El Duende de Madrid: Número VI
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Número VI
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Vaya que el oficio de Agente es mucho
mejor que lo que yo pensaba; y si prosigue como hasta aqui, me
chuparé los dedos: sobre que llueven las comisiones en lo que
hace, que saben ya las gentes donde tengo mi despacho; lo mismo
es amanecer, que ya necesito presentarme en vata para recibir
tres, ó quatro paquetes de asuntos, que me han traido, para que
se despachen; y todos con la nota de la mayor brevedad. Es
verdad que esto ha provenido de la primera noticia, ó targeta en
que puse el título de Don Benito, Agente de
Negocios; y ya ve Vm. Señor Público, que siendo notoria mi
diligencia y eficacia, con el tal qual valimiento que lógro para
con algunas personas de poder, vienen á mí los Litigantes como
moscas a la miel. Ademas de que el título de mi nuevo empleo
está bien puesto, y en nuestro, modo de hablar á lo castellano
sobre el nombre Agente, cae como miel sobre ojuelas la otra
expresion de Negocios, que es otro nombre declinante con su
partícula y todo, que se debe poner muy justamente; pues el
nombre de oficio ó empleo ha de decir de lo que es con toda
claridad y distincion y como los targetones, y rotulatas que
están puestos sobre las puertas de varios Artesanos, y Oficinas
públicas, donde se lee de este modo: MaEstro de CotiLlero = A
qui se Gisa a la perfecion = Real Guego de Trucos = Esta casa se
reficó Jesus Maria Joseph año 1772 = Aqui vive Juan Gali,
maestro de Sastre que hace obra de hombre y de muger. Ahora
considere Vm. por vida suya, si pueden escribirse
mayores desatinos, que aun el Vizcayno mas cerrado que acabase
de venir á esta Corte, no podia escribir con tales
concordancias. Aseguro á Vm. que siempre que veo estos
medallones tan mal hablados, y peor escritos, me lleno de furia,
y si no me tuvieran por loco emprenderia á garrotazos con los
majaderos que han introducido éste modo de escribir los nombres
de los Oficios. Porque en realidad, ¿qué buen Patriota, deseoso
de que la Corte de España sea el centro de la instruccion, y
buen lenguage, dexará de enfadarse al ver colocadas en las
paredes públicas semejantes muestras de escribir, y de hablar? Y
esto lo digo porque asi lo dicen otros que saben mas que yo, y
discurren que tales rotulatas pueden ocasionar tambien un mal
político. Quando un extrangero viene á esta Corte con ánimo de
saber hablar bien el Español, como muchas veces sucede, es muy
regular que tome las lecciones, ó compañía de un sugeto que
hable con finura, y propiedad nuestra lengua, y le
manifieste que el modo de hablar es: un Maestro Sastre, un
Maestro Cerragero, &c. porque estos se componen de un
sustantivo, y adjetivo (¡brava cosa es saber Gramática!) entre
los que no cabe, no solamente el artículo de, sino ni aun una
tela de cebolla; pues de otra suerte es querer casar un
sustantivo con otro, y vendrémos á entender que un Maestro de
Sastre, ó será maestro de sí mismo, ó de otro Sastre; y entonces
ya éste segundo no necesita de maestro. Pues como iba diciendo,
el buen extrangero que vea escritos de este modo los títulos de
los oficios sobre las puertas, se le pegará la costumbre de
hablar con estas frases; porque estos rotulos los vé todos los
dias, y á cada instante, sin que despues se le pueda despegar
esta maña, aunque hablára cada hora con el mismo Cervantes; y
quando le parezca que ya habla bien el Español, incurrirá en la
nota de todos aquellos que no puedan sufrir (y hacen bien)
semejantes expresiones, que son contrabandos
introducidos por los Orientales de España, y unas manchas que
afean la pureza de nuestra lengua Castellana. Y no digo ahora
nada de la dichosa voz Menestrales, que se ha hecho ya tan
favorita; y bien podia ella haberse quedado en su País, pues
bien se sabe á lo que huele, y quienes son sus padres, y no me
costaria mucho trabajo hacer una disertacion de que semejante
voz no la conocieron mis abuelos; quiero decir, los que
coordinaron y pusieron con propiedad de términos y buena
construccion á nuestro idioma Castellano, que no quiere
semejantes menestras, mas que me hagan la injuria de llamarme purista.
Respuesta Imparcial
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Narração geral
Pero vamos al caso: saliendo
uno de estos dias á mis negocios, me hallé á la puerta
de mi casa con un Paje juicioso, de los pocos que se
conocen en esta Corte, el qual venia preguntando por Don
Benito: le respondí ego sum, y él me contextó con mucha
urbanidad (¡lo que puede la buena crianza!) haciéndome
relacion de sus pretensiones, que no son
pocas, si se atiende á los cortos méritos de su persona,
pues no hace dos años que vino á servir (de embarazo) en
una de las antesalas de esta Corte; y entre otras cosas,
me dixo de este modo:
con esto nos despedimos uno de otro,
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Diálogo
“Yo soy uno de los
apasionados á las Comedias Españolas, concurro
con indiferencia al Coliseo de la calle de la
Cruz, ó del Príncipe, porque siempre han sido
para mí odiosos los partidos de Chorizos, y
Polacos; á todos los Actores los estimo con
igualdad, y miro por sus intereses,
adelantamientos, é instruccion, escribiendo
apologías imparciales en defensa del Teatro, y
asi en nombre de todos los Cómicos Españoles te
doy ahora la agencia de los Coliseos de Madrid,
con la precisa condicion de que has de repartir
este papelito con la mayor brevedad para que se
vea en el tribunal de los Literatos.” Le
respondí, que me parecia que la causa era buena,
y que todo se podia remediar con mi eficácia y
maña:
Metatextualidade
y yo ahora lo hago
de Vm. Señor Público, hasta otra ocasion que vuelva á
indagar las resultas de este negociado.
Respuesta Imparcial
al Censor de los Teatros
de Madrid, y Apología del Mérito de los Cómicos Españoles,
Particularmente de la Señora Maria del Rosario (aliás la
Tirana) Primera Actriz de la Compañía de Manuel Martinez
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Carta/Carta ao editor
Muy Señor mio: para acreditarle lo apasionado
que le soy por sus reflexîones críticas sobre los
defectos del Teatro. Aseguro á Vm. con candor, que lo
que executa por el bello medio de los Diarios, es lo que
los deseosos de la reforma del Teatro
Español esperabamos mucho tiempo hace. ¡Y como que Vm.
lo conseguirá! Y ademas nuestra lengua Castellana se irá
enriqueciendo insensiblemente con las hermosas voces que
Vm. inventa y publíca con liberalidad. ¡Dónde hay dinero
para pagar el verbo agolpar de de que usa! ¡Ojalá lo
hiciera muchas veces! porque no se sabe bien el porrazo
que lleva la cabeza de quien no entiende estos términos,
quiero decir la admiracion y el asombro; y todo cede en
alabanza del sábio inventor de estos tesoros. Yo de mí
se decir á Vm. que fuí uno de estos aturdidos, porque
como no hé aprendido mas castellano que el que se habla
en Burgos, á lo que se añade el ser yo Pasiego, abrí los
ojos de repente, y conocí que no sabia hablar, y que el
mejor modo de aprender era asociarme á Vm. que quando
habla de este modo, sabrá por que lo hace: á mí solo me
toca alabar á Vm. mas que agolpar, sea aporrear,
amontonar, atropellar, porque estas son voces
ordinarias, y paso en silencio la finisima
expresion Rutina, y otras de que usa, porque estas son
frioleras, y no hacen para la sustancia del objeto sobre
el que merece ser alabado.
En efecto, Señor mio, estamos tan acordes en el modo de hacer crisis sobre las monstruosas Comedias que han afeado y afean nuestro Teatro, satirizar y reprender la impropiedad de los Actores, hasta ver si se consigue que su accion se dexe ver castigada, pura y acompañada de toda propiedad, que es por demás asegurarle, que si fuese yo hombre de mucho valimiento, le premiaria por un trabajo tan útil. ¿Quién sabe si Vm. se llevará la palma en esta lid tan desmesurada? Hacer que unos Actores puramente empíricos, y de unos principios por lo comun no muy finos, se transformen en inteligentes sobre lo mismo que executan; que abandonen el negro caudal (que ellos dicen) del fárrago de sus rancias Comedias; que adopten las piezas nuevas y bien escritas, esto es, limitadas á una sola accion, un tiempo y un lugar, con regularidad y conexion de escenas, acompañadas de peripecias, y agniciones propias y consiguientes, verdad y verosimilitud, con otra caterva de preceptos que Vm. sabe mejor que yo; que consigan el buen gusto del Populacho, acostumbrado á ver subir diablos y espectros espatarrados, y zambullirse por las escotillas; en fin, que todo sea regular, uniforme y digno de la ocupacion de inteligentes é ignorantes, es una empresa solo reservada para Vm., bien que algunos dicen no la conseguirá mientras no abandone una cierta parcialidad con que escribe: yo desprecio á estos habladores, soy afecto á Vm., y conozco que tener pasiones es de hombres.
Vamos mas adelante: me encanta la pregunta que hace Vm. en el mismo Diario de 12 de Mayo: ¡Hay que es nada lo que Vm. pide!
Hasta aqui mi impertinente amigo, que me dexó la cabeza atolondrada: yo suplíco á Vm. Señor Censor, tenga la bondad de leer y corregir los defectos de este papelito, para contextar á los charlatanes que tanto han molestado á su mayor apasionado de Vm. que de corazon le estima, y S. M. B. = El Page.
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No sé por donde comenzar,
y cómo reducir á breves expresiones las muchas ideas
que se me agolpan,1
En efecto, Señor mio, estamos tan acordes en el modo de hacer crisis sobre las monstruosas Comedias que han afeado y afean nuestro Teatro, satirizar y reprender la impropiedad de los Actores, hasta ver si se consigue que su accion se dexe ver castigada, pura y acompañada de toda propiedad, que es por demás asegurarle, que si fuese yo hombre de mucho valimiento, le premiaria por un trabajo tan útil. ¿Quién sabe si Vm. se llevará la palma en esta lid tan desmesurada? Hacer que unos Actores puramente empíricos, y de unos principios por lo comun no muy finos, se transformen en inteligentes sobre lo mismo que executan; que abandonen el negro caudal (que ellos dicen) del fárrago de sus rancias Comedias; que adopten las piezas nuevas y bien escritas, esto es, limitadas á una sola accion, un tiempo y un lugar, con regularidad y conexion de escenas, acompañadas de peripecias, y agniciones propias y consiguientes, verdad y verosimilitud, con otra caterva de preceptos que Vm. sabe mejor que yo; que consigan el buen gusto del Populacho, acostumbrado á ver subir diablos y espectros espatarrados, y zambullirse por las escotillas; en fin, que todo sea regular, uniforme y digno de la ocupacion de inteligentes é ignorantes, es una empresa solo reservada para Vm., bien que algunos dicen no la conseguirá mientras no abandone una cierta parcialidad con que escribe: yo desprecio á estos habladores, soy afecto á Vm., y conozco que tener pasiones es de hombres.
Vamos mas adelante: me encanta la pregunta que hace Vm. en el mismo Diario de 12 de Mayo:
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¿quién deberia
elegir? (esto es, la pieza que se haya de
representar) quién lo entienda, quién estime á los
Cómicos, y procure sus intereses mejor que ellos
mismos.
Nível 4
Narração geral
Luego que uno de mi
tertulia leyó esta pregunta de Vm., prorrumpió
en estas expresiones: “Como el
Señor Censor del Teatro, consiguiera este
triunfo, ya está todo remediado; pero hasta
tanto tragaremos lo que se nos quiera
representar, sea tuerto ó derecho. ¿Le parece á
Vm. que es obra de poca monta, el que nuestros
pobres Actores se pongan en estado de conocer la
calidad de la obra, ó drama que han de
representar; se estén ensayando muchos dias
antes en su execucion, como se hace en el teatro
Francés, y el de otras partes, nivelen sus
acciones hasta recitar sus papeles delante de un
espejo, para moderar y corregir los defectos? De
esta suerte no dejarían de tener buena ganancia:
y aun por esta parte podia considerar el Señor
Censor de los Teatros, que el Autor del Viage
fuera de España es un Compatriota muy instruido,
de un juicio solido, y de una crítica bastante
severa; y sin embargo, haciendose cargo de esta
proligidad que gastan los Actores Franceses en
executar sus Comedias, y del poco tiempo que
tienen nuestros Cómicos para lo
mismo, pues han de prepararse de un dia á otro
para dar gusto al Pueblo, no solo halla
disculpables á éstos en sus defectos, sino
tambien mucho mas laudables que los primeros;
pues es induvitable lo executarian con mas
perfeccion si tubiesen mas tiempo que el que
acostumbran tomar para agradar al Público. La
Comedia (quando no sea de las que se repiten por
algunos dias continuados) debe executarse en
estas circunstancias: los papeles los suministra
el viejo surtido, y Dios nos libre que la
Comedia sea nueva y cargada (como ellos dicen)
de Teatro, que aunque el Compositor sea el mismo
Plauto, ó Terencio, se volverán con sus orejas
baxas, sin esperanza de que la obra se
represente; porque la levantarán tantos falsos
testimonios, que no tendrá cara para dexarse ver
en público. Esto es decir á Vm. para que tambien
se lo diga al Señor Censor, que la primera
aduana á donde tiene que acudir el triste autor
de una pieza dramática, las mas de las veces es
á la de los Cómicos: v. g. el Autor
de la Compañía, primer galan, primera dama, y
algun otro charlatan adulador; estos ven si los
papeles son largos, si hay muchos términos que
ellos no entienden, y otras circunstancias que
les parecen gravosas, y en este caso cierran sus
oidos, dan la negativa, y el pobre Compositor no
tiene mas arbitrio que dar á su obra el destino
de papel viejo. Vea Vm. por lo dicho ¿quántos
quilates de exceso llevará la Señora Maria
Vermeja (que es tan laudable para el Señor
Censor) á estos habiles primeros maestros en el
discernimiento, para elegir la obra que se
represente? Lo cierto es, que por mas habil que
se suponga á esta Actriz, y se incline á que
ella no fué la que eligió la Comedia la Vida es
Sueño, digo y diré (si Vm. me da licencia por
ahora) que tan capaz es para haber hecho esta
eleccion la Señora Vermeja, como sus compañeros,
mientras no me dé en los ojos con la relacion de
méritos, y exercicios literarios de esta heroina
teatral.”
Hasta aqui el bueno de mi contertuliante. Desde que leí la primera carta de Vm. en el Diario de 30 de Abril, hice un firme proposito de ser su apasionado, y aplaudirle por la taréa que emprendia: guardé el Diario como oro en paño, le leia, y le recitaba frecuentemente á mis amigos, acompañando estas expresiones: ¡Qué habil es este hombre! ¡Qué bien ha conocido el Teatro! ¡Qué instruido está en todas sus maneras! (ésta ya es voz corriente en los estrados) ¡No hay duda que habla con mucho discernimiento! La suerte que no es igualmente próspera en todas ocasiones, me preparó una muy amarga. El diantre hizo que estando yo manifiestando mi pasion á Vm. en la misma tertulia, otro concurrente algo fisgon, y de estos cazurrones que hablan poco, y quando articulan alguna palabra es de golpe y porrazo, con un tono de bufonada, me salió al encuentro de esta suerte.
Hasta aqui el bueno de mi contertuliante. Desde que leí la primera carta de Vm. en el Diario de 30 de Abril, hice un firme proposito de ser su apasionado, y aplaudirle por la taréa que emprendia: guardé el Diario como oro en paño, le leia, y le recitaba frecuentemente á mis amigos, acompañando estas expresiones: ¡Qué habil es este hombre! ¡Qué bien ha conocido el Teatro! ¡Qué instruido está en todas sus maneras! (ésta ya es voz corriente en los estrados) ¡No hay duda que habla con mucho discernimiento! La suerte que no es igualmente próspera en todas ocasiones, me preparó una muy amarga. El diantre hizo que estando yo manifiestando mi pasion á Vm. en la misma tertulia, otro concurrente algo fisgon, y de estos cazurrones que hablan poco, y quando articulan alguna palabra es de golpe y porrazo, con un tono de bufonada, me salió al encuentro de esta suerte.
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Diálogo
“Vaya que ó
Vm. viene á tentarnos la paciencia, ó se
ha alucinado con los discursos de este
Disertador del Diario. Sea
su merced lo que quiera, es inegable que
es muy flaco de memoria, se contradice á
cada paso, no toma buen rumbo para la
correccion de los Actores, y para él
solo la Señora Vermeja es la que debe
servir de modelo en la execucion
teatral. Si á Vm. le ha hecho tragar la
verengena, no lo conseguirá de mí aunque
se desgañite.” Yo que estaba muy pagado
de mi trabajo, quedé atonito al oir
semejante mosquilon; mire Vm. lo que
dice, que ni yo me burlo, ni el Señor
Censor discurre tan mal como supone; y
para que vea con quanta regularidad
habla, le iré refiriendo varias de sus
proposiciones que he tomado de memoria,
porque me tiene embelesado con su
estilo. “Vaya que en buen empeño quiere
Vm. meterse (me dixo el tal socarron) y
en verdad que no sé como saldrá de la
refriega. ¿Qué estilo es el que Vm.
pondera? ¿Sin duda que le habrán
enamorado los terminillos con que
salpica sus empolvados periodos; se me
agolpan, el costume teatral, mas piano verdad pintoresca,
rutina, y otras monerias á este modo?
Pues sepa Vm. que á estas llamo yo
bugerias y miriñaques del lenguage: el
Señor Censor publíca sus papeles en
Castellano, y por lo mismo no tiene
necesidad de afectar estas voces, que se
pueden llamar luxo del idioma; nosotros
tenemos sin aumento de silabas práctica
teatral mas suave, frases igualmente
concisas y energicas; y asi estime mas á
la lengua patria, que es tan hermosa y
abundante.”
No dexé de enfadarme al oir á un hombre tan impertinente y de mal genio. Mire Vm. como habla (le dixe á esta sazon) que si los reparos que pone se reducen a estos términos, es detenerse en frioleras. La sustancia de los discursos del Señor Censor es cabal, y no será Vm. hombre para demostrarme lo contrario. Aun lo puse peor que estaba, porque soltando una risa falsa el dichoso opositor, salió con un contra sic argumentor: La sustancia es poca, y lo que el Disertador pretende conseguir, se destruye con su parcialidad. El dice que sin partido alguno hará la critica de las varias representaciones que se ofrezcan en el Teatro: que se debe estimar á los Cómicos, y procurar sus intereses mejor que ellos mismos. Vea Vm. aqui que el buen Señor hace todo lo contrario, porque ¿cómo podrá persuadir que habla sin partido, quando sonroja á varios de los Actores, y solo para su merced la Señora Maria Vermeja es la dama sin pero? Podia conocer este Señor Disertador, que no es buen modo de alentar á los Cómicos, y procurar sus intereses (á lo menos en las presentes circunstancias) el ajarlos á la vista de un público; ensalzar á unos y deprimir á otros. ¿Es posible que su merced (como dice en el Diario del dia 20 de Junio) manifieste le haya sido forzoso nombrar á cada uno de los Cómicos con su descuido, para que no se atribuyan á uno los defectos de otro; y que al mismo tiempo asegure que siempre ha hablado bien de Robles, Queról, Aldovera, la Polonia, y la Monteis? Ahora bien: ¿ó estos últimos no entraban en cada uno de los primeros, ó se debian contar entre aquellos? Si esto segundo, ya es falso (perdóneme su merced) que haya notado á cada uno de los Cómicos con su descuido; porque teniendo raciocinio, sabrá que esta es una preposicion distributiva, que equivale á universal, de la que quedan excluidos los últimos, porque de ellos siempre ha hablado bien: sino entraban, ya no era absolutamente cada uno de los Cómicos sino cada uno de los Cómicos defectuosos, y debia nombrarlos aqui, asi como nombra á cada uno de los que lo hacen bien: esto es decir, que el Señor Censor quiere persuadir no debe perdonar (y hace bien) á los que lo hacen mal, ni dexar de alabar á los que representan bien; pero el sonido de sus proposiciones es obscuro y contradictorio, que no es pequeño descuido en quien (como suponemos y es justo) sabe hablar y discurrir, y mucho mas quando diciendo que no todos tienen unos mismos defectos, indica en esto la suposicion, de que todos son defectuosos de algun modo, aunque no en la misma linea: esta universal hubiera sido mas segura, pues á todos dexaba iguales.
Si todo el público espectador de una representacion se compusiese de hombres críticos y juiciosos, sabrian disimular los defectos; y aunque los corrigiesen publicamente, nada perderian los Actores de sus intereses; pero aun no logramos esta dicha, que por su naturaleza es imposible. Entre los espectadores de habilidad, se halla siempre una gran parte del pueblo baxo: los vocingleros aclamadores, y los de las palmadas de moda suelen ser los chisperos: quando éstos sepan que en los Diarios se descubren los defectos de aquellos Cómicos que están en posesion de los aplausos, les palmearán, y vocearán con un sarcasmo intolerable, y esto será suficiente, á que los Actores caygan de ánimo, los concurrentes se retiren, y se menoscaben los intereses: ¿vea Vm. si esto es mirar por los intereses de los Cómicos mejor que ellos mismos? Lo peor es que esta balanza del Señor Censor arma la discordia entre mugeres, y no sería de estrañar saliese arañado de la refriega. La contienda es nada menos que entre dos Damas, esto es, dos primeras Actrices, la Señora Maria del Rosario, y la Señora Maria Vermeja: es lo mismo que decir entre dos ribales, pero con notable desigualdad. La primera (la Señora Maria del Rosario) mucho tiempo hace en posesion de los aplausos y de las complacencias de todos por su bella figura; (usemos del lenguage del Censor) por la destreza y esfuerzo patético con que desempeña un papel trágico; el dulce ayre y modulacion con que alterna los afectos de un papel amoroso; que si tiene que manifestar zelos, ninguna con mas impresion explica la vehemencia de esta pasion tiránica; si la del disimulo, é ironía, sabe disfrazarse con todo el arte de que es capaz una muger en estos casos; cuya accion toda es compuesta, nivelada y seguida uniformemente en el tono y manejo, desde el principio que manifiesta su carácter hasta la solucion: se ve no obstante esta laudable Actriz reprendida y ajada en los Diarios por ciertos empujoncillos de voz y de cuerpo, por las ojeadas á patio y cazuela, dexando en blanco (acaso esta Dama no habrá mirado al Señor Censor quien de intento parece no quiso nombrar la luneta) á tertulia y aposentos. Y la segun-da (la Señora Maria Vermeja) : : : : : ¿pero qué necesito cansarme? el Diario lo dirá: De la Hipermenestra Protagonista de la tragedia, apenas hay que decir cosa alguna sobre la execucion de su papel, para los que tienen noticia segura de lo que es y fue la Señora Maria Vermeja: (si hubiera dicho que fue, y se volvió, era la propia significacion del vinagre) en esta Actriz nada se ha estrañado, y todo es natural, propiedad, dignidad, decencia, modulacion, (¡brava cantinela para tomar la de memoria!) dulzura, vigor, exactitud, verdad pintoresca, sin recargar ni baylar en sus movimientos, y : : : : : qué sé yo quantas mas baratijas de esta letania de dictados, que son mas propios de una primera Dama en lienzo que en realidad.
¿Parece á Vm. Señor mio, que este es buen modo de corregir los defectos del Teatro, y que es escribir sin partido? ¡Buen medio por cierto de alentar á los Cómicos, y procurar sus intereses! Hacer ribales á dos mugeres en el punto que mas hiere á este débil sexô, que es el deseo de ser aplaudidas y de sobresalir : : : : : ¡qué balanza tan infiel! Porque en efecto: la Señora Maria Vermeja se halla sin saber cómo, y sin mucho trabajo con un elogio gigantesco; y la Señora Maria del Rosario se vé precisada á dexarse ver con mas lunares que los que quisiera ponerse, y á buen seguro que esta Dama no mirará con tanta dulzura como acostumbra á su opositora. He llegado á presumir que en esta parte es disculpable en cierto modo el Señor Censor, porque ¿quién sabe si el perfecto quadro que nos presenta de su heroina, es una pintura de una Dama ideal, á imitacion de la Dulcinea para Don Quixote? Qualquiera que oye hablar á éste antes que Sancho meta su cucharada, dando noticias muy contrarias, saldrá enamorado, y deseoso de ver aquella fermosura sin par: pues, amigo mio, estamos en el caso; si oimos al Señor Censor, nos da gana de correr como gamos al Coliseo á ver las perfecciones de la Señora Maria Vermeja: pero quando nos hallamos á su presencia, ó nos parecerá que nuestros ojos están apantominados, ó que esta Dama no se halla sobre el coturno que debia, y que su estampa está algo obscura. Esto es decir: lo primero, que muchos sugetos inteligentes é imparciales han observado que la Señora Maria Vermeja está destituida de aquella universalidad que se necesita para que fuese una Actriz tan completa como se la supone; el papel tierno y amoroso no la quadra; la flexibilidad de voz para los distintos afectos que la pueden ocurrir, es ninguna; el furor y la intrepidéz que deben descubrirse en una muger colérica y bulliciosa (como tal vez lo exigen muchas de las Comedias Españolas) se ven en su boca absolutamente desarmados; la constancia en mantener su carácter se la olvida; y solo se la advierte una natural destreza para manifestar una soberania desmayada, ó compungida; y que en la accion muda, procura imitar á la naturaleza, pero no con aquella propiedad y exactitud que se nos prepondera, pues en estos afectos propiamente pintorescos, solo vemos brillar en el Teatro Italiano de esta Corte con bien merecido comun aplauso á la Señora Pelosini.
Lo segundo que debemos asegurar (la Señora Maria Vermeja nos perdonará, pues lo dice tambien su panegirista) es que esta Actriz es algo mas baxa de estatura de lo que corresponde á la clase de primera; y pasando en silencio otras faltillas, no es muy pequeña la de tener ya, segun el Señor Censor, treinta y tres años, y segun otros mas de quarenta. Es verdad (dice el mismo) que para todo hay recurso; pero esto significa, que si la Dama es baxa, se remedia con un tacon bien alto; si morena, para eso se vende con abundancia el alvayalde, carmin, y todo el repuesto de enjalvegar á una muger, sin que la paciente tenga mas trabajo que abrir el libro de la magia natural de Juan de la Porta, y alli aprenderá el modo de renovarse, transformarse y embellecerse (bella voz si no fuera de otro diccionario) y ya tiene quanto necesita para la pantomina figural. No obstante, el Censor establece (y dice bien) esta proposicion: Donde no hay verdad poetica, todo es en vano; pues yo, con su licencia, establezco otra muy semejante: donde no hay verdadera presencia, la representacion pierde de mucho del aplauso. El espectador gusta mucho de ver realidades; y en verdad, que mejor escucha á una muger dotada de las prendas de naturaleza, que á otra, que aunque se presente bien pintada y vestida, se sepa con certeza es muy distinta de sí misma, y se la pueda decir con un Poeta satírico:
Concluyo suplicando á Vm. diga al Señor Censor, esperamos de su equidad tenga presentes las siguientes reflexiones imparciales, que necesariamente se deducen de este discurso.
1. El Señor Censor es sugeto habil, de conocida critica e instruccion, y conseguirá por medio de sus advertencias la reforma del Teatro, con tal que abandone toda parcialidad.
2. Hasta que el pueblo se haya acostumbrado á oir Comedias regulares, y bien escritas, es mejor medio el de advertir á los Cómicos particularmente, y en secreto sus defectos, que publicarlos por escrito.
3. Se juzga imposible que los presentes Cómicos representen diariamente Comedias bien dispuestas, abandonando el caudal de las antiguas que ya tienen sabidas, mientras no se proporcionen medios para establecer una Compañía sobresaliente de cinco á seis papeles principales para cada Coliseo; pues de esta suerte, mientras unos Actores estuviesen executando una Comedia Buena, se dispondrian los demas para representar otra igual.
No dexé de enfadarme al oir á un hombre tan impertinente y de mal genio. Mire Vm. como habla (le dixe á esta sazon) que si los reparos que pone se reducen a estos términos, es detenerse en frioleras. La sustancia de los discursos del Señor Censor es cabal, y no será Vm. hombre para demostrarme lo contrario. Aun lo puse peor que estaba, porque soltando una risa falsa el dichoso opositor, salió con un contra sic argumentor: La sustancia es poca, y lo que el Disertador pretende conseguir, se destruye con su parcialidad. El dice que sin partido alguno hará la critica de las varias representaciones que se ofrezcan en el Teatro: que se debe estimar á los Cómicos, y procurar sus intereses mejor que ellos mismos. Vea Vm. aqui que el buen Señor hace todo lo contrario, porque ¿cómo podrá persuadir que habla sin partido, quando sonroja á varios de los Actores, y solo para su merced la Señora Maria Vermeja es la dama sin pero? Podia conocer este Señor Disertador, que no es buen modo de alentar á los Cómicos, y procurar sus intereses (á lo menos en las presentes circunstancias) el ajarlos á la vista de un público; ensalzar á unos y deprimir á otros. ¿Es posible que su merced (como dice en el Diario del dia 20 de Junio) manifieste le haya sido forzoso nombrar á cada uno de los Cómicos con su descuido, para que no se atribuyan á uno los defectos de otro; y que al mismo tiempo asegure que siempre ha hablado bien de Robles, Queról, Aldovera, la Polonia, y la Monteis? Ahora bien: ¿ó estos últimos no entraban en cada uno de los primeros, ó se debian contar entre aquellos? Si esto segundo, ya es falso (perdóneme su merced) que haya notado á cada uno de los Cómicos con su descuido; porque teniendo raciocinio, sabrá que esta es una preposicion distributiva, que equivale á universal, de la que quedan excluidos los últimos, porque de ellos siempre ha hablado bien: sino entraban, ya no era absolutamente cada uno de los Cómicos sino cada uno de los Cómicos defectuosos, y debia nombrarlos aqui, asi como nombra á cada uno de los que lo hacen bien: esto es decir, que el Señor Censor quiere persuadir no debe perdonar (y hace bien) á los que lo hacen mal, ni dexar de alabar á los que representan bien; pero el sonido de sus proposiciones es obscuro y contradictorio, que no es pequeño descuido en quien (como suponemos y es justo) sabe hablar y discurrir, y mucho mas quando diciendo que no todos tienen unos mismos defectos, indica en esto la suposicion, de que todos son defectuosos de algun modo, aunque no en la misma linea: esta universal hubiera sido mas segura, pues á todos dexaba iguales.
Si todo el público espectador de una representacion se compusiese de hombres críticos y juiciosos, sabrian disimular los defectos; y aunque los corrigiesen publicamente, nada perderian los Actores de sus intereses; pero aun no logramos esta dicha, que por su naturaleza es imposible. Entre los espectadores de habilidad, se halla siempre una gran parte del pueblo baxo: los vocingleros aclamadores, y los de las palmadas de moda suelen ser los chisperos: quando éstos sepan que en los Diarios se descubren los defectos de aquellos Cómicos que están en posesion de los aplausos, les palmearán, y vocearán con un sarcasmo intolerable, y esto será suficiente, á que los Actores caygan de ánimo, los concurrentes se retiren, y se menoscaben los intereses: ¿vea Vm. si esto es mirar por los intereses de los Cómicos mejor que ellos mismos? Lo peor es que esta balanza del Señor Censor arma la discordia entre mugeres, y no sería de estrañar saliese arañado de la refriega. La contienda es nada menos que entre dos Damas, esto es, dos primeras Actrices, la Señora Maria del Rosario, y la Señora Maria Vermeja: es lo mismo que decir entre dos ribales, pero con notable desigualdad. La primera (la Señora Maria del Rosario) mucho tiempo hace en posesion de los aplausos y de las complacencias de todos por su bella figura; (usemos del lenguage del Censor) por la destreza y esfuerzo patético con que desempeña un papel trágico; el dulce ayre y modulacion con que alterna los afectos de un papel amoroso; que si tiene que manifestar zelos, ninguna con mas impresion explica la vehemencia de esta pasion tiránica; si la del disimulo, é ironía, sabe disfrazarse con todo el arte de que es capaz una muger en estos casos; cuya accion toda es compuesta, nivelada y seguida uniformemente en el tono y manejo, desde el principio que manifiesta su carácter hasta la solucion: se ve no obstante esta laudable Actriz reprendida y ajada en los Diarios por ciertos empujoncillos de voz y de cuerpo, por las ojeadas á patio y cazuela, dexando en blanco (acaso esta Dama no habrá mirado al Señor Censor quien de intento parece no quiso nombrar la luneta) á tertulia y aposentos. Y la segun-da (la Señora Maria Vermeja) : : : : : ¿pero qué necesito cansarme? el Diario lo dirá: De la Hipermenestra Protagonista de la tragedia, apenas hay que decir cosa alguna sobre la execucion de su papel, para los que tienen noticia segura de lo que es y fue la Señora Maria Vermeja: (si hubiera dicho que fue, y se volvió, era la propia significacion del vinagre) en esta Actriz nada se ha estrañado, y todo es natural, propiedad, dignidad, decencia, modulacion, (¡brava cantinela para tomar la de memoria!) dulzura, vigor, exactitud, verdad pintoresca, sin recargar ni baylar en sus movimientos, y : : : : : qué sé yo quantas mas baratijas de esta letania de dictados, que son mas propios de una primera Dama en lienzo que en realidad.
¿Parece á Vm. Señor mio, que este es buen modo de corregir los defectos del Teatro, y que es escribir sin partido? ¡Buen medio por cierto de alentar á los Cómicos, y procurar sus intereses! Hacer ribales á dos mugeres en el punto que mas hiere á este débil sexô, que es el deseo de ser aplaudidas y de sobresalir : : : : : ¡qué balanza tan infiel! Porque en efecto: la Señora Maria Vermeja se halla sin saber cómo, y sin mucho trabajo con un elogio gigantesco; y la Señora Maria del Rosario se vé precisada á dexarse ver con mas lunares que los que quisiera ponerse, y á buen seguro que esta Dama no mirará con tanta dulzura como acostumbra á su opositora. He llegado á presumir que en esta parte es disculpable en cierto modo el Señor Censor, porque ¿quién sabe si el perfecto quadro que nos presenta de su heroina, es una pintura de una Dama ideal, á imitacion de la Dulcinea para Don Quixote? Qualquiera que oye hablar á éste antes que Sancho meta su cucharada, dando noticias muy contrarias, saldrá enamorado, y deseoso de ver aquella fermosura sin par: pues, amigo mio, estamos en el caso; si oimos al Señor Censor, nos da gana de correr como gamos al Coliseo á ver las perfecciones de la Señora Maria Vermeja: pero quando nos hallamos á su presencia, ó nos parecerá que nuestros ojos están apantominados, ó que esta Dama no se halla sobre el coturno que debia, y que su estampa está algo obscura. Esto es decir: lo primero, que muchos sugetos inteligentes é imparciales han observado que la Señora Maria Vermeja está destituida de aquella universalidad que se necesita para que fuese una Actriz tan completa como se la supone; el papel tierno y amoroso no la quadra; la flexibilidad de voz para los distintos afectos que la pueden ocurrir, es ninguna; el furor y la intrepidéz que deben descubrirse en una muger colérica y bulliciosa (como tal vez lo exigen muchas de las Comedias Españolas) se ven en su boca absolutamente desarmados; la constancia en mantener su carácter se la olvida; y solo se la advierte una natural destreza para manifestar una soberania desmayada, ó compungida; y que en la accion muda, procura imitar á la naturaleza, pero no con aquella propiedad y exactitud que se nos prepondera, pues en estos afectos propiamente pintorescos, solo vemos brillar en el Teatro Italiano de esta Corte con bien merecido comun aplauso á la Señora Pelosini.
Lo segundo que debemos asegurar (la Señora Maria Vermeja nos perdonará, pues lo dice tambien su panegirista) es que esta Actriz es algo mas baxa de estatura de lo que corresponde á la clase de primera; y pasando en silencio otras faltillas, no es muy pequeña la de tener ya, segun el Señor Censor, treinta y tres años, y segun otros mas de quarenta. Es verdad (dice el mismo) que para todo hay recurso; pero esto significa, que si la Dama es baxa, se remedia con un tacon bien alto; si morena, para eso se vende con abundancia el alvayalde, carmin, y todo el repuesto de enjalvegar á una muger, sin que la paciente tenga mas trabajo que abrir el libro de la magia natural de Juan de la Porta, y alli aprenderá el modo de renovarse, transformarse y embellecerse (bella voz si no fuera de otro diccionario) y ya tiene quanto necesita para la pantomina figural. No obstante, el Censor establece (y dice bien) esta proposicion: Donde no hay verdad poetica, todo es en vano; pues yo, con su licencia, establezco otra muy semejante: donde no hay verdadera presencia, la representacion pierde de mucho del aplauso. El espectador gusta mucho de ver realidades; y en verdad, que mejor escucha á una muger dotada de las prendas de naturaleza, que á otra, que aunque se presente bien pintada y vestida, se sepa con certeza es muy distinta de sí misma, y se la pueda decir con un Poeta satírico:
Citação/Lema
. . . . . Aufferimur
cultu
Gemmis auroque teguntur omnia:
Pars minima est ipsa puela sui.
El obsequioso culto retiramos
quando á saber llegamos,
que debaxo del oro,
y del rico tesoro
de piedras muy preciosas
esconde la miseria muchas cosas:
no quiero yo belleza de tal arte,
quando tiene de si la menor parte.
Gemmis auroque teguntur omnia:
Pars minima est ipsa puela sui.
El obsequioso culto retiramos
quando á saber llegamos,
que debaxo del oro,
y del rico tesoro
de piedras muy preciosas
esconde la miseria muchas cosas:
no quiero yo belleza de tal arte,
quando tiene de si la menor parte.
Concluyo suplicando á Vm. diga al Señor Censor, esperamos de su equidad tenga presentes las siguientes reflexiones imparciales, que necesariamente se deducen de este discurso.
1. El Señor Censor es sugeto habil, de conocida critica e instruccion, y conseguirá por medio de sus advertencias la reforma del Teatro, con tal que abandone toda parcialidad.
2. Hasta que el pueblo se haya acostumbrado á oir Comedias regulares, y bien escritas, es mejor medio el de advertir á los Cómicos particularmente, y en secreto sus defectos, que publicarlos por escrito.
3. Se juzga imposible que los presentes Cómicos representen diariamente Comedias bien dispuestas, abandonando el caudal de las antiguas que ya tienen sabidas, mientras no se proporcionen medios para establecer una Compañía sobresaliente de cinco á seis papeles principales para cada Coliseo; pues de esta suerte, mientras unos Actores estuviesen executando una Comedia Buena, se dispondrian los demas para representar otra igual.
Hasta aqui mi impertinente amigo, que me dexó la cabeza atolondrada: yo suplíco á Vm. Señor Censor, tenga la bondad de leer y corregir los defectos de este papelito, para contextar á los charlatanes que tanto han molestado á su mayor apasionado de Vm. que de corazon le estima, y S. M. B. = El Page.
Aviso al Público
Metatextualidade
En el Número V. de esta obra
periodica, se defendió al Gremio de Zapateros,
manifestando que estos Artesanos son honestos y honrados, y
que asi como el uso de su oficio no envilece la familia, ni
persona del que lo exerce, ni le inhabilita para obtener los
empleos municipales de la República, tampoco les obsta para
ser admitidos en las Cofradías y Hermandades, que unicamente
estan instituidas para tributar, y rendir obsequios á Jesus
Sacramentado. Esta determinacion de los Duendes Christianos
ha irritado á cierto número de sugetos, los quales por
sostener su capricho y error tan perjudicial á la sociedad,
han incurrido en la flaqueza de buscar á un Literato
preocupado como ellos (segun se susurra por los desvanes)
para que escriba un papel, con el título de Adiciones ó
advertencias á Don Benito sobre la defensa de los Zapateros;
en el qual, ya que no puede morder, á la Real Pragmática del
año de 1783, ni á nuestra sagrada Religion Católica, baxo
cuyos sólidos principios está fundado el referido discurso,
ha desfogado la rabia de sus clientes alucinados, llenando
las paginas de su papel de dicterios y bufonadas indecorosas
contra el honor del Duende de Madrid, que con su aplicacion
procura ser util al Estado.
1Palabras del Censor de los Teatros, en el Diario del dia 12 de Mayo.
