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      <titleStmt>
        <title>Número XVI</title>
        <author>Juan Antonio Mercadal [Francisco Mariano Nipho o Juan Enrique de Graef]</author>
      </titleStmt>
      <editionStmt>
        <edition>Moralische Wochenschriften</edition>
        <respStmt>
          <name>Roland Bernhard</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name> Alexandra Fuchs</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name> Martin Fürlinger</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name> Elisabeth Hobisch</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name> Renate Hodab</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name> Jessica Köhldorfer</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
      </editionStmt>
      <publicationStmt>
        <publisher>Institut für Romanistik, Universität Graz</publisher>
        <date when="2012-11-29">29.11.2012</date>
        <idno type="PID">info:fedora/o:mws-099-382</idno>
      </publicationStmt>
      <sourceDesc>
        <bibl>Juan Antonio Mercadal: El Duende especulativo sobre la vida civil. Madrid: Imprenta de Manuel
Martín 1761, 391-422 </bibl>
        <bibl xml:id="DE">
          <title level="j">El Duende especulativo sobre la vida
civil</title>
          <biblScope type="vol">1</biblScope>
          <biblScope type="issue">16</biblScope>
          <date>1761-09-12</date>
          <placeName key="#GID.1">Spanien</placeName>
        </bibl>
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        <interpretation>
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            <interpGrp type="Narrative_Darstellungsebenen">
              <interp xml:id="E1">Ebene 1</interp>
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              <interp xml:id="AE">Allgemeine Erzählung</interp>
              <interp xml:id="SP">Selbstportrait</interp>
              <interp xml:id="FP">Fremdportrait</interp>
              <interp xml:id="D">Dialog</interp>
              <interp xml:id="AL">Allegorisches Erzählen</interp>
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              <interp xml:id="EX">Exemplarisches Erzählen</interp>
              <interp xml:id="UT">Utopische Erzählung</interp>
              <interp xml:id="MT">Metatextualität</interp>
              <interp xml:id="ZM">Zitat/Motto</interp>
              <interp xml:id="LB">Leserbrief</interp>
            </interpGrp>
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        </interpretation>
      </editorialDecl>
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        <name type="place">Graz, Austria</name>
      </creation>
      <langUsage>
        <language ident="es">Spanish; Castilian</language>
      </langUsage>
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            <term xml:lang="de">Aberglaube</term>
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            <term xml:lang="de">Vernunft</term>
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            <term xml:lang="en">Reason</term>
            <term xml:lang="es">Razón</term>
            <term xml:lang="fr">Raison</term>
          </term>
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                <name ref="http://geonames.org/2510769" type="fcode:PCLI">Spain</name>
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  <text>
    <group>
      <text ana="layout">
        <body xml:space="preserve">
<p><milestone unit="E1" xml:id="FR.1"/>
</p>
<div1>
<head><hi
              rend="smallcaps">Num</hi>. XVI </head>
<p rend="MO"><milestone unit="ZM"
              xml:id="FR.2"/> . . . . . Quid non mortalia pectora
cogis<lb/>Auris sacra fames!</p>
<p
                rend="QU">Virg. Æneid. lib. 3. vers. 56. <milestone rend="closer" unit="ZM"/></p>
<p
              rend="QU">Cba[...] latane[...] Saltin[...] bancos[...] homb[...] de sec[...] to à Moda[...]</p>
<p
                rend="SO"><milestone unit="E2"
                xml:id="FR.3"/> No comprendo por què se quiere alabar tanto mi
capacidad, y talentos, que todos fingen, que creen, que en mì reside autoridad, y dominio, para
reformar, en calidad de <hi
                rend="italic">Trasgo</hi>, los abusos, que cometen los hombres, y las
mugeres, impelìdos por el espiritu novelero, que los obsede. Nadie debe temer, que yo saque vanidad,
de la necia opinion de las gentes: me conozco, y no menos conozco aquellos, que afectan quererme
honrar con sus epitetos. Còmo es dable, que mis <hi
                rend="italic">Discursos</hi> hagan impresion
sobre el espiritu de los hombres, quando veo to-<pb
                n="392"/>dos los dias, y de generacion en
generacion, que no tiene menos dificultad en acreditarse un embustero, y en dexarse engañar un
tonto, que los temporales en hacer que la tierra continuamente produce aves de rapiña, y pobres
innocentes pajarillos, que los sirven de alimento. <milestone
                unit="E3" xml:id="FR.4"/>
<milestone unit="AE"
                xml:id="FR.5"/> No hay, al parecer, hombre alguno, que no crea, que todos
aquellos se precian, y se lisonjean de posseer secretos unicos, y capacidad exclusiva para hacer
curaciones milagrosas, son carniceros humanos, y desvergonzados tramposos. Siempre me rio, quando,
viendo distribuir algun aviso en la calle, ò algun cartel en las esquinas, oygo decir à las gentes,
que todo es embuste; pues averiguo al propio tiempo, que la credulidad de estos mismos
despreciadores, canonìza la imprudencia de los <hi
                rend="italic">Charlatanes</hi>, que se anuncian,
y les procura los medios, que necessitan para burlarse de la necia complacencia, y poca penetracion
de los que se dexan engañar de ellos. Pero lo que agrava mas los desatinos, y la facilidad de los
que se dexan burlar, es, que desde el tiempo de que se acuerdan los mas ancia-<pb
                n="393"/>nos,
siempre huvo <hi
                rend="italic">Saltimbancos</hi>, y prometedores de milagros, que tuvieron el mismo
sucesso, y aplauso; y que, aunque descubrieron su fraude, no dexaron de continuar con satisfaccion
sus embustes. <milestone
                unit="E4" xml:id="FR.6"/>
<milestone unit="AE"
                xml:id="FR.7"/> Hablaronme antes de ayer de un sugeto à quien se espera de
Italia, y que se hace anunciar de antemano por los Precursores, que ha tomado à su sueldo en <hi
                rend="italic">Madrid</hi>, como experto, y consumado en la curacion de todo genero de males; sobre
todo, sè los que son de <hi
                rend="italic">Moda</hi>, por inveterados que sean. Comunicaronme en
tenor de los Carteles, y avisos, que se deben distribuir, y fixar por las calles à su llegada, y que
son nada menos, que originales en su genero.</p>
<p><hi
                  rend="italic"><milestone unit="E5"
                xml:id="FR.8"/> Ha llegado (dicen) nuevamente de Italia à
esta Corte de Madrid un Cirujano, que en una infinidad de viages por mar, y por tierra, ha
exercitado la Cirurgìa por espacio de treinta y nueve años, y algunos dias completos. Cura, con el
[sic] ayuda de Dios, y sin errar, todas las especies de Ictericias, la Palidèz, las Obstrucciones
masculinas, y femeninas, el Escorbuto, la Hydropesìa, la Indigestion de estomago, y las Crudezas
del</hi>
<pb
                n="394"/><hi
                  rend="italic"> bazo: como tambien todo genero de dolencias, y repleciones
contrahidas en los viages, y estancias, que hacen los Mercaderes, y Empleados por el Principe en la
América. Es sumamente habil, y experto en la curacion de Vapores, Jaquecas, y Desmayos, que sufren
las Mugeres, assi por disgustos caseros, como por displicencias matrimoniales. Passan de cinquenta y
dos mil quatrocientas cinquenta y nueve personas, que ha tratado, y de que el numero de muertos no
passa de trece: como consta por Certificaciones autenticas, y por Deplomas [sic], y Privilegios
sellados con el sello de diferentes Soberanos de Africa, y de Asia. En una palabra: Este insigne
Empyrico cura qualquiera enfermedad que sea, que pueda acometer à hombres, ò mugeres, niños, &amp;c.
sin excepcion alguna. <milestone
                  rend="closer" unit="E5"/>
<milestone rend="closer" unit="AE"/>
<milestone rend="closer"
                unit="E4"/></hi></p>
<p>Si se pudiera mirar con serenidad, è indolencia el estrago, que estos embusteros, ò ignorantes
hacen en el genero, ò especie humana: nada serìa mas divertido, que una relacion genuina , ò un
comento veridico, y circunstanciado de las promessas que hacen estos ilustres Ca-<pb
                n="395"/>minantes. Hay un genero de emebeleso, ò encanto para el vulgo, en los que vienen de lexas Tierras.
Los ignorantes de distincion, los ricos, los poderosos, cuyo numero es bastante considerable, estàn
siempre muy apassionados, y protectores declarados de semejantes sugetos, y sin entretenerme en
formar lista de los muchos, que yo he conocido acometidos de esta dolencia; apenas hay uno entre mil
hombres visibles por su estado, que no nos pueda promover su propio exemplo, en prueba de su necedad
confiada. Los ignorantes plebeyos, y el vulgacho, que no se hallan en estado de hacer larguezas, y
apropiarse el titulo de <hi
                rend="italic">Mecenas</hi>, ò fomentadores de los <hi
                rend="italic">Charlatanes</hi>, como lo hacen los poderosos; no dexan de pagar con baxezas, y complacencias
ridiculas su fingido merito, y de venerar con sumo respeto à estos Doctores Estrangeros, y <hi
                rend="italic">Saltinbancos</hi>, que à manos llenas les prometen maravillas: unos, y otros los
entregan continuamente su salud, y ponen à su arbitrio, y en riesgo de su vida.</p>
<p><hi
                rend="italic">Este Cirujano viene nuevamente de </hi><pb n="396"/><hi
                rend="italic"> sus
viages, que ha hecho, exerciendo su Arte por mar, y por tierra. Luego (y es consequente) debe
necessariamente curar la Palidèz, las Ictericias, las Obstrucciones masculinas, y femeninas, y las
enfermedades de replecion con que buelven de America los Comerciantes, y los que en esta parte del
Mundo se han visto en servicio del Principe.</hi></p>
<p>Ha exercitado su Arte por mar, y por tierra . . . . . Vaya, no quiero contestarle la habilitad de
curar los males, que se contrahen en viages largos, ò en los Exercitos; pero en lo que nos promete
de curar la palidèz, y los accidentes de parto, no concibo, que la recomendacion de haver viajado
por mar, le sea muy favorable para el acierto: pues creo, que ningun Medico, ni Cirujano debe salir
de Madrid para habilitarse para semejantes curas. Es verdad, que para preocuparse à las gentes, se
debe herir su imaginativa con entretener su pasmo; no desabrocharse demasiado sobre su ciencia con
nadie, reservar siempre alguna parte para otro Discurso: todo esto hace creer, que el Empyrico no
descubre todo <pb
                n="397"/> el caudal de su saber, y que lo mas sublìme, y cientifico de sus
secretos, queda guardado con mucha circunspeccion, y cordura.</p>
<p><milestone
                unit="E4" xml:id="FR.9"/>
<milestone unit="AE"
                xml:id="FR.10"/> Entro en una Barberia: una Guitarra, quatro Bacìas, unos paños
sucios, una mala mesa, y unos taburetes cojos, y mancos hacen el ajuar de la Tienda. Pero el
Maestro, que pretende ser <hi
                rend="italic">Modista</hi>, ha realzado à estos pobres trastos con un
Barometro, con un Esqueleto de una criatura, y con un pedazo de piel de Haya colgado en cierto modo.
Su Barometro es exactissimo: todos los Gallegos que venden verdura, le consultan para saber quando
harà seco, ò lluvioso, à fin de governarse en el arrendamiento de la lechuga, escarola, y demàs
verduras en que comercian. Para mì, y mis conocidos, que somos sabios, nada hay en todo esto, que no
sea comun, y ordinario. Sin embargo el otro dia, entrando para afeytarme en esta Tienda, reparè en
un hombre honrado de la plebe, que havia entrado para que le hiciessen el mismo servicio; el qual,
despues de haver conseguido el verse despojado de la <pb
                n="398"/> superfluidad, que no permite
traer la <hi
                rend="italic">Moda</hi>, fixò los ojos en este instrumento, y maravillosa maquina, todo
el tiempo, que me tuvo entre sus manos el rapante segundario. Vì, que examinaba el Monstruo marino,
y despues la Guitarra, antendiendo con suma reflexion al sonido, que despedia cada cuerda por sì, y
siempre con la mano en la faltriquera, en ademàn de buscar moneda para pagar en ochavos: lo que
conocì al modo que tenia de manejar los dedos. Sin embargo, considerando los trebejos que adornaban
la Tienda, concibiò un altissimo saber en el Maestro, se avergonzarìa interiormente de la manera con
que intentaba pagar la rapadura: lo que fue causa, que sacò una pieza de ocho quartos y medio en
plata; la que nunca huviera dado, si no le huviessen recreado la vista el Barometro, y el Esqueleto,
ò si la Tienda solo huviesse tenido la Guitarra por adorno. <milestone
                rend="closer" unit="AE"/>
<milestone rend="closer"
                unit="E4"/></p>
<p>No hay mucho tiempo que palpè sensiblemente la verdad, que acabo de exponer de la verguenza de
este sugeto, que pagaba mas prodigalmente la hechu-<pb
                n="399"/>ra de su barba, solo porque la
tienda del Barbero tenia Barometro, y Mapas, que no la huviera pagado, si solo huviesse visto en
ella una Guitarra, que en España es el instrumento Chyrurgico de mas aprecio, y la primera pieza del
estudio de los <hi
                rend="italic">Phlebotomistas</hi>. <milestone unit="E4" xml:id="FR.11"/>
<milestone unit="AE"
                xml:id="FR.12"/> Acudieron en casa de un Amigo dos Medicos, que assistian à la
visita de un enfermo por un mal de poca entidad; porque ellos mismos, contra su costumbre, se
despedian desde la primera. Reparè, que al uno, que venìa acompañado con un Platicante cosido à su
lado, y que havia dexado su coche à la puerta, se le resvalaba en la pequeña ceremonia de la mano,
un peso duro, por la charlatanerìa de un quarto de hora; mientras que al otro se satisfizo con dos
pesetas, que se le introducian entre los dedos con el propio disimulo. Pareciòme, que en esta accion
no se guardaba exactamente la proporcion, y justicia, que se debia guardar à los dos Medicos:
mayormente, haviendo reparado, que el de las dos pesetas hablaba con mas juicio, y mejor fundamento
del mal, y estado del doliente, que el del peso duro. <pb
                n="400"/> Pero el dueño de la casa, à
quien comuniquè mi pensamiento, me sacò de la inquietud que ocupaba à mi espiritu: dandome à
entender, que, sin embargo de la mayor habilidad del uno, solo visitaba en Lavapies, Barquillo, y
Maravillas, donde estaba acostumbrado à propinas medianas; y assi, que no havia honra à ganar con
darle mas: en lugar, que el otro, siendo <hi
                rend="italic">Medico à la Moda</hi>, y acreditado entre
toda la Grandeza, convenìa pagarle el breve rato, que perdia en esta visita, à razon de lo que
huviera grangeado à la cabezera de un <hi
                rend="italic">Modista</hi>, ò <hi rend="italic">Enfermo
imaginario</hi>. <milestone rend="closer"
                unit="AE"/>
<milestone rend="closer" unit="E4"/></p>
<p><milestone unit="E4" xml:id="FR.13"/>
<milestone
                unit="AE" xml:id="FR.14"/> Esto mismo sucede con los Artifices. Quanto mas uno de ellos
està à la <hi
                rend="italic">Moda</hi>, tanto mas seguro, que serà empleado, y mejor pagado, que otro
de mas habilidad, y ciencia. El Zapatero que calza à nuestros Petimetres de <hi
                rend="italic">Tacon
encarnado</hi>, exagerando la ciencia, y secreto de saber conservar el lustre à este color, podrà
exigir mas por los zapateros, que otro que solo le conserva al negro. El Cotillero, que con mas
destreza sabe dàr cuerpo à la que no lo tiene por <pb
                n="401"/> Naturaleza, tiene justificado
derecho, para hacerse pagar mejor su secreto, que otro, que sin tener esta habilidad trabaja mas à
conciencia. <milestone
                rend="closer" unit="AE"/>
<milestone rend="closer"
                unit="E4"/> Estos secretos essenciales para los que quieren constituirse
hombres de fama, y el miramiento de los que desean ser reputados sugetos de bueno, y exquisito
gusto, y verdaderamente <hi
                rend="italic">Modistas</hi>, requieren en los primeros, que procuren
influir à todos, que las luces que posseen, las adquirieron por comunicacion de algun <hi
                rend="italic">Arabigo, Maronita, Persa, Africano</hi>; el qual se lo dexò, sea por Testamento, sea
por cariño especial, que le tomò en sus viages. Para esto hay Naciones, que peculiarmente son mas al
caso para cimentar esta creencia, que otras. Los Marselleses can mucho al Levante, y lo mismo hacen
los Venecianos. Los Ingleses corren mucho la Africa, y baxo su proteccion otros Pueblos; y à menos,
que no sea por caso enteramente milagroso, no podemos acusar à los Españoles de executar semejantes
engaños: los quales, si no aprendiessen de algun Indio brabo tal qual secreto de esta Naturaleza, no
estàn en estado de haverlos aprendido de otras Naciones.</p>
<p><pb
                n="402"/> Para bolver à nuestro Medico, èl fortifica sus promessas con Testimonios, y con una
lista de muchissimas personas à que ha curado, y de que algunas, se le creemos sobre su palabra,
estuvieron por mas de quarenta años impedidas de todos sus miembros. Al tiempo de leer el Escrito,
que debe servir de original para imprimir los Carteles, lo leyò tambien un hombre, que se hallaba
junto à mì, de mediano parecer, y no menos curioso, que yo, y que debia de ser de una penetracion
poco comun; pues al punto se fue plenamente convencido de la habilidad de este nuevo Operante.</p>
<p>Con bastante frequencia se ha visto, que estos ilustres <hi
                rend="italic">Charlatanes</hi> han
obrado una multitud de prodigios, en virtud de alguna revolucion extraordinaria acontecida en su
cuerpo al tiempo de su nacimiento, ò de algun infortunio raro, que los sucediò en el corriente de su
vida. Y aunque uno, ni otro, ni otra cosa de semejante naturaleza tenga conexion, ò referencia con
la capacidad, y ciencia de que se precian, y de que necessitan los Pueblos: esta infelicidad, <pb
                n="403"/> ò defecto natural, no dexa de persuadir à las gentes, que posseen realmente los talentos,
que se atribuyen. <milestone
                unit="E4" xml:id="FR.15"/>
<milestone unit="FP" xml:id="FR.16"/> Uno de los mal chistosos <hi
                rend="italic">Charlatanes</hi>,
que yo he visto en mi vida, fue un <hi
                rend="italic">Alemàn</hi>, quien para engañar à la gente
simple, se jactaba de curar las Cataratas, fundando su habilidad, y ciencia, en que havia perdido un
ojo en servicio del <hi
                rend="italic">Rey de España</hi>, en la expedicion de <hi
                rend="italic">Oràn</hi> contra los Moros; y que Dios, en recompensa de su valor en defensa de la Fè, le havia
favorecido con esta especial gracia. Los pobres creen à semejantes impostores sobre su palabra,
porque hablan de la Guerra, y de las Berzas, que producen las Costas de <hi
                rend="italic">Africa</hi>. Traen en abono de sus razones Certificaciones de Servicios Militares, Fè de vida de
Invalidos, Passaportes, &amp;c. Todo esto assegura, que el sugeto estuvo real, y verdaderamente en
el citado Servicio, y Expedicion: y esto basta, para que èl tenga autoridad, y patente autentica,
para quitar la vista à quantos se confien en su Arte. <milestone
                rend="closer" unit="FP"/>
<milestone rend="closer"
                unit="E4"/></p>
<p>Podrà creer alguno, que uno de estos embusteros se atreviesse à publicarse <pb
                n="404"/>
abiertamente diestro en curar las Quebraduras, con el solo titulo de haverse heredado esta dolencia
en su familia de Padre en Hijo? Pues no falta quien hizo fortuna solo con anunciarse por Curandero
de este mal. La mayor parte de los hombres adoptan sin reflexion la primera idea que les viene.
Nadie quiere desembolverla, ni examinarla por sus partes; antes bien conceden <hi
                rend="italic">gratis</hi> todo quanto puede resultar de ella. Todos empiezan regularmente con suponer, que puede
haver algo de prodigioso, y raro en la persona de el que promete, y al punto mismo se persuaden que
lo hay. Y con esto han hecho lo bastante, para que todos abracen ciegamente todo quanto les parece
que les quiera decir el Prometedor, para confirmar mejor el embuste.</p>
<p>Sin entrar problematicamente à examinar, y difinir la ciencia, y habilidad de nuestro Medico, ni
hacer justicia à su merito hasta tener certidumbre, y testimonio de sus operaciones; à lo menos, me
serà preciso ensalzar su buena fe sobre un articulo, en que me parece afianza <pb
                n="405"/> mucho su
fortuna. <milestone unit="E4"
                xml:id="FR.17"/> Advierte al Pùblico, que promete à todos quantos
quisiessen honrarle con sus visitas, y consultarle sobre sus males, <hi
                  rend="italic">hallarse en su
quarto, sin ausentarse de èl, ni aun para las cosas mas indispensables; todas las mañanas, desde las
ocho, hasta medio dia; y las tardes, desde las dos, hasta las seis. Que es extremamente diestro en
sangrar, y desea que, para acreditarse en lo demàs, quieran experimentarlo los que viniessen à
verlo: pues como no es el interès, sino la gloria que le estimùla, no tomarà mas de un real de
vellon por cada sangria. <milestone
                  rend="closer" unit="E4"/></hi></p>
<p><milestone unit="E4" xml:id="FR.18"/>
<milestone unit="FP"
                xml:id="FR.19"/> Otra especie de Tramposos menos nocivos para la salud, y vida,
aunque mas perjudicales para la bolsa, son los <hi
                rend="italic">Chymicos</hi>. Estos regularmente
son <hi rend="italic">Alemanes</hi>, <hi
                rend="italic">Escoceses</hi>, y algunos <hi rend="italic">Italianos</hi>. Passan à <hi
                rend="italic">España</hi> por el precioso atractivo de sus riquissimos
metales, y no creyendo el repartimiento de ellos equitativo, prometen à los que conocen hambrientos
de ellos, multiplicar de tal manera su porcion, que si no fuesse por el rezelo que se ha de tener,
que lo sepa la Justicia, no tar-<pb
                n="406"/>darian mucho, en igualar su poder, y riqueza à los del
mismo Soberano. <milestone rend="closer"
                unit="FP"/>
<milestone rend="closer"
                unit="E4"/></p>
<p>Aquellas à que los Pueblos llaman Brujas, y los que prometen tesoros por medio de los Alambiques,
y Retortas, son por lo regular pobres, y los mas no trabajan à favor suyo, atribuyendo su desinterès
à virtud, y fingiendo, que no por ellos, sino por los demàs, posseen secretos para hacerse
opulentos. <milestone
                unit="E4" xml:id="FR.20"/>
<milestone unit="FP"
                xml:id="FR.21"/> El fatuo capricho de la transmutacion de los metales, tuvo en
otros tiempos mas sèquito, que al presente; y no parece, que los <hi
                rend="italic">Alchymistas</hi>
se atreven hoy dia enunciarse como criadores de nuevas especies, sino simplemente, como
aumentadores, afinadores, y extractadores de una quinta essencia del oro, que por sus virtudes suple
en todo y por todo; à todos los tesoros del Orbe: pues si por una parte previene à todas las
urgencias humanas, por otra desarrayga, y cura à todas las enfermedades, prolongando la vida de los
que posseen este elixir à siglos enteros. <milestone
                rend="closer" unit="FP"/>
<milestone rend="closer" unit="E4"/></p>
<p><milestone unit="E4"
                xml:id="FR.22"/>
<milestone unit="AE" xml:id="FR.23"/> No ha muchos dias, que passeandome con cierto <hi
                rend="italic">Italiano</hi>, el qual, entre <pb
                n="407"/> muchas cosas de la conversacion, apuntò
sus idèas al blanco, y punto central de la <hi
                rend="italic">Alchymia</hi>. Tuve mucho gusto en oìr
discurrir este piadoso, y zeloso <hi
                rend="italic">Adepto</hi> sobre las maravillas de este secreto:
porque el que se jacta posseer el secreto, ò el que desea posseerlo, es Embustadero verdadero; no
hay contento como oìr el <hi
                rend="italic">Enthousiasmo</hi>, y la <hi
                rend="italic">Philosophìa</hi>, que respiran semejantes sugetos. Hablòme el corazon en las manos, valiendose de
las frases, y del lenguage, que le havrian enseñado, los que por su dinero le instruyeron en algunos
principios obscuros, y falsos de su pretendido Arte. Hablóme, pues, del espiritu encerrado dentro de
una Esmeralda, que segun èl, tenia tal virtud, que sublimaba todas las cosas por su contacto, y daba
à qualquiera materia terrestre el grado mas perfecto, à que le permitiesse llegar su naturaleza.</p>
<p><milestone
                unit="E5" xml:id="FR.24"/><hi
                rend="italic"> Esta Esmeralda, me decia, añade
resplandores al Sol, y dà nuevas, y mas puras aguas à los Diamantes. Comunica su virtud à todos los
metales, y enriquece al plomo con las propias calidades, que tiene </hi><pb
                n="408"/><hi
                rend="italic"> el Oro. Del humo, hace llamas: de la llama luz, gloria. Uno solo de sus rayos, disipa
las inquietudes, los pesares, las melancolìas, en qualquiera persona que las padezca. En una
palabra, la presencia de esta Esmeralda hace una especie de Paraìso, de qualquiera lugar, donde la
posseen.</hi>
<milestone
                rend="closer"
                unit="E5"/> Despues que me huvo fatigado un grande rato con su guirigay, de
que yo no entendia palabra, notè, que hacìa un ovillejo de las idèas que tenia de la <hi
                rend="italic">Physica</hi>, y de la <hi rend="italic">Moral</hi>; y que toda su ciencia de la <hi
                rend="italic">Piedra Philosophal</hi>, de que pretendia tener principios, consistia simplemente en
tener el espiritu satisfecho, y contento. <milestone
                rend="closer" unit="AE"/>
<milestone rend="closer"
                unit="E4"/></p>
<p>Es por de contado probable, que el hombre con una disposicion tan felìz como esta, produce en sì
mismo, y respecto à ciertas circunstancias, los efectos, que los <hi
                rend="italic">Chymicos</hi>, y
<hi rend="italic">Sopladores</hi> atribuyen à su <hi
                rend="italic">Piedra</hi>; y que, aun quando no
se procurasse las riquezas, que estos se prometen, à lo menos el deseo le lisonjea con el destierro,
y desprecio de ellas, lo que viene à ser la misma cosa. Si esta disposicion es fantastica certeza,
no son <pb
                n="409"/> capaces de ahuyentar de la persona, que presume tenerlas, en la inteligencia de
su Arte, à todas las zozobras, que nacen de la mala situacion de su fortuna, ò de su cuerpo; à lo
menos nos dà motivo para que las sufra con mas resignacion, y sossiego. Tiene esta disposicion
aurifera una influencia apacible sobre nuestra Alma, respecto à los entes con quienes tiene
relacion, y correspondencia. La inteligencia de estàr iniciado en el Arte de producir Oro, excluye à
todo genero de murmuracion contra el Supremo Monarca del Universo, quien nos colocò cada qual en el
puesto que debe guardar. Destruye à todas las maquinaciones de ambicion, y delito, y alexa de
qualquiera toda propension à dexarse corromper en perjuicio de la Sociedad: pues los posseedores del
secreto se reputan por ricos, y exageran su fortuna igual à la de los Soberanos. En una palabra, su
creìda ciencia les hace de una familiaridad benigna, agradable, y siempre propicia al genero humano,
por el beneficio con que brindan à todos, de repartir con quien lo pretende, sus arcanos. <milestone
                rend="closer" unit="AE"/>
<milestone rend="closer" unit="E3"/></p>
<p><pb n="410"/>
<milestone unit="AE"
                xml:id="FR.25"/> Este Discurso, que havia empezado ridiculizando, tiene
apariencia de [sic] acabarcon una Moral sèria, y tal vez no del gusto de aquellos que en todo
quieren pimienta satyrica. Estos, eregidos en curiones, me preguntaràn, si no creo en transmutacion
de los metales? Si no creo, que hay <hi
                rend="italic">Piedra Philosophal</hi>? Y quien ha negado
hasta aqui estas dos cosas? Yo conozco diferentes personas, que estudian noche, y dia la primera; y
algunas, que posseen real, y efectivamente la segunda. Todo el secreto de uno, y otro, consiste solo
en emplear los verdaderos medios para conseguirlo. Los que ocupan su vida en atizar lumbre, en
mezclar materias, y en ensayar el modo de llegar al punto final de sus operaciones; no se inquietan
sobre la possibilidad de la cosa, solo temen por las disposiciones que toman para exaltar mas, y mas
el deseo de hacerse famosos, y de enriquecer à otros. Y aquellos, que en su estado viven contentos,
han adquirido yà la verdadera habitud, que puede producir en ellos la <hi
                rend="italic">Piedra
Philosophal</hi>, que lograron. Considerando, que tenemos mas de lo que nos <pb
                n="411"/> es
efectivamente necessario para subvenir à nuestras verdaderas urgencias, y que no somos tan infelices
como podriamos serlo; somos dichosos, y los unicos, que tienen proporcion positiva para cimentar una
<hi
                rend="italic">Moda</hi>, que, si fuesse universalmente admitida, haria à todos afortunados.</p>
<p><milestone
                unit="E3" xml:id="FR.26"/>
<milestone unit="EX" xml:id="FR.27"/><hi
                rend="italic"> Aristippo</hi> respondiò à un amigo, que se
lastimaba de que havia perdido una Quinta, por un pleyto que se le havia intentado injustamente, y
que se sentenciò contra èl por la codicia de los Jueces: “Que no tenia razon para dexarse de su
suerte, que èl debia lastimarse de la lastima misma que le tenia su amigo”: <hi
                rend="italic">en
quanto</hi> (decia)<hi
                rend="italic"> me quedan todavia tres Quintas, en lugar que tu no tienes
ninguna</hi>. <milestone
                rend="closer" unit="EX"/>
<milestone rend="closer"
                unit="E3"/> Lastima debemos tener de aquellas personas, que mas caso hacen
de lo que perdieron, que de lo que posseen; y que clavan mas la consideracion en los que estàn mas
ricos que ellos, que no en aquellos que se hallan en situacion mas deplorable. La possession de la
<hi
                rend="italic">Piedra Philosophal</hi> se contiene en limites estrechissimos. Los placères, y
comodidades sòlidas de la vida, ocupan <pb
                n="412"/> poquissimo campo. Buscar à estenderlas, y à
sublimar mas, y mas el material de la dicha por medio de excesivos honores, y dignidades, es soplar
inutilmente, y no haver asido el momento en que los Planetas, y Astros tenian la positura, que
debian tener, para finalizar la grande Obra.</p>
<p>Assi, pues, como no podemos, propiamente hablando, llamar ricos, sino à aquellos que se contentan
con lo que tienen, y que no quieren con continuos ensayos afinar mas, y mas sus operaciones:
assimismo podemos assegurar, que entre las Naciones cultas no hallarèmos posseedores de la <hi
                rend="italic">Piedra Philosophal</hi>, ni <hi
                rend="italic">Modistas</hi> de la razon, y de la
justicia, sino entre la gente mediana, que sabe reprimir sus deseos, y que siempre se representa
tener mas bienes, que los que rigurosamente necessita para vivir honradamente. <milestone
                unit="E3" xml:id="FR.28"/>
<milestone unit="FP"
                xml:id="FR.29"/> Los que llamamos Poderosos, viven en una esplendida, y
orgullosa miseria, siempre necessitados; porque en lugar de contentarse con el oro de veinte y
quatro quilates que alcanzaron, le quieren sublimar mas, à fin de superar su <pb
                n="413"/> calidad
natural con otra quimerica, y aparente. <milestone rend="closer"
                unit="FP"/>
<milestone rend="closer" unit="E3"/></p>
<p><milestone unit="E3" xml:id="FR.30"/>
<milestone
                unit="FP" xml:id="FR.31"/> Los que posseen la <hi
                rend="italic">Piedra Philosophal</hi>
por su prudencia, estrechando sus apetitos, y gozando de toda la satisfaccion interior, à que otros,
por no poner lìmites à su ambicion no alcanzan, se divierten de la Comedia, que èstos representan.
<milestone
                rend="closer" unit="FP"/>
<milestone rend="closer"
                unit="E3"/> Y en efecto, à donde hay ridiculèz, què corresponde para
retratar aquellos que corren de tras de los gustos imaginarios, en que ellos mismos confiessan el
abysmo de todos los males, que padecen los Pueblos? Qualquiera que aumenta el calor de su Retorta, à
mas que se lo permiten las materias, que encierra, verà evaporizar los espiritus, que fundan su
esperanza, y se ofrece de venta al <hi
                rend="italic">Charlatan</hi>, à quien se dirige, para que le
ayude à bolver à hacer nuevos ensayos.</p>
<p><milestone
                unit="E3" xml:id="FR.32"/>
<milestone unit="EX" xml:id="FR.33"/> Quando el Rey de <hi
                rend="italic">Lydia</hi> ofreciò à <hi
                rend="italic">Pitaco</hi> una gruessa suma de dinero; èste, que havia heredado, por la muerte de su
hermano, algunos bienes, se le negò à tomarla, diciendo, que tenia mas de la mitad mas de lo que
necessitaba para vivir dichoso. <milestone
                rend="closer" unit="EX"/>
<milestone rend="closer" unit="E3"/> Assi, pues, la <hi
                rend="italic">Piedra Philosophal</hi>, y el
ser <hi rend="italic">Mo-</hi><pb n="414"/><hi
                rend="italic">dista</hi> de la razon, no es mas que
contentarse con su estado; ò para decirlo mejor con <hi
                rend="italic">Socrates: posseer en el
contento las riquezas naturales</hi>: à que yo añado, <hi
                rend="italic">que siendo el contento
natural, riqueza, y no contentarse, es vivir en una artificial pobreza</hi>. Soplen, pues, los
Modistas del tiempo: consulten los prometedores del oro potable, aspiren à nuevos honores, y
placeres los que no saben limitar sus deseos, y acuerdense de la excelente sentencia de Bion, el
Sabio Griego, <hi
                rend="italic">que nadie se expone à tantos pesares, como aquel, que dà mas
extension à su dicha, que le corresponde</hi>.</p>
<p>No hay hombre tan miserable, que no possea la <hi
                rend="italic">Piedra Philosophal</hi>, y que no
sea <hi
                rend="italic">Modista</hi> de la Razon, si combina su estado con el de otros mas infelices;
considerando que èl mismo podia ser, y aùn mas desventurado, de lo que es efectivamente. <milestone
                unit="E3" xml:id="FR.34"/>
<milestone unit="AE"
                xml:id="FR.35"/> Siempre me ha parecido grande, aquel modo de pensar de un
Marinero <hi
                rend="italic">Holandès</hi>, que cayendo de la Verga del Mastil Mayor, quebradas ambas
piernas, decia à sus compañeros, que le levantaban, que se contaba por dichoso, por no haverse roto
la cabeza. <milestone
                rend="closer" unit="AE"/>
<milestone rend="closer" unit="E3"/> Este hecho, me <pb
                n="415"/> trae à la memoria una aventura de
cierto Philosopho antiguo, no menos tràgica, que la del Marinero. <milestone
                unit="E3" xml:id="FR.36"/>
<milestone unit="AE"
                xml:id="FR.37"/> Havia convidado à unos amigos, quando su muger, en medio del
Banquete, entrò en la pieza en que estaban comiendo, riñiendo con desaforada furia à su marido, y
echando al suela mesa, y camas, con todos quanto havia en la pieza. El Philosopho, dueño de sì
mismo, y de sus passiones, dixo sin alterarse: <hi
                rend="italic">Cada qual tiene su espina en este
mundo: yo me alegro, que la mia no sea mas penetrante</hi>. <milestone
                rend="closer" unit="AE"/>
<milestone rend="closer" unit="E3"/>
<milestone unit="E3"
                xml:id="FR.38"/>
<milestone unit="AE"
                xml:id="FR.39"/> Un cèlebre Doctor, continuamente acometido con la dolorosa
complicacion de infinitos males, solìa dàr gravias [sic] à Dios, quando le atormentaba la Gota, de
que no tenia la Piedra; quando tenia la Piedra, le daba gracias, de que no sufria los dos males à un
tiempo: <milestone
                rend="closer" unit="AE"/>
<milestone rend="closer" unit="E3"/>
<milestone unit="E3"
                xml:id="FR.40"/>
<milestone unit="AE" xml:id="FR.41"/> Pues aora, los hermanos de la <hi
                rend="italic">Rosa-Cruz</hi>, aquellos Adeptos, que à fuerza de mysterios pretenden lograr la felicidad de la
vida en la possession de un secreto, que segun ellos, es poco menos que divino, y en comun sentir de
los hombres mas grandes, una soñada patraña: digan si su opulencia les ha dado ja-<pb
                n="416"/>más
el beneficio, que goza un hombre contento, y satisfecho de su fortuna? Insaciables en sus deseos,
siempre ansiosos en exceder en lo que se supone supieron de otros, no saben acotar su estado à
termino fixo. Si logran el privilegio de ser solos en la possession de los thesoros, que les provee
su alambique, les sobresalta el temor de ser descubiertos, y tratados como lo fueron, à lo que se
dice, ciertos <hi
                rend="italic">Adeptos</hi> en <hi
                rend="italic">Venecia</hi>, para desentrañar su
ciencia; ò que para querer volar demasiado alto, les sucede lo que sucediò al hijo del famosissimo
<hi
                rend="italic">Valentino</hi>, el mas experto, y el mas feliz, de los que jamàs se exercieron en
el noblissimo, y poco menos que divinissimo Arte de la transmutacion de Metales, y en la Alchymia; y
uno de los que en opinion comun, hallaron la Piedra Philosophal, y el Oro Potable. <milestone
                rend="closer" unit="AE"/>
<milestone rend="closer" unit="E3"/></p>
<p><milestone unit="E3"
                xml:id="FR.42"/>
<milestone unit="AE"
                xml:id="FR.43"/> No me acuerdo bien, en què Siglo, ni en el Reynado de què
Principe, sucediò la desgracia de la Familia de los <hi
                rend="italic">Valentinos</hi> en Alemania.
<hi
                rend="italic">Basilio</hi>, que havia logrado penetrar el arcàno de la Arte Hermetica, iniciò à
su hijo <hi
                rend="italic">Alexandrino</hi> en los mysterios. Pero como la perfec-<pb
                n="417"/>cion
de la obra requiere en el Operante todo el cùmulo de las virtudes; solo enseñò à su hijo, en vista
de sus poco años, y muchas liviandades, los secretos primordiales. Pero sintiendo por algunos
desfallecimientos de sus alientos, que se acercaba la disolucion de su alma, y cuerpo, mandò venir à
su hijo, y despues de haver hecho salir de su presencia à los domesticos, le ordenò se acercasse à
su cama, para revelarle el mysterio mas importante de sus admirables secretos, con todas las
ceremonias, y frases de un verdadero <hi
                rend="italic">Adepto</hi>. Refiriòle los trabajos, y
desvelos, que le havian costado las immensas riquezas, que dexaba à su posteridad, sin que tenia
posteridad alguna. <hi
                rend="italic">No te turbe</hi>, decia, <hi
                rend="italic">esta palabra, ella
no significa que me morirè, lo que quiere decir, es, que siempre me quedarè contigo; pero de modo,
que no se me podrà atribuir posteridad alguna. Ve aqui, le decia, el efecto que la Naturaleza ha
producido en nueve meses, que es el tiempo, que el fetus se alberga en el seno de la Madre pues es
el mismo tiempo he empleado yo en preparar este remedio para la vivificacion. Este Elixir, y este
unguento,</hi>
<pb
                n="418"/><hi
                rend="italic"> son capaces de restablecer los muelles de la vida, que se desmontan:
dàr nuevas fuerzas, reanimar los espiritus, y assegurar al cuerpo la misma duracion, que ha tenido
desde el punto de su extistencia.</hi> Advirtiòle, que despues de diez horas de muerto, y mientras
que permaneciesse todavia algun calor en el barro, debia untarle con el unguento; y luego que
adviertiesse algun movimiento de labios, verterle en la boca el Elixir: sin cuya virtud la del
unguento quedarìa sin efecto. Añadiò <hi
                rend="italic">Basilio</hi>, que desde el momento que
tendria esta nueva vida, no tenia mas potestad sobre su hijo, pues acababa el derecho de generacion,
y que vivirian como hermanos, ocupandose en buscàr nuevos medios restaurativos para enternizar uno,
y otro sus dias.</p>
<p>Muriò <hi
                rend="italic">Basilio</hi> con estas prèvias disposiciones: y <hi
                rend="italic">Alexandrino</hi>, penetrado del mas vivo dolor de haver perdido este Padre tan admirable, no pensò
al remedio, y dexò passar el termino de poderse servir de èl. Sin embargo, como era hombre de buen
indole, se consolò; imaginandose, que su padre debia contentarse con haver vivido mucho, y en un
estado regular, y <pb
                n="419"/> uniforme; en lugar, que èl necessitaba una nueva vida, para
arrepentirse de su disolucion, y extravagancias, y hacer penitencia, despues de haver resucitado de
su primera muerte, por medio de sus secretos.</p>
<p>Pero como Dios castiga muchas veces à los padres, y parientes, que se ocupan demasiadamente de su
posteridad, dandoles sucessores opuestos à la intencion de lo que ellos desean. Lo mismo sucediò en
la Familia de <hi
                rend="italic">Basilio Valentino</hi>. <hi
                rend="italic">Alexandro</hi>, que
passaba su tiempo en placeres, y diversiones, sirviò de instrumento para castigar à <hi
                rend="italic">Basilio</hi> de su presuncion, y de la vanidad de inmortalizarse; y <hi
                rend="italic">Reni</hi>, hijo de <hi
                rend="italic">Alexandro</hi>, fue su verdugo, por los zelos que concibiò
contra èl, y por el horror que tenia à sus inclinaciones viciosas, que no ignoraba.</p>
<p>Como <hi
                rend="italic">Alexandro</hi> recelaba, que le vendiesse su hijo, no le revelò el secreto
de sus remedios, fundandose mas sobre la avaricia, que sobre la gloria de hacer buenas obras. Llegò
tambien el termino de sus dias, y llamando à su hijo à la cama, le hablò de una manera pathetica, y
devo-<pb
                n="420"/>ta, exponiendole: Que no obstante su derramada vida, à que èl mismo le havia dado
exemplo, tenia parte especial en la gran fama, y felices efectos, que en toda Alemania havia causado
la suma sabidurìa, y profundos conocimientos del celebre <hi
                rend="italic">Basilio</hi>. Que su
symbolo estaba conocido en todas partes; y que siempre tenia presente su mucha gravedad, y
compostura, quando le introduxo la primera vez en los impenetrables mysterios de la mesa Smaragdina
de <hi
                rend="italic">Hermes</hi>. <hi
                rend="italic">Ella es, decia, el unico, el verdadero, y es
constante milagro. Lo inferior es en su todo semejante à lo que es superior; y por esta semejanza se
obran todos los milagros de cierta Obra magna. El Sol es padre de ella: la Luna es su madre: los
Vientos residen en su seno: la Tierra la cria, y la dà la perfeccion que necessita; pero todo
conviene admitirse con modestia, y pureza.</hi></p>
<p>Los Alchymistas son como los Avarientos, y Usureros. Todas sus conversaciones estàn llenas de una
piedad, y devocion embustera; y no pocas veces unos, y otros, sin pensar en el fin postrero, quedan
alucinados, y despojos de la regula-<pb
                n="421"/>ridad de vida que fingen, para engañar à otros. <hi
                rend="italic">Reni</hi>, quedò assombrado de oìr à su padre con tanta devocion, y piadoso zelo; y
atendiendo à lo que le encargò de untar su cuerpo, despues de una hora cadaver, con el unguento, y
de verter en su boca el <hi
                rend="italic">Elixir</hi>, al punto que le viesse mover los labios, con
promessa, que su cuerpo se convirtiera en oro purissimo, y que serìa el hombre mas poderoso de toda
la <hi
                rend="italic">Alemania</hi>, quedò contento.</p>
<p>Este hijo, el qual sin duda darìa à la memoria de su muerto Padre toda la victima de sus ansias,
con la ensanchèz de que serìa capàz un hombre de sus talentos; aliciado con las promessas, que le
havia hecho en aquella ultima hora, y haviendole encargado del modo mas fuerte, y con todo el ardor
possible, executasse sus ordenes, le havia dado solemnemente palabra, que jamàs cortaria un pedazo
del cuerpo de su Padre, que no fuesse en una urgencia indispensable, y solo para assegurar la
fortuna de sus hermanos, ò hermanas.</p>
<p>Olvidò muy presto la muerte de su Padre. Embevecido en la idèa de ser le-<pb
                n="422"/>gitimo
heredero de tan immensos tesoros, y arrebatado de una inmoderada alegria, jamàs pudo reportarse en
la codicia, y transportes de su alegria. Mesurò con mucha complacencia el cuerpo de su Padre,
computando el valor de cada parte, antes de comenzar la operacion de la transmutacion esperada: y
luego que huvo calculado exactamente las riquezas, que posseeria à medida del peso del cadaver,
principiò su maniobra. Pero ò maravilloso Arte! No tan presto huvo untado el cuerpo, que todos los
miembros dexaban conocer movimientos de vida: lo que viendo Reni assombrado, dexò caer de susto el
pomìto con el Elixir, el qual disipandose en vapores, privò para siempre à su Padre de la
resurreccion, y segunda vida, y à èl, del incomparable secreto, que hasta aqui ha servido de cebo
para engañar à los <hi
                rend="italic">Alchymistas</hi>. <milestone rend="closer" unit="AE"/>
<milestone rend="closer"
                unit="E3"/>
<milestone rend="closer" unit="AE"/>
<milestone rend="closer" unit="E2"/></p>
<p><hi
                rend="smallcaps">Fin</hi>.</p>
<p><hi
                rend="italic">El Discurso siguiente saldrà el Sabado 19. de Septiembre de 1761.</hi></p>
<p>En Madrid: Con las Licencias necessarias.</p>
<p><hi
                rend="italic">Se hallarà en las Librerias acostumbradas. </hi><milestone rend="closer" unit="E1"/></p>
<p/>
</div1>
</body>
      </text>
      <text ana="framings">
        <body xml:space="preserve">
<div>
<ab>
<seg synch="#FR.1" type="E1">
<seg type="U1">Num. XVI </seg>
<seg
                    type="MO"><seg synch="#FR.2"
                    type="ZM"> . . . . . Quid non mortalia pectora cogis<lb/>Auris
sacra fames!</seg>
<seg
                  type="QU">Virg. Æneid. lib. 3. vers. 56. </seg></seg>
<seg
                  type="QU">Cba[...] latane[...] Saltin[...] bancos[...] homb[...] de sec[...] to à
Moda[...]</seg>
<seg
                  synch="#FR.3"
                    type="E2"> No comprendo por què se quiere alabar tanto mi capacidad, y talentos,
que todos fingen, que creen, que en mì reside autoridad, y dominio, para reformar, en calidad de
Trasgo, los abusos, que cometen los hombres, y las mugeres, impelìdos por el espiritu novelero, que
los obsede. Nadie debe temer, que yo saque vanidad, de la necia opinion de las gentes: me conozco, y
no menos conozco aquellos, que afectan quererme honrar con sus epitetos. Còmo es dable, que mis
Discursos hagan impresion sobre el espiritu de los hombres, quando veo to-<pb
                    n="392"/>dos los dias,
y de generacion en generacion, que no tiene menos dificultad en acreditarse un embustero, y en
dexarse engañar un tonto, que los temporales en hacer que la tierra continuamente produce aves de
rapiña, y pobres innocentes pajarillos, que los sirven de alimento. <seg
                    synch="#FR.4" type="E3">
<seg synch="#FR.5"
                        type="AE"> No hay, al parecer, hombre alguno, que no crea, que todos aquellos se
precian, y se lisonjean de posseer secretos unicos, y capacidad exclusiva para hacer curaciones
milagrosas, son carniceros humanos, y desvergonzados tramposos. Siempre me rio, quando, viendo
distribuir algun aviso en la calle, ò algun cartel en las esquinas, oygo decir à las gentes, que
todo es embuste; pues averiguo al propio tiempo, que la credulidad de estos mismos despreciadores,
canonìza la imprudencia de los Charlatanes, que se anuncian, y les procura los medios, que
necessitan para burlarse de la necia complacencia, y poca penetracion de los que se dexan engañar de
ellos. Pero lo que agrava mas los desatinos, y la facilidad de los que se dexan burlar, es, que
desde el tiempo de que se acuerdan los mas ancia-<pb
                        n="393"/>nos, siempre huvo Saltimbancos, y
prometedores de milagros, que tuvieron el mismo sucesso, y aplauso; y que, aunque descubrieron su
fraude, no dexaron de continuar con satisfaccion sus embustes. <seg
                        synch="#FR.6" type="E4">
<seg synch="#FR.7"
                            type="AE"> Hablaronme antes de ayer de un sugeto à quien se espera de Italia, y
que se hace anunciar de antemano por los Precursores, que ha tomado à su sueldo en Madrid, como
experto, y consumado en la curacion de todo genero de males; sobre todo, sè los que son de Moda, por
inveterados que sean. Comunicaronme en tenor de los Carteles, y avisos, que se deben distribuir, y
fixar por las calles à su llegada, y que son nada menos, que originales en su genero. <seg
                            synch="#FR.8"
                              type="E5"> Ha llegado (dicen) nuevamente de Italia à esta Corte de Madrid un Cirujano,
que en una infinidad de viages por mar, y por tierra, ha exercitado la Cirurgìa por espacio de
treinta y nueve años, y algunos dias completos. Cura, con el [sic] ayuda de Dios, y sin errar, todas
las especies de Ictericias, la Palidèz, las Obstrucciones masculinas, y femeninas, el Escorbuto, la
Hydropesìa, la Indigestion de estomago, y las Crudezas del <pb
                        n="394"/>bazo: como tambien todo
genero de dolencias, y repleciones contrahidas en los viages, y estancias, que hacen los Mercaderes,
y Empleados por el Principe en la América. Es sumamente habil, y experto en la curacion de Vapores,
Jaquecas, y Desmayos, que sufren las Mugeres, assi por disgustos caseros, como por displicencias
matrimoniales. Passan de cinquenta y dos mil quatrocientas cinquenta y nueve personas, que ha
tratado, y de que el numero de muertos no passa de trece: como consta por Certificaciones
autenticas, y por Deplomas [sic], y Privilegios sellados con el sello de diferentes Soberanos de
Africa, y de Asia. En una palabra: Este insigne Empyrico cura qualquiera enfermedad que sea, que
pueda acometer à hombres, ò mugeres, niños, &amp;c. sin excepcion alguna. </seg>
</seg>
</seg> Si se pudiera mirar con serenidad, è indolencia el estrago, que estos embusteros, ò
ignorantes hacen en el genero, ò especie humana: nada serìa mas divertido, que una relacion genuina
, ò un comento veridico, y circunstanciado de las promessas que hacen estos ilustres Ca-<pb
                        n="395"/>minantes. Hay un genero de emebeleso, ò encanto para el vulgo, en los que vienen de lexas Tierras.
Los ignorantes de distincion, los ricos, los poderosos, cuyo numero es bastante considerable, estàn
siempre muy apassionados, y protectores declarados de semejantes sugetos, y sin entretenerme en
formar lista de los muchos, que yo he conocido acometidos de esta dolencia; apenas hay uno entre mil
hombres visibles por su estado, que no nos pueda promover su propio exemplo, en prueba de su necedad
confiada. Los ignorantes plebeyos, y el vulgacho, que no se hallan en estado de hacer larguezas, y
apropiarse el titulo de Mecenas, ò fomentadores de los Charlatanes, como lo hacen los poderosos; no
dexan de pagar con baxezas, y complacencias ridiculas su fingido merito, y de venerar con sumo
respeto à estos Doctores Estrangeros, y Saltinbancos, que à manos llenas les prometen maravillas:
unos, y otros los entregan continuamente su salud, y ponen à su arbitrio, y en riesgo de su vida.
Este Cirujano viene nuevamente de <pb
                        n="396"/>sus viages, que ha hecho, exerciendo su Arte por mar,
y por tierra. Luego (y es consequente) debe necessariamente curar la Palidèz, las Ictericias, las
Obstrucciones masculinas, y femeninas, y las enfermedades de replecion con que buelven de America
los Comerciantes, y los que en esta parte del Mundo se han visto en servicio del Principe. Ha
exercitado su Arte por mar, y por tierra . . . . . Vaya, no quiero contestarle la habilitad de curar
los males, que se contrahen en viages largos, ò en los Exercitos; pero en lo que nos promete de
curar la palidèz, y los accidentes de parto, no concibo, que la recomendacion de haver viajado por
mar, le sea muy favorable para el acierto: pues creo, que ningun Medico, ni Cirujano debe salir de
Madrid para habilitarse para semejantes curas. Es verdad, que para preocuparse à las gentes, se debe
herir su imaginativa con entretener su pasmo; no desabrocharse demasiado sobre su ciencia con nadie,
reservar siempre alguna parte para otro Discurso: todo esto hace creer, que el Empyrico no descubre
todo <pb
                        n="397"/>el caudal de su saber, y que lo mas sublìme, y cientifico de sus secretos, queda
guardado con mucha circunspeccion, y cordura. <seg
                        synch="#FR.9" type="E4">
<seg synch="#FR.10"
                            type="AE"> Entro en una Barberia: una Guitarra, quatro Bacìas, unos paños
sucios, una mala mesa, y unos taburetes cojos, y mancos hacen el ajuar de la Tienda. Pero el
Maestro, que pretende ser Modista, ha realzado à estos pobres trastos con un Barometro, con un
Esqueleto de una criatura, y con un pedazo de piel de Haya colgado en cierto modo. Su Barometro es
exactissimo: todos los Gallegos que venden verdura, le consultan para saber quando harà seco, ò
lluvioso, à fin de governarse en el arrendamiento de la lechuga, escarola, y demàs verduras en que
comercian. Para mì, y mis conocidos, que somos sabios, nada hay en todo esto, que no sea comun, y
ordinario. Sin embargo el otro dia, entrando para afeytarme en esta Tienda, reparè en un hombre
honrado de la plebe, que havia entrado para que le hiciessen el mismo servicio; el qual, despues de
haver conseguido el verse despojado de la <pb
                        n="398"/>superfluidad, que no permite traer la Moda,
fixò los ojos en este instrumento, y maravillosa maquina, todo el tiempo, que me tuvo entre sus
manos el rapante segundario. Vì, que examinaba el Monstruo marino, y despues la Guitarra,
antendiendo con suma reflexion al sonido, que despedia cada cuerda por sì, y siempre con la mano en
la faltriquera, en ademàn de buscar moneda para pagar en ochavos: lo que conocì al modo que tenia de
manejar los dedos. Sin embargo, considerando los trebejos que adornaban la Tienda, concibiò un
altissimo saber en el Maestro, se avergonzarìa interiormente de la manera con que intentaba pagar la
rapadura: lo que fue causa, que sacò una pieza de ocho quartos y medio en plata; la que nunca
huviera dado, si no le huviessen recreado la vista el Barometro, y el Esqueleto, ò si la Tienda solo
huviesse tenido la Guitarra por adorno. </seg>
</seg> No hay mucho tiempo que palpè sensiblemente la verdad, que acabo de exponer de la verguenza
de este sugeto, que pagaba mas prodigalmente la hechu-<pb
                        n="399"/>ra de su barba, solo porque la
tienda del Barbero tenia Barometro, y Mapas, que no la huviera pagado, si solo huviesse visto en
ella una Guitarra, que en España es el instrumento Chyrurgico de mas aprecio, y la primera pieza del
estudio de los Phlebotomistas. <seg
                        synch="#FR.11" type="E4">
<seg synch="#FR.12"
                            type="AE"> Acudieron en casa de un Amigo dos Medicos, que assistian à la visita
de un enfermo por un mal de poca entidad; porque ellos mismos, contra su costumbre, se despedian
desde la primera. Reparè, que al uno, que venìa acompañado con un Platicante cosido à su lado, y que
havia dexado su coche à la puerta, se le resvalaba en la pequeña ceremonia de la mano, un peso duro,
por la charlatanerìa de un quarto de hora; mientras que al otro se satisfizo con dos pesetas, que se
le introducian entre los dedos con el propio disimulo. Pareciòme, que en esta accion no se guardaba
exactamente la proporcion, y justicia, que se debia guardar à los dos Medicos: mayormente, haviendo
reparado, que el de las dos pesetas hablaba con mas juicio, y mejor fundamento del mal, y estado del
doliente, que el del peso duro. <pb
                        n="400"/>Pero el dueño de la casa, à quien comuniquè mi
pensamiento, me sacò de la inquietud que ocupaba à mi espiritu: dandome à entender, que, sin embargo
de la mayor habilidad del uno, solo visitaba en Lavapies, Barquillo, y Maravillas, donde estaba
acostumbrado à propinas medianas; y assi, que no havia honra à ganar con darle mas: en lugar, que el
otro, siendo Medico à la Moda, y acreditado entre toda la Grandeza, convenìa pagarle el breve rato,
que perdia en esta visita, à razon de lo que huviera grangeado à la cabezera de un Modista, ò
Enfermo imaginario. </seg>
</seg>
<seg
                        synch="#FR.13" type="E4">
<seg synch="#FR.14"
                            type="AE"> Esto mismo sucede con los Artifices. Quanto mas uno de ellos està à
la Moda, tanto mas seguro, que serà empleado, y mejor pagado, que otro de mas habilidad, y ciencia.
El Zapatero que calza à nuestros Petimetres de Tacon encarnado, exagerando la ciencia, y secreto de
saber conservar el lustre à este color, podrà exigir mas por los zapateros, que otro que solo le
conserva al negro. El Cotillero, que con mas destreza sabe dàr cuerpo à la que no lo tiene por <pb
                        n="401"/>Naturaleza, tiene justificado derecho, para hacerse pagar mejor su secreto, que otro, que
sin tener esta habilidad trabaja mas à conciencia. </seg>
</seg> Estos secretos essenciales para los que quieren constituirse hombres de fama, y el miramiento
de los que desean ser reputados sugetos de bueno, y exquisito gusto, y verdaderamente Modistas,
requieren en los primeros, que procuren influir à todos, que las luces que posseen, las adquirieron
por comunicacion de algun Arabigo, Maronita, Persa, Africano; el qual se lo dexò, sea por
Testamento, sea por cariño especial, que le tomò en sus viages. Para esto hay Naciones, que
peculiarmente son mas al caso para cimentar esta creencia, que otras. Los Marselleses can mucho al
Levante, y lo mismo hacen los Venecianos. Los Ingleses corren mucho la Africa, y baxo su proteccion
otros Pueblos; y à menos, que no sea por caso enteramente milagroso, no podemos acusar à los
Españoles de executar semejantes engaños: los quales, si no aprendiessen de algun Indio brabo tal
qual secreto de esta Naturaleza, no estàn en estado de haverlos aprendido de otras Naciones. <pb
                        n="402"/>Para bolver à nuestro Medico, èl fortifica sus promessas con Testimonios, y con una lista
de muchissimas personas à que ha curado, y de que algunas, se le creemos sobre su palabra,
estuvieron por mas de quarenta años impedidas de todos sus miembros. Al tiempo de leer el Escrito,
que debe servir de original para imprimir los Carteles, lo leyò tambien un hombre, que se hallaba
junto à mì, de mediano parecer, y no menos curioso, que yo, y que debia de ser de una penetracion
poco comun; pues al punto se fue plenamente convencido de la habilidad de este nuevo Operante. Con
bastante frequencia se ha visto, que estos ilustres Charlatanes han obrado una multitud de
prodigios, en virtud de alguna revolucion extraordinaria acontecida en su cuerpo al tiempo de su
nacimiento, ò de algun infortunio raro, que los sucediò en el corriente de su vida. Y aunque uno, ni
otro, ni otra cosa de semejante naturaleza tenga conexion, ò referencia con la capacidad, y ciencia
de que se precian, y de que necessitan los Pueblos: esta infelicidad, <pb
                        n="403"/>ò defecto
natural, no dexa de persuadir à las gentes, que posseen realmente los talentos, que se atribuyen.
<seg
                        synch="#FR.15" type="E4">
<seg synch="#FR.16"
                        type="FP"> Uno de los mal chistosos Charlatanes, que yo he visto en mi vida, fue
un Alemàn, quien para engañar à la gente simple, se jactaba de curar las Cataratas, fundando su
habilidad, y ciencia, en que havia perdido un ojo en servicio del Rey de España, en la expedicion de
Oràn contra los Moros; y que Dios, en recompensa de su valor en defensa de la Fè, le havia
favorecido con esta especial gracia. Los pobres creen à semejantes impostores sobre su palabra,
porque hablan de la Guerra, y de las Berzas, que producen las Costas de Africa. Traen en abono de
sus razones Certificaciones de Servicios Militares, Fè de vida de Invalidos, Passaportes, &amp;c.
Todo esto assegura, que el sugeto estuvo real, y verdaderamente en el citado Servicio, y Expedicion:
y esto basta, para que èl tenga autoridad, y patente autentica, para quitar la vista à quantos se
confien en su Arte. </seg>
</seg> Podrà creer alguno, que uno de estos embusteros se atreviesse à publicarse <pb
                        n="404"/>abiertamente diestro en curar las Quebraduras, con el solo titulo de haverse heredado esta
dolencia en su familia de Padre en Hijo? Pues no falta quien hizo fortuna solo con anunciarse por
Curandero de este mal. La mayor parte de los hombres adoptan sin reflexion la primera idea que les
viene. Nadie quiere desembolverla, ni examinarla por sus partes; antes bien conceden gratis todo
quanto puede resultar de ella. Todos empiezan regularmente con suponer, que puede haver algo de
prodigioso, y raro en la persona de el que promete, y al punto mismo se persuaden que lo hay. Y con
esto han hecho lo bastante, para que todos abracen ciegamente todo quanto les parece que les quiera
decir el Prometedor, para confirmar mejor el embuste. Sin entrar problematicamente à examinar, y
difinir la ciencia, y habilidad de nuestro Medico, ni hacer justicia à su merito hasta tener
certidumbre, y testimonio de sus operaciones; à lo menos, me serà preciso ensalzar su buena fe sobre
un articulo, en que me parece afianza <pb
                        n="405"/>mucho su fortuna. <seg synch="#FR.17"
                        type="E4">
Advierte al Pùblico, que promete à todos quantos quisiessen honrarle con sus visitas, y consultarle
sobre sus males, hallarse en su quarto, sin ausentarse de èl, ni aun para las cosas mas
indispensables; todas las mañanas, desde las ocho, hasta medio dia; y las tardes, desde las dos,
hasta las seis. Que es extremamente diestro en sangrar, y desea que, para acreditarse en lo demàs,
quieran experimentarlo los que viniessen à verlo: pues como no es el interès, sino la gloria que le
estimùla, no tomarà mas de un real de vellon por cada sangria. </seg>
<seg
                        synch="#FR.18" type="E4">
<seg synch="#FR.19"
                            type="FP"> Otra especie de Tramposos menos nocivos para la salud, y vida, aunque
mas perjudicales para la bolsa, son los Chymicos. Estos regularmente son Alemanes, Escoceses, y
algunos Italianos. Passan à España por el precioso atractivo de sus riquissimos metales, y no
creyendo el repartimiento de ellos equitativo, prometen à los que conocen hambrientos de ellos,
multiplicar de tal manera su porcion, que si no fuesse por el rezelo que se ha de tener, que lo sepa
la Justicia, no tar-<pb
                        n="406"/>darian mucho, en igualar su poder, y riqueza à los del mismo
Soberano. </seg>
</seg> Aquellas à que los Pueblos llaman Brujas, y los que prometen tesoros por medio de los
Alambiques, y Retortas, son por lo regular pobres, y los mas no trabajan à favor suyo, atribuyendo
su desinterès à virtud, y fingiendo, que no por ellos, sino por los demàs, posseen secretos para
hacerse opulentos. <seg
                        synch="#FR.20" type="E4">
<seg synch="#FR.21"
                        type="FP"> El fatuo capricho de la transmutacion de los metales, tuvo en otros
tiempos mas sèquito, que al presente; y no parece, que los Alchymistas se atreven hoy dia enunciarse
como criadores de nuevas especies, sino simplemente, como aumentadores, afinadores, y extractadores
de una quinta essencia del oro, que por sus virtudes suple en todo y por todo; à todos los tesoros
del Orbe: pues si por una parte previene à todas las urgencias humanas, por otra desarrayga, y cura
à todas las enfermedades, prolongando la vida de los que posseen este elixir à siglos enteros.
</seg>
</seg>
<seg
                        synch="#FR.22" type="E4">
<seg synch="#FR.23"
                            type="AE"> No ha muchos dias, que passeandome con cierto Italiano, el qual,
entre <pb
                            n="407"/>muchas cosas de la conversacion, apuntò sus idèas al blanco, y punto central de
la Alchymia. Tuve mucho gusto en oìr discurrir este piadoso, y zeloso Adepto sobre las maravillas de
este secreto: porque el que se jacta posseer el secreto, ò el que desea posseerlo, es Embustadero
verdadero; no hay contento como oìr el Enthousiasmo, y la Philosophìa, que respiran semejantes
sugetos. Hablòme el corazon en las manos, valiendose de las frases, y del lenguage, que le havrian
enseñado, los que por su dinero le instruyeron en algunos principios obscuros, y falsos de su
pretendido Arte. Hablóme, pues, del espiritu encerrado dentro de una Esmeralda, que segun èl, tenia
tal virtud, que sublimaba todas las cosas por su contacto, y daba à qualquiera materia terrestre el
grado mas perfecto, à que le permitiesse llegar su naturaleza. <seg
                            synch="#FR.24"
                              type="E5"> Esta
Esmeralda, me decia, añade resplandores al Sol, y dà nuevas, y mas puras aguas à los Diamantes.
Comunica su virtud à todos los metales, y enriquece al plomo con las propias calidades, que tiene
<pb
                        n="408"/>el Oro. Del humo, hace llamas: de la llama luz, gloria. Uno solo de sus rayos, disipa
las inquietudes, los pesares, las melancolìas, en qualquiera persona que las padezca. En una
palabra, la presencia de esta Esmeralda hace una especie de Paraìso, de qualquiera lugar, donde la
posseen. </seg> Despues que me huvo fatigado un grande rato con su guirigay, de que yo no entendia
palabra, notè, que hacìa un ovillejo de las idèas que tenia de la Physica, y de la Moral; y que toda
su ciencia de la Piedra Philosophal, de que pretendia tener principios, consistia simplemente en
tener el espiritu satisfecho, y contento. </seg>
</seg> Es por de contado probable, que el hombre con una disposicion tan felìz como esta, produce en
sì mismo, y respecto à ciertas circunstancias, los efectos, que los Chymicos, y Sopladores atribuyen
à su Piedra; y que, aun quando no se procurasse las riquezas, que estos se prometen, à lo menos el
deseo le lisonjea con el destierro, y desprecio de ellas, lo que viene à ser la misma cosa. Si esta
disposicion es fantastica certeza, no son <pb
                    n="409"/>capaces de ahuyentar de la persona, que
presume tenerlas, en la inteligencia de su Arte, à todas las zozobras, que nacen de la mala
situacion de su fortuna, ò de su cuerpo; à lo menos nos dà motivo para que las sufra con mas
resignacion, y sossiego. Tiene esta disposicion aurifera una influencia apacible sobre nuestra Alma,
respecto à los entes con quienes tiene relacion, y correspondencia. La inteligencia de estàr
iniciado en el Arte de producir Oro, excluye à todo genero de murmuracion contra el Supremo Monarca
del Universo, quien nos colocò cada qual en el puesto que debe guardar. Destruye à todas las
maquinaciones de ambicion, y delito, y alexa de qualquiera toda propension à dexarse corromper en
perjuicio de la Sociedad: pues los posseedores del secreto se reputan por ricos, y exageran su
fortuna igual à la de los Soberanos. En una palabra, su creìda ciencia les hace de una familiaridad
benigna, agradable, y siempre propicia al genero humano, por el beneficio con que brindan à todos,
de repartir con quien lo pretende, sus arcanos. </seg>
</seg>
<pb
                    n="410"/><seg synch="#FR.25"
                      type="AE"> Este Discurso, que havia empezado ridiculizando, tiene
apariencia de [sic] acabarcon una Moral sèria, y tal vez no del gusto de aquellos que en todo
quieren pimienta satyrica. Estos, eregidos en curiones, me preguntaràn, si no creo en transmutacion
de los metales? Si no creo, que hay Piedra Philosophal? Y quien ha negado hasta aqui estas dos
cosas? Yo conozco diferentes personas, que estudian noche, y dia la primera; y algunas, que posseen
real, y efectivamente la segunda. Todo el secreto de uno, y otro, consiste solo en emplear los
verdaderos medios para conseguirlo. Los que ocupan su vida en atizar lumbre, en mezclar materias, y
en ensayar el modo de llegar al punto final de sus operaciones; no se inquietan sobre la
possibilidad de la cosa, solo temen por las disposiciones que toman para exaltar mas, y mas el deseo
de hacerse famosos, y de enriquecer à otros. Y aquellos, que en su estado viven contentos, han
adquirido yà la verdadera habitud, que puede producir en ellos la Piedra Philosophal, que lograron.
Considerando, que tenemos mas de lo que nos <pb
                      n="411"/>es efectivamente necessario para subvenir à
nuestras verdaderas urgencias, y que no somos tan infelices como podriamos serlo; somos dichosos, y
los unicos, que tienen proporcion positiva para cimentar una Moda, que, si fuesse universalmente
admitida, haria à todos afortunados. <seg
                      synch="#FR.26" type="E3">
<seg synch="#FR.27"
                      type="EX"> Aristippo respondiò à un amigo, que se lastimaba de que havia perdido
una Quinta, por un pleyto que se le havia intentado injustamente, y que se sentenciò contra èl por
la codicia de los Jueces: “Que no tenia razon para dexarse de su suerte, que èl debia lastimarse de
la lastima misma que le tenia su amigo”: en quanto (decia) me quedan todavia tres Quintas, en lugar
que tu no tienes ninguna. </seg>
</seg> Lastima debemos tener de aquellas personas, que mas caso hacen de lo que perdieron, que de lo
que posseen; y que clavan mas la consideracion en los que estàn mas ricos que ellos, que no en
aquellos que se hallan en situacion mas deplorable. La possession de la Piedra Philosophal se
contiene en limites estrechissimos. Los placères, y comodidades sòlidas de la vida, ocupan <pb
                      n="412"/>poquissimo campo. Buscar à estenderlas, y à sublimar mas, y mas el material de la dicha por
medio de excesivos honores, y dignidades, es soplar inutilmente, y no haver asido el momento en que
los Planetas, y Astros tenian la positura, que debian tener, para finalizar la grande Obra. Assi,
pues, como no podemos, propiamente hablando, llamar ricos, sino à aquellos que se contentan con lo
que tienen, y que no quieren con continuos ensayos afinar mas, y mas sus operaciones: assimismo
podemos assegurar, que entre las Naciones cultas no hallarèmos posseedores de la Piedra Philosophal,
ni Modistas de la razon, y de la justicia, sino entre la gente mediana, que sabe reprimir sus
deseos, y que siempre se representa tener mas bienes, que los que rigurosamente necessita para vivir
honradamente. <seg
                      synch="#FR.28" type="E3">
<seg synch="#FR.29"
                          type="FP"> Los que llamamos Poderosos, viven en una esplendida, y orgullosa
miseria, siempre necessitados; porque en lugar de contentarse con el oro de veinte y quatro quilates
que alcanzaron, le quieren sublimar mas, à fin de superar su <pb
                      n="413"/>calidad natural con otra
quimerica, y aparente. </seg>
</seg>
<seg synch="#FR.30"
                        type="E3">
<seg synch="#FR.31"
                      type="FP"> Los que posseen la Piedra Philosophal por su prudencia, estrechando
sus apetitos, y gozando de toda la satisfaccion interior, à que otros, por no poner lìmites à su
ambicion no alcanzan, se divierten de la Comedia, que èstos representan. </seg>
</seg> Y en efecto, à donde hay ridiculèz, què corresponde para retratar aquellos que corren de tras
de los gustos imaginarios, en que ellos mismos confiessan el abysmo de todos los males, que padecen
los Pueblos? Qualquiera que aumenta el calor de su Retorta, à mas que se lo permiten las materias,
que encierra, verà evaporizar los espiritus, que fundan su esperanza, y se ofrece de venta al
Charlatan, à quien se dirige, para que le ayude à bolver à hacer nuevos ensayos. <seg
                      synch="#FR.32" type="E3">
<seg synch="#FR.33"
                      type="EX"> Quando el Rey de Lydia ofreciò à Pitaco una gruessa suma de dinero;
èste, que havia heredado, por la muerte de su hermano, algunos bienes, se le negò à tomarla,
diciendo, que tenia mas de la mitad mas de lo que necessitaba para vivir dichoso. </seg>
</seg> Assi, pues, la Piedra Philosophal, y el ser Mo-<pb
                      n="414"/>dista de la razon, no es mas que
contentarse con su estado; ò para decirlo mejor con Socrates: posseer en el contento las riquezas
naturales: à que yo añado, que siendo el contento natural, riqueza, y no contentarse, es vivir en
una artificial pobreza. Soplen, pues, los Modistas del tiempo: consulten los prometedores del oro
potable, aspiren à nuevos honores, y placeres los que no saben limitar sus deseos, y acuerdense de
la excelente sentencia de Bion, el Sabio Griego, que nadie se expone à tantos pesares, como aquel,
que dà mas extension à su dicha, que le corresponde. No hay hombre tan miserable, que no possea la
Piedra Philosophal, y que no sea Modista de la Razon, si combina su estado con el de otros mas
infelices; considerando que èl mismo podia ser, y aùn mas desventurado, de lo que es efectivamente.
<seg
                      synch="#FR.34" type="E3">
<seg synch="#FR.35"
                      type="AE"> Siempre me ha parecido grande, aquel modo de pensar de un Marinero
Holandès, que cayendo de la Verga del Mastil Mayor, quebradas ambas piernas, decia à sus compañeros,
que le levantaban, que se contaba por dichoso, por no haverse roto la cabeza. </seg>
</seg> Este hecho, me <pb
                      n="415"/>trae à la memoria una aventura de cierto Philosopho antiguo, no
menos tràgica, que la del Marinero. <seg
                      synch="#FR.36" type="E3">
<seg synch="#FR.37"
                      type="AE"> Havia convidado à unos amigos, quando su muger, en medio del
Banquete, entrò en la pieza en que estaban comiendo, riñiendo con desaforada furia à su marido, y
echando al suela mesa, y camas, con todos quanto havia en la pieza. El Philosopho, dueño de sì
mismo, y de sus passiones, dixo sin alterarse: Cada qual tiene su espina en este mundo: yo me
alegro, que la mia no sea mas penetrante. </seg>
</seg>
<seg
                      synch="#FR.38" type="E3">
<seg synch="#FR.39"
                      type="AE"> Un cèlebre Doctor, continuamente acometido con la dolorosa
complicacion de infinitos males, solìa dàr gravias [sic] à Dios, quando le atormentaba la Gota, de
que no tenia la Piedra; quando tenia la Piedra, le daba gracias, de que no sufria los dos males à un
tiempo: </seg>
</seg>
<seg
                      synch="#FR.40" type="E3">
<seg synch="#FR.41"
                          type="AE"> Pues aora, los hermanos de la Rosa-Cruz, aquellos Adeptos, que à
fuerza de mysterios pretenden lograr la felicidad de la vida en la possession de un secreto, que
segun ellos, es poco menos que divino, y en comun sentir de los hombres mas grandes, una soñada
patraña: digan si su opulencia les ha dado ja-<pb
                      n="416"/>más el beneficio, que goza un hombre
contento, y satisfecho de su fortuna? Insaciables en sus deseos, siempre ansiosos en exceder en lo
que se supone supieron de otros, no saben acotar su estado à termino fixo. Si logran el privilegio
de ser solos en la possession de los thesoros, que les provee su alambique, les sobresalta el temor
de ser descubiertos, y tratados como lo fueron, à lo que se dice, ciertos Adeptos en Venecia, para
desentrañar su ciencia; ò que para querer volar demasiado alto, les sucede lo que sucediò al hijo
del famosissimo Valentino, el mas experto, y el mas feliz, de los que jamàs se exercieron en el
noblissimo, y poco menos que divinissimo Arte de la transmutacion de Metales, y en la Alchymia; y
uno de los que en opinion comun, hallaron la Piedra Philosophal, y el Oro Potable. </seg>
</seg>
<seg
                      synch="#FR.42" type="E3">
<seg synch="#FR.43"
                          type="AE"> No me acuerdo bien, en què Siglo, ni en el Reynado de què Principe,
sucediò la desgracia de la Familia de los Valentinos en Alemania. Basilio, que havia logrado
penetrar el arcàno de la Arte Hermetica, iniciò à su hijo Alexandrino en los mysterios. Pero como la
perfec-<pb
                          n="417"/>cion de la obra requiere en el Operante todo el cùmulo de las virtudes; solo
enseñò à su hijo, en vista de sus poco años, y muchas liviandades, los secretos primordiales. Pero
sintiendo por algunos desfallecimientos de sus alientos, que se acercaba la disolucion de su alma, y
cuerpo, mandò venir à su hijo, y despues de haver hecho salir de su presencia à los domesticos, le
ordenò se acercasse à su cama, para revelarle el mysterio mas importante de sus admirables secretos,
con todas las ceremonias, y frases de un verdadero Adepto. Refiriòle los trabajos, y desvelos, que
le havian costado las immensas riquezas, que dexaba à su posteridad, sin que tenia posteridad
alguna. No te turbe, decia, esta palabra, ella no significa que me morirè, lo que quiere decir, es,
que siempre me quedarè contigo; pero de modo, que no se me podrà atribuir posteridad alguna. Ve
aqui, le decia, el efecto que la Naturaleza ha producido en nueve meses, que es el tiempo, que el
fetus se alberga en el seno de la Madre pues es el mismo tiempo he empleado yo en preparar este
remedio para la vivificacion. Este Elixir, y este unguento, <pb
                          n="418"/>son capaces de restablecer
los muelles de la vida, que se desmontan: dàr nuevas fuerzas, reanimar los espiritus, y assegurar al
cuerpo la misma duracion, que ha tenido desde el punto de su extistencia. Advirtiòle, que despues de
diez horas de muerto, y mientras que permaneciesse todavia algun calor en el barro, debia untarle
con el unguento; y luego que adviertiesse algun movimiento de labios, verterle en la boca el Elixir:
sin cuya virtud la del unguento quedarìa sin efecto. Añadiò Basilio, que desde el momento que
tendria esta nueva vida, no tenia mas potestad sobre su hijo, pues acababa el derecho de generacion,
y que vivirian como hermanos, ocupandose en buscàr nuevos medios restaurativos para enternizar uno,
y otro sus dias. Muriò Basilio con estas prèvias disposiciones: y Alexandrino, penetrado del mas
vivo dolor de haver perdido este Padre tan admirable, no pensò al remedio, y dexò passar el termino
de poderse servir de èl. Sin embargo, como era hombre de buen indole, se consolò; imaginandose, que
su padre debia contentarse con haver vivido mucho, y en un estado regular, y <pb
                          n="419"/>uniforme;
en lugar, que èl necessitaba una nueva vida, para arrepentirse de su disolucion, y extravagancias, y
hacer penitencia, despues de haver resucitado de su primera muerte, por medio de sus secretos. Pero
como Dios castiga muchas veces à los padres, y parientes, que se ocupan demasiadamente de su
posteridad, dandoles sucessores opuestos à la intencion de lo que ellos desean. Lo mismo sucediò en
la Familia de Basilio Valentino. Alexandro, que passaba su tiempo en placeres, y diversiones, sirviò
de instrumento para castigar à Basilio de su presuncion, y de la vanidad de inmortalizarse; y Reni,
hijo de Alexandro, fue su verdugo, por los zelos que concibiò contra èl, y por el horror que tenia à
sus inclinaciones viciosas, que no ignoraba. Como Alexandro recelaba, que le vendiesse su hijo, no
le revelò el secreto de sus remedios, fundandose mas sobre la avaricia, que sobre la gloria de hacer
buenas obras. Llegò tambien el termino de sus dias, y llamando à su hijo à la cama, le hablò de una
manera pathetica, y devo-<pb
                          n="420"/>ta, exponiendole: Que no obstante su derramada vida, à que èl
mismo le havia dado exemplo, tenia parte especial en la gran fama, y felices efectos, que en toda
Alemania havia causado la suma sabidurìa, y profundos conocimientos del celebre Basilio. Que su
symbolo estaba conocido en todas partes; y que siempre tenia presente su mucha gravedad, y
compostura, quando le introduxo la primera vez en los impenetrables mysterios de la mesa Smaragdina
de Hermes. Ella es, decia, el unico, el verdadero, y es constante milagro. Lo inferior es en su todo
semejante à lo que es superior; y por esta semejanza se obran todos los milagros de cierta Obra
magna. El Sol es padre de ella: la Luna es su madre: los Vientos residen en su seno: la Tierra la
cria, y la dà la perfeccion que necessita; pero todo conviene admitirse con modestia, y pureza. Los
Alchymistas son como los Avarientos, y Usureros. Todas sus conversaciones estàn llenas de una
piedad, y devocion embustera; y no pocas veces unos, y otros, sin pensar en el fin postrero, quedan
alucinados, y despojos de la regula-<pb
                          n="421"/>ridad de vida que fingen, para engañar à otros.
Reni, quedò assombrado de oìr à su padre con tanta devocion, y piadoso zelo; y atendiendo à lo que
le encargò de untar su cuerpo, despues de una hora cadaver, con el unguento, y de verter en su boca
el Elixir, al punto que le viesse mover los labios, con promessa, que su cuerpo se convirtiera en
oro purissimo, y que serìa el hombre mas poderoso de toda la Alemania, quedò contento. Este hijo, el
qual sin duda darìa à la memoria de su muerto Padre toda la victima de sus ansias, con la ensanchèz
de que serìa capàz un hombre de sus talentos; aliciado con las promessas, que le havia hecho en
aquella ultima hora, y haviendole encargado del modo mas fuerte, y con todo el ardor possible,
executasse sus ordenes, le havia dado solemnemente palabra, que jamàs cortaria un pedazo del cuerpo
de su Padre, que no fuesse en una urgencia indispensable, y solo para assegurar la fortuna de sus
hermanos, ò hermanas. Olvidò muy presto la muerte de su Padre. Embevecido en la idèa de ser le-<pb n="422"/>gitimo heredero de tan immensos tesoros, y arrebatado de una inmoderada alegria, jamàs pudo
reportarse en la codicia, y transportes de su alegria. Mesurò con mucha complacencia el cuerpo de su
Padre, computando el valor de cada parte, antes de comenzar la operacion de la transmutacion
esperada: y luego que huvo calculado exactamente las riquezas, que posseeria à medida del peso del
cadaver, principiò su maniobra. Pero ò maravilloso Arte! No tan presto huvo untado el cuerpo, que
todos los miembros dexaban conocer movimientos de vida: lo que viendo Reni assombrado, dexò caer de
susto el pomìto con el Elixir, el qual disipandose en vapores, privò para siempre à su Padre de la
resurreccion, y segunda vida, y à èl, del incomparable secreto, que hasta aqui ha servido de cebo
para engañar à los Alchymistas. </seg>
</seg>
</seg>
</seg> Fin. El Discurso siguiente saldrà el Sabado 19. de Septiembre de 1761. En Madrid: Con las
Licencias necessarias. Se hallarà en las Librerias acostumbradas. </seg>
</ab>
</div>
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      </text>
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</TEI>
