Sugestão de citação: Anónimo (Ed.): "Número XXIII", em: El Filosofo à la Moda, Vol.2\005 (1788), S. 65-78, etidado em: Ertler, Klaus-Dieter / Hobisch, Elisabeth (Ed.): Os "Spectators" no contexto internacional. Edição Digital, Graz 2011- . hdl.handle.net/11471/513.20.712 [consultado em: ].


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Número 23

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Leccion XLII

A Cierta Clase de Noveleros.

Citação/Divisa► Hae tibi erunt artes, pacisque imponere morem,

Parecere subiectis, & debellare superbos.

Virg. Æneid. L. 6. 852. ◀Citação/Divisa

Nível 3► Metatextualidade► Exîsten en el mundo infinidad de hombres, que deberian estar continuamente ocupados en alguna operacion mecánica. Su mayor mal consiste en no haber aprendido ningun oficio. Estos son los que llamamos espíritus rudos y torpes, incapaces de reflexîon, que sin entender nada hablan de todo, por solo un principio de ociosidad mezclado con un poco de curiosidad. Un sugeto, individuo de cierta sociedad de hombres de esta clase, me ha escrito una carta, en que los pinta perfectamente. No quiero omitir darla al público al pie de la letra.

[66] Nível 4► Carta/Carta ao editor► Metatextualidade► Señor Filósofo.

En algunas lecciones suyas he visto las colecciones que hace en ellas para formar una historia de las tertulias; pero me parece que vmd. las expone con poca direccion, y que habla de ellas con demasiado vituperio. Despues de haber reflexîonado á mis solas sobre este punto, soy de parecer que en estas pequeñas juntas se pueden tratar los asuntos mas importantes mejor que en qualquiera otra parte. Para el bien público (que es el fin que creo ambos nos proponemos) hablaré á vmd. de un nuevo establecimiento de esta naturaleza que hemos hecho aquí.

Primeramente confieso que hartas tertulias de esta clase, cuyo fin, y todo lo que en ellas se trata no es de utilidad alguna al público, y por tanto no hago ca-[67]so de ellas, y quisiera destruirlas, porque las aborrezco. Pero al mismo tiempo debe vmd concederme que el plan que yo y mis compañeros seguimos es el mas útil y el mas meritorio. Nível 5► Exemplum► Nos distinguimos con el título de Junta Hebdomadaria. Nuestro Presidente debe servir en calidad de tal á lo ménos un año, y á veces tambien quatro ó cinco.

Todos somos personas graves y serias, y alimentamos en nuestra fantasía designios nobles. Creemos sea de nuestra obligacion estorbar en quanto nos sea posible que el Estado no padezca ningun daño; ne quid detrimenti res capiat publica; censurar los dogmas y acciones, las personas, y cosas que no nos agradan; arreglar á fondo los intereses de la Nacion; hacer la guerra á los enemigos quando nos parece conveniente. Si los que no son de nues-[68]tra junta no opinan así, no lo podemos evitar; pero seria mejor que fuesen de nuestro dictámen. Ademas solemos tomarnos el trabajo de arreglar de quando en quando los asuntos de nuestra universidad.

A la verdad no estamos enteramente satisfechos del permiso dado para la introducion de los vinos de . . . . . dos ó tres botellas de excelente vino de . . . . . que bebimos la otra noche, era tan delicado y generoso, que nos infundió á todos una grande alegría, pero aquel maldito vino de . . . . . nos costará mas caro, y estarémos peor. Si hubieramos podido penetrar el atentado ántes de salir el permiso, crea vmd. hubieramos representado en contra, y nos hubieramos opuesto; pero ya está hecho, y es inútil hablar de lo que no tiene remedio.

Tambien le participo no podemos aprobar los movimientos de [69] cierto Príncipe de acuerdo con las tropas de N. N. Es novedad muy peligrosa, y á pesar de lo que algunos dicen, no estamos léjos de creer haya secreta inteligencia. Las noticias que tengo sobre este particular de un amigo, que lo penetra todo á fondo, dan que sospechar á los políticos instruidos en esta clase de asuntos. Esperamos en fin haber reducido los malcontentos del . . . . . y confiamos hacer con ellos en breve una paz honrosa y estable.

Hasta ahora no hemos determinado quáles serán las operaciones de la armada, que debe mantener la neutralidad del . . . . . ni del exército que se halla acampado en . . . . . Tampoco hemos concluido los procedimientos de dos ó tres Príncipes; pero esperamos con impaciencia el manuscrito de . . . . . que es nuestro oráculo en punto de novedades, y nuestro Aris-[70]toteles en política, porque es necesario haya una jurisdiccion y un Juez en todas nuestras controversias.

Pocos dias ha recibimos aviso, que las tropas de todos los Regimientos de esa guarnicion habian rondado las calles de esa Villa. No hemos podido penetrar el motivo. El manuscrito de . . . . . era tan positivo sobre este asunto, y convenia de tal manera con las cartas de otros sugetos, que el Presidente de nuestra Junta, destinado para su exâmen, nos aseguró podia ser hubiese algo. ◀Exemplum ◀Nível 5 Hay otras muchas particularidades que deberia comunicarle; pero llegan en este momento á mi quarto dos buenos amigos, y vecinos mios á tomar el café que está pronto. Quedo por tanto á su disposicion. &c. ◀Metatextualidade ◀Carta/Carta ao editor ◀Nível 4

Esta carta indica que las personas de que se trata no buscan mas que novedades, sin atender si son [71] verdaderas ó no. Se desesperarian, si las aclarasen, porque entónces acabarian sus investigaciones, dirigidas mas al entretenimiento del ocio, que de su instruccion.

Lo mejor seria que siguieramos el exemplo de aquellas Naciones prudentes, cuyos individuos todos aprenden algun arte ú oficio. ¿No seria exercicio digno de elogio en un galan, si v. g. las horas que ociosamente consume en abrir y cerrar la caxa, darla vueltas por uno y otro lado, ofreciendo tabaco, las emplease en formar otra igual? Esta práctica seria mas ventajosa al público, porque todos los hombres serian útiles. Entónces no habria ni un individuo de la sociedad civil, que no tuviese una especie de derecho para tener un cierto grado en ella, como aquel que dias hace se introduxo en una conversacion de bellos ingenios para manifestar, un primoroso anillo que él mismo habia hecho. ◀Metatextualidade ◀Nível 3 ◀Nível 2

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Leccion XLIII

A las Mugeres del Dia, Modestas en la Compostura de su Cabeza.

Citação/Divisa►  . . . . . Tanti est quærendi cura decoris.

Juv. Sat. VI. 501. ◀Citação/Divisa

Nível 3► Metatextualidade► No se encuentra en el mundo cosa mas variable que la compostura de la cabeza de las mugeres; me acuerdo haber visto sus peynados elevarse y baxarse mas de treinta grados en ménos de treinta años. Habrá como cosa de 12 á 15 años que las cabezas se habian elevado á una altura tan considerable, que no solo los hombres parecian enanos en comparacion de las mugeres, sino que tambien los peluqueros necesitaban una escalera de mano para poder exercer su oficio con las Damas. Despues, y casi de repente todo el sexô se volvió tan pequeño, [73] que nadie hubiera dexado de decir que era de una especie diferente. He visto á muchas Damas que en algun tiempo han tenido ocho pies de alto, y en otros apénas han llegado á cinco. Yo no supiera penetrar la causa de tanta disminucion, ni descubrir si todo el sexô en algunas ocasiones haga penitencia por algun pecado desconocido, ó si medita sorprehendernos con alguna nueva moda, ó si algunas de estatura demasiado grande inventáron esta treta para comparecer de un talle mas razonable. Algunos sin engañarse pensáron que á semejanza de árboles acabados de podar, no dexarian de florecer con el tiempo, y de brotar cabezas mayores, como en efecto se ha ido verificando, y aun se verificará mas. En quanto á mí que no quisiera malquistarme con las Damas, particularmente con aquellas que son mayores que yo, aplaudo mucho mas el sexô en su presente humillacion [74] que lo reduce á una justa medida, que quando se manifestaba con un talle agigantado y formidable, ó enano y despreciable. Yo no quisiera que se pensase en hermosear los edificios de la naturaleza, ni que se elevasen obras ridículas sobre sus cimientos; por lo que, repito, la moderna compostura de la cabeza me agrada en parte; y hallo que en cierto modo es un argumento del buen gusto, que reyna entre las Damas de mérito distinguido. Es necesario confesar que en todos los siglos las mugeres han tenido mas cuidado que los hombres en la compostura de sus cabezas; y me admiro que la historia no nos traiga alguna noticia de las arquitectas del sexô hermoso que han fabricado edificios tan magníficos sin piedras ni ladrillos, sin cal ni hieso, mas únicamente con cintas y gasas, flores y alambres. No se puede negar que en estas obras se han hallado todos los órdenes de [75] la arquitectura, del mismo que en los templos y palacios mas suntuosos; á veces se han visto en forma piramidal, otras en quadrángulo, algunas á modo de cabeza de buey, y no ha faltado la figura de las orejas de burro.

En tiempo de Juvenal usaban muchas clases de peynados, y el Poeta, hablando de una muger, describe uno en los términos siguientes. Junta sobre su frente una multitud de pelos, los ensortija y los eleva, de modo (en el dia es al reves), que mirándola de frente, parece de una estatura ayrosa y grande; pero es tan pequeña, mirándola por detras, que se la creeria otra persona.

Nível 4► Citação/Divisa► Tot premit ordinibus, tot adhuc compagibus altum,
Ædificat caput; Andromachen à fronte videbis:
Post minor est: aliam credas

Juv. Sat. 6. v. 502. ◀Citação/Divisa ◀Nível 4

[76] Mas no me acuerdo haber leido en ningun tiempo, á no ser en el siglo 14, que los peynados hayan llegado al exceso en que estuviéron no hace muchos años. Eran absolutamente sin mas rodeos dos cuernos de una altura tan prodigiosa, que una muger pigmea aparentaba ser un coloso. Nível 4► Exemplum► Un Autor nos enseña que un tupé del siglo 14 se elevaba dos tercias justas por encima de la cabeza, y que estaban apuntalados como las torres que amenazan ruina. ◀Exemplum ◀Nível 4 Esta no será exâgeracion, ni podemos tratar al Autor de ponderativo, porque hemos visto en nuestros tiempos lo mismo, solo que los puntales estaban cubiertos con unas gasas adornadas de cintas y flores, que baxaban desde lo mas alto del tupé, y encubriendo el contrabando, se extendian por los hombros de las Damas hasta la cintura, á modo de banderillas, que se tremolaban al menor movimiento, ó ligero zéfiro. En el dia los turban-[77]tes á la Turca y los gorros á la Tripolina van desterrando todas las demas modas, y discurro que no pasará mucho tiempo sin que Madrid se convierta en Constantinopla, Trípoli ó Tunez; pero á la verdad ménos mal parece una muger con la cabeza ataviada á lo Mauritano, que con el rostro escondido entre el pelo.

No me queda mas que suplicar á las Damas se tomen el trabajo de leer esta breve leccion, para que las sirva de preservativo. Tambien las exhorto á reflexîonar que las será imposible añadir el menor adorno á esta parte, que es la principal de la naturaleza en el cuerpo humano; la cabeza tiene el primer lugar, y manifiesta lo mas hermoso de él. La naturaleza, digámoslo así, ha echado el resto para hermosear el rostro; ha sembrado en él las rosas y los jazmines: lo ha adornado con un doble enrejado de huesecillos de marfil; lo ha hecho el asiento de la son-[78]risa, de la alegría, del pudor y de la vergüenza; ha esparcido en él la claridad y la vista con dos luceros brillantes; por uno y otro lado ha pegado en el los órganos maravillosos del oido; distribuido donayres y gracias que no se pueden describir; le ha enriquecido con una rica cabellera, que realza toda su hermosura, y le hace brillar. En suma, parece ha destinado la cabeza para colmo glorioso de todas sus obras, y quando la oprimimos con los adornos inútiles, destruimos neciamente la simetría del cuerpo humano, y apartamos nuestra vista de las maravillas grandes y verídicas, para fixarla en fruslerías, qual son las gasas, cintas y encaxes. ◀Metatextualidade ◀Nível 3 ◀Nível 2 ◀Nível 1