Citation: Anónimo [Ventura Ferrer] (Ed.): "Número primero", in: El Regañón general, Vol.1\01 (1803), pp. 1-8, edited in: Ertler, Klaus-Dieter / Hobisch, Elisabeth (Ed.): The "Spectators" in the international context. Digital Edition, Graz 2011- . hdl.handle.net/11471/513.20.1375 [last accessed: ].


Level 1►

NÚMERO PRIMERO.

Miércoles 1.° de Junio de 1803.

DISCURSO

QUE EN LA APERTURA DE ESTE TRIBUNAL HACE SU PRESIDENTE.

Level 2► Letter/Letter to the editor► SEÑOR PÚBLICO.

Metatextuality► Comienza ya sus tareas literarias este Juzgado baxo los auspicios de vuesamerced. Lo vasto del plan que nos proponemos en él, será arreglado en quanto esté de nuestra parte al dictámen de la razón, y retocado á la luz de la verdad y del buen gusto. La literatura en todos sus ramos, las artes, la educación y las costumbres serán el objeto de nuestras declamaciones y regaños á efecto de su mejora, para lo qual convidamos á todos los amantes de estos ramos á que nos comuniquen sus luces, y sobre ellas proceder con mas acierto en las decisiones. El sistema que nos hemos propuesto en la formacion de este periódico no es otro que decir la verdad; pero como esta para los que están endurecidos en el error suele ser tan amarga, procuraremos despojarla de aquella aspereza que tanto incomoda á veces, y si fuere posible endulzarla, y hacerla entender por los medios mas suaves y delicados. Estamos bien convencidos de que una crítica severa, aun quando sea justa, no produce mas que animosidades, odios y discordias, y que lejos de hacer el [2] efecto que debía, solo irrita las pasiones, y nace á los contrincantes prorumpir en los mas vergonzosos dicterios. La fortuna es, que hasta ahora muy pocas ó ningunas resultas sangrientas hemos visto de estas disputas odiosas, tanto mas vituperables, quanto en ellas se desprecia la moral, introduciéndose las personalidades, y viene la mordacidad á ocupar el lugar de la sana crítica. No cabe duda en que una disputa moderada y juiciosa es el mejor medio de descubrir la verdad en todas las cosas; pero como en estas qüestiones no todos tienen sangre fria para ver combatidas sus opiniones, se exâlta fácilmente la bilis de los disputantes, y separándose del camino recto de la razón, y hasta del mismo asunto de que están tratando, echan por la calle de enmedio de las personalidades. Léjos de nosotros semejantes invectivas, de que tenemos hartos exemplos, y en las quales la ignorancia y los corazones mal intencionados triunfan momentáneamente á la vista de los hombres incautos, de la misma razon, ofuscándola ya que no pueden arruinarla por ser indestructible.

Este Tribunal no solo no tendrá un carácter severo, sino que se distinguirá por su indulgencia en las cosas que la merezcan. Él vendrá á ser á la manera de un ensaye que decida de la verdadera ley de los metales literarios que se le presenten. Será un reprehensor inflexîble, que impida la propagacion de las obras inútiles trabajadas sin arreglo ni inteligencia: un corrector dulce y moderado de las que encierren algún aprovechamiento, advirtiendo los yerros, y animando á sus autores para hacerlos útiles á la sociedad; y un elogiador imparcial que dé gloria y alabanzas al mérito. Esta equidad conservada constantemente será causa de que renazca la emulacion, que es la productora de todos los bienes literarios y sociables que tenemos.

Nadie duda que la critica es una de las ciencias de mayor provecho; pero por una infeliz pension de las cosas humanas sucede, que quanto mas útiles y necesarias son, tanto mas grande y común es el abuso que de ellas se puede hacer. La crítica da valor á todas las obras, y sin ella nos exponemos á dexar lo arreglado por lo defectuoso: mas se reputa esta ciencia por la mas fácil de todas, por haberse corrompido tanto, que qualquiera con muy cortos estudios se atreve á profesarla, pues en teniendo un poco de libertad para decir quatro pullas, ya se cree qualquier zote un crítico consumado.

Este Tribunal no usará jamas unas armas tan ruines, que por mas graciosas que se quieran suponer, solo producirán un gusto frívolo é indiscreto: procurará sí, amenizar su locucion [3] con un estilo chistoso; pero no se separará de aquellas reglas que prescriben la decencia, la moderacion y el respeto.

La educacion, esta maestra universal de los hombres sociables, será aquí tratada de un modo que produzca todos los buenos efectos que proporciona. Sus máxîmas desenvueltas con claridad y especificacion harán una parte la mas considerable de nuestros trabajos; y nos tendremos por muy felices si sacamos el fruto de nuestras tareas en una materia que hace la felicidad del género humano, y la mas digna de la sociedad, y de la ocupacion de un escritor.

No dexaremos de atender igualmente á las costumbres, respetando y rectificando las que fueren buenas, y separándolas de los abusos y libertades, á los quales declaramos desde ahora una guerra incansable. No tiene duda que estos suelen tomar unas raices que casi parecen imposibles de desarraygar; pero muchas ocasiones aquellos mismos abusos y libertades que han subsistido á pesar de la poderosa influencia del Gobierno, han logrado destruirse por medio de una crítica festiva, representándolos en ridículo. Son innumerables los exemplos que se pudieran citar en comprobacion de este principio, y no se necesita, mas que consultar la experiencia para que veamos desterrados aquellos errores y preocupaciones que reynaban á principios del siglo pasado, sin mas autoridades ni armas que la crítica y el desengaño de algunos autores, que haciéndose superiores á la opinion general que dominaba entónces al vulgo, se declaráron contra la exîstencia de los duendes y fantasmas, y destruyéron otra multitud de creencias ridículas. La crítica racional y sensata es la única que tiene poder sobre las opiniones, y la que las rectifica; y en tanto que esta no convenza al entendimiento, todas las fuerzas humanas no serán suficientes para separar del error al que está poseido de él.

El término de la bondad de nuestras intenciones solo se dirige á la utilidad pública, cuyo fin es el único á que nos encaminamos. Para ello no cesamos de suplicar á los sabios el que concurran con sus doctas lucubraciones á perfeccionar el establecimiento de este Tribunal, quizás el primero que se haya formado con semejante objeto, y de cuya exîstencia debemos esperar los frutos muy ópimos para las ciencias, las artes, la educacion y las costumbres. ◀Metatextuality

El sabio Gobierno de nuestra monarquía, baxo cuya benéfica y justificada direccion hemos tenido la felicidad de nacer, protege abiertamente la literatura, como que le consta muy bien que acarrea inmensos bienes al estado; y no dexará sin premio [4] á los que dedicándose á ella se hagan útiles á la sociedad y á la nacion, extendiendo sus luces y conocimientos para la felicidad de sus semejantes.

El Regañón general. ◀Letter/Letter to the editor

TRIBUNAL CATONIANO.

Juicio que hace el Fiscal sobre el estado presente de la literatura española.

Level 3► Señor Regañon general: En cumplimiento de mi encargo he formado un juicio compendioso del estado actual de nuestra literatura así por mayor, reservándome para los Números siguientes el informe mensual que daré sobre los particulares que se presenten, y lo que ocurriere en el mes que corresponda. Seria muy conveniente desde luego el establecer un método para formar un juicio circunstanciado de las materias que debo tratar; pero no siendo posible este arreglo á causa de la inconexîon de los asuntos, y de su variedad entre sí, reduciré por ahora mis observaciones á dar una ojeada general sobre el estado en que actualmente se halla nuestra literatura.

Es innegable que el siglo literario de España ha empezado baxo de los auspicios mas felices. El gusto de las letras lo vemos difundirse insensiblemente hasta en las clases mas inferiores del estado. El vulgo mismo se halla ya casi libre de aquellas ideas falsas y ridiculas que poseia de tiempo inmemorial. Las obras literarias se hacen cada día mas comunes en las manos de todos; y á proporcion de los conocimientos que se van adquiriendo, se van ocultando en la nada de donde han salido aquellos escritores fatuos y sin principios, que aturrullaban á los ignorantes con sus despreciables producciones; y si acaso exîsten algunos por nuestra desgracia, casi todos conocen la miseria de sus escritos, y les dan el valor que merecen. La moda misma se ha propuesto rendirle su homenage á las ciencias y á las artes: el modo de escribir que se usa en el dia reduce todos los asuntos literarios á la substancia, despojándolos de aquellas redundancias y abstracciones que en otro tiempo tenían un gran par-[5]tido. Causa miedo seguramente el ver aquellos enormes libros en folio que solian contener una materia, que bien explicada en substancia, no ocuparia mas que un pliego ó dos de papel. No puede uno ménos de llenarse de asombro, considerando el talento de sus autores que tuviéron la habilidad de hacer un asunto tan elástico y dulce, que fuese capaz de ocupar tantas páginas, y de formar unos tomos que apénas bastarán todas las fuerzas de un gallego para manejarlos.

La proporcion del tamaño en los libros influye mas de lo que comunmente se piensa en la extension de las ciencias y de las artes. Quando una obra de qualquier materia es manuable, se conduce con facilidad á todas partes, es mas cómoda para leer, se aprovechan las horas del descanso y del desahogo en exâminarla, su expendio se multiplica, y su lectura, á causa del corto volumen, no produce fastidio ni distraccion. Todo lo contrario sucede con los tomos colosales; porque hablando con ingenuidad ¿quien no se estremecerá á lo ménos quando le sea preciso baxar de un estante un tercio de papel enquadernado, que se necesita una máquina para moverlo? Las carnes tiemblan en empezándose á hojear mamparas llenas de letras, y el deseo mas grande de aprender se obstruye y fastidia recorriendo tanto fárrago de voces destituidas de significacion, como es preciso emplear para extender y explicar una materia que pudiera explanarse cómodamente en muy pocas páginas. Los conceptos triviales, las explicaciones fuera de propósito, y los apóstrofes impertinentes ocupan una gran parte de las tales obras eternas, las quales tiene que ir espulgando, por decirlo así, un lector sensato á la luz de un estudio infatigable, para buscar por entre tanta escabrosidad el verdadero asunto que el autor se propuso tratar en ellas. Hasta la vista misma se resiente y cansa al repasar un exército de letras extendidas en una sábana de papel, capaces de substraer de su aplicacion al hombre mas laborioso.

Por fortuna ya se ha pasado esta moda, ya no vemos estos gigantes literarios, ya dan á luz nuestras prensas libros cómodos; y aunque no se hayan visto en nuestros dias obras maestras de los sabios, á lo ménos se han publicado obras buenas y útiles, así nacionales como extrangeras traducidas.

La Poesía, este ramo el mas hermoso y galan de la literatura, se va simplificando de aquella redundancia y cargazon de conceptos y voces rimbombantes, que en otro [6] tiempo eran la delicia de las gentes. Hubo siglo, y no muy distante de este en que vivimos, en que los felices ingenios españoles entregados totalmente al gusto corrompido de la era en que exîstiéron, al mismo tiempo que mostráron en sus obras poéticas la invencion mas exquisita, el fuego y entusiasmo mas acendrado, y la locucion mas pura y castiza, las acompañáron y vistiéron con los delirios mas extravagantes, con los conceptos mas descabellados y furiosos, y con las figuras mas delirantes y grotescas que se pudieran pensar, y que repugnaban á la misma razon, que debia haber sido su norma. El siglo XVII. será siempre memorable en los anales de la poesia española. La aficion y el mal gusto que reynó en su época por este precioso ramo literario, produxéron unas obras que no se deben mirar sino como un emblema de lo bueno y lo malo á que puede llegar un hombre de talento quando no es dirigido por el buen gusto. El referido siglo produxo un Calderon el Poeta cómico por excelencia, que excedió á Lope de Vega en las bellezas del diálogo y en los conceptos, y que casi lo igualó en su fecundidad y en sus desvaríos: dió tambien un Quevedo el príncipe de los poetas líricos: las obras de estos dos hombres célebres, y las de otros muchos que en su tiempo les quisiéron competir, y que aunque no lo consiguiéron, no dexarán por eso de tener un gran mérito, son en el concepto de los hombres sabios el compendio de los talentos mas sublimes, y de las mayores extravagancias; del estudio mas infatigable, y de la debilidad mas vergonzosa, acomodando sus producciones al mal gusto de su tiempo. La maestría y bellezas que derramáron en ellas á manos llenas, han sido causa de que los seudopoetas de nuestros dias hayan imitado sus yerros hasta el exceso, sin acercarse en mil leguas al menor rasgo de sus aciertos.

En este estado se halla nuestro teatro entregado á la provision dramática de autores famélicos, y de traductores sin principios ni conocimientos fundamentales de las lenguas que manejan. Suele aparecer á veces un rayo de luz en algun drama bueno, como sucede con algunos que tenemos no solo buenos sino excelentes: pero como la escena parece que es como privativa de la autoridad del vulgo, no se sigue el verdadero camino del buen gusto que los tales dramas se proponen; y aunque se aplauden y admiran sus bellezas, su disposicion, y el talento del que los ha formado, no se dexan de aplaudir igualmente las composicio-[7]nes monstruosas que no hacen mas que sorprehender la aceptacion de los espectadores con visualidades y apariencias estrepitosas.

Yo no pretendo ser un censor severo del teatro, quisiera sí que se mejorase, y que llegara á su perfeccion: pero me hago cargo también de que una reforma tan pronta y precipitada, como pretenden algunos, es del todo imposible. Para verificarla es necesario antes tener un número proporcionado de comedias maestras que presentarle al pueblo, formar su gusto, manifestarle lo bueno con todas sus bellezas, y lo malo en toda su deformidad, y crear buenos cómicos. Esto ya se ve que no es obra de tres ó de quatro años. La mejora de nuestros teatros es evidente, pero lenta, y no puede ser de otro modo, pues desde el estado en que se hallaban poco hace, hasta el de su perfeccion, hay muchos y penosos escalones que las circunstancias y los pocos recursos, con otras imposibilidades, no permiten subir con tanta prisa. La escena la tenemos bien decorada: entre los cómicos hay algunos muy buenos, y no pocos regulares: en los dramas es verdad que no contamos muchos perfectamente acabados: sin embargo, no son tan pocos los regulares y medianos que no se pudiera llenar el año á falta de los excelentes: el gusto del público por los delirios antiguos va decayendo visiblemente, y ya no vemos aun en el vulgo mismo que se lamente la falta de los mamarrachos mágicos y estrepitosos que en otro tiempo eran la espectativa de las gentes. Todos estos adelantos me hacen mirar el teatro de distinto modo que lo ven algunos críticos que quisieran que en un dia llegara á una perfección á que no llegó nunca el de Grecia y Roma. Esperemos pues que el tiempo, las proporciones, y la proteccion del Gobierno concluyan una obra que camina con tanta celeridad; y no desanimemos, ni faltemos á la justicia que merecen aquellos individuos que nos abren en el dia la senda para tanto bien.

Nuestro oficio, señor Presidente, es regañar; pero quando vemos unos vivos deseos de acertar, y que si no se consigue no es por culpa propia, sino por el concurso de otros accidentes, entónces debemos emplear toda nuestra indulgencia, y si está en nuestra mano, vencer los obstáculos, señalando el verdadero camino. Con esta equidad, que es una de las reglas fundamentales de nuestro Tribunal, decidiremos de lo bueno y de lo malo que se nos presente, [8] haciéndonos cargo de los inconvenientes, y pesando las circunstancias inocentes ó maliciosas que lo acompañan, para distribuir bien la justicia en nuestros fallos.

Metatextuality► En los Números siguientes continuaré este juicio, que á pesar de contener muchas materias, lo reduciremos todo lo posible sin faltar al cumplimiento de nuestra obligación. ◀Metatextuality Salud.

El Fiscal. ◀Level 3

ACAECIMIENTOS LITERARIOS.

Level 3► En estos dias se han publicado impresas las obras siguientes.

[La Lugareña orgullosa::La Lugareña orgullosa]. Comedia original en tres actos, representada en el Teatro de los Caños del Peral.

[La Moza de cántaro::La Moza de cántaro]. Comedia de Lope de Vega, refundida por Don Cándido María Trigueros, y representada en el Teatro de la Cruz.

Con este motivo ha mandado el Presidente del Tribunal Catoniano que sean reconocidos y exâminados estos dos dramas por su Asesor segundo, para decidir de su mérito; con advertencia de que á la censura que se deberá hacer de ellas haya de preceder un juicio circunstanciado del estado actual en que se halla nuestra escena, especificando las causas de sus progresos ó decadencia, y los medios que le parezcan mas adequados para su mejora: todo lo qual se dará á luz por medio de este papel luego que concluya el Fiscal el juicio que está formando sobre la literatura española en general.

Los dramas nuevos que se fueren representando serán censurados luego que se publiquen impresos, pues por la sola representacion no se puede formar un juicio sensato de ellos, á

menos de que sus autores no remitan á este Tribunal los originales para ser reconocidos.

El Secretario. ◀Level 3 ◀Level 2

CON REAL PRIVILEGIO.

MADRID.

EN LA IMPRENTA DE LA ADMINISTRACION DEL REAL ARBITRIO DE BENEFICENCIA. ◀Level 1