El Catón Compostelano: Discurso XVI

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DISCURSO XVI.

DEL RECIPROCO DESPRECIO DE LAS Naciones.

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Lo mismo que sucede entre los particulares, se vé tambien en las Naciones; y asi como cada uno de nosotros por creerse infalible, pone la contradicion en el lugar de las ofensas, y no puede estimar ni admirar en otro sinó sus propios sentimientos, asi tambien cada Nacion no estima igualmente en las demás sinó las ideas analogas á las suyas; y por esto mismo toda opinion contraria es entre ellas un germen de desprecio.

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Hechemos rapidamente la vista sobre España sola, y despues sobre todo el Universo, y veremos nuestra Peninsula dividida por tantos desprecios, quantas son las Provincias de que se compone.

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Exemplum

Aqui el Castellano mira al Gallego como embrutecido y tosco, y hecho solo para servirle, quando el Gallego tiene al Castellano por un ente superficial que nada profundiza, ni aun la maña con que le lleva el dinero y se vá riendo.

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Exemplum

Alli el Andaluz considera al Castellano como un toro marrajo, quando este le trata de inconseqüente, y tan facil en decir como malo para executar.

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Exemplum

En fin el Asturiano que vende nobleza á todo el mundo y cae siempre baxo la carga, es para el Aragones, Navarro y Vizcaíno como palillo de barquillero, mientras estos tres se disputan la buena fé en los contratos, y se dan de cabezadas por un pelo mal cortado.

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Exemplum

De la misma manera el Ingles tiene por cabeza frivola al Frances, mientras este contempla á aquel como una cabeza tostada;

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Exemplum

y el Arabe que está persuadido de la infalibilidad de su Califa, se rie de la necia credulidad del Tartaro, que cree inmortal al Gran Lama.

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Exemplum

En el Africa el Negro que adora una raíz, una pierna de Cangrejo ó el cuerno de un animal, no vé sobre la tierra sinó una masa inmensa de divinidades, y se burla de la escaséz que nosotros tenemos de dioses, entretanto que el Musulman poco instruido y sin entenderlo nos acusa de que reconocemos tres.

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Exemplum

Mas lexos están los habitantes de la montaña de Bata, que persuadidos de que todo aquel que coma antes de morir un Cuco asado, es santo, se burlan por consiguiente del Indio:

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Exemplum

¿Que cosa mas ridicula, le dicen, que acercar una baca de leche á un enfermo, y pensar que si tirandola de la cola mea, y caen algunas gotas de su orina sobre el moribundo, este se vuelve santo?

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Exemplum

Y que cosa mas absurda entre los Bramines, que exîgir de sus nuevos convertidos, que por espacio de seis meses no coman otra cosa que la boñiga de la baca? No hay que estrañarlo, por que la baca está reputada por santa en el Calicut, y parece que la costumbre de comer por penitencia el excremento de baca es muy antigua en el Oriente.
Sobre una diferencia semejante de usos y costumbres está fundado el respectivo desprecio de las Naciones; y

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Exemplum

por este motivo tambien el habitante de Antioquia despreciaba antiguamente en el Emperador Juliano la sencilléz de costumbres, y aquella frugalidad que le merecian la admiracion de los Gaulas, como ahora el Carayba herido de nuestros desprecios dice, que no conoce otro salvage que al Europeo, que no adopta alguno de sus usos.
La diferencia de Religion, y por consiguiente de opinion determinaba á un mismo tiempo á unos hombres mas zelosos que justos á denigrar con las mas infames calumnias la memoria de un Principe, que disminuyendo los impuestos, restableciendo la disciplina militar, y reanimando la virtud que espiraba de los Romanos, ha merecido tan justamente ser colocado en la clase de sus mayores Emperadores. Pero no hay remedio para esto. A qualquiera parte que volvamos la vista, no veremos sinó de estas injusticias, que ahora mismo se estan cometiendo contra el Heroe del mundo, y que recelo citar. Cada una de las Naciones convencida de que solo ella posee la sabiduría, tiene á todas las demás por locas, pareciendose en esto al Mariano, que persuadido de que su lengua es la unica del Universo, concluye de aqui que los demás hombres no saben hablar. Si baxase del Cielo un Sabio, que para conducirse no consultase sinó las luces de la razon, este mismo Sabio pasaría universalmente por loco. Sería, dice Socrates, al frente de los demás hombres como un Medico, á quien los pasteleros acusarian ante un tribunal de niños de haver prohivido las pastas y tartas, y que parecería alli culpable al primer gefe. En vano apoyaría sus opiniones sobre las mas fuertes demonstraciones;

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Exemplum

todas las Naciones serían respecto de el como aquel pueblo de corcobados, al qual fué á ver, dicen los Fabulistas Indianos, un Dios hermoso, joven y bien hecho: Este Dios, añaden, entra en la Capital, y al instante se vé rodeado de una multitud de habitantes, su figura les parece extraordinaria; las risas y burlas los arrebatan de admiracion; y en fin iban ya á llenarle de ultrages, si para apartarle de este peligro uno de los habitantes, que sin duda havia visto mas hombres que los corcobados, no huviera exclamado luego: Como! amigos, que vamos á hacer? No insultemos á ese desgraciado contrahecho: Si el Cielo nos ha concedido á todos el don de la belleza, adornando nuestras espaldas con una montaña de carne, llenos de reconocimiento á los dioses inmortales vamos al templo á tributarles las debidas gracias.
Esta fabula es la historia de la vanidad humana. Todo Pueblo admira sus defectos, y desprecia las qualidades contrarias; por lo que se hace preciso, para acreditarse en un país, llevar la corcoba de la Nacion por donde se viaja. En todos los países hay pocos abogados que defiendan la causa de las Naciones vecinas, y pocos hombres que reconozcan en si las ridiculeces de que acusan al extrangero, y que tomen exemplo de cierto Tartaro, que con este motivo hizo diestramente avergonzar al gran Lama mismo de su injusticia.

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Allgemeine Erzählung

Este Tartaro havia recorrido el Norte, visitado el país de los Lapones, y aun comparado el viento de sus hechiceros, por que los Lapones tienen ciertos sugetos destinados à vender à los viajeros unas cuerdecitas, cuyo nudo desatado á cierta altura debe dar el viento que se quiera. De vuelta á su país refirió sus aventuras, y el Gran Lama que quiso oirselas tuvo mucho que reir con este motivo. ¡Que tan loco es, decia èl, el espiritu humano! Que costumbres tan raras! y que credulidad tienen los Lapones! ¿Son estos hombres? Si por cierto, respondió el Tartaro; y aun has de saber otra cosa mas estraña, que es que los buenos de los Lapones, tan ridiculos con sus hechicerías, no se rien menos de nuestra credulidad, que tu te ries de la suya. Impio! Como te atreves á pronunciar esa blasfemia, y á comparar mi Religion con la suya? Padre eterno1, antes que me libe [sic] de mi pecado la sagrada imposicion de tu mano sobre mi cabeza, te haré presente que por tus risas no debes dar exemplo á tus vasallos para que profanen asi el uso de su razon. Si con el ojo severo del exâmen y de la duda se reconociesen todos los objetos de la creencia humana, quien sabe si aun tu culto estaria al abrigo de las burlas de los incredulos? Acaso entonces su santa orina y tus santos excrementos, que distribuyes ahora á los Principes de la tierra les parecerian menos preciosos, y acaso no hallarian en ellos el mismo sabor, ni sazonarian con ellos sus guisados, ni tampoco los mezclarian en sus salsas. Ya la impiedad niega á la China las nueve encarnaciones de Visthnou; y tu, tu mismo nos lo has repetido muchas veces, no ignorando que solo debes tu inmortalidad y tu poder sobre la tierra al talisman de una creencia ciega. Sinó fuera la total sumision á tus dogmas, bien pronto te verias obligado á abandonar esta estancia de tinieblas, y te volverías al cielo, tu patria. Bien sabes que los Lamas sometidos á tu poder, han de elevarte algun dia altares en todas las partes del mundo; y quien puede asegurarte que ellos executarán este proyecto sin el socorro de la credulidad humana, y que sin ella el exâmen siempre impio no mire á los Lamas como hechiceros Lapones, que venden el viento á los tontos que lo compran? Escusa, pues, ó Fo vivo, los discursos que dicta el interés de tu culto, y aprenda el Tartaro de ti á respetar la ignorancia y credulidad, de que el Cielo, inescrutable en sus juicios, parece servirse para someterte la tierra.
Pocos hombres hacen, como este, conocer á su Nacion lo ridiculo de que ella se cubre á los ojos de la razon, quando baxo un nombre extrangero se rie de su propia locura; pero hay todavia menos Naciones que sepan aprovecharse de iguales avisos. Todas son tan escrupulosamente adictas al interés de su vanidad, que en qualquiera país no se llamará sabio sinó á los que, como dice Mr. Fontenelle, participan de la locura comun. Por caprichosa que sea una fabula, siempre es creida de algunas Naciones, y qualquiera que dude de ella es tratado de loco por esta misma Nacion.

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Fabel

En el Reyno de Judá2, en donde se adora la serpiente, que hombre se atreverá á negar el cuento que los Religiosos Mahometanos dicen de un cerdo que insultó á la divinidad serpentina, y la comió? Uno de estos santos Religiosos, añaden ellos, vió cometer este atentado, y elevó sus quejas al Rey. Inmediatamente se decreta sentencia de muerte contra todos los cerdos, la execucion sigue al decreto, y la raza iba ya á ser anonadada, quando los pueblos representaron al Rey, que por un culpable no era justo castigar tantos inocentes: Estas exposiciones suspenden la colera del Principe, se apacigua al gran Religioso, cesa la matanza, y se dá orden á los cerdos, de que en lo sucesivo sean mas respetuosos con la divinindad. De esta manera, exclaman los mismos Mahometanos, sabe la serpiente encender la colera de los Reyes para vengarse de los impios: Reconozca, pues, el universo su divinidad, su templo, su sacrificador, el orden del Religioso destinado á servirla, y en fin las virgenes consagradas á su culto. Si retirado en el interior de su Santuario, el Dios serpiente, invisible aun á los ojos del Rey, no recibe las peticiones, ni da sus respuestas sinó por medio de los Sacerdotes, no toca á los mortales profundizar profanamente estos misterios: Su obligacion es creer, postrarse y adorar.
Lo contrario es en Asia. Quando los Persas manchados con la sangre de las serpientas inmoladas al Dios del bien corrian al templo de los Magos á vanagloriarse de este acto de piedad, pensará alguno que sería bien recibido de ellos un hombre que los detuviese para probarles lo ridiculo de su opinion? Quanto mas loca sea esta, tanto mas peligro hay en demostrar su locura. Mr. de Fontenelle repite con bastante freqüencia, que

Zitat/Motto

si tuviese todas las verdades en su mano se guardaría muy bien de abrirla para mostrarlas á los hombres.
Con efecto, si el descubrimiento de una sola ha hecho padecer á un hombre celebre del Siglo XV. en Europa misma los horrores de la carcel, á que castigo no se condenaría al que las revelase todas? Pensar, dice Aristipo, es atraher el odio irreconciliable de los ignorantes, de los debiles, de los supersticiosos y de los hombres corrompidos, que todos se declaran contra los que quieren entresacar de las cosas lo que hay de verdadero y esencial. ¡Quantos males no ha sembrado en la tierra el amor á las opiniones propias! Para aprender á dudar de las de los hombres, basta exâminar las fuerzas de su espíritu, considerar el quadro de las necedades humanas, y acordarse en fin que seiscientos años despues del establecimiento de las Universidades salió un hombre extraordinario, á quien su siglo persiguió y puso en la clase de los semi-dioses, por haver enseñado á los hombres á no admitir por cierto sinó los principios de que tuviesen ideas claras; verdad cuya extension conocen pocos, porque para los mas de los hombres los prinicipios no contienen conseqüencias. Qualquiera que sea la vanidad de los hombres, es cierto que si se acordasen de esto; si, como Fontenelle, se dijesen á si mismos: nadie dexa de errar, seré yo, pues, el unico hombre infalible? No me engañaré yo en las mismas cosas que sostengo con mas fanatismo? Si, como digo, tuviesen los hombres presente esta idéa en su alma, se precaverían mas de su vanidad, serían mas dulces, mas tolerantes, y sin duda tendrían una opinion menos alta de su sabiduria. Socrates repetía muchas veces: todo quanto yo sé, es que no sé nada; pero en nuestro siglo todos saben todo, menos lo que Socrates sabía. Los hombres no se sorprenden tan freqüentemente del error, como porque son ignorantes; y en general su locura mas incurable es el creerse sabios. Esta locura comun á todas las naciones, y producida en parte por su vanidad, les hace no solamente despreciar los usos y costumbres diveras de las suyas, sinó mirar tambien como un don de la naturaleza la superioridad que algunas de ellas tienen sobre las demás; superioridad que no deben sinó á la constitucion politica de su estado. De este error es principio la vanidad, y que nacion puede triunfar de el?

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Exemplum

Supongamos que un Frances, acostumbrado á hablar con franqueza, y á encontrar aqui y alli algunos hombres verdaderamente ciudadanos, deja á Paris y desembarca en Constantinopla: que idéa se formará de los países sometidos al despotismo, quando considere el abatimiento en que se halla alli la humanidad; quando perciba en todas partes la marca de la esclavitud, y vea á la tyranía abrasar con su aliento el germen de los talentos y de las virtudes; y quando en fin sepa que el tranquilo Sultan, encerrado en su serrallo, mientras el Persa arrolla sus tropas, è indiferente á las calamidades públicas, bebe el sorbete, acaricia sus mugeres, hace degollar los Baxaes y se fastidia de si mismo? Penetrado de la cobardía y servidumbre de estos Pueblos, y animado al mismo tiempo del sentimiento de orgullo é indignacion ¿que Frances no se creerá de una naturaleza superior al Turco? No obstante todos sus desprecios serán injustos, atendiendo á que la superioridad de un Pueblo á otro pende de la forma mas ó menos feliz de los goviernos. Mudese el de Francia para Constantinopla, y este para Paris, y veremos que el Turco será feliz, sin que podamos decir por eso que es de naturaleza superior al Frances.
VARIEDADES.

Metatextualität

¿Que diré yo para adquirirme algun credito entre el bello sexo, que es el que hoy domina? Ponderar su hermosura, su discreccion, y sus gracias, ya es poco, porque es demasiado sabido; alabar su firmeza y desconfianza, ya es cosa corriente; exâgerár su discernimiento y juicio, no tiene nada de particular. Que le diremos, pues? Un pensamiento me ocurrió entro muchos que vinieron á visitarme en el silencio de mi gabinete. De el es efecto la consolacion, pero en muchos casos tal vez no corresponden á mis intenciones. Sin embargo como no hablo sin fundamento, es de esperar que ya que no sea siempre, á lo menos algunas veces acierte. Es verdad que esto que voy á decir pende del destino; pero no haviendo cosa que no lo tenga, y arriesgandose ordinariamente vaticinios menos fundados todavia, no recelo contar con el exîto, si á los medios que es indispensable poner, se añade una ciega confianza en aquel Ser eterno, y sabio Disponedor de todas las cosas. El pensamiento es, pues, este.

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Prometer á las quinquagenarias, sexagenarias, y aun septuagenarias con un Dios sobre todo el Consuelo de aliviarlas de las austeridades en el Celibato, presenetandose en el Templo á recibir la bendicion nupcial. Al llegar aqui me parece que oigo ya el ruido de los parabienes que una multitud de las que gimen sin esperanza, viene á darme; y las preguntas y repreguntas con que la curiosidad de otras me exîge el modo y manera de que ha de ser. Pero, vamos poco á poco: tenemos un exemplo seguro en la Sagrada Escritura, en que fundo la garantía de la promesa. Sara, muger que rayaba en los 80, á pesar de no hallarse en estado de inspirar amor, fue robada violentamente por Abimelech, Rey de Gerara, en fuerza de un amor el mas ciego; y sin embargo de no estár en aquella edad para fiestas, como se puede inferir del texto de Moyses, que dice: Et desierant Sara fieri muliebria; vino el Angel á anunciarla que pariría un Niño; á que respondió con burla: Postquam consensui; et Dominus meus vetulus est, voluptati operam dabo? Que! Siendo mi Señor è yo tan viejos, todavia me he de presentar al placer? Esto prueba, que ella no se consideraba propia para inspirar amor. Y porque no han de tener el mismo derecho las de 50, 60 y 70 años, que son jovenes respecto de Sara? Encargo, pues, á todas que á su exemplo agan su modestia, laboriesidad y demás virtudes, para que sobre lo incierto de la esperanza, derrame Dios lo legitimo y seguro de sus providencias.

1Los barbaros de la [Tartaria::Tartaria] dan el nombre de Padre eterno al [Großer Lama#H::Gran Lama]. [Historia general de los viajes::Hist. gen. de los viajes].

2[Viajes de Guinea y Cayena::Viajes de Guinea y Cayena] por el [Labat, Jean-Baptiste#H::P. Labat].