El Censor: Discurso CXXXV

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Nivel 1

Discurso CXXXV

Cita/Lema

Spectatum admissi risum teneatis, amici?

Horat. Art. Poet. v. 5.

¿Podréis tener la risa al ver, Amigos, Espectáculos tales?

Nivel 2

Metatextualidad

Aunque tenia mucho y bueno que decir á mis lectores en órden á abusos que se cometen con ocasion de Navidades; no he querido hablar sobre ello por dos causas. La primera, porque seria indisponerme con la gente mas granadita de esta Corte; y ahora mas que nunca es el tiempo de estar en paz con todo el mundo. La segunda, porque es tiempo tambien de reir y regocijarse honestamente; y lo que yo podria decirles, aun quando no tuviese este efecto, seria por otra parte demasiado sério y nada alegre. He aquí una carta que recibí pocos dias ha, la qual ha de satisfacer segun creo, mis deseos de divertirlos con cosa en algun modo perteneciente á este tiempo.

Nivel 3

Carta/Carta al director

Señor Censor: Muy Señor mio y de mi mayor estimacion: sírvase Vm. decirme si pasa en casa Corte lo mismo que diré á Vm. pasa en esta Ciudad; porque si así fuere, y, si como es regular entónces, pasáre lo mismo en las demas Ciudades del Reyno, dígole á Vm. que incontinenti me mareho á mi lugar otra vez: y si mi padre quiere que estudie, que me envie aunque sea á la Universidad de Fez, que tambien hay Universidades en los Estados de S. M. Marroquí.

Nivel 4

Autorretrato

Yo, Señor mio de mi alma, soy un pobre Estudiante de Leyes, que no he estudiado ni Retórica, ni Poética, ni Filosofia á derechas; porque para hablarle á Vm. ingenuamente, yo no estudio sino para comer, y no como para estudiar, sino para vivir, y ver si un hombre puede adelantar algo de camino, que es tras lo que andamos todos. Sin embargo, si los pocos estudios que he hecho no me han trabucado ya enteramente el sentido, (segun que á mí se me trasluce ha de suceder), crea Vm. que lo tenia yo tan bueno como el mejor de mi Aldea, y que si bien no era un sabio, ni un hombre instruido, jamas me tuve ni me tuviéron por tonto ó fatuo. En punto de natural y sana razon no me trocaria con mi padre mismo, que ha tenido la honra de ser uno de los corresponsales del Censor. Pues ahora le digo á Vm. que ó yo he llegado á perder enteramente el sentido comun, ó toda, todita la gente de esta gran Ciudad es un atajo de bestias las mayores de quantas por dispensacion divina andan en dos pies desde el uno al otro polo. Porque, Amigo, lo que aquí pasa, me parece imposible pase en ninguna parte del mundo.

Relato general

Es el caso que yo no habia visto en mi vida Comedias: pero mi natural razon me decia, que pues la Comedia es una cosa fingida, seria imposible que agradase sino imitaba á lo verdadero: como sucede con una pintura, con una estatua, ó con otra qualquier cosa. Asistí, pues, á una de las que se acostumbran representar en esta Ciudad por las inmediaciones de Pasquas, y duran hasta las Carnestolendas. Son de las que el vulgo llama aquí de Bastidores, y la gente culta de Teatro, y cuestan algo mas caras. Habia yo oido contar á mi Padre, que en una que se hizo en mi Aldea para las benditas Animas, algunos años ántes que yo naciese, á la que habia asistido mucha gente de esta Ciudad, se hizo gran burla de mis pobres paisanos, porque unos Moros interlocutores saliéron vestidos de casaca y peluquin. Y sin embargo de que esto no habia sido por ignorancia de los que dirigiéron la fiesta, sino porque fué imposible hallar otros trages mas propios; quedáron no obstante tan avergonzados, que no han vuelto desde entónces á pensar en que se represente otra. Mas por el siglo de mi abuela, que si hubiese estado yo en el mundo por aquel tiempo, y hubiese visto lo que ahora he visto, que habia de haber sido el mas digno defensor de mi cara patria, contra estos bufones de la Ciudad, infinitamente mas tontos que mis compatriotas, á quienes honran con los epítetos de gansos y de paletos. Porque ¿qué tiene que ver lo que inculpablemente sucedió allí con lo que ahora he visto yo? No le hablaré á Vm. de la suma impropiedad que en todo he notado: en el lenguage, que en maldita de Dios la cosa corresponde al papel que, cada interlocutor finge: en las acciones, ó por mejor decir, contorsiones; en los gestos y ademanes, en el tono de la voz; y sobre todo, en los hechos representados. Allí he visto al famoso Osio vestido á modo de Fraile Francisco disputando con el herege Manichéo delante de Juliano Apóstata sobre el Misterio de la Concepcion, que era una edificacion y un gusto oirlo. Qué gestos tan furibundos los del Sr. Juliano, y no le iba en zaga Manichéo quando veian que iba venciendo Osio. Allí he pasado yo revista á las seis edades del mundo, y á todos los lugares del Universo en ménos de tres horas que duró la gran Comedia de un ingenio de esa Corte. No le hablaré a Vm. de las crueles batallas en que los dos numerosos exércitos reñian dando vueltas al rededor de un círculo de dos varas. ¡Qué tajos y qué reveses, que cruzar y mas cruzar las espadas, aunque siempre con algun tiento, y con las puntas ácia el Cielo, por evitar una desgracia! No le hablaré á Vm. de los jardines del Rey Moro iluminados en medio del dia, que dexaban a todo el discreto auditorio con toda la boca abierta, y cuyo esplendor era tal, que ántes que se descubriesen, ya se trasparentaba por medio de las paredes de un quarto á pesar de estar bien entapizado. No le hablaré á Vm. de un Sol, que se dexó ver para que Gedeon le mandase parar en medio de su cartera; y que con todo estar parado y bien parado, así quitaba la vista de los ojos, como pudiera hacerlo el farol de la Retreta. No le hablaré á Vm. en fin de otras muchas cosas que verdaderate son bien dificiles de imitar. Le hablaré á Vm. solo de algunas de aquellas que es imposible de toda imposibilidad, el que bien ni mal se imiten. ¿Y dígame Vm. por su vida si un diablo vestido de luto, y con medias, guantes y corbatin encarnados, no valdrá tanto como un moro con casaca, y con peluquin? Bien veo que una vez que Bercebu, (que esta era la gracia de dicho diablo) se habia de hacer visible, era forzoso presentarle con algun trage; ¿pero no habia otro mas digno del Príncipe de los demonios? ¿No ha de haber alguna distincion entre él, y la plebe diablesca? Y sobre todo ¿por qué presentarle á la Europea? ¿Es acaso que no hay diablos de todas naciones? ¿O por ventura los diablos han adoptado nuestras costumbres y modas? Y ya que fuese á la Europea, ¿porque á la Europea moderna y no á la antigua? ¿Por qué no con golilla ú otro trage mas magestuoso y negro? Digo negro, porque ya se vé que este color es propio del Príncipe de las tinieblas: y tambien pudiera pasar lo de las medias y los guantes encarnados; porque fuera de que este color tiene semejanza con el fuego, yo se de buen original que su Magestad luciferina quando se nos viene por acá arriba á revolver todo el mundo, á alborotar las repúblicas, á hacer que se deguellen los hombres unos á otros, por un quitame allá esas pajas, o sobre dos ó tres sílabas que a veces no importan un bledo, gusta mucho disfrazarse con un semejante trage. Pero presentarle de militar, que digan lo que dixeren, es un trage poco serio, es la inverisimilitud mayor que pueda pensarse: principalmente quando no hay otra cosa de sobra que trages que le sentarian mucho mejor. Lo que yo sé decir es, que si entre los payos de mi aldea se hubiese de representar al demonio, no se le hubiera revestido de ningun trage propio de los del pueblo; se le hubiera presentado con mas propiedad, como los del dia del Corpus, bien tiznado, con su par de cuernos en la cabeza, y su gran rabo. ¿No han visto estas gentes como le pintan á los pies de S. Miguel? ¡Pues qué le contaré a Vm. de otros prodigios que han asombrando mis ojos! Yo antes de ir á la comedia habia oido hablar de ellos, de apariciones de diablos, de apariciones de Angeles buenos y de otras cosas estupendas. Como católico Christiano creia yo que esto ya se vé no se haria por hechicería ni por arte de encantamiento. Habia oido no se qué de vuelos, cuyo mecanismo nadie me habia explicado, y que me sorprehendia enteramente. Pero no pudiendo persuadirme á que consistiese todo en la friolera que despues ví; me habia persuadido que una infinidad de máquinas costosísimas, inventadas por algun célebre Matemático, se harian jugar en lo interior del teatro para presentar á la vista cosas incapaces de suceder verdaderamente. Mas le aseguro á Vm. por el nombre que tengo, que quando llegué á ver lo que todo aquello era, fué tal mi admiracion y mi pasmo que excedio en infinitos grados al que antes habia tenido. Mire Vm. Señor Censor; si algunos bribones se pusiesen á burlarse de este modo de todo el resperable Público de mi Lugar, que no pasa de ciento y cincuenta vecinos, le aseguro á Vm. que no lo habian de contar por gracia, y que el Señor Alcalde por el estado noble me los embocaria á todos en la cárcel y los echaria despues del pueblo á patadas en medio de la gritería de los muchachos. Vaya, Amigo, que si esto no es burlarse de la gente honrada yo no se qué cosa sea. Figúrese Vm. un grupo de Angeles (tres quando ménos) que vienen a dar de mancomun é insolidum una embaxada á un cierto personage interlocutor, y á fortificarle contra las astucias de un demonio, cuyo infernal espíritu habia penetrado prodigiosamente en la pieza por un agujero harto capaz para dar entrada á un buey aunque fuese de Castilla, y que media hora ántes se habia abierto en el suelo. Figúrese Vm. que dichos Angeles comienzan á aparecerse por los pies, asomándolos por encima del Teatro y por medio de unas tiras de lienzo azul que al parecer querian representar el Cielo. Figúrese Vm. que se aparecen tan repentinamente que desde que se viéron los pies hasta que se descubriéron las cabezas diéron suficiente tiempo á algunos que se hallaban á mi lado para disputar entre ellos á quienes de los Comediantes ó Comediantas pertenecian las patas que se veian colgar. Aquella es la Quisquillosa, decia uno: no es sino Pepa la tulipanera, respondia otro: ¿no ves hombre qué patas tan gordas? como botas las tiene de hinchadas, y sino ahora lo veras. Presentaronse en fin los Angeles en medio del ayre y se acabó la disputa. Luzbel, que era padre de uno de ellos, y que hasta entóneces habia estado inmobil y clavado los ojos en el cielo, temiendo sin duda no cayese tambien de allá su hijo figúrese Vm. que en este punto comienza á hacer de las suyas: quiero decir, á agacharse y doblar el cuerpo, cruzar las manos y arquear los brazos por delante de la cara, y derrengarse un poco ácia atras, dando algunos pasos y patadas en el suelo; todo lo qual significaba, segun la interpretacion vulgar, que no podia sufrir la presencia de los Angeles, ni de las cosas celestiales. Figúrese Vm. que luego que fuéron llegados á tierra firme, Luzbel á pesar de todo este horror, se acercó al uno de ellos por la espalda, y lo mismo hizo el Venerable Siervo de Dios con otro Angel, que era su parienta, y segun algunos su cortejo (en mi tierra dirian, que el Angel era la muger ó la manceba del Siervo de Dios); y figúrese Vm. en fin, que el tercero, que era Angel masculino, anduvo algunos pasos ácia atras hasta acercarse tambien por la espalda á los bastidores. ¿Pero á que no acierta Vm. pura qué? ¿á que no cae Vm en ello aunque lo piense diez años? ¿á que por mas y mas vueltas que dé Vm. á su grande ingenio no adivina cómo pudo hacerse este descenso, sin riesgo de que algun Angel se quebrase una costilla, ni á qué fin prensentaban despues de haber descendido la espalda á otros? ¿quiere Vm. saberlo? Pues prepare Vm. toda su admiracion para despues de haberlo oido. Sepa Vm. que el angelical feliz descenso se hizo (alabe Vm. á Dios y pásmese de la sutileza del ingenio humano), se hizo, digo, por el medio tan sencillo de unas cuerdas como mi brazo; y que lo que buscaban los Angeles, luego que se halláron sanos y salvos en el suelo, no era sino quien los desenganchase de ellas, las quales despues de esto se subiéron por su propia virtud arriba, y los Angeles habiendo hecho su arenga, parte cantada y parte rezada, se fuéron adentro por sus pasitos contados sin hacer uso de sus alas: con lo que se remató la escena. En esta viniéron los Angeles de arriba á baxo por líneas perpendiculares: en otra voló uno de abaxo á arriba por una línea inclinada al orizonte. El artificio no fué ménos simple y maravilloso, bien que expuesto á los ojos de todo el mundo. Una gruesa maroma tendida desde el tablado á uno de los mas altos palcos ó aposentos: en esta maroma una especie de garrucha que corria por ella tirada de otra cuerda: en esta garrucha un fuerte gancho de fierro: y en este gancho enganchado el Soberano Paraninfo; vea Vm. aquí la prodigiosa virtud con la qual rompió este la azul esfera. No parece, Señor Censor, sino que Virgilio ha pintado á la letra los efectos terribles de este mismísimo vuelo quando ha dicho en su Eneida:

Nivel 5

Cita/Lema

Insequitur clamorque virum, stridorque rudentum.
Por lo que hace al rechinar de las maromas, no es dificil averiguar en qué podia consistir. Mas en quanto á la terrible griteria de los varones (excepto la de los ganapanes que manejaban la operacion), yo no sabré de que podria provenir sino de que el Soberano Paraninfo era tambien hembra, y volaba por encima de las cabezas del auditorio. Seria nunca acabar si hubiese de referir á Vm. todos los demas prodigios que he visto executar en la dichosa Comedia. Baste decir que la mitad de ella se ha representado en los ayres, ó en medio de nubarrones; y que un tercio de los interlocutores ha salido por debaxo de tierra á la escena. En la que ahora se está representando, me dicen, se executan prodigios que no les van á estos en zaga. Vense violones que caminan por su pie, ó los de un muchacho que va dentro de ellos, y del qual no se descubre mas que de la rodilla para abaxo. Vénse leones, oso, tigres, y otros quadrupedos, á cada uno de los quales sobra un par de piernas humanas. Vénse hombres invisibles para todos ménos para los espectadores. Vénse estatuas de piedra transformadas en Comediantas vestidas de blanco, y que andan y cantan como ellas. Vénse otras metamorfosis estupendas, de un rosal, que se lo traga la tierra, en una tercera especie de demonios, cada uno con su porra, y que salen de allí á un rato por donde mismo entró el rosal: metamorfosis de árboles en músicos: de cadalsos en estrados: de una plaza en una sala &c. Sobre todo se ve lo que hasta ahora no se ha visto, ni se verá jamas en carne mortal: se ve el mismísimo infierno poblado dediablos de ambos sexos: y aun dicen, que algunas diablillas con sus ojuelos y un no se que, á que da alma el gracioso con sus dichos, son capaces de hacer darse á quatrocientos diablos, á mas de quatro espectadores.
Vea Vm. aquí, Señor Censor, las grandes fiestas que divierten á las gentes de todas clases de esta populosísima Ciudad. Yo he oido decir á uno de mis condiscípulos, que todos los Sabios, así antiguos como modernos hacen consistir la perfeccion del Teatro en que mueva o bien la risa, ó bien la compasion y la lástima. Si esto es así, Señor Censor, ningun Teatro mas perfecto que el de esta Ciudad. Le aseguro á Vm. que no ha podido hacerme reir mas, y que por otra parte me da grandísima compasion, el ver que hombres barbados se diviertan con cuentos, con frioleras, con inverisimilitudes é impropiedades que solo podrian divertir á un niño. Pero si es que la risa y la compasion, de que hablan los Sabios es una risa y una compasion de otra especie: y si es que los Teatros de todo el Reyno están como este está; dígamelo Vm. por su vida, porque inmediatamentc me voy á buscar la razon, y á tratar con gentes á mi villorrio donde seguramente no pasarian tales sandeces. Y si hubiere de proseguir en los estudios iré á acabarlos a la Universidad de Fez; que segun la comun ignorancia y corrupcion de la razon y del gusto que me imagino aquí, no dexará de lucirseme, ni dexaré de aprovechar con ellos á los demás, tanto como si los hubiese hecho en la mejor Universidad del Reyno. Nuestro Señor guarde á Vm. muchos años, * * * *  y Diciembre 9 de 1786. B. L. M. D. Vm.
Su mayor servidor.
N. de N. P.D. He olvidado decir a Vm. que en una tonadilla de la dichosa Comedia se habló del Censor, aunque no entendí bien lo que se dixo. Si conmigo sucediera . . . . . Pero esto no es negocio mio.”