El Regañón general: Núm.47
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NÚM.° 47.
Miércoles 9 de Noviembre de 1803.Ebene 2
SECRETARÍA.
CORRESPONDENCIA LITERARIA DEL
MES.
Metatextualität
Concluye la Carta quinta del
Número anterior.
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Brief/Leserbrief
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Es constante que en
nuestra legislacion española heredan los hijos por
iguales partes todo lo que se llama hacienda libre.
Muerto el padre comenzáron á heredar los hijos sus
haciendas, y como ninguno de ellos pudiese tener
caudales para comprar las porciones que
correspondian á sus hermanos, llegó otro vecino que
con su industria habia adquirido algun caudal, y
comprando al vendedor su porcion, agregó á su
hacienda aquella parte, con lo que á poco tiempo se
hizo superior á sus vecinos, y empezó á tomar
ascendiente sobre ellos. Este mismo comprador
llevado de la vanidad de eternizar su memoria en la
familia, trató de vincular la hacienda para que
siempre fuese en cabeza del mayor de sus hijos y
sucesores. Si en la institucion de estos vínculos se
hubiera tenido presente el prohibir la reunion de
otras haciendas, diriamos hoy que habia sido una
excelente disposicion; porque de esta manera, al
modo que se executa en Vizcaya y Cataluña, estarian
siempre labradas las haciendas por sus dueños, y el
sobrante de la poblacion de necesidad tendria que
aplicarse á las artes y al comercio; pero como la
naturaleza del corazon humano es tan amante de la
ostentacion y preferencia, no se tardó en hacer
agregaciones de bienes quantiosos á estos
mayorazgos, por cuyo medio se introduxo en las
familias ricas el ocio, la vanidad, y el
aborrecimiento al trabajo; y así sucedió que
deseando dar los padres á sus hijos un carácter
respetable en la opinion del pueblo,
procuráron unirlos por casamiento con otros
hacendados, y he aquí el orígen de la reunion de las
grandes haciendas. Estos hijos, dueños ya de grandes
haciendas, llegáron á ver las ciudades, y llevados
incautamente de los dulces atractivos de su trato,
comercio, y lisonjera diversion, resolviéron no
volver mas á sus pueblos á pasar una vida que ellos
llamaban monotona, y de aquí resultó el haber de
entregar sus haciendas al cuidado de los
administradores. Éstos empezáron á dar las tierras
en arrendamiento á los mayores postores, y como su
objeto no podia ser otro que el de adular á sus
amos, imponian al arrendatario la ley de su
albedrío, de manera que apénas le quedase durante el
año su preciso sustento; y de aquí provino que
siéndoles forzoso á estos arrendatarios cuidar
principalmente del pago de una renta excesiva,
atendian únicamente á la siembra de granos en que
consideraban una cosecha segura, olvidando
enteramente todos los demas ramos y descubrimientos
de la agricultura experimental, que habia hecho
progresos á la vista de los dueños de la hacienda.
Lo mismo, á corta diferencia, sucedió con las demas
posesiones amontonadas en manos de diferentes
cuerpos, como Conventos, Monasterios, Fundaciones
pias, Colegios, Cofradías, Hermandades, &c. y de
aquí la conseqüencia de que la reunion de las
haciendas en pocas manos es la principal y mas
poderosa causa de la decadencia de nuestra
agricultura, y que esta jamas puede decaer en
Vizcaya por la disposicion de sus leyes, usos y
costumbres antiguas que prohiben la reunion de las
haciendas. Como al paso que se duplicaban los
matrimonios en estas familias crecian las haciendas
en sus manos, no tardáron en embriagarse sus
poseedores con el ocio, y en discurrir medios para
preferirse á las demas gentes de su clase,
haciéndose respetar de los pueblos por sus riquezas,
trages, alhajas, trenes, y excesivo número de
criados, de que se siguió que abandonando los
hombres á porfia los campos, buscaban la servidumbre
de estas familias luxosas para vivir en el ocio y la
holgazanería; y como para sostener este luxo
destructor, que crecia por instantes en las
ciudades, era necesario subir los arrendamientos de
las tierras hasta destruir al arrendatario, de aquí
el resultado de que las conseqüencias del luxo han
sido y son ruinosas á nuestra agricultura y
poblacion. Nos dirán que la España se hallaba
poblada en el siglo XIV: es verdad; mas
esto era porque no habia aun comercio, no habia luxo
destructor, no habia el furor de ir á vivir á las
ciudades, abandonando los campos, ni habia en los
españoles otro objeto mas interesante que el de su
agricultura; pero apénas con los descubrimientos de
la América se abriéron las puertas al tráfico y
comercio de aquellas posesiones, no hubo padre que
no destinase á sus hijos á buscar los inmensos
tesoros que la fama tenia reservados para los
españoles; y como este comercio ha ido creciendo de
cada dia mas con la ambicion, de modo que anualmente
se cuentan muchos millares de hombres que pasan á
poblar á aquellas regiones con el pretexto de que
son llamados de sus parientes, y otras excusas; de
aquí el resultado de que la emigracion á buscar el
interes mercantil fué y es muy perjudicial y nociva
á las provincias donde faltan brazos para su
labranza, al paso que es útil y ventajosa para las
familias sobrantes de Vizcaya y Cataluña despues de
destinar la gente necesaria para su agricultura, y
artes de primera necesidad como herreros,
carpinteros, carreteros, zapateros, sastres, &c.
Llegó ya la época en que todos los cuerpos
patrióticos con un particular zelo del bien público
diéron principio al fomento de las artes y fábricas
de luxo, creyendo hallar en ellas el remedio que
buscaban para hacer revivir la poblacion en España,
pero ¿qué ha resultado de esta proteccion? que los
padres miserables, esto es, que los arrendatarios y
otros que veian á los hijos de sus vecinos adquirir
el sustento, y aun crecidos caudales, separados de
la penosa tarea de la labranza, y de las intemperies
del campo, y que dedicados á las artes de luxo, no
solo se hacian visibles en la sociedad, y ganaban
para mantenerse con decencia, sino tambien que
llegaba ya el caso de que se les concedian
privilegios y exclusiones de cargas concejiles,
procuraban á porfia desprenderse de sus hijos
sacrificando sus propias necesidades al bien estar
de ellos; y véase aquí como la preferencia que
logran las artes de luxo sobre la agricultura
perjudica á ésta considerablemente. Yo no sé como
tantos hombres políticos se han dexado arrastrar tan
ligeramente de las declamaciones de algunos
escritores extrangeros, sin considerar que léjos de
ser, como ellos dicen, el comercio y el luxo los
grandes instrumentos por los quales se esparcen el
dinero y las riquezas, solo pueden conducir en
España, donde la agricultura carece de brazos, para
sumergirnos en el ocio, y en el aborrecimiento al
trabajo. ¿ Es posible que no se detuvieran á
exâminar que la preferencia que logran
el comercio y las artes de luxo sobre la
agricultura, va insensiblemente arrancando de los
campos los brazos necesarios para su cultivo, y que
al paso que en las grandes poblaciones se mantienen
algunas familias luxosas, perecen millares de
hombres miserables en las campañas? Preciso es
confesar que ha filosofado poco el que dexe de
conocer que siempre se halla el hombre mas propicio
á sumergirse en la delicadeza y en los placeres, que
en los grandes trabajos. En la agricultura está la
riqueza de un estado: promuévase esta poniéndola
como principal objeto de los hombres, y entónces
florecerán las artes y el comercio. El labrador que
cuenta con su propiedad, discurre arbitrios para
mejorar los campos mas estériles é ingratos: no hay
tentativa que no haga para obligar á la tierra á que
le produzca mayores cosechas, de modo que á poco
tiempo el mas rústico labrador pueda ser un
verdadero profesor de las ciencias naturales que
tantos descubrimientos han subministrado á otras
naciones. El deseo de adelantar, la emulacion de la
prosperidad del vecino, la necesidad de legumbres
para el consumo de su casa, y las observaciones de
un propietario para mejorar su hacienda, todas son
razones poderosas que harán formar nuevos colones en
sus posesiones, y multiplicar los matrimonios; pero
de un triste arrendatario ¿cómo se pueden exîgir
semejantes experiencias? ¿acaso dexarán de
executarle los administradores de la hacienda si no
puede pagar, por mas que conozcan que la causa de su
atraso ha sido por buscar las ventajas del terreno?
¿acaso podrá dexar de abandonar estas experiencias,
y dirigir todo su conato á recoger el trigo ó cebada
que le da una cosecha segura, para pagar el gravoso
arrendamiento de las obligaciones que ha contraido
con los que le han anticipado los granos para la
siembra? y acaso finalmente, ¿un arrendatario tan
desdichado podrá desear que sus hijos sigan la
desgraciada suerte de los padres, pudiendo
dedicarlos al comercio y á las artes de luxo? Quando
oigo declamar contra la dexadez y abandono de
nuestros labradores, no puedo ménos de irritarme de
la injusticia con que se les trata: ¿serán por
ventura de diferente masa los hombres de Castilla y
Andalucía, que los de Valencia, Vizcaya y Cataluña?
A quién han de hacer creer estos importunos
declamadores que en aquellas Provincias faltan los
mismos sentimientos que en estas para procurar sus
aumentos? ¿Quién puede ser aquel hombre de
obligaciones que, teniendo la felicidad en la mano, se entregue á la mas triste y mas
penosa calamidad de mendigar una limosna? Confesemos
de buena fe: los males de nuestra agricultura no
nacen de la desidia de los españoles, sino de una
causa que insensiblemente ha ido destruyéndola por
muchos siglos; y confesemos tambien que de nada
sirven esas grandes especulaciones para beneficiar
las tierras con las ciencias naturales, miéntras que
no se les dé á los labradores un interes real y
privativo sobre el suelo que labran. En Inglaterra
donde hoy se fomentan las ciencias que contribuyen
al aumento de la agricultura experimental, fué
necesario que la Reyna Isabel auxiliase primero á
los labradores, para establecer despues el
equilibrio de las artes y el comercio.
CARTA SEXTA.
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Brief/Leserbrief
Señor Regañon: Muy señor mio:
Tanto por su periódico como por todos los demas papeles
públicos que tenemos de un tiempo á esta parte, se ha
hablado y habla de la reforma de teatros; ya poniendo á
la vista los defectos de las traducciones; ya los que
encierran las comedias antiguas, por la falta de unidad
de tiempo y lugar; ya por la ridiculez y poca gracia de
la mayor parte de las piezas originales que en nuestros
tiempos se presentan, &c.: unos han propuesto estos
y otros defectos para su enmienda: otros han hecho
presentes los medios de que se podian valer para
lograrla; con lo que la hemos visto de algunos, aunque
no de todos: pero hasta ahora no ha habido nadie que
haya hecho presente el mas garrafal, y que pide con mas
ansia la reforma; qual es la facilidad con que nuestros
actores quitan versos á las piezas, ó porque á ellos no
les hace gracia, ó porque no tienen gana de
trabajar, ó acaso por hacerse memorables, dando á
entender que saben mas que el autor que las compone; mas
es tal nuestra desgracia, que regularmente quitan los
que tienen mas mérito (no lo extrañe vmd. porque en el
dia la mayor parte de los cómicos que tenemos dicen lo
que aprenden; pero no saben ni lo que aprenden ni lo que
dicen): tal es en una pieza cierta relacion (no hablo de
aquellas que tienen ciento y veinte, y doscientos
versos, que es necesario una paciencia sin límites para
oirlas) en que se descifra con mucha gracia este ú el
otro objeto; ó como en una ópera aquella ó la otra aria
mas sobresaliente de ella, que se suele cantar el primer
dia, y nada mas, ó algun otro, si asisten á verla sugeto
ó sugetos con quienes tienen alguna condescendencia el
actor ó actriz que la canta; como si el dinero del que
va el segundo, tercero ó quarto dia fuese de peor
condicion que el del que asiste el primero, ó como si
las piezas segun van pasando dias por ellas debiesen ir
rebaxando escenas: ahora no faltaria quien me dixese que
despues de muchas representaciones podrá estar cansado
el que las executa; y yo le respondo que fuera ménos
malo se suspendiese por algun tiempo la funcion, que no
que se echase incompleta: creo firmísimamente que no
servirá de plato de gusto al autor de una pieza el que
se suprima por el actor aquello en que él ha puesto el
mayor cuidado, y en lo que acaso recibiria mayor
aplauso: tal es lo que precisamente le habrá sucedido al
Refundidor de la que se principió á representar ayer en
el Coliseo de la Cruz, con el título de: Lo cierto por
lo dudoso; pues lo han hecho de ciertas cosas, y entre
ellas una de las que tienen mayor mérito, qual es la
definicion de los zelos, que la pondré á continuacion
para que vea vmd. señor Regañon, el potage que hacen
nuestros cómicos con las comedias, y el favor que
dispensan á los ingenios que estan deshaciéndose y
devanando los sesos por presentarles piezas con que
ganen de comer, y con que el público se divierta, y
conozca que sin embargo de quanto se habla del teatro y
su decadencia, no está tanto como se quiere suponer;
excepto el francés, que le estaban agonizando á
principios de este mes: vamos al caso, y vea vmd. los
versos. Estos son los que el autor tiene
puestos en la comedia, y los que dixo el actor que
desempeñó el papel fuéron los siguientes. ¿Qué tal? ¿le parece á vmd. si no es
una cosa muy mona, y muy bien acomodada, la cuchillada
que se les dió á estos versos por el que debió
declamarlos? Pues ahora no tiene la disculpa de que
estaba cansado de representar, porque precisamente estan
en el primer razonamiento de la comedia, era el primer
dia (que en esta ocasion no nos sirvió á los que
acudimos á verla el que fuese la primera vez que se
representaba para haberla oido toda completa), y solo
consta la relacion de quarenta y tres pies. Estimaré á
vmd. me haga el favor de insertar ésta en su periódico,
para ver si se consigue alguna enmienda (aunque yo creo
no será fácil hasta tanto que las compañías estén baxo
la proteccion de un superior que sujete á sus individuos
á que no deguellen las piezas; como á otras cosas que
hay que necesitan su poco ó mucho de correccion), y que
aquellos que han visto la comedia y no la han leido
puedan leer esos buenos versos, y vean que su autor no
hizo la definicion de los zelos tan pobre como nos la
presentó el actor que nos los declamó. Queda de vmd.
siempre su amigo, que lo es de las cosas completas, y
como ellas son en sí. Madrid 15 de Octubre de 1803. J.G.
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Hablas con ese
reposo Porque nunca habrás amado;
Pero no hay mas triste estado
Que el amar y estar zeloso.
Son zelos una pasion
Que al mas cuerdo desatina,
De amor, deidad peregrina,
Adúltera sucesion.
Son zelos fuente de enojos;
Son un azote del sueño,
Y una atalaya sin ojos.
Son zelos unas escuchas
Y solicitudes locas,
Que para verdades pocas
Hacen diligencias muchas.
Son zelos haber creido
Una sombra, una ilusion,
Que del sol de la razon
Forma el interior sentido.
Son zelos cierto temor
Tan delicado y sutil,
Que si no fuera tan vil
Pudiera llamarse amor.
Son principios de mudanza
Y fin de la obligacion:
Son agena estimacion
Y propia desconfianza:
Son un desengaño sabio
Del pensamiento dormido:
Son reloxes del olvido
Con despertador de agravio.
Son cuerpo del pensamiento
Que no le tuvo jamas;
Pasos que amor vuelve atras
Para correr por el viento;
Y aunque es semejanza nueva,
De linterna es su costumbre;
Pues vemos mover la lumbre,
Y no vemos quien la lleva.
Son finalmente rigores,
Que amando es fuerza tenellos,
Pues ni amor está sin ellos,
Ni ellos estan sin amores.
Pero no hay mas triste estado
Que el amar y estar zeloso.
Son zelos una pasion
Que al mas cuerdo desatina,
De amor, deidad peregrina,
Adúltera sucesion.
Son zelos fuente de enojos;
Son un azote del sueño,
Y una atalaya sin ojos.
Son zelos unas escuchas
Y solicitudes locas,
Que para verdades pocas
Hacen diligencias muchas.
Son zelos haber creido
Una sombra, una ilusion,
Que del sol de la razon
Forma el interior sentido.
Son zelos cierto temor
Tan delicado y sutil,
Que si no fuera tan vil
Pudiera llamarse amor.
Son principios de mudanza
Y fin de la obligacion:
Son agena estimacion
Y propia desconfianza:
Son un desengaño sabio
Del pensamiento dormido:
Son reloxes del olvido
Con despertador de agravio.
Son cuerpo del pensamiento
Que no le tuvo jamas;
Pasos que amor vuelve atras
Para correr por el viento;
Y aunque es semejanza nueva,
De linterna es su costumbre;
Pues vemos mover la lumbre,
Y no vemos quien la lleva.
Son finalmente rigores,
Que amando es fuerza tenellos,
Pues ni amor está sin ellos,
Ni ellos estan sin amores.
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Hablas con ese
reposo Porque nunca habrás amado;
Pero no hay mas triste estado
Que el de amar y estar zeloso.
Son zelos una pasion
Que al mas cuerdo desatina,
De amor, deidad peregrina,
Adúltera sucesion.
Son finalmente rigores,
Que amando es fuerza tenellos,
Pues ni amor está sin ellos,
Ni ellos estan sin amores.
Pero no hay mas triste estado
Que el de amar y estar zeloso.
Son zelos una pasion
Que al mas cuerdo desatina,
De amor, deidad peregrina,
Adúltera sucesion.
Son finalmente rigores,
Que amando es fuerza tenellos,
Pues ni amor está sin ellos,
Ni ellos estan sin amores.
MADRID
EN LA IMPRENTA DE LA ADMINISTRACIÓN DEL REAL ARBITRIO DE BENEFICENCIA.
