Zitiervorschlag: Anónimo [Ventura Ferrer] (Hrsg.): "Núm. 65.", in: El Regañón general, Vol.2\65 (1804), S. 515-522, ediert in: Ertler, Klaus-Dieter / Hobisch, Elisabeth (Hrsg.): Die "Spectators" im internationalen Kontext. Digitale Edition, Graz 2011- . hdl.handle.net/11471/513.20.5086 [aufgerufen am: ].


Ebene 1►

Núm.° 65.

Miércoles 15 de Agosto de 1804.

Educacion práctica.

Ebene 2►

Instruccion que se debe dar á las mugeres.

Ebene 3► Brief/Leserbrief► Metatextualität► La mayor parte de las reglas que hemos dado sobre la educacion de los hombres en los Números 13, 14 y 15 de nuestro periódico de este año, ◀Metatextualität puede acomodarse á la de ámbos sexôs, sin embargo añadiremos algunas reflexîones particulares propias para la educacion de las mugeres solamente: educacion que por desgracia es muchas veces mal dirigida ó abandonada, pero que no dexa de ser tan importante como la de los hombres, supuesto que han de tener que gobernar una casa y criados, hacer feliz á un esposo, y educar á sus hijos. Fremdportrait► En todos tiempos se ha despreciado la educacion de las mugeres como si éstas fuesen una especie distinta de los hombres, sin considerar que componen la mitad del género humano, que hacen la felicidad ó la desgracia de los hombres, y que tienen que desempeñar unas funciones que son el fundamento de la sociedad, y aun de la vida humana. El arreglo de las casas se confia á ellas por lo regular, y en su administracion y policía interior consiste muchas veces que aquellas sé sostengan ó se arruinen, se aumenten ó se destruyan. A su cargo está la educacion de los hijos desde su primera juventud, y mal podrán desempeñar esta obligacion con acierto quando ellas mismas son entregadas desde su infancia á la direccion de una aya, que por lo regular es una muger sin principios, la qual no puede mas que inspirarlas pensamientos baxos, hacerlas tímidas y perezosas, y enseñarlas ciertas máxîmas vulgares que tienen que olvidarlas despues, como puedan, para ser felices. Es extraño seguramente que se tomen por lo comun las mayores precauciones para conservar y perpetuar en las familias los bienes de fortu-[516]na que no pueden dar mérito, y que se tomen tan pocas ó ninguna para dar á las hijas una sabia y virtuosa educacion, y hacer en ellas hereditarias las virtudes morales y religiosas que las madres deben transmitir á sus hijos. ¿Qué interes tan grande no les resultaria á los hombres mismos si las mugeres fuesen bien educadas? ¿Qué consuelo podrán esperar en esta vida si unidos á personas sin educacion les produce esta sociedad las mayores amarguras y sinsabores? ¿Qué vendrán á ser los hijos de unas madres que no tienen principios, y que por consiguiente no se los pueden dar? Desengañémonos, es un crimen contra la sociedad en general el abandonar la educacion de las mugeres. El famoso Arzobispo de Cambray no se desdeñó ni tuvo á ménos emplear su pluma en componer una obra sobre esta importantísima materia, De ella tomaremos lo que nos parezca mas á propósito para formar en compendio un plan de educacion para las señoras, porque mas queremos proponer métodos y reglas experimentadas y acreditadas, que aventurar otras nuevas de nuestro propio fondo, que tal vez tendrian mal suceso en la práctica. Así pues, tomando por guias en un camino tan peligroso á los autores mas célebres, y á nuestra experiencia, no nos extraviaremos de la verdadera senda, ni haremos que se separen de ella los que sigan nuestros pasos.

Antes de exponer el plan de una buena educacion para las mugeres, es preciso exâminar los defectos é inconvenientes que tiene la que actualmente se las da. Muchas personas hay firmemente persuadidas de que á las mugeres se les debe dar muy poca instruccion, diciendo que no se necesita que sean sabias, pues la ciencia las hace vanas é insufribles ¿y así que basta, que sepan gobernar bien su casa, y obedecer á su marido. Verdad es que las mugeres por lo regular tienen el espíritu mas débil y mas curioso que los hombres, y por lo tanto se debe temer que con el abuso se vengan á hacer ridiculas; Pero ¿se sigue de aquí que deban ser criadas en la mayor ignorancia, y limitarse únicamente á las funciones de su estado? ¿Podrán acaso los hombres pretender que sean sus esclavas las que estan destinadas para ser sus compañeras? ¿Privarán á la sociedad de su mayor encanto haciéndolas unos verdaderos autómatas? No debe ser así, pues para eso no les ha dado la naturaleza un talento tan agradable y tan fino, Al contrario, esta madre universal quiere que piensen, juzguen y amen, y que cultiven su espíritu lo mismo que sus gracias, pues estas son las armas que las ha dado para contrapesar la fuerza que ha dado á los hombres. Es verdad que no conviene, dedicarlas á estudios [517] que tal vez las podrian ser mas dañosos que útiles; pero se debe evitar otro escollo mucho mas peligroso, y es la ignorancia total de muchos conocimientos que las serian necesarios, ó que podrian hacer resaltar su talento sin perjuicio alguno. No cabe duda en que la ignorancia de una muger es el origen de su fastidio, pues quando llega á cierta edad sin aplicarse á cosas sólidas no puede tener gusto por ellas, y resulta que todo lo serio la parece triste, y la causa una gran fatiga todo lo que necesita un poco de atencion. La inclinacion á los placeres, que es muy grande en la juventud, y el exemplo, no sirven mas que para hacerla temer una vida arreglada y laboriosa. Si es muger de conveniencias se cree exênta del trabajo de manos, y si lo hace alguna vez no será mas que por un rato, y por librarse de la censura de verla siempre ociosa. De este modo se abandona una muger á la pereza, de la qual dimana necesariamente el fastidio. Para librarse de él se acostumbra á dormir una tercera parte mas del tiempo que necesita para conservar su salud, y este largo sueño no hace mas que debilitarla, reducirla á una mayor delicadeza, y exponerla á varias enfermedades. La ociosidad misma enciende en ella una curiosidad insaciable, y como carece de alimentos sólidos con que satisfacerla, se inclina ácia los objetos vanos y dañosos, y por esto apetece con ansia las diversiones, los bay les y los espectáculos que divierten su ligereza, y que acaban al fin de corromperla. El único cuidado de una muger desaplicada es pasar su vida en un total abandono de tiempo, y en diversiones frívolas, pues como no tiene ideas ni reflexîon mas que de sus vestidos y placeres, el juego, las modas y la etiqueta es la única cultura que tiene su espíritu. Esta pequenez de conocimientos se puede notar en la indiferencia con que mira todo lo que es importante, y en el interes que pone en la menor bagatela. La vista solamente de un libro serio la hace bostezar, y qualquier hombre que en vez de una conversacion jocosa tratase de hablar delante de ella con algun peso, le tendria por del otro mundo. La menor falta que se la haga en las etiquetas y en las acciones de estilo es para ella el mayor trastorno y ruina de la razon, al mismo tiempo que oye con tranquilidad, y aun con placer, muchas conversaciones que ofenden la virtud y el pudor, y dice ó aplaude sin escrúpulo las calumnias mas criminales.

El arte de agradar, que es el principal cuidado de una muger, la ocupa todo el tiempo y el espíritu, y pasa así su juventud inútilmente de diversion en diversion. Como no piensa mas [518] que en su adorno, no llega jamas á tener juicio, ni es capaz de gobernar su casa. Este descanso perpetuo hace que se la reunan los humores resultándola enfermedades que procuran curar con remedios inútiles. El fruto infalible de una educacion semejante es una larga imbecilidad de la que sanan muchas mugeres quando algunos accidentes imprevistos las obligan á hacer uso de su razon. Si no llega este caso, como sucede por lo regular, ¿qué se debe esperar de una cabeza llena de espectáculos, de novelas, y de máxîmas falsas? Si tiene poco talento es preciso, que se condene á un silencio eterno, y á una dependencia servil, ó que no abra la boca mas que para hablar de lo que no entiende, ó entiende muy poco. Si tiene talento, como éste no está adornado de los conocimientos necesarios, empleará toda su actividad sobre los objetos que se la presenten, y no solo el marido, los criados y los vecinos, sino tambien, Los amigos, y quantos conozca, vendrán, á ser el blanco de sus críticas, de sus desdenes y de sus sátiras; ¿Y qué llegará á ser una muger quando emplea un talento de esta naturaleza en fomentar otras pasiones? ¿Qué diferencia tan grande hay, de una educada de este modo, á otra á quien se la ha procurado influir el gusto de la ocupacion y del trabajo? Aunque ésta no tenga mas que un mediano talento, como tiene recursos de evitar la ociosidad y el fastidio ya con el trabajo de sus manos, ó con una lectura sólida, vivirá feliz y estimada de todos. Con estas prevenciones pasemos al plan de educacion que hemos formado.

Primer grado de instruccion en las mugeres.

Es una verdad inconcusa que de las mugeres depende la primera educacion de los hombres, sus costumbres, sus placeres, sus pasiones, y su misma felicidad; así pues toda la educacion que á ellas se las debe dar ha de ser con relacion á los hombres. Lo que se las debe enseñar desde la infancia es á serles útiles, á hacerse amar y estimar de ellos, á educarlos siendo niños, á agradarlos, consolarlos, y hacerles agradable y dulce la vida; pues esta es su obligacion. Miéntras que no se suba á este principio nos separaremos del fin, y todos los preceptos no servirán de nada para su felicidad ni para la nuestra.

Todas las niñas desde bien pequeñas aman el adorno, y contentas con ser hermosas quieren que se las tenga por tales. No les sucede esto á los niños. Las mugeres no deben ser tan robustas como los hombres, pero deben tener alguna robustez [519] para que los hombres que nazcan de ellas la tengan tambien, y en esta parte me parece que los colegios y casas de primera educacion donde puedan las niñas entregarse á juegos y á carreras en los jardines, son preferibles á la casa paterna donde una hija criada con delicadeza, y sentada siempre delante de su madre en quarto cerrado, no se atreve á caminar, á hablar, ni tiene libertad alguna para saltar, correr, ni entregarse á la petulancia propia de su edad.

La comodidad del vestido, que venga holgado al cuerpo contribuye mucho á que haya en los dos sexôs las bellas proporciones que se ven en las estatuas antiguas, y que sirven de modelo al arte despues que la naturaleza desfigurada por nosotros no se los subministra. Todas estas trabas y ligaduras que oprimen los miembros de nuestros párvulos no fueron conocidas de los antiguos, ignorándose hasta el uso de los corsés llenos de ballenas con que nosotros les desfiguramos el talle.

Los niños tienen muchas diversiones que son comunes á ambos sexôs, y otras que son propias de cada uno en particular. Los varones procuran el ruido, el movimiento, los tambores, los trompos, &c. y las hembras gustan de los adornos, del espejo, los dixes, los trapajos, y con especialidad de las muñecas. Esta última es la principal diversion de su sexô, y por ella se distingue su gusto por su primer destino que es agradar al hombre. El adorno, que es la parte física del arte del agrado, es todo lo que las niñas pueden cultivar, y asi se ve que hasta las mas pequeñas se ocupan en esto con una seriedad que causa risa. Obsérvese pues á una muchacha que pasa todo el dia al lado de su muñeca, la viste y desnuda cien veces, y hace una multitud de combinaciones en los adornos. Ellas no serán muy buenas, porque les falta destreza á sus dedos, y no está formado su gusto, pero la inclinacion se manifiesta claramente. En esta ocupacion se la pasa el tiempo insensiblemente, y se olvida hasta de comer.

Descubierto su primer gusto no se necesita mas que seguirlo y arreglarlo. Es natural que la niña quiera saber adornar su muñeca, y se debe aprovechar este deseo para darla las primeras lecciones, pero que no sea esto como una obligacion que se le prescriba, sino como una condescendencia que se tiene por ella. Casi todas las niñas aprenden con repugnancia á leer y escribir, y se aplican con mas gusto al manejo de la aguja, y es sin duda porque se creen ya grandes, y piensan que esta ocupacion podrá serle útil para sus adornos. Franqueado ya este primer paso se introduce fácilmente la costura, el bordado, [520] y hasta el dibuxo. Las mugeres por lo regular son mas dóciles que los hombres, y se debe usar con ellas de mas autoridad, pero no se las debe exigir cosa alguna sin que se las manifieste su utilidad. Justifiquen pues las madres todos los mandatos, pero que estos sean con la mayor freqüencia, porque la ociosidad y la indocilidad son los dos defectos mas dañosos para ellas, y los mas difíciles de desarraygar quando se han contraido. Las mugeres deben ser vigilantes y laboriosas, y desde temprano deben sufrir incomodidades. Esta desgracia es inseparable de su sexô, y si alguna vez se libran de ella es para sufrir otras peores. Toda su vida tienen que estar sujetas á la mas severa y continua que es la censura pública, y así es preciso enseñarlas á que domen sus gustos para sujetarlos á la voluntad de otro. La disipacion, la frivolidad y la inconstancia son defectos que nacen de los primeros gustos que tuviéron; para prevenir su abuso se las debe enseñar á vencerse. La vida de una mujer honrada es un combate perpetuo contra ella misma, y á fin de que la sea soportable es preciso acostumbrarla á él desde temprano.

Á las niñas se las debe impedir tambien que se fastidien en sus ocupaciones, y que se apasionen demasiado en sus placeres. El primero de estos inconvenientes no se verificará sino quando tengan á su lado personas que las desagraden. Una hija que ama á su madre ó á su amiga trabajará todo el dia en su compañía sin disgusto alguno; pero la de una madre que la observa incesantemente, que la reprehende, que cree educarla bien no perdonándola defecto alguno, y que la hace participar de su mal humor, la ha de fastidiar en extremo; y si la que la gobierna le es insufrible executará con el mismo disgusto todo lo que haga en su presencia. Es muy difícil que las que no amen á sus madres mas que á otra persona del mundo puedan llegar á ser buenas jamas; pero para juzgar con exâctitud es preciso estudiarlas, y no fiarse en lo que digan, porque son lisonjeras, artificiosas, y aprenden desde temprano á disimular. No se puede prescribir el que se ame á la madre, porque el afecto no nace del deber, y para esto de nada sirve el temor. La amistad, las caricias y la costumbre obligarán á una hija á que ame á su madre si ésta no procura por otra parte conciliarse su odio. La misma sujecion en que la tenga, siendo bien dirigida, léjos de debilitar su amor no hará mas que aumentarle, pues como la dependencia es un estado natural en las mugeres, se acostumbran fácilmente á obedecer.

Por la misma razon que tienen poca libertad, llevan hasta [521] el exceso la que se les permite, y se entregan á sus juegos con mas ansia que los hombres, y este es el segundo de los inconvenientes. Se debe pues moderar esta aficion porque es la causa de todos los vicios. Permítaselas pues la alegría, los juegos y el ruido; pero se las debe impedir el exceso, pues no se las debe sufrir que un solo instante no conozcan el freno. Acostumbradlas pues á que vean interrumpidos sus juegos sin murmurar, pues la costumbre solamente basta para que las sea llevadera esta conducta. De prohibiciones semejantes adquirirán una docilidad que necesitan tener las mugeres toda su vida, porque nunca dexan de estar sujetas, ó á un hombre, ó á la censura de los demas hombres, sin que las sea permitido el despreciar sus juicios. Así pues no basta que sean estimables, sino que es necesario, que sean estimadas; no basta que sean honradas, sino que estén reconocidas por tales. Su honor no consiste solo en su conducta, sino en su reputacion, y la muger que sufre que se la tenga por infame jamas puede ser honrada. El hombre executando el bien no depende mas que de sí mismo, y puede de algun modo despreciar el juicio del público, pero la muger en este mismo, caso no cumple todavía mas que la mitad de su obligacion, pues lo que se piense de ella la interesa tanto como lo que es en efecto. Asi se debe concluir que la apariencia es una de las obligaciones de las mugeres para lograr la estimacion del público, la qual es tan indispensable como la castidad misma.

Pero no es suficiente que ellas demuestren tener las virtudes de su sexô, sino que es preciso que las tengan en efecto, siendo la primera y mas importante de todas la dulzura, que deben emplear para obedecer á un sér tan imperfecto y lleno de defectos como es el hombre, y así deben aprender á sufrir desde temprano la injusticia de un marido sin quejarse. En este caso principalmente es quando deben recurrir á la dulzura de su genio, porque la acritud y la tenacidad no harian mas que aumentar los malos procedimientos del marido, y solo con aquella arma los pueden vencer. Muchas veces puede tener razon una muger para quejarse, pero nunca para reñir, pues cada uno debe conservar el tono de su sexô. Un marido demasiado bueno puede hacer á su muger impertinente, pero la dulzura de una muger triunfa temprano ó tarde del hombre de peor condicion, á menos de que no sea un monstruo.

Muy justo es que las hijas sean obedientes y sumisas, pero las madres no deben ser siempre duras y severas, sino procurar que amen la docilidad y la sumision. No basta pues obligar á las jóvenes á que hagan su deber, es preciso tambien que lo [522] amen, pues la autoridad solo puede mandar en la conducta exterior. Quando se las mande alguna cosa es preciso manifestarlas los motivos y razones que hay para este mandato, infundiéndolas gusto en su execucion. Se encuentra tanto interes en practicar la virtud, que nunca debemos mirarla como nuestra enemiga, sino como el origen de nuestra gloria y felicidad; pero no suceda que para hacer dócil á vuestra hija la hagais desgraciada, ni para hacerla modesta la hagais estúpida; no se debe pues hacer pesada é insufrible la dependencia, pues basta solo con que la conozca. No mireis como un delito imperdonable el que use de alguna astucia para exîmirse de obedecer algunas veces, pues el ardid es un talento natural en las mugeres como se ve en las mismas niñas, que en este punto exceden á todos los niños de su misma edad, los quales parecen á su lado estúpidos é inadvertidos. La astucia que tiene el bello sexô es un contrapeso de la fuerza que le falta, y á no ser por aquella no seria la muger compañera del hombre sino su esclava, pues esta superioridad que posee la hace ser su igual, y con ella le gobierna obedeciendo. La muger tiene en contra suya nuestros defectos, su timidez y su debilidad, y solo tiene en su favor el arte y la hermosura, por eso debe cultivar estas dos cosas. La hermosura no es general, pues perece por mil accidentes, y no solo se acaba con los años, sino que la misma costumbre destruye el efecto que pudiera producir. El talento solamente es el verdadero recurso del bello sexô, pero no se entienda que hablo de aquel talento aturdido que tanto se aprecia en el dia, sino del arte con que las mugeres saben sacar partido de nuestros defectos, y valerse de nuestras propias ventajas. Nadie sabe quan útil nos puede ser esta astucia de las mugeres, ella añade mil encantos á la sociedad de los dos sexós, reprime la petulancia de los niños, y evita la discordia entre las familias. Verdad es que las mugeres artificiosas y malvadas pueden hacer un abuso; pero ¿de qué no podrá abusar el vicio? No debemos pues destruir los instrumentos de nuestra felicidad, porque los malos se puedan servir de ellos alguna vez. ◀Fremdportrait

Mas adelante continuaremos esta materia de tanto interes, y de la qual se ha tratado tan poco. Salud.

El Asesor del Tribunal. ◀Brief/Leserbrief ◀Ebene 3 ◀Ebene 2

Con Real Privilegio.
Madrid

En la Imprenta de la Administracion del Real Arbitrio de Beneficencia. ◀Ebene 1