
<TEI xmlns="http://www.tei-c.org/ns/1.0" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://www.tei-c.org/ns/1.0 http://gams.uni-graz.at/mws/schema/mws.xsd">
  <teiHeader type="mws">
    <fileDesc>
      <titleStmt>
        <title>Discurso VIII</title>
        <author>Anónimo (Francisco del Valle-Inclán)</author>
      </titleStmt>
      <editionStmt>
        <edition>Moralische Wochenschriften</edition>
        <respStmt>
          <name>Elisabeth Hobisch</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name> Matea Koren</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
      </editionStmt>
      <publicationStmt>
        <publisher>Institut für Romanistik, Universität Graz</publisher>
        <date when="2014-06-12">12.06.2014</date>
        <idno type="PID">o:mws.369</idno>
      </publicationStmt>
      <sourceDesc>
        <bibl>Anónimo: El Catón compostelano. Santiago: Imprenta de la Heredera de Frayz,
                    113-128 </bibl>
        <bibl type="Einzelausgabe" xml:id="CAT">
          <title level="j">El Catón
                        Compostelano</title>
          <biblScope type="vol">1</biblScope>
          <biblScope type="issue">08</biblScope>
          <date>1800</date>
          <placeName key="#GID.1">Spanien</placeName>
        </bibl>
      </sourceDesc>
    </fileDesc>
    <encodingDesc>
      <editorialDecl>
        <interpretation>
          <ab type="interpGrp">
            <interpGrp type="Narrative_Darstellungsebenen">
              <interp xml:id="E1">Ebene 1</interp>
              <interp xml:id="E2">Ebene 2</interp>
              <interp xml:id="E3">Ebene 3</interp>
              <interp xml:id="E4">Ebene 4</interp>
              <interp xml:id="E5">Ebene 5</interp>
              <interp xml:id="E6">Ebene 6</interp>
            </interpGrp>
            <interpGrp type="Narrative_Darstellungsformen">
              <interp xml:id="AE">Allgemeine Erzählung</interp>
              <interp xml:id="SP">Selbstportrait</interp>
              <interp xml:id="FP">Fremdportrait</interp>
              <interp xml:id="D">Dialog</interp>
              <interp xml:id="AL">Allegorisches Erzählen</interp>
              <interp xml:id="TR">Traumerzählung</interp>
              <interp xml:id="F">Fabelerzählung</interp>
              <interp xml:id="S">Satirisches Erzählen</interp>
              <interp xml:id="EX">Exemplarisches Erzählen</interp>
              <interp xml:id="UT">Utopische Erzählung</interp>
              <interp xml:id="MT">Metatextualität</interp>
              <interp xml:id="ZM">Zitat/Motto</interp>
              <interp xml:id="LB">Leserbrief</interp>
            </interpGrp>
          </ab>
        </interpretation>
      </editorialDecl>
    </encodingDesc>
    <profileDesc>
      <creation>
        <name type="place">Graz, Austria</name>
      </creation>
      <langUsage>
        <language ident="es">Spanish; Castilian</language>
      </langUsage>
      <textClass>
        <keywords scheme="http://gams.uni-graz.at/mws">
          <term>
            <term xml:lang="de">Moral</term>
            <term xml:lang="it">Morale</term>
            <term xml:lang="en">Morale</term>
            <term xml:lang="es">Moral</term>
            <term xml:lang="fr">Morale</term>
          </term>
          <term>
            <term xml:lang="de">Menschenbild</term>
            <term xml:lang="it">Immagine
                            dell&apos;Umanità</term>
            <term xml:lang="en">Idea of Man</term>
            <term xml:lang="es">Imagen de los Hombres</term>
            <term xml:lang="fr">Image de
                            l’humanité</term>
          </term>
        </keywords>
      </textClass>
      <textClass>
        <keywords scheme="cirilo:normalizedPlaceNames">
          <list>
            <item>
              <placeName xml:id="GID.2">
                <name ref="http://geonames.org/294640" type="fcode:PCLI">Israel</name>
                <location>
                  <geo>34.75,31.5</geo>
                </location>
              </placeName>
            </item>
            <item>
              <placeName xml:id="GID.1">
                <name ref="http://geonames.org/2510769" type="fcode:PCLI">Spain</name>
                <location>
                  <geo>-4.0,40.0</geo>
                </location>
              </placeName>
            </item>
          </list>
        </keywords>
      </textClass>
    </profileDesc>
  </teiHeader>
  <text>
    <group>
      <text ana="layout">
        <body xml:space="preserve">
                    <p rend="EU"><milestone unit="E1" xml:id="FR.1"></milestone></p>
                    <div1>
                        <head>DISCURSO VIII.</head>
                        <p rend="MO"><hi rend="italic"><milestone unit="ZM" xml:id="FR.2"></milestone> Sola
                                vexatio intellectum dabit. <milestone rend="closer" unit="ZM"></milestone></hi></p>
                        <p rend="BA"><milestone unit="E2" xml:id="FR.3"></milestone>
                            <milestone unit="E3" xml:id="FR.4"></milestone>
                            <milestone unit="LB" xml:id="FR.5"></milestone> SEÑOR EDITOR:</p>
                        <p rend="SO">Con gran satisfaccion mia he llegado á saber que V. lleno de
                            zélo por la verdad se empeñaba en vindicar su honor, declarando la
                            guerra á la mala costumbre y al error, bajo cuya esclavitud hay tantos
                            tiempos padece los ultrages mas vergonzosos. Mi alegria se aumenta
                            indeciblemente al contemplar que V. derramará un torrente de luz, con
                            que dispará las <pb n="114"></pb> densas tinieblas que nos circundan, tanto
                            á mi, como á muchos jovenes (algunos de cien años) á cuyo cuidado está
                            confiado el negocio mas arduo y mas sagrado; pero en cuyo desempeño por
                            desgracia nuestra andamos á tientas con peligro tanto nuestro, como de
                            los que nos lo han encomendado, y lo que es peor, de aquellos á quienes
                            por mil motivos debiamos ser de una suma utilidad. No puedo ponderar á
                            V. las imagenes lisonjeras que se me presentan. Ya veo renacer un mundo
                            nuevo, que parece un Cielo, de las tristes reliquias de este añexo, que
                            tanto remeda al Infierno. ¡Todo el <placeName corresp="#CAT" key="Königreich Galizien" xml:id="SID.1">Reyno de
                                Galicia</placeName>, quando menos, al nivel de aquella Divina regla!
                            : : : : No estrañe V. que se arrebate tanto mi imaginacion, pues veo ya
                            iluminados sus caudillos con la verdadera luz.Ya los veo seguir, sin
                            desviarse nada, las huellas del unico Maestro y Doctor.</p>
                        <p><milestone unit="E4" xml:id="FR.6"></milestone> Pero yo sueño : : : : ¡Lo que hace
                            un vivo deseo : : : ! Ah! Mis lugubres ideas vuelven á agitarme. Ya
                            volveré como antes <pb n="115"></pb> á regar mi aposento y lecho con el
                            llanto : : Si: La duda que tengo del valor de V. me cubre de luto y
                            amargura. Ni todo el nombre de un <persName corresp="#CAT" key="Cato, Marcus Porcius" subtype="H" xml:id="PN.1">Caton</persName> que V. se
                            impuso; ni el sufrimiento preventivo con que V. se alienta, me dan el
                            menor consuelo. Todo me parece una caucion muy pequeña, é incapaz de
                            asegurarme del valor heroyco que se necesita para decirnos algunas cosas
                            que deben decirsenos indispensablemente. No sé que late en mi corazon,       
                     que no solamente me hace perder la esperanza de algunos desengaños que
                            nos arranquen de nuestros funestos errores, sinó tambien de que tome V.
                            ni de cien leguas Cartas en el asunto. ¡Valgame Dios! que solo á
                            nosotros se nos han de escasear las verdades!</p>
                        <p>Si acaso en esto no me engaño, permitame V. que le pregunte el motivo de
                            esta cobardía. ¿Será por ventura el recelo de algun sentimiento? Ah! Los
                            que pudieran causarselos à V. los tienen reservados para los que tratan
                            estos asuntos tan graves con aquel tono bufon, satirico y <pb n="116"></pb>
                            mordáz, con que mas bien dan á entender las falsas idéas, y acaso la
                            impiedad de que están imbuídos, que el deseo de la gloria de Dios que en
                            nada buscan, y del interés general que tampoco es su fin, ni se logra
                            por tales caminos. Aquellos discursos propagadores de la novedad
                            peligrosa, ó de la falsa doctrina son muy acreedores á un anathema
                            eterno. Las personalidades, las burlas, y otros medios iguales deben
                            producir á sus Autores mil bochornos, principalmente quando se emplean
                            contra objetos dignos de respeto. Pero V. por que ha de recelar el que
                            llegue á tildarsele una linea de un solo discurso, trabajandolos todos
                            en la Oficina de la prudencia, y de la verdadera sabiduría? O piensa V.
                            que perderá el tiempo, y no conseguirá nada? Pues yo estoy firmemente
                            persuadido que se logrará mucho. Confieso, que con las personas que <hi rend="italic">padecen</hi> será tan poco lo que conseguirá V. ahora,
                            que saldrá muy bien librado con oir solamente sus carcajadas; <pb n="117"></pb> pero las personas que <hi rend="italic">hacen</hi>,
                            aquellas personas respetables que oprimidas bajo el peso enorme de una
                            infnidad de asuntos vastisimos no pueden oir, ni ver siempre lo que hay,
                            ni por consiguiente lo que debe haver, aun quando tengan cerradas sus
                            Camaras para los demás, no asi para el <name corresp="#CAT" key="El Catón compostelano" type="work" xml:id="WT.1">Caton</name>, que ha de
                            tener franca la entrada, á lo menos una vez cada semana: dice sus
                            verdades, sin remedio se le escuchan, se pesan, y ¿que resultará de
                            aqui? que se harán poner en planta, pues es regular que no sean
                            impracticables.</p>
                        <p>Por ultimo ¿teme V. desviarse de su plan? Jamás estará V. mas adicto á
                            el, que quando proponga los medios para que se reforme el corazon
                            humano. Y ¿por donde empezará V. mejor que por los moldes en que debe
                            vaciarse, procurando templarlos al fuego de la verdad?</p>
                        <p>Procure V. esto, que le prometo mil satisfacciones, y entre las mas
                            principales, la de ver derretirse de suyo esa porcion de <persName corresp="#CAT" key="Adonis" subtype="F" xml:id="PN.2">Adonis</persName> y Mondoris, que intenta fun-<pb n="118"></pb>dir en
                            hombres. Por otra parte; V. escusa de clamar, ni contra nuestra
                            ignorancia, ni contra nuestros abusos y costumbres, ni encarnizarse
                            contra los funestos efectos de aquellas causas. Esto podría producirle
                            sus amarguras, exâsperaría los animos, y además quedarian las cosas como
                            estaban.</p>
                        <p>Yo me atrevo, aunque con la mayor cobardía, á aconsejarle un medio muy
                            suave, y eficáz á mi entender. Se reduce á que V. se sirva demostrar en
                            un Discurso, aunque sea corto, <hi rend="italic">qual era el Autor de
                                Moral por donde se estudiaba en los primeros siglos de la
                                Iglesia</hi> (que tiempos aquellos!) <hi rend="italic">para sufrir
                                el exâmen para Ordenes, exponerse de Confesores, etc.</hi> Nada mas.
                            ¡Y que! Le parece á V. que sería pequeño este hallazgo? Me persuado por
                            decontado, que puesto en nuestras manos, en nuestro entendimiento, y
                            mejor aun en nuestro corazon sería para las vallas de nuestros errores,
                            lo que las trompetas tocadas al rededor de Jericó por los Sacer-<pb n="119"></pb>dotes. En segundo lugar: haciendo una misma substancia con
                            nosotros á ese Autor escondido, que espero en Dios y en V. le hemos de
                            encontrar, aunque lo cueste revolver todas las Bibliotecas y Archivos,
                            seguramente se renovará en nosotros el espíritu que animaba á los
                                <persName corresp="#CAT" key="Ignatius von Loyola" subtype="H" xml:id="PN.3">Ignacios</persName>, á los <persName corresp="#CAT" key="Polykarp von Smyrna" subtype="H" xml:id="PN.4">Policarpos</persName>, <persName corresp="#CAT" key="Justinan" subtype="U" xml:id="PN.5">Justinos</persName>, <persName corresp="#CAT" key="Irenäus von Lyon" subtype="H" xml:id="PN.6">Ireneos</persName>, <persName corresp="#CAT" key="Cyprian" subtype="U" xml:id="PN.7">Cyprianos</persName>, <persName corresp="#CAT" key="Laurentius" subtype="H" xml:id="PN.8">Lorenzos</persName>, <persName corresp="#CAT" key="Hilarius" subtype="H" xml:id="PN.9">Hilarios</persName>, <persName corresp="#CAT" key="Athanasius der Große" subtype="H" xml:id="PN.10">Athanasios</persName>, &amp;c. &amp;c. &amp;c. y por una inmediata
                            conseqüencia llegarémos á ser unas piedras, no en que hociquen los
                            Pueblos, sinó unas piedras preciosas, cuyo esplendor ofusque el falso
                            brillo con que deslumbra la corrupcion general à casi todos los hombres,
                            ilumine á los que andan entre las sombras de la muerte, y adorne el
                            edificio de la Iglesia. </p>
                        <p>Y ¿no bastarán estas tan seguras como lisonjeras esperanzas, para que V.
                            se resuelva á arrimar el hombro á esta tan buena obra, descubriendonos
                            este secreto? ¿Aun temerá V. algun sinsabór por decirnos en quatro
                            palabras, ó en quantas guste: „En tal tiempo se leía ó estudia-<pb n="120"></pb>ba tal obra antes y despues de ser Sacardote: Consta por
                            tal y tal documento, que fué escrita por N., dictada ó inspirada por N:
                            impresa (sinó es manuscrita) en N: hay ó no hay exemplares: está en tal
                            ó tal idioma, &amp;c. y poner al canto las pruebas? Tendrá V. que sentir
                            por esto?”</p>
                        <p>Desengañese V. Señor Editor, que ó es muy grande mi ilusion, ó con tal
                            noticia se pondrán en movimiento las personas, en cuya mano está la
                            potestad, para hacerlo venir; lo harán estudiar ó comer (que no es el
                            primer volumen que se come) á los Exâminadores y Exâminandos, y en sus
                            mesas no se oirán mas preguntas que acerca de su Doctrina. Ah! y que
                            contento moriría V. solo por haver tenido parte en una obra de que pende
                            toda la felicidad, por mas que el Vulgo de todas clases no quiera
                            creerlo! Dios quiera que V. se aníme.</p>
                        <p>En tal caso, desde ahora para entonces le suplico, que en qualquiera
                            parte <pb n="121"></pb> del tal Discurso amenace V. con toda fuerza hasta
                            darles convulsion, y hacerles caer la pluma de la mano á aquellos
                            zurzidores y remendones nefandos, que á poder de costurones y otras mil
                            monstruosidades desfiguran toda una obra, y quando menos la hacen
                            inutil. Si: amedrentelos V. mucho, que sinó ya les veo tomar tinta al
                            acabar de leer su Discurso, si esperan á tanto para <hi rend="italic">ilustrar</hi> ó para encajar un monton de <hi rend="italic">Notas</hi> al Autor deseado, y llenarlo todo de quantas
                            impertinencias produce el genio, ó la pasion, ó el interés. Ya les veo
                            desechando esto, como que no obliga en los tiempos presentes; aquello
                            que es para tal clase; que para cumplir con tal precepto bastan tantas
                            onzas, ó tantos adarmes de accion, que se haga asi, ó asa. . . .
                            Cierreles V. la boca, aunque sea ermeticamente, á fin de que con sus
                            vomitos no ensucien la Moral; y que no se desvíen ellos, ni nos hagan
                            desviar á nosotros de la Fuente de aguas vivas, para ir á apagar nuestra
                                <pb n="122"></pb> sed, y la de nuestros rebaños á unas cisternas que
                            hacen agua, y que en el fango ó sedimento que conservan unicamente,
                            esconden ¡O Santo <persName corresp="#CAT" key="Gott" subtype="F" xml:id="PN.11">Dios</persName>! Sabandijas venenosas.</p>
                        <p>Pero ya sale de la boca de V. otro tropel de inconvenientes, que parecen
                            otras tantas objeciones, y que á mi mismo me convencerían, si lo que por
                            mi desgracia observo no me remontara sobre el ultimo grado de la
                            evidencia, y no me asegurara en mi pensamiento. V. dice; que a un
                            concedido el caso de que se hallase esta obra por que tanto clamo, y se
                            pusiese en manos de todos los que aspirasen al Magisterio de <placeName corresp="#CAT" key="#GID.2" xml:id="SID.2">Israél</placeName>, con
                            muchisimos nada se conseguiría, porque no tendrían alcances para
                            comprehenderla. Valgame Dios, Señor Editor! ¿Y sinó los tenian, no
                            havria para ellos destíno en la Sociedad? Bien está eso, insta V.; pero
                            entonces se acortará indeciblemente el numero, se disminuirán lejos de
                            multiplicarse los operarios. Pero se aumenta <pb n="123"></pb> la alegría,
                            le respondo á V. y mejor que yo lo hace <persName corresp="#CAT" key="Benedikt XIV." subtype="H" xml:id="PN.12">Benedicto
                                XIV</persName>. en su Institucion 42. Por ultimo el que los
                            Discursos de V. anden en manos de todos, lejos de ser un inconveniente,
                            es á mi juicio un estimulo mas agudo, para que V. no solamente se
                            resuelva, sinó que se resuelva pronto á manifestar este especifico tan
                            inocente y de tanta virtud para curar en su origen este mal, esta
                            epidemia, que sinó se ataja luego, serán incalculables los daños que
                            ocasionará. Es preciso verlo. Es preciso viajar por los Países
                            Christianos, para llegar á creer el extremo á que llegaron las cosas.
                            Pero la lastima es, que los que lo vemos no podemos remediarlo; y los
                            que pueden no lo ven, y asi no pueden pensar en la cura. Digaselo V. que
                            tal vez havrá visto algo. <milestone rend="closer" unit="E4"></milestone></p>        
                <p>!Quanto estimára poder hablar boca á boca con V.! Me persuado que sería
                            muy distinto el concepto que formaría de mis voces, que el que hará de
                            este <pb n="124"></pb> escrito; y que al paso que le convenciese de esta
                            lastimosa necesidad, le havia de disipar todos esos recelos (perdoneme
                            V. si me excedo) nada propios de un <persName corresp="#CAT" key="Cato, Marcus Porcius" subtype="H" xml:id="PN.13">Caton</persName>, que se reanima en los ultimos periodos del Siglo
                            XVIII. es decir: de un Siglo que por mas que la voz general lo califique
                            de ilustrado, la realidad encuentra en el muy buena dosis de opacidad,
                            precisamente en donde havia de haver mas luces. Pero al fin, si V. no
                            quiere acceder á mi insinuacion; si esta le parece un desvario; si V. no
                            cree que hay tantos males, como le apunto; si no le parece asunto digno
                            de su atencion; si se persuade que todo está bien por la parte por donde
                            ando, ó que si está mal, que es preciso dejarlo asi, y ni aun à tan poca
                            costa quiere V. al mismo tiempo que demuestra el remedio, avisar del
                            contagio á aquellos mismos que podian atajarlo, nada mas haré que
                            repetirle la primera linea de esta Carta:</p>
                        <p><milestone unit="ZM" xml:id="FR.7"></milestone>
                            <hi rend="italic">Sola vexatio intellectum dabit.</hi>
                            <milestone rend="closer" unit="ZM"></milestone></p>
                        <p rend="BU"><pb n="125"></pb> Hasta entonces queda de V. su atento Servidor -:-
                                <persName corresp="#CAT" key="Lerdos, Josafat Cayo" subtype="U" xml:id="PN.14">Josafat Cayo Lerdos</persName>. -:-</p>
                        <p>P. D. Ya tenia cerrada esta, y me ocurrió otra cosa. No quise omitirla,
                            por que tal vez podrá determinar á V., y sinó podrá arder con lo demás.
                            Acuerdese V. que no hay Seminarios de educacion para los Jovenes que
                            aspiran al Estado de que trato; y que la ciencia y virtud que exîge no
                            se adquieren con las lecciones que dan los libros, que comunmente se
                            leen, ni con la crianza que dan los Padres, principalmente en el campo.
                            Ah! corramos un velo sobre tal espectaculo. <milestone rend="closer" unit="LB"></milestone>
                            <milestone rend="closer" unit="E3"></milestone></p>
                        <p rend="EU"><milestone unit="E3" xml:id="FR.8"></milestone></p>
                        <div3>
                            <head>VARIEDADES.</head>
                            <p rend="SO"><milestone unit="MT" xml:id="FR.9"></milestone> En otro Discurso
                                manifestaré á V. <persName corresp="#CAT" key="Ledros, Josafat Cayo" subtype="U" xml:id="PN.15">Sr. D. Josafat</persName>
                                lo que desea, si se encuentra; para cuyo fin voy á registrar todas
                                las Bibliotecas de <placeName corresp="#CAT" key="#GID.1" xml:id="SID.3">España</placeName>, y aun las del Orbe habitado. A
                                otra cosa. <milestone rend="closer" unit="MT"></milestone></p>
                            <p>¿Por qué el hombre se pretenderá acreedor á ser amado, quando hace
                                todo lo posible para hacerse odioso? ¿No es <pb n="126"></pb> pretension
                                temeraria exîgir de su semejante el amor, siendo asi que en vez de
                                obligarle à corresponder le desvia con el mal tratamiento, ó
                                alegrandose de verle caer en el infortunio, y aun á veces insultando
                                á su desgracia? Y que sucede si le vé levantarse del polvo con
                                felicidad? Apesararse, tenerle embidia, y persuadir á otros de que
                                aquel no es digno de la prosperidad que disfruta. Pues supongamos
                                que le advierte algunos defectos ¿por ventura se los oculta y le
                                aconseja su reforma? Lejos de esto, es el primero en descubrirselos,
                                y mofarse de el; y si le reconoce con algun merito? O Cielos! No hay
                                sofistería que no imagíne para eludir su confesion, y para
                                destruirselo, ó sinó para obscurecerlo á los ojos de los demás. De
                                esta manera es como el hombre quiere captarse la voluntad de su
                                semejante ¿y lo conseguirá? El lo experimenta, que nos responda.</p>
                            <p>¿Que vemos, pues, que sucede, quando el hombre se indigna contra otro
                                    <pb n="127"></pb> hombre? ¿Que? ... que lejos de suavizarle este con
                                sus caricias, busca medios de agriarle mas; y muchas veces por este
                                sentimiento de falso honor, que se llama venganza, hace enemigos
                                implacables á aquellos á quienes no se necesitaba mas que un poco de
                                paciencia y dulzura para convertirlos en verdaderos amigos. En fin
                                el hombre quiere obrar como Tyrano, y ser amado como Bienechor, y
                                quiere tratar á los demás como Enemigos y Esclavos, y que à el le
                                traten como Hermano. No quiere tener bondad, dulzura, misericordia,
                                ni paciencia, y quiere en correspondencia ser amado. Está lleno de
                                crueldad, de dureza, de odio, de desprecio, de venganza, de orgullo,
                                y de malicia, y se queja de ser aborrecido. Hace el menos bien y mas
                                mal que puede, y se admira de no hallar amigos. Ciertamente no hay
                                alguno que si quiere ganar el afecto de cualquiera animal, observe
                                con el una conducta tan imprudente: luego es mayor ridiculéz querer
                                que <pb n="128"></pb> el hombre que sabe discernir el bien del mal, no
                                tenga aversion á aquellos que no le hacen sinó mal, siendo asi que
                                el instinto solamente enseña á los irracionales á tenerla á todo
                                quanto les es contrario.</p>
                            <p>Vuelvo à repetirlo todavia. No hay cosa mas facil que hacerse amar, y
                                no hay alma tan feróz que se resista á los encantos de la amistad.
                                Bajo qualquiera Cielo que haya nacido aquella, y por grande que sea     
                           la barbarie en que se haya nutrido, siempre està sujeta á la
                                amistad. No son las Leyes, la Politica, ni el estudio de la
                                Filosofia, quien enseña á los hombres á hacerse reciprocos. El mismo
                                fuego que se enciende en las venas para vengarse de los ultrages que
                                le hacen, causa en su corazon movimientos de afecto y reconocimiento
                                para con aquellos que le hacen bien; y no temo decir con <persName corresp="#CAT" key="Xenophon" subtype="H" xml:id="PN.16">Xenofonte</persName>: <milestone unit="ZM" xml:id="FR.10"></milestone>
                                <hi rend="italic">Que no hay animal, que sea naturalmente tan bueno,
                                    y reconocido como el hombre.</hi>
                                <milestone rend="closer" unit="ZM"></milestone>
                                <milestone rend="closer" unit="E3"></milestone>
                                <milestone rend="closer" unit="E2"></milestone>
                                <milestone rend="closer" unit="E1"></milestone></p>
                            <p></p>
                        </div3>
                    </div1>
                </body>
      </text>
      <text ana="framings">
        <body xml:space="preserve">
                    <div>
                        <ab>
                            <seg synch="#FR.1" type="E1">
                                <seg type="U1">DISCURSO VIII.</seg>
                                <seg type="MO"><seg synch="#FR.2" type="ZM"> Sola vexatio
                                        intellectum dabit. </seg></seg>
                                <seg synch="#FR.3" type="E2">
                                    <seg synch="#FR.4" type="E3">
                                        <seg synch="#FR.5" type="LB"> SEÑOR EDITOR: Con gran
                                            satisfaccion mia he llegado á saber que V. lleno de zélo
                                            por la verdad se empeñaba en vindicar su honor,
                                            declarando la guerra á la mala costumbre y al error,
                                            bajo cuya esclavitud hay tantos tiempos padece los
                                            ultrages mas vergonzosos. Mi alegria se aumenta
                                            indeciblemente al contemplar que V. derramará un
                                            torrente de luz, con que dispará las <pb n="114"></pb>densas
                                            tinieblas que nos circundan, tanto á mi, como á muchos
                                            jovenes (algunos de cien años) á cuyo cuidado está
                                            confiado el negocio mas arduo y mas sagrado; pero en
                                            cuyo desempeño por desgracia nuestra andamos á tientas
                                            con peligro tanto nuestro, como de los que nos lo han
                                            encomendado, y lo que es peor, de aquellos á quienes por
                                            mil motivos debiamos ser de una suma utilidad. No puedo
                                            ponderar á V. las imagenes lisonjeras que se me
                                            presentan. Ya veo renacer un mundo nuevo, que parece un
                                            Cielo, de las tristes reliquias de este añexo, que tanto
                                            remeda al Infierno. ¡Todo el Reyno de Galicia, quando
                                            menos, al nivel de aquella Divina regla! : : : : No
                                            estrañe V. que se arrebate tanto mi imaginacion, pues
                                            veo ya iluminados sus caudillos con la verdadera luz.Ya
                                            los veo seguir, sin desviarse nada, las huellas del
                                            unico Maestro y Doctor. <seg synch="#FR.6" type="E4">
                                                Pero yo sueño : : : : ¡Lo que hace un vivo deseo : :
                                                : ! Ah! Mis lugubres ideas vuelven á agitarme. Ya
                                                volveré como antes <pb n="115"></pb>á regar mi aposento
                                                y lecho con el llanto : : Si: La duda que tengo del
                                                valor de V. me cubre de luto y amargura. Ni todo el
                                                nombre de un Caton que V. se impuso; ni el
                                                sufrimiento preventivo con que V. se alienta, me dan
                                                el menor consuelo. Todo me parece una caucion muy                          
                      pequeña, é incapaz de asegurarme del valor heroyco
                                                que se necesita para decirnos algunas cosas que
                                                deben decirsenos indispensablemente. No sé que late
                                                en mi corazon, que no solamente me hace perder la
                                                esperanza de algunos desengaños que nos arranquen de
                                                nuestros funestos errores, sinó tambien de que tome
                                                V. ni de cien leguas Cartas en el asunto. ¡Valgame
                                                Dios! que solo á nosotros se nos han de escasear las
                                                verdades! Si acaso en esto no me engaño, permitame
                                                V. que le pregunte el motivo de esta cobardía. ¿Será
                                                por ventura el recelo de algun sentimiento? Ah! Los
                                                que pudieran causarselos à V. los tienen reservados
                                                para los que tratan estos asuntos tan graves con
                                                aquel tono bufon, satirico y <pb n="116"></pb>mordáz,
                                                con que mas bien dan á entender las falsas idéas, y
                                                acaso la impiedad de que están imbuídos, que el
                                                deseo de la gloria de Dios que en nada buscan, y del
                                                interés general que tampoco es su fin, ni se logra
                                                por tales caminos. Aquellos discursos propagadores
                                                de la novedad peligrosa, ó de la falsa doctrina son
                                                muy acreedores á un anathema eterno. Las
                                                personalidades, las burlas, y otros medios iguales
                                                deben producir á sus Autores mil bochornos,
                                                principalmente quando se emplean contra objetos
                                                dignos de respeto. Pero V. por que ha de recelar el
                                                que llegue á tildarsele una linea de un solo
                                                discurso, trabajandolos todos en la Oficina de la
                                                prudencia, y de la verdadera sabiduría? O piensa V.
                                                que perderá el tiempo, y no conseguirá nada? Pues yo                                     
           estoy firmemente persuadido que se logrará mucho.
                                                Confieso, que con las personas que padecen será tan
                                                poco lo que conseguirá V. ahora, que saldrá muy bien
                                                librado con oir solamente sus carcajadas; <pb n="117"></pb>pero las personas que hacen, aquellas
                                                personas respetables que oprimidas bajo el peso
                                                enorme de una infnidad de asuntos vastisimos no
                                                pueden oir, ni ver siempre lo que hay, ni por
                                                consiguiente lo que debe haver, aun quando tengan
                                                cerradas sus Camaras para los demás, no asi para el
                                                Caton, que ha de tener franca la entrada, á lo menos
                                                una vez cada semana: dice sus verdades, sin remedio
                                                se le escuchan, se pesan, y ¿que resultará de aqui?                                     
           que se harán poner en planta, pues es regular que no
                                                sean impracticables. Por ultimo ¿teme V. desviarse
                                                de su plan? Jamás estará V. mas adicto á el, que
                                                quando proponga los medios para que se reforme el
                                                corazon humano. Y ¿por donde empezará V. mejor que
                                                por los moldes en que debe vaciarse, procurando
                                                templarlos al fuego de la verdad? Procure V. esto,
                                                que le prometo mil satisfacciones, y entre las mas
                                                principales, la de ver derretirse de suyo esa
                                                porcion de Adonis y Mondoris, que intenta fun-<pb n="118"></pb>dir en hombres. Por otra parte; V. escusa
                                                de clamar, ni contra nuestra ignorancia, ni contra
                                                nuestros abusos y costumbres, ni encarnizarse contra
                                                los funestos efectos de aquellas causas. Esto podría
                                                producirle sus amarguras, exâsperaría los animos, y
                                                además quedarian las cosas como estaban. Yo me
                                                atrevo, aunque con la mayor cobardía, á aconsejarle
                                                un medio muy suave, y eficáz á mi entender. Se
                                                reduce á que V. se sirva demostrar en un Discurso,
                                                aunque sea corto, qual era el Autor de Moral por
                                                donde se estudiaba en los primeros siglos de la
                                                Iglesia (que tiempos aquellos!) para sufrir el
                                                exâmen para Ordenes, exponerse de Confesores, etc.
                                                Nada mas. ¡Y que! Le parece á V. que sería pequeño
                                                este hallazgo? Me persuado por decontado, que puesto
                                                en nuestras manos, en nuestro entendimiento, y mejor
                                                aun en nuestro corazon sería para las vallas de
                                                nuestros errores, lo que las trompetas tocadas al
                                                rededor de Jericó por los Sacer-<pb n="119"></pb>dotes.                           
                     En segundo lugar: haciendo una misma substancia con
                                                nosotros á ese Autor escondido, que espero en Dios y
                                                en V. le hemos de encontrar, aunque lo cueste
                                                revolver todas las Bibliotecas y Archivos,
                                                seguramente se renovará en nosotros el espíritu que
                                                animaba á los Ignacios, á los Policarpos, Justinos,
                                                Ireneos, Cyprianos, Lorenzos, Hilarios, Athanasios,
                                                &amp;c. &amp;c. &amp;c. y por una inmediata
                                                conseqüencia llegarémos á ser unas piedras, no en
                                                que hociquen los Pueblos, sinó unas piedras
                                                preciosas, cuyo esplendor ofusque el falso brillo
                                                con que deslumbra la corrupcion general à casi todos
                                                los hombres, ilumine á los que andan entre las
                                                sombras de la muerte, y adorne el edificio de la
                                                Iglesia. Y ¿no bastarán estas tan seguras como
                                                lisonjeras esperanzas, para que V. se resuelva á
                                                arrimar el hombro á esta tan buena obra,
                                                descubriendonos este secreto? ¿Aun temerá V. algun
                                                sinsabór por decirnos en quatro palabras, ó en
                                                quantas guste: „En tal tiempo se leía ó estudia-<pb n="120"></pb>ba tal obra antes y despues de ser
                                                Sacardote: Consta por tal y tal documento, que fué
                                                escrita por N., dictada ó inspirada por N: impresa
                                                (sinó es manuscrita) en N: hay ó no hay exemplares:
                                                está en tal ó tal idioma, &amp;c. y poner al canto
                                                las pruebas? Tendrá V. que sentir por esto?”
                                                Desengañese V. Señor Editor, que ó es muy grande mi
                                                ilusion, ó con tal noticia se pondrán en movimiento
                                                las personas, en cuya mano está la potestad, para
                                                hacerlo venir; lo harán estudiar ó comer (que no es
                                                el primer volumen que se come) á los Exâminadores y
                                                Exâminandos, y en sus mesas no se oirán mas
                                                preguntas que acerca de su Doctrina. Ah! y que
                                                contento moriría V. solo por haver tenido parte en
                                                una obra de que pende toda la felicidad, por mas que
                                                el Vulgo de todas clases no quiera creerlo! Dios
                                                quiera que V. se aníme. En tal caso, desde ahora
                                                para entonces le suplico, que en qualquiera parte
                                                  <pb n="121"></pb>del tal Discurso amenace V. con toda
                                                fuerza hasta darles convulsion, y hacerles caer la
                                                pluma de la mano á aquellos zurzidores y remendones
                                                nefandos, que á poder de costurones y otras mil                               
                 monstruosidades desfiguran toda una obra, y quando
                                                menos la hacen inutil. Si: amedrentelos V. mucho,
                                                que sinó ya les veo tomar tinta al acabar de leer su
                                                Discurso, si esperan á tanto para ilustrar ó para
                                                encajar un monton de Notas al Autor deseado, y
                                                llenarlo todo de quantas impertinencias produce el
                                                genio, ó la pasion, ó el interés. Ya les veo
                                                desechando esto, como que no obliga en los tiempos
                                                presentes; aquello que es para tal clase; que para
                                                cumplir con tal precepto bastan tantas onzas, ó
                                                tantos adarmes de accion, que se haga asi, ó asa. .
                                                . . Cierreles V. la boca, aunque sea ermeticamente,
                                                á fin de que con sus vomitos no ensucien la Moral; y
                                                que no se desvíen ellos, ni nos hagan desviar á
                                                nosotros de la Fuente de aguas vivas, para ir á
                                                apagar nuestra <pb n="122"></pb>sed, y la de nuestros
                                                rebaños á unas cisternas que hacen agua, y que en el
                                                fango ó sedimento que conservan unicamente, esconden
                                                ¡O Santo Dios! Sabandijas venenosas. Pero ya sale de
                                                la boca de V. otro tropel de inconvenientes, que
                                                parecen otras tantas objeciones, y que á mi mismo me
                                                convencerían, si lo que por mi desgracia observo no
                                                me remontara sobre el ultimo grado de la evidencia,
                                                y no me asegurara en mi pensamiento. V. dice; que a
                                                un concedido el caso de que se hallase esta obra por
                                                que tanto clamo, y se pusiese en manos de todos los
                                                que aspirasen al Magisterio de Israél, con
                                                muchisimos nada se conseguiría, porque no tendrían
                                                alcances para comprehenderla. Valgame Dios, Señor
                                                Editor! ¿Y sinó los tenian, no havria para ellos
                                                destíno en la Sociedad? Bien está eso, insta V.;
                                                pero entonces se acortará indeciblemente el numero,
                                                se disminuirán lejos de multiplicarse los operarios.
                                                Pero se aumenta <pb n="123"></pb>la alegría, le respondo
                                                á V. y mejor que yo lo hace Benedicto XIV. en su
                                                Institucion 42. Por ultimo el que los Discursos de
                                                V. anden en manos de todos, lejos de ser un
                                                inconveniente, es á mi juicio un estimulo mas agudo,
                                                para que V. no solamente se resuelva, sinó que se
                                                resuelva pronto á manifestar este especifico tan
                                                inocente y de tanta virtud para curar en su origen                                        
        este mal, esta epidemia, que sinó se ataja luego,
                                                serán incalculables los daños que ocasionará. Es
                                                preciso verlo. Es preciso viajar por los Países
                                                Christianos, para llegar á creer el extremo á que
                                                llegaron las cosas. Pero la lastima es, que los que
                                                lo vemos no podemos remediarlo; y los que pueden no
                                                lo ven, y asi no pueden pensar en la cura. Digaselo
                                                V. que tal vez havrá visto algo. </seg> !Quanto
                                            estimára poder hablar boca á boca con V.! Me persuado
                                            que sería muy distinto el concepto que formaría de mis
                                            voces, que el que hará de este <pb n="124"></pb>escrito; y
                                            que al paso que le convenciese de esta lastimosa
                                            necesidad, le havia de disipar todos esos recelos
                                            (perdoneme V. si me excedo) nada propios de un Caton,
                                            que se reanima en los ultimos periodos del Siglo XVIII.
                                            es decir: de un Siglo que por mas que la voz general lo
                                            califique de ilustrado, la realidad encuentra en el muy
                                            buena dosis de opacidad, precisamente en donde havia de
                                            haver mas luces. Pero al fin, si V. no quiere acceder á
                                            mi insinuacion; si esta le parece un desvario; si V. no
                                            cree que hay tantos males, como le apunto; si no le
                                            parece asunto digno de su atencion; si se persuade que
                                            todo está bien por la parte por donde ando, ó que si
                                            está mal, que es preciso dejarlo asi, y ni aun à tan
                                            poca costa quiere V. al mismo tiempo que demuestra el
                                            remedio, avisar del contagio á aquellos mismos que
                                            podian atajarlo, nada mas haré que repetirle la primera
                                            linea de esta Carta: <seg synch="#FR.7" type="ZM"> Sola
                                                vexatio intellectum dabit. </seg>
                                            <pb n="125"></pb>Hasta entonces queda de V. su atento
                                            Servidor -:- Josafat Cayo Lerdos. -:- P. D. Ya tenia
                                            cerrada esta, y me ocurrió otra cosa. No quise omitirla,
                                            por que tal vez podrá determinar á V., y sinó podrá
                                            arder con lo demás. Acuerdese V. que no hay Seminarios
                                            de educacion para los Jovenes que aspiran al Estado de
                                            que trato; y que la ciencia y virtud que exîge no se
                                            adquieren con las lecciones que dan los libros, que
                                            comunmente se leen, ni con la crianza que dan los
                                            Padres, principalmente en el campo. Ah! corramos un velo
                                            sobre tal espectaculo. </seg>
                                    </seg>
                                    <seg synch="#FR.8" type="E3">                                     
   <seg type="U3">VARIEDADES.</seg>
                                        <seg synch="#FR.9" type="MT"> En otro Discurso manifestaré á
                                            V. Sr. D. Josafat lo que desea, si se encuentra; para
                                            cuyo fin voy á registrar todas las Bibliotecas de
                                            España, y aun las del Orbe habitado. A otra cosa. </seg>
                                        ¿Por qué el hombre se pretenderá acreedor á ser amado,
                                        quando hace todo lo posible para hacerse odioso? ¿No es <pb n="126"></pb>pretension temeraria exîgir de su semejante el
                                        amor, siendo asi que en vez de obligarle à corresponder le
                                        desvia con el mal tratamiento, ó alegrandose de verle caer
                                        en el infortunio, y aun á veces insultando á su desgracia? Y
                                        que sucede si le vé levantarse del polvo con felicidad?
                                        Apesararse, tenerle embidia, y persuadir á otros de que
                                        aquel no es digno de la prosperidad que disfruta. Pues
                                        supongamos que le advierte algunos defectos ¿por ventura se
                                        los oculta y le aconseja su reforma? Lejos de esto, es el                
                        primero en descubrirselos, y mofarse de el; y si le reconoce
                                        con algun merito? O Cielos! No hay sofistería que no imagíne
                                        para eludir su confesion, y para destruirselo, ó sinó para
                                        obscurecerlo á los ojos de los demás. De esta manera es como
                                        el hombre quiere captarse la voluntad de su semejante ¿y lo
                                        conseguirá? El lo experimenta, que nos responda. ¿Que vemos,
                                        pues, que sucede, quando el hombre se indigna contra otro
                                            <pb n="127"></pb>hombre? ¿Que? ... que lejos de suavizarle
                                        este con sus caricias, busca medios de agriarle mas; y
                                        muchas veces por este sentimiento de falso honor, que se
                                        llama venganza, hace enemigos implacables á aquellos á
                                        quienes no se necesitaba mas que un poco de paciencia y
                                        dulzura para convertirlos en verdaderos amigos. En fin el
                                        hombre quiere obrar como Tyrano, y ser amado como Bienechor,
                                        y quiere tratar á los demás como Enemigos y Esclavos, y que
                                        à el le traten como Hermano. No quiere tener bondad,
                                        dulzura, misericordia, ni paciencia, y quiere en
                                        correspondencia ser amado. Está lleno de crueldad, de
                                        dureza, de odio, de desprecio, de venganza, de orgullo, y de
                                        malicia, y se queja de ser aborrecido. Hace el menos bien y
                                        mas mal que puede, y se admira de no hallar amigos.
                                        Ciertamente no hay alguno que si quiere ganar el afecto de
                                        cualquiera animal, observe con el una conducta tan
                                        imprudente: luego es mayor ridiculéz querer que <pb n="128"></pb>el hombre que sabe discernir el bien del mal, no tenga
                                        aversion á aquellos que no le hacen sinó mal, siendo asi que                       
                 el instinto solamente enseña á los irracionales á tenerla á
                                        todo quanto les es contrario. Vuelvo à repetirlo todavia. No
                                        hay cosa mas facil que hacerse amar, y no hay alma tan feróz
                                        que se resista á los encantos de la amistad. Bajo qualquiera
                                        Cielo que haya nacido aquella, y por grande que sea la
                                        barbarie en que se haya nutrido, siempre està sujeta á la
                                        amistad. No son las Leyes, la Politica, ni el estudio de la
                                        Filosofia, quien enseña á los hombres á hacerse reciprocos.
                                        El mismo fuego que se enciende en las venas para vengarse de
                                        los ultrages que le hacen, causa en su corazon movimientos
                                        de afecto y reconocimiento para con aquellos que le hacen
                                        bien; y no temo decir con Xenofonte: <seg synch="#FR.10" type="ZM"> Que no hay animal, que sea naturalmente tan
                                            bueno, y reconocido como el hombre. </seg>
                                    </seg>
                                </seg>
                            </seg>
                        </ab>
                    </div>
                </body>
      </text>
    </group>
  </text>
</TEI>
