El Duende Crítico: Jueves 5. de Henero de 1736

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Juebes 5. de Henero de 1736

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Sistema de Europa.

Franceses de corazon, han sido siempre, el Minístro de Francia; i los Reyes de Francia de corazon Franceses: Nunca han seguido los inverses de su casa perdiendo de vista las conserbaciones de su Reyno; antes bien han mirádo siempre el aumento de su Reyno como elevacion de su Casa. Desde que el Político Cardenal, á rostro firme empezó con la ruina de los vecìnos la gran maquína de su ideàda Monarquía, no se oie sino es quèjas de esta pujante Nacion. Ià que mobia guerra injusta: ià que hizo paz sospechosa; pero en la misma capitulacion, que se le hace, se le asientan las ventájas, que ha sacàdo de la Paz, i de la Guerra. Busca la honrra del probecho, no el probecho de la honrra; despreciando el nombre, que le pueda ganár en los estraños, una fantástica generosidad, por el renombre que entre los pròpios, i estraños le consigue la adquirìda conveniencìa, si en lo primero se la sigue algun respeto, i temor, que siempre ha sìdo respetádo el tìmido, solo por ser respetado. Sobre èste piè camina la Fráncia; i de èsta causa nacen los efectos, que escandalízan á los que los ignoran. Cuando Rosemburg, urdia la primera trama de èsta delicáda tela, alucinó los ojos que podían vér èsta antígua máxima, con la aparente demostracion de utilidád, que se prometía la Fráncia en la exaltacion de todo lo que èra rama de su Casa. En èste sofisma, visto con el microscópio de la pasion, se halló de mas bulto del que tenía en su eséncia; i sin mas examen se dió por asentada la conclusion. Rota la güerra, dió princípio la Francía con los ultimos esfuerzos: ià tiene hecha la idèa el que comienza pór el fin: mucho descubria su ànimo en su proceder: No tubo nuestro Minístro mes sin avíso, ni vió mobimiento sin sospecha: rara confianza de sì propio! dormírse entre los pelígros. ¿Para què tanto inmenso gasto? á què tanto abandóno de lo própio? si ni aún se asegurába el logro de lo ageno? O! i cuanto remédiaría, aplicáda cualquier mediana conducta! Lo faborable de la fortuna; ò por mejor decir, los preciosos eféctos de un superior poder lesongeran dulce mente: las innátas esperanzas de una desmesurada ambicion, i ià no contenta en los límites de las Francesas idèas, se atropellaba tan soberbiamente, que excedía las mas amplas facultades del acierto. La Francia, (que velába sobre todos, i se desvèla por sus intereses.) no teniendo por razon de conveniencia la razon, de las razones, que sirbieron para persuadír à lo difícil del empeño, i aprovechado el esfuerzo de un moribundo podér, anelaba recelosa al logro de la acion, i tendìda la red, de su alianza, pensaba solo, en aprovecharse con tiempo de lo pescàdo. El Emperador mal satisfecho de sus Aliádos, i disgustado de su tibieza, oprimìdo con el pèso de tan poderòsa carga, clamaba por el alíbio, aun á costa de algun violento remèdio. Conocido el Juego, cada uno de por sì se adelantaba à ganár de mano; pero el enfermo respetába mas al Mèdico de mas fama: seria por maior temor. Mucho de èsto sabía nuestra Corte; pero no ha sabído como se entabló el negócio, i aún no se sabe como està todo el negócio entablado. En San Pretesburg, se labró la primera piedra de este edifício, i allí tambien se puso: bien sì ió que èsta es la primera espècie que, de esto, tiene el Minístro. El emperar la prè meditáda fábrica, se encontraron grandes obstáculos; pero un oculto medianero los procuraba allanar. Mucho contribuió la Corte de Bruxelas. Tan discreta como sutil, el elegante mediadór, oportuna mente súpo por su aire la conveniencia del própio ajuste, aciendo ver á la Francia el estádo de sus cosas: la ventája que de cualquiera paz se le següía; pues siendo la güerra daño cierto, los recelos de otra güerra eran riesgos futuros, i contingentes. La bella ocasion que la brindaba el Sistèma; la agradable disposicion que hallaba en el Império, i que todas las razones de Estado, que se oponían, sería imposíble conbinar los nunca. Pareció sería lo mas prudente arreglar á lo mas posíble, i cortar los menores repàros; cargando á la valanza el propio útíl. Representaba á su memoria la displicéncia, que le ocasionában los executibas instáncias; i amenazas, embozadas, de las Potencias marítimas; haciendo vér que èste era el modo de dejarlas vacilantes. En Viena mostró cuan perdidos iban en su juégo; i que ià que nó ganancia, procurarían el desquíte, que mudando su barája, y barajando à sus contrários, en algun modo variába la fortuna: i podían esperar mejor partido, que èste. En todo cáso le hicieron con el mas Poderoso; i de èsta suerte logràban entablár en un instante todo el juego, todo èl, con ventája, si con alguno prosigüiese. Que no sería mucho dejar algo de barato, à quien à quien diese un gran desquíte; que con su rèsto, otra vez en paz, podia elegirse mucho juego nuebo; in en fin, que éra precíso acomodarse al tiempo. Luego las dos, con retòrica energía ponderaban el valor de su aliánza, los ventajosos efectos de ella, i la buena correspondéncia; lesongeando sus vanidades con el ningun contra resto, que quedába en toda la Europa; la reciproca ventaja de sus comércios, faboreciendose para ello mutuamente. I despues de otras sérias reflexiones cerrába asegurandoles por partído el Império universál, que siendo mui remóto recaiése en uno Solo, oponiendosele al otro, in con la union verdadera lo gozarian entre los dos, pues el rèsto solo se mantenía, à benefício de sus discórdias. Dispuestos iá los ànimos por la eficáz persuasíba de los particulares interèses, dió tambien la misma para declarar su sonrrojo, las mas amables pretensiones; para lo que arregló los secretos Preliminares, en la forma, i con la claridád que lo demuéstran los articulos siguientes.

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Artículo 1°. Que la Francia que desembainó la espáda, protextando al Mundo, no quería para ella mas interés que el desagrábio de la oprimida livertád de la Polónia, manteniendo el honor de su Rey Estanisláo, i la satisfaccion de algunos Personages, quejas de la Casa de Borbon; era honestár su desempéño, i asegurar su ventàjas; colocando à satisfaccion à Estanislao, en la Loréna, i sus anexos, para que como tal Rey la posèa por sì, sus heraderos, i sucesores obligandose el Rey Augusto por la cesion de su competidór, á restablecer en sus empleos, i prer rogatibas en la mas posible forma à todos los que han padecído por la contraria faccion; i que para evitar las turbuléncias, en que pone siempre á la Europa, la eleccion de sus Reyes, se pensaba en un convenio; que en lo futuro prebenga èsta contingència. A cuio particular tratádo concurriran, El Emperador de Romános, la Emperatriz de la Rusía, el Rey de Francía, i el actual de Polonia, i algunos Magnátes de la República Polaca, de uno, i otro partido.

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Articulo segundo. Que á los Aliádos de la Francia se les dejaría en la conquistas hechas, en la Itália, alguna mejora; i que allì se le darà equivalente à la Casa de Loréna, i sèa el que fuere, será conocido Feudo Imperial.

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Articulo 3°. Que al Emperador, se le restituian los Estados ocupados por las armas enemigas, i al Império las Plazas tomadas, sobre el Rhin.

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Articulo 4°. Que la Francia será Garante de la pragmática Sancion, i fomentará en toda forma los intereses de el Emperador, los que èste arreglarà à su arbítrio.

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Articulo 5°. Que la Francia concurrirà con sus buenos ofícios à que entren en lo justo (segun èsta capitulacion) sus Aliádos; i de no dispondrán los dos, lo que ha de ser, i el Emperadór podrá pasár à la execucion de lo convenído, sin embarazo alguno de la Francia.

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Articulo 6°. Que desde luego se firme la Paz, i despues se vaian arreglando los capítulos mas convenientes, à los dos Soberanos, Juramentados con el mas sagrado vínculo de proceder de buena fé, i sin el mas lève dólo de sus promesas.
Este en sustáncia es el mistério de todo el embolismo presente: no ài otra Gigante maravílla, si èsta no lo ès. Bàste lo dícho para que sepa el Minístro, que se lo que sabe, i lo que ignora. I asì con mejor consejo se aplíque à mis medicínas, que Pildoras doradas, con lo burlesco, son único antídoto para su beneno; pero si no se prepára, con mi receta, átajaré de otra manéra el contágio, tratandole como à incuráble. = Ió el Duende.