Juan Miguel Dihigo y Mestre an Hugo Schuchardt (06-02331)

von Juan Miguel Dihigo y Mestre

an Hugo Schuchardt

Havana

08. 01. 1914

language Spanisch

Schlagwörter: Kuba Baralt, Francisco (1846)

Zitiervorschlag: Juan Miguel Dihigo y Mestre an Hugo Schuchardt (06-02331). Havana, 08. 01. 1914. Hrsg. von Frank-Rutger Hausmann (2022). In: Bernhard Hurch (Hrsg.): Hugo Schuchardt Archiv. Online unter https://gams.uni-graz.at/o:hsa.letter.9861, abgerufen am 09. 02. 2026. Handle: hdl.handle.net/11471/518.10.1.9861.


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UNIVERSIDAD DE LA HABANA
FACULTAD DE LETRAS Y CIENCIAS
DECANATO
Habana, Enero 8 de 1914.
Sr. Hugo Shuchard.
G r a z.

Mi distinguido amigo:

Como ampliación a la carta que tuve el gusto de dirigirle en 27 del año próximo pasado1, referente al origen del tango y de la palabra, tengo el placer de comunicarle que, examinando artículos de costumbres cubanas, he hallado en un libro, que se titula „Ensayos literarios“ un trabajo en extremo interesante del escritor cubano Francisco Baralt titulado „El baile de los negros“2 en el cual no sólo se indica el origen de esta, nada decente, diversión, sino que se expresa, como podrá Vd. ver, el origen de la voz que resulta en estos momentos de tanto interés. En ese artículo se dá una idea exacta del baile así como del instrumento especialmente empleado el cual por su denominación de tango parece ser que está de completo acuerdo, si se tiene en cuenta su empleo y los medios de usarle, con la derivación latina aceptada por algunos y que le ha indicado en mi carta anterior.

Dice el señor Baralt en su artículo lo siguiente: „Yo voy a presentar el baile en este artículo no como se encuentra en casi todos los pueblos civilizados más o menos adelantados por el estudio y la observación y gobernado por el gusto, voy a presentar el baile del salvaje; es decir, el de los movimientos inspirados y espontáneos |2| hijos de los afectos del momento; ese baile traido del Africa, que algunos suponen productor del fandango y del bolero, esa tumba o tango, en fin, que forma las delicias del negro de nuestros campos y le dá algunas horas de imponderable placer una vez a la semana ha sido también descrito por Jacobo Arago al bosquejar una de esas saturnales de los negros hablando de la Isla de Francia (Revista de Madrid, tomo 3°)3. En esa isla, en el Mar de las Antillas, a la entrada del Golfo Mejicano, siervo de un señor francés, inglés o español, el negro del campo, separado de la civilización, baila siempre su tango como lo bailaba en Africa y sin adelantarlo un paso sólo. – Llegados al lugar de la reunión, que es por lo regular un secadero aislado y pocas veces el batey, cada uno busca a su compañero más querido, y con su rudeza natural, pero lleno de afecto sincero, le dirige su saludo. Las negras en seguido se forman en un círculo de dos o más de fondo y los hombres le encierran en otro exterior y más compacto que lo rodea y abraza. Esta disposición no es constante, algunas veces se ordenan grupos a discreción y se baila como mejor acomoda. Puestos de este modo dos o tres golpes dados en la tumba y reproducidos por los ecos de los montes agitan los cuerpos y dán la señal de que la danza vá a principiar. El instrumento único que se usa en estas fiestas es una especie de tambor, de un sólo pedazo de madera, de dos o cuatro pies de largo, de forma irregular, y aproximándose más o menos a las figuras cónica o cilíndrica, hueco hasta la mitad y más generalmente horadado y cubierto el extremo de más diámetro con un cuero de carnero o chivo, rapado y sin curtir. Este parche herido con la mano, y el aro con un bastoncillo pequeño dán una armonía monótona y fastidiosa, sin variedad ni cadencia. Sin embargo ese sonido produce sobre el negro el mismo efecto que el toque de la trompeta bélica en el carcel de guerra, donde |3| quiera que está, en el trabajo o en descanso, triste o alegre, tiene siempre sobre su espíritu una influencia poderosa; como llegue a sus oidos, su cuerpo se extremece, levántase erguido y parece que vá a ensayar uno de esos pasos grotescos. El canto y el baile para los negros son dos cosas intimamente unidas, porque el instrumento descrito, que es el único que usan, siendo incapaz de variedad y destituido de tonos no sirve más que para marcar el tiempo mientras las voces forman y modulan el canto. Este es igual, monótono, sin glosas ni adornos como lo son siempre los de los hombres incultos y cercanos aún al estado primitivo. La pobreza de esos cantos monótonos, tres o cuatro a la más se compensa con la multitud asombrosa de estrofas, si es que puede así llamarse a sus palabras sin rimas ni medidas: cualquiera occurrencia del partido, de la hacienda, de la ciudad vecina se formula en diez o doce vocablos y pasa al sonsonete con que cantaron sus padres hechos de su tiempo que no por esos se relegan al olvido. En casi todas las haciendas franceses se canta un estribillo bien conocido de cuantos han estado en alguna de ellas: son tres o cuatro versos que alternan y la repetición constante al fin de estas dos palabras Jeneral Endó – Dados los primeros golpes en el tango, una voz débil y que repiten a los lejos los ecos parleros dá la señal y marca lo que se vá a cantar y bailar. Entónces sale al centro de la rueda una de las bayaderas africanas y la música empieza. Al principio se inclina muellemente hacia adelante como la palma que mueva la brisa, con una expresión de ternura; sigue la rueda y con sus miradas apasionadas invita a los hombres a tomar parte en su danza, más ninguno se adelanta; la bailarina muestra el pesar de su soledad y se entrega sola a sus pasos animados. Entre tanto el tango redobla sus golpes, su compás es vivo y arrebatado y toca yá al último grado |4| del alegro cuando vá disminuyendo para volver a caer en el andante más pausado; ora es el rugido del torrente que se despeña, ora el dulce arrullo del arroyo juguetón. La bailarina sigue los caprichos del músico y se deja arrastrar por su pasión y sus instintos que nada refrenan. Todos los pañuelos de colores vivos de sus compañeras ván cayendo en montón sobre sus hombros y cuando tras el paso mas agitado que puede concebirse, el tango dá tres golpes irregulares y cesa repentinamente, la que ha arrebatado los aplausos de sus compañeros tiene el cuerpo quebrantado por el cansancio, más el espíritu deseoso de volver a comenzar. - Presentáse otra; el instrumento redobla de nuevo y la figura se dispone a hacer las mismas o semejantes figuras que su antecesora, pero de repente salta a la arena un bailarín audaz y decidido, detiénese como un toro que sale del toril y observa alrededor fijo en un punto; mide a su compañero con una mirada cariñosa y sigue el compás con una oscilación tan corta que apenas se percibe. Más de pronto se anima, adelanta un pié, levanta las manos sobre su cabeza, arroja un grito agudo y breve y se entrega al baile con todo su ser y su voluntad, apoderándose del negro el vértigo voluptuoso que tal poder tiene sobre esas naturalezas bastardas que no conocen la belleza pudorosa. Se adelanta a su compañera, le implora, la estrecha, ella le sonríe, retrocede, le aguarda, se inclina y huye; el tango fatiga el viento con furor, se levanta una vocería confusa y el bailarín chasqueado, muestra todo el dolor de la decepción y se dispone a una nueva lucha. Yo me avergonzaría de pintar esas danzas obscenas con sus colores naturales, la descripción que de ellas hago llega hasta donde la decencia lo permite y se queda muy léjos de la realidad. Despues que todos los grandes hábiles han bailado entran en la lisa los pequeños y con sus |5|gestos imitativos forman una parodia divertida de la danza de sus padres. Luego cuando todos han lucido aisladamente su persona se establece la anarquia, todos bailan a la vez, todos gritan, todos se apiñan y confunden con sus gestos cómicos y extravagantes“.

Espero que estos datos podrán darle una idee exacta de lo que es el tango en la Isla de Cuba; lamento sí el vértigo que se advierte en el mundo hacia el retroceso a lo incivilizado y creame, mi querido compañero que si alguna satisfacción grande puede producir algo en esta vida es el advertir los africanos y los descendientes de ellos que se encuentran en esta tierra la tendencia del blanco hacia la degeneración mientras el negro, para verguenza nuestra, hace todos los esfuerzos posibles por mejorar su condición social.

Le agradeceré que me comunique haber recibido estas líneas y credame siempre su afectísimo amigo y colega.
J. M. Dihigo


1 HSA 02330.

2 Francisco Baralt, Escenas campestres, Baile de los negros, 1846 (keine näheren Angaben).

3 Kein genauerer bibliographischer Nachweis.

Faksimiles: Universitätsbibliothek Graz Abteilung für Sondersammlungen, Creative commons CC BY-NC https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/ (Sig. 02331)