El Catón Compostelano: Discurso XX

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DISCURSO XX.

Citazione/Motto

Plus solito humana nunc defle incommoda vita.
Heraclite: scatet pluribus illa malis.
Tu rursus, si quando alias, extolle cachinum,
Democrite: illa magis ludrica facta fuit.
Interea hac cernens, meditor, qua denique rerum
Tunc fleam, aut tecum quomodo lo splene jocer.

Alciat. Embl. 151.

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Lettera/Lettera al direttore

SEÑOR CATON: Pues está Vm. un poco desazonado, segun me da á entender su Discurso XV., quiero entretenerle un rato, á ver si logro de este modo disipar esos nublados que precisamente se levantan al rededor de quien dice verdades. Tenga Vm. pecho, y escucheme, que me parece le he de distraher, Vaya, pues, de cosa que parecerá conseja, y es una historia como una casa.

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Racconto generale

Ya tenemos otros dos resucitados mas, que hacen tres con Vm. ¡Que complacencia me causa el ver en mis dias tan buena gente, no en retratos mudos sinó á lo vivo; y gente que aunque no es Romana, no desmerece por eso el lado de un Caton. Si Señor: Heraclito y Democrito, este riendo y aquel llorando pisan nuestro suelo, y cada uno en su tono quiere formar con Vm. un mismo coro. Pero advierta Vm. que aquel no detiene ni reprime sus ayes, ni este sus carcajadas, por mas que los saluden con las rociadas de Filosofos tenebrosos, locos, selvajes ó con otras indiversas semejantes; incienso que se quema baxo las narices de todos los que nos advierten nuestros defectos. Tenga Vm. pecho, repito, y mientras no pasan á esa Ciudad, en donde piensan establecerse, aprenda por lo que de ellos voy á decirle la pachorra que es preciso tenga un Censor. No le parezca á Vm. que alguno de ellos sale de su intento, aunque les pregunten que Rey, Papa ó Emperador les concedió el privilegio de la risibilidad ó plorabilidad (vaya algo de esdrujulo); su symphonia siempre está cantando. Asi debe hacer Vm. si no le tapan la boca, de modo que no le quede resquicio alguno; grite Vm. con su buena intencion quanto malo advierta, mas que rabie el vulgo. Ni hay que pensar tampoco en largar el puesto, ni menos en adular. Si por eso gustan confundirle con los malignos, tome Vm. paciencia. ¿Quien ignora la distancia que hay de advertir los defectos que ocasionan la murmuracion, á la murmuracion misma? Todos sabemos, por desgracia, que cada rincon es una carnicería en donde se despedazan cuerpos enteros, que algunos llaman cuerpos santos, y ¿diremos que se hará mal en dar voces para que ninguno experimente tan mala suerte? ¡Ah! Ya he oido que esto debe ser en voz baxa, ó a puertas cerradas, ó á manera de receta de antiguo formulario para que no lo entienda el enfermo. Mucho me alegrara saber quales son las bobedas en donde se sofocan las voces que da S. Bernardo en los libros de Consideratione; las de su carta á Enrique, Obispo de Sers; y las que dá S. Geronimo en la que escribió a Nepociano: ya no hablo de otras mas altas que oye todo el mundo. No sé si la autoridad : : : ¡Que disbarro! Hablemos de nuestros ilustres Viajeros, que por fortuna nuestra revivieron y moran con nosotros, que este es un asunto que puede tratarse portis apertis; y por quanto el Latin es un idioma esclusivo de seculares1les diré en su lengua, á puerta franca. ¡Valgate Dios lo que me voy alexando, y ya podia tener acabada mi historieta! Es, pues, el caso, que estos hombres de antaño y de ogaño aparecieron en esta muy de Vm. muchos meses ha. Decir el como y porque se descubren tan tarde, ni es para ahora, ni para un triste pliego de papel. Formar el diseño de su fisionomia, trage &c. no es para mi: hay barbas que dibujar, y como sé lo muy feas que parecen, acaso echará á huir alguno de los raspados, y le vendrá algun mal dia, no por no estar de barba hecha, sino porque se lastimará con la prisa. Despues de algunos dias de reclusion, porque asi lo exigían las circunstancias, salimos los tres á ver mundo. Iba á mi derecha el plañidero Heraclito, y Democrito á mi izquierda. Lo primero que á pocos pasos encontramos, fueron muchisimos exambres de estos Señoritos y Señoritas, mozitos, y viejecitos, atusaditos y engalanaditos, que todos y cada uno componen la muy ilustre familia de la antigua Matrona la Moda, como quienes tienen su domicilio en las calles, plazas, esquinas &c. No dejó tan estraña novedad de herir al pronto el ojo picaro de Democrito, y de mover su curiosidad. Para satisfacerla recurrió á mi y me preguntó: ¿que animales son estos? Luego que le respondí que eran individuos de la especie humana : : : vaya ... estuve á punto de creer que era el loco mas destemplado de quantos conoció el mundo. Su risa era demasiada, tales y tan grandes sus carcajadas, que en un abrir y cerrar de ojos nos vimos cercados de un grueso murallon de gentes. ¿Piensa Vm. que se inmutó el Forastero? Yo no sé si por fortuna, si por desgracia los mas de los del cerco eran Caballeritos de los arriba dichos, Damiselas y todo, y con ser que todos ellos venian en animo de burlarse del que creían fatuo, segun nos dió á entender aquel ayre desembarazado, libre y satisfecho de si mismo, parte integral de la mismisima moda, se fueron de alli á poco rato corridos, y con un semblante palido, simbolo en tales rostros de verguenza, no sé porque causa, quando en los de otra constitucion es solo de miedo. Viera Vm. á aquel Hombre recorrer con un solo golpe de vista la diferencia de trages, ridiculizarlos en un momento con unos motes tan adequados .... Ah! Vm. á pesar de su seriedad catoniana se moriría de risa. El primer lugar para la burla les cupo en suerte á los del Garrote (por esta data se coligen dos cosas, ó que el lance no sucedió ayer, ó que aqui andan las modas algo atrasadas, y todo es cierto). Empezó á señalarlos con el indice de la derecha, con la otra mano se apretaba el vacío izquierdo, y en quanto le permitía la risa, no cesaba de repetir Orang-Outang, Orang-Outang. Los que no sabemos mas idioma que el nativo somos unos brutos, y á veces nos fuera mejor ignorar la lengua con que pedimos diariamente el pan que las extrangeras; y los que tenemos libros y no los leemos, aun somos peores, pues somos brutos presumidos, muy semejantes al Ricote erudito de la Fabula. Digo esto (y no sé si me explico) porque teniendo la Historia natural del Plinio Frances en Español, si la huviera leído y no me contentaría con mirar las estampitas iluminadas lo pasaría mejor, y no me vería abochornado y privado de una gran satisfaccion. Si Señor: Como yo no entendia palabra de quanto decia, le grité “hablad, Cristiano Democrito, Bastó esto y no mas para cambiar de objeto, y dirigir toda su risa contra mi por la escaséz de mis conocimientos, de modo que llegó á sofocarme; pero con todo lo que he sentido aun mas fué el no poder percibir la oportunidad del ofrecimiento hasta mucho despues que consulté á un amigo, que aunque de boca pequeña aloxa en ella las 72 lenguas de la confusion de marras. Volvamos al asunto y quiera Dios que sea sin digresiones, que alargan demasiado un cuento tan pequeño. De los del Garrote, y de mi falta de cultura ictu occuli (para nosotros) y en un abrir y cerrar de ojos (epara los Legos) pegó contra las botas pequeñas, que á pesar de lo seco y ardiente de la estacion llevaban unos quantos. No quedaron sin apodo. Ya podemos llamarlas Botas de pediluvio. Pero que ¿podré yo guardar orden, describir, ni acordarme de todo lo que dijo? El mismo creo que no es capaz de referir lo que en tan corto tiempo echó por aquella boca. Por tanto me contentaré con hacer una enumeracion sin perendengues, mas que tenga tan poca substancia como el almacen de la Floresta, y de la Menagiana, con todas las jecosidades que acopió Macrobio y aun el mismo Heynecio. Los calzones ajustadisimos y sin las ordinarias costuras son , sepalo Vm. Estuches de muslos. Pero ¡que ojo tan maldito! ¿No encontró este hombre al pronto con las charreteras, teniendo su retiro en una caberna? Pues alli mismo las llamó por su nuevo nombre ó renombre. Los venideros ya las conoceran por charreteras vergonzantes. Los zapatos.... Ah! Yo ni aun puedo escribirlo con la risa. ¿A quien se le pondría en el magín llamarles Pies con recaten parabolico? Un pobre hombre (por lo que parecia) que estaba embaynado en un Frac de inmensos faldones, oyó con harta confusion suya llamarse el Domine de las nalgas abanderadas. Aquel trage que sin saber por que llamamos impertinentisimamente Levita, hagame Vm. el favor de conocerlo á lo adelante por Orizonte de pantorrillas. A los que llevan calzones largos y floxos les llamó Britanni truncati, que expondré para inteligencia de los legos Ingleses sin manos. A los de patillas de creciente luna, Bustos de jovenes Seytas. ¿Que sé yo que mas---? En fin cansado de zurrar á los hombres con seiscientas mil cosas de estas se volvió á las Damas. Aqui no anduvo una por una, sinó que á todas las saludó generalmente con estos dos versos, que no daré traducidos aunque se queden á buenas noches los Legos; dicen asi: Frustra se mulier jactaverit esse pudicam, Que se tam variis ornat adulteriis.2Todas creyeron oir un floreo. Nada les faltaba casi para disputarse la preferencia, hasta que una Culta-Latini-Parla que estaba en el congreso con un semblante que no daba á entender demasiada satisfaccion con el obsequio latino, les interpretó la pulla poetica. ¡Valgame Dios! ¡Que prontamente nos vimos solos! Se fueron sin despedirse mas que de Democrito (parece que ya le havian cobrado cariño) y hasta perderlo de vista no cesaron de corresponderle á su fineza llamandole bozal, grosero, atrevido, insolenton &c.; pero èl lo convirtió todo en substancia, y cada vez se reía mas. A mi ya no se me acordaba que èl me havia sonrojado publicamente, ya nada mas atendia que á reirme con el á mas no poder. Tanta y tan desmedida era mi risa, que ya se me relajaban los hypocondrios, y me veía obligado á hacer unas contorciones muy estrañas, asi como quien tiene colico. Con una de las muchas que hice, me torcí acia Heraclito, cuyo rostro bañado en lagrimas agnó toda mi alegria. ¿A que vendrán ahora esas lagrimas, buen Heraclito, le pregunté? ¿Que objeto hay aqui que pueda promoveroslas? Llorais como allá en vuestra infancia, y no puedo alcanzar el motivo. Aqui todo es broma y buréo, conque ¿á que fin ese llanto? No seais niño.—Sé muy bien que no lo soy, me respondió, y que tanto á tí, como á ese hombre tan risueño y festivo os excedo en muchos años. A mi mucha edad es á quien debo la reflexion, y esta es la que convierte mis ojos en dos raudales; no por ver modas, pues ya las he visto en Epheso, y no creo que á ti, Democrito, te cojan tan de nuevo, que nos hagas creer no las viste en Abdera; pues desde que esta enorme masa del mundo tomó su consistencia por la accion del fuego, siempre las ha havido, y nuestras tunicas no son otra cosa mas que el resto de la moda que usaban los Fílosofos. No es esto, repito, lo que me hace llorar, sinó el conocer las cosas. A excepcion de lo que es deshonesto (que esto jamás podrá cohonestarlo el uso, aunque pase de 10, 20, 30 ó mas años, y á quien jamás podrá dar fuerza de ley el comun consentimiento de todos los hombres3no me entraría tanto esta tristeza con las ridiculeces y extravagancias que observo, si no halláse en su invencion un principio maligno, y perverso que las hace muy dignas de llorarse. ¡Ah! ¡Que poco pensais vosotros! ¿Te acuerdas, Democrito, de lo que hemos visto en aquel sombrio bosque? No te estremeces aun, con la memoria de aquel gran susto que recibiste al oir aquellos ladridos espantosos del Cerbero á la salida de aquel numerosisimo exercito que vomitaba el abismo, y que segun nos dijeron venian acia acá á restablecer una alianza fraudulenta con los hombres? No fuiste testigo de aquellos pelotones que á pocos tiempos se precipitaron á nuestra vista, fruto increíble de sus primeras conquistas? No viste las mismas armas con que alucinados pelearon aqui (¡Miserables!) contra la Divinidad, y lo que mas se le asemeja? No cayeron á nuestros pies aquellos volumenes fatales, que eran como Arietes, con que querian abrir brecha en el trono del Ente Supremo? No los leiste? No los abominaste? ¡Ah! Pues mira ahora sus laminas. Mira ahora casi de bulto aquel diabolico derecho natural, cuyos principios se tomaron de las fieras. Esos hombres tan armados en medio de la paz ¿que otra cosa piensas que son, sino otros tantos Discipulos de aquella Escuela, en donde se enseñaba á definir el derecho del hombre, el derecho de la fuerza? Aturdidos de ver los cuernos del Toro, las garras del Leon, y del Tigre, el colmillo del Javalí, los dientes dañinos del Lobo, no necesitaron mas para calificar de prodiga á la naturaleza con los Brutos, y con ellos de mezquina: por otra parte, creyendose todos unos (que tal es la elevacion del espiritu humano en estos tiempos) no pudieron sufrir el verse sin divisa correspondiente, y se armaron de esa Clava, mucho mas temible que la de Hercules, llegando á identificarla consigo mismos, pues nunca la largan de la mano. ¡Infelices! No quieren reconocerse Deudores al Dador Supremo de aquella preciosa arma que les ha ceñido al criarlos. Tal es ese Garrote fiero que tanto celebraste. Es la marca mas vil de la barbarie en que están sumergidos los mas de los hombres de este siglo, que los correos de nuestra morada nos ponderaban tan iluminado. ¿Quien les hará creer á estos que el derecho del Hombre, es quando menos el que la recta razon constituyó entre ellos?4 Esos que has llamado estuches de muslos ¿sabes lo que son? ....Suspende, Democrito, esa risa, y llora conmigo la impiedad que tanto ciega á los miseros mortales. La Naturaleza proveyó á los hombres de distintos juegos en el cuerpo para cumplir con los deberes respecto de la Divinidad y de sus semejantes; pues sabete que el orgullo impio de que adolecen les hizo inventar esa diabolica prensa para no doblar la rodilla, para no prosternarse ante el Supremo Ser. ¿Tienes intencion de enlutarlo todo, le interrumpió Democrito? Ello es cosa qué todo ha de andar de negro por tu capricho? Dime ahora ¿que cosa funebre hallarás en el recaton parabolico? Encuentro, respondió Heraclito, que hasta de sus pies quieren formar arcos para amenazar al Cielo.--¡Que imaginacion la tuya, hombre!.... Veamos que lamentacion entonas sobre los Chales, &c. ¿Tienen tambien veneno?-- Y mucho.... ¡Ah Democrito! Y tu ignoras que la Religion dominante en esta Nacion tiene consagradas para sus graves y magestuosos ritos las cosas de esta forma? ¿No has visto á aquel Sacerdote, que para tomar en sus manos al Gran Dios que veneran, le pusieron sobre sus hombros un paño ni mas ni menos como esos Chales? La impiedad, la negra impiedad no omite medio alguno para alzarse con todo, en todo se insinua, todo lo profana, y en esto me confirma cada vez mas el modo irreverente con que veo entrar y estar á los mas en sus Templos, á donde parece que van mas bien á insultar que á adorar la Divinidad. ¡O si uno solo se atreviese á presentarse en el Templo de la gran Diana con tan poco respeto, que prontamente los mismos Sacrificadores le darían el premio de su sacrilega osadía! Democrito, á pesar de todas las exclamaciones del compañero (que no me parecieron tan fuera de proposito) prosiguió con su risa, y siempre con aumento. Heraclito cada vez lloraba mas amargamente. Viendome entre dos genios tan diametralmente opuestos, determiné buscar un medio para conciliarlos. Tomé la voz y les hablé estas ó iguales palabras: No hay duda, Democrito, que muchas de estas fruslerías provocan á risa al mas adusto, y creo que los mismos Profesores de la ridiculéz y extravagancia (segun nuestro modo de pensar, pues segun el suyo es uso) se mirasen un poco despacio, se reirían necesariamente; pero con todo eso, si atendemos á algunas invenciones, y mucho mas a los inventores, es necesario que lloremos. No es decir que nos aneguemos en un llanto continuo, porque en verdad, Heraclito, no hay motivo para creer que todos los sequaces de estas gerigonzas estén inficionados del mismo mal que aqueja á los Autores. Sosegaos un poco, y reparad bien las cosas. ¿No veis que los mas andan á ciegas? Considerad á algunos de los del Garrote: nunca creeré que traen aquel palazo como distintivo de su derecho de fuerza. Creedme que no la tienen. Para aseguraros mirad como con un apoyo tan solido dan á entender lo destituídos que estan de ella, pues parece que se van cayendo. Lo mismo es, á poca diferencia, con las demás cosas. No os aflixais, pues tanto, y convencéos de que los mas son Monos ó Automatos. Aqui llegaba yo, quando un acceso que le sobrevino á Heraclito5nos hizo retirar. Le hechamos en cama, en donde permanece mucho tiempo há. El deseo que tenía de su recobro, hacía que no le largase pie, y con mi asistencia logré ponerlo en buen estado. Es regular que uno y otro dentro de poco tiempo se avoquen con Vm.
de quien queda &c. -:- El Imbrajuleable. -:-

1(a Disc. XII. fol. 190. […]. 21. ). […] […] alia del medio,

2No hay que preguntarme como, quando, ò con que ocasion leyò à S. Paulino, porque ya me arde la cabeza pensar, quando leyeron al gran Buffon. Ellos aparecieron en este pueblo sin haver puesto pie en otro de este mundo, lo mismo que Vm. en Compostela. ¿Quien sabe como es esto?

3!Que bellisimas expresiones de los dos reglas generales estampadas en el Disc. XII. pag. 178. lin. 11. y pag. 18 lin. 21! Y aunque para nosotros no era necesario hacerlas, sin embargo estando escrito en un idioma que entienden los legos, y tambien los timidos Moralistas rurales (id f. 181. 1. 14.) tal vez podràn hacer algun mal uso de ellas. Y ahora que me acuerdo, Señor Caton, esta puntadica del tal Discurso no hiere bien en lo vivo à los Eclesiasticos rurales? ¿Y en esto no se darà una punible complacencia à los enemigos y amigos de la Iglesia, que en diciendo Clerigo de Aldea, dicen quanto hay que decir? Dèle Vm. una zurra, para que no incurra en lo mismo que reprehende.

4Se conoce q. no vieron las Instit. De Justiniano

5De la Hidropesìa, mal viejo en el.