
<seg
                        synch="#FR.15"
                        type="E4"> San Clemente Alexandrino hace una ingeniosissima relacion de los
medios que empleaban las mugeres de su tiempo, para cuidar de sus cabellos. Dice, que debemos mirar
con horror el pelo de las mugeres, porque es prestado, y adulterino, y trata de impiedad el estilo
de servirse del de difuntos para texer lazos, y cautivar à los vivos. Pregunta, què cosa bendice el
Sacerdote quando se presentan semejantes mugeres, para que las imponga las manos: si bendice la
persona viva, ò el pelo de los muertos que las adornan. </seg>
<seg
                        synch="#FR.16"
                          type="E4"> Tertuliano dice, que es cosa impìa, y abominable ver, que las mugeres
prefieran à las cosas naturales, dispuestas por Dios, otras fingidas, y artificiosas, que son obras
del demonio. No sè, añade, por què pintado con <pb
                        n="314"/>azafràn, y otras drogas el pelo, quieren
hacerse Germanas, ò Galas, cuyas locuras adoptan en el color de sus cabellos: trabajan en destruir
su salud; y haciendose voluntariamente calvas, se exponen à diferentes enfermedades. El color de los
ingredientes, de las falsas, azeytes, y polvos, dàn dolores de cabeza, y los rayos del sol que
encienden mas, y mas à estas cosas, las desecan el celebro. </seg>
<seg
                        synch="#FR.17"
                        type="E4"> San Gregorio Nazianceno, amonesta à las mugeres, que no sigan la
moda, y el estilo del tocador; que no engalanen su cabeza con cabellos fingidos, ni con aquellas
pomposas decoraciones, y frontispicios de entalles, y molduras, mas propias para torres, y
edificios, que para cabezas de mugeres: Que horror, dice, causa vèr que un rostro hermoso se
convierta en una horrible mascara, y que de un semblante ayroso, y apacible, se hace una fantasma
nocturna! </seg> Insensiblemente hemos declinado hacia la antiguedad, por no dexar que decir à los
que acusan al mundo de empeorar continuamente; y sin pensarlo me viene à la memoria una pregunta de
<pb
                        n="315"/>Christo, sobre la mudanza del pelo con que las mugeres procuran distinguirse. Quièn
puede convertir cabellos blancos en cabellos negros, preguntaba el Divino Maestro, sino solo Dios?
Mas facil es que las mugeres los tiñan de color de oro para hermosearse, que negros, para encubrir
su arrepentimiento de haver llegado à viejas. Yo no sè si entonces havia peynes de plomo, ò aquellos
secretos, que se anuncian en las esquinas para semejante industria. Tienen algo mas que desear sobre
esta materia, los que canonizan la antiguedad, unicamente para zaherir con mas desahogo los estilos
modernos? No està probado con claridad el caso que merece la patraña de los cabellos, y de la barba
roja de Judas Iscariotes, por el testimonio que dàn los Christianos primitivos, à favor de un color
que tanto aborrecemos? Nadie crea, que defiendo errores, ni abusos. Con furia deslucen à la
Naturaleza aquellas ancianas, que à fuerza del arte quieren reformarse, y se empeñan en quedar
siempre niñas, haciendo azabache aquello que con razon es sier-<pb
                        n="316"/>ra nevada. La
desenfrenada passion de muchas mal avisadas Doncellas, no balancea, porque prevalecen en la Moda en
hacerse calvas en lo mas lozano, y florido de sus años, poniendo coto, è impedimento à las
operaciones de la Naturaleza. Contra estas vibrarè siempre las armas de la razon, y del bien
pùblico. <seg
                        synch="#FR.18" type="E4">
<seg synch="#FR.19"
                        type="EX"> El Emperador Augusto entrò un dia en el Gabinete de su hija Julia, al
tiempo que se estaba tocando. El Principe que viò el engaño de sus cabellos, la dixo con estudiada
indiferencia: què partido tomaria, si la diessen à escoger entre ser cana, ò calva. Respondiòle la
Doncella, (que no havia advertido la malicia de su padre) que mas quisiera ser cana, que calva: à lo
que replicò Augusto, pues què razon tienes para hacerte calva antes que sea necessario, y para
componer tu cabeza con cabellos comprados? </seg>
</seg> Pero por què citar exemplos para afrentar à las Señoras, si nosotros mismos debemos
confessarnos delinquentes en esta materia? Entre las preseas de que se valiò Judith, para cautivar
los ojos de Holofernes, puso especial estudio en hermosear su ca-<pb
                        n="317"/>beza; y Alapide
presume, que se sirviò de un hierro para rizar los cabellos. Esto no lo podràn creer, aquellos, que,
impugnando todo lo moderno, vituperan magistralmente las Modas mugeriles. Pues valga por lo que
valiera. La frenesì de tener hermoso pelo, no es mas estravagante oy dia, que lo fue antiguamente.
Apenas hay Historiador, que no hable de la embidia que tenian las mugeres Romanas, de que las
Alemanas, y Flamencas tenian mas bello pelo por naturaleza, que ellas por arte: Tacito, Silio
Italico, Plutarco, Marcial, &amp;c. son abonos de lo que digo.<note
                        n="3">Rufæ comæ jam formidante
Batavo. Sil.Ital. Figuli lusus rufi persona Batavi. Mart.</note> Hasta estos barbaros, tan
favorecidos de la naturaleza en esta parte, se valian del arte, à fin de dàr mas lustre à su
belleza.<note
                        n="4">Rufæ comæ jam formidante Batavo. Sil.Ital. Videbat lavantes, alios quosdam
rutilantes ex more. Ammiano. Caustica Theutonicos accendit spuma capillos. Mart. Prodest, &amp; sapo
Galliarum hoc inventum rutilandos capillis ex seno, &amp; cinere. Plin.</note><pb
                        n="318"/>Tenian
Peluqueros ò para expressar mejor el sentido literal, Tintoreros, y Rizadores, que las mugeres
Romanas hacian venir à Roma, queriendo con ambicion vengativa, superar con arte el dòn que la
Naturaleza havia hecho à estas Naciones, y Pueblos Barbaros. <seg
                        synch="#FR.20"
                          type="E4"> Ovidio,
ponderando, este mugeril cuidado, alaba los cabellos de los Theutonicos, y dice, que los Peluqueros
de aquel Paìs iban à Roma para componer con pelo postizo la cabeza de las Damas Romanas.<note
                        n="5">Iam tibi captivos mitit Germania crines culto triumphantæ munere gentis aris. Ovid.</note></seg>
Assi, pues, fue siempre estilo, y moda, aquella que nos parece al presente criminal, è insoportable,
como lo dice Plauto.<note
                        n="6">Multa sunt mulierum vitia, sed hoc é multis unum maximum est: Cum
nimis placeant, nimisque operam dant, ut placeant viris. Plauto.</note>No lo creen los adversarios
de la compostura del papillote? Pues visiten el Jardin de Aranjuèz, y noten algunas estatuas
antiguas el rizo, alli veràn el orden, y compostura del pelo, que no ha muchos años, era de la
ultima moda entre las Damas de la Corte. <pb
                        n="319"/><seg synch="#FR.21"
                          type="MT"> En què
quedamos, Señores malcontentos? Queda abatida al pie de la verdad vuestra inaplacable critica?
Queden respondidos los cargos, dolosamente supuestos, con que Misantropos modernos intentais
deslustrar el honor de las Damas, condenando su solicitud en el adorno de sus cabezas? Ea
convengamos en algo. Prudentemente conjeturo, que el tocador de las Señoras, no està al presente, ni
mas rico, ni mas frequentado, que lo fuesse en los tiempos mas cercanos à la venida de nuestro
Redemptor, y aun antes. Infinitos textos, y autoridades me favorecen para demonstrarlo, y convencer
à los que son de sentir contrario: pero las omito; porque las citadas bastan para contentar, à mi
entender, à los que hablan con juicio, y deseo de saber, y no con passion, ni encono contra el sexo.
En quanto à otros, y de que hay muchos, que solo hablan por hablar, y que, por no tener materia para
despegar los labios en conversaciones, y concursos, censuran indiferentemente, y sin tino lo primero
que les viene à la memoria; à estos los dexamos en su er-<pb
                          n="320"/>ror, è ignorancia. Diferentes
Señoras han prometido à sus amigos leer los papeles con que el Duende honra à su sexo, con tal, que
este se contenga en los limites que se ha prescrito à sì mismo, de no disminuir, ni oponerse à las
prerogativas que las mugeres gozan de immemorial tiempo. Esto es decir, que no leeràn los papeles
del Duende, si este se persuade, que haràn impression sobre ellas, los avisos que las diesse con
severidad ceñuda, ò las condenaciones que pronunciasse sobre cosas que en su espiritu passan por
indiferentes; y aunque en esto me parecen algo injustas, respecto que debieran considerar que toda
la fuerza de los argumentos del Duende se reduce simplemente à convencerlas, que deban preferir las
calidades del espiritu à los cuidados de su corporal belleza; esto es, que es menester antepongan lo
mas essencial à lo que lo es menos: no me quexo de su opinion erronea, porque la experiencia nos
enseña todos los dias, que el espiritu del hombre robustecido por una educacion formal, y
consequente, queda muchissimas veces victima del er-<pb
                        n="321"/>ror que adopta su corazon; y assi,
què motivo hay para querer que el corazon de la muger estuviesse à prueba de las tentaciones mas
terribles, como son los deseos de producirse, y agradar por medios honestos? En admitiendo igualdad
en las facultades de ambos sexos, debemos creer, que el espiritu de la muger, sin hacerla agravio,
estando siempre menos cultivado, que el del hombre, està mas expuesto à sufrir ilusiones, en ciertos
casos, ò materias en que su propension natural se halla en contradicion, en que puede arriesgar
menos los interesses de su virtud, ò en que por ventura sufre su amor para los adornos, que los
hombres las disputan. </seg> Atengamonos à declarar la guerra à la mudanza, y poca duracion de un
estilo que se admite en el arte de adornar la cabeza de las Señoras, y no al adorno mismo: pues al
cabo, què ganarèmos, sino es dàr nuevos motivos para lamentarse las Señoras que les apretamos mas, y
mas el dogal de la servidumbre, y que la embidia de los hombres, de verlas mas à proposito para ser
idolatradas, las <pb
                        n="322"/>priva de sus privilegios, y exemciones para apropiarse ellas todo el
dominio, que la humanidad en cierto modo ha repartido entre los dos sexos. Fuera de esto, la
continua revolucion de las Modas es un bien para el Comercio, y no pocas veces un principio de
fortuna para algun Artifice, ò Criada. Las Doncellas sirvientes, ocupandose en inventar nuevos
rizos, ò en perfeccionar los inventados, pueden formar con su inteligencia, y buen gusto el caudal
de un dote ventajoso; y el arte de saber tocar con gracia á la Señora, dà tal vez motivo, à que el
Ayuda de Camara sepa captar la benevolencia de su Amo, peynandole sympaticamente con el tocado de la
muger, de lo qual debe resultar una consonancia de alabanzas à favor de los dos virtuosos. Si los
hombres quisiessen desnudarse de aquella caprichosa pasion de soberania que pretenden en todo,
confessarian de contado, que en las operaciones mugeriles no entra menos ciencia que en las artes,
que ellos exercen.Què cuidados, què estudios, no requiere el manejo del pelo de las Damas, para que
estas <pb
                    n="323"/>se eximan de la censura de sus conocidas, y puedan servir de modelos para el
tocado de la Corte. Un cabello solo, mal ordenado, ò fuera de su linea, es capaz de desquadernar la
Architrave de la hermosa fabrica de una Señora. A bien considerar el peynado, en èl se pueden
distinguir varias partes analogas, à las que caracterizan à la Architectura. Pues consideren bien à
una, y otra los inteligentes, y hallaràn, que no necessite menos destreza la peynadora, para
acomodar todas las partes del pelo de una cabeza, que el Architecto para repartir con acierto las
partes de la Cornisa de un edificio, y dàr à cada parte la cantidad, y espacio que la corresponde:
pues para el ornato de la cabeza mugeril, se ha establecido la misma regla, que se observa en cada
orden Architectonico. </seg>
</seg>
<seg
                    synch="#FR.22"
                    type="MT"> Pero en esto mas sabe mi Aplanchadora, que el Philosopho mas
celebrado de las Universidades de España. Oygamos, pues, sobre esto hablar à una muger, que nos lo
dirà con suma energia. </seg>
<seg
                    synch="#FR.23" type="E3">
<seg synch="#FR.24" type="LB"> Cavallero Duende. <seg synch="#FR.25"
                          type="E4">
<seg synch="#FR.26" type="SP"> “Estoy en la flor de mi edad, y con <pb
                        n="324"/>animo deliberado de
seguir la vereda de la innocencia; pero con hacienda presente, con titulos en prespectiva, con
nacimiento aventajado, que no puedan las consideraciones placenteras dèl gozar: y por esto es
dificil resolverme à renunciar à los recreos, y diversiones ruidosas de la Corte. No me es posible
despojarme de aquella pequeña satisfaccion, que recibe mi amor propio por el arte que posseo de
saber agradar, y de haver sabido postrar à mi altivèz toda la indiferencia de Don Diego Retuerto.
</seg>
</seg> Si los pensamientos del matrimonio me cautivan, aùn me resta superioridad, y dominio sobre mi
misma, para diferir la execucion de mis ideas, hasta passar el proximo Invierno, à fin de conocer
mas cumplidamente el modo de pensar de este Cavallero, en orden à las joyas, y adornos, que tanto
apetecemos las mugeres, y el juicio que hace de los medios, que inventamos todos los dias, para
atraernos una reverencia del mas declarado misantropo. No señor Duende: no piense Don Diego, que me
empe-<pb
                    n="325"/>ñarà su moral Socratica, ni la aspereza de sus axiomas. He, conozco un genero de
secreta estimacion para el sexo, mezclada con un artificioso menosprecio de nuestras ocupaciones, y
estudios para elegir trages, que realzan nuestra natural belleza. No me parece, que este Cavallero
se contenta con nuestra honradèz sola: èl quisiera vernos reclusas, desdeñando joyas, y telas, à fin
de ocuparnos unicamente de aquello, que pudiera lisongear à su amor propio. Pues, no ha de ser assi:
sepa, por medio de sus papeles de Vmd. que pretendo ponerle al toque, y que me verà en la Comedia,
en los passeos, y en las Visitas de mas concurso: en una palabra, en qualquiera parte donde huviesse
diversiones, para que aprenda, que las riquezas, la libertad, la juventud, &amp;c. auxiliadas de la
compostura femenina, sirven para realzar la virtud de aquella, que à Vmd. Caballero Duende, besa las
manos. </seg>
</seg>
<seg
                    synch="#FR.27"
                      type="AE"> Acaba de entrar mi Criado con las cartas del Correo, y en una escrita
de Paù en Bearne en 15. de Junio de este pre-<pb n="326"/>sente año, se me avisa, que se han puesto
en camino para esta de Madrid, dos sugetos de los mas diestros, que de esta parte de la Garona hayan
passado à Parìs, para perfeccionarse en el manejo de las cabezas, y coordinacion de los cabellos de
las Señoras. Mi Correspondiente dice por mayor, que ambos son diestros, buenos mozos, y de pocos
años, y que un Amigo que tiene en Parìs, el qual les abona por excelentes Rizadores, le suplìca les
procure algunos conocimientos en esta Corte de Madrid. Yo no hallo mejor medio para cumplir con el
empeño, en que me pone mi Correspondiente, sino avisar con tiempo, por carteles que se pondràn en
las esquinas acostumbradas, y por el Diario su llegada; para que las Damas, que quisiessen servirse
de ellos, apalabren sus visitas, pera [sic] tener el honor de poder divulgar las primeras modas, y
las novedades mas recientes, que en el tocar se huviessen introducido en París, y en Versalles.
</seg>
</seg> FIN. El Discurso siguiente saldrà el Sabado 29. de Agosto de 1761. En Madrid: Con las
Licencias necessarias, en la Imprenta del Tribunal de la Santa Cruzada, Calle de las Hileras. Se
hallarà este, y todos los siguientes en las Librerìas de Antonio Sancha, frente del Correo; en la de
Bartholomè Lopez, Plazuela de Santo Domingo; y en la de Bartholomè Ulloa, frente del Salvador.
</seg>
</ab>
</div>
</body>
      </text>
    </group>
  </text>
</TEI>
