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      <titleStmt>
        <title>Número IV</title>
        <author>Juan Antonio Mercadal [Francisco Mariano Nipho o Juan Enrique de Graef]</author>
      </titleStmt>
      <editionStmt>
        <edition>Moralische Wochenschriften</edition>
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          <name>Roland Bernhard</name>
          <resp>Editor</resp>
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        <respStmt>
          <name> Alexandra Fuchs</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name> Martin Fürlinger</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name> Elisabeth Hobisch</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name> Renate Hodab</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name> Jessica Köhldorfer</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
      </editionStmt>
      <publicationStmt>
        <publisher>Institut für Romanistik, Universität Graz</publisher>
        <date when="2012-11-29">29.11.2012</date>
        <idno type="PID">info:fedora/o:mws-093-238</idno>
      </publicationStmt>
      <sourceDesc>
        <bibl>Juan Antonio Mercadal: El Duende especulativo sobre la vida civil. Madrid: Imprenta de Manuel
Martín 1761, 69-86 </bibl>
        <bibl xml:id="DE">
          <title level="j">El Duende especulativo sobre la vida
civil</title>
          <biblScope type="vol">1</biblScope>
          <biblScope type="issue">04</biblScope>
          <date>1761-06-23</date>
          <placeName key="#GID.1">Spanien</placeName>
        </bibl>
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              <interp xml:id="E1">Ebene 1</interp>
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              <interp xml:id="AE">Allgemeine Erzählung</interp>
              <interp xml:id="SP">Selbstportrait</interp>
              <interp xml:id="FP">Fremdportrait</interp>
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              <interp xml:id="EX">Exemplarisches Erzählen</interp>
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              <interp xml:id="MT">Metatextualität</interp>
              <interp xml:id="ZM">Zitat/Motto</interp>
              <interp xml:id="LB">Leserbrief</interp>
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        </interpretation>
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        <name type="place">Graz, Austria</name>
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            <term xml:lang="de">Theater Literatur Kunst</term>
            <term xml:lang="it">Teatro Letteratura
Arte</term>
            <term xml:lang="en">Theatre Literature Arts</term>
            <term xml:lang="es">Teatro Literatura
Arte</term>
            <term xml:lang="fr">Théâtre Littérature Art</term>
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  <text>
    <group>
      <text ana="layout">
        <body xml:space="preserve">
<p><milestone unit="E1" xml:id="FR.1"/>
</p>
<div1>
<head>NUM. IV.</head>
<p
              rend="date">Martes 23. de Junio de 1761.</p>
<p rend="MO"><milestone unit="ZM"
              xml:id="FR.2"/>  . . . . . Non ego paucis.<lb/>Offendar maculis,
quos aut in curia fudit,<lb/>Aut humana parum, seu &amp; natura.</p>
<p
                rend="QU">Horat. Art. Poet. vers. 255. <milestone rend="closer" unit="ZM"/></p>
<p rend="BA"><milestone
                unit="E2" xml:id="FR.3"/> Muy Señor mio:</p>
<p rend="SO"><milestone unit="E3"
                xml:id="FR.4"/>
<milestone unit="LB" xml:id="FR.5"/> Aquel Papel, que se llama el <hi
                rend="italic">Duende
Especulativo</hi>, que <hi
                rend="italic">Don Pedro</hi> el Boticario hace traer de Madrid, me sirve
para participar à V.m. por medio de èl, el estado de mi salud, la situacion de las dependencias de
nuestro pleyto, de que otra vez hablarè mas de espacio, y las ocupaciones, que nos divierten el ocio
de aquellas tardes en que no se trata de negocios sérios. El passeo, ò la Comedia son aqui los
empleos del tiempo perdìdo. El primero, quando hace bueno: la segunda, quando no permiten otra cosa
los temporales. Ade-<pb
                n="70"/>màs de esto: <hi
                rend="italic">Don Rosendo</hi>, nuestro Abogado,
gusta mucho de Comedias; y no le podemos hacer mayor agassajo, que con pagarle un assiento en la
varandilla. Pero Amigo, què de cosas no se vèn en estas Casas de Comedias, que se llaman Coliséos!
Què de gentes de todas classes, y estados se confunden allì, sin respeto, ni consideracion para
nadie! Asseguro à V.m. que mas rendimiento hacemos nosotros al Corregidor, y al Cura, que un
Zapatero hace en estos Corrales à un Grande de España adornado con todas sus medallas. <milestone
                unit="E4" xml:id="FR.6"/>
<milestone unit="AE"
                xml:id="FR.7"/> El otro dia fuimos al Corral de la Cruz à una Comedia, que se
intitulaba: <hi
                rend="italic">El Pleyto de Hernan Cortès con Pamphilo de Narvaez</hi>. Cosa
graciosa! Si V.m. viera como representan los Comicos à estos Personages; tal como si efectivamente
lo fuessen ellos mismos. Y à fé mia, si me huvieran tomado juramento, no me huviera costado
dificultad alguna el jurar, que las cosas havian de haver passado verdaderamente, como allì las
representaban. Pero un Cavallero, que estaba sentado à mi lado, teniendo, segun pareciò, lastima de
mi ignorancia, y avergonzadose quizà de que yo aplaudiesse indiferentemente à todo, se hacia pedazos
para darme à entender, que ni la Comedia, ni la Representacion de ella, merecia la aprobacion, y
loores, que yo la daba. V.m. sabe, que soy ingenuo, y no era razon dexasse yo ignorar quien era, à
un hombre tan urbano, <pb
                n="71"/> y tan bien instruìdo en las Ciencias comunes, y tan importantes
en la Corte, como son las que enseñan el modo de assistir, y de hablar de las Comedias, de los
Poetas, de las Representaciones, y Representantes; <milestone
                unit="E5" xml:id="FR.8"/>
<milestone unit="D"
                xml:id="FR.9"/> y assi le dixe en confianza, que esta era la primera vez de mi
vida, que yo veìa Comedia, si no quisiesse llamar con este nombre las Farsas, que en los Lugares
hacen los Labradores en la Funcion del Corpus, que no se deben comparar, ni con cien leguas, à lo
que estabamos viendo. Este Cavallero, que se daba à sì propio la enhorabuena de verme tan amigo
suyo, pues le descubria hasta mi posada, la razon de mi venida à Madrid, el estado de la
dependiencia del pleyto, y la resolucion en que estaba nuestro Concejo de seguirlo hasta apelar al
Rey; me confiò tambien de su parte la hilaza de sus negocios, y el modo que tenia de vivir en la
Corte à costa de su pluma, y de las Comedias, que havia puesto en las Tablas. Y tocando luego el
assunto de la que veìamos, me decia, que la havia escrito uno de los ingenios modernos de mas fama,
y una pluma propiamente cortada para caractères; pero que sus obras huvieran sido de mas merito, si
no se le huviesse cortado el buelo, y que le huviessen dexado correr por las sendas, que èl se havia
abierto. Hay, me decia, en esta Comedia algunas impropiedades: El Heroe <hi
                rend="italic">Cortès</hi> es demasiado abultado, las ba-<pb
                n="72"/>ladronadas que echa, pecan en lo inverosimil,
y se distraen de la natural idèa, que tal parecer huvo en sus acciones; no como las describe <hi
                rend="italic">Solìs</hi>, sino como las pintan los demàs Autores, que las retratan con menos
afeytes. El carácter de <hi
                rend="italic">Phelipe II.</hi> està bastantemente bien dibujado hasta el
principio de la tercera Jornada; pero luego và dismintiendo todo lo que se cree verdadero en este
Principe. Ademàs de esto: el modo de resolver la accion, y de acabar la Comedia, no se contiene
dentro de los limites del hecho historico. Es menester (continuaba) que V.m. sepa, que nosotros,
aunque tenemos libertad poetica, no podemos pecar contra la verdad quando manejamos hechos
historicos: por esto parece tan mal <hi
                rend="italic">Cortès</hi> con prisiones, y tan fuera de
sazon la renuncia de <hi
                rend="italic">Carlos V.</hi> en España, haviendo sido hecha, como todo el
mundo sabe, en Bruselas. Los lances de aquel <hi
                rend="italic">Don Juan</hi>, y de <hi
                rend="italic">Doña Leonor</hi> son mas tolerables, porque son fingidos, è introducidos simplemente, para llenar
el Theatro, y suplir con episodios estrangeros del assunto, la poca fecundidad del principal
objeto.</p>
<p>Pareciòme, que con una instruccion tan util, se me alentaba el corazon, y que el entendimiento se
me corroboraba con especies peregrinas; de modo, que en mis respuestas, y observaciones procurè
mostrarme, no tan negado, como los de Madrid nos consideran, <pb
                n="73"/> quando nunca vimos el
Osso, y el Madroño. Y assi me adelantè à preguntar à mi Maestro, si no se havia de reparar tambien
en que le faltaba à <hi
                rend="italic">Carlos V.</hi> la insignia del Orden del Toysón de Oro, cuyo
Maestrazgo no dexò, hasta que le renunciò con sus Estados, y de cuya renuncia se hace mencion muy
tarde. Es assi, me decia el Amigo, y no havrà faltado quien lo haya reparado entre los del Patio,
donde alguno, poco afecto à esta compañia, se burlarà preguntando, si la insignia està empeñada,
como Carta Executoria, pero esto solo es inadvertencia, y poco conocimiento en los Representantes;
como tambien el dexar à <hi
                rend="italic">Pamphilo de Narvaez</hi> sin barbas, y siempre mozo,
quando se sabe, que tenia mas años que <hi
                rend="italic">Cortès</hi>, à quien el Autor hace barbado,
y caduco: y cuidado, añadiò, no se puede salvar este descuido con decir, que lo causaban las fatigas
de <hi
                rend="italic">Hernando</hi>, pues no serìan mayores, que las que <hi
                rend="italic">Narvaez</hi> havria padecido en sus primeras carabanas. Pero dixe al Amigo: V.m. no advierte en
aquel Arzobispo de Toledo, que queda siempre el propio? Este Señor havrà vivido, y gobernado muchos
años esta Silla. Y què le parece à V.m. de sus vestiduras Cardenalicias? Ea, dixo mi Amigo, <hi
                rend="italic">ut suprà, error de los Representantres, y nada mas</hi>. Y los dos Reloxes que traen
las Damas à su lado, y esto en tiempo de <hi
                rend="italic">Carlos V.</hi> què signfican? pues creo,
que los Re-<pb
                n="74"/>loxes no serìan entonces tan comunes como oy dia, que hasta la muger de mi
Sastre le trae, y de oro. Señor mio, respondiò el Poeta, esto es para lucirlo. Si el Autor no lo
permitiesse à las Cómicas, gritarìan, que se les quita el fuero de parecer bien, y de manifestar sus
galas; y esto mismo verà V.m. en los que hacen de Petimetres entre los Cómicos; pues aunque hacen
papel de Zapatero, no dexaràn su Relox por un ojo de la cara. <milestone
                rend="closer" unit="D"/>
<milestone rend="closer"
                unit="E5"/></p>
<p>Convidè el dia siguiente à este mismo sugeto à otra Comedia, que se intitulaba: <hi
                rend="italic">El Incendio de Troya</hi>, en que todos los Actores eran Griegos; pero tan Españolizados, que hasta
<hi
                rend="italic">Paris</hi>, y <hi
                rend="italic">Helena</hi> me parecian Castellanos de la vieja
Roca. Apuntòme el Amigo una infinidad de yerros contra la Fabula, y en particular sobre la Persona
de <hi
                rend="italic">Casandra</hi>, que hacìa un papel principal, que venìa muy poco al caso, y no
servia en aquella ocasion de gracia. No menos estrañè otra Comedia del <hi
                rend="italic">Montañès en
la Corte</hi>, que mi Amigo alababa mucho por lo bien escrito; pero que le disgustaba algo, por la
poca actividad del que representaba el <hi
                rend="italic">Montañès</hi>: aunque me confessò, que este
disgusto no era absoluto, sino relativo, por razon de haver visto hacer este mismo papel por otros
que lo havian desempeñado mas cumplidamente. Despues fuimos el Abogado, el Tio <hi
                rend="italic">Don
Blàs</hi>, è Yo à Aranjuèz, de donde bolvimos el Jueves passa-<pb
                n="75"/>do. Ayer estuvimos otra
vez en la Comedia con el propio Poeta, quien nos visita todos los dias por la mañana; pues se sabe,
que en Madrid el olor del Chocolate es atractivo fuerte para visitas de semejantes sugetos. El nos
instruye de una infinidad de cosas, que tocan à los interesses de las dos Compañias. La Pieza que se
representaba, era la de <hi
                rend="italic">Iphigenia en Aulida</hi>: assunto, que hace tambien
presente las guerras de Troya. Los Personages eran otra vez Griegos, excepto uno; es à saber, el
Gracioso, que se llamaba <hi
                rend="italic">Pellejo</hi>. Este debia de ser Español, ò los Españoles
deben haver heredado el nombre de esta Nacion antigua. Pero de lo que me admirè mas era saber una
cosa, que V.m. no creerà, y es, que entre todos los Griegos, solos los hijos de Madrid enamoran de
un modo extraordinario, y diferente de los demàs Pueblos; pues hasta que vì esta Comedia, no supe, y
quizà no lo sabrà tampoco el señor Cura, ni el Medico, que Madrid està en la Grecia. La <hi
                rend="italic">Iphigenia</hi> es Tragedia de cinco Jornadas, imitada de la que en Francès escribiò
Monsieur <hi
                rend="italic">Racine</hi>. <milestone unit="E5" xml:id="FR.10"/>
<milestone unit="D"
                xml:id="FR.11"/> Esta advertencia no gustò al Amigo, quien me respondiò al
proponersela, que los Autores havian caìdo con frequencia en estos yerros historicos, y
geographicos, y que esto se les debe perdonar. Que la <hi
                rend="italic">Iphigenia</hi> de los
Franceses estaba tambien en cinco Jornadas, y ocupaba en ellas à una passion sola, en lugar que en
la Es-<pb
                n="76"/>pañola se havian de considerar todas las passiones juntas, y que por esto se havia
tomado el Poeta la libertad de propassarse algo, haciendo de <hi
                rend="italic">Aquìles</hi> un
Atheista, que se olvida hasta de su propia descendencia, que era divina. V.m. debe saber, me decia,
que nuestra Representacion Scenica varìa mas, que la de los Franceses, la qual, siendo mas
verdadera, es para nuestro gusto demasiadamente fria. Nosotros tenemos mas libertad que ellos en
manejar los carácteres; pues quitamos la vida, y bolvemos à resucitar los muertos, quando los
necessitamos. Ponemos una narracion triste, y lastimosa en boca de un Gracioso, quien contandola
hace reir à las gentes, y esto no se atreveràn hacer las demàs Naciones, que distinguen las Obras
Theatrales en Tragedias, Comedias, y Tragicomedias: cosa escusada para nosotros, que somos benignos,
y tiernos de corazon en las lastimas verdaderas; pero no en las que se representan en las Tablas,
donde assistimos para reir, y los demàs Pueblos para aprender. <milestone
                rend="closer" unit="D"/>
<milestone rend="closer"
                unit="E5"/> Y en efecto me lo hizo confessar; pues en aquel lance que me
leyò un dia mi hijo el Bachillèr en un libro, que se llama <hi
                rend="italic">Homero</hi>, quando <hi
                rend="italic">Agamemnòn</hi> declara resueltamente en presencia de todos los Principes Griegos, y de
<hi
                rend="italic">Aquìles</hi> mismo, (à quien se trae en este passo, venga, ò no venga) que <hi
                rend="italic">Iphigenia</hi> debe absolutamente morir por la salud de la Patria: lance de que la <pb
                n="77"/> Tia <hi rend="italic">Pepa</hi>, y <hi
                rend="italic">Mariquita</hi> lloraban tanto: la
Cómica que representaba el papel de <hi
                rend="italic">Iphigenia</hi>, y la que hacia Madama <hi
                rend="italic">Clytemnestra</hi>, que naturalmente havian de llorar à moco tendido, se estaban
entreteniendose juntas, hablando, y riendo, sin hacer atencion à su papel, ni à lo que se
determinaba contra la innocente vida de <hi
                rend="italic">Iphigenia</hi>. Dixome el Amigo otras mil
cosas, y particularidades sobre el modo de representar, y vestirse las Comedias, de que hablarè à
V.m. à su tiempo, para que instruya de ello à los del Concejo, que no deben quexarse, aunque se
perdiera el pleyto, de que yo haya malogrado el tiempo en Madrid; pues lo que el Amigo Poeta me
enseña, podrà servir utilissimamente en el Lugar, para corregir las Comedias, que hacemos por el
Corpus, y divertirnos à la moda de la Corte. <milestone
                rend="closer" unit="AE"/>
<milestone rend="closer" unit="E4"/></p>
<p
                rend="CI">Nuestro Señor guarde à V.m. &amp;c. <milestone rend="closer" unit="LB"/>
<milestone
                rend="closer" unit="E3"/></p>
<p
                rend="SO">Esta generalidad con que intitulamos Comedia à toda Representacion Theatral, es defecto
que nos han dexado los Poetas Restauradores de las Letras, los que despreciando la restriccion, que
para este genero de Poesìas prescribieron los Poetas Antiguos, se abrieron un camino voluntarioso,
sin arreglo, ò limite alguno. Las demàs Naciones han corregido este desacierto, de tal modo, que se
conoce entre ellos el genio de un siglo, y de otro, en lugar que nosotros hemos permanecido, y
seguimos la primera idéa. Es fuerza, que assi por la causa princi-<pb
                n="78"/>pal, ò argumento de
una pieza, como por el fin que debe tener, se califique, y denomìne; y no hallo razon, para que los
Autores se revistan de la costumbre, y de los aplausos de la gente, por no reformar su methodo, y
executar las Representaciones, conforme sea la accion que representan. Las piezas theatrales, assi
antiguas, como modernas, nos hacen vèr, que quedamos los ultimos en acercarnos à la Naturaleza, en
abrazar su doctrina, y en seguirla en los modélos, que nuestros Poetas emplean en sus Obras.
Nuestras Comedias enlazan una multitud de passiones diversas, que no pocas veces opuestas unas à
otras, reparten entre sì, y dividen demasiadamente los interesses del ánimo, para fixar nuestra
consideracion sobre alguna de ellas. Los Poetas han querido complacer en una sola pieza à todos
estados, y genios. Han propuesto en una de sus partes la virtud, ò el vicio para los inteligentes:
el amor para la gente moza; y pensamientos ligeros, y grosseros para el vulgo; ò para aquellos que
solo assisten à la Comedia, por el interes de divertirse con las bufonadas, y muchas veces simplezas
de los Graciosos.</p>
<p>Si exceptuamos à corto numero de Comedias, no podemos decir con verdad, que nuestros Poetas
estudiaron los assuntos de sus piezas en la Historia, ò en la Fabula; con inteligencia de los
hechos, que deben ser el alma <pb
                n="79"/> de las Representacioncs; con proporcion en el lenguage, y
estilo de los Paìses donde forman su Scena, ni con arreglo à las Leyes, que nos dejaron los
Antiguos. Algunos han esgrimido sus armas contra los Censores de estos defectos, y les ha parecido
bastante defenderlos con decir, que los que vàn à la Comedia, vàn solamente para dilatar el ánimo,
desopilar el bazo; y que para la enseñanza, que los Antiguos promovìan por medio del Theatro,
tenemos nosotros Escuelas divinas, y humanas, en que se nos instruye de nuestro deber. Valgame Dios,
y còmo se usa siniestrameme de todo, quando no se quiere contestar directamente à lo que se
argumenta! Las conversaciones, los libros, &amp;c. à què sirven? A què sirven los exemplos, las
pinturas, y las estatuas? Vèr, hace recordar, decia uno. Pues es otra cosa la Comedia, que una
Escuela en que se nos propone visiblemente la hermosura de la virtud, y el horror del vicio? Pero
dexemos esto, y vamos à lo que mas importa para el assunto. Aquellos que defienden el Theatro en su
actual estado, alegan, que en las Comedias que mezclan lo sério con lo jocoso, y una muerte con una
bufonada, assiste siempre mas gente, que en aquellas de que hacen aprecio quatro inteligentes. Pero
prueba esto la bondad de ellas? Dà la assistencia, ò afluencia del vulgo el credito, que la Nacion
debe apetecer por sus producciones? Si se han <pb
                n="80"/> de juzgar las cosas, por la multitud, y à
ojo de buen Cubero, no sale en España escrito de mas bondad, y valor, que el Pronostico, ò Papeles
de <hi
                rend="italic">Don Diego de Torres</hi>; pues no hay Obras, que mas se vendan. Sea la Comedia
con accion tragica, con muchas bufonadas, muchos lances, con vistosas decoraciones, la que se
representa mas dias; dexen enhorabuena los Zapateros sus obras; las Petimetras, y sus cortejos sus
ocupaciones para assistir à ellas; sean las cuchilladas las que fuessen: nada hace, para que la
Comedia no sea perversa, y nuestro gusto detestable.</p>
<p>A què nos vienen, dice el Defensor del Theatro, los modèlos, que nos presentan los Griegos, y los
Romanos, simples, y desnudos de aquellos pomposos adornos con que nosotros revestimos el Theatro
Espanol? Este <hi
                rend="italic">à què nos vienen</hi> es un efecto visible de la ignorancia, y poco
conocimiento, ò estudio de los que assi arguyen. Diganme los Poetas, que citan à su favor el gusto
de la Nacion; si este gusto se acuerda con la razon? Està la razon sujeta à la inconstancia de
tiempos, parages, ò personas? No havrà reglas fíxas para juzgar las obras del entendimiento tales
como son las Comedias, ò serà todo arbitrario en la fantasìa de cada uno? No lo creo: La verdad, y
la hermosura siempre son unas mismas. Un pensamiento que una Nacion estima por sólido, <pb
                n="81"/>
y verdadero, serà estimado de la misma suerte de las demàs Naciones: <hi
                rend="italic">Plauto,
Terencio, Sophocles, y Euripides</hi>, al cabo de tantos siglos no perdieron su lustre. Lo que imita
perfectamente à la naturaleza, se apodera del alma, queda impresso, y nos convence, de que todo lo
verdadero es hermoso: lo que no sucede con aquello, que sale de la esfera de lo comprehensible;
porque si sorprehende à los sentidos à primera vista, las potencias niegan conservar la especie de
ello. Concluyendo, pues, diremos, que el primer vicio de los Poetas, que escriben para el Theatro,
es, no representarse à sì propios, las circunstancias, los tiempos, ni los parages en que tanto se
celebraron las Obras Scenicas de los Antiguos; y que las imitaciones, que quieren hacer sobre el
modelo de la Naturaleza, no son de gusto, porque no saben dàr à la imitacion de una cosa natural,
aquella graduacion que corresponde à lo que debe representar.</p>
<p>El <hi
                rend="italic">P. Brumey</hi> dice, que la educacion varìa en tanto el interès, que mueve
las passiones, y el modo de pensar, y obrar; en quanto la naturaleza estè uniforme en lo que sientan
los hombres, por el incitamento de sus passiones: de modo, que el arte debe retratar à la naturaleza
como la encuentra; esto es, con todo quanto de ella depende. Y para juzgar debidamente de la
realidad de este assunto, y dàr à conocer la poca verosimilitud, que resulta de <pb
                n="82"/> los
hechos fabulosos, ò historicos, y de los efectos que causan las representaciones de ellos, en los
que frequentan las Comedias, escritas segun el genio de nuestra Nacion; bastarà atender al origen,
que tuvieron, y à los principios que constituyen su verdadera entidad.</p>
<p><milestone
                unit="E3" xml:id="FR.12"/>
<milestone unit="AE"
                xml:id="FR.13"/> La Tragedia tiene por padre un cierto <hi
                rend="italic">Icario</hi> Atheniense el qual imolando un animal, que hallò desolando su viña: los que assistian
al Sacrificio, comenzaron à baylar al rededor de la victima, cantando alabanzas al Dios <hi
                rend="italic">Baco</hi>: lo que agradò tanto à los Pueblos, que instituyeron anuales sacrificios, en
que no tardaron mucho en imitarlos las Ciudades del Peloponeso. <hi
                rend="italic">Eschylo</hi> lleno
de la lectura de <hi
                rend="italic">Homero</hi>, fue el primero que pensò en añadir algo à estos
festejos, à fin de mover mas à los que concurrian à ellos. Embidiaba la fortuna, que havia adquirido
<hi
                rend="italic">Homero</hi> con sus descripciones patheticas, y con el Dialogo; y ambicioso de
gloria, quiso adelantar mas el discurso. La reflexion que hizo sobre el como entretener al oyente en
el breve recinto de una accion sola, en que las passiones deben à los assistentes mostrarse con mas
actividad, y viveza, que en una descripcion destinada solo à ser leìda; le diò à conocer, que las
passiones mas violentas, y mas fuertes eran los verdaderos muelles del Theatro, y que el terror, y
la compassion bien expressadas, entre todas, las <pb
                n="83"/> que mas eficazmente agitaban el
corazon con conmociones dulces, y placenteras. La Naturaleza enseñò tambien à este Tragico, que los
intereses diversos; como la mudanza de fortuna, los reconocimientos, las ingratitudes, el amor,
&amp;c. podian formar una, ò dos acciones en el todo de una pieza, sin oponerse una à otra.
Reconociò, que la accion principal havia de ser grande, ilustre, entera, perfecta, en todas sus
partes individuales, simple, y sin mezcla de otras acciones independentes [sic]: que havia de ser
una accion, que un circulo de sucessos unidos unos con otros, y moviendose todos unanimes para
desembolverle al entendimiento à medida, que se ofrecian à los ojos, expressaba de por sì sola la
verdad de la cosa. La precision con que el Griego abrazò su plan, le obligò à que la duracion de la
accion fuesse proporcionada con la representacion; de suerte, que la accion representada, ha de ser
esencialmente el imagen de la accion real, y verdadera: de que concluyò, que, siendo de poca
duracion un espectaculo theatral, la accion, ò el objeto de èl, debe contenerse exactamente en su
representacion proporcionada; y esta es la regla de la duracion de una pieza.</p>
<p>Concebida ya la accion en su unidad, y en su duracion, notò <hi
                rend="italic">Eschylo</hi>, que
el mismo principio, que le havia convencido de la semejanza, que debe haver entre una accion, y <pb
                n="84"/> su representacion, le obligaba, à que esta principiasse, y feneciesse en un parage solo, y
limitado; donde los que se hallaban presentes à la accion real, la pudiessen vèr representar
inmobiles, y sin mudar de sitio. Facil parece comprehender, que sin esta unidad de lugar, no hay
pieza, que pueda tener el merito de agradar à quien la vea con juicio. Y no havrà tenido poca
dificultad <hi
                rend="italic">Eschylo</hi> para poder juntar estas tres partes essenciales en sus
piezas de Theatro. <milestone
                rend="closer" unit="AE"/>
<milestone rend="closer"
                unit="E3"/>
</p>
<p>Nosotros, acostumbrados à no vèr semejantes reglas observadas en nuestras Tablas, creemos, que no
son utiles, ni necessarias, para que una obra sea buena; pero nos engañamos, porque nos han engañado
aquellos, que para libertarse del yugo, que imponen las reglas, han querido contradecir à los
Antiguos, y Modernos. <milestone
                unit="E3" xml:id="FR.14"/>
<milestone unit="AE"
                xml:id="FR.15"/> Veamoslo con el exemplo: Què hombre de juicio podrà vèr con
seriedad de ánimo la accion, ni el interès, que hay en la representacion de la <hi
                rend="italic">Vida de Pilatos</hi>, que acabamos de vèr esta noche. <hi
                rend="italic">Pilatos</hi>, niño de
fortuna, jaque Andalùz, para que en su representante parezca guapo, no sabe como introducirse en
Roma, que se debe considerar, como el parage, ò lugar de la accion de la pieza; pues allì principia
la elevacion del Heroe, y allì le hacen acabar mal, ò bien su vida. Para gozar su fortuna, que
varìa, y que hace ladear la accion principal, casi desde el <pb
                n="85"/> principio de la pieza, se
le traslada à la Judea, donde và à representar su Potestad pretoria, y aqui se quebranta la union
del lugar. La <hi
                rend="italic">Veronica</hi> en habito de Peregrina, con bastòn, esclavina,
conchas, cartera; esto es, con Passaportes, y otros papeles, que seràn fèe de Bautismo, &amp;c. và
vagueante desde Roma à Jerusalèn, y desde Jerusalèn buelve à Roma, no en descripcion poetica, sino
personalmente. Y esto se puede hacer sin quebrantar la unidad de duracion? Le doy un tres, à quien
fuere capàz de abrazar la extension de la accion de esta que se llama Comedia, dentro de la
extension del tiempo, que dura su representacion Scenica. Què violencia se necessita hacer el
espiritu, para considerar à <hi
                rend="italic">Pilatos</hi> en Judea, dando la sentencia contra <hi
                rend="italic">Christo</hi>, y al propio tiempo vèr à <hi
                rend="italic">Tiberio</hi> padecer sus
locuras en Roma? Quièn podrà salvar el descuido de hacer decir à Pilatos, que el Salvador ha de
quedar colgado entre dos Ladrones antes de haverle sentenciado? De dònde supo Tiberio, que <hi
                rend="italic">Jesu-Christo</hi> estaba para condenarse à morir judicialmente, à fin de embiar su
anillo para libertarle, en un tan corto espacio, como se supone desde el Domingo de Ramos, hasta el
Jueves Santo? Y què, no hay mas? Sì; pero el que no considera con atencion estas equivocaciones, no
debe pensar en vèr Comedia con gusto, si es que lo tiene bueno. Dexo la <pb
                n="86"/> Passion, ò el
Sermon, que predica Pilatos à los Judios, lleno de juguetes de voces, y tambien la disputa
Theologica delante de <hi
                rend="italic">Tiberio</hi>, con la <hi rend="italic">Veronica</hi>, en que
assi <hi
                rend="italic">Pilatos</hi>, como la <hi
                rend="italic">Veronica</hi> emplean doctrinas, nada
menos que de <hi
                rend="italic">San Pablo</hi>, para sus argumentos. Finalmente, dexo la muerte del
Heroe de la pieza, peor pensada, que producida; y las frialdades indecentes, è sonrojosas, que se
mezclan en la representacion de uno de los altos Mysterios de nuestra Redempcion, cosa que no se
debiera tolerar en las Tablas de una Corte tan Christiana como es Madrid, quando tenemos obras
muchissimas buenas, que nos pueden recrear decentemente. Y vè aqui ofendidas en esta Comedia sola,
la razon, y el buen gusto, por el quebrantamiento de las reglas, y preceptos de los primeros
Cómicos. <milestone
                rend="closer" unit="AE"/>
<milestone rend="closer" unit="E3"/>
<milestone rend="closer"
                unit="E2"/>
</p>
<p><hi
                rend="italic">El Discurso siguiente se darà el Sabado 27. de Junio de 1761.</hi></p>
<p><hi
                rend="smallcaps">FIN</hi>.</p>
<p><hi
                rend="smallcaps">EN MADRID</hi>: Con las Licencias necessarias, en la Imprenta de Manuel
Martin, Calle de la Cruz.</p>
<p><hi
                  rend="italic">Se hallarà este, y todos los siguientes en las Librerias de Antonio Sancha,
frente del Correo; en la de Bartholomè López, Plazuela de Santo Domingo; y en la de Bartholomè
Ullva, frente del Salvador. <milestone
                  rend="closer" unit="E1"/></hi></p>
<p/>
</div1>
</body>
      </text>
      <text ana="framings">
        <body xml:space="preserve">
<div>
<ab>
<seg synch="#FR.1" type="E1">
<seg type="U1">NUM. IV.</seg>
<seg
                  type="DT">Martes 23. de Junio de 1761.</seg>
<seg type="MO"><seg synch="#FR.2"
                    type="ZM">  . . . . . Non ego paucis.<lb/>Offendar maculis, quos
aut in curia fudit,<lb/>Aut humana parum, seu &amp; natura.</seg>
<seg
                  type="QU">Horat. Art. Poet. vers. 255. </seg></seg>
<seg synch="#FR.3" type="E2"> Muy Señor mio: <seg
                    synch="#FR.4" type="E3">
<seg synch="#FR.5"
                        type="LB"> Aquel Papel, que se llama el Duende Especulativo, que Don Pedro el
Boticario hace traer de Madrid, me sirve para participar à V.m. por medio de èl, el estado de mi
salud, la situacion de las dependencias de nuestro pleyto, de que otra vez hablarè mas de espacio, y
las ocupaciones, que nos divierten el ocio de aquellas tardes en que no se trata de negocios sérios.
El passeo, ò la Comedia son aqui los empleos del tiempo perdìdo. El primero, quando hace bueno: la
segunda, quando no permiten otra cosa los temporales. Ade-<pb
                        n="70"/>màs de esto: Don Rosendo,
nuestro Abogado, gusta mucho de Comedias; y no le podemos hacer mayor agassajo, que con pagarle un
assiento en la varandilla. Pero Amigo, què de cosas no se vèn en estas Casas de Comedias, que se
llaman Coliséos! Què de gentes de todas classes, y estados se confunden allì, sin respeto, ni
consideracion para nadie! Asseguro à V.m. que mas rendimiento hacemos nosotros al Corregidor, y al
Cura, que un Zapatero hace en estos Corrales à un Grande de España adornado con todas sus medallas.
<seg
                        synch="#FR.6" type="E4">
<seg synch="#FR.7"
                            type="AE"> El otro dia fuimos al Corral de la Cruz à una Comedia, que se
intitulaba: El Pleyto de Hernan Cortès con Pamphilo de Narvaez. Cosa graciosa! Si V.m. viera como
representan los Comicos à estos Personages; tal como si efectivamente lo fuessen ellos mismos. Y à
fé mia, si me huvieran tomado juramento, no me huviera costado dificultad alguna el jurar, que las
cosas havian de haver passado verdaderamente, como allì las representaban. Pero un Cavallero, que
estaba sentado à mi lado, teniendo, segun pareciò, lastima de mi ignorancia, y avergonzadose quizà
de que yo aplaudiesse indiferentemente à todo, se hacia pedazos para darme à entender, que ni la
Comedia, ni la Representacion de ella, merecia la aprobacion, y loores, que yo la daba. V.m. sabe,
que soy ingenuo, y no era razon dexasse yo ignorar quien era, à un hombre tan urbano, <pb
                            n="71"/>y
tan bien instruìdo en las Ciencias comunes, y tan importantes en la Corte, como son las que enseñan
el modo de assistir, y de hablar de las Comedias, de los Poetas, de las Representaciones, y
Representantes; <seg
                            synch="#FR.8" type="E5">
<seg synch="#FR.9"
                                type="D"> y assi le dixe en confianza, que esta era la primera vez de mi vida,
que yo veìa Comedia, si no quisiesse llamar con este nombre las Farsas, que en los Lugares hacen los
Labradores en la Funcion del Corpus, que no se deben comparar, ni con cien leguas, à lo que
estabamos viendo. Este Cavallero, que se daba à sì propio la enhorabuena de verme tan amigo suyo,
pues le descubria hasta mi posada, la razon de mi venida à Madrid, el estado de la dependiencia del
pleyto, y la resolucion en que estaba nuestro Concejo de seguirlo hasta apelar al Rey; me confiò
tambien de su parte la hilaza de sus negocios, y el modo que tenia de vivir en la Corte à costa de
su pluma, y de las Comedias, que havia puesto en las Tablas. Y tocando luego el assunto de la que
veìamos, me decia, que la havia escrito uno de los ingenios modernos de mas fama, y una pluma
propiamente cortada para caractères; pero que sus obras huvieran sido de mas merito, si no se le
huviesse cortado el buelo, y que le huviessen dexado correr por las sendas, que èl se havia abierto.
Hay, me decia, en esta Comedia algunas impropiedades: El Heroe Cortès es demasiado abultado, las
ba-<pb
                                n="72"/>ladronadas que echa, pecan en lo inverosimil, y se distraen de la natural idèa, que
tal parecer huvo en sus acciones; no como las describe Solìs, sino como las pintan los demàs
Autores, que las retratan con menos afeytes. El carácter de Phelipe II. està bastantemente bien
dibujado hasta el principio de la tercera Jornada; pero luego và dismintiendo todo lo que se cree
verdadero en este Principe. Ademàs de esto: el modo de resolver la accion, y de acabar la Comedia,
no se contiene dentro de los limites del hecho historico. Es menester (continuaba) que V.m. sepa,
que nosotros, aunque tenemos libertad poetica, no podemos pecar contra la verdad quando manejamos
hechos historicos: por esto parece tan mal Cortès con prisiones, y tan fuera de sazon la renuncia de
Carlos V. en España, haviendo sido hecha, como todo el mundo sabe, en Bruselas. Los lances de aquel
Don Juan, y de Doña Leonor son mas tolerables, porque son fingidos, è introducidos simplemente, para
llenar el Theatro, y suplir con episodios estrangeros del assunto, la poca fecundidad del principal
objeto. Pareciòme, que con una instruccion tan util, se me alentaba el corazon, y que el
entendimiento se me corroboraba con especies peregrinas; de modo, que en mis respuestas, y
observaciones procurè mostrarme, no tan negado, como los de Madrid nos consideran, <pb
                                n="73"/>quando nunca vimos el Osso, y el Madroño. Y assi me adelantè à preguntar à mi Maestro, si no se
havia de reparar tambien en que le faltaba à Carlos V. la insignia del Orden del Toysón de Oro, cuyo
Maestrazgo no dexò, hasta que le renunciò con sus Estados, y de cuya renuncia se hace mencion muy
tarde. Es assi, me decia el Amigo, y no havrà faltado quien lo haya reparado entre los del Patio,
donde alguno, poco afecto à esta compañia, se burlarà preguntando, si la insignia està empeñada,
como Carta Executoria, pero esto solo es inadvertencia, y poco conocimiento en los Representantes;
como tambien el dexar à Pamphilo de Narvaez sin barbas, y siempre mozo, quando se sabe, que tenia
mas años que Cortès, à quien el Autor hace barbado, y caduco: y cuidado, añadiò, no se puede salvar
este descuido con decir, que lo causaban las fatigas de Hernando, pues no serìan mayores, que las
que Narvaez havria padecido en sus primeras carabanas. Pero dixe al Amigo: V.m. no advierte en aquel
Arzobispo de Toledo, que queda siempre el propio? Este Señor havrà vivido, y gobernado muchos años
esta Silla. Y què le parece à V.m. de sus vestiduras Cardenalicias? Ea, dixo mi Amigo, ut suprà,
error de los Representantres, y nada mas. Y los dos Reloxes que traen las Damas à su lado, y esto en
tiempo de Carlos V. què signfican? pues creo, que los Re-<pb
                            n="74"/>loxes no serìan entonces tan
comunes como oy dia, que hasta la muger de mi Sastre le trae, y de oro. Señor mio, respondiò el
Poeta, esto es para lucirlo. Si el Autor no lo permitiesse à las Cómicas, gritarìan, que se les
quita el fuero de parecer bien, y de manifestar sus galas; y esto mismo verà V.m. en los que hacen
de Petimetres entre los Cómicos; pues aunque hacen papel de Zapatero, no dexaràn su Relox por un ojo
de la cara. </seg>
</seg> Convidè el dia siguiente à este mismo sugeto à otra Comedia, que se intitulaba: El Incendio
de Troya, en que todos los Actores eran Griegos; pero tan Españolizados, que hasta Paris, y Helena
me parecian Castellanos de la vieja Roca. Apuntòme el Amigo una infinidad de yerros contra la
Fabula, y en particular sobre la Persona de Casandra, que hacìa un papel principal, que venìa muy
poco al caso, y no servia en aquella ocasion de gracia. No menos estrañè otra Comedia del Montañès
en la Corte, que mi Amigo alababa mucho por lo bien escrito; pero que le disgustaba algo, por la
poca actividad del que representaba el Montañès: aunque me confessò, que este disgusto no era
absoluto, sino relativo, por razon de haver visto hacer este mismo papel por otros que lo havian
desempeñado mas cumplidamente. Despues fuimos el Abogado, el Tio Don Blàs, è Yo à Aranjuèz, de donde
bolvimos el Jueves passa-<pb
                            n="75"/>do. Ayer estuvimos otra vez en la Comedia con el propio Poeta,
quien nos visita todos los dias por la mañana; pues se sabe, que en Madrid el olor del Chocolate es
atractivo fuerte para visitas de semejantes sugetos. El nos instruye de una infinidad de cosas, que
tocan à los interesses de las dos Compañias. La Pieza que se representaba, era la de Iphigenia en
Aulida: assunto, que hace tambien presente las guerras de Troya. Los Personages eran otra vez
Griegos, excepto uno; es à saber, el Gracioso, que se llamaba Pellejo. Este debia de ser Español, ò
los Españoles deben haver heredado el nombre de esta Nacion antigua. Pero de lo que me admirè mas
era saber una cosa, que V.m. no creerà, y es, que entre todos los Griegos, solos los hijos de Madrid
enamoran de un modo extraordinario, y diferente de los demàs Pueblos; pues hasta que vì esta
Comedia, no supe, y quizà no lo sabrà tampoco el señor Cura, ni el Medico, que Madrid està en la
Grecia. La Iphigenia es Tragedia de cinco Jornadas, imitada de la que en Francès escribiò Monsieur
Racine. <seg
                            synch="#FR.10" type="E5">
<seg synch="#FR.11"
                                type="D"> Esta advertencia no gustò al Amigo, quien me respondiò al
proponersela, que los Autores havian caìdo con frequencia en estos yerros historicos, y
geographicos, y que esto se les debe perdonar. Que la Iphigenia de los Franceses estaba tambien en
cinco Jornadas, y ocupaba en ellas à una passion sola, en lugar que en la Es-<pb
                            n="76"/>pañola se
havian de considerar todas las passiones juntas, y que por esto se havia tomado el Poeta la libertad
de propassarse algo, haciendo de Aquìles un Atheista, que se olvida hasta de su propia descendencia,
que era divina. V.m. debe saber, me decia, que nuestra Representacion Scenica varìa mas, que la de
los Franceses, la qual, siendo mas verdadera, es para nuestro gusto demasiadamente fria. Nosotros
tenemos mas libertad que ellos en manejar los carácteres; pues quitamos la vida, y bolvemos à
resucitar los muertos, quando los necessitamos. Ponemos una narracion triste, y lastimosa en boca de
un Gracioso, quien contandola hace reir à las gentes, y esto no se atreveràn hacer las demàs
Naciones, que distinguen las Obras Theatrales en Tragedias, Comedias, y Tragicomedias: cosa escusada
para nosotros, que somos benignos, y tiernos de corazon en las lastimas verdaderas; pero no en las
que se representan en las Tablas, donde assistimos para reir, y los demàs Pueblos para aprender.
</seg>
</seg> Y en efecto me lo hizo confessar; pues en aquel lance que me leyò un dia mi hijo el Bachillèr
en un libro, que se llama Homero, quando Agamemnòn declara resueltamente en presencia de todos los
Principes Griegos, y de Aquìles mismo, (à quien se trae en este passo, venga, ò no venga) que
Iphigenia debe absolutamente morir por la salud de la Patria: lance de que la <pb
                    n="77"/>Tia Pepa,
y Mariquita lloraban tanto: la Cómica que representaba el papel de Iphigenia, y la que hacia Madama
Clytemnestra, que naturalmente havian de llorar à moco tendido, se estaban entreteniendose juntas,
hablando, y riendo, sin hacer atencion à su papel, ni à lo que se determinaba contra la innocente
vida de Iphigenia. Dixome el Amigo otras mil cosas, y particularidades sobre el modo de representar,
y vestirse las Comedias, de que hablarè à V.m. à su tiempo, para que instruya de ello à los del
Concejo, que no deben quexarse, aunque se perdiera el pleyto, de que yo haya malogrado el tiempo en
Madrid; pues lo que el Amigo Poeta me enseña, podrà servir utilissimamente en el Lugar, para
corregir las Comedias, que hacemos por el Corpus, y divertirnos à la moda de la Corte. </seg>
</seg> Nuestro Señor guarde à V.m. &amp;c. </seg>
</seg> Esta generalidad con que intitulamos Comedia à toda Representacion Theatral, es defecto que
nos han dexado los Poetas Restauradores de las Letras, los que despreciando la restriccion, que para
este genero de Poesìas prescribieron los Poetas Antiguos, se abrieron un camino voluntarioso, sin
arreglo, ò limite alguno. Las demàs Naciones han corregido este desacierto, de tal modo, que se
conoce entre ellos el genio de un siglo, y de otro, en lugar que nosotros hemos permanecido, y
seguimos la primera idéa. Es fuerza, que assi por la causa princi-<pb
                    n="78"/>pal, ò argumento de
una pieza, como por el fin que debe tener, se califique, y denomìne; y no hallo razon, para que los
Autores se revistan de la costumbre, y de los aplausos de la gente, por no reformar su methodo, y
executar las Representaciones, conforme sea la accion que representan. Las piezas theatrales, assi
antiguas, como modernas, nos hacen vèr, que quedamos los ultimos en acercarnos à la Naturaleza, en
abrazar su doctrina, y en seguirla en los modélos, que nuestros Poetas emplean en sus Obras.
Nuestras Comedias enlazan una multitud de passiones diversas, que no pocas veces opuestas unas à
otras, reparten entre sì, y dividen demasiadamente los interesses del ánimo, para fixar nuestra
consideracion sobre alguna de ellas. Los Poetas han querido complacer en una sola pieza à todos
estados, y genios. Han propuesto en una de sus partes la virtud, ò el vicio para los inteligentes:
el amor para la gente moza; y pensamientos ligeros, y grosseros para el vulgo; ò para aquellos que
solo assisten à la Comedia, por el interes de divertirse con las bufonadas, y muchas veces simplezas
de los Graciosos. Si exceptuamos à corto numero de Comedias, no podemos decir con verdad, que
nuestros Poetas estudiaron los assuntos de sus piezas en la Historia, ò en la Fabula; con
inteligencia de los hechos, que deben ser el alma <pb
                    n="79"/>de las Representacioncs; con
proporcion en el lenguage, y estilo de los Paìses donde forman su Scena, ni con arreglo à las Leyes,
que nos dejaron los Antiguos. Algunos han esgrimido sus armas contra los Censores de estos defectos,
y les ha parecido bastante defenderlos con decir, que los que vàn à la Comedia, vàn solamente para
dilatar el ánimo, desopilar el bazo; y que para la enseñanza, que los Antiguos promovìan por medio
del Theatro, tenemos nosotros Escuelas divinas, y humanas, en que se nos instruye de nuestro deber.
Valgame Dios, y còmo se usa siniestrameme de todo, quando no se quiere contestar directamente à lo
que se argumenta! Las conversaciones, los libros, &amp;c. à què sirven? A què sirven los exemplos,
las pinturas, y las estatuas? Vèr, hace recordar, decia uno. Pues es otra cosa la Comedia, que una
Escuela en que se nos propone visiblemente la hermosura de la virtud, y el horror del vicio? Pero
dexemos esto, y vamos à lo que mas importa para el assunto. Aquellos que defienden el Theatro en su
actual estado, alegan, que en las Comedias que mezclan lo sério con lo jocoso, y una muerte con una
bufonada, assiste siempre mas gente, que en aquellas de que hacen aprecio quatro inteligentes. Pero
prueba esto la bondad de ellas? Dà la assistencia, ò afluencia del vulgo el credito, que la Nacion
debe apetecer por sus producciones? Si se han <pb
                    n="80"/>de juzgar las cosas, por la multitud, y à
ojo de buen Cubero, no sale en España escrito de mas bondad, y valor, que el Pronostico, ò Papeles
de Don Diego de Torres; pues no hay Obras, que mas se vendan. Sea la Comedia con accion tragica, con
muchas bufonadas, muchos lances, con vistosas decoraciones, la que se representa mas dias; dexen
enhorabuena los Zapateros sus obras; las Petimetras, y sus cortejos sus ocupaciones para assistir à
ellas; sean las cuchilladas las que fuessen: nada hace, para que la Comedia no sea perversa, y
nuestro gusto detestable. A què nos vienen, dice el Defensor del Theatro, los modèlos, que nos
presentan los Griegos, y los Romanos, simples, y desnudos de aquellos pomposos adornos con que
nosotros revestimos el Theatro Espanol? Este à què nos vienen es un efecto visible de la ignorancia,
y poco conocimiento, ò estudio de los que assi arguyen. Diganme los Poetas, que citan à su favor el
gusto de la Nacion; si este gusto se acuerda con la razon? Està la razon sujeta à la inconstancia de
tiempos, parages, ò personas? No havrà reglas fíxas para juzgar las obras del entendimiento tales
como son las Comedias, ò serà todo arbitrario en la fantasìa de cada uno? No lo creo: La verdad, y
la hermosura siempre son unas mismas. Un pensamiento que una Nacion estima por sólido, <pb
                    n="81"/>y
verdadero, serà estimado de la misma suerte de las demàs Naciones: Plauto, Terencio, Sophocles, y
Euripides, al cabo de tantos siglos no perdieron su lustre. Lo que imita perfectamente à la
naturaleza, se apodera del alma, queda impresso, y nos convence, de que todo lo verdadero es
hermoso: lo que no sucede con aquello, que sale de la esfera de lo comprehensible; porque si
sorprehende à los sentidos à primera vista, las potencias niegan conservar la especie de ello.
Concluyendo, pues, diremos, que el primer vicio de los Poetas, que escriben para el Theatro, es, no
representarse à sì propios, las circunstancias, los tiempos, ni los parages en que tanto se
celebraron las Obras Scenicas de los Antiguos; y que las imitaciones, que quieren hacer sobre el
modelo de la Naturaleza, no son de gusto, porque no saben dàr à la imitacion de una cosa natural,
aquella graduacion que corresponde à lo que debe representar. El P. Brumey dice, que la educacion
varìa en tanto el interès, que mueve las passiones, y el modo de pensar, y obrar; en quanto la
naturaleza estè uniforme en lo que sientan los hombres, por el incitamento de sus passiones: de
modo, que el arte debe retratar à la naturaleza como la encuentra; esto es, con todo quanto de ella
depende. Y para juzgar debidamente de la realidad de este assunto, y dàr à conocer la poca
verosimilitud, que resulta de <pb
                    n="82"/>los hechos fabulosos, ò historicos, y de los efectos que
causan las representaciones de ellos, en los que frequentan las Comedias, escritas segun el genio de
nuestra Nacion; bastarà atender al origen, que tuvieron, y à los principios que constituyen su
verdadera entidad. <seg
                    synch="#FR.12" type="E3">
<seg synch="#FR.13"
                        type="AE"> La Tragedia tiene por padre un cierto Icario Atheniense el qual
imolando un animal, que hallò desolando su viña: los que assistian al Sacrificio, comenzaron à
baylar al rededor de la victima, cantando alabanzas al Dios Baco: lo que agradò tanto à los Pueblos,
que instituyeron anuales sacrificios, en que no tardaron mucho en imitarlos las Ciudades del
Peloponeso. Eschylo lleno de la lectura de Homero, fue el primero que pensò en añadir algo à estos
festejos, à fin de mover mas à los que concurrian à ellos. Embidiaba la fortuna, que havia adquirido
Homero con sus descripciones patheticas, y con el Dialogo; y ambicioso de gloria, quiso adelantar
mas el discurso. La reflexion que hizo sobre el como entretener al oyente en el breve recinto de una
accion sola, en que las passiones deben à los assistentes mostrarse con mas actividad, y viveza, que
en una descripcion destinada solo à ser leìda; le diò à conocer, que las passiones mas violentas, y
mas fuertes eran los verdaderos muelles del Theatro, y que el terror, y la compassion bien
expressadas, entre todas, las <pb
                        n="83"/>que mas eficazmente agitaban el corazon con conmociones
dulces, y placenteras. La Naturaleza enseñò tambien à este Tragico, que los intereses diversos; como
la mudanza de fortuna, los reconocimientos, las ingratitudes, el amor, &amp;c. podian formar una, ò
dos acciones en el todo de una pieza, sin oponerse una à otra. Reconociò, que la accion principal
havia de ser grande, ilustre, entera, perfecta, en todas sus partes individuales, simple, y sin
mezcla de otras acciones independentes [sic]: que havia de ser una accion, que un circulo de
sucessos unidos unos con otros, y moviendose todos unanimes para desembolverle al entendimiento à
medida, que se ofrecian à los ojos, expressaba de por sì sola la verdad de la cosa. La precision con
que el Griego abrazò su plan, le obligò à que la duracion de la accion fuesse proporcionada con la
representacion; de suerte, que la accion representada, ha de ser esencialmente el imagen de la
accion real, y verdadera: de que concluyò, que, siendo de poca duracion un espectaculo theatral, la
accion, ò el objeto de èl, debe contenerse exactamente en su representacion proporcionada; y esta es
la regla de la duracion de una pieza. Concebida ya la accion en su unidad, y en su duracion, notò
Eschylo, que el mismo principio, que le havia convencido de la semejanza, que debe haver entre una
accion, y <pb
                    n="84"/>su representacion, le obligaba, à que esta principiasse, y feneciesse en un
parage solo, y limitado; donde los que se hallaban presentes à la accion real, la pudiessen vèr
representar inmobiles, y sin mudar de sitio. Facil parece comprehender, que sin esta unidad de
lugar, no hay pieza, que pueda tener el merito de agradar à quien la vea con juicio. Y no havrà
tenido poca dificultad Eschylo para poder juntar estas tres partes essenciales en sus piezas de
Theatro. </seg>
</seg> Nosotros, acostumbrados à no vèr semejantes reglas observadas en nuestras Tablas, creemos,
que no son utiles, ni necessarias, para que una obra sea buena; pero nos engañamos, porque nos han
engañado aquellos, que para libertarse del yugo, que imponen las reglas, han querido contradecir à
los Antiguos, y Modernos. <seg
                    synch="#FR.14" type="E3">
<seg synch="#FR.15"
                        type="AE"> Veamoslo con el exemplo: Què hombre de juicio podrà vèr con seriedad
de ánimo la accion, ni el interès, que hay en la representacion de la Vida de Pilatos, que acabamos
de vèr esta noche. Pilatos, niño de fortuna, jaque Andalùz, para que en su representante parezca
guapo, no sabe como introducirse en Roma, que se debe considerar, como el parage, ò lugar de la
accion de la pieza; pues allì principia la elevacion del Heroe, y allì le hacen acabar mal, ò bien
su vida. Para gozar su fortuna, que varìa, y que hace ladear la accion principal, casi desde el <pb
                        n="85"/>principio de la pieza, se le traslada à la Judea, donde và à representar su Potestad
pretoria, y aqui se quebranta la union del lugar. La Veronica en habito de Peregrina, con bastòn,
esclavina, conchas, cartera; esto es, con Passaportes, y otros papeles, que seràn fèe de Bautismo,
&amp;c. và vagueante desde Roma à Jerusalèn, y desde Jerusalèn buelve à Roma, no en descripcion
poetica, sino personalmente. Y esto se puede hacer sin quebrantar la unidad de duracion? Le doy un
tres, à quien fuere capàz de abrazar la extension de la accion de esta que se llama Comedia, dentro
de la extension del tiempo, que dura su representacion Scenica. Què violencia se necessita hacer el
espiritu, para considerar à Pilatos en Judea, dando la sentencia contra Christo, y al propio tiempo
vèr à Tiberio padecer sus locuras en Roma? Quièn podrà salvar el descuido de hacer decir à Pilatos,
que el Salvador ha de quedar colgado entre dos Ladrones antes de haverle sentenciado? De dònde supo
Tiberio, que Jesu-Christo estaba para condenarse à morir judicialmente, à fin de embiar su anillo
para libertarle, en un tan corto espacio, como se supone desde el Domingo de Ramos, hasta el Jueves
Santo? Y què, no hay mas? Sì; pero el que no considera con atencion estas equivocaciones, no debe
pensar en vèr Comedia con gusto, si es que lo tiene bueno. Dexo la <pb n="86"/>Passion, ò el Sermon,
que predica Pilatos à los Judios, lleno de juguetes de voces, y tambien la disputa Theologica
delante de Tiberio, con la Veronica, en que assi Pilatos, como la Veronica emplean doctrinas, nada
menos que de San Pablo, para sus argumentos. Finalmente, dexo la muerte del Heroe de la pieza, peor
pensada, que producida; y las frialdades indecentes, è sonrojosas, que se mezclan en la
representacion de uno de los altos Mysterios de nuestra Redempcion, cosa que no se debiera tolerar
en las Tablas de una Corte tan Christiana como es Madrid, quando tenemos obras muchissimas buenas,
que nos pueden recrear decentemente. Y vè aqui ofendidas en esta Comedia sola, la razon, y el buen
gusto, por el quebrantamiento de las reglas, y preceptos de los primeros Cómicos. </seg>
</seg>
</seg> El Discurso siguiente se darà el Sabado 27. de Junio de 1761. FIN. EN MADRID: Con las
Licencias necessarias, en la Imprenta de Manuel Martin, Calle de la Cruz. Se hallarà este, y todos
los siguientes en las Librerias de Antonio Sancha, frente del Correo; en la de Bartholomè López,
Plazuela de Santo Domingo; y en la de Bartholomè Ullva, frente del Salvador. </seg>
</ab>
</div>
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    </group>
  </text>
</TEI>
