El Regañón general: Núm.54
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NÚM.° 54.
Sábado 3 de Diciembre de 1803.Ebene 2
EL TEATRO
CON RELACION Á LAS COSTUMBRES.
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Se ha escrito tanto en pro y en
contra de los espectáculos teatrales, que seria un fastidio
volver á repetir los argumentos que se han empleado así por
los partidarios del teatro como por sus enemigos. Bastante
conocidos son de todos, y parece casi dificil el que se diga
cosa alguna de nuevo sobre esta materia. Sin embargo no
dexaré de aventurar algunas reflexîones que, aunque tomadas
de algunos autores la mayor parte, tienen alguna novedad á
causa de ser poco conocidas, porque se debe notar que en
todos los discursos sobre la escena apénas se trata de la
relacion que tienen estas diversiones con las costumbres.
Así pues, yo me reduciré á hablar solamente de los dramas en
este sentido, porque ellos pueden con el efecto que producen
en el alma, verter la ponzoña del vicio, ó el bálsamo de la
virtud. En medio pues de las disputas que ha habido sobre
esta qüestion, me parece que estan de acuerdo los
contrincantes en algunos puntos. Por exemplo, todos
convienen en que esta clase de diversion es en si misma
inocente, y aun que puede ser útil quando es bien dirigida:
que no es dañosa sino por sus accesorios, ni criminal sino
por sus abusos: que estos abusos y accesorios es muy dificil
que se reformen del todo, pero no imposible: todos convienen
tambien que, á pesar de los inconvenientes de los
espectáculos, hay parages en que su prohibicion total podria
ser muy dañosa, tales son la mayor parte de las ciudades
grandes, con especialidad las que encierran mucha gente
ociosa, cuyo fastidio podria ser muy funesto sin este
socorro, ó un gran número de viciosos á quienes se les
impide que hagan daño á lo ménos en el tiempo que dura la
prision voluntaria de la asistencia al teatro:
que al contrario en otros parages la introduccion de estas
diversiones seria mas dañosa que ventajosa: tales son
aquellos pueblos en que se ha conservado la sencillez de
costumbres incompatible con el aparato teatral, y la dichosa
ignorancia en que estan sobre los asuntos que regularmente
se tratan en la escena: finalmente, todos estan de acuerdo
en que en el estado en que estan nuestros espectáculos, el
interes de las buenas costumbres pide que no se introduzcan
en los lugares en que no se han conocido jamas. Pero ya los
debemos suponer introducidos tanto por temporadas como con
residencia fixa en todas partes; y así no se debe dudar que
este objeto pide mucha atencion de parte del Gobierno, y una
vigilancia particular así sobre lo que forma su esencia,
como sobre todo lo que le acompaña necesariamente. Es
preciso confesar que la fundacion de los primeros teatros no
tuvo mas objeto que el de divertir al pueblo; porque ninguna
de las primeras compañías de farsantes, ni las que les
sucediéron poco despues, se propusiéron otra cosa mas que
ganar su vida haciéndole reir, y léjos de pensar en
instruirle ni en corregirle, le divertian muchas veces á
costa del pudor y de la decencia. Hasta que el arte
dramático adquirió un cierto grado de perfeccion, no se
pensó en emplear en él la moral. Las bufonadas groseras, la
sátira mordaz y las obscenidades se desterráron, y en su
lugar se hizo de él un género mas útil. La tragedia tomó un
carácter noble, y la comedia un tono mas natural, y al mismo
tiempo mas decente. La primera como introducia en la escena
á los reyes, los héroes y semi-dioses, parecia que no se
ocupaba mas que en inspirar á la clase mas elevada del
Estado unos sentimientos dignos del lugar que ocupa,
mostrarle sus deberes, y advertirle los peligros que le
rodean. La comedia se dedicó á pintar al hombre ordinario en
todas las épocas de su vida, y con las pasiones, afectos y
caractéres que tiene en cada uno de sus estados. De esta
division resulta necesariamente que la tragedia tiene mas
influencia sobre el espíritu público, y la comedia sobre las
costumbres. Así pues, todo lo que se dirige á la felicidad
de un reyno, y que interesa su gloria, pertenece de derecho
á Melpomene; pues á ella le toca instruir á los que mandan,
reanimar el amor de la patria en los individuos, inspirarles
esta noble energía que produce los hombres grandes, y
presentarles exemplos que puedan excitar su emulacion. Talía
pues, tomando ménos vuelo, debe presentar al hombre en su
esfera natural, y con sus costumbres diarias,
debe poner su vida privada á la vista de los espectadores, y
en las diferentes personas que les muestra les debe dar
buenos exemplos que imiten, y malos que procuren evitar.
Ambas tienen el privilegio de explicar no solo todo lo que
se dicen los actores, aunque sea al oido, sino tambien lo
que tienen en su pensamiento, de suerte que no teniendo el
actor nada oculto para el público que le escucha, y
mostrándole todas las interioridades de su corazon, es muy
fácil que los espectadores comprehendan el fuerte y el débil
de los caractéres que se les presentan en la escena. En una
palabra, la comedia es á un mismo tiempo un quadro moral y
divertido de la vida humana. La obligacion de esta es
presentar los caractéres honestos y virtuosos en la forma
mas agradable, pintarlos con los colores mas alegres que
inciten á ser imitados; quitar la máscara al vicio,
exponerle á los ojos del público haciéndole pasar por las
baquetas de la ridiculez, presentar lecciones útiles en
frases atractivas, y hacer que cada chanza encierre una
verdad práctica, y cada chiste un precepto: por último,
conseguir, si se puede, que el espectador salga del teatro
mas alegre y mejor que entró. Esto es lo que se debe
proponer sobre todo un autor cómico. Si él abandona la
moral, sus piezas no serán mas que farsas indecentes, ó
pésimas novelas puestas en diálogo: si renuncia los chistes
y sales cómicas, llegará á fastidiar, á ménos de que no
substituya el interes de la comedia séria ó lastimera, el
qual es un género, del que, sí se exâmina bien, se podria
sacar quizá el mayor provecho para la correccion de las
costumbres. Hay vicios que no deben pintarse con burla, y
que no son susceptibles de la ridiculez; porque son tan
odiosos que no se les puede acomodar el menor chiste, ni
conviene chancearse con ellos; pero que no se les puede
dexar impunes sin que sufran la reprehension pública, porque
á ser así era preciso que infirieramos que la censura
teatral no tenia mas destino que el de ridiculizar los
caprichos, y exponer al público los defectos y virtudes de
corta consideracion. Dexemos pues á las comedias chistosas
el cuidado de reñir contra la locura y la necedad, las
quales no son mas que incómodas ó desagradables, y los demas
defectos que estan sujetos á la ridiculez; pero los vicios
graves, especialmente los que son dañosos á la sociedad por
la apariencia con que se cubren, y por el apoyo que
encuentran en las preocupaciones; los vicios autorizados por multitud de exemplos, y que léjos de ser
vituperados por la moda, ella misma los autoriza; estos
vicios que no pueden ser reprimidos por las leyes, porque no
pertenecen á Tribunal alguno, pero que no dexan por eso de
dañar la sociedad, y de introducir en ella el desórden y la
corrupcion: todos estos vicios que quedan impunes deben
sufrir tambien su castigo, pero no se debe hacer esta
justicia sobre el teatro burlesco. El impío, el hipócrita,
el farandulero, el ingrato, el calumniador, el seductor y
corruptor de la inocencia, el amigo pérfido, serian tratados
con mucha dulzura, si nos contentasemos solamente con
reirnos de ellos: unos caractéres semejantes deben ser
expuestos no á la risa del público, sino á su indignacion; y
yo no veo cosa alguna que pueda impedir á la comedia séria
que se encargue de este cuidado. Verdad es que este género
no es del gusto de todos, y que hay muchos que le califican
de monstruoso, pero yo quisiera saber que puede tener de
monstruoso el presentar los vicios que causan odio, por el
lado mas vituperable, mostrar la torpeza en todas las
situaciones de la vida, hacer ver sus funestas
conseqüencias, contrastarlas con las virtudes amables que
hacen la dicha y el encanto de la sociedad, y dar exemplos
sobre los deberes dificiles de cumplir. Lo que á mí me
parece monstruoso es disimular el colorido de los vicios que
debian ser un objeto de horror, procurar que se rian con
aquello mismo que deberia causar llanto, y sobre todo poner
en ridículo aquello mismo que se debia respetar, como sucede
muchas veces en las piezas de nuestros autores cómicos. Á
esto se dirá que los teatros no tendrán gente observándose
esta conducta, pero la experiencia prueba lo contrario: los
hombres honrados no dexarian de concurrir, y aunque estos
sean en corto número, atraen muchas ocasiones la multitud.
Aun quando este género de espectáculo fuese contrario al
gusto pasagero de una Capital, un hombre de talento debe
corregir y formar este gusto, y no someterse á él
ciegamente, y debe tambien con mayor motivo atender ántes á
las necesidades de su nacion, que á las fantasias y
caprichos del vulgo. ¿Qué papel mas brillante se puede
representar en el mundo literario que el de un autor
dramático que observando atenta y juiciosamente las
costumbres de su siglo y de su patria, consagra sus talentos
y sus vigilias en combatir los vicios mas extendidos, y que
introducen la mayor corrupcion; que tiene el valor de
denunciarlos al público, y hacérselos conocer claramente inspirándole al mismo tiempo el odio y la
separacion, y en una palabra, que llega a preservar y
corregir á sus compatriotas. Algun sugeto quizá hay en
España que observa esta conducta, pero los mas de los
autores cómicos que tenemos no aspiran á esta gloria:
necesitan aplauso, honores ó dinero, y esto no se consigue
diciendo las verdades, procurando reformar su siglo, ni
trabajando en expurgar la moral, sino lisonjeando los
gustos, sometiéndose á las opiniones populares, y
autorizando tal vez sus inclinaciones y placeres. Así pues,
no debemos esperar esta mudanza tan útil en el teatro,
miéntras que el suceso de las piezas que se representan sea
un objeto de interes, ó un asunto de intriga, y que no tomen
en él la mano aquellos sugetos que podrian escribir de un
modo mas útil, con exclusion de los demas. Muchas cosas se
podrian añadir sobre el partido que se podria sacar del
teatro en favor de las costumbres, y yo me atreveria á
indicar muchos caractéres perniciosos que todavía no se han
puesto sobre la escena, y que merecian que los conociesen
todos. Tambien podria mostrar virtudes que no han parecido
en ella sino ligeramente, hacer ver situaciones y deberes
interesantes de que no han tratado hasta ahora los autores
dramáticos, y que puestos en el teatro podian suministrar
lecciones muy útiles: finalmente, señalaria muchas
preocupaciones que se deben desarraigar, y muchas máxîmas
dañosas que se deben combatir; pero ántes de hacer del
teatro una escuela de virtud, y un preservativo contra los
vicios, era preciso principiar purificando los miasmas que
respira, y que le rodean, y esto no es una cosa muy fácil.
La causa se puede conocer muy bien, porque si hubiera un
sugeto, por exemplo, que hiciese conocer al público que la
moral que se pone regularmente en nuestras comedias es muy
dañosa para las costumbres, que era preciso reformar la
policía interior de nuestros teatros, separando á los
individuos que nada tienen que hacer en él, y que los
cómicos se sujetasen á una disciplina mas exâcta, no solo en
su conducta en el teatro, sino tambien fuera, expulsando á
qualquiera actor ó actriz que tuviese costumbres
desarregladas, y poniendo un freno á los desórdenes que ce
originan con este motivo, este sugeto seria sin duda
presentado ridículamente sobre la escena, y probaria la
colera y la ojeriza de los Aristófanes de nuestro siglo que
estan sujetos á los caprichos del areopago cómico, el qual
tiene la facultad de admitirles sus obras, y darles que
comer. Pudiera tambien decir algo sobre estos
espectáculos que no tienen mas mérito que el aparato
teatral, y las inverosimilitudes; pero esto alargaria mucho
este discurso, y así reduzco mis observaciones á aquellos
espectáculos que son hechos únicamente para el pueblo, y que
por la multitud de personas que concurren á ellos pueden
tener una influencia considerable en el carácter moral de
una nacion. El vulgo se divierte á poca costa, y no necesita
mucho para distraerse. Así en lo material como en lo
intelectual se le pueden presentar manjares groseros y mal
sazonados, pero es preciso que estos sean sanos. Divertir al
pueblo corrompiéndole, es el peor servicio que se le puede
hacer, y no es un cargo indigno de la policía el velar sobre
la moral que se expone en el teatro público. De la boca de
un truhan pueden salir cosas muy buenas y muy malas, las
quales se repiten, pasan de boca en boca, y vienen á ser
primero proverbios, despues sentencias, y al fin máxîmas que
se aplican quando hay ocasion. Si estas máxîmas son sanas,
no se puede dudar que influyen mucho sobre la conducta y las
costumbres del pueblo; si son corrompidas, introducirán la
corrupcion. ¿Qué partido no se podria sacar del teatro si
los autores se dignasen tomar un poco de mas interes sobre
las costumbres del pueblo? ¿Qué lecciones se le podian dar
mas fáciles de retener, y de hacerles impresion que las que
se le presentasen baxo de la apariencia de diversion, y que
le pusieran al mismo tiempo delante de sus ojos los defectos
á que estan mas sujetos sus individuos? Convendria mucho
para este fin un teatro de instruccion popular, aunque fuese
de lo que se llama baxo cómico, pero que llenase el objeto
que se debe proponer para la enmienda de las costumbres.
¿Qué escarmiento mejor para el hombre que comenzase, por
exemplo, á aficionarse al vino, que el de ver á un borracho
en una escena que le engañan en una compra, en otra que
tiene una riña y sale maltratado, en otra que se dexa robar,
y en todo el curso de la pieza expuesto á la risa del patio.
Lo mismo digo del holgazan, del orgulloso, del insolente,
del envidioso, del porfiado y demas. No es menester mucha
habilidad para hacer de cada vicio de estos un objeto de
menosprecio ó de indignacion, de modo que cada uno al salir
del teatro tuviese cuidado de no parecerse al héroe que se
representaba. Pero ¿dónde se encuentran las buenas almas
amigas del público que quieran abatir su talento á estas
pequeneces en su concepto, y que prefieran la utilidad agena
á la suya propia, y á la gloria que puede resultarles? Contentémonos pues, con que las diversiones que
se le presenten al pueblo no le familiarizen con el vicio,
que éste no se trate como una chanza, que no se introduzcan
nuevos géneros de corrupcion, que no se llegue á
menospreciar la virtud exponiéndola á la risa pública, y en
una palabra que no se divierta al pueblo á costa de su
inocencia. En el estado en que se halla actualmente nuestra
escena, esto es todo lo que se puede pedir. Salud. El
Presidente.
SECRETARÍA.
CORRESPONDENCIA LITERARIA DEL
MES.
CARTA PRIMERA.
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Brief/Leserbrief
Señor Presidente: Nada me ha
parecido mas útil, ni que me haya dado tanto gusto en su
periódico, como el plan de educacion que en él ha
establecido. Ha dado vmd. con tan bella idea el mejor
lustre á su nombre, y ha sembrado sobre nuestro suelo el
germen de la felicidad, por cuya preciosa accion merece
vmd. llamarse el mayor amigo de los hombres; pues siendo
la educacion el apoyo necesario para que estos vivan en
sociedad, y el mas feliz vaticinio de sus operaciones
futuras, no puede negarse que si se adoptan los extremos
que abraza su indicado plan, resultará un cúmulo de
bienes que coronarán á la humanidad de prosperidades.
Porque ¿quánta variedad no notamos en el carácter,
costumbres, inclinaciones y talentos de todos los
hombres? ¿quánta diferencia no se advierte en los
pensamientos, palabras y acciones de aquel que recibió
en sus respectivas edades una educacion moral,
científica y civil, de aquel otro que desde la cuna
hasta la vegez se vió abandonado por aquellos padres de
corazon duro, ó genio descuidado, sin haber recibido la
mas pequeña instruccion? Á la verdad que me dexa pasmado
ver que haya hombres que olvidados de unos deberes tan
propios aspiren á envilecerse, al mismo tiempo que ven á
otros seguir aquellas ideas que únicamente pueden
labrarles su felicidad. Permítaseme discurrir un poco
sobre este punto, é insinuar aquella diferencia que
media entre estas dos clases de individuos. Considérese
primeramente al hombre sin educacion, y se
verá el monstruo mas espantable circundado de miserias y
enemigos que le asaltan y le vencen. Analicemos los
excesos de este sér desgraciado, y observaremos que si
las pasiones le estimulan se abandona á ellas sin
resistencia: si desea la muerte de su semejante, en el
momento maquina el modo de executarla: si la ambicion le
incita, usurpa los derechos de sus hermanos: si anhela
por correr libremente ácia el desórden, holla las justas
leyes, y burla la vigilancia de los magistrados: si se
le amenaza para contenerle, no le intimida la severidad
de la justicia: si tiene hijos del matrimonio que
contraxo, dexa sobre la tierra una generacion de hombres
perversos; y en fin, entregado al ocio, y constituido en
un estado tan abominable, se halla en la actitud mas
pronta para cometer quantas infamias le sugiera su
corrompido corazon.
AVISO.
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