El Regañón general: Núm.59
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NÚM. 59.
Miércoles 21 de Diciembre de 1803.
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SECRETARÍA.
CORRESPONDENCIA LITERARIA DEL
MES.
Zitat/Motto
Metatextualität
Concluye la Carta
nona puesta en el Número antecedente.
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Brief/Leserbrief
A la verdad, transformar el
zueco de Thalía en el coturno de Melpomene, es una árdua
empresa, y muy superior á las fuerzas del señor
Trigueros. La Estrella de Sevilla no era una comedia
propiamente tal, sino un drama del género que en el dia
nos quieren introducir los extrangeros como fruto de un
ingenio aleman. Que Lope concluyese diciendo nada prueba, pues tragedia aquí (y
perdóneme la memoria del señor Trigueros) no debe
tomarse en su sentido rigoroso (tragedia); en este caso
su autor la hubiera intitulado así, y no lo executó,
ántes bien la llamó comedia; luego aquella voz en el
final solo nos recuerda el lastimoso acaecimiento
(infortunata res) que ha excitado las pasiones del
héroe. Si el interes que este drama inspira no es
trágico, no tiene la culpa el autor, sino el refundidor
que, sin saber, quiso hacer tragedia la
que no lo era. Sin embargo, ciego el crítico de cólera
contra Lope, le atribuye estos dos versos de la cosecha
del señor Trigueros, y con los quales concluyó á lo
trágico su refundicion; “Es lo mismo, dice el crítico, que si
dixeran que donde se acaba el llano empieza la cima de
una montaña, ó que uno empieza á ser extremadamente
gordo quando dexa de ser flaco. ¡Qué ideas tan trocadas
de los héroes tenian en aquellos tiempos! En éstos se
han mudado mucho las cosas.... y creemos que donde acaba
la flaqueza, empieza, no la heroycidad, sino la
fortaleza. Ahora gustamos mucho de la verdad, y por esa
razon nos disgustan altamente estos dos versos, que
contienen una máxîma muy falsa. Tambien nos disgusta que
la declamen todos á una voz, &c." Grandemente; pero
la sentencia censurada, y el modo de declamarla es del
señor Trigueros, segun queda demostrado, pues para eso
copiamos mas arriba los postreros versos con que Lope
concluyó su comedia: luego la irónica censura contra las
ideas de Lope y de su tiempo recaen en vago por esta
parte, aunque sirven para demostrar la injusticia con
que se le censura, y para falsificar la proposicion de
que todo lo bueno que hay en esta tragedia es del señor
Trigueros. Si los límites de este papel lo permitiesen
haríamos ver, aun mas por menor, todo lo contrario.
Últimamente, segun el crítico “ la acción de matar
Roelas á un amigo, á un cuñado, al hermano de su
amante.... es contraria á la naturaleza, es inverisimil,
es poéticamente imposible, y por consiguiente falsa."
Esto está bien dicho, mas ¿cómo concordarlo con aquella
regla de Aristóteles, citada por el señor Trigueros en
su advertencia (pág. 6), á fin de convencernos de que
"la naturaleza de esta accion sobre ser una, grande y
completa, es tambien de la mejor calidad, y de las mas
propias para el teatro trágico?" Las palabras del
estagirita dicen: las perturbaciones se han de sacar de
las cosas que suceden entre amigos, como si matare ó
procurare matar un hermano á otro hermano. ¿Qué tal?
¿Cómo concordar estas medidas? Y qué, ¿la obra maestra
de Corneille, aquel tan decantado Cid, que robó á la
España, y que paró de tal guisa á fuerza
de anacronismos y tixeretadas, que no le conocerla el
mismo Guillen de Castro; aquel Cid, vuelvo á decir, no
mata á su amigo, á su suegro, al padre de su amante, y
aun despues se casa con Ximena, sin dexar por eso de ser
loado por nuestros críticos y semi-poetas
hispano-galicos? ¡Ah perseguido Lope! No temas. El
verdadero mérito resiste á la sátira. Si tu fama pudiese
extinguirse, no quedaria ya de tí mas que una débil
memoria. Los insanos críticos, los malos poetas, los
insulsos refundidores.... hasta los memorialistas
conspiran contra tus glorias; y si les fuese lícito
llegar á él, te arrojarian del Parnaso. Tu mayor delito
es no haber tenido el orgullo de los ultramontanos.
Aquella sincera confesion que hiciste sobre tus
comedias, es tu mayor censura. Aquellos tan repetidos
versos: Son el
blanco donde van á parar los dardos lanzados por la
envidia de tus enemigos. Si tuvieran presente el consejo
de Horacio, anunciado al principio de estas reflexîones,
ellos procederian con mas pulso. Si antes de ponerse á
criticar aprendiesen á leer, y leyesen como se debe,
verian que si tú te separaste de las reglas por dar
gusto al público, y por dar de comer á los cómicos, lo
mismo han executado en su tierra, y en su tiempo, los
celebrados Moliere, Corneille y Racine, los quales han
dado igual disculpa que tú á los que les reprochaban sus
defectos. ¿Defectos estos tan encomiados extrangeros,
cuyas obras celebran ciertos erudítos como el último
esfuerzo del arte cómico y trágico? Sí señor: defectos,
y tan garrafales como los que el público verá, y juzgará
por sí mismo en quanto se le presente una traduccion
exâcta de los principales dramas de estos héroes
teatrales: traduccion que está muy adelantada; que verá
la luz pública prontamente, y que solo se ha emprendido
con el fin de desagraviar á nuestros autores nacionales,
y de desengañar sobre el mérito de los extrangeros al
vulgo de los literatos. Conozco que no á todos gustarán
estas reflexîones; pero si, á pesar de que me parece
haber observado en ellas la decencia y templanza que
deben distinguir á todo escritor, hubiese todavía algunos quejosos, apliqúense aquello del Profano
en el lugar citado arriba: Qui, ne tuberibus propriis
offendat amicum,
Postulat, ignoscat verrucis illius. Granada y Noviembre 26 de 1803. F. A. y G.
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Y aquí Esta tragedia os
consagra Lope, dando á la Estrella De Sevilla eterna
fama, Cuyo prodigioso caso Inmortales bronces
guardan:
Zitat/Motto
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La heroycidad da
principio
Donde la flaqueza acaba.
Donde la flaqueza acaba.
Zitat/Motto
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Porque, fuera de seis, las demas todas
Pecaron contra el arte gravemente.
Pecaron contra el arte gravemente.
Postulat, ignoscat verrucis illius. Granada y Noviembre 26 de 1803. F. A. y G.
CARTA DÉCIMA.
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Brief/Leserbrief
Señor Regañon general: Muy
señor mio: No le perdono á vmd. los sustos y malos ratos
que me está dando continuamente el bendito de su
periódico en casi todos los Números en que habla contra
las malas costumbres: apenas publica vmd. alguno que
directa ó indirectamente no ataque las mias, y ponga en
opresion á la cuitada de mi conciencia. ¿No le bastaba á
vmd. habernos inxertado en la carta del señor González
de Agoreu del Número 35, aquella notita contra los
propietarios de tierras, sino que tambien ha querido
añadirnos en los Números 46 y 47 la difusa carta del
señor J. A. de Z. intentando destruir por este medio el
principio tan conocido de: Jus suum unicuique
tribuendum? ¿Con que yo no podré arrendar mis posesiones
al mayor postor, dexando en libertad á cada hijo de
vecino para que suba ó baxe la renta segun mejor le
parezca? Vaya que no parece sino que vmd. y mi cura se
han hecho del ojo para destruir y aniquilar al pobre del
Sargento Retirado, sin dexarle medrar siquiera en
aquello que es suyo, y heredó de sus padres, y en lo que
ninguno le ha puesto reparo hasta ahora.
Yo aseguro, señor Regañon general, que si estos
señores leyeran continuamente su periódico, y que en
lugar de los aduladores que les cercan tuvieran siempre
á la oreja un cura tan escrupuloso como el mio, que se
irian mas despacio en sus industrias, por no verse
despues en la fatigosa necesidad que yo me veo ahora,
reformando las rentas á mis colonos, restituyéndoles lo
mal habido, adelantándoles para sus labores sin usuras,
y dexando ya de ser una polilla de la humanidad y del
Estado; aun tengo que dar á vmd. las gracias por haber
despertado en mí este buen pensamiento que me ha puesto
en gracia y amistad de Dios, y en acto de ser útil á mis
semejantes. Hágame vmd. el favor, si es posible, de dar
esta noticia en su periódico, para que los que me
siguiéron insensibles y ambiciosos, me sigan tambien
humanos y generosos; y mande á su mas apasionado y
atento servidor El Sargento Retirado.
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Allgemeine Erzählung
Á mi vuelta del
servicio del Rey, señor Regañon, encontré á los
arrendatarios de mi patrimonio hechos unos
señoritos, quando sus padres habian sido siempre
unos hambrientos y descamisados; ellos comian,
vestian, traficaban, y mantenian una numerosa
familia capaz de poblar todos los desiertos de
Sierra-Morena, y ellos trataban ya mis posesiones
como suyas propias, ó como si hubiesen de quedar
perpetuamente en sus familias: es verdad que les
habian dado dos terceras partes de valor mas del que tenian quando las tomáron en
arrendamiento: los cerros incultos estaban bien
labrados; las cañadas plantadas de árboles; los
pantanos desaguados; mejorados en mucho los
albergues, y hasta los parages pedregosos se
habian hecho fructíferos á fuerza del pico y de la
azada de mis colonos; pero tambien lo es que las
rentas estaban muy moderadas, y que otros vecinos
de mi aldea las mejoraban una tercera parte con
empeño, por cuyo motivo tuve á bien arrendarlas á
estos nuevos colonos, y despojar á los primeros,
que despues volviéron á obtenerlas porque
multiplicaron las rentas á porfia; de este modo
fueron unos y otros aumentando voluntariamente mis
rentas en tales términos, que en el corto espacio
de diez años me las multiplicaron dos, quatro y
mas veces, y á tanto llegó la solicitud, y porfia,
ó mejor diré la necesidad de mis convecinos, que
fué necesario repartirles mis tierras á suertes,
haciéndolo de modo que no solamente no baxasen
cosa alguna los arrendamientos, sino que subiesen
mas y mas quanto fuera posible: serian como unos
doscientos vecinos los que aspiraban á las
suertes, y éstas apénas llegaban á la mitad, en
cuyo caso tomé el partido prudente de sacarlas á
una subhasta clandestina, simulada y dolosa, y
aquí hubiera querido, señor Regañon general, que
hubiese vmd. visto regañar á estos infelices,
quitándose unos á otros el pan que todos me daban;
ello es que no puedo ponderar á vmd. hasta donde
llegó á subir el arrendamiento de mis tierras y
montes, pues creo que por cada suerte me daban ya
tanta renta como por todas el primer año; de modo
que no solo me hice poderoso en poco tiempo, sino
que aquellos señoritos, y otros que iban sacando
los pies del plato, vinieron á quedar sujetos baxo
de mis pies, y yo á tener tantos esclavos quantos
vecinos eran en mi aldea, y envidiado de otros
hacendados de los pueblos circunvecinos, que
siguiéron mi exemplo. Pero yo digo, señor
Presidente, que esto mismo hacen la mayor parte de
los poderosos respectivamente en sus territorios,
y aun algunos han tenido la industria ó sagacidad
de repartir á censo todas las tierras incultas y
montuosas que ningun fruto daban á sus mayorazgos,
y quando despues de muchos años las viéron
laboreadas y abundantemente fructíferas á costa
del continuo y desvelado trabajo de sus censarios
y herederos, les han puesto demanda de reaccion
baxo pretexto de no haber obtenido sus causantes
el permiso correspondiente para acensarlas, y se
halláron por este medio injusto con unas dilatadas y pingües posesiones, quando el
pobre labrador vió desparecer de entre sus manos
el único pago del sudor y fatiga que les costó á
sus padres y á ellos por tantos años.
CARTA UNDÉCIMA.
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Brief/Leserbrief
Señor Regañon: Ya que se ha
hecho moda el regañar y tener mal humor, no quiero yo
ser el último que entre en ella, principalmente teniendo
justicia para hacerlo, como vmd. lo verá por la relacion
de lo que me ha sucedido en el teatro de los Caños del
Petal.
Ya ve vmd., señor Regañon, si tengo justicia para
regañar, y si debe vmd. hacer que se critiquen estos
daños para su enmienda. Tres dias he permanecido
encerrado en casa por darme vergüenza de parecer delante
de las gentes, y tal vez si no hubiera tenido el
desahogo de escribirle ésta, aun permaneceria entre
quatro tapias. Sírvase vmd. insertarla en su periódico,
y mande vmd. á su afecto Petronilo el encerado.
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Allgemeine Erzählung
Yo acostumbro todos
los dias de besamanos vestirme de gran gala, pues
aunque no tengo empleo ni destino que me obligue á
ello, sin embargo, me parece este un obsequio
debido á nuestros Soberanos. Pues señor, el dia
nueve de este mes que iba yo mas galan que nunca
con rica media blanca de seda, chupa bordada,
casaca con botones de acero, espadin del mismo
metal, vueltas y guirindola de puntas de Flandes,
bolsa de pelo muy estofada, y un sombrero
elástico, me dio gana por mis pecados de concurrir
con este tren á aumentar el lucido concurso de los
Caños. Éntreme primero en el café que hay en dicho
coliseo á fumar un havano, y á tener
el gusto de que todos admiraran de cerca la
elegancia de mi vestido, y poco ántes de empezarse
la funcion me fui á un asiento de galería que
habia tomado, por ser este el parage mas visible y
á propósito para mi intento. Del mérito del drama
que se representó no puedo decir cosa alguna, lo
primero porque no lo entiendo, lo segundo porque
aunque lo entendiera estaria en la misma
imposibilidad de referirlo, pues los actores lo
representáron en una voz tan baxa, que maldita la
frase que les pude comprehender, y lo tercero
porque yo allí no trataba de oírlos, pues si
hubiera tenido esta intencion, como ya sabia por
otras ocasiones que he concurrido su modo de
recitar, me hubiera pasado antes por una tienda de
alemanes, y comprado una trompetilla de estas que
se ponen los sordos en las orejas, porque con este
recurso solamente se puede entender algo de lo que
dicen, y esto si no está el espectador muy
distante del escenario. Mi objeto no era otro que
el de ofrecerme en espectáculo, y causar
admiracion á todos los que me viesen; pero ¡ah,
quánto se engañan los hombres en las ideas que se
forman, quando no previenen los futuros
contingentes! ¿Quién me habia de decir que aquel
lugar mismo en que estaba yo haciendo alarde de
mis adornos, habia de ser la palestra de mi
desventura y oprobrio? Es pues el caso que mi
asiento de galería estaba cabalmente debaxo de una
hilera de candilejas de las que ponen con luces
los días de iluminacion, y las velas estaban
chorreando muy bien sobre mi casaca. Yo estaba tan
distraido con mis reflexîones, y tan ocupado en mi
vanagloria, que no sentí en mucho rato esta
desgracia, y probablemente no la hubiera sentido á
no haber dado la casualidad de caerme un chorro de
cera derretida en la misma nariz, el qual me hizo
volver del éxtasis en que me hallaba. Por el
pronto pensé que habia sido algun abanico que se
habia caido de la tertulia de las mugeres, pero
luego que examiné lo que era, eché de ver todo el
exceso de mi infortunio, salí corriendo del teatro
lleno de vergüenza por llevar todo el vestido
lleno de cera por las espaldas, me entré en mi
casa, me desnudé, y al exâminar la ropa reparé que
todos los faldones, espaldas y brazos de la casaca
estaban llenos de plastas de cera, que la bolsa de
peluca no podia servir mas, pues lazos y todo era
una miseria, que el sombrero elástico, sobre el
qual estaba sentado, y que descubria una gran
parte, llevó una racion del mismo género muy
regular y que al espadin de acero le
alcanzó tambien un buen chaparron. En vista pues
de una catástrofe tan funesta, no pude ménos de
prorumpir [sic] en imprecaciones contra los que
dispusiéron que se colocaran en semejante parage
las tales candilejas, contra los que encendiéron
las velas, y contra el repartidor de los boletines
que me puso en tal asiento. ¿ Hay razon en el
mundo para que vaya uno á divertirse á la comedia,
y le suceda este chasco? Y no crea vmd. que soy yo
solo el que ha padecido este infortunio, ni que ha
sido una casualidad, sino que les ha sucedido y
les sucede lo mismo siempre que hay iluminacion á
todos los que les toca un asiento semejante al que
tuve. Si no hay arbitrio de remediar este daño
poniendo las velas en otra disposicion y simetría,
¿no seria mucho mejor que no hubiese esta
iluminacion, que el gastar el dinero en ella para
echar á perder los vestidos de los concurrentes?
No digo nada de las señoras arañas que chorrean
cera sobre los que están en la luneta que es un
gusto: yo apuesto que si tuvieran una palmatoria
capaz de recoger toda la que escurren las velas,
no sucederia esto, de modo que si no se pone
remedio será necesario abrir el paraguas en la
luneta misma.
