El Duende especulativo sobre la vida civil: Número XVIII

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Número XVIII

Citação/Lema

Et vera incessu patuit Dea . . . . .

Virg. Æneid. I. vers. 409.

[Satisfacion, que dà el Duende à los Maestros de Danza.]

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Los Maestros de Baylar han sentido, al parecer, mi dictamen, sobre el modo de usar su Arte, y engañoso methodo de enseñarle para hacerse cèlebres. Algunos me han tratado de inepto en su ciencia, y han pronosticado, sin conocerme, que debo estàr absolutamente negado para la execúcion de la Danza. Ellos quisieran, que yo me enfureciesse contra ellos; à fin de que, dandoles un mientes como una casa, pudiessen empeñar à sus Associados los Maestros de Armas, y hacerme una causa de Hecho, de lo que por mi prudencia, ha de quedar en terminos de palabra. Mas justicia me hago con sufocar esta diferencia; de la misma manera, que los Aguadores, y Mozos de la Compra, sufocan las suyas, que con darme por entendido. Por mas graves que sean las quimeras, que se susciten entre estos, ellos se contentan con hacerse justicia à sì mismos, sin efusion de sangre, y sin emplear Pedimentos: porque à mal andar los negocios, ellos pleytean sus causas, dando quatro gritos, y agarrandose como valientes los brazos, ò mirandose unos à otros, como enfugrecidos Conejos; hasta que algun Sargento, ò Soldado sentencia con quatro palos, que reparte con igualdad, si puede, la causa, y los dexa Hidálgos desagraviados, y amigos como antes.

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Narração geral

Para dàr satisfacior [sic] à este Cavallero Maestro de Danza; ahorrarle el trabajo de averiguar, si sè baylar, ò no; y desagraviar al mismo tiempo el nobilissimo Arte, que exercita, le quiero manifestar, lo que siento del modo con que se bayla en Madrid, y de la misma manera del modo con que lo enseñan los Maestros. Cierto Cavallero, natural de Arevalo, muy hacendado, y rico en aquel Paìs, à quien llevè el Domingo passado 19. de Septiembre à la Comedia de Iphigenia, que se representò en el Corral de la Cruz, y à que concurrieron muchas gentes para vèr à la Señora M . . . . . la inimitable. Este Cavallero, que jamàs estuvo en la Corte, y que no havia visto Comedias, ni Bayles Theatrales, se enfadò mucho, quando viò las contorsiones, y violencias, que con suma indecencia, y desacato, hacian los Còmicos, y Baylarines, à fin de lisongear, con estas extravagantes posturas, el gusto, y de ganar el dinero de los del Patio, y de la Cazuela.

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Diálogo

Gran Dios, me decia, ¡que mal modo de baylar! asseguro à Vmd. qua [sic] en mi Paìs no se sufrirìa, que se baylasse tan impudentemente el Fandango. Calle, le dixe, procure Vm. hablar quedo, para que nadie nos oyga, porque la gente gusta este modo de baylarle. Vmd. no debe estrañar esto, porque ni tampoco esto es baylar, sino abusar del Arte, y una simple treta de los Maestros, que assi lo enseñan à los Còmicos, y Còmicas, para que logren credito de desahogados, y chuscas. Este modo de baylar lo aprueban solo los Zapateros, y las gentes del Trompo, con tal qual Magillo, ò Magilla de Estrado, como los Plumistas del Tacon encarnado, y del Peynado de Sympatìa; pero lo desestima, y aborrece del todo la gente sèria, è inteligente. Pues si esto es assi, replicò mi Camarada, por què se tolera tan publicamente una defectuosidad tan escandalosa? Ciertamente, que se debiera pagar el trabajo de los que esto enseñan, como Alexandro pagò la ciencia del famoso Enebrador de Millo. Es possible, que en la Corte de Madrid se sufra un baylar tan vicioso, que en lugar de exaltar mas las perfecciones de la Naturaleza, debe necessariamente conmover los espiritus, irritar los sentidos, desfigurar la belleza, y adulterar las obras de la misma Naturaleza? No es aqui como en nuestros Lugares, donde conviene, acordar, del mejor possible, las gracias, y donayres, que son rusticos efectos de una grossera, y mal dirigida educacion de los Labradores, con los primores que pide el Arte. Pero baylar como acabamos de vèr, y en Madrid, y esto, como Vmd. dice, para agradar à gentes de depravado gusto; què es, sino degradar la sublimidad de los talentos, y envilecer la capacidad de los hombres. Quanto reirìa mi Sobrino Anselmo, si viera esto; pues à pesar de su poca experiencia del mundo, no dexa de burlarse de sus Camaradas, quando los vè dàr aquellas ancadas, y bolteretas contrahechas, sin que se hagan cargo que repugnan à la Naturaleza, y à la excelencia del baylar.
No supe como desahogarme, al oìr las satyras, è invectivas con que mi Amigo fiscalizaba los Bayles; y deseando hacerle cessar, y convencerle de la mucha distancia que hay entre los abusos, que se hace de los Bayles, y las ventajas de que son susceptibles, me vì precisado à leerle una Carta, que me havia escrito cierto discreto Tertulio, sobre un Bayle, en que se havia hallado, y la qual casualmente traìa en el bolsillo. Ella decia:

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Carta/Carta ao editor

Muy Señor mio:

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Narração geral

Hallome viudo, y con una hija unica. Como era muy niña cuando se le muriò la madre, encarguè su crianza al cuidado de una muger, al parecer à proposito para su buena conducta, para este empeño. Creciò à edad mas avanzada, quando, viendo despuntar sus pueriles inclinaciones, la hallè siempre en la calle, corriendo, y jugando à todo genero de juegos con los Muchachos; sin hallar gusto, ni atractivo en los que sirven de passatiempo à otras niñas. Como algunas veces tenia yo precision de ausentarme de mi casa, supe por las vecinas, que la Aya de mi hija, admitia diferentes visitas, dexando mientras tanto libertad à èsta, para seguir à rienda suelta su propension al juego. Y en efecto, tendria yà catorce años, quando un dia la soprehendi jugando al hoyo. Esta vista me hizo resolver ponerla en un Colegio, acompañada con otra niña de su edad, bien criada, y de mucha disposicion, por quien paguè tambien la pension, à fin que las dos fuessen compañeras inseparables. Informabame de quando en quando de la conducta de ambas; pero contentandome siempre con saber, que estaban al abrigo de los tropiezos, à que se halla expuesta una juventud de sus años. Al cabo de algun tiempo, deseoso de corresponder à las instancias, que ambas me hacian, de que las hiciesse una visita; quise assistir un dia à una de sus recreaciones, à la qual, con permiso Superior, podian concurrir los padres, y hermanos de las Pensionistas. No me es possible, Señor Duende, decir à Vmd. las agitaciones, movimientos, y repulsos que sentì, quando vì à mi hija, que yà tenia quince años, levantarse de su assiento para presentarse para el Bayle. En mi vida me havia visto, ni mas inquieto, ni mas alterado; y creo de cierto, que no me huviera sido mas sensible la pèrdida de mis bienes, que entonces me fue sensible vèr mi hija exponerse libremente al sonrojo de tanta gente como se hallaba en este concurso. Entre tanto ella se avanzò con passo grave, y modesto; y despues de haverme mirado, como à quien temìa mas, que à toda la compañia, la hice una seña, que al parecer calmaba la turbacion que la movia. Entonces vì aquella, que antes havia sido muchacha tan loca, y desgarrada, convertida en Dama cuerda, discreta, y amable. Revistiòse de un magisterio, que en todos los concurrentes infundiò la veneracion mas distinguida. Hallandose junto à mi, absorto yà en contemplarla, se me escapò una exclamacion que indicaba mi contento, y al punto mismo conocì en ella lo mucho que participaba de la alegrìa, que advertia en su padre.
Vmd. mismo, Señor Duende, sabrà representar mejor que yo las diferentes mudanzas, y composturas de una Señorita, que bayla, y desembuelve las gracias, y dones que possee, solo con el fin de dàr gusto à quien la diò la vida. No es possible, que el Amante de mi hija resienta jamàs la mitad del gozo, que yo sentì en aquel momento. Nunca huviera yo pensado, que un Arte, que siempre juzguè inutil, y ridiculo, pudiesse perfeccionar tanto à quien lo exerce con juicio. No conozco medio alguno que sea comparable con el del Bayle, para dàr à las Señoras una idea, de lo que valen, y de la dignidad de su estado. No sè otro, ni mas facil, ni mas abreviado para comunicarlas el conocimiento del aprecio, que merecen su modestia, y su recato. La alegrìa disfrazada, ò fingida, y aquella desemboltura frenetica, que notamos en las Baylarinas, Saltadoras, y Respingueras, deben ser efectos, no de los vicios, que se suponen en la naturaleza de los Bayles, sino del natural desarreglado, è immodesto de las que baylan. Confiesso, que mi hija me robò el alma con su modo de baylar; y que no es menos la consideracion que tengo por ella, que la que tuve por su difunta madre, de quien heredò las preciosas virtudes, que al tiempo de baylar, vì resplandecer en su rostro. En un quarto de hora manifestò (aunque yo lo diga) las prendas de Doncella modesta, de tierna Esposa, de generosa Amiga, de excelente Madre, y de Ama compassiva. No dexarè perder ocasion alguna para promoverla à un consorte digno de ella. Vmd. me curò en una de sus Discursos passados las impresiones erradas, que havia tenido de los Bayles. Admito, no menos que Vmd. un Arte, del qual creì, que Vmd. se burlaba, exagerando tanto su mèrito. Uno de estos dias, quiero dàr una funcion pùblica en mi casa, si Vmd. gustare honrarla con su presencia, verà baylar à mi hija, y baylarà con ella. B.L.M. de Vmd.
Philoctene.
Juiciosa, me decia mi Campesino, es la Carta. Bien se conoce que el Cavallero quien la escribe, havrà hecho su Curso de Rhetorica; pero con todo esto, yo no me aparto de la demanda contra los Bayles. No ha muchos dias, que el Cura recibiò un Libro, escrito sobre esta materia, en que se repassa terriblemente à los que favorecen semejantes divertimientos de la Juventud: y assi, nunca afianzarè yo la bondad de su educacion por el Arte del Bayle. Y sino, digame Vmd. estas chocarrerìas, y movimientos indecorosos, que acaban de hacer en las Tablas las Còmicas, no passan por donosidades para con muchos, que las aplauden, y que las procuran imitar en festejos particulares, à fin de dàr gusto, y de cobrar fama de despejados, y atrevidos? Dexamos de proseguir nuestra conversacion, con el motivo de la tercera Jornada, aun que yo no cessè de rumiar à mis solas, todo quanto havia passado en este dialogo.
Los cortos alcances de nuestra vista, son siempre causa del engaño, que tan à menudo padecemos en la calificacion de ciertas cosas, y en que tomamos el predicamento, por el predicado, y vice-versa. Reprobar sin motivo el Bayle, porque puede ser incentivo para el vicio, y porque por èl suceden desgracias, es reprobar sin mas, ni mas, todas las acciones humanas por santas, y buenas que sean; pues ninguna hay de que no se pueda usar mal, y precaminosamente. Y si el Bayle puede ocasionar algunos daños, veamos como tambien es ocasion para muchos bienes. Qual serà la verdadera causa, y fin con què se bayla? Creo, que se bayla con el fin de expressar sensible, y atractivamente el contento, y alegrìa, que resiente el corazon; ò para ahuyentar, con el Bayle, alguna melancolìa, y disgusto. El baylar es un simple passar el tiempo, y un exercicio con que se divierten los afanes de la humanidad, y baxo de estos puntos, ò supuestos opticos, contemplarìan los Bayles los Legisladores, que hicieron de ellos caudal para sus Leyes, y los Philosophos, à quienes sirvieron de materia para sus especulaciones.

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De los Spartitales, dice Luciano, que tenian una especie de Danza, en que entretexidos los brazos, se tocaban hombres, y mugeres con la extremidad de los dedos. Plutarco, y Galeno, &c. añaden, que este tocamiento, que se hacia con mucha ligereza, era exercicio de palestra; y que el Bayle entre los Spartiates era una gymnastica que deleytaba, al mismo tiempo que fatigaba el cuerpo. Que para esta Danza era necessario fuerza grande, se infiere de que los Baylarines cerraban los labios. Y Luciano, dando razon por què se hacia esto contra la antigua pràctica de baylar, y cantar à un tiempo, como lo dice Gellio; dice, que, haviendose introducido en los Bayles, varias atitudes, y posturas de arte, con movimientos, y agitaciones fatigosas, para lo qual convenia observar ciertas reglas, y compases à tiempo mensurable, no era possible se acompañasse el Bayle con el Canto, sin perder la cadencia, ò sin desentonar; hacer desapacible el canto, y sin acortar los passos: y que por esto se empezò desde entonces à distinguir estas dos acciones, cantando los unos, y baylando los otros, al compàs de la voz, ò de los instrumentos.

Nível 3

Narração geral

Los Antiguos, que en todas sus operaciones no buscaban menos la utilidad, que el placer, no fomentarìan el Bayle solo por la diversion. Otras causas, otros motivos los debian de mover para que aplaudiessen, y premiassen con tantos honores à los que sobresalian en este exercicio. Por esto me persuado tambien, que la destreza habitual, adquirida con la diaria fatiga de mover pies, y brazos à compàs, y de saber hacer una infinidad de mudanzas, no serìan los unicos talentos, que exaltarian à sus Maestros de Danza. El Bayle, para executarlo bien, pide, como todos saben, disposiciones corporales en grado eminente. Sin embargo, estas no son comparables con las muchas combinaciones, que un Compositor de Bayles debe saber, para inventar un Baylete, ò Danza figurada: y estas combinaciones no dependen de la agilidad, ò soltura de miembros, sino del entendimiento, y de una vivacidad suma en los conceptos. Los Bayles figurados, representan las acciones, y passiones de los hombres, y nadie sabrà remedarlas, sin haverlas estudiado muy de espacio; de modo, que ninguno, sin haver examinado estas acciones, y passiones, debe lisongearse de que las conoce. Alegròse con razon el Autor de la Carta, viendo que el Arte de Baylar havia añadido à la disposicion natural de su hija especial gracia, y un nuevo apacible despego, el qual tal vez no huviera jamàs manifestado sin la danza. Se puede decir, con toda certeza, que el Bayle produce en la juventud un bien physico, muy necessario para el mundo, que el saber manejarse con gracia, saludar con decencia, presentarse en qualquiera parte con modesto desenfado, &c. Desde la primera vez, que vemos à un sugeto, concebimos de èl ciertas ideas, que no es facil borar despues. Esta verdad sola, è innegable, nos obliga à buscar medios, para que esta primera impresion nos sea ventajosa; esto es, que sepamos presentarnos en una Compañia, ò Estrado, con tal graciosidad, y desembarazo, que sin ofender à nadie, merezcamos el sufragio de los que nos reciben. Una verdad tan clara, y tan manifiesta, halla nuevo apoyo en la experiencia. Los preceptos mas comunes de la urbanidad, y cortesanìa, instruyen en cierta manera à los hombres, en el modo como deben, con especiales gracias, saber introducirse en qualqueria Compañia, sin que parezcan fuera de su centro. Hay una infinidad de sugetos de mèrito, que por no saber, ò por no hacer caso de estos preceptos, parecen ignoran las leyes universalmente recibidas en el trato humano; porque aún no saben còmo deben saludar à una Dama. Un cèlebre Mathematico, hallandose sentado en un Estrado, dudaba si podia mantenerse en esta postura, mientras que el Amo de casa bebia à su salud. Y una Señorita, de distinguida belleza, porque siempre responde: Viva Vmd. mil años, se puso à pique de quedar el otro dia burlada, unicamente por no saber de compases ni de mudanzas.

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Exemplo

Quando el Heròe de Virgilio, estando perdido en el monte, encontrò à Diana en trage de Cazadora, no la conociò por Diosa, hasta que viò el modo de su andadura. Pues aunque la Deidad le preguntò, si no havia visto passar à otra muger en el propio trage que ella vestìa, y que le mostrò en su rostro una magestad mas que humana; no mereciò à Æneas adoracion como divina, hasta que la huviesse conocido en la gracia, y donayre de sus pisadas.
Jamàs se explica mejor el mèrito, y la garbosidad de un Joven, sino despues que se ha reconocido su habilidad, y modestia en el Bayle. Siendo esto assi, no tenìa el Autor de la Carta citada poca razon para complacerse en el Bayle, reconociendo à su hija enriquecida con estas relevadas prendas. Si el arte imita à la Naturaleza, el baylar la ensalza sobremanera, descubriendo, y haciendo lucir la hermosura, y la perfeccion en las personas, que saben baylar como lo requiere el Arte. El Bayle, ni su exercicio, no incita, como yà lo diximos en otro Discurso, al mal, sino al abuso, que se hace de èl, por la mala enseñanza de los Maestros, que para distinguirse introducen en ello incidentes agenos de su gravedad, y circonspeccion. Apuesto con qualquiera, que nadie, por mas veces que viesse baylar à una conocida mia, sentiria la menor chispa de passion inmodesta, ò de criminal deseo; antes bien apuesto, que concibirà mucha estimacion, y respeto, para con ella. La semana passada assistì al Tocador de una Dama, que se ocupaba en tocar de mil distintos modos à una muñeca, para vèr el tocado que era mas apto para producir el mejor efecto en el rostro, y no lo produce malo el Bayle en la persona de mi conocida.

Nível 4

Retrato alheio

Otra Señorita, hermosa por extremo, garbosa de talle, de un oìdo admirable, y de una voz aplaudida, tiene à pesar de tantas prendas, el defecto, que, quando sale à baylar, sus rancadas, y sacudimientos destemplados, dàn à conocer, que quiere agradar con afectacion ridicula; lo que es causa, que todos quantos la tratan, la califican de innocente, ò de tonta.
Lo que los hombres son en el juego, son las mugeres en el Bayle. Allì es, donde ellas se descubren, y dexan ver desnudamente sus propensiones, por mas que en otras ocasiones las disfracen. No sè donde he leìdo, que se ha observado, que jamàs huvo excelente, y modesto Baylarin, que no fuesse al propio tiempo hombre advertido, y cuerdo. Si esta observacion no està errada, inferirèmos de ella, el concepto que debemos formar de aquellos impertinentes, y desembueltos Baylarines, que quieren fundar su mèrito en sus cabriolas, rebueltas, saltos de Carpa, brincos de Cabra, &c. para lo qual son los Animales mucho mas ligeros, y agiles, que los hombres, y con que adulteran tan criminalmente una diversion reservada para solo los racionales. Bien contemplo, que alguno de mis apassionados se maravillara, que un Duende tan hypocondriaco, y que mira con tèdio, y de travès à todo quanto no sea virtud declarada, encomiende, y buelva tanto por la causa de la diversion del Bayle: diversion que los hombres cuerdos tratan de bagatela, y los Moralistas de peligrosa. Pero soy de parecer, salvo meliori, que estos apassionados jamàs examinaron de espacio la essencia de los Bayles, y los frutos que se pueden sacar de ellos. Estoy cassi para decir, que los Griegos en los Matrimonios, que formaron con tanta madurez, harian baylar à los Contrayentes, para juzgar, por su modo de baylar, del acierto de su Consorcio. Ademàs de esto, mi hypocondrìa no impide, que me valga de todo quanto la Naturaleza nos ofrece, con proporcion, y orden, para servir de diversion inocente, en que se acrisole el honor, y la virtud. No me serìa por acaso dificil probar, que el vicio està siempre acechando, como desacreditàra los placeres lìcitos, en lugar que la virtud siempre desea que gozemos de ellos. Si los hombres supiessen limitar sus deseos en el goze de los bienes del mundo, y se contentassen con disfrutar solamente aquellos que son regulares, y lìcitos; la proposicion antecedente no pedirìa prueba alguna, y todo el mundo convendria del beneficio, que puede procurar la diversion del Bayle. Es cosa constante, y de hecho, que desde la operacion mas excelente del alma, hasta la mas indiferente del cuerpo, no hay ninguna, entra las muchas, que son realmente dignas de alabar, que no encuentre una intimidad, y adherencia con otra, y que no pueda provenir de otro principio, que no sea de la virtud, ò de la naturaleza.
Defiendo, pues, y defenderè siempre los Bayles, y los aficionados, que usan discretamente de ellos, contra todo el enturbion de los reformadores, los que, saltandoles tal vez la gracia, el garbo, y la destreza para sobresalir en este exercicio, reprehenden en otros una diversion, en que quisieran poder correr pareja con ellos, y merecer el aplauso, que merecen. Pero lo que mas debe interessar à la Sociedad en esta diversion, es, el acomodo, y las conveniencias, que muchos han logrado, y logran por el Bayle. No me faltan en Madrid, y fuera de èl, testimonios bastantes de casamientos, y obtencion de empleos, que no tuvieron mas principio, que la concurrencia à un Sarao, ò Bayle, sin intervencion de malicia, por mas que se sospecha siempre à esta inseparable en funciones de esta naturaleza.

Metatextualidade

No ha muchas horas, que un Maestro de Danza, interlocutor en una negociacion de la primera classe, me comunicò una Carta, que le tenia entregada una de sus Discipulas, dueña de su persona, y acciones, para llevarla, y remitirla en mano propia à un Amigo, con quien ella consulta todos sus negocios, y à quien, pidiendole su aprobacion de buen gusto, participa sus inclinaciones; pero dandole à entender, que sobre lo demàs, tiene yà consultado su almohada, y su Maestro, el qual conoce perfectamente las intenciones, el estado, y las pertenencias del Mancebo, (que tambien es su Discipulo) à quien ella estima, y à quien pretende hacer dueño de su persona.

Nível 3

Carta/Carta ao editor

Muy Señor mio. Participo à Vmd. en pocas palabras, la resolucion que he tomado.

Nível 4

Retrato alheio

Don Cayetano Garboso es el Hidalgo mas ayroso, y mas galan, que pisa sobre la haz de la tierra en todos estos contornos. Es muy alto; pero sin serlo demasiado. Bayla como un Angel: tiene la boca no sè còmo; pero no obstante es la mas bella criatura, que vì en el mundo. Siempre està riendo, porque tiene muchissimo entendimiento. Quisiera que Vmd. supiesse la gracia con que trae las evillas de sus zapatos. Tiene mil invenciones diversas, con que diferencia todos los dias el rizo de su pelo, y el modo de ponerse el sombrero. No dudo que Vmd. si le viera, no podria resistir sin darle su amistad. Nada le falta por otra parte en el saber, y no habla menos corriente el Latin, que el Vazcongado, porque es de Santiago. O! y quanto diera Vmd. le viesse baylar. El Maestro me assegura, que es el mejor Discipulo de su Escuela, y el hombre de mas excelentes prendas. Su generosidad es imponderable. El Maestro la exalta de un modo, que passa poco menos, que por heroyca, y la creo assi; pues nos señala Don Cayetano bastante, quando regala al Maestro tan liberalmente, como hizo el dia de su Santo, que le diò un corte de chupa, compañero del que havia sacado para sì propio. Y ayer me dexò vèr el Maestro una caxa de plata muy bella, que le tenia dado, solo porque me entregasse una Carta. Es verdad, que todas sus bellas calidades estàn algo eclipsadas con el vicio de no ser rico: porque Don Cayetano no se halla favorecido de la fortuna; pero tiene èl la culpa: tiene en su mano el remedio? Bien considero, que mis parientes, en sabiendo mis pensamientos, procuraràn representarme su miseria, y han de procurar desviarme de la eleccion de un hombre pobre. No querràn hacerse cargo, de que Don Cayetano tiene prendas, que valen mas que la hacienda. Su tierno corazon, su espiritu admirable, su modestia, su urbanidad, su bella presencia, su buena crianza, y la obligacion que tengo à sus rendimientos, desde el primer momento que me viò, merecen la atencion de qualquiera. Olvidème decir à Vmd. que tiene los ojos negros, y que el Maestro me dice, que no cessa de llorar, quando le habla de mi. No ignoro, buelvo à decir, que mis parientes trabajaràn todo lo que puedan, para que le despida; pero como nadie puede privarme de los bienes que tengo, y como alcanzo el dia 10. de Octubre los quince año, [sic] cumplidos; yo pienso en establecermel [sic] y en tomar estado lo mas antes, que me sea possible, y Don Cayetano Garboso, dice, que pretende hacer lo mismo. La desgracia quiere, que todas mis Amigas, á quienes he consultado el caso, estàn contrarias à este pobre Cavallero; y que nadie, sino su Maestro de Bayle, y de Violìn, le favorecen. Como sè, que Vmd. es prudente, y que la amistad, que professò à mi difunto padre, està todavia reciente, me dirijo à èl para que me dè consejo; el qual si es bueno, no dexarè de seguir. Con toda el alma quisiera que Vmd. viera baylar à Don Cayetano, ò que oyesse hablar à su Maestro de sus buenas calidades. Nuestro Señor, &c. Olvidème decir à Vmd. que Don Cayetano es muy apassionado del Duende.
No es nuevo vèr, que los Valìdos de los Grandes, lisongeando vergonzosamente sus passiones, trabajan mas en ganar la aficion de sus Amos, que en cuidar de sus interesses. Esta misma politica ha de observar qualquier sugeto, que fuesse consultado sobre passiones amorosas: sino no quiere arriesgar su amistad con la persona que le consulta. No ha mucho, que una persona resuelta à casarse con una muger de mediana virtud, propuso el caso à un Amigo suyo. Este, como es natural, le declarò libremente su pensamiento, retratando à la muger con colores verdaderos; pero quedò admirado, quando el dia siguiente se viò desafiado, y obligado à defenderse, sin haver ofendido à nadie. Una Viuda de este barrio, no obrò con tanta tropelìa; pero con mas malicia. Consultò à una Amiga sobre el caracter de un Mancebo, con quien, decia, havia de tomar partido. La Amiga empezò à relatar, y descubrir las malas calidades del Joven; pero la Viuda, interrumpiò la oracion, diciendo, calla Amiga, semejantes cosas, mas de ocho dias ha que estàmos casados de secreto. Es evidente, que ninguna muger quiere oìr desengaños, despues de haver comprado el vestido de Novia. Estas consultas, pues, se hacen solamente por formalidad: porque no hay Señorita que no pretenda ser mas libre en su eleccion de Novio, que el Capitan en hacer de un Soldado un Cabo de Esquadra. Si quisieramos desentrañar mas, y mas los motivos, y muelles secretos, que mueven à los hombres, y mugeres, quando piden consejo sobre cosas que yà determinaron à sus solas, hallarìamos, à mi entender, que uno de los principales es, la impossiblidad en que estàn de guardar el secreto de una cosa que les dà tanto gusto. Una Doncella sufre, quando no puede decir à la Criada, ò à sus Amigas, y conocidos, que la casan presto: y este sufrimiento nace de que rabian para tener ocasion de hablar de su Amante; y solo para oìr pronunciar su nombre, suelen preguntar las Señoritas à la Criada, que la aconseje en tan delicada materia. Y si esto no fuesse assi, por què me imaginarìa yo, que aquella Viuda de la Calle de N. no habla en todas las tertulias, sino de su Matrimonio con un Viudo que tiene fama de rico? Nada mas còmico, que oìr las dudas que propone, y los embarazos que finge. Rematarè este Discurso con el caracter de un hombre, que pide consejo sobre la eleccion de una rica heredera que assesta; pero sin apariencia de obtenerla. Un Anciano de sesenta años, me preguntò el otro dia, con tono grave, y mesurado, sino le aconsejaba yo casarse con una Señorita, que apenas tiene diez y siete, y que con el tiempo serà heredera de Tios, y Tias. Mirèle muy de espacio, pero sin darme tiempo de responderle, me hizo un inventario completo de las joyas, alhajas, y haciendas de la muchacha; rematando con decir, que no queria resolverse en este negocio, sin aprobacion mia. Dile por respuesta, que pudiendo obtener palabra, y mano de la Señorita, mi aprobacion estaba segura; y este es el decimo, ù duodecimo casamiento, sobre que este Cavallero consulta à sus Amigos; sin que jamàs havrà hablado de ello à las personas interessadas. Para aconsejarse sobre esta materia, no hay como los Maestros de Bayle, de Musica, y de Lengua, que son hombres de composicion, y tienen soluciones à la mano para qualquiera dificultad, que pueda ofrecerse en semejantes lances. Por esto hallo yo conveniente, para la Sociedad, y el bien pùblico, que hayga [sic] Maestros de estas habilidades, y que el Estado los ampare por absolutamente necessarios.

Protesta.

Metatextualidade

No sin bastante sentimiento veo, que la mala intencion de algunos, siempre pronta para atravesar los adelantamientos, y la satisfaccion que dà el acierto de las empressas, ha podido deducir, de algunos Retratos, que he formado en mis Duendes, personalidades, y aplicaciones impropias, y jamàs pensadas de mi parte; no haviendome servido de personificacion especial, que fuesse capàz de agraviar à nadie. Las murmuraciones de aquellos, que con demasiada libertad pretenden despojarme de mis bienes, bastan de por sì solas para justificàr las sospechas, que se pudieran tener de la integridad, y pureza de mis intenciones. Fuera de esto, si me ha venido al caso exponer lo ridiculo de tal qual acion, moda, ò libertad, con que algunos se precian, y fingen lo que no son, siempre lo he executado sin tomar à partido la persona, y no me costarìa mucho trabajo purgarme por los Discursos mismos de la falsa aplicacion, con que al parecer se me ha gravado por mala inteligencia en el ultimo Discurso, en que vaciè una idea de la misma manera, que estàn vaciadas las demàs; esto es, sin intencion, ò como se dice, sin trastienda. No supe como retratar à un hombre, que siempre anhela para dàr noticias anticipadas, de lo que debe suceder, sino pintandole Cojo: pues, contemplandole en un continuo movimiento, por no atrassarse, y llevar la palma entre todos los contendentes à la gloria parcial de los partidos en guerra; me parecia, que la consideracion de la penalidad de sus passos, imprimirìa idea mas fuerte de su zelo, à medida que fuesse mas poderosa su fatiga. Pero ha querido la infelicidad mia, que se ha comentado tan siniestramente este pensamiento, que se ha perjudicado en sus interesses à un pobre, à quien jamàs conocì, ni à quien jamàs he visto. Y siendo justo dàr al Pùblico, en este assunto, una satisfaccion integra, y à cubierto de toda malicia, declaro, y protesto, que nunca ha sido, ni es, mi intencion hablar de nadie, en lo que pudiesse causar el mas leve daño; y que del sugeto à quien se ha querido atribuìr una cosa, colegida por la dicion de mi Carta, no conezco, ni conozco (con cierta ciencia) à quien le pudiera conocer, para que se le sospechasse de lo que se me ha dicho: y assi le certifico inocente delante de Dios, y del mundo, por lo que à mi me toca, ò por lo que huviesse podido llegar à mi conocimiento.
Fin. En Madrid:Con las Licencias necessarias, en la Imprenta del Tribunal de la Santa Cruzada, calle de las Hileras. Se hallarà este, y los antecedentes en las Librerias de Antonio Sancha, frente del Correo; en la de Bartholomè Lopez, Plazuela de Santo Domingo; y en la de Bartholome Ulloa, frente del Salvador.