Zitiervorschlag: Anónimo [Ventura Ferrer] (Hrsg.): "Núm. 46.", in: El Regañón general, Vol.2\46 (1804), S. 361-368, ediert in: Ertler, Klaus-Dieter / Hobisch, Elisabeth (Hrsg.): Die "Spectators" im internationalen Kontext. Digitale Edition, Graz 2011- . hdl.handle.net/11471/513.20.5037 [aufgerufen am: ].


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Núm.° 46.

Sábado 9 de Junio de 1804.

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Secretaría.
Correspondencia literaria del mes.

Carta primera.

Contestacion al Número 28.

Ebene 3► Brief/Leserbrief► Señor Don F. A. y G. Muy señor mio: En medio de la instruccion y talento que reconozco en vmd., le ruego me permita decirle con franqueza que es un pobre hombre, lo que me parece fácil de probar.

¿Es posible que habiendo leido libros franceses, y periódicos de su Atenas, pueda coger á vmd. de nuevo la insustancialidad, ligereza y craso error del artículo del 5 Pluviose. Pues qué, ¿juzgaba vmd. buenamente que para ser periodista de Paris, y hablar de España, era necesario tener un buen talento, gran fondo de instruccion en las ciencias, sana crítica, y haber vivido á lo menos tres años en Madrid, Granada, ú otra gran poblacion, observando escrupulosamente las costumbres, el carácter, leyes, moral, &c. &c. de los españoles? Temo que vmd. lo haya creido así, pero se engañó como buen español. Metatextualität► Y cómo, ¿ahora empieza vmd. á conocer que un español debe, sopeña de pasar por un rústico insipiente, pronunciar perfectamente la ú francesa, la é cerrada, la abierta, y conocer á muchos de sus autores, á lo ménos á Voltaire, Diderot, D´Alembert, y demas tertulianos de Ferney; y que un francés puede ser muy sabio sin saber de quien es la Comedia nueva, y aun el Quijote, con tal que sepa decir resueltamente que los españoles estamos dos siglos atras de toda Europa, que usamos [362] de rafreseos, tartouillas, spougars, ó como dixo otro en ocasion que pudo costarles muy caro, que todos los españoles llevan anteojos por haber visto á un religioso anciano que los usaba? Pues digo que es vmd. un bendito. El periodista de Paris se hallaria, como sucede á muchos otros, escaso de materiales, echó mano de un Viage de España, cuyo autor habia imitado á otro, que tomó las especies de otro, que habia copiado á otro hace cinqüenta años, y cate vmd. lleno el hueco del periódico, y al editor fuera del aprieto. ¿Y qué piensa vmd. es necesario para escribir un viage de España? Nada: viene un nuevo Ateniense á la feria de Pamplona á vender anteojos, ó apañar chocolateras sin clavo, nos favorece, soplatque dineros, y apenas llega á su casa, y descarga del hombro su caxon, enristra la pluma, escribe quanto delira, y con gran satisfaccion llama á su obra: Viage de España; como este señor Ateniense no ha podido pasar de comer en una taberna, ó figon de callos, y ha visto fumar, sin respeto á su dignidad, á quatro mozos de mulas, asegura que en España en toda mesa, aunque sea la de Estado, no pueden ménos de fumar al postre todos los concurrentes; vea vmd. si esta es lógica. Este es el caso, con que mire vmd., señor Granadino, quantas gracias me debe dar por haberlo ilustrado en un punto que parece le ha cogido de nuevo. Pero ¿por qué ha de extrañar vmd. que hablen nuestros vecinos con tal ignorancia y desprecio de España, quando hace poco que tuvieron la ridícula osadía de decir en otro periódico: Que la vacuna extendida en toda Europa solo se ignoraba en España? Lo que se ignora en España es el testico de Asinus asinum fricat, que es el patrimonio de los franceses, pues no bien sale un nuevo autor, quando salen media docena de elogiadores que alucinan á todo el mundo erudito; y por el contrario, no bien se ha publicado una obra española, quando se arrojan á criticarla, y aun á despedazarla dos docenas de escritorcillos que parece les va la vida en desacreditar á todo el que manifieste algun mérito. ¿Y quién dixo lo de la vacuna? Un periodista que no haria ocho dias que habia sido….¿ Y quándo lo dixo? En un tiempo en que ninguna nacion habia no solo executado, que eso era mucho, pero ni aun tenido la generosa idea de formar una expedicion para llevar la vacuna al nuevo mundo: expedicion benéfica y original que salvará la vida á millones de hombres, propia solo del magnánimo y paternal corazon de un Carlos IV, y cuya memoria deberá ser mas dulce y memorable en los fastos de la humanidad y de la verda-[363]dera filosofia, que la destruccion de los Mogoles, las desolaciones de Pondicheri, &c. &c. &c. y que todos los armamentos de otros, ministros de la muerte, y de la devastacion. Si esto es estar atrasados, pluguiera á Dios que lo estuviéramos siempre obrando de este modo.

En quanto á la burla que hace de nuestras damas tampoco tiene razon por desgracia, porque imitan demasiado bien á las de Paris, ¡oxalá no fuera cierto! pero apruebo la burla, porque no merecen otro tratamiento las huecas y desatinadas cabezas que se proponen con todas sus fuerzas no parecer españolas: lo que yo siento, señor Granadino, es que no logren efectivamente su deseo, para que descartada así la nacion de un gran número de monos que solo la sirven de peso, volviera á aparecer en ella el verdadero carácter español, que para ser muy respetable no ha necesitado jamas de peluquillas, pantalones, y pasos de rigodon. No obstante, no falta su mérito á esta locura: nuestros jóvenes civilizados se habian adornado en sus viages, y pruríto de imitar, de un aturdimiento y desenvoltura insufribles, que hubieran hecho mil estragos; pero nuestras damas lo han remediado todo con sus extraños trages, logrando con sus disfraces hacerse ridiculas, desayradas, lánguidas, y todo lo necesario para no parecer españolas. A buen seguro, señor Don F. A. y G. que no veamos en el dia muchos Sueros de Quiñones, ni muchas cabezas de moros cortadas por nuestros olorosos Cides, para conquistar á sus Ximenar. ... Pero esto va largo. En otra contestaré tal vez al punto de los Memoriales, rogando ínterin á vmd. y al señor Regañon nuestro gefe, que no formen idea de la ilustracion de Navarra por las cartas de Don Permiso, porque seria infundada, y se interesa mucho en la opinion de este Reyno, siempre fecundo en talentos y hombres de mérito, su apasionado amigo ◀Metatextualität

Diógenes. ◀Brief/Leserbrief

[364] D. S. L. ofrece al bello sexô la siguiente
FABULA.

Ebene 3► Cierta Liebrecita Para una zagala

Que se vió acosada Si de qualquier hombre

De un ligero Galgo Se viese asediada!

Que caza la daba, Venid zagalitas

Su instinto la inspira De esta mi comarca,

Quedarse agachada Corred presurosas,

En el sitio oculto Mirad agachada

De una espesa mata. Á la Liebrecita

Una Pastorcita, Que se hallaba

Que atenta miraba De que su adversario

La accion industriosa La echase la gafa:

Que dexó burlada Ella os aconseja

La saña del Galgo, Que en igual campaña

Así se explicaba: La fuga ó la industria

¡O qué leccioncita Ofrecen la palma. ◀Ebene 3

Carta segunda.

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Zitat/Motto► Praestat atque adeo oportet etiam ita veritati nos addictos esse ut prae illa vel nostra ipsorummet decreta evertere non dubitemus. Arist. lib. 1. Ethic. cap. 6. ◀Zitat/Motto

Brief/Leserbrief► Señor Regañon: Muy señor mio: Si no es lícito engañar á los hombres, aunque sea con el pretexto de divertirlos, segun lo insinuó el autor de la Carta quinta, lo será todavía mucho ménos quando estos engaños se hallen complicados con suposiciones y personalidades que redunden en perjuicio de algun profesor; porque segun dice el Doctor Gregori en la página 60 de su discurso sobre los deberes del médico, uno de los primeros cuidados de éste debe ser el de evitar atentamente la menor singularidad que pueda influir sobre su conducta, sin exponerla de modo alguno á ser objeto de burla para el pueblo; y ya ve vmd. que el Anónimo de los Números 18, 19 y 20 de su periódico habrá suscitado mas de quatro carcajadas con las graciosidades é ironías con que usa de mi nombre superflua é indebi-[365]damente, respecto de no tener esto la menor conexîon con la crítica de mi discurso.

Hago el honor á este señor de creer que en este procedimiento no tendria mas objeto que el bien de la humanidad, pues no se puede dudar que quando se trata de la salud pública no debe haber nada en este mundo que nos substraiga de declamar contra todo lo que pueda perjudicarla; pero yo estoy bien convencido de que mi escrito lejos de ser de los de esta naturaleza, se dirige á manifestar que el legítimo browniano debe ser un verdadero imitador del grande Hipócrates.

En este sentido admito gustoso el irónico título del mas distinguido prosélito de la nueva doctrina, con que me honra en la página 140; pues aunque parezca imposible que pueda atenderse á todas las enfermedades que se nos presenten con solo el aumento y substraccion de fuerzas incitantes que sea necesario para reducir la incitabilidad al centro saludable, aseguro á vmd. que practicándolo con método y eleccion, se hace justísimamente lo que enseña Hipócrates en el número 3 de su libro de flatos, en que para mas obligarnos á ello nos dice que quanto mas nos apartemos de esta práctica, tanto mas nos apartaremos tambien de la misma arte.

Este primer principio en que estriva la verdadera teoría browniana, nos da una idea infalible de que la salud debe conservarse por el efecto moderado de aquellas cosas que nos producen la vida; y como en mi discurso solo me propuse tratar de ellas considerándolas baxo de este aspecto, creo que aunque el título que le puse no valga el imperio en que lo tasa el criticador, es con todo adequado para el contenido de la obra.

Tambien creo que estando la medicina browniana fundada en la misma naturaleza, por haberse sacado sus principios teóricos de hechos constantes y seguros que ésta ha suministrado, es aquella verdadera medicina que segun la Escritura salió de la mano del Altísimo, y que por lo tanto no puede ser un arte obscuro y lleno de incertidumbre, sino una ciencia tan evidente y demostrable como las verdades matemáticas; Exemplum► y así el grande Hipócrates en el libro de Locis Hom. sect. 2, v. 303, nos dice que es constante y firme, y en el v. 308 añade que los medicamentos son claros y manifiestos; ◀Exemplum de todo lo qual se deduce que mi proposicion es digna de mas consideracion que la que ha merecido á mi buen favorecedor.

Mas no por esto debió haber inferido que todos los enfermos que se mueran á los médicos brownianos sea porque tu-[366]viesen sus dias cumplidos, ó por habérseles acabado la incitabilidad; esto seguramente no viene al caso, pues del mismo modo que el entendimiento humano no ha podido todavía penetrar algunos arcanos de la física, y hay muchos problemas matemáticos, que aunque resueltos claramente por algunos, se hacen no obstante superiores al talento y capacidad de otros muchos , sin que esto sea por falta de exâctitud en estas ciencias; del mismo modo á los médicos brownianos se les pueden presentar enfermedades incurables, ó que no puedan curar por falta de habilidad, sin que sea por culpa del sistema, y es de extrañar que nuestro impugnador se desentienda de esta verdad, quando no puede ignorar que Hipócrates en el libro de Affectio, sect. i , v. 127, señala quales sean estos casos.

Tambien es de extrañar que en la página 141 me levante el falso testimonio de que yo he visto la incitabilidad, y que he demostrado tener la figura que supone. Á la verdad no era de esperar de un hombre de carácter, como debe serlo todo médico, que despues de las reconvenciones que se le hicieron en la Carta quinta por R. Ll. volviese á incurrir en la misma falta.

Yo no he dicho, ni soy capaz de decir, que haya visto la incitabilidad, ni que tenga esta ó la otra figura: lo único que digo en el párrafo 18, es: Que debiendo explicar ciertas leyes á que ella, sea lo que fuese, está sujeta; y no siéndome fácil verificarlo sin mirarla baxo una forma intuitiva adequada para ello, la consideraré como á un tronco de árbol; y mas adelante en el párrafo 66 añado: No porque haya mirado á la incitabilidad baxo este aspecto, ha sido mi ánimo persuadir que se halla efectivamente así en los cuerpos animados; y ya ve vmd., señor Regañon que esto no es haberle dado motivo para que diga ni infiera que yo he visto la incitabilidad, con lo demas que se le ha antojado.

Tampoco se lo ha dado de ningun modo el difunto Escocés, para que en la página 153 le haga convenir en que el cálido innato de Hipócrates no es idéntico con la incitabilidad, ni aquel cálido de que habla el aforismo 14 y 1; de la 1.ª sect., y demas lugares que cito en los párrafos 22 y 23 de mi discurso; pero por mas que en la página 150 se jacte de que ha leido muy bien á Hipócrates, y que ahora veinte y un años hace traduxo á versos castellanos los pronósticos de este grande hombre; por mas que se atreva á recitar de coro libros enteros de dicho autor, y que para prueba de su seguridad con-[367]venga en que se lo lleve el diablo en aquel mismo instante si Hipócrates ha dicho una sola palabra de la incitabilidad: ha de saber vmd., señor Regañon, que todo esto no es mas que un puro sueño, una ficcion del entendimiento, una ilusion de la nada, que aunque parezca tiene algo de fundamento, está tan enteramente destituido de él como la admiracion que afecta sobre mis títulos, y como el decir que no puede presentar mas que los de cofrade de una hermandad de las Animas, y subscriptor al Memorial literario, teniendo el de Socio de la Real Academia Médica de esta ciudad.

Pero llevémoslo con paciencia, que harto trabajo tiene el que no sabe moderar su genio, ni repara en ultrajar sin el menor motivo á un hombre de bien como yo, que qualquiera que sea el talento que Dios me ha dado lo empleo únicamente en llenar las obligaciones de mi empleo con exâctitud y honradez, y no en ridiculizar, ofender, ni burlarme de nadie con chistes y bufonadas, que por mas agradables que parezcan al populacho ignorante, merecen un solemne desprecio de los sabios, y desdicen siempre de la seriedad y madurez que deben concurrir en todo profesor.

Pero pasemos adelante, y desentendiéndonos del infeliz reparo que hace este señor de si los libros de Carnibus y de Veteri Medicina, son ó no legítimos de Hipócrates, respecto de haber grandes partidarios de una y otra opinion, y que por la sólida doctrina que contienen son ámbos citados á cada instante por los autores mas clásicos, sin la especificacion de si son ó no apócrifos, por ser una cosa sabida hasta de los principiantes de medicina, veamos si tuvo razon para decir en la página 152 que no se pudo imaginar disparate mas gordo que suponer el cálido innato de los antiguos idéntico con la incitabilidad browniana, ó si el haber imaginado que la tenia es en realidad el mayor desatino que pudiera esperarse de un empírico de este siglo.

Á la verdad parece que á vista de la satisfaccion con que se produce en todo el cuerpo de su obra, no debía yo salir garante por ninguna de las dos partes; pero si el amor propio no me engaña, creo que puedo apostar qualquiera cosa sin cuidado á que en toda Europa no se hallará un solo médico sabio é imparcial que no se escandalice de ver que en un tiempo e tanta ilustracion como el presente, hay quien tenga valor para estampar en un papel público que la incitabilidad browniana se distingue del cálido innato de los antiguos, porque éste [368] en el sentir de Hipócrates parece que es inmortal, y que entiende, ve, y oye, y sabe todas las cosas presentes y futuras, y la incitabilidad ni vive ni muere, ni entiende, ni ve, ni oye, ni sabe nada, ni nadie sabe de ella, segun se ve en el último párrafo del quaderno número 19.

Válgame Dios, y á que miseria se ve reducida la incitabilidad en este párrafo, porque á su autor no le ha dado la gana de tener presente la advertencia que hace nuestro eruditísimo Piquer en la proposicion X de sus Instituciones médicas, de que quando Hipócrates dice que el cálido entiende, ve y sabe todas las cosas, &c. debe entenderse de manera que el cálido sea el instrumento ó medio de que usa el alma en el hombre para entender y saber, en cuyo sentido puede seguramente aplicarse á la incitabilidad todo quanto se dice de dicho cálido, porque aunque el Doctor Brown no quisiese entretenerse en indagar la naturaleza de ella por no contemplarlo necesario para la firmeza de su sistema, no puede con todo dudarse que por esta palabra incitabilidad quiso significar ese mismo instrumento ó primer motor de que se sirve inmediatamente el alma para el exercicio de sus funciones, y de ahí es que teniendo al aumento y disminucion de la incitabilidad por causa de todas las enfermedadés; Exemplum► en el párrafo 6 de sus Elementos dice que las generales dimanan de desorden del principio vital ◀Exemplum, dándonos á entender ser este un verdadero equivalente de la incitabilidad, y como éste en sentir de Estahll, Nenter, y otros autores, no es otra cosa que lo que llamamos naturaleza, y esta segun Hipócrates y Galeno es el mismo cálido innato ó agente motor de que hablamos, resulta claramente que todos son idénticos entre sí, y que la desigualdad que les encuentra nuestro autor depende de no haberlas comparado bien, (Se concluirá.) ◀Brief/Leserbrief ◀Ebene 3 ◀Ebene 2

Con Real Privilegio.
Madrid

En la Imprenta de la Administracion del Real Arbitrio de Beneficencia. ◀Ebene 1