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        <title>Número XIV</title>
        <author>Juan Antonio Mercadal [Francisco Mariano Nipho o Juan Enrique de Graef]</author>
      </titleStmt>
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        <edition>Moralische Wochenschriften</edition>
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          <name>Alexandra Fuchs</name>
          <resp>Editor</resp>
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          <name> Martin Fürlinger</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name> Elisabeth Hobisch</name>
          <resp>Editor</resp>
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        <respStmt>
          <name> Renate Hodab</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name> Jessica Köhldorfer</name>
          <resp>Editor</resp>
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      </editionStmt>
      <publicationStmt>
        <publisher>Institut für Romanistik, Universität Graz</publisher>
        <date when="2012-11-29">29.11.2012</date>
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      </publicationStmt>
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        <bibl>Juan Antonio Mercadal: El Duende especulativo sobre la vida civil. Madrid: Imprenta de Manuel
Martín 1761, 327-358 </bibl>
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          <title level="j">El Duende especulativo sobre la vida
civil</title>
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          <date>1761-08-29</date>
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            <term xml:lang="de">Sitten und Bräuche</term>
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            <term xml:lang="it">Cultura della
Conversazione</term>
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la Conversación</term>
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  <text>
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        <body xml:space="preserve">
<p><milestone unit="E1" xml:id="FR.1"/>
</p>
<div1>
<head>NUM. XIV. </head>
<p
                rend="MO"><milestone unit="ZM"
              xml:id="FR.2"/> Perlege Mæonio cantatas carmine Ranas<lb/>Et
frontem nugis solvere disce meis.</p>
<p
                rend="QU">Mart. L. XIV. Epig. 183. <milestone rend="closer"
                unit="ZM"/></p>
<div2>
<head>[Desgracias á la Moda, y diversiones de nuevo caracter.]</head>
<p
                  rend="SO"><milestone unit="E2" xml:id="FR.3"/>
<milestone unit="AE"
                  xml:id="FR.4"/> Adornado con mucha arte, y con suma decencia, con el fin de
hacerme honor à mi, y à las personas, que havian querido considerarme de bastante merito para
convidarme à una funcion magnifica, que el dia de <hi
                  rend="italic">San Ingnacio</hi> se
proporcionaba para festejar à una Dama, de las mas celebradas de la Corte, y en cuya casa havia de
haver un concurso de lo mas florido, y de lo mas selecto en Petimetrìa, assi de uno, como de otro
sexo. Salì de mi casa à las siete de la noche, <pb
                  n="328"/> peynado à lo <hi
                  rend="italic">Cabriolet</hi>, y vestido con un Volante nuevo de tela de la Moda, adornado con todas las
campanillas que inventò <hi
                  rend="italic">Parìs</hi>. Confiado en el buen gusto de mis aderezos,
havia puesto las esperanzas en que aquella noche havia de ser yo el blanco de la conversacion de
todas las mugeres, y el objeto de la embidiosa emulacion de los hombres. Encaminème àcia la Calle de
<hi
                  rend="italic">Leganitos</hi>, lleno de mi mismo, y de hinchada vanidosa satisfacion; por vér,
que la Esquela que me havian embiado para el convite, era del tenor de la que yo tenia propuesta en
mi <hi
                  rend="italic">Duende</hi> N.VIII. y que mis lecciones, aunque despreciadas de muchos,
lograssen en algunos acogimiento, y aplauso.</p>
<p>Pero en medio de mis glorias, me sucediò el lance mas pesaroso, y triste, que en el estado, y en
la hora de entonces puede jamàs suceder à hombre alguno: pues embevecido en la composicion de la
harenga, con que havia de desatar mi lengua, à fin de saludar el concurso; y midiendo mis pasos para
acercarme al Estrado, se me acercò tan junto à mi una Marrana, que acababa de rebolcarse en un <pb
                  n="329"/> cenagal asquerosissimo, que estregandose contra mis piernas, me destruyò un par de medias
blancas, con su quadrado calado à lo <hi
                  rend="italic">Pompeyano</hi>, hechas à todo coste, y que
havia conservado mas de seis meses en mi cofre, para lucirlo con ellas este dia.</p>
<p>Absorto, estatico, è immobil me dexò esta desgracia, sin saber de quien vengarme, ò de mi mismo,
por haver passado por aquella calle, ò de la Marrana, que me havia tratado tan atropelladamente;
hasta que se me vino à la memoria, la verdad de que, en todas sus infelicidades, debe el hombre
acudir à la Philosophia, como al soberano remedio contra todos los males. Hiceme, pues, cargo de que
este lance serìa por ventura uno de aquellos casos, que se llaman, sin que nadie sepa por què, <hi
                  rend="italic">inevitables</hi>; y que la gente que se fia en agueros, atribuye à varios encuentros,
y tropiezos, como sucede quando sale uno de casa, y encuentra una vieja, quando dexa caer el vaso, y
otras mil boberias, autorizadas por aquellos, que tienen por brujas à las feas. Consoleme al paso,
fixando el espi-<pb
                  n="330"/>ritu en el hecho, y diciendome à mi mismo, que valia mas esto, que
haverme quebrado una costilla: quando una Criada, silenciosamente atrevida, à fin de no perder quizà
la conveniencia de Novio, me encastillò de repente, y sin saludarme con el <hi
                  rend="italic">agua
và</hi> de costumbre, la reserva de aquel dia, de una familia entera: dexandome acomodado con tal
arte, que sin perderse cosa alguna, todo llevò el destino, para el qual podia haverse guardado.</p>
<p>Si la primera desventura me pareciò sufrible, en quanto que la mudanza de un par de medias,
aunque no tenia otro par caladas, podia restablecer las cosas: la segunda me puso hasta la
desesperacion, por verme infaustamente privado de poder reemplazar, con otro traje el caudal de mi
petimetrìa, que consistia en el Peluquin, y en el Vestido nuevo. Y en efecto, què mayor desconsuelo
puede haver, que el de vèr, que despues de haverse estrechado siete meses en el año la barriga, con
el solo fin de estrenar un vestido en un dia tan recomendable como èl, en que una <pb
                  n="331"/>
persona, que es año, estrecha, y ay de mi! celebra su Santo, y el de Nacimiento, no pueda uno
conseguir el aplauso, que le debe acarrear el buen gusto de la tela, elegida à satisfacion de la
misma persona, à quien se deseaba ofrecer en holocausto toda la voluntad, y arbitrio? Rebentè de
colera, quando consideraba, que aquella noche perdia seguramente el credito de buen Mozo; para cuya
alabanza no havia coadyuvado poco el arte del Sastre, que con destreza, havia sabido disimular un
cierto defectillo de hombros, algo comun, y patrimonial à nuestra Provincia: pues todos, no
conociendome, y viendome con mi vestido nuevo, huvieran creido, que mi cuna debia de ser <hi
                  rend="italic">Bilbao</hi>, cuyos Naturales saben, con afectacion bastante, presumirlo de galanes, y
petimetres de garvo.</p>
<p>Perplexo en medio de la calle, sin saber de què madera hacer flechas, ni à què Santo votar mi
paciencia, la mano puesta sobre el puño de la espada, con ademan de herir al ayre, y de estampar con
mis impulsos la rabia, que me agitaba en los hierros del balcon, desde donde se me <pb
                  n="332"/>
havia caìdo con tanta fatalidad el trueno; estaba vomitando, quanto me dictaba la estolidèz de mi
espiritu: imaginandome, que me vengaba de esta manera. Provoquè de palabra, y con terminos los mas
insolentes, al amo, y à la ama de la casa, los que à lo que yo mismo, aora, que me hallo sereno,
piadosamente creo, no tendrian parte en esta fechoria, ni mandarian à sus Criados, y Criadas,
contraviniessen tan escandalosamente à los Decretos, Pragmaticas, y Vandos Reales, tantas veces
repetidos, y jamàs observados: solo, porque la vanidad de algunos Amos, ò Amas, les hace creer, que
la advertencia de sus Domesticos, en el lance de verter, es lunar en el honor de su casa, donde se
està en possession de hacer poco caso de las ordenes de los Superiores.</p>
<p>Finalmente, despues de haver echado pestes contra las gentes, que habitaban en la casa, sin que
nadie me respondiesse, y de haver servido de juguete, ò panderillo à quantos transitaban la calle, y
de que cada uno me dexaba su dicho, me retirè à mi casa, causando asco al criado, que me abriò la
puerta, y à mi mismo. Mudè <pb
                  n="333"/> de trage; pero què diferencia! un vestido de paño comun, y
ordinario, sin señal de buen gusto, ò de ser de persona distinguida entre los sequaces de la Moda de
Francia. Quedè mucho tiempo irresuelto sobre si iria al Bayle, ò si, fingiendome indispuesto,
quedaria en casa. Pero en uno, y otro pensamiento tropecè con innumerables embarazos; por lo que me
determinè al fin, presenciarme, y buscar alguna plausible escusa, para encubrir mi tardanza, y
cohonestar la simplicidad de mi vestido.</p>
<p>La consideracion, de que estamos en visperas de tener las calles limpias, y que, no obstante las
contradiciones, y reparos, ò para decirlo mejor, la adversion que tenemos à las novedades, de que no
sentimos de ante mano el beneficio, veremos desterrados los Puercos de <hi
                  rend="italic">S.
Anton</hi> de toda la Villa, me tranquilizò el animo. No pensè mas en buscar mi venganza; y toda la
colera que tuve antes, se convirtiò en risa, quando me acordè que el zelo, que algunas veces
empleamos para ciertas cosas, nos perjudica mas, que nos favorece. Què origen, que san-<pb
                  n="334"/>tidad, ò què bondad tendrà una poblacion de Marranos en una Ciudad como es esta Corte? Sirve mas
que para inquietar, molestar, y assustar à los que, pasando limpiamente por las calles, deben tener
continuo miedo, que estos animales ensucien medias, y zapatos? En què parte de Europa se consiente
una incuria de esta naturaleza, que causa tantos inconvenientes para la limpieza? Sea el principio
de semejante licencia el sustento de un Instituto Sagrado, cuya Familia logra, por este medio, su
temporal aumento. Respetando el Instituto por bueno, como puedo aprobar la soltura de los Marranos,
quando me acarrea un mal tan grande, como es el perder quizà mi fortuna, por no poder comparecer en
una parte señalada, con las medias de trama caladas, que me havria regalado una Señora, puede ser
con determinado designio, de procurarme mayores bienes? Me resarcirà jamàs una Marrana, aunque
fuesse de <hi
                  rend="italic">S. Anton</hi>, el daño que me havria causado? O! y que recelo se me ha
quedado desde aquella noche; de que otro debe haver hecho progressos en sus pretensiones; pues he
ad-<pb
                  n="335"/>vertido, que, apareciendo en trage muy ìnfimo, la Señorita, imaginandose à caso, que
por desprecio para ella, me havia vestido tan humildemente, no me ha tenido mas el mismo cariño que
antes. Nadie ignora, que las mugeres son carprichosas, y que muchas veces, sin examinar si estàn
bien, ò mal fundadas sus quexas, atropellan por despique fantastico à su propia razon, y luces.</p>
<p>Lo segundo, el acto de Religiosidad, que se quiere persuadir en el permisso, y libre cria de
estos animales, por las calles de Madrid, puede tambien tener à un supuesto de credulidad por
principio; pero el qual no merece la atencion del Pueblo. Pues una expression methaphorica, y
figurada en los Escritores, puede haver pasado à sentido literal, y ser creìdo hecho physico. Los
combates, y tentaciones de aquel Heroe de los Anacoretas, fueron muchas, y de diversas especies.
Quiero, que el diablo se dexasse vèr al Santo en figura sensible, pero algo me repugna, aunque no sè
por què, se le huviesse aparecido en la de Marrano. Es verdad, que se pinta, y se esculpe al Santo
con este <pb
                  n="336"/> animal al lado; pero bien sabido es, que la libertad pitoresca, no es menos
inductiva à error, que lo es la libertad de que se valen en sus descripciones, è inventos los
Poetas; en quienes el fingir, y singularizarse, es parte del merito de su arte. Pero sean efectivas,
ò no, las apariciones del espiritu infernal, en figura de Marrano, con su campanilla, y demàs
circunstancias; què conexion, ò què hermandad tiene este hecho historico, con la facultad de llenar
las calles de estos animales, ò con los daños que ocasionan? No se ha visto bastantes veces, que
acosados de perros, atropellaron, y mordieron à los niños? O serà por ventura su mordedura, y
atropellamiento, sin hacer daño, por especial favor del Santo, el qual quiere hacer continuos
milagros, para que nadie se quexe de estos ganados? Pues bien sè yo, que el par de medias nuevas,
que me puse para lucirlo en la noche de <hi
                  rend="italic">San Ignacio</hi>, quedaron perdidas, y que
su labadura me costò una peseta; lo que no me huviera sucedido, si huviessen faltado los Marranos.
No me pago de la respuesta, que al-<pb
                  n="337"/>gunos me daràn, que esto me sucederia para castigar
mi profanidad, y la necia complacencia, con que me deleytaba en ser tenido aquella noche, por el mas
garvoso, y mejor aderezado de todo el concurso; porque esta respuesta es de demasiado general para
que yo la admita. Solo sì, que estoy mal con los Marranos de <hi
                  rend="italic">S. Anton</hi>, porque
son los unicos que pueden pasearse libre, y desvergonzadamente por las Calles, y Plazas; y porque
estàn habilitados para poder hacer todo el mal, que su maligno instinto los hace executar, sin que
los Dueños de ellos tengan responsabilidad alguna; pues à haverla tenido, yo me huviera quexado, y
buscado la indemnizacion de mi par de medias.</p>
<p>Bien veo, que me arguiràn con la segunda parte de mi desgracia, preguntandome: por què no
revindiquè la pèrdida de mi Peluquin, y Vestido, haviendo Ley que me autorice para ello? El que no
ignora la dificultad, que hay en navegar contra las corrientes, escusarà facilmente mi inacion en
este lance. Todos vemos diariamente, la poca satisfaccion que se logra en los recursos, que se
ha-<pb
                  n="338"/>cen con semejantes motivos. Y vaya por lo acontecido. Què huviera sido que lleno de
furor, y colera, huviesse yo subido à la Casa, para dexar el Vestido, y Peluquin perdidos, en manos
de quien havia causado el daño? La propia Criada, abriendo, huviera temblado à vista del espadin
desembaynado, ò al trueno de las palabras, que la huviera dicho. Dexarìa ella de ignorar el arte de
derramar aljofares liquidos, de llamar la assistencia de un vapor sufocante, ò de un desmayo muy à
lo natural? Pongase en mi lugar el mas colerico, y ciego, à la vista de una cara algo bonitilla. El
mismo buscarà el primero medios para escusar el desacato. Y què serìa si salen el Ama, las hijas,
&amp;c. y que el bautizado es Petimetre, y tierno? O! entonces, enmudeciendose, pedirà perdon de
haver alterado la quietud de la casa, y de haver alborotado una vecindad entera, por tan poca cosa.
Se darà à sì mismo la enhorabuena de haver hallado este encuentro, para ponerse à los pies de su
Señorìa, y de todas las de casa, y hasta la misma fregatriz lograrà primicias de sus cumpli-<pb
                  n="339"/>mientos. Todo se acabarà con la sùplica de ser tenido por uno de los mas humildes criados
de la Señora, y de su familia.</p>
<p>Pues no es mejor callar, y andar su camino, que exponerse à otras aventuras peores, que las
primera? O, que, quexandose, dexar en manos de terceros, que tambien tienen humanidad para con el
sexo femenino, duplicadamente el valor, de lo que se perdiò en la ropa. Esto es mi sentir, <hi
                  rend="italic">salvo memori</hi>.</p>
<p>Fuì, pues, à la funcion, que hallè lucidissima, y de un concurso poco comun; pues hallè diez y
ocho Señoras enjaezadas todas de un modo galan, y vistoso. Las joyas brillaban por todas partes. Los
Tissues, las Telas ricas, las Casacas, Briales, Basquiñas, Guardapiesses, el Rizo de sus cabezas; en
una palabra, el menor de sus ornatos, en general, y en particular, havia merecido aquel dia un
cuidado, y estudio, que todavia no havia visto en las funciones mas autorizadas. Sin contradicion,
todas havian apurado en este dia ciencia, y la paciencia de los Peluqueros, y hecho sudar gotas de
sangre à cada una de las Doncellas, <pb
                  n="340"/> que se havian empleado en vestirlas.</p>
<p>Como la uniformidad de mi vestido, y una peluca redonda, muy estrasalaria, de que me debia servir
para poder salir de casa, y que me hacia parecer un <hi
                  rend="italic">Quaker</hi>, ò <hi
                  rend="italic">Mennonita</hi>, me derobaba al registro de los Idolos del Estrado, las que fixaban sus
ojos en el bello corro de Petimetres de los tres estados; ello es, de Armas, Letras, y Citadinos,
tuve oportunidad, y ensanche para lanzar mi red por todos lados, y philosofar sobre lo que podia
acaecer en esta harmoniosa confusion, y desorden.</p>
<p>Nunca havia yo conocido mejor, que en este dia, hasta donde raya el poder, y dominio de las
mugeres, para hacer visibles (pero con elegancia, y gusto) sus propensiones, y modos de pensar de
otras; ò como quieren, que otras piensen de ellas. Todos los adornos, que yo admiraba, dispuestos
tan artificiosamente, y con tanta variedad de ideas, me procuraban, por qualquiera parte, materia,
para observaciones unicas, y originales. El gesto, los movimientos, el juego del Abanico, el tono de
voz, todo, todo era <pb
                  n="341"/> de tal manera arreglado, y economizado, que no sin motivo
poderosissimo se hacian dignas de las adoraciones, que las tributaban los obsequiosissimos
concurrentes; mayormente à tres, ò quatro, que aun sabian distinguirse de las demàs, con ingeniosas
invenciones de Collares, Flores, y Tocados.</p>
<p>Alli fue, donde por la primera vez oì parte del <hi
                  rend="italic">Calepino</hi> de la Moda en las
especies de los <hi
                  rend="italic">Abanicos, Collares, Pañuelos, Manillas</hi>, y demàs ornatos de
mugeres: pues alli havia Abanicos del <hi
                  rend="italic">Dia, y de la Noche: del Mira tù: de la
Theresa: del Peneque, y del Principe Ferdinando</hi>: adornos de garganta, à que se llamaban <hi
                  rend="italic">Sofocantes, Mata Maridos, Solitarias, Marquesitas, Duquesas, Respectuosas, y Pañuelos
à la Calatayud</hi>; aunque de estos solo havia uno en el pescuzo de una Viuda, que con un vestido
decente, un mirar arrepentido, un tocado liso, y sin afeytes, no dexaba de aspirar (à la sombra de
quarenta mil pesos, que tiene) al Matrimonio; y conocì, que la asestaba desde lexos un Capitan, que
havia en la fiesta; el qual, al <pb
                  n="342"/> favor de esta hucha, queria hacerse Ciudadano perpetuo
de esta Corte. Oì hablar de <hi
                  rend="italic">Veletas, Petibones, Petivus, Escofietas</hi>, de dos,
y de quatro caidas: de Flores, à lo <hi
                  rend="italic">Chinesco</hi>, à la <hi rend="italic">Florentina</hi>, à lo <hi
                  rend="italic">Redemptor</hi>, y tambien à la <hi
                  rend="italic">Pereyra</hi>. En los Rizos, y Bucles havia una Infinidad de voces, que me parecian mas propiamente
Goticas ò Laponicas, que Francesas, ò Españolas. El Rizo à lo <hi
                  rend="italic">Rinoceronte</hi>, à
la <hi rend="italic">Ala de Pichon</hi>, à lo <hi
                  rend="italic">Ensortijado</hi>, al <hi rend="italic">Remangado</hi>, à la <hi
                  rend="italic">Gondesa</hi>, y à lo <hi
                  rend="italic">Borrego</hi>.</p>
<p>Pero lo que mas vivamente me impressionaba el [sic] caracter de todas estas Señoras, era su
conversacion: quando despues de los preliminares acostumbrados, se empezò esta à hacerse comun entre
todo el concurso. Nunca vì brillar mas espiritualidad, ni vi hacer mayores esfuerzos para superarse
las unas à las otras: buscando todas, pero sin embidia, y solo con una emulacion digna del sexo, el
aplauso de los hombres. Determinaban las cosas del dia. Resolvian, y daban solucion à las materias,
que son los objetos mas dificiles de la ocupacion actual de la <pb
                  n="343"/> Corte, y de Madrid: y
esto con una presencia de espiritu, y una eleccion de terminos admirables.</p>
<p>Creereis, que estos Idolos estarian unicamente ocupados del cuidado de parecer bien en el
Estrado, y de hacer dengues, y monadas, para diferenciarse unas de otras? Pues nada menos que esto.
Sus atitudes [sic], y movimientos no indicaban, que su fin era hacerse Idolatras.Y no obstante, que
muchas podian seguramente pretender atar à su carro à muchos de los que alli nos hallabamos; todas
parecian haver olvidado, que los embelesos, el impetu de sus Inclinaciones, los raptos improvisos, y
momentaneos, los favores con que se precian dichosos los hombres, los suspiros, las lagrimas, las
sùplicas, y los corazones arrebatados son victimas, que las mugeres pueden exigir de nosotros:
Ninguna, no sè, si adredemente, ò por transformacion milagrosa, aspiraba aquella noche à hacerse
sequito de desventurados; ni que se acordaba que su gusto mas cumplido, y casi toda su dicha
consistia en hacer martyres.</p>
<p>Verdaderamente, nunca vi quadro <pb
                  n="344"/> mas lindo. Nunca vi Tribunal mas serio, ni tampoco
mas apacible. Jamàs vi Estrado, ni con mas ostentacion, y grandeza en las personas, ni con mas
humanidad, ni verdad en el trato. Parecia, que todas havian enagenado su caracter. Para llegar à
saludarlas de nadie requerian aquellos profundos respetos, è inclinaciones de cabeza, que forman un
arco del cuerpo del hombre. Ni el modo de reìr de las Damas hacian dichosos à los que recogian la
risa, ni su frialdad era capàz de desesperar à los que la tomassen por su quenta. En una palabra,
todas ellas daban motivo por su bello modo de comportarse con los hombres, para juzgar que nunca
havian manejado la engañosa cartilla del arte de amar; en que con tanto ahinco procuran aprender el
ceremonial del culto que reciben como Idolos de nuestra complacencia, y deseos.</p>
<p>Mientras que las Damas desviaban assi estrañamente el amor propio, y su acostumbrada flaqueza,
notè los esfuerzos que hacian tres, ò quatro Petimetres de Oficina, para ganar sobre sì dominio, y
soberanìa, à fin de disputar à las muge-<pb
                  n="345"/>res la corona de indiferencia, que ellas
pretendian ganar aquella noche sobre su natural propension à la bagatela. Estos Chuscos, que quiza
mas de ocho dias havian consultado los Poetas de la Legua, sobre decir con gracia una Decima, ò
Quintilla, y que no sin trabajo, y dispendio, se havrian exercitado con algun Còmico, para el
gesticular de alguna relacion del dia, quedaban assombrados, quando oìan, que la conversacion
llegaba à ser seria, y compuesta; y que en las materias de que se disponia hablar, solo lo podian
lucir las <hi
                  rend="italic">Pandectas</hi>, y la <hi
                  rend="italic">Glossa</hi>. Centelleaban de ira,
agitandose con descompasados movimientos de una parte à otra de la pieza, y mucho mas, quando con
admiracion grande oìan, que al cabo de un rato de entretenimiento sobre la Guerra, preguntaba <hi
                  rend="italic">Doña Blanca</hi> à un Estudiante, què noticias tenia de la Literatura Moderna. Este,
que por la grande inteligencia, que tiene en el arreglo de un partido de Cacho, sabe hacerse lugar
en qualquiera parte, la respondiò, que no hacia caudal de semejantes novedades; respecto que èl se
ocupaba unicamente de los medios que <pb
                  n="346"/> se podian acercar, al logro de sus pretensiones.
Sin embargo, por no parecer torpe, è impolitico con las Damas, sacò de su faltriquera una Carta, que
à lo que decia, venia de una Tertulia de Literatos de Moda, que la havia mandado escribir por su
Orador, al celebre <hi
                  rend="italic">Quevedo</hi>, consultandole una pieza nuevamente aplaudida en
la Corte; y como no queria gastar el tiempo en preambulos, y que queria libertarse de preguntas
molestas, se puso à leerla à todo el Concurso</p>
<p><hi
                    rend="italic"><milestone unit="E3"
                  xml:id="FR.5"/> La Tertulia de los Literatos de Moda, por
medio de su Orador</hi> Ælio Lelio Crispo, Francisco de Quevedo, <hi
                  rend="italic">optimo
suo</hi>.</p>
<p>“Despues de la novedad del Peazgo, que los Arbitristas, ò la Academia de los Desalentados, han
procurado se impusiesse sobre el passo de la Barca del Viejissimo <hi
                  rend="italic">Charonte</hi>,
hemos visto interrumpirse por muchos años toda la correspondencia, que havia entre el Mundo, y el
Reyno de Pluton. Esta interrumpcion de correspondencia, ha sido el motivo, por què no se ha
partici-<pb
                  n="347"/>pado à Vmd. las novedades Literarias de la Peninsula Española de algunos años à
esta parte; ni tampoco las muchas cosas, que por ser de dura digestion nos pesan sobre el
estomago.</p>
<p>La ocasion del nuevo Commissario, que passa à este Reyno, con el fin de assistir à las
conferencias, que se han de tener sobre este importantissimo negocio; y que probablemente passarà à
vèr, los Campos Elyseos, como la cosa mas especial, y mas deliciosa, que hay en el Paìs de los
Muertos; se ha dignado encargarse de esta Carta, y del adjunto Librito, por el qual Vm. y los demàs
Amigos, sobre todo <hi
                  rend="italic">Cervantes</hi>, veràn que nadie debe creer, que nos falte
semilla de Poetas Còmicos en España, por mas que <hi
                  rend="italic">Cervantes</hi> tema en su D.
Quixote, la total extincion, y pèrdida de la Theatral Poesia.</p>
<p>El credito que de Vmd. corre siempre viento en ropa, pues hasta los Mancebos de los Mercaderes
conocen à Vmd. por su nombre, solo por hallar en casa de sus Amos algunos retazos de sus celebradas
Obras, de mala edicion, en que <pb
                  n="348"/> se desojan, y desecan el entendimiento, para penetrar
lo que Vmd. dice en ellas. No obstante, la cierta universalidad que hay en el merito, que todos à
Vmd. confiessan, hay algunos, que para singularizarse, muerden tal qual vez, aunque ligeramente,
este, ò este otro pedazo de su erudicion: conviniendo sin embargo en que Vmd. sabìa verdaderamente
escribir; pero que bien mirado el total de sus Poesìas, no hay en ellas exactitud, elevacion, ni
invencion digna de un Poeta de primera classe. Otros estàn disgustados, de que las obras de Vmd.
estàn tan vulgares. Quisiessen que nadie tuviesse mas noticia de ellas, que ellos solos, à fin de
ponerlas en pedazos, y de presentarlas al Pùblico cada Lunes, y cada Martes, para que sude en el
ofertorio, sin que nadie los moteje de ser <hi
                  rend="italic">Monos de Quevedo</hi>. Tambien
quisieran saber, y no ahorran trabajo para conseguirlo, en què fuentes Vmd. bebiò sus ideas. Porque
le han saqueado Vmd. tanto sus obras, que no hallan yà en todas ellas material bastante para
remendar el vestido de un <hi
                  rend="italic">Matachin</hi>; <pb
                  n="349"/> con todo esto, no quieren,
que se les diga, que hurten à Vmd. sus caudales, y que no hacen mas que correr la vereda, que Vmd.
ha abierto.</p>
<p>Con el primer Correo, que saliesse para essa, remitiremos à Vmd. un paquete de papeles, y piezas
sueltas del dia, para que allà se divierta con los amigos, y hagan crisis sobre el estado de la
Literatura actual de esta Monarquia; quilateando con madurez el valor de las obras, que le
remitiessemos: anticipando à Vmd. por noticia, que los Escritores de aora, sino escriben de la misma
manera que antes, esto es, con facilidad, ligereza, y agrado, no es porque carecen de materiales,
sino por el excesso de su comprehension, è inteligencia: y porque cada Escritor toma para sì,
aquello que se dice, y se escribe generalmente, y sin aplicacion alguna. Nadie quiere ceder à otro,
ni persuadirse inferior en juicio, y prendas à los hombres mas sobresalientes, y avisados, que
vivieron, ò que viven.</p>
<p>No sè si diga, que la dicha acompaña à Vmd. en medio del sentimiento, <pb
                  n="350"/> que puede
tener de no conocer à Madrid, en el estado en que nosotros le vemos. Amigo, Vmd. ha tenido, mientras
viviò sin sabores por causas graves, en lugar que al presente qualquiera los tiene por las mas
leves; y si uno residenciò à Vmd. iniquamente en el Tribunal de su justa Venganza, Vmd. si
escribiera aora, havria de passar, no por una residencia sola de justa Venganza, como por aquella
que Vmd. passò, sino por un millar de reafinaciones, en que la injustissima embidia es agente. Es
preciso, ilustre <hi
                  rend="italic">Quevedo</hi>, que Vmd. sepa, que hay mas dificultad en governar
oy dia la pluma, y agradar à las gentes, que en su tiempo. En esta Era no hay escrito alguno, el
que, si se habla verdad, no se repute absolutamente por satyra, y contra que algunos presumidos no
esgriman su pluma, y su lengua. Los ignorantes llaman lisongeros à los que ensalzan la verdadera
virtud, y el merito, y esto desalienta tanto, que nadie quiere para sus obras Mecenas de pura
gracia; y aquellos que desean tener protecion de provecho, hallan el campo tan <pb
                  n="351"/> segado,
por los que escriben para las Confiterias, que quedan destruidos hasta los plantìos de los
Protectores, y Favorecedores de los Sabios.</p>
<p>El tiempo me apremia, pues el muchacho està aguardando para llevar la Carta; por lo qual debo
concluir, aunque muy contra mi gusto. Saludo à todos los Hèroes Literarios, que gozan las delicias
de essos hermosos vergeles, donde libres de toda opacidad, y materia terrestre, se deleytan en
compañia de la verdad, cuya hermosura contemplan con todas sus perfecciones.” <milestone
                  rend="closer"
                  unit="E3"/></p>
<p>La Carta pareciò bien à la mayor parte de los assistentes. Algunos querian no obstante darse por
sentidos, achacando à segunda intencion el aviso que se daba en la Carta, de que algunos son
contrarios à los escritos del grande <hi
                  rend="italic">Quevedo</hi>. Pero las Damas sosegaron à
estos la conciencia, convincendoles, y demostrando con claridad, y nervio, que los que havian de
quexarse de las invectivas, pullas, y demàs rasgos, libres de la pluma de <hi
                  rend="italic">Quevedo</hi>, eran ellas, que siempre havian sido el blanco de su ojeriza burlesca.</p>
<p><pb
                  n="352"/>
<milestone unit="E3" xml:id="FR.6"/>
<milestone unit="D"
                  xml:id="FR.7"/> Es de estrañar (decia mi Señora Doña <hi
                  rend="italic">Nicolesa</hi>, la que por sus acciones, y modos, da à entender lo mal que està con su sexo; pues en
todo desea poder copiar à la Reyna de Suecia <hi
                  rend="italic">Christina</hi>) que sean tan pocos
los que hayan penetrado el verdadero sentido de los Romances, que escribiò el Ilustre <hi
                  rend="italic">Quevedo</hi>, y que apenas nadie sepa, que no dicen cosa alguna, de lo que se lee en
ellos: pues en dictamen de esta <hi
                  rend="italic">Sapho</hi>; el Poeta, baxo la metaphora de toda
aquella gente baxa, de quienes describe las fechorias, disimulaba la pintura de otros sugetos de
mejor estofa. Assi disimulaba con el titulo de <hi
                  rend="italic">Cavallero de la Tenaza</hi> la
mezquindad, y ruines procederes de un sugeto muy visible en su tiempo. Por esta ignorancia, y falta
de llave, añadiò esta Señora, pierden el merito las mejores obras que se leen, y que se entienden al
pie de la letra, y como suenan.</p>
<p>Aplaudieron todos, por lo inaudito, el juicio de esta Señora Poetisa, sobre las Obras de <hi
                  rend="italic">Quevedo</hi>; pero algunas, aunque atentas à lo que se trataba, no havian borrado de
su memoria, que se ha-<pb
                  n="353"/>via leìdo en la Carta al Señor <hi
                  rend="italic">Quevedo</hi>,
que se le remitia una Obra de estos dias para divertirse, y hacer analysis de ella, con sus amigos.
Què Obra nueva puede haver salido, decia Doña <hi
                  rend="italic">Agueda</hi>, que sea digna del
entretenimiento de tantos hombres eminentes, como conservan con <hi
                  rend="italic">Quevedo</hi>? No
ignoro, que un Autor de los mas famosos de nuestra España solìa algunas veces divertirse con los
Romances del <hi
                  rend="italic">Marquès de Mantua, Carlo Magno</hi>, &amp;c. confessando èl mismo,
que sacaba utilidad de su lectura; pero tampoco no ignoro, que es muy ageno de la ocupacio [sic] de
las almas, el entretenerse en aquella estracion de Bienaventuranza, con escritos que no les puedan
servir de norte para acopiar especies, y aumentar sus inteligencias?</p>
<p>Pues què, respondiò un hombre, descansando sobre un pie, como Cigueña, què obra puede ser la que
se ha de remitir à <hi
                  rend="italic">Quevedo</hi>, para que los Moradores de los Campos Elyseos
burlen de nosotros, sino el <hi
                  rend="italic">Duende</hi>, que verdaderamente es obra, que merece la
sepultura, ò que se embie al otro mundo, para que la olvi-<pb
                  n="354"/>demos en este? Ay que no es
nada; reprehender las locuras, y extravagancias de algunos Particulares, haciendo de la Nacion el
blanco de la mofa de los demàs Pueblos! No debiera saber este Autorcillo, que quien ridiculeze à un
Miembro, interesa à toda la Nacion en el sentimiento de aquella persona? Pues yo no lo pienso assi,
objetaba à este Cavallero Doña <hi
                  rend="italic">Raphaela</hi>. El Autor no agravia à nadie, esto es
claro: pero por esto estimo la Obra digna de llegar à manos del Ilustre <hi
                  rend="italic">Quevedo</hi>, y de los Doctos; porque ella no es mas que una rapsodia de las primeras cosas que su
Autor repara en las Calles, y concurrencias, donde se halla, las quales exorna despues con quatro
bagatelas, que le trae à la memoria su lectura. Soy de parecer, que estos Autores antiguos
Españoles, por mas aprecio que hagan de este papelucho, unicamente bueno, para embolver Polvos <hi
                  rend="italic">de Aix</hi>, ò polvos para el pelo de la fabrica de <hi
                  rend="italic">Alcalà</hi>, que
se venden por de Francia, para darlos mas sustancia, reiràn siempre al vér que nos hemos cegado, y
que yà no entendemos mas la <pb
                  n="355"/> calificacion del merito. Burlaràn de nosotros, si saben,
que à nadie queremos conceder capacidad, y talentos, que no sea à nosotros mismos, y à nuestros
amigos los Modistas, y hallaràn los tiempos muy transformados. En los suyos no se preguntaba de
quien eran las Obras, solo sì se examinaba, si eran buenas. Nadie clamaba entonces, que hablaba
contra la Nacion, aquel que indicaba la ridiculez de uno, ù otro extravagante.</p>
<p>No, decia un Militar; mas digna, y mas divertida ocupacion para nuestros Ilustres de los Campos
Elyseos serìa la lectura del <hi
                  rend="italic">Caxon de Sastre</hi>. En èl verian à lo menos, que
hay todavia quien se acuerde de sus cenizas en el mundo. Bien considero, que saben casi de memoria,
y que tendràn presente el contenido de esta Obra; pero tambien conviene, que sepan que brilla
nuevamente la memoria de una multitud de hombres grandes, cuya antorcha se havia extinguido; y que
la Nacion debe al Autor del <hi
                  rend="italic">Caxon</hi> un millon de gracias, por su laboriosidad,
y zelo en distinguirse de una manera tan sobresaliente en la Literatura. Una Señora pica-<pb
                  n="356"/>da contra el Autor del <hi
                  rend="italic">Caxon</hi>, porque animado de zelo del bien pùblico,
havia en algunos passages pintado el caracter de una <hi
                  rend="italic">mala Muger</hi>, no quiso
conceder bondad, ni ingenio à esta Obra, ni aun permitir se diesse noticia de ella à los espiritus
felices, que se regocijan en las moradas del descanso: pero otro Señorito defendiò, y con razon,
este Escrito, haciendo vèr, que es una previa introducion, ò ensayo, que sirve para sondear el
Vulgo, sobre el concepto que hace del Autor, à fin de producir otra obra de mucho interès, y peso,
para la qual pido con anticipacion à todos, el sufragio, la aprobacion indispensable, y la admission
cariñosa.</p>
<p>Dexemonos de razones, saltò el Militar, de quien hablè antes: La obra que el Señor Estudiante ha
dicho se iba à remitir à nuestro <hi
                  rend="italic">Quevedo</hi>, para que la examine, es la pieza
maestra de estos tiempos: Es la llave de la Poesìa: el esfuerzo del espiritu humano: la quinta
essencia de las flores del Parnasso, à favor de las Tablas Españolas. Mas por què tener al espiritu
de Vmds. en suspenso? Son las <pb
                  n="357"/> Letras que se han cantado este año en la funcion de los
Autos del <hi
                  rend="italic">Corral de la Cruz</hi>, que con entera satisfaccion merecen à su Autor
el aplauso mas ilimitado, y la aprobacion mas universal de toda la gente de buen gusto. No sin
justissima causa, dispensa tanta honra à su Autor la Tertulia Còmica, que se junta de noche en los
Caxones de la Plaza Mayor, donde le celebran por el Ingenio mas especial, y mas sobresaliente que ha
visto en este siglo nuestra Monarquia.</p>
<p>Es verdad, decia <hi
                  rend="italic">Doña Theresa Cotorra</hi>. Para mì no hay gusto como el de oìr
estos ra, ra, ra, ro, ro, sì, sì, ele, a, a, a, gorgeado à lo de <hi
                  rend="italic">Theresa</hi>,
muger inimitable. No señora decia Don <hi
                  rend="italic">Anastasio</hi>, Yà que los Señores de la
Tertulia juzgaron conveniente consultar à nuestros hombres grandes sobre esta Pieza, no la
canonicemos, ni la desaprobèmos, hasta que nos venga del otro mundo la relacion de su merito, ò
demerito: Y assi, lo que nos resta es, hacer sùplica à <hi
                  rend="italic">Don Symphoriano
Instituto</hi>, para que nos comunique la respuesta quando venga de los Campos Elyseos, la que
tardarà algo: <pb
                  n="358"/> pues me parece que el viage à estos Campos no es tan facil, ni tan corto
como el viage à los Campos de <hi
                  rend="italic">Barahona</hi>. Prometiò el Estudiante dàr este gusto
al concurso, y á la vista del agasajo, se mudò todo el Theatro. <milestone
                  rend="closer" unit="D"/>
<milestone rend="closer" unit="E3"/>
<milestone rend="closer"
                  unit="AE"/>
<milestone rend="closer" unit="E2"/></p>
<p><hi rend="smallcaps">FIN</hi>.</p>
<p><hi
                  rend="italic">El Discurso siguiente se darà el Sabado 5. de Septiembre de 1761.</hi></p>
<p>En Madrid:Con las Licencias necessarias, en la Imprenta del Tribunal de la Santa Cruzada, Calle
de las Hileras.</p>
<p><hi
                    rend="italic">Se hallarà este, y todos los siguientes en las Librerìas de Antonio Sancha,
frente del Correo; en la de Bartholomè Lopez, Plazuela de Santo Domingo; y en la de Bartholomè
Ulloa, frente del Salvador. <milestone
                    rend="closer" unit="E1"/></hi></p>
<p/>
</div2>
</div1>
</body>
      </text>
      <text ana="framings">
        <body xml:space="preserve">
<div>
<ab>
<seg synch="#FR.1" type="E1">
<seg type="U1">NUM. XIV. </seg>
<seg
                    type="MO"><seg synch="#FR.2"
                    type="ZM"> Perlege Mæonio cantatas carmine Ranas<lb/>Et frontem
nugis solvere disce meis.</seg>
<seg
                  type="QU">Mart. L. XIV. Epig. 183. </seg></seg>
<seg
                  type="U2">[Desgracias á la Moda, y diversiones de nuevo caracter.]</seg>
<seg synch="#FR.3"
                    type="E2">
<seg synch="#FR.4"
                      type="AE"> Adornado con mucha arte, y con suma decencia, con el fin de hacerme
honor à mi, y à las personas, que havian querido considerarme de bastante merito para convidarme à
una funcion magnifica, que el dia de San Ingnacio se proporcionaba para festejar à una Dama, de las
mas celebradas de la Corte, y en cuya casa havia de haver un concurso de lo mas florido, y de lo mas
selecto en Petimetrìa, assi de uno, como de otro sexo. Salì de mi casa à las siete de la noche, <pb
                      n="328"/>peynado à lo Cabriolet, y vestido con un Volante nuevo de tela de la Moda, adornado con
todas las campanillas que inventò Parìs. Confiado en el buen gusto de mis aderezos, havia puesto las
esperanzas en que aquella noche havia de ser yo el blanco de la conversacion de todas las mugeres, y
el objeto de la embidiosa emulacion de los hombres. Encaminème àcia la Calle de Leganitos, lleno de
mi mismo, y de hinchada vanidosa satisfacion; por vér, que la Esquela que me havian embiado para el
convite, era del tenor de la que yo tenia propuesta en mi Duende N.VIII. y que mis lecciones, aunque
despreciadas de muchos, lograssen en algunos acogimiento, y aplauso. Pero en medio de mis glorias,
me sucediò el lance mas pesaroso, y triste, que en el estado, y en la hora de entonces puede jamàs
suceder à hombre alguno: pues embevecido en la composicion de la harenga, con que havia de desatar
mi lengua, à fin de saludar el concurso; y midiendo mis pasos para acercarme al Estrado, se me
acercò tan junto à mi una Marrana, que acababa de rebolcarse en un <pb
                      n="329"/>cenagal
asquerosissimo, que estregandose contra mis piernas, me destruyò un par de medias blancas, con su
quadrado calado à lo Pompeyano, hechas à todo coste, y que havia conservado mas de seis meses en mi
cofre, para lucirlo con ellas este dia. Absorto, estatico, è immobil me dexò esta desgracia, sin
saber de quien vengarme, ò de mi mismo, por haver passado por aquella calle, ò de la Marrana, que me
havia tratado tan atropelladamente; hasta que se me vino à la memoria, la verdad de que, en todas
sus infelicidades, debe el hombre acudir à la Philosophia, como al soberano remedio contra todos los
males. Hiceme, pues, cargo de que este lance serìa por ventura uno de aquellos casos, que se llaman,
sin que nadie sepa por què, inevitables; y que la gente que se fia en agueros, atribuye à varios
encuentros, y tropiezos, como sucede quando sale uno de casa, y encuentra una vieja, quando dexa
caer el vaso, y otras mil boberias, autorizadas por aquellos, que tienen por brujas à las feas.
Consoleme al paso, fixando el espi-<pb
                      n="330"/>ritu en el hecho, y diciendome à mi mismo, que valia
mas esto, que haverme quebrado una costilla: quando una Criada, silenciosamente atrevida, à fin de
no perder quizà la conveniencia de Novio, me encastillò de repente, y sin saludarme con el agua và
de costumbre, la reserva de aquel dia, de una familia entera: dexandome acomodado con tal arte, que
sin perderse cosa alguna, todo llevò el destino, para el qual podia haverse guardado. Si la primera
desventura me pareciò sufrible, en quanto que la mudanza de un par de medias, aunque no tenia otro
par caladas, podia restablecer las cosas: la segunda me puso hasta la desesperacion, por verme
infaustamente privado de poder reemplazar, con otro traje el caudal de mi petimetrìa, que consistia
en el Peluquin, y en el Vestido nuevo. Y en efecto, què mayor desconsuelo puede haver, que el de
vèr, que despues de haverse estrechado siete meses en el año la barriga, con el solo fin de estrenar
un vestido en un dia tan recomendable como èl, en que una <pb
                      n="331"/>persona, que es año,
estrecha, y ay de mi! celebra su Santo, y el de Nacimiento, no pueda uno conseguir el aplauso, que
le debe acarrear el buen gusto de la tela, elegida à satisfacion de la misma persona, à quien se
deseaba ofrecer en holocausto toda la voluntad, y arbitrio? Rebentè de colera, quando consideraba,
que aquella noche perdia seguramente el credito de buen Mozo; para cuya alabanza no havia coadyuvado
poco el arte del Sastre, que con destreza, havia sabido disimular un cierto defectillo de hombros,
algo comun, y patrimonial à nuestra Provincia: pues todos, no conociendome, y viendome con mi
vestido nuevo, huvieran creido, que mi cuna debia de ser Bilbao, cuyos Naturales saben, con
afectacion bastante, presumirlo de galanes, y petimetres de garvo. Perplexo en medio de la calle,
sin saber de què madera hacer flechas, ni à què Santo votar mi paciencia, la mano puesta sobre el
puño de la espada, con ademan de herir al ayre, y de estampar con mis impulsos la rabia, que me
agitaba en los hierros del balcon, desde donde se me <pb
                      n="332"/>havia caìdo con tanta fatalidad el
trueno; estaba vomitando, quanto me dictaba la estolidèz de mi espiritu: imaginandome, que me
vengaba de esta manera. Provoquè de palabra, y con terminos los mas insolentes, al amo, y à la ama
de la casa, los que à lo que yo mismo, aora, que me hallo sereno, piadosamente creo, no tendrian
parte en esta fechoria, ni mandarian à sus Criados, y Criadas, contraviniessen tan escandalosamente
à los Decretos, Pragmaticas, y Vandos Reales, tantas veces repetidos, y jamàs observados: solo,
porque la vanidad de algunos Amos, ò Amas, les hace creer, que la advertencia de sus Domesticos, en
el lance de verter, es lunar en el honor de su casa, donde se està en possession de hacer poco caso
de las ordenes de los Superiores. Finalmente, despues de haver echado pestes contra las gentes, que
habitaban en la casa, sin que nadie me respondiesse, y de haver servido de juguete, ò panderillo à
quantos transitaban la calle, y de que cada uno me dexaba su dicho, me retirè à mi casa, causando
asco al criado, que me abriò la puerta, y à mi mismo. Mudè <pb
                      n="333"/>de trage; pero què
diferencia! un vestido de paño comun, y ordinario, sin señal de buen gusto, ò de ser de persona
distinguida entre los sequaces de la Moda de Francia. Quedè mucho tiempo irresuelto sobre si iria al
Bayle, ò si, fingiendome indispuesto, quedaria en casa. Pero en uno, y otro pensamiento tropecè con
innumerables embarazos; por lo que me determinè al fin, presenciarme, y buscar alguna plausible
escusa, para encubrir mi tardanza, y cohonestar la simplicidad de mi vestido. La consideracion, de
que estamos en visperas de tener las calles limpias, y que, no obstante las contradiciones, y
reparos, ò para decirlo mejor, la adversion que tenemos à las novedades, de que no sentimos de ante
mano el beneficio, veremos desterrados los Puercos de S. Anton de toda la Villa, me tranquilizò el
animo. No pensè mas en buscar mi venganza; y toda la colera que tuve antes, se convirtiò en risa,
quando me acordè que el zelo, que algunas veces empleamos para ciertas cosas, nos perjudica mas, que
nos favorece. Què origen, que san-<pb
                      n="334"/>tidad, ò què bondad tendrà una poblacion de Marranos
en una Ciudad como es esta Corte? Sirve mas que para inquietar, molestar, y assustar à los que,
pasando limpiamente por las calles, deben tener continuo miedo, que estos animales ensucien medias,
y zapatos? En què parte de Europa se consiente una incuria de esta naturaleza, que causa tantos
inconvenientes para la limpieza? Sea el principio de semejante licencia el sustento de un Instituto
Sagrado, cuya Familia logra, por este medio, su temporal aumento. Respetando el Instituto por bueno,
como puedo aprobar la soltura de los Marranos, quando me acarrea un mal tan grande, como es el
perder quizà mi fortuna, por no poder comparecer en una parte señalada, con las medias de trama
caladas, que me havria regalado una Señora, puede ser con determinado designio, de procurarme
mayores bienes? Me resarcirà jamàs una Marrana, aunque fuesse de S. Anton, el daño que me havria
causado? O! y que recelo se me ha quedado desde aquella noche; de que otro debe haver hecho
progressos en sus pretensiones; pues he ad-<pb
                      n="335"/>vertido, que, apareciendo en trage muy
ìnfimo, la Señorita, imaginandose à caso, que por desprecio para ella, me havia vestido tan
humildemente, no me ha tenido mas el mismo cariño que antes. Nadie ignora, que las mugeres son
carprichosas, y que muchas veces, sin examinar si estàn bien, ò mal fundadas sus quexas, atropellan
por despique fantastico à su propia razon, y luces. Lo segundo, el acto de Religiosidad, que se
quiere persuadir en el permisso, y libre cria de estos animales, por las calles de Madrid, puede
tambien tener à un supuesto de credulidad por principio; pero el qual no merece la atencion del
Pueblo. Pues una expression methaphorica, y figurada en los Escritores, puede haver pasado à sentido
literal, y ser creìdo hecho physico. Los combates, y tentaciones de aquel Heroe de los Anacoretas,
fueron muchas, y de diversas especies. Quiero, que el diablo se dexasse vèr al Santo en figura
sensible, pero algo me repugna, aunque no sè por què, se le huviesse aparecido en la de Marrano. Es
verdad, que se pinta, y se esculpe al Santo con este <pb
                      n="336"/>animal al lado; pero bien sabido
es, que la libertad pitoresca, no es menos inductiva à error, que lo es la libertad de que se valen
en sus descripciones, è inventos los Poetas; en quienes el fingir, y singularizarse, es parte del
merito de su arte. Pero sean efectivas, ò no, las apariciones del espiritu infernal, en figura de
Marrano, con su campanilla, y demàs circunstancias; què conexion, ò què hermandad tiene este hecho
historico, con la facultad de llenar las calles de estos animales, ò con los daños que ocasionan? No
se ha visto bastantes veces, que acosados de perros, atropellaron, y mordieron à los niños? O serà
por ventura su mordedura, y atropellamiento, sin hacer daño, por especial favor del Santo, el qual
quiere hacer continuos milagros, para que nadie se quexe de estos ganados? Pues bien sè yo, que el
par de medias nuevas, que me puse para lucirlo en la noche de San Ignacio, quedaron perdidas, y que
su labadura me costò una peseta; lo que no me huviera sucedido, si huviessen faltado los Marranos.
No me pago de la respuesta, que al-<pb
                      n="337"/>gunos me daràn, que esto me sucederia para castigar
mi profanidad, y la necia complacencia, con que me deleytaba en ser tenido aquella noche, por el mas
garvoso, y mejor aderezado de todo el concurso; porque esta respuesta es de demasiado general para
que yo la admita. Solo sì, que estoy mal con los Marranos de S. Anton, porque son los unicos que
pueden pasearse libre, y desvergonzadamente por las Calles, y Plazas; y porque estàn habilitados
para poder hacer todo el mal, que su maligno instinto los hace executar, sin que los Dueños de ellos
tengan responsabilidad alguna; pues à haverla tenido, yo me huviera quexado, y buscado la
indemnizacion de mi par de medias. Bien veo, que me arguiràn con la segunda parte de mi desgracia,
preguntandome: por què no revindiquè la pèrdida de mi Peluquin, y Vestido, haviendo Ley que me
autorice para ello? El que no ignora la dificultad, que hay en navegar contra las corrientes,
escusarà facilmente mi inacion en este lance. Todos vemos diariamente, la poca satisfaccion que se
logra en los recursos, que se ha-<pb
                      n="338"/>cen con semejantes motivos. Y vaya por lo acontecido.
Què huviera sido que lleno de furor, y colera, huviesse yo subido à la Casa, para dexar el Vestido,
y Peluquin perdidos, en manos de quien havia causado el daño? La propia Criada, abriendo, huviera
temblado à vista del espadin desembaynado, ò al trueno de las palabras, que la huviera dicho.
Dexarìa ella de ignorar el arte de derramar aljofares liquidos, de llamar la assistencia de un vapor
sufocante, ò de un desmayo muy à lo natural? Pongase en mi lugar el mas colerico, y ciego, à la
vista de una cara algo bonitilla. El mismo buscarà el primero medios para escusar el desacato. Y què
serìa si salen el Ama, las hijas, &amp;c. y que el bautizado es Petimetre, y tierno? O! entonces,
enmudeciendose, pedirà perdon de haver alterado la quietud de la casa, y de haver alborotado una
vecindad entera, por tan poca cosa. Se darà à sì mismo la enhorabuena de haver hallado este
encuentro, para ponerse à los pies de su Señorìa, y de todas las de casa, y hasta la misma fregatriz
lograrà primicias de sus cumpli-<pb
                      n="339"/>mientos. Todo se acabarà con la sùplica de ser tenido
por uno de los mas humildes criados de la Señora, y de su familia. Pues no es mejor callar, y andar
su camino, que exponerse à otras aventuras peores, que las primera? O, que, quexandose, dexar en
manos de terceros, que tambien tienen humanidad para con el sexo femenino, duplicadamente el valor,
de lo que se perdiò en la ropa. Esto es mi sentir, salvo memori. Fuì, pues, à la funcion, que hallè
lucidissima, y de un concurso poco comun; pues hallè diez y ocho Señoras enjaezadas todas de un modo
galan, y vistoso. Las joyas brillaban por todas partes. Los Tissues, las Telas ricas, las Casacas,
Briales, Basquiñas, Guardapiesses, el Rizo de sus cabezas; en una palabra, el menor de sus ornatos,
en general, y en particular, havia merecido aquel dia un cuidado, y estudio, que todavia no havia
visto en las funciones mas autorizadas. Sin contradicion, todas havian apurado en este dia ciencia,
y la paciencia de los Peluqueros, y hecho sudar gotas de sangre à cada una de las Doncellas, <pb
                      n="340"/>que se havian empleado en vestirlas. Como la uniformidad de mi vestido, y una peluca
redonda, muy estrasalaria, de que me debia servir para poder salir de casa, y que me hacia parecer
un Quaker, ò Mennonita, me derobaba al registro de los Idolos del Estrado, las que fixaban sus ojos
en el bello corro de Petimetres de los tres estados; ello es, de Armas, Letras, y Citadinos, tuve
oportunidad, y ensanche para lanzar mi red por todos lados, y philosofar sobre lo que podia acaecer
en esta harmoniosa confusion, y desorden. Nunca havia yo conocido mejor, que en este dia, hasta
donde raya el poder, y dominio de las mugeres, para hacer visibles (pero con elegancia, y gusto) sus
propensiones, y modos de pensar de otras; ò como quieren, que otras piensen de ellas. Todos los
adornos, que yo admiraba, dispuestos tan artificiosamente, y con tanta variedad de ideas, me
procuraban, por qualquiera parte, materia, para observaciones unicas, y originales. El gesto, los
movimientos, el juego del Abanico, el tono de voz, todo, todo era <pb
                      n="341"/>de tal manera
arreglado, y economizado, que no sin motivo poderosissimo se hacian dignas de las adoraciones, que
las tributaban los obsequiosissimos concurrentes; mayormente à tres, ò quatro, que aun sabian
distinguirse de las demàs, con ingeniosas invenciones de Collares, Flores, y Tocados. Alli fue,
donde por la primera vez oì parte del Calepino de la Moda en las especies de los Abanicos, Collares,
Pañuelos, Manillas, y demàs ornatos de mugeres: pues alli havia Abanicos del Dia, y de la Noche: del
Mira tù: de la Theresa: del Peneque, y del Principe Ferdinando: adornos de garganta, à que se
llamaban Sofocantes, Mata Maridos, Solitarias, Marquesitas, Duquesas, Respectuosas, y Pañuelos à la
Calatayud; aunque de estos solo havia uno en el pescuzo de una Viuda, que con un vestido decente, un
mirar arrepentido, un tocado liso, y sin afeytes, no dexaba de aspirar (à la sombra de quarenta mil
pesos, que tiene) al Matrimonio; y conocì, que la asestaba desde lexos un Capitan, que havia en la
fiesta; el qual, al <pb
                      n="342"/>favor de esta hucha, queria hacerse Ciudadano perpetuo de esta
Corte. Oì hablar de Veletas, Petibones, Petivus, Escofietas, de dos, y de quatro caidas: de Flores,
à lo Chinesco, à la Florentina, à lo Redemptor, y tambien à la Pereyra. En los Rizos, y Bucles havia
una Infinidad de voces, que me parecian mas propiamente Goticas ò Laponicas, que Francesas, ò
Españolas. El Rizo à lo Rinoceronte, à la Ala de Pichon, à lo Ensortijado, al Remangado, à la
Gondesa, y à lo Borrego. Pero lo que mas vivamente me impressionaba el [sic] caracter de todas estas
Señoras, era su conversacion: quando despues de los preliminares acostumbrados, se empezò esta à
hacerse comun entre todo el concurso. Nunca vì brillar mas espiritualidad, ni vi hacer mayores
esfuerzos para superarse las unas à las otras: buscando todas, pero sin embidia, y solo con una
emulacion digna del sexo, el aplauso de los hombres. Determinaban las cosas del dia. Resolvian, y
daban solucion à las materias, que son los objetos mas dificiles de la ocupacion actual de la <pb
                      n="343"/>Corte, y de Madrid: y esto con una presencia de espiritu, y una eleccion de terminos
admirables. Creereis, que estos Idolos estarian unicamente ocupados del cuidado de parecer bien en
el Estrado, y de hacer dengues, y monadas, para diferenciarse unas de otras? Pues nada menos que
esto. Sus atitudes [sic], y movimientos no indicaban, que su fin era hacerse Idolatras.Y no
obstante, que muchas podian seguramente pretender atar à su carro à muchos de los que alli nos
hallabamos; todas parecian haver olvidado, que los embelesos, el impetu de sus Inclinaciones, los
raptos improvisos, y momentaneos, los favores con que se precian dichosos los hombres, los suspiros,
las lagrimas, las sùplicas, y los corazones arrebatados son victimas, que las mugeres pueden exigir
de nosotros: Ninguna, no sè, si adredemente, ò por transformacion milagrosa, aspiraba aquella noche
à hacerse sequito de desventurados; ni que se acordaba que su gusto mas cumplido, y casi toda su
dicha consistia en hacer martyres. Verdaderamente, nunca vi quadro <pb
                      n="344"/>mas lindo. Nunca vi
Tribunal mas serio, ni tampoco mas apacible. Jamàs vi Estrado, ni con mas ostentacion, y grandeza en
las personas, ni con mas humanidad, ni verdad en el trato. Parecia, que todas havian enagenado su
caracter. Para llegar à saludarlas de nadie requerian aquellos profundos respetos, è inclinaciones
de cabeza, que forman un arco del cuerpo del hombre. Ni el modo de reìr de las Damas hacian dichosos
à los que recogian la risa, ni su frialdad era capàz de desesperar à los que la tomassen por su
quenta. En una palabra, todas ellas daban motivo por su bello modo de comportarse con los hombres,
para juzgar que nunca havian manejado la engañosa cartilla del arte de amar; en que con tanto ahinco
procuran aprender el ceremonial del culto que reciben como Idolos de nuestra complacencia, y deseos.
Mientras que las Damas desviaban assi estrañamente el amor propio, y su acostumbrada flaqueza, notè
los esfuerzos que hacian tres, ò quatro Petimetres de Oficina, para ganar sobre sì dominio, y
soberanìa, à fin de disputar à las muge-<pb
                      n="345"/>res la corona de indiferencia, que ellas
pretendian ganar aquella noche sobre su natural propension à la bagatela. Estos Chuscos, que quiza
mas de ocho dias havian consultado los Poetas de la Legua, sobre decir con gracia una Decima, ò
Quintilla, y que no sin trabajo, y dispendio, se havrian exercitado con algun Còmico, para el
gesticular de alguna relacion del dia, quedaban assombrados, quando oìan, que la conversacion
llegaba à ser seria, y compuesta; y que en las materias de que se disponia hablar, solo lo podian
lucir las Pandectas, y la Glossa. Centelleaban de ira, agitandose con descompasados movimientos de
una parte à otra de la pieza, y mucho mas, quando con admiracion grande oìan, que al cabo de un rato
de entretenimiento sobre la Guerra, preguntaba Doña Blanca à un Estudiante, què noticias tenia de la
Literatura Moderna. Este, que por la grande inteligencia, que tiene en el arreglo de un partido de
Cacho, sabe hacerse lugar en qualquiera parte, la respondiò, que no hacia caudal de semejantes
novedades; respecto que èl se ocupaba unicamente de los medios que <pb
                      n="346"/>se podian acercar,
al logro de sus pretensiones. Sin embargo, por no parecer torpe, è impolitico con las Damas, sacò de
su faltriquera una Carta, que à lo que decia, venia de una Tertulia de Literatos de Moda, que la
havia mandado escribir por su Orador, al celebre Quevedo, consultandole una pieza nuevamente
aplaudida en la Corte; y como no queria gastar el tiempo en preambulos, y que queria libertarse de
preguntas molestas, se puso à leerla à todo el Concurso <seg
                      synch="#FR.5"
                        type="E3"> La Tertulia de
los Literatos de Moda, por medio de su Orador Ælio Lelio Crispo, Francisco de Quevedo, optimo suo.
“Despues de la novedad del Peazgo, que los Arbitristas, ò la Academia de los Desalentados, han
procurado se impusiesse sobre el passo de la Barca del Viejissimo Charonte, hemos visto
interrumpirse por muchos años toda la correspondencia, que havia entre el Mundo, y el Reyno de
Pluton. Esta interrumpcion de correspondencia, ha sido el motivo, por què no se ha partici-<pb
                        n="347"/>pado à Vmd. las novedades Literarias de la Peninsula Española de algunos años à esta parte;
ni tampoco las muchas cosas, que por ser de dura digestion nos pesan sobre el estomago. La ocasion
del nuevo Commissario, que passa à este Reyno, con el fin de assistir à las conferencias, que se han
de tener sobre este importantissimo negocio; y que probablemente passarà à vèr, los Campos Elyseos,
como la cosa mas especial, y mas deliciosa, que hay en el Paìs de los Muertos; se ha dignado
encargarse de esta Carta, y del adjunto Librito, por el qual Vm. y los demàs Amigos, sobre todo
Cervantes, veràn que nadie debe creer, que nos falte semilla de Poetas Còmicos en España, por mas
que Cervantes tema en su D. Quixote, la total extincion, y pèrdida de la Theatral Poesia. El credito
que de Vmd. corre siempre viento en ropa, pues hasta los Mancebos de los Mercaderes conocen à Vmd.
por su nombre, solo por hallar en casa de sus Amos algunos retazos de sus celebradas Obras, de mala
edicion, en que <pb
                        n="348"/>se desojan, y desecan el entendimiento, para penetrar lo que Vmd. dice
en ellas. No obstante, la cierta universalidad que hay en el merito, que todos à Vmd. confiessan,
hay algunos, que para singularizarse, muerden tal qual vez, aunque ligeramente, este, ò este otro
pedazo de su erudicion: conviniendo sin embargo en que Vmd. sabìa verdaderamente escribir; pero que
bien mirado el total de sus Poesìas, no hay en ellas exactitud, elevacion, ni invencion digna de un
Poeta de primera classe. Otros estàn disgustados, de que las obras de Vmd. estàn tan vulgares.
Quisiessen que nadie tuviesse mas noticia de ellas, que ellos solos, à fin de ponerlas en pedazos, y
de presentarlas al Pùblico cada Lunes, y cada Martes, para que sude en el ofertorio, sin que nadie
los moteje de ser Monos de Quevedo. Tambien quisieran saber, y no ahorran trabajo para conseguirlo,
en què fuentes Vmd. bebiò sus ideas. Porque le han saqueado Vmd. tanto sus obras, que no hallan yà
en todas ellas material bastante para remendar el vestido de un Matachin; <pb
                        n="349"/>con todo
esto, no quieren, que se les diga, que hurten à Vmd. sus caudales, y que no hacen mas que correr la
vereda, que Vmd. ha abierto. Con el primer Correo, que saliesse para essa, remitiremos à Vmd. un
paquete de papeles, y piezas sueltas del dia, para que allà se divierta con los amigos, y hagan
crisis sobre el estado de la Literatura actual de esta Monarquia; quilateando con madurez el valor
de las obras, que le remitiessemos: anticipando à Vmd. por noticia, que los Escritores de aora, sino
escriben de la misma manera que antes, esto es, con facilidad, ligereza, y agrado, no es porque
carecen de materiales, sino por el excesso de su comprehension, è inteligencia: y porque cada
Escritor toma para sì, aquello que se dice, y se escribe generalmente, y sin aplicacion alguna.
Nadie quiere ceder à otro, ni persuadirse inferior en juicio, y prendas à los hombres mas
sobresalientes, y avisados, que vivieron, ò que viven. No sè si diga, que la dicha acompaña à Vmd.
en medio del sentimiento, <pb
                        n="350"/>que puede tener de no conocer à Madrid, en el estado en que
nosotros le vemos. Amigo, Vmd. ha tenido, mientras viviò sin sabores por causas graves, en lugar que
al presente qualquiera los tiene por las mas leves; y si uno residenciò à Vmd. iniquamente en el
Tribunal de su justa Venganza, Vmd. si escribiera aora, havria de passar, no por una residencia sola
de justa Venganza, como por aquella que Vmd. passò, sino por un millar de reafinaciones, en que la
injustissima embidia es agente. Es preciso, ilustre Quevedo, que Vmd. sepa, que hay mas dificultad
en governar oy dia la pluma, y agradar à las gentes, que en su tiempo. En esta Era no hay escrito
alguno, el que, si se habla verdad, no se repute absolutamente por satyra, y contra que algunos
presumidos no esgriman su pluma, y su lengua. Los ignorantes llaman lisongeros à los que ensalzan la
verdadera virtud, y el merito, y esto desalienta tanto, que nadie quiere para sus obras Mecenas de
pura gracia; y aquellos que desean tener protecion de provecho, hallan el campo tan <pb
                      n="351"/>segado, por los que escriben para las Confiterias, que quedan destruidos hasta los plantìos de los
Protectores, y Favorecedores de los Sabios. El tiempo me apremia, pues el muchacho està aguardando
para llevar la Carta; por lo qual debo concluir, aunque muy contra mi gusto. Saludo à todos los
Hèroes Literarios, que gozan las delicias de essos hermosos vergeles, donde libres de toda opacidad,
y materia terrestre, se deleytan en compañia de la verdad, cuya hermosura contemplan con todas sus
perfecciones.” </seg> La Carta pareciò bien à la mayor parte de los assistentes. Algunos querian no
obstante darse por sentidos, achacando à segunda intencion el aviso que se daba en la Carta, de que
algunos son contrarios à los escritos del grande Quevedo. Pero las Damas sosegaron à estos la
conciencia, convincendoles, y demostrando con claridad, y nervio, que los que havian de quexarse de
las invectivas, pullas, y demàs rasgos, libres de la pluma de Quevedo, eran ellas, que siempre
havian sido el blanco de su ojeriza burlesca. <pb
                      n="352"/><seg synch="#FR.6" type="E3">
<seg synch="#FR.7"
                          type="D"> Es de estrañar (decia mi Señora Doña Nicolesa, la que por sus acciones,
y modos, da à entender lo mal que està con su sexo; pues en todo desea poder copiar à la Reyna de
Suecia Christina) que sean tan pocos los que hayan penetrado el verdadero sentido de los Romances,
que escribiò el Ilustre Quevedo, y que apenas nadie sepa, que no dicen cosa alguna, de lo que se lee
en ellos: pues en dictamen de esta Sapho; el Poeta, baxo la metaphora de toda aquella gente baxa, de
quienes describe las fechorias, disimulaba la pintura de otros sugetos de mejor estofa. Assi
disimulaba con el titulo de Cavallero de la Tenaza la mezquindad, y ruines procederes de un sugeto
muy visible en su tiempo. Por esta ignorancia, y falta de llave, añadiò esta Señora, pierden el
merito las mejores obras que se leen, y que se entienden al pie de la letra, y como suenan.
Aplaudieron todos, por lo inaudito, el juicio de esta Señora Poetisa, sobre las Obras de Quevedo;
pero algunas, aunque atentas à lo que se trataba, no havian borrado de su memoria, que se ha-<pb
                          n="353"/>via leìdo en la Carta al Señor Quevedo, que se le remitia una Obra de estos dias para
divertirse, y hacer analysis de ella, con sus amigos. Què Obra nueva puede haver salido, decia Doña
Agueda, que sea digna del entretenimiento de tantos hombres eminentes, como conservan con Quevedo?
No ignoro, que un Autor de los mas famosos de nuestra España solìa algunas veces divertirse con los
Romances del Marquès de Mantua, Carlo Magno, &amp;c. confessando èl mismo, que sacaba utilidad de su
lectura; pero tampoco no ignoro, que es muy ageno de la ocupacio [sic] de las almas, el entretenerse
en aquella estracion de Bienaventuranza, con escritos que no les puedan servir de norte para acopiar
especies, y aumentar sus inteligencias? Pues què, respondiò un hombre, descansando sobre un pie,
como Cigueña, què obra puede ser la que se ha de remitir à Quevedo, para que los Moradores de los
Campos Elyseos burlen de nosotros, sino el Duende, que verdaderamente es obra, que merece la
sepultura, ò que se embie al otro mundo, para que la olvi-<pb
                          n="354"/>demos en este? Ay que no es
nada; reprehender las locuras, y extravagancias de algunos Particulares, haciendo de la Nacion el
blanco de la mofa de los demàs Pueblos! No debiera saber este Autorcillo, que quien ridiculeze à un
Miembro, interesa à toda la Nacion en el sentimiento de aquella persona? Pues yo no lo pienso assi,
objetaba à este Cavallero Doña Raphaela. El Autor no agravia à nadie, esto es claro: pero por esto
estimo la Obra digna de llegar à manos del Ilustre Quevedo, y de los Doctos; porque ella no es mas
que una rapsodia de las primeras cosas que su Autor repara en las Calles, y concurrencias, donde se
halla, las quales exorna despues con quatro bagatelas, que le trae à la memoria su lectura. Soy de
parecer, que estos Autores antiguos Españoles, por mas aprecio que hagan de este papelucho,
unicamente bueno, para embolver Polvos de Aix, ò polvos para el pelo de la fabrica de Alcalà, que se
venden por de Francia, para darlos mas sustancia, reiràn siempre al vér que nos hemos cegado, y que
yà no entendemos mas la <pb
                          n="355"/>calificacion del merito. Burlaràn de nosotros, si saben, que à
nadie queremos conceder capacidad, y talentos, que no sea à nosotros mismos, y à nuestros amigos los
Modistas, y hallaràn los tiempos muy transformados. En los suyos no se preguntaba de quien eran las
Obras, solo sì se examinaba, si eran buenas. Nadie clamaba entonces, que hablaba contra la Nacion,
aquel que indicaba la ridiculez de uno, ù otro extravagante. No, decia un Militar; mas digna, y mas
divertida ocupacion para nuestros Ilustres de los Campos Elyseos serìa la lectura del Caxon de
Sastre. En èl verian à lo menos, que hay todavia quien se acuerde de sus cenizas en el mundo. Bien
considero, que saben casi de memoria, y que tendràn presente el contenido de esta Obra; pero tambien
conviene, que sepan que brilla nuevamente la memoria de una multitud de hombres grandes, cuya
antorcha se havia extinguido; y que la Nacion debe al Autor del Caxon un millon de gracias, por su
laboriosidad, y zelo en distinguirse de una manera tan sobresaliente en la Literatura. Una Señora
pica-<pb
                          n="356"/>da contra el Autor del Caxon, porque animado de zelo del bien pùblico, havia en
algunos passages pintado el caracter de una mala Muger, no quiso conceder bondad, ni ingenio à esta
Obra, ni aun permitir se diesse noticia de ella à los espiritus felices, que se regocijan en las
moradas del descanso: pero otro Señorito defendiò, y con razon, este Escrito, haciendo vèr, que es
una previa introducion, ò ensayo, que sirve para sondear el Vulgo, sobre el concepto que hace del
Autor, à fin de producir otra obra de mucho interès, y peso, para la qual pido con anticipacion à
todos, el sufragio, la aprobacion indispensable, y la admission cariñosa. Dexemonos de razones,
saltò el Militar, de quien hablè antes: La obra que el Señor Estudiante ha dicho se iba à remitir à
nuestro Quevedo, para que la examine, es la pieza maestra de estos tiempos: Es la llave de la
Poesìa: el esfuerzo del espiritu humano: la quinta essencia de las flores del Parnasso, à favor de
las Tablas Españolas. Mas por què tener al espiritu de Vmds. en suspenso? Son las <pb
                          n="357"/>Letras que se han cantado este año en la funcion de los Autos del Corral de la Cruz, que con
entera satisfaccion merecen à su Autor el aplauso mas ilimitado, y la aprobacion mas universal de
toda la gente de buen gusto. No sin justissima causa, dispensa tanta honra à su Autor la Tertulia
Còmica, que se junta de noche en los Caxones de la Plaza Mayor, donde le celebran por el Ingenio mas
especial, y mas sobresaliente que ha visto en este siglo nuestra Monarquia. Es verdad, decia Doña
Theresa Cotorra. Para mì no hay gusto como el de oìr estos ra, ra, ra, ro, ro, sì, sì, ele, a, a, a,
gorgeado à lo de Theresa, muger inimitable. No señora decia Don Anastasio, Yà que los Señores de la
Tertulia juzgaron conveniente consultar à nuestros hombres grandes sobre esta Pieza, no la
canonicemos, ni la desaprobèmos, hasta que nos venga del otro mundo la relacion de su merito, ò
demerito: Y assi, lo que nos resta es, hacer sùplica à Don Symphoriano Instituto, para que nos
comunique la respuesta quando venga de los Campos Elyseos, la que tardarà algo: <pb n="358"/>pues me
parece que el viage à estos Campos no es tan facil, ni tan corto como el viage à los Campos de
Barahona. Prometiò el Estudiante dàr este gusto al concurso, y á la vista del agasajo, se mudò todo
el Theatro. </seg>
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</seg>
</seg> FIN. El Discurso siguiente se darà el Sabado 5. de Septiembre de 1761. En Madrid:Con las
Licencias necessarias, en la Imprenta del Tribunal de la Santa Cruzada, Calle de las Hileras. Se
hallarà este, y todos los siguientes en las Librerìas de Antonio Sancha, frente del Correo; en la de
Bartholomè Lopez, Plazuela de Santo Domingo; y en la de Bartholomè Ulloa, frente del Salvador.
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