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    <fileDesc>
      <titleStmt>
        <title>Número I</title>
        <author>Juan Antonio Mercadal [Francisco Mariano Nipho o Juan Enrique de
                    Graef]</author>
      </titleStmt>
      <editionStmt>
        <edition>Moralische Wochenschriften</edition>
        <respStmt>
          <name>Roland Bernhard</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name> Alexandra Fuchs</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name> Martin Fürlinger</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name> Elisabeth Hobisch</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name> Renate Hodab</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name> Jessica Köhldorfer</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
      </editionStmt>
      <publicationStmt>
        <publisher>Institut für Romanistik, Universität Graz</publisher>
        <date when="2012-11-29">29.11.2012</date>
        <idno type="PID">info:fedora/o:mws-093-235</idno>
      </publicationStmt>
      <sourceDesc>
        <bibl>Juan Antonio Mercadal: El Duende especulativo sobre la vida civil. Madrid:
                    Imprenta de Manuel Martín 1761, 1-27 </bibl>
        <bibl xml:id="DE">
          <title level="j">El Duende especulativo sobre la vida
                        civil</title>
          <biblScope type="vol">1</biblScope>
          <biblScope type="issue">01</biblScope>
          <date>1761-06-09</date>
          <placeName key="#GID.1">Spanien</placeName>
        </bibl>
      </sourceDesc>
    </fileDesc>
    <encodingDesc>
      <editorialDecl>
        <interpretation>
          <ab type="interpGrp">
            <interpGrp type="Narrative_Darstellungsebenen">
              <interp xml:id="E1">Ebene 1</interp>
              <interp xml:id="E2">Ebene 2</interp>
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            </interpGrp>
            <interpGrp type="Narrative_Darstellungsformen">
              <interp xml:id="AE">Allgemeine Erzählung</interp>
              <interp xml:id="SP">Selbstportrait</interp>
              <interp xml:id="FP">Fremdportrait</interp>
              <interp xml:id="D">Dialog</interp>
              <interp xml:id="AL">Allegorisches Erzählen</interp>
              <interp xml:id="TR">Traumerzählung</interp>
              <interp xml:id="F">Fabelerzählung</interp>
              <interp xml:id="S">Satirisches Erzählen</interp>
              <interp xml:id="EX">Exemplarisches Erzählen</interp>
              <interp xml:id="UT">Utopische Erzählung</interp>
              <interp xml:id="MT">Metatextualität</interp>
              <interp xml:id="ZM">Zitat/Motto</interp>
              <interp xml:id="LB">Leserbrief</interp>
            </interpGrp>
          </ab>
        </interpretation>
      </editorialDecl>
    </encodingDesc>
    <profileDesc>
      <creation>
        <name type="place">Graz, Austria</name>
      </creation>
      <langUsage>
        <language ident="es">Spanish; Castilian</language>
      </langUsage>
      <textClass>
        <keywords scheme="http://gams.uni-graz.at/mws">
          <term>
            <term xml:lang="de">Autopoetische Reflexion</term>
            <term xml:lang="it">Riflessione Autopoetica</term>
            <term xml:lang="en">Autopoetical
                            Reflection</term>
            <term xml:lang="es">Reflexión Autopoética</term>
            <term xml:lang="fr">Réflexion autopoétique</term>
          </term>
        </keywords>
      </textClass>
      <textClass>
        <keywords scheme="cirilo:normalizedPlaceNames">
          <list>
            <item>
              <placeName xml:id="GID.1">
                <name ref="http://geonames.org/2510769" type="fcode:PCLI">Spain</name>
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                  <geo>-4.0,40.0</geo>
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              </placeName>
            </item>
          </list>
        </keywords>
      </textClass>
    </profileDesc>
  </teiHeader>
  <text>
    <group>
      <text ana="layout">
        <body xml:space="preserve">
                    <p><milestone unit="E1"
                xml:id="FR.1"/></p>
                    <div1>
                        <head>N<hi
              rend="smallcaps">um</hi>. I.</head>
                        <p
              rend="date">Martes 9. de Junio de 1761.</p>
                        <p rend="MO"><milestone unit="ZM"
              xml:id="FR.2"/> En [sic] iterum,
                            Crispinus, &amp; est mihi sæpe<lb/>vocandus: ad partes<lb/>Ille quem
                            requiris.</p>
                        <p
                rend="QU">Mart. lib. I. Epig. 2. vers. 2. <milestone rend="closer"
              unit="ZM"/></p>
                        <p rend="SO"><milestone unit="E2"
                xml:id="FR.3"/>
                            <milestone unit="MT"
                xml:id="FR.4"/> Entre todas las passiones, que
                            combaten al hombre en esta vida, ninguna admite excepcion mas favorable,
                            ni comento mas honorifico, que la Vanidad. El ansia con que los hombres
                            procuran distinguirse en servir à la Patria, y à la sociedad, sin otra
                            esperanza de premio, que el honor, que merecen; es una virtud, que
                            valuada por su calidad, y essencia, y por las consequencias, que pueden
                            resultar de ella, es heroyca, y digna de los mayores encomios. Aquel que
                            por medio de las Armas sabe forzar las puertas del templo de la fama, y
                            adquiere por sus proëzas, y hazañas una inmortalidad gloriosa, califica
                            su Vanidad de una manera digna de su grandeza; y el que con la pluma
                            ayuda à vencer à los enemigos de la humanidad, que son los vicios, y
                            malas costumbres, <pb
                n="2"/> que la deshonran, es tambien Heroe, que
                            perpetùa su nombre en las generaciones venideras. No es facil resolver
                            quien tenga mas merito para la fama posthuma, si el Militar ilustre, ò
                            el Escritor célebre. La Nacion Española levantò en el Campo de Almansa
                            aquel orgulloso monumento de la Victoria conseguida por las Armas del
                            Glorioso Catholico Monarca Phelipe V.: pero la tradicion huviera apenas
                            conservado los nombres de los Generales que ganaron la Batalla, si los
                            Historiadores no los huviessen insertado en los Fastos del siglo. No hay
                            cosa, que mas se atesta por los escritos, que el olvido. El Militar
                            desaparece, si no le favorece el Autor; en lugar que este, siendo
                            benemerito, se inmortaliza à sì mismo, y renace continuamente de sus
                            cenizas, por la codicia de muchos, que procuran enriquecerse à costa de
                            lo que èl sudò, y dexò escrito.</p>
                        <p>Este deseo de inmortalidad, y fama alborotò la otra noche mis potencias,
                            que batallaban dentro de mì, para disputar este lauro à muchos, que
                            tambien lo pretenden. Conociendo yo, que para mi no hay otra senda para
                            conseguir esta fortuna que la de las Letras, no desdeñè alentar los
                            espiritus con el pensamiento de aplicarme al estudio: yà para vencer una
                            molesta, y profunda melancolìa, que dias ha me posee fatalissimamente,
                            yà para dàr buena quenta del empleo de mi tiempo. Pero despues de haver
                            rebuelto el archivo de mi memoria, <pb
                n="3"/> examinando uno à uno los
                            proyectos, y tramoyas literarias, que en otros tiempos me habian
                            parecido oportunos para este lance, no encontrè material alguna que me
                            lisongeaba con desempeño de aquel precepto grave, que prescribe <hi
                rend="italic">Horacio</hi> à los que trabajan para el Pùblico; de
                            suerte, que casi me vì obligado à abandonar à otros el merito de la
                            inmortalidad, à que aspiraba. Mas no me fue possible resistir al
                            torrente de las idèas, que confusamente se atropellaban unas à otras, y
                            que todas parecian dignas de la pluma. Entre todas me detuvo la
                            consideracion en elegir una, que me pusiesse à cubierto de la critica, y
                            de tantos enemigos como tienen las Letras: que me congraciasse el afecto
                            de los verdaderos Sabios; y que al mismo tiempo tuviesse la fuerza de
                            alhagar el buen gusto de muchos, que con juicio exquisito, y con
                            penetracion peregrina, se emplean en leer farragos, y obras sin
                            substancia; pero me pareciò dificil de encontrar obra que tuviesse
                            tantos requisitos.</p>
                        <p>Indeciso, y vacilante entre estos pensamientos, me propuse escribir un
                            tratado de Theologìa Moral en Castellano, con opiniones nuevas; pero se
                            me desvaneciò esta idèa por otra de emplear mejor à los Esportilleros, y
                            Mozos de Esquina. Un momento despues balanceè entre componer unos
                            Exercicios Espirituales por extractos de Sermones, ò un Ensayo
                            demonstrativo para baylar à la Francesa: y no me faltò el ofre-<pb
                n="4"/>cimiento de intentar una nueva Traduccion del Moreri, ò de publicar un
                            tratado de Geometria, aplicable à la navegacion del Rio Manzanares.
                            Consideren ahora mis Lectores, quánta inteligencia, quánta extension de
                            luces, y conocimientos nos debe posseer un hombre, que se atreva à
                            arriesgarse en un pielago tan hondo de erudicion, y correr por Paìses
                            tan dilatados de Líteratura? Mi irresolucion nació solo de no saber en
                            que materia podria sobresalir mas, y tener menos contrarios. Mas al cabo
                            de haver sudado, y atormentado mis espiritus en el examen de todos estos
                            planes, ninguno saliò admitido.</p>
                        <p>Passè luego revista à las Facultades, y à quantos Ramos, y Classes de
                            Estudios ocupan à los hombres desde Adàn hasta ahora: pero en todos
                            ellos hallè las mismas dificultades. Reconocì, que se havia yà andado
                            tanto camino en las Escuelas, que no quedaba senda, por donde echar para
                            producir algo de util, y exquisito, sin pecar en extremo censurable;
                            porque, en dando algo de nuevo, no faltarìa alguno de aquellos, que sin
                            distinguir de colores, solo aprecian lo que supieron sus Tatarabuelos, y
                            que desdeñando como sospechosa qualquiera novedad, ò descubrimiento, me
                            redarguiría con <hi
                rend="italic">Salomòn</hi>, <hi rend="italic">Terencio</hi>, <hi
                rend="italic">&amp;c</hi>. Y repitiendo solo
                            cosas vulgares, y sabidas por buenas que fuessen, disgustarìa à los
                            inteligentes. Tambien repassè el Mapa de los Reynos, y Provincias, con
                            su Po-<pb
                n="5"/>litica, y Gobierno: pero la multitud de los <hi rend="italic">Tacitos</hi>, y <hi
                rend="italic">Machiavelos</hi>,
                            que han segado este campo, me convenciò de que no podrìa hacer cosa
                            buena en esta materia. La Vida Humana, campo bastissimo para el
                            discurso, me parecíò igualmente assunto precioso, para dàr soltura al
                            ingenio: pero es materia, que, si se ha de tratar segun la Moda, pide un
                            consumado Metaphysico, y un ingenio capàz de profundas meditaciones
                            geometricas: requiere un hombre, que sepa seguir al hombre en todas sus
                            acciones, como <hi
                rend="italic">Reaumur</hi> à los infectos; tratandole
                            como à un ente de razon, que solo existe en la imaginacion de quien le
                            describe. Para tratar de la Vida Humana con acierto, debe el Autor ser
                            un <hi
                rend="italic">Quevedo</hi>, un <hi rend="italic">Santos</hi>, un
                                <hi
                rend="italic">Svvift</hi>, un <hi rend="italic">Le Sage</hi>, un
                                <hi
                rend="italic">Le Noble</hi>, y pintarle tan original, que los
                            menos inteligentes conozcan, que ellos son copias perfectas.</p>
                        <p>Por mas pues, que dì el torcedor à mi espiritu para buscar una obra, que
                            gustandome à mì, gustasse igualmente à todos, me quedè como me estaba,
                            esto es, indeterminado, y sin saber, cómo concluìr la empressa:
                            mayormente considerando, que hay Paìses donde huye la gente de leer
                            Obras, à las quales la utilidad sola sirve de adorno, y donde hasta los
                            apassionados à Libros hallan cara una lectura, que pagan ocho, ò diez
                            quartos; y barato el gusto de media hora de musica, que les cuesta
                            veinte, ò treinta doblones; ò unas coplas escritas en des-<pb
                n="6"/>precio del buen gusto, y que se pagan à peso de dinero.</p>
                        <p><milestone
                unit="E3" xml:id="FR.5"/>
                            <milestone unit="AE"
                xml:id="FR.6"/> Determinème dexar suspensa mi
                            resolucion, y consultarla con mis Amigos, exponiendo à la Tertulia de
                            noche mis inquietudes, à fin que los concurrentes, como mas felices que
                            yo en proyectos, mas fértiles en invenciones, y de imaginacion mas
                            vivos, y perspicaces, me abriessen camino por donde pudiesse salír al
                            pùblico con algun escrito util, deleytoso, y acomodado al tiempo en que
                            vivimos. Hice la misma noche relacion de mis cuitas al concurso; pero
                            quando esperaba algun consuelo, ò arbitrio de parte de los que me oìan,
                            me sorprehendieron sus carcajadas de risa, y la burla que hacian de la
                            perplexidad en que me hallaba. Agotado el humor, que les excitaba à reir
                            tanto, me decian, que estrañaban mucho, que yo ignorasse los tesoros
                            literarios, que yacen ocultos, y olvidados en el seno de los tiempos, de
                            donde nadie pensaba en sacarlos; y mas siendo tantos los materiales, que
                            hay informes, y sin pulir, que se podrian perfeccionar; y que no era
                            honorifico para mi el presumir ellos, que yo vacilasse en la eleccion de
                            una obra, que fuesse conforme à mi genio, y al de la Nacion, para
                            exercer mi pluma.</p>
                        <p><milestone
                unit="E4" xml:id="FR.7"/>
                            <milestone unit="D"
                xml:id="FR.8"/> Es verguenza, decia <hi
                rend="italic">Don Diego Listelo</hi>, y lo confiesso, que tantos
                            sugetos habiles como hay en España, se sepulten en su bata sin
                            manifestar su capacidad, y talentos; y esto con el so-<pb
                n="7"/>lo
                            motivo de la Moda que tiene por indecoroso, y contrario à las reglas, y
                            preceptos que prescribe à sus sequaces, la aplicacion, y el estudio de
                            las Letras. Esta poderosa hechicera tiene apresada la voluntad, hasta de
                            aquellos, que por obligacion de su estado debiessen dàr pùblica
                            demostracion de sus talentos, y honrar con ellos à su Patria. Los
                            presumidos que llevan comunmente la voz en las Tertulias, y Estrados, se
                            valen de esta propia manìa de la Moda, para encubrir, y cohonestar su
                            insolente ignorancia. Dicen, que el ocuparse en comunicar al Pueblo los
                            bienes intelectuales, que cada uno posser [sic], es de necios: que cada
                            qual debe conservar su cienca para sì, y para los Amigos: que el Público
                            es desagradecido, y no reconoce jamàs los favores, que recibe.
                            Finalmente, que la propia conducta de ellos, y su fortuna, es el
                            testimonio mas autentico, de que los hombres habiles, cuyos escritos,
                            quando mas, les grangean alabanzas de viento, andaràn siempre à pie, y
                            quedaràn à la puerta de las antesalas, mientras que ellos, guiados de su
                            genio adulador, y patrocinados de la Moda, salpican à todos con sus
                            Coches, y descansan sobre los Canapees en los Gabinetes de los Señores.
                            Sepase, añadiò Don Diego, que el hombre trabajador, y de capacidad,
                            forma un lunar de luces en el engañoso azerado espejo de la necedad, è
                            ignorancia, que es el espejo de la Moda, y que <pb
                n="8"/> qualquier
                            Autor bueno, dando à luz sus escritos, se hace enemigo de muchos, que
                            antes le eran amigos, ò indiferentes. Luzcalo V.m. proseguia de la misma
                            suerte; y si quiere trabajar por fuerza, busque ocho, ò diez obras del
                            decimo tercio à decimo quarto siglo, dèlas un baño de agua de ras, y sin
                            cansarse la cabeza tendrà V.m. infulas de Autor, y Escritor pùblico;
                            pues esta estratagema basta oy dia para tenerlas. Y si no me cree,
                            pregunteselo à los Areopagos de Madrid, quienes averiguando
                            bastantemente esta verdad en la Republica de las Letras.</p>
                        <p>No tan impaciente, señor <hi
                rend="italic">Don Diego</hi>, decia <hi
                rend="italic">Don Pablo Deduceo</hi>, si yo no me lisonjèo de la
                            nerviosa eloquencia que V.m. possee, para poder hablar magistralmente en
                            un assunto tan digno de reprehenderse en nuestros Españoles; no por esto
                            dexa de persuadirme mi amor propio, que sin exceder à otros, puedo
                            censurar con conocimiento de causa, las imperfecciones, y descuidos, que
                            padecen las Letras. En su Republica se han de mirar las omisiones menos
                            notables, y castigar severamente el vicio, la nesciencia, y la loca
                            vanidad de aquellos, que sin haver jamàs dado indicios de sus luces,
                            pretenden ser tenidos por Padres conscriptos de la Literatura. La Moda
                            causa el mal; su remedio està en acometer à esta Fiera en sus
                            trincheras, y arrancarla la mascara con que engaña á <pb
                n="9"/>
                                tantos.<hi rend="superscript"><note
                n="1">Cartas de Milord Orrery à
                                    su hijo Hamiltòn Boyle. Londres 1752. en octavo.</note></hi>
                            <milestone
                unit="E5" xml:id="FR.9"/>
                            <milestone unit="EX"
                xml:id="FR.10"/> El chistoso <hi
                rend="italic">Svvift</hi> pretendìa, que los Ingleses le hiciessen Inspectór de
                            las muestras, que tienen las Tiendas de la Ciudad de Londres; à fin de
                            corregir la Ortographìa, y las representaciones, que se vèn pintadas en
                            ellas. Proponía este proyecto, como un medio oportuno, y facil para
                            enseñar à deletrear à los niños, y rusticos, que se entretienen, y
                            emboban con qualquiera cosa que vèn en las calles; y para que los
                            Estrangeros, que murmuran de todo, supiessen, que los Magistrados
                            estienden su solicitud hasta sobre las cosas menos advertidas.
                                <milestone
                rend="closer" unit="EX"/>
                            <milestone rend="closer"
                unit="E5"/> Nosotros, añadiò Don Pablo, que no
                            estilamos semejantes muestras, pudieramos crear, en lugar de un Censor
                            de ellas, un Superintendente de Modas, con el cargo de que ninguna se
                            introduxesse en el Reyno hasta saber à punto fixo, à quanto havia de
                            subir, ò de baxar en cada año el interès que tendria la Real Hacienda, y
                            el Pueblo en admitirla, ò en recusarla.</p>
                        <p>Rieron los Tertulios de la juiciosa salada critica, que hacìa Don Pablo
                            de nuestro genio noveléro, è imitador de las costumbres, y modas afuera.
                            Entonces mi particular amigo, y favorecedor el Doctor Murasil, queriendo
                            patrocinar mis intentos, decia, que èl era de dictamen, que para
                            producir una cosa divertida, serìa menester no enconarse, ni reñir con
                            la <pb
                n="10"/> Moda, antes bien acariciarla, como de quien convendría
                            mucho el beneplacito, para salir ayroso à la palestra. Que nada le
                            parecia mas al caso, que un Papelucho periódico de poco cuerpo, por ser
                            obra muy apetecida de los Aulicos de la Moda, retratando en èl las
                            extravagancias, y ridiculeces, con que los hombres deshonran la
                            naturaleza. Una Obrilla, decia, de esta casta, no serìa menos util, ni
                            menos divertida, que lo es la de contemplar las cosas sublunares, con
                            todas sus excelencias, y grandezas. <milestone
                unit="E5" xml:id="FR.11"/>
                            <milestone unit="EX"
                xml:id="FR.12"/> Pretende el Doctor, que se debe
                            tratar al Público, como el Padre de <hi
                rend="italic">Horacio</hi>
                            trataba à su hijo; pues para darle à conocer el cariño que le tenia, y
                            el deseo de su aprovechamiento en el comercio de las Gentes, no le
                            encareciò menos lo ridiculo de los exemplos, que le proponìa evitar, que
                            la perfeccion, y decencia de los modèlos, que le aconsejaba seguir.<hi
                  rend="superscript"><note
                n="2"> . . . . . Insuevit pater optimus hoc
                                    me/Ut fugerem exemplis vitiorum quaque notando/ . . . . . &amp;
                                    sive jubebat/Ut facerem quid: habes auctorem quo facias hoc.
                                    Lib. I. Sat. 4.</note></hi>
                            <milestone
                rend="closer" unit="EX"/>
                            <milestone rend="closer"
                unit="E5"/>
                            <milestone unit="E5"
                xml:id="FR.13"/>
                            <milestone unit="EX"
                xml:id="FR.14"/> Alegò, para apoyar mejor su
                            pensamiento, el methodo de un noble Lord Inglès, que para doctrinar à su
                            hijo, le dedicaba successivamente su traduccion del segundo Plinio, y la
                            ediccion, que publicò de las Obras del Dean de San Patricio; <pb
                n="11"/> justificando este proceder, y estraño modo de pensar, con un passage
                            de <hi
                rend="italic">Virgilio</hi>, que favorece de un modo concluyente
                            el Plàn que propuso mi amigo,<hi
                  rend="superscript"><note
                n="3">Hæc
                                    sunt, quæ nostra liceat, te voce monstrare;/Vade,
                                age.</note></hi>
                            <milestone
                rend="closer" unit="EX"/>
                            <milestone rend="closer"
                unit="E5"/> el qual rematò con decir, que la
                            Obra que se havia de emprehender, debia ser una descripcion puntual, y
                            graciosa de la vida, y acciones de los hombres, en aquella parte, en que
                            su locura les hace ridiculos, y dignos de una compassion ironica. Esto
                            es, una Historia del Corazon humano, y de sus vicios, è imperfecciones;
                            para que riendose todos de los desbarros, y locuras que cometen los
                            hombres, pudiera cada uno instruirle divertidamente de sus obligaciones,
                            y conocerse por original de la fabula, sin inculcarselo con Sermones de
                            Quaresma, ni querer exasperarle el ánimo. <milestone
                rend="closer" unit="D"/>
                            <milestone rend="closer"
                unit="E4"/>
                        </p>
                        <p>Todo el congresso convino de la bondad del pensamiento, el que quedò
                            admitido <hi
                rend="italic">nemine contradicente</hi>. Al punto mismo se
                            acordò forjar un Papel, en que tuviessen parte todos los Tertulios, de
                            repartir entre ellos el trabajo por partes, y de encargar à uno solo la
                            execucion, y economìa del todo. El concurso Tertuliano (sin ser el
                            discreto) tiene derecho à este Escrito, como que todos sus individuos
                            contribuyen directa, ò indirectamente à su formacion, y hechura: unos
                            con observaciones propias; <pb
                n="12"/> otros con discurrir sobre
                            aquello que llegue à su noticia; y todos con assistir al examen, y al
                            analysis, que se debe hacer de los assuntos antes de publicarlos:
                            haviendose resuelto por todos los Votos de los concurrentes à la Obra,
                            el no permitir personalidades, casos particulares, ni cosas, que sean
                            capaces de aludir à determinados sugetos.</p>
                        <p><hi
                rend="italic">Deduceo</hi> ha querido encargarse de lo perteneciente
                            al Theatro. El tendrà la inspeccion sobre las Comedias, y sus
                            Representaciones, con jurisdiccion critica sobre la Musica, Bayles, y
                            Festejos pùblicos, y privados. <hi
                rend="italic">Listelo</hi> cuidarà de
                            lo que ocurriere en los Passeos, y Visitas: y como es hombre que
                            entiende la Politica, y los interesses de los Principes, sabiendo
                            adivinar muy de antemano los sucessos de la guerra, y los motivos de la
                            paz, sin jamàs errar en sus Pronosticos, se le ha agregado la Puerta del
                            Sol, y Calles vecinas, donde hay corrillos de Novelistas. <hi
                rend="italic">Philoteo</hi> se dedicarà à la pesquisa de secretos, y
                            negocios domesticos, ò de familia; esto es, averiguarà las passiones
                            personales, para poder alabar la paciencia del marido, la mansedumbre de
                            la muger, la docilidad de los hijos, la bondad, y juicioso proceder de
                            los amos, la lealtad, y exactitud de los criados, ò para poder
                            reprehender los vicios, y extravios, que descubriere en su conducta. <hi
                rend="italic">Don Isidoro Nadàl</hi>, que se congenia admirablemente
                            con la Historia, ha tomado por tarea el reconocimien-<pb
                n="13"/>to de
                            los Fastos Politicos, y Civiles, para bolvernos à la vista algunos
                            sucessos, en que excedieren los vicios, ò las virtudes. Tratarà esta
                            materia con verdad, con discrecion, y sin passion, ò complacencia, por
                            Nacion, ò Pueblo que sea. A mì me han dexado el Capitulo de las Modas,
                            con la inspeccion sobre los Estrangeros, que viniessen à esta Corte para
                            establecerlas. Tengo tambien comission para explorar los menéos de
                            aquellos Charlatanes, Saltinbancos, y hombres con secretos, que se
                            anuncian por las esquinas, y que nos prometen sacar el oro, y la plata,
                            en paga de curar sabañones, ò de suavizarnos el cutis.</p>
                        <p>Tambien ha venido la Tertulia en solicitar la amistad de diversos sugetos
                            de esta Corte, y Reynos, para tener noticia de lo que passa en las
                            familias; y sobre todo, la actividad de un cierto <hi
                rend="italic">Don
                                Agapìto</hi>, hombre que tiene lista, è instruccion individual de
                            las fortunas à que puedan aspirar los que sin patrocinio viven
                            olvidados, y desvalìdos. La Tertulia se empeñarà del mismo modo con un
                            Maestro de Bayle, y con otro de Lenguas, porque son por lo regular
                            confidentes de sus discipulos, y discipulas, y no pocas veces agentes de
                            sus dependencias. La necesidad de tener igualmente propicio à alguno de
                            aquellos convidados perpetuos, que assisten à todas mesas sin ser
                            llamados, y de quienes se pueden sacar muchas noticias, y avisos
                            curiosos de vidas agenas, y de las novedades, <pb
                n="14"/> que se
                            introducen en los convites, diò al principio inquietud; pero al fin se
                            ha grangeado la voluntad de uno de los mas famosos, que se conocen en
                            las dos Castillas.</p>
                        <p>Esta es la reparticion, que la Tertulia hizo del trabajo, y los assuntos
                            que deben servir para este Papelito. La Obra serà una especie de galerìa
                            de Pinturas, en que se veràn colegidas las riquezas mas preciosas del
                            pincèl de los mejores Artifices. Las piezas que la deben adornar, seràn
                            originales, ò copias fieles, y à lo natural; esto es, simples, pero
                            verdaderas. Los hechos, que recordarèmos, estaràn acomodados al tiempo,
                            y à la situacion de las cosas. Los colores de los Retratos seràn vivos,
                            de buena tinta, y nada equìvocos. Con un Raphaèl, un Vandyck, un
                            Murillo, &amp;c. alternarà un Teniers, un Calot, un Vvouvvermans, un
                            Boschi, para que el contraste, y variedad de assuntos hagan menos
                            desapacible la lectura. No es el ánimo de la Tertulia predicar, ni
                            corregir los vicios, ò defectos humanos con azotes, ni à zurriagazos:
                            este empleo se dexa à quienes toca de oficio. El fin principal de este
                            divertimiento es retratar la virtud hermosa, y ridiculo el vicio;
                            sirviendo el gusto, la amenidad, y el comercio de las gentes, como de
                            medios conducentes, y propios, para acertar, y merecer el aplauso de
                            aquellos, que se interessan en el bien de la sociedad. Como las
                            diversiones, passatiempos, &amp;c. son por la mayor parte indiferen-<pb
                n="15"/>tes para el bien, y para el mal; la fortuna de poder en
                            algun modo detener el enturbion, y fluxo de tantos, como sin reflexion,
                            ni reparo se precipitan en el error, dà esperanza que no serà dificil
                            reformar con el tiempo los desordenes, que nacen simplemente del mal
                            uso, que se hace de qualquiera recreacion, ò gusto licito, y permitido.
                            No es el designio de la Tertulia formar nuevo systèma particular. Los
                            systèmas son regularmente meras pantallas, que encubren la ignorancia;
                            pero esta jamàs se disfraza tan cabalmente, que no dexe de traslucirse
                            en los Systematicos.</p>
                        <p>La Tertulia tiene por conducente para el fin que se propone en esta Obra,
                            valerse de diferentes rasgos historicos, tratados obscuramente, y con
                            negligencia por los Historiadores. En la Historia hay bellissimas
                            digresiones, que hacen amena, y gustosa la Literatura, y para separarlas
                            del cuerpo, no hay inconveniente alguno. Para tratar con felicidad
                            hechos historicos, y darlos nuevo sèr, y aumento de interès, no se pide
                            sujecion à reglas, ni preceptos. Tampoco son menester modelos grandes,
                            quando se tocan las materias solo por via de incidente: basta, que en
                            quien los maneja, hay verdad, equidad, y discernimiento, pues con estas
                            prendas puede qualquier Autor lucir, y acertar. Si los sucessos no
                            fuessen nuevos para los que estudiaron la Historia, à lo menos lo seràn
                            en el modo de exponerlos, despues de una rigurosa critica <pb
                n="16"/>
                            de las Anecdotas, que huviera sobre ellos: no de aquella casta de que se
                            valieron <hi
                rend="italic">Petronio</hi>, <hi rend="italic">Varillas</hi>, el <hi
                rend="italic">Aretino</hi>, y otros, que sin
                            piedad saeteaban à quienes miraban con aversion, ò desprecio; sino de
                            las simplemente relativas al objeto de la Historia en general; pues
                            estas nos proveen de bastante caudal para estudiar el espritu del
                            hombre, y las enfermedades de ambicion, avaricia, sensualidad, &amp;c.
                            que tan lastimosamente estàn propagadas en la especie humana.</p>
                        <p>Si la formacion, y el acuerdo de este Plàn Literario no se hizo sin
                            algunas contestaciones, y molestias, mayores las huvo quando se tratò de
                            poner nombre, ò titulo à la Obra. Pero la consideracion del Plàn, y de
                            sus circunstancias: el deseo de los Tertulios de distinguirse con ánimo
                            puro, y libre, y de poder introducir entre nosotros una reforma
                            domestica, de cuyo logro se prometen essenciales bienes à favor de la
                            Monarquìa, y sus Individuos: el motivo que alegan por no querer ser
                            conocidos: el tiempo en que se publìca este Escrito, y el fin à que se
                            dirige, vencieron todas las dificultades, y tropiezos, y reunieron todos
                            los Votos, para llamar à este Folleto: <hi
                rend="italic">El Duende
                                Especulativo, sobre la Vida Civil</hi>. La razon porque todos se
                            declararon à favor de este titulo, es: 1. Porque no hay cosa en sentir
                            del vulgo mas familiar, que un Duende. 2. Porque todos le tienen miedo,
                            y èl à nadie hace mal si no le provocan. <pb
                n="17"/> 3. Porque para
                            saber la verdad de las cosas, y poder vituperar los vicios, y
                            ridiculeces de los hombres, es menester examinarlas personalmente, y
                            jamàs fiarse en relaciones de otros. 4. Porque serà menester assistir
                            invisible en qualquiera parte, para que nadie pueda disfrazarse, ni
                            poner la mascarilla, en lo que dixere, ò executare. 5. y ultimo: Porque
                            los que tienen que avisar, lo querràn hacer sin miedo, ò sonrojo: no
                            haviendo hombre alguno, que no estíme mas descubrir su pecho à quien no
                            le conozca, ni trate, que à otros, que mañana puedan perjudicar al
                            denunciador en su honor, y en sus interesses.</p>
                        <p>El Duende, sin valerse del Anillo de Giges, ni de pactos ilicitos,
                            procurarà hallarse presente à todo, exerciendo jurisdiccion, y dominio,
                            sin parcialidad, ni complacencia, sobre las costumbres, y estìlos
                            generales, y particulares. Se hallarà en las Iglesias, para zelar el
                            decoro, y la respetuosa veneracion con que debemos tratar al objeto de
                            nuestras adoraciones, que en ellas visitamos. Estarà en los Passeos,
                            para averiguar si las Señoras salen de sus casas, para recrearse el
                            ánimo, hacer exercicio, y procurarse, por medio de esta dissipacion
                            honesta, nuevas fuerzas para cuidar de sus obligaciones; ò si son otros
                            los motivos, que las mueven para dexarse vèr en pùblico. Concurrirà en
                            Visitas, y Saráos, à fin de observar el contravando de las Modas; los
                            nuevos formularios de murmurar <pb
                n="18"/> las Señoras unas de otras;
                            la variedad, que huviere en el modo de saludarse, darse, y tomarse la
                            mano, presentarse el rostro, y sentarse; los adelantamientos de las
                            marchas, rendimientos, cabriolas, y extravagancias de los Petrimetres,
                            que se citan de antemano, para que el concurso de estas visitas estè mas
                            lucído, y mas sonada la comitiva de los concurrentes. Frequentarà el
                            Duende el Theatro, sin distincion, ni preferencia de Coliséo, para notar
                            el agravio que hace à la Nacion una Comedia mal escrita, y peor
                            representada. Armado de la razon, y del buen gusto, trabajarà en
                            desterrar de las Tablas aquellas bufonadas frias, è indecentes, que solo
                            deleytan à gente baxa, y sin conocimiento, y vilipendian el Arte Cómico,
                            cuyo oficio es instruìr riendo; procurando assi estrechar, en quanto
                            fuere possible, las Representaciones à limites theatrales, è
                            indispensables. Finalmente, el Duende se presentarà en concursos, y
                            corrillos pùblicos, con el fin de estudiar los diferentes caracteres de
                            los hombres, y sus passiones; juzgando en uno, por la phisonomìa, y
                            gestos, su habitud, è inclinaciones; y descubriendo en otro sus vicios,
                            por su indiscrecion, y modo de explicarse.</p>
                        <p>El Duende sentado como en una Camara obscura enmedio del pùblico, sin ser
                            conocido, ni observado de nadie, dexarà plena libertad, para que
                            displicentes los unos, desabrochen su vanidad impertinente, y los otros
                                ofen-<pb
                n="19"/>didos, manifiesten su ignorancia presumida, en
                            esgrimir sus armas contra èl, y contra sus discursos. Como toda la
                            ambicion de los Tertulios de esta Obra, se compendia en los limites del
                            deseo de poder conseguir un bien para todos; el Duende, executòr de sus
                            mandatos, revestido de una insensibilidad estoica, sabrà dissimular
                            aquellos disgustos transitorios, que sirven de potro à los que
                            sobresalen, y brillan entre el comun de los Literatos. El, ni solicìta
                            adulacion, ni merece desprecio; y assi escucharà sin commocion, ni
                            mysterio, quanto de èl se dixere. Nada se le dà, que le alaben, ò que le
                            censuren, porque se hace cargo, en calidad de Duende, que nadie le
                            conoce; y hallandose invisible en qualquiera parte, aquellos mismos que
                            redarguiràn, ò abonaràn sus escritos, le pondràn en estado para que sea
                            Juez, y sentencie los meritos de su propria causa.</p>
                        <p>Allà, Lectores, allà os và el Plàn, la substancia, el orden, y las partes
                            de este Escrito Periodico, que se continuarà con tesón, y prudencia,
                            hasta vèr logrado el fruto, y hasta conocer, que no en balde sudaron los
                            Tertulios en las tarèas que se señalaron. La propension natural, que
                            tiene el Duende de remontar sus pensamientos à otra esfera, es causa que
                            algunas veces, elevandose sobre el comun modo de pensar de los hombres,
                            tropiece en un átomo de Epicuro, ò en un turbillòn de Cartesio.</p>
                        <p><pb
                n="20"/> Como el Duende jamàs se ha dexado arrastrar de la Opinion,
                            ni que jamàs ha jurado pleyto omenage à la inconstancia, y fantasìa del
                            sexo femenìl, nadie le debe creer esclavo de sus caprichos, ò antojos.
                            Sin desdeñar la compañia de las Damas, sin murmurar de sus modales, sin
                            contestar sus pretensiones, ò calumniar los medios que emplean para
                            fixar la atencion, y cariño de los hombres, y hacerle dueñas, y arbitras
                            de su voluntad, y espiritu; el Duende se contenta con el simple
                            privilegio que le dà el sèr del nombre. Assistirà con entereza à Bayles,
                            y Funciones de Estrado, poniendo sin conato en corregir las
                            inadvertencias, ò descuidos que notasse, antes que los puedan reparar
                            los hombres, y los ridiculìcen. Algunas veces se divertirà con el
                            Abanico para adiestrarse en su manejo, y compondrà una flor, ò piocha,
                            que no tuviesse toda la gracia, y delicadeza, que huvieran podido darla.
                            Consagrarà algunos ratos en examinar los medios mas naturales, y
                            propios, para realzar mas en las Señoras su corporal belleza, y asséo. Y
                            sobre todo harà lo possible, para que sin envilecer su estílo, se
                            proporcione à las luces del sexo, con el fin de ennoblecer mas, y mas su
                            espiritu, y de conseguir la utilidad, que se puede sacar de un escrito,
                            que se lee por passatiempo, y que sin embargo encierra lo mas essencial
                            de la obligacion de su estado.</p>
                        <p>Los Discursos seràn partes de un todo, que <pb
                n="21"/> sin ser systèma,
                            compondrà una cadena de verdades sueltas, no amargas, y que examinadas,
                            y combinadas unas con otras, representaràn à cada cosa con su verdadero
                            semblante, y sin los adornos que ordinariamente engañan, mas que
                            instruyen. El Duende estiende su dominio sobre la Moral en general, y en
                            particular; y solo se pone entredicho en la entrada de los Gabinetes;
                            porque no quiere consultar el Oraculo sobre el bien, ò el mal, que pueda
                            resultar de esta, ò de aquella providencia gubernativa. Si alguno
                            estrañasse tal qual traduccion literal; el Duende la denuncia desde
                            ahora, para tener parte en el commisso; pero quiere que no la equivoquen
                            con lo que fuesse de propio marte; porque no escribe <hi
                rend="italic">invita Minerva</hi>. El Duende no quiere contestaciones, ni
                            disputas con Poesìas sueltas, ni con Poetas de Ciegos, y menos quiere
                            mover pleyto sobre frases, ò sylabas de la lengua. Hable, y escriba cada
                            qual como Dios le ayudàre; à èl le basta, que le dexen examinar el
                            mundo, por adentro, y por afuera. Contentese cada qual con saber, que el
                            Duende es ente de humanidad, y que existe real, y visiblemente, para
                            quien le conozca; à nadie le incumbe saber, si tiene conveniencias, ni
                            adonde viven sus Amigos. El Duende es Duende, que sin romperse mucho la
                            cabeza en ajustar equaciones de razon con el deber de cada uno,
                            procurarà dar à cada cosa, lo que es suyo, sin que nadie tenga motivo
                            para acreditarse de <pb
                n="22"/> hombre grande, ni de cientifico con el
                            valor material de sus discursos. Nadie debe tener miedo del Duende; pues
                            à nadie ha de reñir sus descomedimientos, ni echarà al Pùblico en cara
                            su mal gusto, su porfía, su injusticia, ni su falta de inteligencia en
                            los assuntos que leerà en los papeles. El Duende està muy satisfecho con
                            que èl se entienda, y que Dios entiende aquello que escribe. No està tan
                            de espacio, que quiere perder su tiempo en mendigar aceptacion, aplauso,
                            ni premio. Tampoco quiere presentar Memorial al Pùblico, para que le
                            admita sus faénas, y menos molerlo con repeticiones enfadosas, y
                            ridiculas súplicas, de que mude de paladar, y se saboree con los platos,
                            que le pongan delante. Los materiales que el Duende emplearà en su
                            fábrica literaria, no han de servir á los Petrimetres para lucirlo en
                            los conciliabulos de la Moda, donde todos los assistentes se distinguen
                            con luces prestadas, que alli hacen mejor efecto, que las proprias. Es
                            de creer, que el Pùblico, viendo que el Duende le conoce, y que no
                            escribe por complacer, embaynarà su estoque critico, al punto, que no
                            halle con quien hacer de valiente, y medir sus armas. Los esfuerzos, que
                            harà el Duende, para perfeccionar los eslabones de la cadena, que une à
                            todos los hombres, no se deben à la estimacion de los Grandes, al aura
                            popular, à la codicia del dinero, y mucho menos à la insinuacion, y
                                fa-<pb
                n="23"/>vor de sus Amigos, ò Conocidos: los Autores, que
                            escriben por uno de estos incitamientos, y sin verdadero merito, no se
                            podràn sostener mucho tiempo, y quedaràn presto olvidados.</p>
                        <p>El célebre <hi
                rend="italic">Pope</hi> con talentos superiores se viò
                            acosado de una multitud de Gozques literarios, que le mordian con un
                            furor indecible. No hay desventura igual à la que sufren aquellos, que
                            se aplican à las Letras; si un Autor no acierta, todos le insultan, y
                            hacen burla de èl: si logra honor, y credito, la critica le emprende, y
                            rebuelve no solo à èl, y à su Obra, sino à toda su vida, y milagros, y
                            muchas veces hasta à los huessos de sus mayores. Quàntas veces tuerce, è
                            interpreta siniestramente la malicia los pensamientos mas claros, y
                            genuinos; procurando con sentidos peligrosos, y seductivos adulterar
                            proposiciones, y envenenar palabras? Para que un Autor estuviesse al
                            abrigo de la mala intencion, serìa menester, que cessasse de ser hombre,
                            por no sentir los desayres de muchos, que, viendo descubiertos sus
                            demeritos, no sossiegan hasta vengarse de quien, arrancandoles la
                            mascara, les pone à la verguenza. Los ambiciosos, los avarientos, los
                            ignorantes, &amp;c. unen sus fuerzas para declarar la guerra, y sepultar
                            los Escritos, en que se les retrata à lo natural, y con colores
                            verdaderos: estos, à fin de embozar su ignorancia; aquellos, para <pb
                n="24"/> ocultar las tramoyas, y ardides con que se levantaron, y
                            consiguieron premios, y honores, que no corresponden à sus talentos, ò
                            servicios.</p>
                        <p>Finalmente, el Duende ha juzgado prevenir, que estos Discursos no seràn
                            consequentes, ni seguidas las materias. Muchas veces escribirà de dia,
                            los que huviere soñado de noche. El sueño le servirà para elegir los
                            assuntos mas propios del tiempo; no perdiendo jamàs de vista las
                            passiones, ò defectos humanos, que le huviesse entonces presentado la
                            memoria. <hi
                rend="italic">Lucrecio</hi> dice, que las ocupaciones del
                            dia son las materias con que los espiritus se entretienen de noche. Como
                            estàn los sentidos entonces libres, los espiritus recogidos, y atentos
                            desmenuzan, y analyzan con mas comodidad los pensamientos, y objetos,
                            que los ocupan, y reconocen en el silencio con mas cuidado la naturaleza
                            de las cosas. Por esto seràn preferidas las idèas, que ocurriessen de
                            noche, à las del dia, no siendo justo se pierda por negligencia, una
                            tarèa intelectual, que tiene casi siempre en la misma naturaleza su
                            principio.</p>
                        <p>Los Lectores podràn quizà dexarse de lo poco, que tendràn que leer por su
                            dinero en algunos papeles: el Duende les advierte, que no harà caso de
                            sus quexas. A èl le baste haverles prevenido, que toma la pluma para
                            comunicar <hi
                rend="italic">ad extra</hi> sus pensamientos, y medita-<pb
                n="25"/>ciones; y que à èl le cuesta mas el producirlas, que al
                            Pùblico el pagarselas. No podrà este jactarse, de que el Duende se venda
                            por esclavo, y mucho menos que se ponga à sus pies, ò le suplìque le
                            mantenga sus obligaciones. Gracias à Dios, el Duende tiene Amigos
                            verdaderos, y experimentados, à quienes acudirà en sus aprietos, y no al
                            Pùblico, que jamàs lo fue de nadie.</p>
                        <p>Por concluìr: Esta Obra es Niño Exposito, recojale el que quiera, y
                            tratelo à su gusto: una vez que salga de las manos de su procreador,
                            queda abandonado con todos los derechos de propriedad à quien la desee
                            morder, ò acariciar. Tampoco quiere el Duende empeñarse, ni hacer
                            escritura de obligacion de dàr dos, tres, ni quatro pliegos cada vez;
                            darà aquello que fuesse de su gusto, y permitiesse el tiempo: acomodese
                            cada qual con el Librero, quien sabe el precio del Papel, y los gastos
                            de la Imprenta; el Duende dà el trabajo de valde. Y sepase una vez para
                            todas, que el Librero es el Compadre Marcos, y que el Duende no pone mas
                            que la parla.</p>
                        <p><hi
                rend="smallcaps">Fin</hi>. <milestone rend="closer" unit="AE"/>
                            <milestone
                rend="closer" unit="E3"/>
                            <milestone rend="closer"
                unit="MT"/>
                            <milestone rend="closer"
              unit="E2"/></p>
                        <p rend="SO"><pb n="26"/>
                            <hi
              rend="smallcaps">Nota</hi>.</p>
                        <p rend="SO"><hi
              rend="italic">Qualquiera Persona, que quisiere recibir
                                estos Discursos en la Provincia donde habita, conforme vayan
                                saliendo, puede remitir à uno de los Libreros que los vende su
                                Nombre, y el Lugar de su residencia, dando orden en Madrid à pagar
                                su importe à satisfaccion de los Libreros, que tendràn cuidado de
                                remitirselos puntualmente, sin necessidad de subscripciones, ni
                                otras formalidades escusadas para Papeluchos de tan poca
                                substancia.</hi></p>
                        <p
                rend="SO"><hi rend="smallcaps">Advertencia</hi>.</p>
                        <p
                rend="SO">Estos Discursos saldràn el propio dia que se anuncie en el
                            antecedente, sin que haya en esto falta, ni descuido de parte del Autor,
                            ni de los Impressores. Solo se pondràn una vez al mes en la Gaceta, por
                            no embararla siempre con un mismo reclamo: porque el Autor se lisonjèa,
                            que la bondad de la Obra serà bastante espuela para que se venda, y
                            desde su retiro darà las disposiciones, para que el Pùblico le tenga por
                            hombre de provecho, sin anunciarse personalmente en parte alguna,
                            respecto que guardarà, en quanto pueda, el incognito; y si le
                            descubriessen, èl es el propio de antaño, y nada mas.</p>
                        <p>Qualquiera Persona, assi natural de estos Reynos, como de los
                            Estrangeros, que quissiesse <pb
                n="27"/> ser Sabio à poca costa, puede
                            remitir sus Discursos, ò Meditaciones à qualquiera de los Libreros que
                            venden este, para que, mereciendolo, parezcan en pùblico con sus
                            nombres, ò sin ellos. No importa que vengan en qualquier Idioma: tiene
                            el Duende à su sueldo sugeto, que se precia de inteligente en algunos,
                            sin necessitar de auxilio forastero; lo que debe acquiescer el ánimo de
                            aquellos que tuviessen que participarle algun secreto de
                            importancia.</p>
                        <p><hi
                  rend="italic">El Discurso proximo se darà el Sabado 13. de Junio de
                                1761. <milestone
                  rend="closer" unit="E1"/></hi></p>
                        <p/>
                    </div1>
                </body>
      </text>
      <text ana="framings">
        <body
                xml:space="preserve">
                    <div>
                        <ab>
                            <seg
                synch="#FR.1" type="E1">
                                <seg
                  type="U1">Num. I.</seg>
                                <seg
                  type="DT">Martes 9. de Junio de 1761.</seg>
                                <seg type="MO"><seg
                    synch="#FR.2"
                    type="ZM"> En [sic] iterum,
                                        Crispinus, &amp; est mihi sæpe<lb/>vocandus: ad
                                        partes<lb/>Ille quem requiris.</seg>
                                    <seg
                  type="QU">Mart. lib. I. Epig. 2. vers. 2. </seg></seg>
                                <seg
                  synch="#FR.3" type="E2">
                                    <seg synch="#FR.4"
                      type="MT"> Entre todas las passiones, que
                                        combaten al hombre en esta vida, ninguna admite excepcion
                                        mas favorable, ni comento mas honorifico, que la Vanidad. El
                                        ansia con que los hombres procuran distinguirse en servir à
                                        la Patria, y à la sociedad, sin otra esperanza de premio,
                                        que el honor, que merecen; es una virtud, que valuada por su
                                        calidad, y essencia, y por las consequencias, que pueden
                                        resultar de ella, es heroyca, y digna de los mayores
                                        encomios. Aquel que por medio de las Armas sabe forzar las
                                        puertas del templo de la fama, y adquiere por sus proëzas, y
                                        hazañas una inmortalidad gloriosa, califica su Vanidad de
                                        una manera digna de su grandeza; y el que con la pluma ayuda
                                        à vencer à los enemigos de la humanidad, que son los vicios,
                                        y malas costumbres, <pb
                      n="2"/>que la deshonran, es tambien
                                        Heroe, que perpetùa su nombre en las generaciones venideras.
                                        No es facil resolver quien tenga mas merito para la fama
                                        posthuma, si el Militar ilustre, ò el Escritor célebre. La
                                        Nacion Española levantò en el Campo de Almansa aquel
                                        orgulloso monumento de la Victoria conseguida por las Armas
                                        del Glorioso Catholico Monarca Phelipe V.: pero la tradicion
                                        huviera apenas conservado los nombres de los Generales que
                                        ganaron la Batalla, si los Historiadores no los huviessen
                                        insertado en los Fastos del siglo. No hay cosa, que mas se
                                        atesta por los escritos, que el olvido. El Militar
                                        desaparece, si no le favorece el Autor; en lugar que este,
                                        siendo benemerito, se inmortaliza à sì mismo, y renace
                                        continuamente de sus cenizas, por la codicia de muchos, que
                                        procuran enriquecerse à costa de lo que èl sudò, y dexò
                                        escrito. Este deseo de inmortalidad, y fama alborotò la otra
                                        noche mis potencias, que batallaban dentro de mì, para
                                        disputar este lauro à muchos, que tambien lo pretenden.
                                        Conociendo yo, que para mi no hay otra senda para conseguir
                                        esta fortuna que la de las Letras, no desdeñè alentar los
                                        espiritus con el pensamiento de aplicarme al estudio: yà
                                        para vencer una molesta, y profunda melancolìa, que dias ha
                                        me posee fatalissimamente, yà para dàr buena quenta del
                                        empleo de mi tiempo. Pero despues de haver rebuelto el
                                        archivo de mi memoria, <pb
                      n="3"/>examinando uno à uno los
                                        proyectos, y tramoyas literarias, que en otros tiempos me
                                        habian parecido oportunos para este lance, no encontrè
                                        material alguna que me lisongeaba con desempeño de aquel
                                        precepto grave, que prescribe Horacio à los que trabajan
                                        para el Pùblico; de suerte, que casi me vì obligado à
                                        abandonar à otros el merito de la inmortalidad, à que
                                        aspiraba. Mas no me fue possible resistir al torrente de las
                                        idèas, que confusamente se atropellaban unas à otras, y que
                                        todas parecian dignas de la pluma. Entre todas me detuvo la
                                        consideracion en elegir una, que me pusiesse à cubierto de
                                        la critica, y de tantos enemigos como tienen las Letras: que
                                        me congraciasse el afecto de los verdaderos Sabios; y que al
                                        mismo tiempo tuviesse la fuerza de alhagar el buen gusto de
                                        muchos, que con juicio exquisito, y con penetracion
                                        peregrina, se emplean en leer farragos, y obras sin
                                        substancia; pero me pareciò dificil de encontrar obra que
                                        tuviesse tantos requisitos. Indeciso, y vacilante entre
                                        estos pensamientos, me propuse escribir un tratado de
                                        Theologìa Moral en Castellano, con opiniones nuevas; pero se
                                        me desvaneciò esta idèa por otra de emplear mejor à los
                                        Esportilleros, y Mozos de Esquina. Un momento despues
                                        balanceè entre componer unos Exercicios Espirituales por
                                        extractos de Sermones, ò un Ensayo demonstrativo para baylar
                                        à la Francesa: y no me faltò el ofre-<pb
                      n="4"/>cimiento de
                                        intentar una nueva Traduccion del Moreri, ò de publicar un
                                        tratado de Geometria, aplicable à la navegacion del Rio
                                        Manzanares. Consideren ahora mis Lectores, quánta
                                        inteligencia, quánta extension de luces, y conocimientos nos
                                        debe posseer un hombre, que se atreva à arriesgarse en un
                                        pielago tan hondo de erudicion, y correr por Paìses tan
                                        dilatados de Líteratura? Mi irresolucion nació solo de no
                                        saber en que materia podria sobresalir mas, y tener menos
                                        contrarios. Mas al cabo de haver sudado, y atormentado mis
                                        espiritus en el examen de todos estos planes, ninguno saliò
                                        admitido. Passè luego revista à las Facultades, y à quantos
                                        Ramos, y Classes de Estudios ocupan à los hombres desde Adàn
                                        hasta ahora: pero en todos ellos hallè las mismas
                                        dificultades. Reconocì, que se havia yà andado tanto camino
                                        en las Escuelas, que no quedaba senda, por donde echar para
                                        producir algo de util, y exquisito, sin pecar en extremo
                                        censurable; porque, en dando algo de nuevo, no faltarìa
                                        alguno de aquellos, que sin distinguir de colores, solo
                                        aprecian lo que supieron sus Tatarabuelos, y que desdeñando
                                        como sospechosa qualquiera novedad, ò descubrimiento, me
                                        redarguiría con Salomòn, Terencio, &amp;c. Y repitiendo solo
                                        cosas vulgares, y sabidas por buenas que fuessen,
                                        disgustarìa à los inteligentes. Tambien repassè el Mapa de
                                        los Reynos, y Provincias, con su Po-<pb
                      n="5"/>litica, y
                                        Gobierno: pero la multitud de los Tacitos, y Machiavelos,
                                        que han segado este campo, me convenciò de que no podrìa
                                        hacer cosa buena en esta materia. La Vida Humana, campo
                                        bastissimo para el discurso, me parecíò igualmente assunto
                                        precioso, para dàr soltura al ingenio: pero es materia, que,
                                        si se ha de tratar segun la Moda, pide un consumado
                                        Metaphysico, y un ingenio capàz de profundas meditaciones
                                        geometricas: requiere un hombre, que sepa seguir al hombre
                                        en todas sus acciones, como Reaumur à los infectos;
                                        tratandole como à un ente de razon, que solo existe en la
                                        imaginacion de quien le describe. Para tratar de la Vida
                                        Humana con acierto, debe el Autor ser un Quevedo, un Santos,
                                        un Svvift, un Le Sage, un Le Noble, y pintarle tan original,
                                        que los menos inteligentes conozcan, que ellos son copias
                                        perfectas. Por mas pues, que dì el torcedor à mi espiritu
                                        para buscar una obra, que gustandome à mì, gustasse
                                        igualmente à todos, me quedè como me estaba, esto es,
                                        indeterminado, y sin saber, cómo concluìr la empressa:
                                        mayormente considerando, que hay Paìses donde huye la gente
                                        de leer Obras, à las quales la utilidad sola sirve de
                                        adorno, y donde hasta los apassionados à Libros hallan cara
                                        una lectura, que pagan ocho, ò diez quartos; y barato el
                                        gusto de media hora de musica, que les cuesta veinte, ò
                                        treinta doblones; ò unas coplas escritas en des-<pb
                      n="6"/>precio del buen gusto, y que se pagan à peso de dinero.
                                            <seg
                      synch="#FR.5" type="E3">
                                            <seg synch="#FR.6"
                          type="AE"> Determinème dexar suspensa
                                                mi resolucion, y consultarla con mis Amigos,
                                                exponiendo à la Tertulia de noche mis inquietudes, à
                                                fin que los concurrentes, como mas felices que yo en
                                                proyectos, mas fértiles en invenciones, y de
                                                imaginacion mas vivos, y perspicaces, me abriessen
                                                camino por donde pudiesse salír al pùblico con algun
                                                escrito util, deleytoso, y acomodado al tiempo en
                                                que vivimos. Hice la misma noche relacion de mis
                                                cuitas al concurso; pero quando esperaba algun
                                                consuelo, ò arbitrio de parte de los que me oìan, me
                                                sorprehendieron sus carcajadas de risa, y la burla
                                                que hacian de la perplexidad en que me hallaba.
                                                Agotado el humor, que les excitaba à reir tanto, me
                                                decian, que estrañaban mucho, que yo ignorasse los
                                                tesoros literarios, que yacen ocultos, y olvidados
                                                en el seno de los tiempos, de donde nadie pensaba en
                                                sacarlos; y mas siendo tantos los materiales, que
                                                hay informes, y sin pulir, que se podrian
                                                perfeccionar; y que no era honorifico para mi el
                                                presumir ellos, que yo vacilasse en la eleccion de
                                                una obra, que fuesse conforme à mi genio, y al de la
                                                Nacion, para exercer mi pluma. <seg
                          synch="#FR.7" type="E4">
                                                  <seg synch="#FR.8"
                              type="D"> Es verguenza, decia
                                                  Don Diego Listelo, y lo confiesso, que tantos
                                                  sugetos habiles como hay en España, se sepulten en
                                                  su bata sin manifestar su capacidad, y talentos; y
                                                  esto con el so-<pb
                              n="7"/>lo motivo de la Moda que
                                                  tiene por indecoroso, y contrario à las reglas, y
                                                  preceptos que prescribe à sus sequaces, la
                                                  aplicacion, y el estudio de las Letras. Esta
                                                  poderosa hechicera tiene apresada la voluntad,
                                                  hasta de aquellos, que por obligacion de su estado
                                                  debiessen dàr pùblica demostracion de sus
                                                  talentos, y honrar con ellos à su Patria. Los
                                                  presumidos que llevan comunmente la voz en las
                                                  Tertulias, y Estrados, se valen de esta propia
                                                  manìa de la Moda, para encubrir, y cohonestar su
                                                  insolente ignorancia. Dicen, que el ocuparse en
                                                  comunicar al Pueblo los bienes intelectuales, que
                                                  cada uno posser [sic], es de necios: que cada qual
                                                  debe conservar su cienca para sì, y para los
                                                  Amigos: que el Público es desagradecido, y no
                                                  reconoce jamàs los favores, que recibe.
                                                  Finalmente, que la propia conducta de ellos, y su
                                                  fortuna, es el testimonio mas autentico, de que
                                                  los hombres habiles, cuyos escritos, quando mas,
                                                  les grangean alabanzas de viento, andaràn siempre
                                                  à pie, y quedaràn à la puerta de las antesalas,
                                                  mientras que ellos, guiados de su genio adulador,
                                                  y patrocinados de la Moda, salpican à todos con
                                                  sus Coches, y descansan sobre los Canapees en los
                                                  Gabinetes de los Señores. Sepase, añadiò Don
                                                  Diego, que el hombre trabajador, y de capacidad,
                                                  forma un lunar de luces en el engañoso azerado
                                                  espejo de la necedad, è ignorancia, que es el
                                                  espejo de la Moda, y que <pb
                              n="8"/>qualquier
                                                  Autor bueno, dando à luz sus escritos, se hace
                                                  enemigo de muchos, que antes le eran amigos, ò
                                                  indiferentes. Luzcalo V.m. proseguia de la misma
                                                  suerte; y si quiere trabajar por fuerza, busque
                                                  ocho, ò diez obras del decimo tercio à decimo
                                                  quarto siglo, dèlas un baño de agua de ras, y sin
                                                  cansarse la cabeza tendrà V.m. infulas de Autor, y
                                                  Escritor pùblico; pues esta estratagema basta oy
                                                  dia para tenerlas. Y si no me cree, pregunteselo à
                                                  los Areopagos de Madrid, quienes averiguando
                                                  bastantemente esta verdad en la Republica de las
                                                  Letras. No tan impaciente, señor Don Diego, decia
                                                  Don Pablo Deduceo, si yo no me lisonjèo de la
                                                  nerviosa eloquencia que V.m. possee, para poder
                                                  hablar magistralmente en un assunto tan digno de
                                                  reprehenderse en nuestros Españoles; no por esto
                                                  dexa de persuadirme mi amor propio, que sin
                                                  exceder à otros, puedo censurar con conocimiento
                                                  de causa, las imperfecciones, y descuidos, que
                                                  padecen las Letras. En su Republica se han de
                                                  mirar las omisiones menos notables, y castigar
                                                  severamente el vicio, la nesciencia, y la loca
                                                  vanidad de aquellos, que sin haver jamàs dado
                                                  indicios de sus luces, pretenden ser tenidos por
                                                  Padres conscriptos de la Literatura. La Moda causa
                                                  el mal; su remedio està en acometer à esta Fiera
                                                  en sus trincheras, y arrancarla la mascara con que
                                                  engaña á <pb
                              n="9"/>tantos.<note
                              n="1">Cartas de
                                                  Milord Orrery à su hijo Hamiltòn Boyle. Londres
                                                  1752. en octavo.</note><seg
                              synch="#FR.9" type="E5">
                                                  <seg
                                synch="#FR.10"
                              type="EX"> El chistoso Svvift
                                                  pretendìa, que los Ingleses le hiciessen Inspectór
                                                  de las muestras, que tienen las Tiendas de la
                                                  Ciudad de Londres; à fin de corregir la
                                                  Ortographìa, y las representaciones, que se vèn
                                                  pintadas en ellas. Proponía este proyecto, como un
                                                  medio oportuno, y facil para enseñar à deletrear à
                                                  los niños, y rusticos, que se entretienen, y
                                                  emboban con qualquiera cosa que vèn en las calles;
                                                  y para que los Estrangeros, que murmuran de todo,
                                                  supiessen, que los Magistrados estienden su
                                                  solicitud hasta sobre las cosas menos advertidas.
                                                  </seg>
                                                  </seg> Nosotros, añadiò Don Pablo, que no
                                                  estilamos semejantes muestras, pudieramos crear,
                                                  en lugar de un Censor de ellas, un Superintendente
                                                  de Modas, con el cargo de que ninguna se
                                                  introduxesse en el Reyno hasta saber à punto fixo,
                                                  à quanto havia de subir, ò de baxar en cada año el
                                                  interès que tendria la Real Hacienda, y el Pueblo
                                                  en admitirla, ò en recusarla. Rieron los Tertulios
                                                  de la juiciosa salada critica, que hacìa Don Pablo
                                                  de nuestro genio noveléro, è imitador de las
                                                  costumbres, y modas afuera. Entonces mi particular
                                                  amigo, y favorecedor el Doctor Murasil, queriendo
                                                  patrocinar mis intentos, decia, que èl era de
                                                  dictamen, que para producir una cosa divertida,
                                                  serìa menester no enconarse, ni reñir con la <pb
                              n="10"/>Moda, antes bien acariciarla, como de
                                                  quien convendría mucho el beneplacito, para salir
                                                  ayroso à la palestra. Que nada le parecia mas al
                                                  caso, que un Papelucho periódico de poco cuerpo,
                                                  por ser obra muy apetecida de los Aulicos de la
                                                  Moda, retratando en èl las extravagancias, y
                                                  ridiculeces, con que los hombres deshonran la
                                                  naturaleza. Una Obrilla, decia, de esta casta, no
                                                  serìa menos util, ni menos divertida, que lo es la
                                                  de contemplar las cosas sublunares, con todas sus
                                                  excelencias, y grandezas. <seg
                              synch="#FR.11" type="E5">
                                                  <seg
                                synch="#FR.12"
                                  type="EX"> Pretende el Doctor,
                                                  que se debe tratar al Público, como el Padre de
                                                  Horacio trataba à su hijo; pues para darle à
                                                  conocer el cariño que le tenia, y el deseo de su
                                                  aprovechamiento en el comercio de las Gentes, no
                                                  le encareciò menos lo ridiculo de los exemplos,
                                                  que le proponìa evitar, que la perfeccion, y
                                                  decencia de los modèlos, que le aconsejaba
                                                  seguir.<note
                              n="2">. . . . . Insuevit pater
                                                  optimus hoc me/Ut fugerem exemplis vitiorum quaque
                                                  notando/ . . . . . &amp; sive jubebat/Ut facerem
                                                  quid: habes auctorem quo facias hoc. Lib. I. Sat.
                                                  4.</note></seg>
                                                  </seg>
                                                  <seg
                              synch="#FR.13" type="E5">
                                                  <seg
                                synch="#FR.14"
                                  type="EX"> Alegò, para apoyar
                                                  mejor su pensamiento, el methodo de un noble Lord
                                                  Inglès, que para doctrinar à su hijo, le dedicaba
                                                  successivamente su traduccion del segundo Plinio,
                                                  y la ediccion, que publicò de las Obras del Dean
                                                  de San Patricio; <pb
                                  n="11"/>justificando este
                                                  proceder, y estraño modo de pensar, con un passage
                                                  de Virgilio, que favorece de un modo concluyente
                                                  el Plàn que propuso mi amigo,<note
                          n="3">Hæc sunt,
                                                  quæ nostra liceat, te voce monstrare;/Vade,
                                                  age.</note></seg>
                                                  </seg> el qual rematò con decir, que la Obra que
                                                  se havia de emprehender, debia ser una descripcion
                                                  puntual, y graciosa de la vida, y acciones de los
                                                  hombres, en aquella parte, en que su locura les
                                                  hace ridiculos, y dignos de una compassion
                                                  ironica. Esto es, una Historia del Corazon humano,
                                                  y de sus vicios, è imperfecciones; para que
                                                  riendose todos de los desbarros, y locuras que
                                                  cometen los hombres, pudiera cada uno instruirle
                                                  divertidamente de sus obligaciones, y conocerse
                                                  por original de la fabula, sin inculcarselo con
                                                  Sermones de Quaresma, ni querer exasperarle el
                                                  ánimo. </seg>
                                                </seg> Todo el congresso convino de la bondad del
                                                pensamiento, el que quedò admitido nemine
                                                contradicente. Al punto mismo se acordò forjar un
                                                Papel, en que tuviessen parte todos los Tertulios,
                                                de repartir entre ellos el trabajo por partes, y de
                                                encargar à uno solo la execucion, y economìa del
                                                todo. El concurso Tertuliano (sin ser el discreto)
                                                tiene derecho à este Escrito, como que todos sus
                                                individuos contribuyen directa, ò indirectamente à
                                                su formacion, y hechura: unos con observaciones
                                                propias; <pb
                          n="12"/>otros con discurrir sobre
                                                aquello que llegue à su noticia; y todos con
                                                assistir al examen, y al analysis, que se debe hacer
                                                de los assuntos antes de publicarlos: haviendose
                                                resuelto por todos los Votos de los concurrentes à
                                                la Obra, el no permitir personalidades, casos
                                                particulares, ni cosas, que sean capaces de aludir à
                                                determinados sugetos. Deduceo ha querido encargarse
                                                de lo perteneciente al Theatro. El tendrà la
                                                inspeccion sobre las Comedias, y sus
                                                Representaciones, con jurisdiccion critica sobre la
                                                Musica, Bayles, y Festejos pùblicos, y privados.
                                                Listelo cuidarà de lo que ocurriere en los Passeos,
                                                y Visitas: y como es hombre que entiende la
                                                Politica, y los interesses de los Principes,
                                                sabiendo adivinar muy de antemano los sucessos de la
                                                guerra, y los motivos de la paz, sin jamàs errar en
                                                sus Pronosticos, se le ha agregado la Puerta del
                                                Sol, y Calles vecinas, donde hay corrillos de
                                                Novelistas. Philoteo se dedicarà à la pesquisa de
                                                secretos, y negocios domesticos, ò de familia; esto
                                                es, averiguarà las passiones personales, para poder
                                                alabar la paciencia del marido, la mansedumbre de la
                                                muger, la docilidad de los hijos, la bondad, y
                                                juicioso proceder de los amos, la lealtad, y
                                                exactitud de los criados, ò para poder reprehender
                                                los vicios, y extravios, que descubriere en su
                                                conducta. Don Isidoro Nadàl, que se congenia
                                                admirablemente con la Historia, ha tomado por tarea
                                                el reconocimien-<pb
                          n="13"/>to de los Fastos
                                                Politicos, y Civiles, para bolvernos à la vista
                                                algunos sucessos, en que excedieren los vicios, ò
                                                las virtudes. Tratarà esta materia con verdad, con
                                                discrecion, y sin passion, ò complacencia, por
                                                Nacion, ò Pueblo que sea. A mì me han dexado el
                                                Capitulo de las Modas, con la inspeccion sobre los
                                                Estrangeros, que viniessen à esta Corte para
                                                establecerlas. Tengo tambien comission para explorar
                                                los menéos de aquellos Charlatanes, Saltinbancos, y
                                                hombres con secretos, que se anuncian por las
                                                esquinas, y que nos prometen sacar el oro, y la
                                                plata, en paga de curar sabañones, ò de suavizarnos
                                                el cutis. Tambien ha venido la Tertulia en solicitar
                                                la amistad de diversos sugetos de esta Corte, y
                                                Reynos, para tener noticia de lo que passa en las
                                                familias; y sobre todo, la actividad de un cierto
                                                Don Agapìto, hombre que tiene lista, è instruccion
                                                individual de las fortunas à que puedan aspirar los
                                                que sin patrocinio viven olvidados, y desvalìdos. La
                                                Tertulia se empeñarà del mismo modo con un Maestro
                                                de Bayle, y con otro de Lenguas, porque son por lo
                                                regular confidentes de sus discipulos, y discipulas,
                                                y no pocas veces agentes de sus dependencias. La
                                                necesidad de tener igualmente propicio à alguno de
                                                aquellos convidados perpetuos, que assisten à todas
                                                mesas sin ser llamados, y de quienes se pueden sacar
                                                muchas noticias, y avisos curiosos de vidas agenas,
                                                y de las novedades, <pb
                          n="14"/>que se introducen en
                                                los convites, diò al principio inquietud; pero al
                                                fin se ha grangeado la voluntad de uno de los mas
                                                famosos, que se conocen en las dos Castillas. Esta
                                                es la reparticion, que la Tertulia hizo del trabajo,
                                                y los assuntos que deben servir para este Papelito.
                                                La Obra serà una especie de galerìa de Pinturas, en
                                                que se veràn colegidas las riquezas mas preciosas
                                                del pincèl de los mejores Artifices. Las piezas que
                                                la deben adornar, seràn originales, ò copias fieles,
                                                y à lo natural; esto es, simples, pero verdaderas.
                                                Los hechos, que recordarèmos, estaràn acomodados al
                                                tiempo, y à la situacion de las cosas. Los colores
                                                de los Retratos seràn vivos, de buena tinta, y nada
                                                equìvocos. Con un Raphaèl, un Vandyck, un Murillo,
                                                &amp;c. alternarà un Teniers, un Calot, un
                                                Vvouvvermans, un Boschi, para que el contraste, y
                                                variedad de assuntos hagan menos desapacible la
                                                lectura. No es el ánimo de la Tertulia predicar, ni
                                                corregir los vicios, ò defectos humanos con azotes,
                                                ni à zurriagazos: este empleo se dexa à quienes toca
                                                de oficio. El fin principal de este divertimiento es
                                                retratar la virtud hermosa, y ridiculo el vicio;
                                                sirviendo el gusto, la amenidad, y el comercio de
                                                las gentes, como de medios conducentes, y propios,
                                                para acertar, y merecer el aplauso de aquellos, que
                                                se interessan en el bien de la sociedad. Como las
                                                diversiones, passatiempos, &amp;c. son por la mayor
                                                parte indiferen-<pb
                          n="15"/>tes para el bien, y para
                                                el mal; la fortuna de poder en algun modo detener el
                                                enturbion, y fluxo de tantos, como sin reflexion, ni
                                                reparo se precipitan en el error, dà esperanza que
                                                no serà dificil reformar con el tiempo los
                                                desordenes, que nacen simplemente del mal uso, que
                                                se hace de qualquiera recreacion, ò gusto licito, y
                                                permitido. No es el designio de la Tertulia formar
                                                nuevo systèma particular. Los systèmas son
                                                regularmente meras pantallas, que encubren la
                                                ignorancia; pero esta jamàs se disfraza tan
                                                cabalmente, que no dexe de traslucirse en los
                                                Systematicos. La Tertulia tiene por conducente para
                                                el fin que se propone en esta Obra, valerse de
                                                diferentes rasgos historicos, tratados obscuramente,
                                                y con negligencia por los Historiadores. En la
                                                Historia hay bellissimas digresiones, que hacen
                                                amena, y gustosa la Literatura, y para separarlas
                                                del cuerpo, no hay inconveniente alguno. Para tratar
                                                con felicidad hechos historicos, y darlos nuevo sèr,
                                                y aumento de interès, no se pide sujecion à reglas,
                                                ni preceptos. Tampoco son menester modelos grandes,
                                                quando se tocan las materias solo por via de
                                                incidente: basta, que en quien los maneja, hay
                                                verdad, equidad, y discernimiento, pues con estas
                                                prendas puede qualquier Autor lucir, y acertar. Si
                                                los sucessos no fuessen nuevos para los que
                                                estudiaron la Historia, à lo menos lo seràn en el
                                                modo de exponerlos, despues de una rigurosa critica
                                                  <pb
                          n="16"/>de las Anecdotas, que huviera sobre
                                                ellos: no de aquella casta de que se valieron
                                                Petronio, Varillas, el Aretino, y otros, que sin
                                                piedad saeteaban à quienes miraban con aversion, ò
                                                desprecio; sino de las simplemente relativas al
                                                objeto de la Historia en general; pues estas nos
                                                proveen de bastante caudal para estudiar el espritu
                                                del hombre, y las enfermedades de ambicion,
                                                avaricia, sensualidad, &amp;c. que tan
                                                lastimosamente estàn propagadas en la especie
                                                humana. Si la formacion, y el acuerdo de este Plàn
                                                Literario no se hizo sin algunas contestaciones, y
                                                molestias, mayores las huvo quando se tratò de poner
                                                nombre, ò titulo à la Obra. Pero la consideracion
                                                del Plàn, y de sus circunstancias: el deseo de los
                                                Tertulios de distinguirse con ánimo puro, y libre, y
                                                de poder introducir entre nosotros una reforma
                                                domestica, de cuyo logro se prometen essenciales
                                                bienes à favor de la Monarquìa, y sus Individuos: el
                                                motivo que alegan por no querer ser conocidos: el
                                                tiempo en que se publìca este Escrito, y el fin à
                                                que se dirige, vencieron todas las dificultades, y
                                                tropiezos, y reunieron todos los Votos, para llamar
                                                à este Folleto: El Duende Especulativo, sobre la
                                                Vida Civil. La razon porque todos se declararon à
                                                favor de este titulo, es: 1. Porque no hay cosa en
                                                sentir del vulgo mas familiar, que un Duende. 2.
                                                Porque todos le tienen miedo, y èl à nadie hace mal
                                                si no le provocan. <pb
                          n="17"/>3. Porque para saber
                                                la verdad de las cosas, y poder vituperar los
                                                vicios, y ridiculeces de los hombres, es menester
                                                examinarlas personalmente, y jamàs fiarse en
                                                relaciones de otros. 4. Porque serà menester
                                                assistir invisible en qualquiera parte, para que
                                                nadie pueda disfrazarse, ni poner la mascarilla, en
                                                lo que dixere, ò executare. 5. y ultimo: Porque los
                                                que tienen que avisar, lo querràn hacer sin miedo, ò
                                                sonrojo: no haviendo hombre alguno, que no estíme
                                                mas descubrir su pecho à quien no le conozca, ni
                                                trate, que à otros, que mañana puedan perjudicar al
                                                denunciador en su honor, y en sus interesses. El
                                                Duende, sin valerse del Anillo de Giges, ni de
                                                pactos ilicitos, procurarà hallarse presente à todo,
                                                exerciendo jurisdiccion, y dominio, sin parcialidad,
                                                ni complacencia, sobre las costumbres, y estìlos
                                                generales, y particulares. Se hallarà en las
                                                Iglesias, para zelar el decoro, y la respetuosa
                                                veneracion con que debemos tratar al objeto de
                                                nuestras adoraciones, que en ellas visitamos. Estarà
                                                en los Passeos, para averiguar si las Señoras salen
                                                de sus casas, para recrearse el ánimo, hacer
                                                exercicio, y procurarse, por medio de esta
                                                dissipacion honesta, nuevas fuerzas para cuidar de
                                                sus obligaciones; ò si son otros los motivos, que
                                                las mueven para dexarse vèr en pùblico. Concurrirà
                                                en Visitas, y Saráos, à fin de observar el
                                                contravando de las Modas; los nuevos formularios de
                                                murmurar <pb
                          n="18"/>las Señoras unas de otras; la
                                                variedad, que huviere en el modo de saludarse,
                                                darse, y tomarse la mano, presentarse el rostro, y
                                                sentarse; los adelantamientos de las marchas,
                                                rendimientos, cabriolas, y extravagancias de los
                                                Petrimetres, que se citan de antemano, para que el
                                                concurso de estas visitas estè mas lucído, y mas
                                                sonada la comitiva de los concurrentes. Frequentarà
                                                el Duende el Theatro, sin distincion, ni preferencia
                                                de Coliséo, para notar el agravio que hace à la
                                                Nacion una Comedia mal escrita, y peor representada.
                                                Armado de la razon, y del buen gusto, trabajarà en
                                                desterrar de las Tablas aquellas bufonadas frias, è
                                                indecentes, que solo deleytan à gente baxa, y sin
                                                conocimiento, y vilipendian el Arte Cómico, cuyo
                                                oficio es instruìr riendo; procurando assi
                                                estrechar, en quanto fuere possible, las
                                                Representaciones à limites theatrales, è
                                                indispensables. Finalmente, el Duende se presentarà
                                                en concursos, y corrillos pùblicos, con el fin de
                                                estudiar los diferentes caracteres de los hombres, y
                                                sus passiones; juzgando en uno, por la phisonomìa, y
                                                gestos, su habitud, è inclinaciones; y descubriendo
                                                en otro sus vicios, por su indiscrecion, y modo de
                                                explicarse. El Duende sentado como en una Camara
                                                obscura enmedio del pùblico, sin ser conocido, ni
                                                observado de nadie, dexarà plena libertad, para que
                                                displicentes los unos, desabrochen su vanidad
                                                impertinente, y los otros ofen-<pb
                          n="19"/>didos,
                                                manifiesten su ignorancia presumida, en esgrimir sus
                                                armas contra èl, y contra sus discursos. Como toda
                                                la ambicion de los Tertulios de esta Obra, se
                                                compendia en los limites del deseo de poder
                                                conseguir un bien para todos; el Duende, executòr de
                                                sus mandatos, revestido de una insensibilidad
                                                estoica, sabrà dissimular aquellos disgustos
                                                transitorios, que sirven de potro à los que
                                                sobresalen, y brillan entre el comun de los
                                                Literatos. El, ni solicìta adulacion, ni merece
                                                desprecio; y assi escucharà sin commocion, ni
                                                mysterio, quanto de èl se dixere. Nada se le dà, que
                                                le alaben, ò que le censuren, porque se hace cargo,
                                                en calidad de Duende, que nadie le conoce; y
                                                hallandose invisible en qualquiera parte, aquellos
                                                mismos que redarguiràn, ò abonaràn sus escritos, le
                                                pondràn en estado para que sea Juez, y sentencie los
                                                meritos de su propria causa. Allà, Lectores, allà os
                                                và el Plàn, la substancia, el orden, y las partes de
                                                este Escrito Periodico, que se continuarà con tesón,
                                                y prudencia, hasta vèr logrado el fruto, y hasta
                                                conocer, que no en balde sudaron los Tertulios en
                                                las tarèas que se señalaron. La propension natural,
                                                que tiene el Duende de remontar sus pensamientos à
                                                otra esfera, es causa que algunas veces, elevandose
                                                sobre el comun modo de pensar de los hombres,
                                                tropiece en un átomo de Epicuro, ò en un turbillòn
                                                de Cartesio. <pb
                          n="20"/>Como el Duende jamàs se ha
                                                dexado arrastrar de la Opinion, ni que jamàs ha
                                                jurado pleyto omenage à la inconstancia, y fantasìa
                                                del sexo femenìl, nadie le debe creer esclavo de sus
                                                caprichos, ò antojos. Sin desdeñar la compañia de
                                                las Damas, sin murmurar de sus modales, sin
                                                contestar sus pretensiones, ò calumniar los medios
                                                que emplean para fixar la atencion, y cariño de los
                                                hombres, y hacerle dueñas, y arbitras de su
                                                voluntad, y espiritu; el Duende se contenta con el
                                                simple privilegio que le dà el sèr del nombre.
                                                Assistirà con entereza à Bayles, y Funciones de
                                                Estrado, poniendo sin conato en corregir las
                                                inadvertencias, ò descuidos que notasse, antes que
                                                los puedan reparar los hombres, y los ridiculìcen.
                                                Algunas veces se divertirà con el Abanico para
                                                adiestrarse en su manejo, y compondrà una flor, ò
                                                piocha, que no tuviesse toda la gracia, y
                                                delicadeza, que huvieran podido darla. Consagrarà
                                                algunos ratos en examinar los medios mas naturales,
                                                y propios, para realzar mas en las Señoras su
                                                corporal belleza, y asséo. Y sobre todo harà lo
                                                possible, para que sin envilecer su estílo, se
                                                proporcione à las luces del sexo, con el fin de
                                                ennoblecer mas, y mas su espiritu, y de conseguir la
                                                utilidad, que se puede sacar de un escrito, que se
                                                lee por passatiempo, y que sin embargo encierra lo
                                                mas essencial de la obligacion de su estado. Los
                                                Discursos seràn partes de un todo, que <pb
                          n="21"/>sin ser systèma, compondrà una cadena de verdades
                                                sueltas, no amargas, y que examinadas, y combinadas
                                                unas con otras, representaràn à cada cosa con su
                                                verdadero semblante, y sin los adornos que
                                                ordinariamente engañan, mas que instruyen. El Duende
                                                estiende su dominio sobre la Moral en general, y en
                                                particular; y solo se pone entredicho en la entrada
                                                de los Gabinetes; porque no quiere consultar el
                                                Oraculo sobre el bien, ò el mal, que pueda resultar
                                                de esta, ò de aquella providencia gubernativa. Si
                                                alguno estrañasse tal qual traduccion literal; el
                                                Duende la denuncia desde ahora, para tener parte en
                                                el commisso; pero quiere que no la equivoquen con lo
                                                que fuesse de propio marte; porque no escribe invita
                                                Minerva. El Duende no quiere contestaciones, ni
                                                disputas con Poesìas sueltas, ni con Poetas de
                                                Ciegos, y menos quiere mover pleyto sobre frases, ò
                                                sylabas de la lengua. Hable, y escriba cada qual
                                                como Dios le ayudàre; à èl le basta, que le dexen
                                                examinar el mundo, por adentro, y por afuera.
                                                Contentese cada qual con saber, que el Duende es
                                                ente de humanidad, y que existe real, y
                                                visiblemente, para quien le conozca; à nadie le
                                                incumbe saber, si tiene conveniencias, ni adonde
                                                viven sus Amigos. El Duende es Duende, que sin
                                                romperse mucho la cabeza en ajustar equaciones de
                                                razon con el deber de cada uno, procurarà dar à cada
                                                cosa, lo que es suyo, sin que nadie tenga motivo
                                                para acreditarse de <pb
                          n="22"/>hombre grande, ni de
                                                cientifico con el valor material de sus discursos.
                                                Nadie debe tener miedo del Duende; pues à nadie ha
                                                de reñir sus descomedimientos, ni echarà al Pùblico
                                                en cara su mal gusto, su porfía, su injusticia, ni
                                                su falta de inteligencia en los assuntos que leerà
                                                en los papeles. El Duende està muy satisfecho con
                                                que èl se entienda, y que Dios entiende aquello que
                                                escribe. No està tan de espacio, que quiere perder
                                                su tiempo en mendigar aceptacion, aplauso, ni
                                                premio. Tampoco quiere presentar Memorial al
                                                Pùblico, para que le admita sus faénas, y menos
                                                molerlo con repeticiones enfadosas, y ridiculas
                                                súplicas, de que mude de paladar, y se saboree con
                                                los platos, que le pongan delante. Los materiales
                                                que el Duende emplearà en su fábrica literaria, no
                                                han de servir á los Petrimetres para lucirlo en los
                                                conciliabulos de la Moda, donde todos los
                                                assistentes se distinguen con luces prestadas, que
                                                alli hacen mejor efecto, que las proprias. Es de
                                                creer, que el Pùblico, viendo que el Duende le
                                                conoce, y que no escribe por complacer, embaynarà su
                                                estoque critico, al punto, que no halle con quien
                                                hacer de valiente, y medir sus armas. Los esfuerzos,
                                                que harà el Duende, para perfeccionar los eslabones
                                                de la cadena, que une à todos los hombres, no se
                                                deben à la estimacion de los Grandes, al aura
                                                popular, à la codicia del dinero, y mucho menos à la
                                                insinuacion, y fa-<pb
                          n="23"/>vor de sus Amigos, ò
                                                Conocidos: los Autores, que escriben por uno de
                                                estos incitamientos, y sin verdadero merito, no se
                                                podràn sostener mucho tiempo, y quedaràn presto
                                                olvidados. El célebre Pope con talentos superiores
                                                se viò acosado de una multitud de Gozques
                                                literarios, que le mordian con un furor indecible.
                                                No hay desventura igual à la que sufren aquellos,
                                                que se aplican à las Letras; si un Autor no acierta,
                                                todos le insultan, y hacen burla de èl: si logra
                                                honor, y credito, la critica le emprende, y rebuelve
                                                no solo à èl, y à su Obra, sino à toda su vida, y
                                                milagros, y muchas veces hasta à los huessos de sus
                                                mayores. Quàntas veces tuerce, è interpreta
                                                siniestramente la malicia los pensamientos mas
                                                claros, y genuinos; procurando con sentidos
                                                peligrosos, y seductivos adulterar proposiciones, y
                                                envenenar palabras? Para que un Autor estuviesse al
                                                abrigo de la mala intencion, serìa menester, que
                                                cessasse de ser hombre, por no sentir los desayres
                                                de muchos, que, viendo descubiertos sus demeritos,
                                                no sossiegan hasta vengarse de quien, arrancandoles
                                                la mascara, les pone à la verguenza. Los ambiciosos,
                                                los avarientos, los ignorantes, &amp;c. unen sus
                                                fuerzas para declarar la guerra, y sepultar los
                                                Escritos, en que se les retrata à lo natural, y con
                                                colores verdaderos: estos, à fin de embozar su
                                                ignorancia; aquellos, para <pb
                          n="24"/>ocultar las
                                                tramoyas, y ardides con que se levantaron, y
                                                consiguieron premios, y honores, que no corresponden
                                                à sus talentos, ò servicios. Finalmente, el Duende
                                                ha juzgado prevenir, que estos Discursos no seràn
                                                consequentes, ni seguidas las materias. Muchas veces
                                                escribirà de dia, los que huviere soñado de noche.
                                                El sueño le servirà para elegir los assuntos mas
                                                propios del tiempo; no perdiendo jamàs de vista las
                                                passiones, ò defectos humanos, que le huviesse
                                                entonces presentado la memoria. Lucrecio dice, que
                                                las ocupaciones del dia son las materias con que los
                                                espiritus se entretienen de noche. Como estàn los
                                                sentidos entonces libres, los espiritus recogidos, y
                                                atentos desmenuzan, y analyzan con mas comodidad los
                                                pensamientos, y objetos, que los ocupan, y reconocen
                                                en el silencio con mas cuidado la naturaleza de las
                                                cosas. Por esto seràn preferidas las idèas, que
                                                ocurriessen de noche, à las del dia, no siendo justo
                                                se pierda por negligencia, una tarèa intelectual,
                                                que tiene casi siempre en la misma naturaleza su
                                                principio. Los Lectores podràn quizà dexarse de lo
                                                poco, que tendràn que leer por su dinero en algunos
                                                papeles: el Duende les advierte, que no harà caso de
                                                sus quexas. A èl le baste haverles prevenido, que
                                                toma la pluma para comunicar ad extra sus
                                                pensamientos, y medita-<pb
                  n="25"/>ciones; y que à
                                                èl le cuesta mas el producirlas, que al Pùblico el
                                                pagarselas. No podrà este jactarse, de que el Duende
                                                se venda por esclavo, y mucho menos que se ponga à
                                                sus pies, ò le suplìque le mantenga sus
                                                obligaciones. Gracias à Dios, el Duende tiene Amigos
                                                verdaderos, y experimentados, à quienes acudirà en
                                                sus aprietos, y no al Pùblico, que jamàs lo fue de
                                                nadie. Por concluìr: Esta Obra es Niño Exposito,
                                                recojale el que quiera, y tratelo à su gusto: una
                                                vez que salga de las manos de su procreador, queda
                                                abandonado con todos los derechos de propriedad à
                                                quien la desee morder, ò acariciar. Tampoco quiere
                                                el Duende empeñarse, ni hacer escritura de
                                                obligacion de dàr dos, tres, ni quatro pliegos cada
                                                vez; darà aquello que fuesse de su gusto, y
                                                permitiesse el tiempo: acomodese cada qual con el
                                                Librero, quien sabe el precio del Papel, y los
                                                gastos de la Imprenta; el Duende dà el trabajo de
                                                valde. Y sepase una vez para todas, que el Librero
                                                es el Compadre Marcos, y que el Duende no pone mas
                                                que la parla. Fin. </seg>
                                        </seg>
                                    </seg>
                                </seg>
                                <pb
                  n="26"/>Nota. Qualquiera Persona, que quisiere recibir estos
                                Discursos en la Provincia donde habita, conforme vayan saliendo,
                                puede remitir à uno de los Libreros que los vende su Nombre, y el
                                Lugar de su residencia, dando orden en Madrid à pagar su importe à
                                satisfaccion de los Libreros, que tendràn cuidado de remitirselos
                                puntualmente, sin necessidad de subscripciones, ni otras
                                formalidades escusadas para Papeluchos de tan poca substancia.
                                Advertencia. Estos Discursos saldràn el propio dia que se anuncie en
                                el antecedente, sin que haya en esto falta, ni descuido de parte del
                                Autor, ni de los Impressores. Solo se pondràn una vez al mes en la
                                Gaceta, por no embararla siempre con un mismo reclamo: porque el
                                Autor se lisonjèa, que la bondad de la Obra serà bastante espuela
                                para que se venda, y desde su retiro darà las disposiciones, para
                                que el Pùblico le tenga por hombre de provecho, sin anunciarse
                                personalmente en parte alguna, respecto que guardarà, en quanto
                                pueda, el incognito; y si le descubriessen, èl es el propio de
                                antaño, y nada mas. Qualquiera Persona, assi natural de estos
                                Reynos, como de los Estrangeros, que quissiesse <pb n="27"/>ser
                                Sabio à poca costa, puede remitir sus Discursos, ò Meditaciones à
                                qualquiera de los Libreros que venden este, para que, mereciendolo,
                                parezcan en pùblico con sus nombres, ò sin ellos. No importa que
                                vengan en qualquier Idioma: tiene el Duende à su sueldo sugeto, que
                                se precia de inteligente en algunos, sin necessitar de auxilio
                                forastero; lo que debe acquiescer el ánimo de aquellos que tuviessen
                                que participarle algun secreto de importancia. El Discurso proximo
                                se darà el Sabado 13. de Junio de 1761. </seg>
                        </ab>
                    </div>
                </body>
      </text>
    </group>
  </text>
</TEI>
