El Regañón general: Núm.15.

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Núm.° 15.

Miércoles 22 de Febrero de 1804.

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Educacion práctica. Continúa el Tratado puesto en el Número antecedente.

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Yo no sé por que en muchas partes no se cuida ya de emplear la emulacion en la enseñanza. Dicen algunos que es para separar el espíritu de envidia que suele producir, pero este es un vano temor en los maestros, que con un solo golpe pudieran exterminar en los jóvenes esta pasion, oprimiéndola con todo el peso de la ignominia, é inspirando á los discípulos sentimientos de honor y de generosidad. Por otra parte la emulacion no puede ser jamas envidia. Yo he visto pruebas de esta verdad, y me parece muy fácil de executar el medio que propongo. En toda concurrencia es indispensable que haya emulacion, siempre que haya muchos individuos dedicados á un mismo estudio, y que la consideracion sea el premio del mérito. En la educacion individual ó privada, un niño solo que no concurre con otro alguno, y que no reconoce ni compara sus conocimientos, no se anima por la emulacion; y así sucede que sus progresos en la instruccion son muy lentos y poco seguros, porque no hace esfuerzo alguno su alma para elevar y aumentar sus conocimientos incitando su amor propio. Todo lo contrario sucede en la educacion que se hace en comun, pues como en ella nace al instante la rivalidad, se manejan todos los resortes de la industria, y por este medio se hacen las naciones políticas, comerciantes é instruidas. Aun en el caso de que la emulacion produxese la envidia, tan fácil de destruir siendo de esta especie, ¿cómo podriamos dexar de usar de este auxîlio tan indispensable en toda educacion? Es preciso que no se concedan mas premios al mérito y á la virtud, y que se dexe á los hombres sumergidos en el abandono y la pereza, ó que se destruya toda la civilizacion, y volvamos á vivir en los bosques. Nuestros espíritus no pueden tomar esfuerzo alguno si no son excitados, porque son por su naturaleza perezosos. Que se me muestre pues un hombre grande siquiera de quantos han existido, que no haya tenido emulacion por la gloria, imitando ó queriendo imitar á los antiguos, ó á sus contemporáneos. El talento sin la emulacion es lo mismo que un candil que no tiene aceyte, por servirme de esta comparacion justa, el qual se apaga muy pronto. Volviendo á las disposiciones de mi escuela, yo procuraré formar en ella un estado político, en donde el zelo, la amistad mútua, y la concordia entre mis discípulos reynen quanto sea posible. Estableceré para este efecto concursos, fiestas y triunfos; habrá grados de distincion, y empleos honoríficos como en un exército; distribuiré insignias honrosas y de menosprecio, las quales se usarán siempre, con especialidad en público, y formaré de mis discípulos un conjunto de individuos que se amen, auxilien y socorran mutuamente en todas ocasiones. Si alguno faltare á estas obligaciones, el castigo que tenga será el odio y menosprecio de los demás; pero estos mismos castigos no serán irremisibles, pues las buenas acciones que notare en los mismos delinqüentes, harán que se borre hasta la memoria de la pena que han sufrido por sus delitos anteriores1. Como la conducta que pienso tener no podrá infundir un temor servil á mis discípulos quando estén en mi presencia, tendré ocasion de observar y conocer sus intrigas y manejos, y lo que yo no pueda ver por mí mismo, lo verán mis delegados, y aun me reemplazarán en los casos poco importantes. Finalmente, todo será dirigido por la emulacion de la alabanza y del honor; y aun quando sucediera introducirse en ésta algun poco de vanidad, como fuera mas útil que dañosa, no me daria cuidado alguno, pues basta reprimir el exceso poniendo solidez en lo que se trate, y concediendo únicamente el aprecio á lo que es digno de alabanza. Si en el lugar en que tuviese yo mi escuela hubiese otras, como sucede en las ciudades, será esto un motivo de concurrencia, y yo excitaré á mis discípulos á que excedan en mérito á los de las escuelas vecinas, y encenderé en sus corazones el deseo de la superioridad en el estudio. Para este efecto formaré concursos públicos, á los quales asistirán los padres de familia, y aun los magistrados, que tendrian mucho gusto en ver estos exámenes, como primeros ensayos de su instruccion. A los niños que mas sobresaliesen en estos actos les honraria con distinciones y alabanzas. Todas estas pequeneces serian para ellos negocios de la mayor importancia, y se dedicarian á conseguirlos, siendo de esperar que el niño mas perezoso y abandonado ponga la mayor eficacia en alcanzar estos honores que renovaré muchas veces en el año. Mi método pues no se reduce á proporcionar á los jóvenes, esta especie de recreo solamente, sino que agregaré tambien otros. A causa de los cánticos que he referido ántes, se deseará saber la historia de los sugetos en cuya alabanza se han hecho y entónces haré que la lean. Ellos la oirán con todo el interes que escuchan los niños los cuentos de encantamientos; alabarán y admirarán las grandes acciones de los héroes, y se engrandecerán sus almas con esta lectura, elevando su imaginacion á ideas justas y sublimes.

Metatextuality

Por desgracia nuestra carecemos todavía de un Plutarco español que nos refiera la historia de los hombres grandes que han ilustrado nuestra Península en todos ramos. Las tumbas de estos héroes estan cubiertas de polvo, sumergidas en la obscuridad, y muchos de sus nombres desconocidos, en tanto que vamos á contemplar personages extrangeros é indiferentes hasta en los mismos teatros. Mas de las tres quartas partes de los españoles ignoran hasta los nombres de nuestros mayores héroes. Es lastimosa seguramente esta ignorancia. Mucho mas sensatos que nosotros eran sin duda los antiguos, pues sus hombres grandes eran colocados entre sus falsas divinidades, y sus estatuas adornaban las plazas públicas, y de este modo sabian todos sus hechos. Con la lectura de los hombres grandes que ha habido en nuestra nacion, yo inspiraré á los jóvenes el amor á la patria, que es una de las primeras virtudes sociales
. Oigase pues lo que dice el Arzobispo de Cambray en el libro XIV de su inmortal obra de Telémaco.

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"Por lo que hace á los niños (le decia Mentor al Rey Idomeneo), estos pertenecen ménos á sus padres que á la República: ellos son hijos del pueblo, hacen su esperanza y su fuerza, y es muy tarde para corregirlos quando se han llegado á corromper. Importa muy poco para el caso el excluirlos de los empleos que ocupan quando se hacen indignos de ellos, y vale mucho mas prevenir el daño, que verse obligado á castigarlo. El Rey (añadia) que es el padre de todo su pueblo, lo es con particularidad de la juventud, que es la flor de la nacion, y cuyos frutos se deben cuidar con el mayor esmero. Dígnese pues el Rey de velar sobre la educacion que se da á los niños : haga que se observen exâctamente las leyes de Minos, las quales ordenan que se crie á los hijos en el menosprecio del dolor y de la muerte: fórmese un punto de honor en huir las delicias y las riquezas, y que la injusticia, la mentira, la ingratitud y la afeminacion se miren como vicios infames: que se les enseñe á los niños desde su mas tierna infancia á cantar las alabanzas de los héroes que han sido amados de los Dioses, que han hecho acciones generosas por su patria, y manifestado su valor en los combates: que el encanto de la música se apodere de sus almas para hacer sus costumbres puras y dulces: que aprendan á ser tiernos con sus amigos, fieles á sus aliados, y equitativos con todos los hombres, aun con sus mayores enemigos; y que teman menos á la muerte y á los tormentos, que á la menor reprehension de su conciencia. Si desde temprano se les enseñan á los niños estas grandes máxîmas, y se les introducen en la memoria por medio de la dulzura del canto, pocos habrá que no se inflamen de amor á la gloria y á la virtud.” "Mentor añadia que era muy importante establecer escuelas públicas para acostumbrar á la juventud á los mas penosos exercicios corporales para evitar la floxedad y ociosidad que corrompen el mejor natural: queria que hubiese una grande variedad de juegos y de espectáculos que animasen á todo el pueblo, pero que exercitasen con especialidad los cuerpos para hacer los hombres diestros, flexîbles y vigorosos, y que se diesen premios para excitar una noble emulacion.”
Tal vez se me dirá que estos principios chocan contra nuestras máxîmas, y que lo que era muy bueno entre los antiguos, dexa de serlo entre nosotros. Pero ¿qué hay de extraño y de impracticable en este método? ¿Qué desgracia tan grande es para nosotros el ocuparnos en los juegos de los niños? ¿Temeremos sin duda imitar á Augusto el señor del mundo, que tenia todos los dias la impertinencia de enseñar él mismo á leer y escribir a su nieto, ó nos burlaremos del grave Caton el Censor, que se divertia corriendo con sus hijos en caballitos de caña? Si todo esto nos parece despreciable, sin duda valdremos mas nosotros que estos hombres que tanto aprecia la antigüedad. Estoy muy distante de pretender que la educacion de la infancia no tenga mas objeto que el valor guerrero, porque sé muy bien que la guerra es una plaga de ¡a humanidad; pero ¿quién duda que el valor es el elemento mas necesario de todas las virtudes? Sin este requisito no puede exîstir la magnanimidad, el amor de la gloria, el desprecio de la muerte y de la adversidad, la moderacion, la austera justicia, el desinteres ni la noble elevacion del alma. Las virtudes son hermanas lo mismo que los vicios: una sola atrae á las demas del mismo género, y así sucede que las virtudes civiles se unen á las guerreras de tal modo que el que se porta como hombre honrado en el seno de su familia, no será jamas cobarde en un dia de combate. No se crea pues que mi estudio consistirá en un vano fluxo de palabras, sino que mis discípulos pondrán en práctica los exemplos que les presentare.·Exercitaré sus almas en la imitacion de los grandes modelos, y todo será puesto en accion, grabando en el corazon de los niños los primeros principios del honor y de la gloria. Lo que mas conviene para la instruccion de los niños es que se les pongan á la vista excelentes modelos que puedan imitar desde su mas tierna edad, y que su maestro sea un hombre honrado. De nada les sirven los mejores discursos si tienen á la vista exemplos que los destruyen.·Yo bien sé que es imposible presentarles á los niños excelentes modelos vivos, porque son muy raros; pero se puede recurrir á los que nos ofrece la historia. De ella se puede sacar un modelo para cada niño, el qual tenga relacion con su carácter y con su estado. Maestros ó preceptores de educacion muy buenos son los preceptos morales para los Individuos que saben reflexîonar, pero para la inconsiderada juventud son mas necesarios los preceptos físicos, si no quereis que vuestros discípulos se disgusten muy pronto del estudio. Creedme, no hay un camino mas seguro para su instruccion que el del agrado: poned todas vuestras reglas en accion, que todos los exemplos sean vivificados, y así se animarán sus corazones. Adornad la razon misma con colores vivos é imágenes sensibles, y sed mas bien pintores que anatomistas. Así pues debeis presentarles aquellas historias en que se vea al hombre virtuoso combatido de todas las desgracias, y hecho juguete de la fortuna, pero que muestra siempre serenidad enmedio de los mayores contratiempos, y que su grande alma se hace superior á las calamidades, y á la misma presencia de la muerte. Un punto muy esencial en el método que proponemos es el de elegir bien los modelos, y adaptarlos al natural, principalmente al estado del niño que se educa, porque seria una cosa muy inútil, por exemplo, el ofrecer como modelo para un particular á Cárlos V, ó otro semejante, pues es mucha la desproporcion. Es preciso poner los exemplos mas al alcance de los individuos, y así se recurrirá á las vidas de estos ilustres españoles que han adquirido reputacion en las artes mecánicas y liberales, en el comercio, en las ciencias, &c. indagando con esmero los hombres que han exercido lejos del tumulto del mundo todas las virtudes sociales; y si por desgracia no hubiese unos exemplos de esta naturaleza, seria muy conveniente el inventarlos y darlos por ciertos, pues la historia sola de Robinson Cruzé es mas útil para los niños que millares de preceptos sobre la educacion.

Metatextuality

De la vida de los hombres grandes que ha habido en nuestra nacion pasarán mis discípulos á instruirse en la historia de España, haciendo que noten en ella las épocas mas notables de su grandeza, el espíritu general de cada siglo, el estado particular de los pueblos, sus usos y costumbres, y el origen de sus desgracias ó de su felicidad desde tiempos muy antiguos hasta nosotros. Despues les enseñaré las magnánimas historias de la antigüedad; les pintaré el sublime talento y heroísmo de los griegos, y las virtudes de la antigua Roma. Les leeré á Plutarco para que admiren estas nobles almas de la antigüedad, y adquieran nobleza y elevacion en sus pensamientos
. Para todo esto no se necesita un gran talento, solo es preciso que haya alguna memoria, y me atrevo á creer que no puede faltar ésta á los maestros de educacion. El estudio de la aritmética le dirigiré ácia un fin inmediato y palpable de utilidad, para que los jóvenes aprendan esta ciencia con gusto y provecho. Tambien les enseñaré un poco de geometría práctica por medio de exemplos sencillos de que puedan sacar fruto. Muy buenos son los preceptos en la educacion, pero ¿de qué importancia pueden ser quando hay exemplos? Yo enseñaré á mis discípulos á que sufran con valor la fatiga, el calor, el frio, la sed, el hambre, y todas las privaciones posibles. Esta es la ciencia mas esencial de la vida, y la escuela mas importante. Procuraré acostumbrar á mis discípulos á vivir á la inclemencia para enseñarles á ser pacientes en la adversidad, y á no quejarse como las mugeres. Un hombre debe ser constante en la desgracia, y los cobardes solamente son los que se abandonan á una vergonzosa desesperacion.

Dialogue

“Yo soy desgraciado (le dice el hombre de bien á su hijo), pero pon la mano sobre mi corazon, y no sentirás en él jamas el menor abatimiento: la virtud al fin lo consigue todo, ó muere con la firmeza de Sócrates. Los insolentes en la prosperidad son los únicos que hay cobardes en la adversidad.”
No hay mas medio que este para hacer la juventud sensible y compasiva, pues las personas que son siempre felices no piensan jamas que hay miserables, porque quando se está sentado a una mesa abundante nadie se acuerda de que puede alguno morirse de hambre. Es preciso ser desgraciado para saber lo que es la desgracia. Si se tuviese esta conducta no se veria en las calamidades públicas la atroz insensibilidad de algunos hombres ricos que casi se alegran de la miseria de sus semejantes, ni se encontraria tanta indiferencia en los mismos compatriotas si supiesen por experiencia que están sujetos á las mismas aflicciones é infortunios. De nada sirve el predicar la caridad á esos hombres duros y orgullosos con sus riquezas, que no dan al pobre mas que una limosna por ostentacion, y afligen la virtud desgraciada envileciéndola mas bien que consolándola. Fúndese pues el honor y la gloria en sufrir las penas de la vida, y en participar de las desgracias. Póngase al hombre en el lugar que le ha colocado la naturaleza, la qual no ha hecho pobres ni ricos, sino hermanos y seres sensibles. La felicidad de la tierra es muy transitoria, y ningun hombre debe considerarse libre del infortunio para despreciar la asistencia y el socorro de sus semejantes. Todos estos principios son la base única y verdadera de toda buena educacion, porque sin ellos no puede haber buenas costumbres, generosidad, nobleza en las almas, ni aun verdadera virtud social. Yo he presentado con alguna prolixidad el método que he formado de una buena educacion, por parecerme tan interesante cada circunstancia, que no la he podido omitir. Hasta ahora no he hecho mas que tratar del primer grado de instruccion que se les debe dar á los niños, varones se entiende, pasaremos después al que deben recibir las mugeres, segun mi modo de pensar, arreglando todos mis pensamientos al mejor modo que se puedan executar, para poder ser útil en el empleo que obtengo en este Juzgado. Salud. El Asesor del Tribunal.

Con Real Privilegio.
Madrid

En la Imprenta de la Administracion del Real Arbitrio de Beneficencia.

1En las escuelas gratuitas de primeras letras que hay por constitucion de su Regla en el Convento de Religiosos Belemitas de la ciudad de la Havana, se hace una funcion de este carácter, que llaman: El Imperio. Para el efecto se forma en los claustros una especie de teatro con dosel, sitial, y demas muebles necesarios; y al niño que mas ha sobresalido en la perfeccion de la letra le coronan como Emperador, repartiendo entre los mas adelantados las insignias de Consules, Senadores, Capitanes, &c. Á esta funcion, que se hace en público, asiste un lucido concurso de individuos, y se representan en ella algunas escenas análogas entre los mismo niños, que explican el motivo y las circunstancias que concurren en la eleccion, las quales son intermediadas, por una brillante música. Este acto se repite por lo regular cada año, y el Emperador tiene en la escuela una cierta distincion, a algunas facultades que le distinguen de los demas. Todo esto me ha parecido una institucion muy buena para promover la instruccion, y aun yo estableceria, por este estilo algunas funciones, pero no tendrian el mismo objeto, ni algunas de las circunstancias referidas. Yo, por exemplo, no les daria los primeros empleos á aquellos niños que solo fuesen meros pendolistas, sino que preferiria á los que me pareciesen mas virtuosos, mas aplicados, y de ideas mas justas, pues estos siempre serian los mas adelantados, ó los mas dispuestos á serlo. Tampoco conferiria títulos de Consules, Pretores, ni otros así, á unos niños que ninguna idea podian tener de estos empleos, sino que les daria otros que estuviesen mas á su alcance, como Vireyes, Capitanes Generales, &c. agregándole á cada uno ciertas facultades para que no fuesen mirados aquellos como una simple nomenclatura. Estos magistrados aparentes juzgarian en primera instancia todos los defectos leves de los demas niños, pasando sus decisiones á mi juzgado superior para ser puestas en execucion ó corregidas. Con este arbitrio y otros semejantes sacaria mas fruto de mis educandos, que con la vil disciplina y la cruel palmera.