El Duende especulativo sobre la vida civil: Número I

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Nível 1

Num. I.

Martes 9. de Junio de 1761.

Citação/Lema

En [sic] iterum, Crispinus, & est mihi sæpe
vocandus: ad partes
Ille quem requiris.

Mart. lib. I. Epig. 2. vers. 2.

Nível 2

Metatextualidade

Entre todas las passiones, que combaten al hombre en esta vida, ninguna admite excepcion mas favorable, ni comento mas honorifico, que la Vanidad. El ansia con que los hombres procuran distinguirse en servir à la Patria, y à la sociedad, sin otra esperanza de premio, que el honor, que merecen; es una virtud, que valuada por su calidad, y essencia, y por las consequencias, que pueden resultar de ella, es heroyca, y digna de los mayores encomios. Aquel que por medio de las Armas sabe forzar las puertas del templo de la fama, y adquiere por sus proëzas, y hazañas una inmortalidad gloriosa, califica su Vanidad de una manera digna de su grandeza; y el que con la pluma ayuda à vencer à los enemigos de la humanidad, que son los vicios, y malas costumbres, que la deshonran, es tambien Heroe, que perpetùa su nombre en las generaciones venideras. No es facil resolver quien tenga mas merito para la fama posthuma, si el Militar ilustre, ò el Escritor célebre. La Nacion Española levantò en el Campo de Almansa aquel orgulloso monumento de la Victoria conseguida por las Armas del Glorioso Catholico Monarca Phelipe V.: pero la tradicion huviera apenas conservado los nombres de los Generales que ganaron la Batalla, si los Historiadores no los huviessen insertado en los Fastos del siglo. No hay cosa, que mas se atesta por los escritos, que el olvido. El Militar desaparece, si no le favorece el Autor; en lugar que este, siendo benemerito, se inmortaliza à sì mismo, y renace continuamente de sus cenizas, por la codicia de muchos, que procuran enriquecerse à costa de lo que èl sudò, y dexò escrito. Este deseo de inmortalidad, y fama alborotò la otra noche mis potencias, que batallaban dentro de mì, para disputar este lauro à muchos, que tambien lo pretenden. Conociendo yo, que para mi no hay otra senda para conseguir esta fortuna que la de las Letras, no desdeñè alentar los espiritus con el pensamiento de aplicarme al estudio: yà para vencer una molesta, y profunda melancolìa, que dias ha me posee fatalissimamente, yà para dàr buena quenta del empleo de mi tiempo. Pero despues de haver rebuelto el archivo de mi memoria, examinando uno à uno los proyectos, y tramoyas literarias, que en otros tiempos me habian parecido oportunos para este lance, no encontrè material alguna que me lisongeaba con desempeño de aquel precepto grave, que prescribe Horacio à los que trabajan para el Pùblico; de suerte, que casi me vì obligado à abandonar à otros el merito de la inmortalidad, à que aspiraba. Mas no me fue possible resistir al torrente de las idèas, que confusamente se atropellaban unas à otras, y que todas parecian dignas de la pluma. Entre todas me detuvo la consideracion en elegir una, que me pusiesse à cubierto de la critica, y de tantos enemigos como tienen las Letras: que me congraciasse el afecto de los verdaderos Sabios; y que al mismo tiempo tuviesse la fuerza de alhagar el buen gusto de muchos, que con juicio exquisito, y con penetracion peregrina, se emplean en leer farragos, y obras sin substancia; pero me pareciò dificil de encontrar obra que tuviesse tantos requisitos. Indeciso, y vacilante entre estos pensamientos, me propuse escribir un tratado de Theologìa Moral en Castellano, con opiniones nuevas; pero se me desvaneciò esta idèa por otra de emplear mejor à los Esportilleros, y Mozos de Esquina. Un momento despues balanceè entre componer unos Exercicios Espirituales por extractos de Sermones, ò un Ensayo demonstrativo para baylar à la Francesa: y no me faltò el ofrecimiento de intentar una nueva Traduccion del Moreri, ò de publicar un tratado de Geometria, aplicable à la navegacion del Rio Manzanares. Consideren ahora mis Lectores, quánta inteligencia, quánta extension de luces, y conocimientos nos debe posseer un hombre, que se atreva à arriesgarse en un pielago tan hondo de erudicion, y correr por Paìses tan dilatados de Líteratura? Mi irresolucion nació solo de no saber en que materia podria sobresalir mas, y tener menos contrarios. Mas al cabo de haver sudado, y atormentado mis espiritus en el examen de todos estos planes, ninguno saliò admitido. Passè luego revista à las Facultades, y à quantos Ramos, y Classes de Estudios ocupan à los hombres desde Adàn hasta ahora: pero en todos ellos hallè las mismas dificultades. Reconocì, que se havia yà andado tanto camino en las Escuelas, que no quedaba senda, por donde echar para producir algo de util, y exquisito, sin pecar en extremo censurable; porque, en dando algo de nuevo, no faltarìa alguno de aquellos, que sin distinguir de colores, solo aprecian lo que supieron sus Tatarabuelos, y que desdeñando como sospechosa qualquiera novedad, ò descubrimiento, me redarguiría con Salomòn, Terencio, &c. Y repitiendo solo cosas vulgares, y sabidas por buenas que fuessen, disgustarìa à los inteligentes. Tambien repassè el Mapa de los Reynos, y Provincias, con su Politica, y Gobierno: pero la multitud de los Tacitos, y Machiavelos, que han segado este campo, me convenciò de que no podrìa hacer cosa buena en esta materia. La Vida Humana, campo bastissimo para el discurso, me parecíò igualmente assunto precioso, para dàr soltura al ingenio: pero es materia, que, si se ha de tratar segun la Moda, pide un consumado Metaphysico, y un ingenio capàz de profundas meditaciones geometricas: requiere un hombre, que sepa seguir al hombre en todas sus acciones, como Reaumur à los infectos; tratandole como à un ente de razon, que solo existe en la imaginacion de quien le describe. Para tratar de la Vida Humana con acierto, debe el Autor ser un Quevedo, un Santos, un Svvift, un Le Sage, un Le Noble, y pintarle tan original, que los menos inteligentes conozcan, que ellos son copias perfectas. Por mas pues, que dì el torcedor à mi espiritu para buscar una obra, que gustandome à mì, gustasse igualmente à todos, me quedè como me estaba, esto es, indeterminado, y sin saber, cómo concluìr la empressa: mayormente considerando, que hay Paìses donde huye la gente de leer Obras, à las quales la utilidad sola sirve de adorno, y donde hasta los apassionados à Libros hallan cara una lectura, que pagan ocho, ò diez quartos; y barato el gusto de media hora de musica, que les cuesta veinte, ò treinta doblones; ò unas coplas escritas en desprecio del buen gusto, y que se pagan à peso de dinero.

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Narração geral

Determinème dexar suspensa mi resolucion, y consultarla con mis Amigos, exponiendo à la Tertulia de noche mis inquietudes, à fin que los concurrentes, como mas felices que yo en proyectos, mas fértiles en invenciones, y de imaginacion mas vivos, y perspicaces, me abriessen camino por donde pudiesse salír al pùblico con algun escrito util, deleytoso, y acomodado al tiempo en que vivimos. Hice la misma noche relacion de mis cuitas al concurso; pero quando esperaba algun consuelo, ò arbitrio de parte de los que me oìan, me sorprehendieron sus carcajadas de risa, y la burla que hacian de la perplexidad en que me hallaba. Agotado el humor, que les excitaba à reir tanto, me decian, que estrañaban mucho, que yo ignorasse los tesoros literarios, que yacen ocultos, y olvidados en el seno de los tiempos, de donde nadie pensaba en sacarlos; y mas siendo tantos los materiales, que hay informes, y sin pulir, que se podrian perfeccionar; y que no era honorifico para mi el presumir ellos, que yo vacilasse en la eleccion de una obra, que fuesse conforme à mi genio, y al de la Nacion, para exercer mi pluma.

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Diálogo

Es verguenza, decia Don Diego Listelo, y lo confiesso, que tantos sugetos habiles como hay en España, se sepulten en su bata sin manifestar su capacidad, y talentos; y esto con el solo motivo de la Moda que tiene por indecoroso, y contrario à las reglas, y preceptos que prescribe à sus sequaces, la aplicacion, y el estudio de las Letras. Esta poderosa hechicera tiene apresada la voluntad, hasta de aquellos, que por obligacion de su estado debiessen dàr pùblica demostracion de sus talentos, y honrar con ellos à su Patria. Los presumidos que llevan comunmente la voz en las Tertulias, y Estrados, se valen de esta propia manìa de la Moda, para encubrir, y cohonestar su insolente ignorancia. Dicen, que el ocuparse en comunicar al Pueblo los bienes intelectuales, que cada uno posser [sic], es de necios: que cada qual debe conservar su cienca para sì, y para los Amigos: que el Público es desagradecido, y no reconoce jamàs los favores, que recibe. Finalmente, que la propia conducta de ellos, y su fortuna, es el testimonio mas autentico, de que los hombres habiles, cuyos escritos, quando mas, les grangean alabanzas de viento, andaràn siempre à pie, y quedaràn à la puerta de las antesalas, mientras que ellos, guiados de su genio adulador, y patrocinados de la Moda, salpican à todos con sus Coches, y descansan sobre los Canapees en los Gabinetes de los Señores. Sepase, añadiò Don Diego, que el hombre trabajador, y de capacidad, forma un lunar de luces en el engañoso azerado espejo de la necedad, è ignorancia, que es el espejo de la Moda, y que qualquier Autor bueno, dando à luz sus escritos, se hace enemigo de muchos, que antes le eran amigos, ò indiferentes. Luzcalo V.m. proseguia de la misma suerte; y si quiere trabajar por fuerza, busque ocho, ò diez obras del decimo tercio à decimo quarto siglo, dèlas un baño de agua de ras, y sin cansarse la cabeza tendrà V.m. infulas de Autor, y Escritor pùblico; pues esta estratagema basta oy dia para tenerlas. Y si no me cree, pregunteselo à los Areopagos de Madrid, quienes averiguando bastantemente esta verdad en la Republica de las Letras. No tan impaciente, señor Don Diego, decia Don Pablo Deduceo, si yo no me lisonjèo de la nerviosa eloquencia que V.m. possee, para poder hablar magistralmente en un assunto tan digno de reprehenderse en nuestros Españoles; no por esto dexa de persuadirme mi amor propio, que sin exceder à otros, puedo censurar con conocimiento de causa, las imperfecciones, y descuidos, que padecen las Letras. En su Republica se han de mirar las omisiones menos notables, y castigar severamente el vicio, la nesciencia, y la loca vanidad de aquellos, que sin haver jamàs dado indicios de sus luces, pretenden ser tenidos por Padres conscriptos de la Literatura. La Moda causa el mal; su remedio està en acometer à esta Fiera en sus trincheras, y arrancarla la mascara con que engaña á tantos.1

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Exemplo

El chistoso Svvift pretendìa, que los Ingleses le hiciessen Inspectór de las muestras, que tienen las Tiendas de la Ciudad de Londres; à fin de corregir la Ortographìa, y las representaciones, que se vèn pintadas en ellas. Proponía este proyecto, como un medio oportuno, y facil para enseñar à deletrear à los niños, y rusticos, que se entretienen, y emboban con qualquiera cosa que vèn en las calles; y para que los Estrangeros, que murmuran de todo, supiessen, que los Magistrados estienden su solicitud hasta sobre las cosas menos advertidas.
Nosotros, añadiò Don Pablo, que no estilamos semejantes muestras, pudieramos crear, en lugar de un Censor de ellas, un Superintendente de Modas, con el cargo de que ninguna se introduxesse en el Reyno hasta saber à punto fixo, à quanto havia de subir, ò de baxar en cada año el interès que tendria la Real Hacienda, y el Pueblo en admitirla, ò en recusarla. Rieron los Tertulios de la juiciosa salada critica, que hacìa Don Pablo de nuestro genio noveléro, è imitador de las costumbres, y modas afuera. Entonces mi particular amigo, y favorecedor el Doctor Murasil, queriendo patrocinar mis intentos, decia, que èl era de dictamen, que para producir una cosa divertida, serìa menester no enconarse, ni reñir con la Moda, antes bien acariciarla, como de quien convendría mucho el beneplacito, para salir ayroso à la palestra. Que nada le parecia mas al caso, que un Papelucho periódico de poco cuerpo, por ser obra muy apetecida de los Aulicos de la Moda, retratando en èl las extravagancias, y ridiculeces, con que los hombres deshonran la naturaleza. Una Obrilla, decia, de esta casta, no serìa menos util, ni menos divertida, que lo es la de contemplar las cosas sublunares, con todas sus excelencias, y grandezas.

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Exemplo

Pretende el Doctor, que se debe tratar al Público, como el Padre de Horacio trataba à su hijo; pues para darle à conocer el cariño que le tenia, y el deseo de su aprovechamiento en el comercio de las Gentes, no le encareciò menos lo ridiculo de los exemplos, que le proponìa evitar, que la perfeccion, y decencia de los modèlos, que le aconsejaba seguir.2

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Exemplo

Alegò, para apoyar mejor su pensamiento, el methodo de un noble Lord Inglès, que para doctrinar à su hijo, le dedicaba successivamente su traduccion del segundo Plinio, y la ediccion, que publicò de las Obras del Dean de San Patricio; justificando este proceder, y estraño modo de pensar, con un passage de Virgilio, que favorece de un modo concluyente el Plàn que propuso mi amigo,3
el qual rematò con decir, que la Obra que se havia de emprehender, debia ser una descripcion puntual, y graciosa de la vida, y acciones de los hombres, en aquella parte, en que su locura les hace ridiculos, y dignos de una compassion ironica. Esto es, una Historia del Corazon humano, y de sus vicios, è imperfecciones; para que riendose todos de los desbarros, y locuras que cometen los hombres, pudiera cada uno instruirle divertidamente de sus obligaciones, y conocerse por original de la fabula, sin inculcarselo con Sermones de Quaresma, ni querer exasperarle el ánimo.
Todo el congresso convino de la bondad del pensamiento, el que quedò admitido nemine contradicente. Al punto mismo se acordò forjar un Papel, en que tuviessen parte todos los Tertulios, de repartir entre ellos el trabajo por partes, y de encargar à uno solo la execucion, y economìa del todo. El concurso Tertuliano (sin ser el discreto) tiene derecho à este Escrito, como que todos sus individuos contribuyen directa, ò indirectamente à su formacion, y hechura: unos con observaciones propias; otros con discurrir sobre aquello que llegue à su noticia; y todos con assistir al examen, y al analysis, que se debe hacer de los assuntos antes de publicarlos: haviendose resuelto por todos los Votos de los concurrentes à la Obra, el no permitir personalidades, casos particulares, ni cosas, que sean capaces de aludir à determinados sugetos. Deduceo ha querido encargarse de lo perteneciente al Theatro. El tendrà la inspeccion sobre las Comedias, y sus Representaciones, con jurisdiccion critica sobre la Musica, Bayles, y Festejos pùblicos, y privados. Listelo cuidarà de lo que ocurriere en los Passeos, y Visitas: y como es hombre que entiende la Politica, y los interesses de los Principes, sabiendo adivinar muy de antemano los sucessos de la guerra, y los motivos de la paz, sin jamàs errar en sus Pronosticos, se le ha agregado la Puerta del Sol, y Calles vecinas, donde hay corrillos de Novelistas. Philoteo se dedicarà à la pesquisa de secretos, y negocios domesticos, ò de familia; esto es, averiguarà las passiones personales, para poder alabar la paciencia del marido, la mansedumbre de la muger, la docilidad de los hijos, la bondad, y juicioso proceder de los amos, la lealtad, y exactitud de los criados, ò para poder reprehender los vicios, y extravios, que descubriere en su conducta. Don Isidoro Nadàl, que se congenia admirablemente con la Historia, ha tomado por tarea el reconocimiento de los Fastos Politicos, y Civiles, para bolvernos à la vista algunos sucessos, en que excedieren los vicios, ò las virtudes. Tratarà esta materia con verdad, con discrecion, y sin passion, ò complacencia, por Nacion, ò Pueblo que sea. A mì me han dexado el Capitulo de las Modas, con la inspeccion sobre los Estrangeros, que viniessen à esta Corte para establecerlas. Tengo tambien comission para explorar los menéos de aquellos Charlatanes, Saltinbancos, y hombres con secretos, que se anuncian por las esquinas, y que nos prometen sacar el oro, y la plata, en paga de curar sabañones, ò de suavizarnos el cutis. Tambien ha venido la Tertulia en solicitar la amistad de diversos sugetos de esta Corte, y Reynos, para tener noticia de lo que passa en las familias; y sobre todo, la actividad de un cierto Don Agapìto, hombre que tiene lista, è instruccion individual de las fortunas à que puedan aspirar los que sin patrocinio viven olvidados, y desvalìdos. La Tertulia se empeñarà del mismo modo con un Maestro de Bayle, y con otro de Lenguas, porque son por lo regular confidentes de sus discipulos, y discipulas, y no pocas veces agentes de sus dependencias. La necesidad de tener igualmente propicio à alguno de aquellos convidados perpetuos, que assisten à todas mesas sin ser llamados, y de quienes se pueden sacar muchas noticias, y avisos curiosos de vidas agenas, y de las novedades, que se introducen en los convites, diò al principio inquietud; pero al fin se ha grangeado la voluntad de uno de los mas famosos, que se conocen en las dos Castillas. Esta es la reparticion, que la Tertulia hizo del trabajo, y los assuntos que deben servir para este Papelito. La Obra serà una especie de galerìa de Pinturas, en que se veràn colegidas las riquezas mas preciosas del pincèl de los mejores Artifices. Las piezas que la deben adornar, seràn originales, ò copias fieles, y à lo natural; esto es, simples, pero verdaderas. Los hechos, que recordarèmos, estaràn acomodados al tiempo, y à la situacion de las cosas. Los colores de los Retratos seràn vivos, de buena tinta, y nada equìvocos. Con un Raphaèl, un Vandyck, un Murillo, &c. alternarà un Teniers, un Calot, un Vvouvvermans, un Boschi, para que el contraste, y variedad de assuntos hagan menos desapacible la lectura. No es el ánimo de la Tertulia predicar, ni corregir los vicios, ò defectos humanos con azotes, ni à zurriagazos: este empleo se dexa à quienes toca de oficio. El fin principal de este divertimiento es retratar la virtud hermosa, y ridiculo el vicio; sirviendo el gusto, la amenidad, y el comercio de las gentes, como de medios conducentes, y propios, para acertar, y merecer el aplauso de aquellos, que se interessan en el bien de la sociedad. Como las diversiones, passatiempos, &c. son por la mayor parte indiferentes para el bien, y para el mal; la fortuna de poder en algun modo detener el enturbion, y fluxo de tantos, como sin reflexion, ni reparo se precipitan en el error, dà esperanza que no serà dificil reformar con el tiempo los desordenes, que nacen simplemente del mal uso, que se hace de qualquiera recreacion, ò gusto licito, y permitido. No es el designio de la Tertulia formar nuevo systèma particular. Los systèmas son regularmente meras pantallas, que encubren la ignorancia; pero esta jamàs se disfraza tan cabalmente, que no dexe de traslucirse en los Systematicos. La Tertulia tiene por conducente para el fin que se propone en esta Obra, valerse de diferentes rasgos historicos, tratados obscuramente, y con negligencia por los Historiadores. En la Historia hay bellissimas digresiones, que hacen amena, y gustosa la Literatura, y para separarlas del cuerpo, no hay inconveniente alguno. Para tratar con felicidad hechos historicos, y darlos nuevo sèr, y aumento de interès, no se pide sujecion à reglas, ni preceptos. Tampoco son menester modelos grandes, quando se tocan las materias solo por via de incidente: basta, que en quien los maneja, hay verdad, equidad, y discernimiento, pues con estas prendas puede qualquier Autor lucir, y acertar. Si los sucessos no fuessen nuevos para los que estudiaron la Historia, à lo menos lo seràn en el modo de exponerlos, despues de una rigurosa critica de las Anecdotas, que huviera sobre ellos: no de aquella casta de que se valieron Petronio, Varillas, el Aretino, y otros, que sin piedad saeteaban à quienes miraban con aversion, ò desprecio; sino de las simplemente relativas al objeto de la Historia en general; pues estas nos proveen de bastante caudal para estudiar el espritu del hombre, y las enfermedades de ambicion, avaricia, sensualidad, &c. que tan lastimosamente estàn propagadas en la especie humana. Si la formacion, y el acuerdo de este Plàn Literario no se hizo sin algunas contestaciones, y molestias, mayores las huvo quando se tratò de poner nombre, ò titulo à la Obra. Pero la consideracion del Plàn, y de sus circunstancias: el deseo de los Tertulios de distinguirse con ánimo puro, y libre, y de poder introducir entre nosotros una reforma domestica, de cuyo logro se prometen essenciales bienes à favor de la Monarquìa, y sus Individuos: el motivo que alegan por no querer ser conocidos: el tiempo en que se publìca este Escrito, y el fin à que se dirige, vencieron todas las dificultades, y tropiezos, y reunieron todos los Votos, para llamar à este Folleto: El Duende Especulativo, sobre la Vida Civil. La razon porque todos se declararon à favor de este titulo, es: 1. Porque no hay cosa en sentir del vulgo mas familiar, que un Duende. 2. Porque todos le tienen miedo, y èl à nadie hace mal si no le provocan. 3. Porque para saber la verdad de las cosas, y poder vituperar los vicios, y ridiculeces de los hombres, es menester examinarlas personalmente, y jamàs fiarse en relaciones de otros. 4. Porque serà menester assistir invisible en qualquiera parte, para que nadie pueda disfrazarse, ni poner la mascarilla, en lo que dixere, ò executare. 5. y ultimo: Porque los que tienen que avisar, lo querràn hacer sin miedo, ò sonrojo: no haviendo hombre alguno, que no estíme mas descubrir su pecho à quien no le conozca, ni trate, que à otros, que mañana puedan perjudicar al denunciador en su honor, y en sus interesses. El Duende, sin valerse del Anillo de Giges, ni de pactos ilicitos, procurarà hallarse presente à todo, exerciendo jurisdiccion, y dominio, sin parcialidad, ni complacencia, sobre las costumbres, y estìlos generales, y particulares. Se hallarà en las Iglesias, para zelar el decoro, y la respetuosa veneracion con que debemos tratar al objeto de nuestras adoraciones, que en ellas visitamos. Estarà en los Passeos, para averiguar si las Señoras salen de sus casas, para recrearse el ánimo, hacer exercicio, y procurarse, por medio de esta dissipacion honesta, nuevas fuerzas para cuidar de sus obligaciones; ò si son otros los motivos, que las mueven para dexarse vèr en pùblico. Concurrirà en Visitas, y Saráos, à fin de observar el contravando de las Modas; los nuevos formularios de murmurar las Señoras unas de otras; la variedad, que huviere en el modo de saludarse, darse, y tomarse la mano, presentarse el rostro, y sentarse; los adelantamientos de las marchas, rendimientos, cabriolas, y extravagancias de los Petrimetres, que se citan de antemano, para que el concurso de estas visitas estè mas lucído, y mas sonada la comitiva de los concurrentes. Frequentarà el Duende el Theatro, sin distincion, ni preferencia de Coliséo, para notar el agravio que hace à la Nacion una Comedia mal escrita, y peor representada. Armado de la razon, y del buen gusto, trabajarà en desterrar de las Tablas aquellas bufonadas frias, è indecentes, que solo deleytan à gente baxa, y sin conocimiento, y vilipendian el Arte Cómico, cuyo oficio es instruìr riendo; procurando assi estrechar, en quanto fuere possible, las Representaciones à limites theatrales, è indispensables. Finalmente, el Duende se presentarà en concursos, y corrillos pùblicos, con el fin de estudiar los diferentes caracteres de los hombres, y sus passiones; juzgando en uno, por la phisonomìa, y gestos, su habitud, è inclinaciones; y descubriendo en otro sus vicios, por su indiscrecion, y modo de explicarse. El Duende sentado como en una Camara obscura enmedio del pùblico, sin ser conocido, ni observado de nadie, dexarà plena libertad, para que displicentes los unos, desabrochen su vanidad impertinente, y los otros ofendidos, manifiesten su ignorancia presumida, en esgrimir sus armas contra èl, y contra sus discursos. Como toda la ambicion de los Tertulios de esta Obra, se compendia en los limites del deseo de poder conseguir un bien para todos; el Duende, executòr de sus mandatos, revestido de una insensibilidad estoica, sabrà dissimular aquellos disgustos transitorios, que sirven de potro à los que sobresalen, y brillan entre el comun de los Literatos. El, ni solicìta adulacion, ni merece desprecio; y assi escucharà sin commocion, ni mysterio, quanto de èl se dixere. Nada se le dà, que le alaben, ò que le censuren, porque se hace cargo, en calidad de Duende, que nadie le conoce; y hallandose invisible en qualquiera parte, aquellos mismos que redarguiràn, ò abonaràn sus escritos, le pondràn en estado para que sea Juez, y sentencie los meritos de su propria causa. Allà, Lectores, allà os và el Plàn, la substancia, el orden, y las partes de este Escrito Periodico, que se continuarà con tesón, y prudencia, hasta vèr logrado el fruto, y hasta conocer, que no en balde sudaron los Tertulios en las tarèas que se señalaron. La propension natural, que tiene el Duende de remontar sus pensamientos à otra esfera, es causa que algunas veces, elevandose sobre el comun modo de pensar de los hombres, tropiece en un átomo de Epicuro, ò en un turbillòn de Cartesio. Como el Duende jamàs se ha dexado arrastrar de la Opinion, ni que jamàs ha jurado pleyto omenage à la inconstancia, y fantasìa del sexo femenìl, nadie le debe creer esclavo de sus caprichos, ò antojos. Sin desdeñar la compañia de las Damas, sin murmurar de sus modales, sin contestar sus pretensiones, ò calumniar los medios que emplean para fixar la atencion, y cariño de los hombres, y hacerle dueñas, y arbitras de su voluntad, y espiritu; el Duende se contenta con el simple privilegio que le dà el sèr del nombre. Assistirà con entereza à Bayles, y Funciones de Estrado, poniendo sin conato en corregir las inadvertencias, ò descuidos que notasse, antes que los puedan reparar los hombres, y los ridiculìcen. Algunas veces se divertirà con el Abanico para adiestrarse en su manejo, y compondrà una flor, ò piocha, que no tuviesse toda la gracia, y delicadeza, que huvieran podido darla. Consagrarà algunos ratos en examinar los medios mas naturales, y propios, para realzar mas en las Señoras su corporal belleza, y asséo. Y sobre todo harà lo possible, para que sin envilecer su estílo, se proporcione à las luces del sexo, con el fin de ennoblecer mas, y mas su espiritu, y de conseguir la utilidad, que se puede sacar de un escrito, que se lee por passatiempo, y que sin embargo encierra lo mas essencial de la obligacion de su estado. Los Discursos seràn partes de un todo, que sin ser systèma, compondrà una cadena de verdades sueltas, no amargas, y que examinadas, y combinadas unas con otras, representaràn à cada cosa con su verdadero semblante, y sin los adornos que ordinariamente engañan, mas que instruyen. El Duende estiende su dominio sobre la Moral en general, y en particular; y solo se pone entredicho en la entrada de los Gabinetes; porque no quiere consultar el Oraculo sobre el bien, ò el mal, que pueda resultar de esta, ò de aquella providencia gubernativa. Si alguno estrañasse tal qual traduccion literal; el Duende la denuncia desde ahora, para tener parte en el commisso; pero quiere que no la equivoquen con lo que fuesse de propio marte; porque no escribe invita Minerva. El Duende no quiere contestaciones, ni disputas con Poesìas sueltas, ni con Poetas de Ciegos, y menos quiere mover pleyto sobre frases, ò sylabas de la lengua. Hable, y escriba cada qual como Dios le ayudàre; à èl le basta, que le dexen examinar el mundo, por adentro, y por afuera. Contentese cada qual con saber, que el Duende es ente de humanidad, y que existe real, y visiblemente, para quien le conozca; à nadie le incumbe saber, si tiene conveniencias, ni adonde viven sus Amigos. El Duende es Duende, que sin romperse mucho la cabeza en ajustar equaciones de razon con el deber de cada uno, procurarà dar à cada cosa, lo que es suyo, sin que nadie tenga motivo para acreditarse de hombre grande, ni de cientifico con el valor material de sus discursos. Nadie debe tener miedo del Duende; pues à nadie ha de reñir sus descomedimientos, ni echarà al Pùblico en cara su mal gusto, su porfía, su injusticia, ni su falta de inteligencia en los assuntos que leerà en los papeles. El Duende està muy satisfecho con que èl se entienda, y que Dios entiende aquello que escribe. No està tan de espacio, que quiere perder su tiempo en mendigar aceptacion, aplauso, ni premio. Tampoco quiere presentar Memorial al Pùblico, para que le admita sus faénas, y menos molerlo con repeticiones enfadosas, y ridiculas súplicas, de que mude de paladar, y se saboree con los platos, que le pongan delante. Los materiales que el Duende emplearà en su fábrica literaria, no han de servir á los Petrimetres para lucirlo en los conciliabulos de la Moda, donde todos los assistentes se distinguen con luces prestadas, que alli hacen mejor efecto, que las proprias. Es de creer, que el Pùblico, viendo que el Duende le conoce, y que no escribe por complacer, embaynarà su estoque critico, al punto, que no halle con quien hacer de valiente, y medir sus armas. Los esfuerzos, que harà el Duende, para perfeccionar los eslabones de la cadena, que une à todos los hombres, no se deben à la estimacion de los Grandes, al aura popular, à la codicia del dinero, y mucho menos à la insinuacion, y favor de sus Amigos, ò Conocidos: los Autores, que escriben por uno de estos incitamientos, y sin verdadero merito, no se podràn sostener mucho tiempo, y quedaràn presto olvidados. El célebre Pope con talentos superiores se viò acosado de una multitud de Gozques literarios, que le mordian con un furor indecible. No hay desventura igual à la que sufren aquellos, que se aplican à las Letras; si un Autor no acierta, todos le insultan, y hacen burla de èl: si logra honor, y credito, la critica le emprende, y rebuelve no solo à èl, y à su Obra, sino à toda su vida, y milagros, y muchas veces hasta à los huessos de sus mayores. Quàntas veces tuerce, è interpreta siniestramente la malicia los pensamientos mas claros, y genuinos; procurando con sentidos peligrosos, y seductivos adulterar proposiciones, y envenenar palabras? Para que un Autor estuviesse al abrigo de la mala intencion, serìa menester, que cessasse de ser hombre, por no sentir los desayres de muchos, que, viendo descubiertos sus demeritos, no sossiegan hasta vengarse de quien, arrancandoles la mascara, les pone à la verguenza. Los ambiciosos, los avarientos, los ignorantes, &c. unen sus fuerzas para declarar la guerra, y sepultar los Escritos, en que se les retrata à lo natural, y con colores verdaderos: estos, à fin de embozar su ignorancia; aquellos, para ocultar las tramoyas, y ardides con que se levantaron, y consiguieron premios, y honores, que no corresponden à sus talentos, ò servicios. Finalmente, el Duende ha juzgado prevenir, que estos Discursos no seràn consequentes, ni seguidas las materias. Muchas veces escribirà de dia, los que huviere soñado de noche. El sueño le servirà para elegir los assuntos mas propios del tiempo; no perdiendo jamàs de vista las passiones, ò defectos humanos, que le huviesse entonces presentado la memoria. Lucrecio dice, que las ocupaciones del dia son las materias con que los espiritus se entretienen de noche. Como estàn los sentidos entonces libres, los espiritus recogidos, y atentos desmenuzan, y analyzan con mas comodidad los pensamientos, y objetos, que los ocupan, y reconocen en el silencio con mas cuidado la naturaleza de las cosas. Por esto seràn preferidas las idèas, que ocurriessen de noche, à las del dia, no siendo justo se pierda por negligencia, una tarèa intelectual, que tiene casi siempre en la misma naturaleza su principio. Los Lectores podràn quizà dexarse de lo poco, que tendràn que leer por su dinero en algunos papeles: el Duende les advierte, que no harà caso de sus quexas. A èl le baste haverles prevenido, que toma la pluma para comunicar ad extra sus pensamientos, y meditaciones; y que à èl le cuesta mas el producirlas, que al Pùblico el pagarselas. No podrà este jactarse, de que el Duende se venda por esclavo, y mucho menos que se ponga à sus pies, ò le suplìque le mantenga sus obligaciones. Gracias à Dios, el Duende tiene Amigos verdaderos, y experimentados, à quienes acudirà en sus aprietos, y no al Pùblico, que jamàs lo fue de nadie. Por concluìr: Esta Obra es Niño Exposito, recojale el que quiera, y tratelo à su gusto: una vez que salga de las manos de su procreador, queda abandonado con todos los derechos de propriedad à quien la desee morder, ò acariciar. Tampoco quiere el Duende empeñarse, ni hacer escritura de obligacion de dàr dos, tres, ni quatro pliegos cada vez; darà aquello que fuesse de su gusto, y permitiesse el tiempo: acomodese cada qual con el Librero, quien sabe el precio del Papel, y los gastos de la Imprenta; el Duende dà el trabajo de valde. Y sepase una vez para todas, que el Librero es el Compadre Marcos, y que el Duende no pone mas que la parla. Fin.
Nota. Qualquiera Persona, que quisiere recibir estos Discursos en la Provincia donde habita, conforme vayan saliendo, puede remitir à uno de los Libreros que los vende su Nombre, y el Lugar de su residencia, dando orden en Madrid à pagar su importe à satisfaccion de los Libreros, que tendràn cuidado de remitirselos puntualmente, sin necessidad de subscripciones, ni otras formalidades escusadas para Papeluchos de tan poca substancia. Advertencia. Estos Discursos saldràn el propio dia que se anuncie en el antecedente, sin que haya en esto falta, ni descuido de parte del Autor, ni de los Impressores. Solo se pondràn una vez al mes en la Gaceta, por no embararla siempre con un mismo reclamo: porque el Autor se lisonjèa, que la bondad de la Obra serà bastante espuela para que se venda, y desde su retiro darà las disposiciones, para que el Pùblico le tenga por hombre de provecho, sin anunciarse personalmente en parte alguna, respecto que guardarà, en quanto pueda, el incognito; y si le descubriessen, èl es el propio de antaño, y nada mas. Qualquiera Persona, assi natural de estos Reynos, como de los Estrangeros, que quissiesse ser Sabio à poca costa, puede remitir sus Discursos, ò Meditaciones à qualquiera de los Libreros que venden este, para que, mereciendolo, parezcan en pùblico con sus nombres, ò sin ellos. No importa que vengan en qualquier Idioma: tiene el Duende à su sueldo sugeto, que se precia de inteligente en algunos, sin necessitar de auxilio forastero; lo que debe acquiescer el ánimo de aquellos que tuviessen que participarle algun secreto de importancia. El Discurso proximo se darà el Sabado 13. de Junio de 1761.

1Cartas de Milord Orrery à su hijo Hamiltòn Boyle. Londres 1752. en octavo.

2 . . . . . Insuevit pater optimus hoc me/Ut fugerem exemplis vitiorum quaque notando/ . . . . . & sive jubebat/Ut facerem quid: habes auctorem quo facias hoc. Lib. I. Sat. 4.

3Hæc sunt, quæ nostra liceat, te voce monstrare;/Vade, age.