El Censor: Discurso CV

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Discurso CV

Zitat/Motto

Mens agitat molem . . . . . 

Virg. AEneid. VI. v. 727.

Por una inteligencia está animado
Este grande Universo.

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Metatextualität

El Público ha visto ya algun escrito que le he presentado de mi Padre. He aqui dos papeles de mi Tio el mayor que tenia copiados para publicar los en la Quaresma pasada. Pero no ha habiendo tenido entonces cabida me veo obligado á presentarlos este Jueves, porque por ciertos motivos me he hallado impedido de trabajar otra cosa.

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I.

“Las verdades mas sublimes que apenas han alcanzado los mas bellos y mas cultivados genios del Paganismo, han venido á ser ahora familiares á los entendimientos mas limitados. Este es un vasto campo de reflexîones consoladoras, para un hombre que considera las cosas con ojos filosoficos, y que posee un alma capáz de alegrarse del progreso que los conocimientos mas utiles hacen en el linage humano. ¿De qué fuente puede derivarse una revolucion tan maravillosa es las almas de los hombres? ¿De dónde viene, que Provincias habitadas en otro tiempo por pueblos idiotas y salvages, sobrepujen en el conocimiento mas elevado de la Teología y la Moral, á la antigua Grecia, y á los otros Payses Orientales, que han sido mirados como de las Artes y las Ciencias? ¿Es acaso este un efecto de la superioridad de nuestros talentos, y de la extension de nuestro genio? ¿Cómo? ¿Nuestros artesanos los mas humildes tendrián por ventura el entendimiento mas despejado que los Filosofos antiguos, los quales se han adquirido la mayor reputacion? No ciertamente; esta felíz mudanza no es debida sino al Dios de la verdad, que se ha dignado descender del Cielo para ser nuestro Maestro, y para comunicarnos sus luces. No porque seamos genios transcendentales, sino porque somos Christianos nos hallamos instruidos de las mas augustas verdades, que se han ocultado al resto de los hombres. Si hay algunos Espiritus-fuertes que no sean Atheos confirmados, la caridad nos debe inclinar á creer que no han hecho reflexîon jamás sobre lo que acabamos de decir, y que este es un hecho que les es enteramente desconocido. Con el designio pues de apartarlos de una tan funesta ignorancia, voy á comparar aqui las idéas que los Christianos se forman de la exîstencia, y de los atributos de Dios, con las nociones groseras con que el Mundo Pagano envilece este grande y noble objeto. De esta manera un espiritu libre de toda preocupacion, pordrá ver de una sola mirada todo lo que se puede pensar con baxeza y sin razon á cerca de la mas noble materia, puesto en paralelo con todo lo que se puede decir de mas sensato y mas sublime á cerca de la misma. Juntaré aqui para esto algunos pasages de la Santa Escritura, que ruego á los Espiritus-fuertes tengan á bien considerarlos meramente como maxîmas de algunos Filosofos.

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Aunque hay muchos que se llaman Dioses, no hay sin embargo, sino un solo Dios para nosotros. El hizo, los Cielos, y los Cielos de los Cielos con todos sus exercitos, la tierra y lo que contiene, el mar y todo lo que en él está contenido, dixo: haganse y hicieron. El ha extendido los Cielos, y fundado la tierra, y la ha suspendido sobre la nada. Puso barreras al mar, y le dixo: basta aqui llegarás,y aqui se detendrán tus furiosas olas. El Señor es un espiritu invisible, en el qual vivimos, nos movemos y somos. El es la fuente de la vida; conserva á los hombres y á las bestias; dá el alimento á toda carne; el alma de todo ser viviente está en su mano. El Señor empobrece y enriquece, humilla y eleva, mata vivifica, hiere y sana. Por él los Reyes reynan los Principes administran la justicia. Ninguno de nuestros cabellos cae al suelo sin su voluntad. Todos los Angeles le están sumisos, todas las Potestades le obedecen. Destina la Luna para las estaciones, y el Sol conoce el lugar en donde se ha de poner. Truena con su voz, y la dirige bajo toda la bobeda de los Cielos, y sus relampagos llegan hasta las extremidades de la tierra. El fuego y el granizo, la nieve y las exhalaciones executan su voluntad. Hace del viento sus Angeles, y de las llamas del fuego sus Ministros. El Señor reyna de edad en edad, y su imperio es un imperio eterno. La tierra, y los Cielos perecerán; pero Tú, Señor, eres permanente; ellos se envejecerán como un vestido, Tú les mudarás como un vestido, y serán mudados; pero Tú eres siempre el mismo, y tus años no tendrán jamás fin. Dios es perfecto en conocimiento, su inteligencia es infinita; él es el padre de las luces, su vista se extiende basta los fines de la tierra; él vé bajo toda la extension del Cielo. Dios mira á todos los hijos de los hombres desde el lugar de su morada, y considera todas sus obras; pone limites á nuestro camino, y cuenta nuestros pasos; conoce todos nuestros caminos; nos vé quando entramos en nuestros quartos, y nos encerramos en ellos. Sabe cada una de las cosas que están en nuestra imaginacion, y es imposible ocultarle ninguno de nuestros pensamientos; escudriña los corazones y los riñones. Dios es bueno para con todos, su tierna bondad se extiende á todas sus Obras. El es el Padre del huerfano, y el Juez de la Viuda; él es el Dios de Paz, él Padre de misericordia, y él Dios de todo consuelo. El Señor es grande, y nosotros no le conocemos; su grandeza es impenetrable; quien es sino él el que ha medido las aguas en la cavidad de su mano, y los Cielos con el palmo? pesa las montañas y los collados en la balanza. A tí, Señor, la grandeza, el poder, la gloria, la victoria, y la Magestad; tú eres muy grande, tú estás revestido de Gloria, el Cielo es tu trono, y la tierra el escabel de tus pies.
¿Puede el genio de mayor extension, y de mas amenidad, elevarse á una idea de la Divinidad mas magnifica, mas exâcta, y al mismo tiempo mas amable, que la que acabamos de vér pintada con las imagenes mas fuertes y expresada con los terminos mas nobles, y mas pateticos? Con todo, este era el lenguage de Pastores, y Pescadores. Tan nobles sentimientos fueron particulares á Judios idiotas, y á pobres Christianos perseguidos, al mismo tiempo que las Naciones poderosas é ilustradas se entregaban á una dolatria brutal, de la que he aqui una elegante descripcion, tomada de uno de nuestros Autores sagrados.

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¿Quién es aquel que ha formado un Dios fuerte y que ha fundido una imagen tallada para no sacar de ello algun provecho? Toma el fundidor el cincel, trabaja con el carbon, y lo forja con martillo; lo hace á fuerza de branzos, aun teniendo hombre de tal suerte que no puede mas, y no bebe agua; está muy sediento de ella. Planta un fresno, y la lluvia le hace crecer. Hace fuego de él y con él cuece pan, come su carne, la qual asa á este fuego, y se harta de ella; se calienta tambien, y del resto del tronco hace un Dios; lo adora y se postra delante, de él, y le hace su suplica, y le dice: librame porque tu eres mi Dios. Ninguno entra dentro de sí mismo, ni tiene conocimiento ni inteligencia para decir: yo he quemado la mitad de esto al fuego, y aun he cocido pan en los carbones, he asado carne y la he comido, y de lo demás haria una abominacion? adoraria un leño?
Si en medio de un pueblo dado á un culto tan extravagante, se declararse un hombre por la libertad de pensar, sacudiendo el yugo de una igual idolatria, es preciso confesar que haria honor á la naturaleza humana, y que merecería el glorioso titulo de defensor de la razon; titulo que tanto embelesa á nuestros Espiritus-fuertes ¿Pero se tiene acaso el mismo derecho en una Nacion que no dirige su culto sino al Sér Supremo, y cuya religion por lo menos no tiene nada en sus dogmas, ni en sus ceremonias que se oponga derechamente á nuestra luz natural? Un hombre que en tales circunstancias se cubre con el pretexto de la libertad de pensar para desacreditar la Religion de su patria, descubre un alma destituida de discernimiento, é incapáz de distinguir entre un espiritu libre, y un espiritu de contradiccion. Yo sé bien que un pequeño número de nuestros Espiritus-fuertes, pretende tener una adhesion séria á la Religion natural, pero me parece que desmienten esta pretension por un desvarío que parece no tener su principio, ó su fuente sino en una invencible estupidéz. Aman la Religion natural, y hacen todos sus esfuerzos para desacreditar los libros sagrados, que han conducido esta Religion natural al alma de nuestros pueblos. ¿No es pues natural creer, que si sus designios se cumplen, perecerá el efecto con la causa, y que volveremos á entrar en el abismo de aquella idolatria, donde se sumergen tantas Naciones que no conocen la Religion revelada? Hablando con propiedad creo, que se haria agravio á qualquiera de nuestros Espiritus-fuertes modernos, suponiendole empeñado en las extravagancias de la idolatria, pero es palpable que sea por imprudencia ó por designio premeditado hace todo lo que puede para empeñar en ellas á los demás hombres. ¿Yqué se ha de concluir de aqui, sino que su conducta le expone á la triste alternativa, no digo de pasar por un loco ó por un malvado, sino de atraer sobre sí, ó el menosprecio, ó el odio del Genero Humano?

II.

La facultad de comprehender y de reflexar que nos hace tan superiores á los brutos, nos expone al mismo tiempo á un gran número de turbaciones y de inquietudes de las que no son capaces los seres de un orden inferior á causa de su misma inferioridad. Por el medio de esta facultad nos anticipamos los pesares con que nos amenazan nuestras desgracias futuras: por ella misma, de males imaginarios sacamos verdaderos dolores; é ingeniosos en atormentarnos, sabemos engrandecer y multiplicar los que nos vienen de un desastre inevitable. Una verdad tan sensible debe obligarnos á hacer todos nuestros esfuerzos para hacer buen uso de este dón sublime, que quando no es sino el instrumento de nuestra imaginacion, y el primer resorte de nuestros deseos desreglados, nos hace mas miserables que los brutos en la misma proporcion que nos eleva sobre ellos. Uno de los mejores medios de emplear bien esta facultad es servirse de una prerogativa comun á todos los seres mortales, que consiste en la fuerza de apartar nuestra alma de los objetos que hacen impresion en los sentados, y convertir toda su actividad hácia sí misma. Haciendo uso de un privilegio tan inestimable, consigo muchas veces poner límites á los pesares que traen su origen de aquellos pequeños infortunios dignos de menosprecio y que hacen tan vária la vida humana. ¿Cómo podrán hacer ellos impresiones duraderas en un alma que se considera como una imagen de la Divinidad? ¿En un alma que se fortifica por la contemplacion consoladora de sus propios atributos, y que sabe descubrir en ellos el caracter de su origen celestial, y un camino que puede conducirla al conocimiento del Padre de los espiritus? Pero jamás la atencion que pongo sobre mí mismo me causa una alegria mas viva, que quando la doy toda entera á la consideracion de mi inmortalidad. Entonces es quando me siento capáz de mirar con un noble menospredo toda desgracia pasagera, persuadido que soy dueño de gozar dentro de un pequeño número de momentos, de una felicidad perfecta é inalterable. Si no fuese por esta certeza consoladora, valdria mas ser el mas estupido, y el menos viviente de todos los animales, que un sér inteligente á quien pone en tortura el deseo invencible de exîstir siempre sin poder esperar con fundamento, que un deseo tan natural será alguna vez cumplido. Con la mas grande satisfaccion por consiguiente veo al Instinto, á la Razon, y á la Fé unirse entre sí para asegurarme de una verdad tan preciosa. Ella nos ha sido revelada por la Divinidad misma: los Filosofos mas ilustrados la han descubierto; y los idiotas tienen una viva inclinacion á adoptarla luego que les es propuesta. Es tambien un entretenimiento mui agradable reflexar sobre las diferentes formas, baxo las quales ha aparecido en el mundo el Dogma de la inmortalidad del alma. La Metempsychosis de Pitagoras, el Paraíso voluptuoso de Mahoma, y el sombrío Imperio de Pluton vienen á parar todos á un mismo centro: quiero decir, á la duracion de nuestra existencia, despues de la muerte, y á una distribucion de castigos, y recompensas proporcionadas a la conducta de los hombres en esta vida. Pero en todos estos planos de una vida futura hay algo de grosero, y de inverisimil que repugnan á un espiritu que raciocina, y que está hecho á reflexar. Al contrario no hay cosa mas natural, y mas sublime que la idéa que revelacion nos dá de la felicidad por venir:

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lo que el ojo no ha visto, ni la oreja ha oído, ni ha entrado en el corazon del hombre, es lo que Dios ha preparado para los que le aman.
Los systémas de que hablamos antes no son otra cosa que retratos adornados, y hermoseados, con lo que se llama felicidad en este mundo: en lugar de que en la descripcion indeterminada, y general que acabamos de vér hay una grandeza que es dificil de expresar. Ella nos hace sentir que se ha menester una elevacion extraordinaria de alma, no solo para ser capáz de gustar las delicias del paraíso de los Christianos, sino aun para formar de él algua idéa. Verdad es que para atemperarse á nuestra débil imaginacion, y á la baxeza de nuestro modo de concebir, emplean nuestros libros sagrados muchas veces los términos de luz, de gloria, de corona, de triunfo; pero estas imagenes no sirven sino para darnos un ligero rasgo de una felicidad que es infinitamente superior á nuestras idéas ordinarias. Lo mismo se vé tambien en las expresiones siguientes:

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El que está sentado sobre el trono los cubrirá como tabernaculo. No tendrian ya de allí adelante, ni hambre, ni sed, y no estarán expuestos á los ardores del sol, ni ninguno otro ardor, porque el Cordero está sobre el trono será su pastor; él los llevará á las fuentes de aguas vivas, y Dios enjugará toda lagrima de sus ojos. No habrá para ellos, ni muerte, ni trabajos, ni inquietud; todas las cosas viejas son pasadas; hé aqui que todas las sosas son nuevas; no habria yá noche, y no tendrian necesitad de la luz del sol, porque el Señor, Dios les dará su luz, y les dará de beber en el rio de sus delicias: Reinarán para siempre, y recibirán una corona que no se marchita.
Por vagas que sean estas imagenes no dexan por eso de llenar nuestros corazones de la mas viva alegria. Porque ¿no es preciso tener la imaginacion bien seca, y el espíritu bien sombrío para preferir á estas idéas la del aniquilamiento de nuestro sér? ¿Y no es preciso tambien tener un mui mal natural para apartar á los hombres de la persuasion de una verdad, que aunque presentada al alma á lo lexos le es tan agradable, y al mismo tiempo tan util? Digo mas; es preciso tener una perfecta estupidéz para no ver que hay un Dios, ó para conocer que Dios existe sin echar de ver que nuestro sistéma de una vida futura es una consequencia natural de su existencia y de sus atributos, los quales requieren que el mundo inteligente sea criado para un fin, lo mismo que el mundo corporeo. No sé de que principió hacer derivar este trastorno del entendimiento de nuestros defensores de la libertad de pensar, á menos que no sea de una falla de ocupacion, junta á una desdiechada afectación de singularidad, fuente fecunda de errores. En la suposicion de que mi congetura es arreglada voy á hacer algun esfuerzo para desarraigar este mal, instruyendo á nuestros filosofos por excelencia, á cerca de dos articulos á los que parece no haber jamás honrado ellos con su atencion. Primeramente lo que nos atrae la estimacion y la admiracion de los hombres sensatos, no es el tener idéas singulares, sino tener idéas singulares que denoten un genio superior, y un corazon lleno de un amor extraordinario al género humano. Tomar el uno de estos objetos por el otro, es una equivocacion que no puede nacer, si no de una gran confusion de idéas, y yo soy el mas engañado de los hombres si nuestros espiritus-fuertes modernos, no sobrepujan á todos los Autores del mundo en razon confusa, en imaginacion desreglada. Permitiranme estos Señores mios les enseñe (en segundo lugar) que hay un gran número de asuntos al alcance del entendimiento humano que se pueden considerar baxo diferentes luces, y por diferentes faces, y que sus diferentes combinaciones son numerables. Hay por consiguiente una infinidad de materias sobre las quales pueden exercitar su razon, si no con gran ventaja con sus proximos, por lo menos de una materia entretenida para ellos mismos y sin ser repugnante á los demás. Si tienen bien emplear en esto su talento de pensar con libertad, y la prodigiosa fuerza en su ingenio tendrán quiza la ventaja de raciocinar al rebés sin que nadie lo advierta siquiera. Mas á la verdad es cosa insufrible ver algunas gentes formar sin ingenio y sin discurso el desiguio de arruinar del todo las leyes divinas, y humanas. No se les puede disimular que hagan ridículos, y menosprecien impunemente á sus compatriotas, porque dán fé á unas verdades de las que depende la felicidad presente, y futura del linage humano. Por lo que á mí toca, prometo á estos grandes hombres de no omitir cosa alguna para hacer sus personas, y su conducta tan menospreciables, y tan odiosas como merecen serlo.”