<TEI xmlns="http://www.tei-c.org/ns/1.0" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://www.tei-c.org/ns/1.0 http://gams.uni-graz.at/mws/schema/mws.xsd">
  <teiHeader type="mws">
    <fileDesc>
      <titleStmt>
        <title>Pensamiento VIII</title>
        <author>Beatriz Cienfuegos</author>
      </titleStmt>
      <editionStmt>
        <edition>Moralische Wochenschriften</edition>
        <respStmt>
          <name>Roland Bernhard</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name> Silke Brandstätter</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name> Alexandra Fuchs</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name> Elisabeth Hobisch</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
        <respStmt>
          <name> Renate Hodab</name>
          <resp>Editor</resp>
        </respStmt>
      </editionStmt>
      <publicationStmt>
        <publisher>Institut für Romanistik, Universität Graz</publisher>
        <date when="2012-10-08">08.10.2012</date>
        <idno type="PID">o:mws-08C-58</idno>
      </publicationStmt>
      <sourceDesc>
        <bibl>Cienfuegos, Beatriz: La Pensadora gaditana. 4 Bände. Bd. 1: Madrid: Imprenta
                    de Francisco Xavier García 1763, 1-24 </bibl>
        <bibl type="Einzelausgabe" xml:id="SID.1">
          <title level="j">La Pensadora Gaditana</title>
          <biblScope type="vol">1</biblScope>
          <biblScope type="issue">08</biblScope>
          <date>1763</date>
          <placeName key="#GID.1">Spanien</placeName>
        </bibl>
      </sourceDesc>
    </fileDesc>
    <encodingDesc>
      <editorialDecl>
        <interpretation>
          <ab type="interpGrp">
            <interpGrp type="Narrative_Darstellungsebenen">
              <interp xml:id="E1">Ebene 1</interp>
              <interp xml:id="E2">Ebene 2</interp>
              <interp xml:id="E3">Ebene 3</interp>
              <interp xml:id="E4">Ebene 4</interp>
              <interp xml:id="E5">Ebene 5</interp>
              <interp xml:id="E6">Ebene 6</interp>
            </interpGrp>
            <interpGrp type="Narrative_Darstellungsformen">
              <interp xml:id="AE">Allgemeine Erzählung</interp>
              <interp xml:id="SP">Selbstportrait</interp>
              <interp xml:id="FP">Fremdportrait</interp>
              <interp xml:id="D">Dialog</interp>
              <interp xml:id="AL">Allegorisches Erzählen</interp>
              <interp xml:id="TR">Traumerzählung</interp>
              <interp xml:id="F">Fabelerzählung</interp>
              <interp xml:id="S">Satirisches Erzählen</interp>
              <interp xml:id="EX">Exemplarisches Erzählen</interp>
              <interp xml:id="UT">Utopische Erzählung</interp>
              <interp xml:id="MT">Metatextualität</interp>
              <interp xml:id="ZM">Zitat/Motto</interp>
              <interp xml:id="LB">Leserbrief</interp>
            </interpGrp>
          </ab>
        </interpretation>
      </editorialDecl>
    </encodingDesc>
    <profileDesc>
      <creation>
        <name type="place">Graz, Austria</name>
      </creation>
      <langUsage>
        <language ident="es">Spanish; Castilian</language>
      </langUsage>
      <textClass>
        <keywords scheme="http://gams.uni-graz.at/mws">
          <term>
            <term xml:lang="de">Theater Literatur Kunst</term>
            <term xml:lang="it">Teatro Letteratura Arte</term>
            <term xml:lang="en">Theatre Literature Arts</term>
            <term xml:lang="es">Teatro Literatura Arte</term>
            <term xml:lang="fr">Théâtre Littérature Art</term>
          </term>
        </keywords>
      </textClass>
      <textClass>
        <keywords scheme="cirilo:normalizedPlaceNames">
          <list>
            <item>
              <placeName xml:id="GID.1">
                <name ref="http://geonames.org/2510769" type="fcode:PCLI">Spain</name>
                <location>
                  <geo>-4.0,40.0</geo>
                </location>
              </placeName>
            </item>
          </list>
        </keywords>
      </textClass>
    </profileDesc>
  </teiHeader>
  <text>
    <group>
      <text ana="layout">
        <body xml:space="preserve">
                    <p rend="SO">
                        <milestone unit="E1"
              xml:id="FR.1"/>
                    </p>
                    <div1>
                        <head>Pensamiento VIII</head>
                        <p
                rend="SO"><milestone unit="E2" xml:id="FR.2"/>
                            <milestone unit="MT"
                xml:id="FR.3"/> Andaba mi vanidad atropellando mi
                            modestia, viendome adornada con el brillante titulo de <hi
                rend="italic">Pensadora</hi>, y ahora ha cobrado nuevas fuerzas su atrevimiento,
                            quando casi me mira poseer la habilidad de la Astrología. Pronostiqué
                            (aun sin levantar figura) á mis <hi
                rend="italic">Pensamientos</hi>
                            muchos trabajos, luego que dirigiesen sus discursos contra el sagrado
                            respetable de los hombres; y bien á pesar mio veo cumplido el
                            pronostico; pero no por esto desmayará mi pluma; pues teniendo á las
                            Damas de mi parte, como mas dóciles, y mas afables, con su patro-<pb
                n="4"/>cinio nada me queda que recelar. Todo los felices progresos
                            de mis papelillos son hijos de sus piedades; pues amparandome por su
                            igual, tratan mis borrones como de casa, y los alaban como proprios; y
                            ciertamente que siento haber sido tan poco agradecida á tales finezas;
                            pues parece, que por lo mismo he procurado ocupar mi pluma, mas en la
                            inquisicion de sus defectos, echandoselos en cara, y haciendolos
                            públicos á todos; pero me alentaba el tener de mi parte su aceptacion, y
                            deseo de corregirse: que bien sabía, que no me habia de suceder lo que
                            con los señores delicados hombres, que á el verse convencidos vivamente,
                            con el ruido desentonado de sus gritos me han obligado á despertar de
                            aquel dulce sueño, en que tan gustosa se miraba mi imaginacion.</p>
                        <p><milestone
                unit="E3" xml:id="FR.4"/>
                            <milestone unit="TR"
                xml:id="FR.5"/>
                            <pb
                n="5"/> Es la Poesía el mas proprio idioma del alma, con el que
                            excendiendose á sí misma, se enfurece divinamente, para explicar
                            aquellos objetos, que mueven, ò su admiracion por heroycos, ò su
                            desprecio por ridículos: es un modo de conceptuar tan dulcemente
                            elevado, que con la hermosa symetría de sus números, roba gustosamente
                            las atenciones mas descuidadas, sin que puedan eximirse de su imperio la
                            rusticidad mas grosera, ni la erudicion mas profunda: todo lo arrastra,
                            á todos mueve, y en todos exercita el hechizo agradable de su harmonía;
                            pues es un dulce encanto, que aun entre las Naciones mas incultas
                            mereció la estimacion mas sublíme: es el mayor realce de un
                            entendimiento; y esta gracia, con discrecion poseída, eleva á los
                            hombres á ser dignos objetos de la Fama.</p>
                        <p><pb
                n="6"/> Tubo principio esta hermosa habilidad en los corazones
                            religiosos, que para desahogar dignamente el fuego divino de la
                            adoracion á el Criador Supremo, exhalaron sus ansias en tiernos hymnos,
                            convidando con ellos à los hombres á el conocimiento de la Divinidad.
                            Pasó á segundo exercicio su destino, que siempre grande, no dió paso en
                            sus principios, que no fuera por el camino de el acierto. Para celebrar
                            aquellas grandes acciones de los Heroes, y excitar á la juventud à su
                            imitacion, compusieron numéricos elogios, que reservados en la memori,
                            aeran [sic] à un tiempo que fúnebres exequias de los muertos, exemplares
                            estímulos de los vivos, cumpliendo en una accion con dos obligaciones,
                            como era hacer el obsequio debido à sus pasados, y mover à una virtuosa
                            embidia à los presentes.</p>
                        <p><pb
                n="7"/> No contenta la Poesìa con estender su dominio sobre lo
                            grande, dilató sus límites à lo ridículo, y pequeño; pero siempre con
                            idéas sublimes, è intentos magnificos; pues viendo que celebrando las
                            acciones heroycas, se movian los hombres á su imitacion, se propuso
                            hacer asumptos de sus sátyras los vicios, y ridiculizando las
                            extravagancias, logró muchas veces ver, que aquellos que á los
                            principios fueron el objeto de sus picantes sales, pasasen avergonzados
                            à ser la idea de sus elogios, corrigiendo con aquel impulso el
                            desordenado proceder de sus pasiones.</p>
                        <p>Tenemos à esta hermosa hija de Apolo alabando la Deidad, y empleando
                            justamente sus primores en la explicacion de su esencia. La admiramos
                            celebrando las grandes acciones, y conservando en nuestra me-<pb
                n="8"/>moria vivos aquellos, que por sus obras merecian ser eternos. Tambien
                            la divisamos gustosamente entretenida, para hacernos odiosos los
                            defectos agenos con la sátyra, y apartarnos de aquella vil imitacion con
                            sus números. Estos son los empleos dignos, y peculiares de la Poesía, y
                            en estas cosas se emplean propriamente sus métricas cadencias. ¡Pero qué
                            desgracia! esta hermosa Dama, que toda primores solo se entretuvo en
                            preciosidades, está por nuestros Españoles destinada à lo indigno, à lo
                            inútil, y à lo perverso, haciendo que sirvan sus números de lastimoso
                            tropiezo à los incautos; pues envilecen su nobleza con emplearla en
                            conservar en la memoria de los hombres aquellas acciones, que merecian
                            ser entregadas à un eterno olvido.</p>
                        <p><pb
                n="9"/> ¿No es un agravio claramente cometido contra esta hermosa
                            Deidad, destinarla por muchos de nuestros patricios para alabar,
                            perpetuar en la memoria, y excitar à su imitacion los delitos mas
                            atrevidos contra el Cielo, el Rey, y la Patria, quando la ocupan
                            indignamente en esos asquerosos <hi
                rend="italic">Romances de nuestros
                                Guapos Andaluces</hi>? ¿qué otro empleo la dán mas, que obligarla à
                            celebrar unos hombres, que por viles, ò murieron entre las fatigas de un
                            lazo, ò à las iras crueles de una venganza? ¡Ciertamente ignoro cómo ha
                            podido durar este abuso tanto tiempo en un País tan culto, donde la
                            piedad, y religion tienen su asiento! No hay que replicarme, con que
                            semejantes producciones son despreciadas por la gente discreta, que
                            rigorosamente no se tienen por obras de Poë-<pb
                n="10"/>sía, por su
                            estilo humilde, y despreciable, y que solo andan entre la gente mas
                            ínfima del Pueblo, que esta réplica es el mayor estímulo à mis
                            reflexiones, y la que me obliga à hacer eleccion de este asumpto.</p>
                        <p>Tiene la Poësía, como llevo dicho, dominio sobre los corazones de los
                            hombres, y los mueve insensiblemente à la imitacion de los objetos de
                            sus alabanzas. Habla con todos, y à todos adequa sus conceptos, y segun
                            el asumpto que se propone, ò se calza el grave cothurno, ò el humilde
                            zueco, de modo, que regulando sus adornos por la idea, unas veces la
                            admiramos triunfante en las batallas, y otras Pastora en las riberas;
                            pero siempre tan despótica de las voluntades, que igualmente obliga
                            quando noble, que quando villana, siempre tiene la misma fuerza. Por <pb
                n="11"/> esta causa, quando injustamente hacen servir sus cadencias
                            en las Relaciones de aquellos hechos indignos de nuestros imaginados
                            Valientes, aunque no la hermoseen con los primores proprios de su
                            merito, no por eso la quitan el dominio sobre los ánimos; pues si
                            entonces no mueve à los entendimientos no vulgares, antes bien los causa
                            nausea su lectura, arrastra infelízmente à todos aquellos, que sin
                            facultades para distinguir lo apreciable de lo inútil, se dexan llevar
                            gustosos de lo aparente, y estos, como por lo comun son los mas, es
                            regularmente el daño grande, y los sucesos funestos repetidos.</p>
                        <p>No se ciñe lo vulgar en este assumpto à las monteras, y polaynas, se
                            estiende lastimosamente à las Ciudades, y à las pelucas, y hace estragos
                            funestisimos aun en aquellos <pb
                n="12"/> que están mas lejos de parecer
                            apasionados de este delirio; pero no es mi intento elevar la reflexion
                            sobre sujetos tan altos, los discurro con bastantes principios, para que
                            à la menor insinuacion reformen sus ideas, quiero sí contentarme con
                            hacer ver las ruínas, que ocasiona este abuso en aquellos que se
                            proponen por objetos de sus valentías este, ò aquel picaro celebrado en
                            dichos Romances; pues llega à tanta la locura en este asumpto, que mas
                            de quatro veces se han ocasionado peligrosas disputas sobre hacer
                            ridículos paralelos de las obscuras acciones de sus fingidos Héroes.
                            Raro será el miserable, que haya finalizado su vida en la infámia de un
                            patíbulo, que no procurase imitar en sus atrevimientos alguno celebrado
                            por valiente, y que no tubiese en la memoria una docena de <pb
                n="13"/>
                            estos Romances, tomando en aquellos pasages el exemplar para los que
                            premeditaba. ¿Cómo no se moverá un infelíz tocado de esta locura à
                            parecer un <hi
                rend="italic">Francisco Estevan</hi>, si vé de letra de
                            molde (circunstancia para estos casi divina) los sucesos de su vida, y
                            proclamado por inimitable en el valor? esta sola será única prueba de mi
                            discurso; pues es la principal, y maestra, y la que encierra los mayores
                            delitos laureados; y no echen menos los chistes en este asumpto; pues
                            habiendo el inimitable Quevedo compuesto sus Xácaras para desterrar este
                            infame abuso, tan llenas de sus naturales tales, y no conseguido el fin,
                            quiero en tono mas sério hacer presente à los que pueden remediarlo los
                            daños que se originan; y no estrañen mi atrevimiento, que muchas veces
                            se consi-<pb
                n="14"/>guen cosas grandes con instrumentos pequeños.</p>
                        <p>Es el principal asumpto de estos Romances hacer odiosos à todos los
                            Ministros, que zelan la Real Hacienda, y nunca se ven nombrados, que no
                            sea para hacerlos el blanco del desprecio, pasando à tanto la osadía,
                            que llega à el sagrado de los Jueces. En la quinta parte de los Romances
                            de <hi
              rend="italic">Estevan</hi>, alabando à este Picaro, dice:</p>
                        <p
                rend="CI"><milestone unit="E4" xml:id="FR.6"/>
                            <milestone unit="ZM"
                xml:id="FR.7"/> Yá saben que su exercicio<lb/>era
                            andar à el contravando,<lb/>y que en el Andalucìa<lb/>Guardas, Ministros
                            temblaron<lb/>de oìr su nombre, y los Jueces <lb/>tiemblan de verlo
                            enojado . . . . . <milestone
                rend="closer" unit="ZM"/>
                            <milestone rend="closer"
                unit="E4"/> </p>
                        <p>No se puede autorizar mas un atrevimiento. Esto, que aunque fuese verdad,
                            siempre fue un delito contra la Divina, y Humana Magestad, ¿por qué se
                            ha de permitir que <pb
                n="15"/> ande en las bocas de todos, y que sea un
                            exemplar para criar atrevidos? Siempre somos inclinados à la libertad, y
                            aborrecemos la sujecion, aunque sea justa; ¿pues cómo se corregirá, ni
                            intimidará à tales generos de gente, que todos los dias desfraudan à el
                            Rey sus Rentas, y atropellan sus Justicias, si ven con el comun (aunque
                            vulgar aplauso) celebrados estos delitos, y que es el camino corriente
                            para hacerse memorables? ¿De donde nace el odio cómun, que muestran las
                            gentes à los sujetos, de qualquier calidad que sea, que son nombrados
                            para el resguardo de las Rentas Reales? ¿De qué se origina la
                            delinqüente adversion con que se habla de las Justicias, que han
                            castigado, ò castigan esta infame canalla? ¿de donde? de estos Romances.
                            ¿Podrá aquel, cuya aten-<pb
                n="16"/>cion dedica à este género de
                            diversion, oír con gusto, y respeto el nombre de aquellos Ministros, ò
                            Jueces, que à el sugeto de su cariño pusieron justisimamente en un palo?
                            De ninguna manera; antes herido vivamente de un nécio dolor de ver
                            muerto aquel hombre que era el estímulo de su admiracion, aborrecerá de
                            corazon à todos aquellos que fueron causa de que finalizase la carrera
                            de sus vicios, aunque para él gloriosas empresas. ¿Y qué se seguirá de
                            aquí en lo presente? Que quando algun infame delinqüente sea osado à
                            procurar executar iguales desátinos, si imita en ellos à aquel cuya
                            Relacion sabe de memoria, de la misma manera odiará las presentes
                            Justicias, y se lastimará de la desgracia de aquel infelíz, no con una
                            compasion racional, sino delinqüente, que solo exci-<pb
              n="17"/>tará su
                            lastima, porque quitan del Mundo un Guapo, que era el terror de todos, y
                            que habia con su atrevimiento cometido delitos enormes, bien que para él
                            hazañas prodigiosas.</p>
                        <p>Los homicidios freqüentemente celebrados en este género de Romances, son
                            los materiales mas preciosos de sus alabanzas, y por donde los gradúan
                            con los nombres de Terror del Mundo, Leones, Tygres, &amp;c. y no
                            fueran mal traidos estos similes, si les diesen la apropriacion
                            correspondiente à sus fieras brutalidades; pero la lastima es, que los
                            elevan de esta manera, à su modo de explicarse, à el grado mas alto de
                            invencibles, para alentar à los ignorantes à su imitacion. En la primera
                            parte de Estevan, dice:</p>
                        <p
                rend="CI"><milestone unit="E4" xml:id="FR.8"/>
                            <milestone unit="ZM"
                xml:id="FR.9"/>
                            <pb
                n="18"/> Sucediòme en un camino,<lb/>que me faltaron dineros,<lb/>y
                            en la venta donde estaba<lb/>me reventaba el Ventero<lb/>porque le pague
                            la costa,<lb/>y paguéle tan de presto,<lb/>que à la otra vida
                            volando<lb/>se partiò, dexando el cuerpo . . . . . <milestone
                rend="closer" unit="ZM"/>
                            <milestone rend="closer"
                unit="E4"/> </p>
                        <p>¡Bella obra de caridad! ¡Gloriosa hazaña! ¿Qué han de hacer los infelices
                            que leen esto, sino dexarse llevar de esta locura? Semejantes desgracias
                            se vén repetidas en nuestros tiempos; y aunque rectamente castigadas,
                            mientras no se arranque de la memoria de los hombres estos exemplares,
                            servirá de poco el castigo; pues siempre con mas facilidad abandona la
                            memoria lo contrario à su gusto, que lo propicio à la inclinacion.</p>
                        <p>Quiero antes que se me pase esta especie, llamar la reflexion de mis
                            Lectores para que me ayuden à ponderarla: no procuraré mas que hacer <pb
              n="19"/> una leve insinuacion; y cada uno en el fondo de su corazon,
                            y piedad, mire si son compatibles los delitos que se celebran, con la
                            casi continua invocacion de los principios de los Romances. Tercera
                            parte de Estevan:</p>
                        <p
                rend="CI"><milestone unit="E4" xml:id="FR.10"/>
                            <milestone unit="ZM"
                xml:id="FR.11"/> Santo Christo de la Luz,<lb/>Señor
                            de Cielos, y Tierra,<lb/>desatad mis torpes labios,<lb/>y dadle voz à mi
                            lengua,<lb/>mientras la tercera parte . . . . . <lb/>En la quarta:<lb/>O
                            Soberano Señor,<lb/>que sustentais tierra, y Cielo,<lb/>gobernad mi rudo
                            estilo,<lb/>dad luz à mi entendimiento,<lb/>para que cante, y
                            explique : : : : : <lb/> . . . . . . . . . . . . . . . . <lb/>porque no
                            quede en bosquejo<lb/>este arresto temerario . . . . . <milestone
                rend="closer" unit="ZM"/>
                            <milestone rend="closer"
                unit="E4"/> </p>
                        <p>¡Qué súplica tan à tiempo, y para qué piadoso sin solicitada! ¡No sé
                            donde está el entendimiento! Quiero dexár à todos campo abierto para que
                            discurran sobre este particular.</p>
                        <p>Lo que mas eleva este delinqüen-<pb
              n="20"/>te sobre la estimacion de los
                            hombres, fue aquel atrevimiento hecho en Granada con el Presidente de
                            aquella Real Chancillería: nos cuentan, que le pidió muy cortés, que
                            rompiese la criminal causa de sus feos delitos, lo consiguió, y luego
                            salió, en premio del desacato, regalado del mismo Juez; y esta accion
                            atrevida contra Dios, contra el Rey, y contra la Patria, es tenida por
                            una de sus mayores hazañas. No contento su atrevimiento, cuenta el necio
                            Chronista de sus hechos, que practicó lo mismo en Antequera, tratando
                            sin respeto à aquel Juez, quando dice:</p>
                        <p
                rend="CI"><milestone unit="E4" xml:id="FR.12"/>
                            <milestone unit="ZM"
                xml:id="FR.13"/> Embidiosos mas de ciento<lb/>tubo,
                            y en particular<lb/>el Corregidor sobervio<lb/>de la Ciudad de
                            Antequera. . . . .° <milestone
                rend="closer" unit="ZM"/>
                            <milestone rend="closer"
                unit="E4"/></p>
                        <p>¡Esto se imprime, y se permite que ande entre la juventud, que por ser la
                            mas indocta, es la mas expuesta à ser viles imitadores de estos <pb
                n="21"/> desacatos! Bien sé, que nunca habrá sido reflexionada esta
                            materia por los que pueden corregirla, porque los grandes entendimientos
                            pocas veces se humillan à noticiarse de cosas tan rateras, y
                            despreciables; pero mi genio cabiloso à todas partes se dirige, y de
                            qualquier pelillo se agarra, como encuentre abusos en que exercer su
                            crítica.</p>
                        <p>Pero volviendo à mi idea: ¡Podrá darse mayor atrevimiento, que elevar
                            sobre toda alabanza à un indigno, à costa del decóro debido à el supremo
                            nombre de los Jueces! ¿Serán inútiles los recelos, de que este abuso sea
                            la ruina de muchos, y la causa de infinitas desgracias? ¿Será arrojo
                            decir, que todos, ò los mas que se entregan à la obscura vida de los
                            robos, homicidios, y contravandos tubieron su theórica en esta escuela?
                            No será, quando se miran estas mismas <pb
                n="22"/> cosas ser los
                            fundamentos sobre que estrivan el aplauso, la aceptacion, y alabanza de
                            aquellos Guapos. ¿Hicieron todos los mas en el discurso de su vida otra
                            cosa, que contravandos, homicidios, y robos, hazañas para el vulgo
                            ignorante, por las que los eleva, y canoniza por Héroes, conservando en
                            la memoria unos objetos tan llenos de vicios, y tan descaradamente
                            delinqüentes? Dirán muchos, que solo el ínfimo Pueblo tiene este riesgo,
                            porque es el que mas se entrega à esta lectura. ¿Y el ínfimo Pueblo no
                            es acreedor, mas que los doctos (porque tienen menos luces) à que se le
                            aparte con industria, ò con rigor de las ocasiones en que pueda
                            pervertirse? ¿Son acaso de poco momento las conseqüencias, que de esto
                            se originan? Bien sé que no, y todo entendimiento no preocupado discurro
                            me dará la razon.</p>
                        <p><pb
                n="23"/> Aquellos Libros de Cavallerías, que tan felizmente desterró
                            Cervantes con su célebre Quixote, nunca fueron tan perjudiciales, ni tan
                            ocasionados à los Lectores: en ellos se miraba lo fingido tan claro, que
                            el mas estúpido conocería el imposible de aquellos cuentos: empleaban
                            mal el tiempo, y le gastaban en mil locuras inútiles, es verdad; pero
                            fuera del famoso Manchego, se atrevió à ser Cavallero andante, y no
                            obstante fue precisa su correccion, y yá à Dios gracias estamos libres
                            de aquella peste; pero los Romances de los <hi
                rend="italic">Guapos de
                                la Andalucìa</hi> tienen mil sectarios, y lo peor es, que à cada
                            paso se oyen con lastima las hazañas, con que procuran imitar à sus
                            Maestros en el arte de la maldad: todo lo que estaba remediado quitando
                            del mundo, y de la vista de los hombres los aborecibles escritos, que
                            tienen por argu-<pb
                n="24"/>mento principal de su eficacia disfrazar los
                            mas vergonzosos, y atrevidos delitos, para mover à su imitacion à los
                            ignorantes, haciendo sean iguales en los fines desastrados con aquellos
                            de quien aprendieron à ser indignos, valiendose para esto de la
                            agraciada Poesía, destinada solo para las Divinas alabanzas, celebrar, y
                            perpetuar en la memoria los verdaderos Héroes, y ridiculizar, y hacer
                            odiosos los delitos. <milestone
                rend="closer" unit="TR"/>
                            <milestone rend="closer"
                unit="E3"/>
                            <milestone rend="closer"
                unit="MT"/>
                            <milestone rend="closer"
              unit="E2"/></p>
                        <p
                rend="date">Cadiz, y Agosto 25. de 1763.</p>
                        <p>Con licencia: En Madrid en la Imprenta de Francisco Xavier Garcia, calle
                            de los Capellanes.</p>
                        <p>
                            <hi
                  rend="italic">Se hallarà este, y los demàs en la Librería de Juan
                                Yuste, calle de la Concepcion, frente del Salvador, y en su Puesto
                                Gradas de San Phelipe. <milestone
                  rend="closer" unit="E1"/></hi>
                        </p>
                        <p/>
                    </div1>
                </body>
      </text>
      <text ana="framings">
        <body
                xml:space="preserve">
                    <div>
                        <ab>
                            <seg
                synch="#FR.1" type="E1">
                                <seg
                  type="U1">Pensamiento VIII</seg>
                                <seg synch="#FR.2"
                    type="E2">
                                    <seg synch="#FR.3"
                      type="MT"> Andaba mi vanidad atropellando mi
                                        modestia, viendome adornada con el brillante titulo de
                                        Pensadora, y ahora ha cobrado nuevas fuerzas su
                                        atrevimiento, quando casi me mira poseer la habilidad de la
                                        Astrología. Pronostiqué (aun sin levantar figura) á mis
                                        Pensamientos muchos trabajos, luego que dirigiesen sus
                                        discursos contra el sagrado respetable de los hombres; y
                                        bien á pesar mio veo cumplido el pronostico; pero no por
                                        esto desmayará mi pluma; pues teniendo á las Damas de mi
                                        parte, como mas dóciles, y mas afables, con su patro-<pb
                      n="4"/>cinio nada me queda que recelar. Todo los felices
                                        progresos de mis papelillos son hijos de sus piedades; pues
                                        amparandome por su igual, tratan mis borrones como de casa,
                                        y los alaban como proprios; y ciertamente que siento haber
                                        sido tan poco agradecida á tales finezas; pues parece, que
                                        por lo mismo he procurado ocupar mi pluma, mas en la
                                        inquisicion de sus defectos, echandoselos en cara, y
                                        haciendolos públicos á todos; pero me alentaba el tener de
                                        mi parte su aceptacion, y deseo de corregirse: que bien
                                        sabía, que no me habia de suceder lo que con los señores
                                        delicados hombres, que á el verse convencidos vivamente, con
                                        el ruido desentonado de sus gritos me han obligado á
                                        despertar de aquel dulce sueño, en que tan gustosa se miraba
                                        mi imaginacion. <seg
                      synch="#FR.4" type="E3">
                                            <seg synch="#FR.5"
                          type="TR">
                                                <pb
                          n="5"/>Es la Poesía el mas proprio idioma del
                                                alma, con el que excendiendose á sí misma, se
                                                enfurece divinamente, para explicar aquellos
                                                objetos, que mueven, ò su admiracion por heroycos, ò
                                                su desprecio por ridículos: es un modo de conceptuar
                                                tan dulcemente elevado, que con la hermosa symetría
                                                de sus números, roba gustosamente las atenciones mas
                                                descuidadas, sin que puedan eximirse de su imperio
                                                la rusticidad mas grosera, ni la erudicion mas
                                                profunda: todo lo arrastra, á todos mueve, y en
                                                todos exercita el hechizo agradable de su harmonía;
                                                pues es un dulce encanto, que aun entre las Naciones
                                                mas incultas mereció la estimacion mas sublíme: es
                                                el mayor realce de un entendimiento; y esta gracia,
                                                con discrecion poseída, eleva á los hombres á ser
                                                dignos objetos de la Fama. <pb
                          n="6"/>Tubo principio
                                                esta hermosa habilidad en los corazones religiosos,
                                                que para desahogar dignamente el fuego divino de la
                                                adoracion á el Criador Supremo, exhalaron sus ansias
                                                en tiernos hymnos, convidando con ellos à los
                                                hombres á el conocimiento de la Divinidad. Pasó á
                                                segundo exercicio su destino, que siempre grande, no
                                                dió paso en sus principios, que no fuera por el
                                                camino de el acierto. Para celebrar aquellas grandes
                                                acciones de los Heroes, y excitar á la juventud à su
                                                imitacion, compusieron numéricos elogios, que
                                                reservados en la memori, aeran [sic] à un tiempo que
                                                fúnebres exequias de los muertos, exemplares
                                                estímulos de los vivos, cumpliendo en una accion con
                                                dos obligaciones, como era hacer el obsequio debido
                                                à sus pasados, y mover à una virtuosa embidia à los
                                                presentes. <pb
                          n="7"/>No contenta la Poesìa con
                                                estender su dominio sobre lo grande, dilató sus
                                                límites à lo ridículo, y pequeño; pero siempre con
                                                idéas sublimes, è intentos magnificos; pues viendo
                                                que celebrando las acciones heroycas, se movian los
                                                hombres á su imitacion, se propuso hacer asumptos de
                                                sus sátyras los vicios, y ridiculizando las
                                                extravagancias, logró muchas veces ver, que aquellos
                                                que á los principios fueron el objeto de sus
                                                picantes sales, pasasen avergonzados à ser la idea
                                                de sus elogios, corrigiendo con aquel impulso el
                                                desordenado proceder de sus pasiones. Tenemos à esta
                                                hermosa hija de Apolo alabando la Deidad, y
                                                empleando justamente sus primores en la explicacion
                                                de su esencia. La admiramos celebrando las grandes
                                                acciones, y conservando en nuestra me-<pb
                          n="8"/>moria vivos aquellos, que por sus obras merecian
                                                ser eternos. Tambien la divisamos gustosamente
                                                entretenida, para hacernos odiosos los defectos
                                                agenos con la sátyra, y apartarnos de aquella vil
                                                imitacion con sus números. Estos son los empleos
                                                dignos, y peculiares de la Poesía, y en estas cosas
                                                se emplean propriamente sus métricas cadencias.
                                                ¡Pero qué desgracia! esta hermosa Dama, que toda
                                                primores solo se entretuvo en preciosidades, está
                                                por nuestros Españoles destinada à lo indigno, à lo
                                                inútil, y à lo perverso, haciendo que sirvan sus
                                                números de lastimoso tropiezo à los incautos; pues
                                                envilecen su nobleza con emplearla en conservar en
                                                la memoria de los hombres aquellas acciones, que
                                                merecian ser entregadas à un eterno olvido. <pb
                          n="9"/>¿No es un agravio claramente cometido
                                                contra esta hermosa Deidad, destinarla por muchos de
                                                nuestros patricios para alabar, perpetuar en la
                                                memoria, y excitar à su imitacion los delitos mas
                                                atrevidos contra el Cielo, el Rey, y la Patria,
                                                quando la ocupan indignamente en esos asquerosos
                                                Romances de nuestros Guapos Andaluces? ¿qué otro
                                                empleo la dán mas, que obligarla à celebrar unos
                                                hombres, que por viles, ò murieron entre las fatigas
                                                de un lazo, ò à las iras crueles de una venganza?
                                                ¡Ciertamente ignoro cómo ha podido durar este abuso
                                                tanto tiempo en un País tan culto, donde la piedad,
                                                y religion tienen su asiento! No hay que replicarme,
                                                con que semejantes producciones son despreciadas por
                                                la gente discreta, que rigorosamente no se tienen
                                                por obras de Poë-<pb
                          n="10"/>sía, por su estilo
                                                humilde, y despreciable, y que solo andan entre la
                                                gente mas ínfima del Pueblo, que esta réplica es el
                                                mayor estímulo à mis reflexiones, y la que me obliga
                                                à hacer eleccion de este asumpto. Tiene la Poësía,
                                                como llevo dicho, dominio sobre los corazones de los
                                                hombres, y los mueve insensiblemente à la imitacion
                                                de los objetos de sus alabanzas. Habla con todos, y
                                                à todos adequa sus conceptos, y segun el asumpto que
                                                se propone, ò se calza el grave cothurno, ò el
                                                humilde zueco, de modo, que regulando sus adornos
                                                por la idea, unas veces la admiramos triunfante en
                                                las batallas, y otras Pastora en las riberas; pero
                                                siempre tan despótica de las voluntades, que
                                                igualmente obliga quando noble, que quando villana,
                                                siempre tiene la misma fuerza. Por <pb
                          n="11"/>esta
                                                causa, quando injustamente hacen servir sus
                                                cadencias en las Relaciones de aquellos hechos
                                                indignos de nuestros imaginados Valientes, aunque no
                                                la hermoseen con los primores proprios de su merito,
                                                no por eso la quitan el dominio sobre los ánimos;
                                                pues si entonces no mueve à los entendimientos no
                                                vulgares, antes bien los causa nausea su lectura,
                                                arrastra infelízmente à todos aquellos, que sin
                                                facultades para distinguir lo apreciable de lo
                                                inútil, se dexan llevar gustosos de lo aparente, y
                                                estos, como por lo comun son los mas, es
                                                regularmente el daño grande, y los sucesos funestos
                                                repetidos. No se ciñe lo vulgar en este assumpto à
                                                las monteras, y polaynas, se estiende lastimosamente
                                                à las Ciudades, y à las pelucas, y hace estragos
                                                funestisimos aun en aquellos <pb
                          n="12"/>que están
                                                mas lejos de parecer apasionados de este delirio;
                                                pero no es mi intento elevar la reflexion sobre
                                                sujetos tan altos, los discurro con bastantes
                                                principios, para que à la menor insinuacion reformen
                                                sus ideas, quiero sí contentarme con hacer ver las
                                                ruínas, que ocasiona este abuso en aquellos que se
                                                proponen por objetos de sus valentías este, ò aquel
                                                picaro celebrado en dichos Romances; pues llega à
                                                tanta la locura en este asumpto, que mas de quatro
                                                veces se han ocasionado peligrosas disputas sobre
                                                hacer ridículos paralelos de las obscuras acciones
                                                de sus fingidos Héroes. Raro será el miserable, que
                                                haya finalizado su vida en la infámia de un
                                                patíbulo, que no procurase imitar en sus
                                                atrevimientos alguno celebrado por valiente, y que
                                                no tubiese en la memoria una docena de <pb
                          n="13"/>estos Romances, tomando en aquellos pasages el
                                                exemplar para los que premeditaba. ¿Cómo no se
                                                moverá un infelíz tocado de esta locura à parecer un
                                                Francisco Estevan, si vé de letra de molde
                                                (circunstancia para estos casi divina) los sucesos
                                                de su vida, y proclamado por inimitable en el valor?
                                                esta sola será única prueba de mi discurso; pues es
                                                la principal, y maestra, y la que encierra los
                                                mayores delitos laureados; y no echen menos los
                                                chistes en este asumpto; pues habiendo el inimitable
                                                Quevedo compuesto sus Xácaras para desterrar este
                                                infame abuso, tan llenas de sus naturales tales, y
                                                no conseguido el fin, quiero en tono mas sério hacer
                                                presente à los que pueden remediarlo los daños que
                                                se originan; y no estrañen mi atrevimiento, que
                                                muchas veces se consi-<pb
                          n="14"/>guen cosas grandes
                                                con instrumentos pequeños. Es el principal asumpto
                                                de estos Romances hacer odiosos à todos los
                                                Ministros, que zelan la Real Hacienda, y nunca se
                                                ven nombrados, que no sea para hacerlos el blanco
                                                del desprecio, pasando à tanto la osadía, que llega
                                                à el sagrado de los Jueces. En la quinta parte de
                                                los Romances de Estevan, alabando à este Picaro,
                                                dice: <seg
                          synch="#FR.6" type="E4">
                                                  <seg synch="#FR.7"
                          type="ZM"> Yá saben que su
                                                  exercicio<lb/>era andar à el contravando,<lb/>y
                                                  que en el Andalucìa<lb/>Guardas, Ministros
                                                  temblaron<lb/>de oìr su nombre, y los Jueces
                                                  <lb/>tiemblan de verlo enojado . . . . . </seg>
                                                </seg>  No se puede autorizar mas un atrevimiento.
                                                Esto, que aunque fuese verdad, siempre fue un delito
                                                contra la Divina, y Humana Magestad, ¿por qué se ha
                                                de permitir que <pb
                          n="15"/>ande en las bocas de
                                                todos, y que sea un exemplar para criar atrevidos?
                                                Siempre somos inclinados à la libertad, y
                                                aborrecemos la sujecion, aunque sea justa; ¿pues
                                                cómo se corregirá, ni intimidará à tales generos de
                                                gente, que todos los dias desfraudan à el Rey sus
                                                Rentas, y atropellan sus Justicias, si ven con el
                                                comun (aunque vulgar aplauso) celebrados estos
                                                delitos, y que es el camino corriente para hacerse
                                                memorables? ¿De donde nace el odio cómun, que
                                                muestran las gentes à los sujetos, de qualquier
                                                calidad que sea, que son nombrados para el resguardo
                                                de las Rentas Reales? ¿De qué se origina la
                                                delinqüente adversion con que se habla de las
                                                Justicias, que han castigado, ò castigan esta infame
                                                canalla? ¿de donde? de estos Romances. ¿Podrá aquel,
                                                cuya aten-<pb
                          n="16"/>cion dedica à este género de
                                                diversion, oír con gusto, y respeto el nombre de
                                                aquellos Ministros, ò Jueces, que à el sugeto de su
                                                cariño pusieron justisimamente en un palo? De
                                                ninguna manera; antes herido vivamente de un nécio
                                                dolor de ver muerto aquel hombre que era el estímulo
                                                de su admiracion, aborrecerá de corazon à todos
                                                aquellos que fueron causa de que finalizase la
                                                carrera de sus vicios, aunque para él gloriosas
                                                empresas. ¿Y qué se seguirá de aquí en lo presente?
                                                Que quando algun infame delinqüente sea osado à
                                                procurar executar iguales desátinos, si imita en
                                                ellos à aquel cuya Relacion sabe de memoria, de la
                                                misma manera odiará las presentes Justicias, y se
                                                lastimará de la desgracia de aquel infelíz, no con
                                                una compasion racional, sino delinqüente, que solo
                                                  exci-<pb
                          n="17"/>tará su lastima, porque quitan
                                                del Mundo un Guapo, que era el terror de todos, y
                                                que habia con su atrevimiento cometido delitos
                                                enormes, bien que para él hazañas prodigiosas. Los
                                                homicidios freqüentemente celebrados en este género
                                                de Romances, son los materiales mas preciosos de sus
                                                alabanzas, y por donde los gradúan con los nombres
                                                de Terror del Mundo, Leones, Tygres, &amp;c. y
                                                no fueran mal traidos estos similes, si les diesen
                                                la apropriacion correspondiente à sus fieras
                                                brutalidades; pero la lastima es, que los elevan de
                                                esta manera, à su modo de explicarse, à el grado mas
                                                alto de invencibles, para alentar à los ignorantes à
                                                su imitacion. En la primera parte de Estevan, dice:
                                                  <seg
                          synch="#FR.8" type="E4">
                                                  <seg synch="#FR.9"
                              type="ZM">
                                                  <pb
                          n="18"/>Sucediòme en un camino,<lb/>que me
                                                  faltaron dineros,<lb/>y en la venta donde
                                                  estaba<lb/>me reventaba el Ventero<lb/>porque le
                                                  pague la costa,<lb/>y paguéle tan de
                                                  presto,<lb/>que à la otra vida volando<lb/>se
                                                  partiò, dexando el cuerpo . . . . . </seg>
                                                </seg>  ¡Bella obra de caridad! ¡Gloriosa hazaña!
                                                ¿Qué han de hacer los infelices que leen esto, sino
                                                dexarse llevar de esta locura? Semejantes desgracias
                                                se vén repetidas en nuestros tiempos; y aunque
                                                rectamente castigadas, mientras no se arranque de la
                                                memoria de los hombres estos exemplares, servirá de
                                                poco el castigo; pues siempre con mas facilidad
                                                abandona la memoria lo contrario à su gusto, que lo
                                                propicio à la inclinacion. Quiero antes que se me
                                                pase esta especie, llamar la reflexion de mis
                                                Lectores para que me ayuden à ponderarla: no
                                                procuraré mas que hacer <pb
                          n="19"/>una leve
                                                insinuacion; y cada uno en el fondo de su corazon, y
                                                piedad, mire si son compatibles los delitos que se
                                                celebran, con la casi continua invocacion de los
                                                principios de los Romances. Tercera parte de
                                                Estevan: <seg
                          synch="#FR.10" type="E4">
                                                  <seg
                            synch="#FR.11"
                          type="ZM"> Santo Christo de la
                                                  Luz,<lb/>Señor de Cielos, y Tierra,<lb/>desatad
                                                  mis torpes labios,<lb/>y dadle voz à mi
                                                  lengua,<lb/>mientras la tercera
                                                  parte . . . . . <lb/>En la quarta:<lb/>O Soberano
                                                  Señor,<lb/>que sustentais tierra, y
                                                  Cielo,<lb/>gobernad mi rudo estilo,<lb/>dad luz à
                                                  mi entendimiento,<lb/>para que cante, y
                                                  explique : : : : : <lb/>. . . . . . . . . . . . . . . . <lb/>porque
                                                  no quede en bosquejo<lb/>este arresto
                                                  temerario . . . . . </seg>
                                                </seg>  ¡Qué súplica tan à tiempo, y para qué
                                                piadoso sin solicitada! ¡No sé donde está el
                                                entendimiento! Quiero dexár à todos campo abierto
                                                para que discurran sobre este particular. Lo que mas
                                                eleva este delinqüen-<pb
                          n="20"/>te sobre la
                                                estimacion de los hombres, fue aquel atrevimiento
                                                hecho en Granada con el Presidente de aquella Real
                                                Chancillería: nos cuentan, que le pidió muy cortés,
                                                que rompiese la criminal causa de sus feos delitos,
                                                lo consiguió, y luego salió, en premio del desacato,
                                                regalado del mismo Juez; y esta accion atrevida
                                                contra Dios, contra el Rey, y contra la Patria, es
                                                tenida por una de sus mayores hazañas. No contento
                                                su atrevimiento, cuenta el necio Chronista de sus
                                                hechos, que practicó lo mismo en Antequera, tratando
                                                sin respeto à aquel Juez, quando dice: <seg
                          synch="#FR.12" type="E4">
                                                  <seg
                            synch="#FR.13"
                          type="ZM"> Embidiosos mas de
                                                  ciento<lb/>tubo, y en particular<lb/>el Corregidor
                                                  sobervio<lb/>de la Ciudad de Antequera. . . . .°
                                                  </seg>
                                                </seg> ¡Esto se imprime, y se permite que ande entre
                                                la juventud, que por ser la mas indocta, es la mas
                                                expuesta à ser viles imitadores de estos <pb
                          n="21"/>desacatos! Bien sé, que nunca habrá sido
                                                reflexionada esta materia por los que pueden
                                                corregirla, porque los grandes entendimientos pocas
                                                veces se humillan à noticiarse de cosas tan rateras,
                                                y despreciables; pero mi genio cabiloso à todas
                                                partes se dirige, y de qualquier pelillo se agarra,
                                                como encuentre abusos en que exercer su crítica.
                                                Pero volviendo à mi idea: ¡Podrá darse mayor
                                                atrevimiento, que elevar sobre toda alabanza à un
                                                indigno, à costa del decóro debido à el supremo
                                                nombre de los Jueces! ¿Serán inútiles los recelos,
                                                de que este abuso sea la ruina de muchos, y la causa
                                                de infinitas desgracias? ¿Será arrojo decir, que
                                                todos, ò los mas que se entregan à la obscura vida
                                                de los robos, homicidios, y contravandos tubieron su
                                                theórica en esta escuela? No será, quando se miran
                                                estas mismas <pb
                          n="22"/>cosas ser los fundamentos
                                                sobre que estrivan el aplauso, la aceptacion, y
                                                alabanza de aquellos Guapos. ¿Hicieron todos los mas
                                                en el discurso de su vida otra cosa, que
                                                contravandos, homicidios, y robos, hazañas para el
                                                vulgo ignorante, por las que los eleva, y canoniza
                                                por Héroes, conservando en la memoria unos objetos
                                                tan llenos de vicios, y tan descaradamente
                                                delinqüentes? Dirán muchos, que solo el ínfimo
                                                Pueblo tiene este riesgo, porque es el que mas se
                                                entrega à esta lectura. ¿Y el ínfimo Pueblo no es
                                                acreedor, mas que los doctos (porque tienen menos
                                                luces) à que se le aparte con industria, ò con rigor
                                                de las ocasiones en que pueda pervertirse? ¿Son
                                                acaso de poco momento las conseqüencias, que de esto
                                                se originan? Bien sé que no, y todo entendimiento no
                                                preocupado discurro me dará la razon. <pb
                          n="23"/>Aquellos Libros de Cavallerías, que tan felizmente
                                                desterró Cervantes con su célebre Quixote, nunca
                                                fueron tan perjudiciales, ni tan ocasionados à los
                                                Lectores: en ellos se miraba lo fingido tan claro,
                                                que el mas estúpido conocería el imposible de
                                                aquellos cuentos: empleaban mal el tiempo, y le
                                                gastaban en mil locuras inútiles, es verdad; pero
                                                fuera del famoso Manchego, se atrevió à ser
                                                Cavallero andante, y no obstante fue precisa su
                                                correccion, y yá à Dios gracias estamos libres de
                                                aquella peste; pero los Romances de los Guapos de la
                                                Andalucìa tienen mil sectarios, y lo peor es, que à
                                                cada paso se oyen con lastima las hazañas, con que
                                                procuran imitar à sus Maestros en el arte de la
                                                maldad: todo lo que estaba remediado quitando del
                                                mundo, y de la vista de los hombres los aborecibles
                                                escritos, que tienen por argu-<pb
                  n="24"/>mento
                                                principal de su eficacia disfrazar los mas
                                                vergonzosos, y atrevidos delitos, para mover à su
                                                imitacion à los ignorantes, haciendo sean iguales en
                                                los fines desastrados con aquellos de quien
                                                aprendieron à ser indignos, valiendose para esto de
                                                la agraciada Poesía, destinada solo para las Divinas
                                                alabanzas, celebrar, y perpetuar en la memoria los
                                                verdaderos Héroes, y ridiculizar, y hacer odiosos
                                                los delitos. </seg>
                                        </seg>
                                    </seg>
                                </seg>
                                <seg type="DT">Cadiz, y Agosto 25. de 1763.</seg> Con licencia: En
                                Madrid en la Imprenta de Francisco Xavier Garcia, calle de los
                                Capellanes. Se hallarà este, y los demàs en la Librería de Juan
                                Yuste, calle de la Concepcion, frente del Salvador, y en su Puesto
                                Gradas de San Phelipe. </seg>
                        </ab>
                    </div>
                </body>
      </text>
    </group>
  </text>
</TEI>
