El Filosofo à la Moda: Número XIII

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Número 13

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Leccion XXV

A los Literatos sobre la Verdadera Virtud, que Consiste en la Imitacion de Dios.

Zitat/Motto

Qui minus indiget, divinitati proximor.

Socr. ap. Xenof.

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Los Filósofos Gentíles, ordinariamente se vanagloriaban de que sus preceptos servían para hacer á los hombres semejantes á los Dioses. A pesar de los errores, que se hallan en los medios que empleaban para llegar á este fin, es forzoso confesar que su designio era noble y glorioso. Las mas bellas obras de la invencion humana son ligerísimas, quando se ponen en la balanza para confrontarlas con lo que sirva á perficionar el espíritu.

Exemplum

Longino, compadece con mucha gracia á Homero, que dice que ha hecho los Dioses semejantes á los hombres, para volver los hombres semejantes á los Dioses.
Pero se debe convenir que muchos Filósofos antiguos se han fatigado mas en el último de estos puntos, que en el primero. Ciceron, deseaba que Homero asi lo hubiese hecho.
Al tenor de esta máxîma general, algunos han solicitado elevar á los hombres hasta aquel punto de placer ó menor indolencia, en que erradamente creían consistiese la beatitud del ser supremo. Por otro lado la sécta mas virtuosa de aquellos Filósofos, formaba la quimérica idéa de un sabio libre de las pasiones y del dolor, capáz de hacerse asímismo feliz, sin nigun socorro ageno.
Este último caracter, despojado del fausto que le rodéa, se reduce á insinuar, que un hombre virtuoso y sábio debe armarse de paciencia, y no creer facilmente á la violencia de las pasiones y del dolor. Debe aprender á ahogar sus deseos, y á comprimirlos, para tener pocas necesidades, y alimentar en su alma virtudes capaces de adquirirle siempre nuevos placeres.

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El Christianismo exîge de nosotros, que despues de habernos formado la mejor y la mas alta idéa que podamos de Dios, procuremos luego imitarle, quanto permite nuestra flaqueza. Pudiera traer sobre el particular muchos pasages de las divinas Escrituras, como tambien muchas sentencias y máximas que se hallan en los Autores Romanos y Griegos; pero quiero presentar solamente un exemplo sacado de los Cesares de Julian.

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Exemplum

Despues que este Autor ha hecho pasar revista ante los Dioses á todos los Emperadores Romanos, con Alexandro el grande, que disputaban la preeminencia entre sí, los abandona de repente, y no habla mas que de Alexandro, de Julio Cesar, de Augusto, de Trajano, de Marco Aurelio, y de Constantino. Cada uno de estos Heroes de la antiguedad, pretende hacer valer su derecho sobre los demás, contando con toda individualidad y ventajas sus acciones. Pero los Dioses en lugar de quedar deslumbrados por sus hazañas, se informan por medio de Mercurio de los principios, con que se arreglaron en el curso de su vida en todas ellas. Alexandro, dice, que su fin eran las conquistas: Julio Cesar, confiesa, que su mira fue de elevarse al mas alto grado de honor en su patria: Augusto, que había procurado gobernar bien sus Estados: Trajano, que había alimentado la misma ambicion de Alexandro. Finalmente, preguntado por turno Marco Aurelio, respondió modestamente, que había siempre procurado con grande ardor imitar á los Dioses. Esta conducta le grangeó la pluralidad de los votos, y el primer lugar en toda aquella magestuosa asambléa. Quando se le preguntó en qué imitaba á los Dioses, declaró, que en el uso de las facultades intelectuales, buscando fuera de esto tener las menores necesidades que le fuesen posibles, y hacer quanto bien pudiese.

Entre los diferentes medios que la Sagrada Escritura ha sugerido para el adelantamiento de las buenas costumbres, uno de los principales es, darnos una justa idéa del supremo Ser, á quien todas las criaturas deben imitar. Un jóven disoluto podía en una comedia de los Gentíles justificar sus ardores con el exemplo de Júpiter, y casi no hay culpa, que no se pudiese cohonestar segun las idéas, que el vulgo de la gentilidad tenía de sus Dioses. La Escritura nos ofrece un objeto por modelo dígno de ser imitado, á saber: el manantial de las perfecciones imaginables.
En esta vida nos hallamos expuetos [sic] á un infinito número de tentaciones, que si las oímos deben precisamente alejarnos de la senda de la razon y de las virtudes, únicas cosas que podemos imitar del supremo Autor del universo. Pero en el siglo venidero todo objeto será conforme á nuestros deseos. Estableceré, pues, por máxîma: que nuestra felicidad en este mundo, consiste en reprimir nuestros deseos, y en el otro en la entera satisfaccion de los verdaderos.

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Leccion XXVI

A los Aduladores de Moda en los Cumplimientos.

Zitat/Motto

Eo noto fictum carnem sequar, ut sibi quivis
Speret idem; sudet multum frustraque laboret
Ausus idem.

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Metatextualität

Allgemeine Erzählung

Un Teólogo de nuestra Sociedad se ofende de los cumplimientos, que se le hacen, y es de parecer que no se deben hacer á nadie, aunque yo creo, que él solo es acreedor á ellos. No ha muchos dias que este ilustre ciudadano en una de nuestras conferencias, hizo un primoroso discurso sobre este particular, notando como preambulo, que desde la fundacion de nuestra Sociedad, no ha visto hacer en ella, ni siquiera un cumplimiento. En reflexîon agradó á todos los asociados, que persuadidos de su buen corazon hácia ellos, quedaron convencidos, que todas las seguridades de amistad y servidumbre, que ordinariamente se dán en el mundo, no son naturales, y no vienen del corazon, y que el lenguage que se usa en ellas nada significa entonces, ó á lo ménos muy poco de lo que expresa.
Mas oigamos lo que él mismo dixo.

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Entre una multidud de exemplos que prueban abundantemente la corrupcion del siglo en que vivimos, la falta de sinceridad no es el menor. La simulacion en los cumplimientos, es en el dia tan de moda, que las palabras casi y sin casi, no significan los pensamientos. En efecto si un hombre sigue los impulsos de su corazon, si declara con sinceridad lo que piensa, y si no manifiesta á los demás mayor amistad de la que debe, apenas huirá la tacha de hombre mal educado. Aquella antigua sinceridad de este ilustre país, aquella generosa candidéz, aquella buena fé natural, que carácteriza la verdadera grandeza de ánimo, ya no exîste, ya se extinguió. No hace un siglo todavía que buscamos familiarizarnos con las modas extrangeras, y sujetarnos á la servil imitacion de unos hombres de un país lejano, que no es de los mejores. El estilo de la conversacion es tan retumbante de vanos cumplimientos, y ahogado, por decirlo así, de las seguridades de respeto y amistad, que si volviese al mundo un hombre muerto dos siglos hace, necesitaría un Diccionario, para entender el propio Idioma, y para conocer el verdadero sentido de las frases de moda. ¡Qué digo! Le sería dificultosísimo creer que todas esas solemnes protestaciones de la mas perfecta aficion que se puede imaginar, fuesen á un precio tan vil en la actualidad, y quando quedase instruído de ellas, necesitaría mucho tiempo para acostumbrar la propia conciencia á usarlas con seriedad, y corresponder á los demás con la misma intencion.
Confieso no sería tan fácil decidir, si sea mas digno de nuestro desprecio ó de nuestra compasion, el oír las seguridades de obsequio, y de una invariable fidelidad, que los hombres recíprocamente se protextan. ¿Qué estimacion, qué zelo, qué cuidado, qué expresiones no manifiestan á un hombre que jamás habían visto? ¿con quanto cariño no se ofrecen inmediatamente á su obediencia, y con quanto anhelo no se interesan por sus asuntos, sin el menor motivo? ¿Quántas obligaciones no le deben, sin haber recibido jamás el menor beneficio? ¿Y cómo no se afligen de su estado, sin que sepan la causa? Sé muy bien, que para justificar lo vano de esta costumbre se dice, que no hay ningun mal, ni engaño en los cumplimientos: verba valent ut numi: les han dado la naturaleza de la moneda, que tiene el valor que se le quiere dár. Se podría pasar por este pretexto, si los cumplimientos valiesen alguna cosa; pero si se meten en cuenta, no son mas que otros tantos ceros antes de la cifra. Sea como fuese, tenemos siempre motivo de dolernos que la sinceridad no sea ya de moda, que nuestras conversaciones no sean si no falsedad, que el uso de las palabras esté casi enteramente pervertido, que las expresiones ya no signifiquen nada, y que el trato de los hombres no sea mas que un comercio en que cada uno disimula los propios sentimientos: de modo, que una persona honrada, al vér la poca ingenuidad que reyna en el mundo, no puede dexar de cansarse de vivir en él.

Despues de haber pintado este vicio con colores tan despreciables, lo impugna vigorosamente, por medio de pensamientos tan justos, y términos tan naturales, que todo hombre inteligente, conoce al instante que él es su Autor.

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Si la apariencia, dice, de una cosa, puede servir para algun fin bueno, estoy persuadido, que para eso vale mucho mas la realidad. En efecto ¿por qué motivo disimula un hombre, ó quiere parecer lo que no es, sino porque tiene una idéa ventajosa de aquellas virtudes con que quiere adornarse? El disfrazar ó disimular, es vestir la apariencia de una calidad buena y real. El medio mas seguro de parecer adornado de algun talento, es poseerlo realmente. Añadese, que muchas veces es tan dificil mantener una falsa pretension, como adquirir un legítimo derecho, que no se tiene; y es verosimil se descubra el disimulo, y entonces todas las industrias usadas, para ocultar bien en el juego vienen á ser inútiles.

En otra parte de su discurso hace vér, que todo artificio por sí mismo se dirige unicamente á arruinar los designios de quien le usa.

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Qualquiera ventaja, dice, que provenga de la mentira, y de la disimulacion pasa bien pronto, pero el mal que resulta es de mucha dura. Un hombre disimulado y faláz, siempre es sospechoso, no se le cree aunque diga la verdad, y se desconfia de él aun quando trata de buena fé. En suma, un hombre á quien no se le reconoce por sincero, está atado de pies y manos; está perdido sin remedio; nada hay que pueda restablecerle; ni la verdad ni la mentira le aprovechan.