Zitiervorschlag: Joseph Álvarez y Valladares [José Clavijo y Faxardo] (Hrsg.): "Pensamiento LXXIX", in: El Pensador, Vol.6\79 (1767), S. 111-126, ediert in: Ertler, Klaus-Dieter / Hobisch, Elisabeth (Hrsg.): Die "Spectators" im internationalen Kontext. Digitale Edition, Graz 2011- . hdl.handle.net/11471/513.20.681 [aufgerufen am: ].


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Pensamiento LXXIX

Ebene 2► Metatextualität► He ofrecido dár al público todas las cartas, que se me dirijan, como no contengan cosa que lo impida. La carta siguiente es de este numero, y no tengo en ella mas parte, que el cuidado de darla á la prensa. ◀Metatextualität

Ebene 3► Brief/Leserbrief► Señor Pensador.

Allgemeine Erzählung► Halléme una de estas tardes pasadas en una Tertulia de damas jovenes, que divirtieron á toda la compañia, à expensas de otra, á quien dos de ellas havian sorprendido en el manejo de aplicarse al rostro varios ingredientes, y de modelar al espejo la risa, las [112] ojeadas, los gestos, y demás melindres del dia. La ama de la casa, señora virtuosa, y discreta, deseosa de ahogar una conversacion, que havia empezado en tono de chiste, y degeneraba yá en mordacidad, tomó ocasion del mismo discurso, para decir quán util sería, que entre los hombres huviese tan fieles consejeros para dirigir el espiritu de las damas, como lo son los espejos para ayudarlas á colocar los adornos del cuerpo; añadiendo, que si por un raro prodigio llegase el caso de que un amigo fiel, y sincero se transformase en espejo, no tendría rubor, ni reparo en consultarlo muchas veces. ◀Allgemeine Erzählung Este pensamiento se fijó con tanta fuerza en mi cerebro, que me hizo tener aquella noche el sueño, que voy á contar.

Ebene 4► Traum► Soñé, pues, que delante de un [113] espejo de vestir, que hay en mi quarto, se mantenia de pie, y mirandome con mucha atencion, un joven hermoso, bien hecho, y con una fisonomía, en que parecian pintadas la inocencia, y el candor. Yo estaba admirado de su presencia, y no menos curioso de saber el motivo de su aparicion; quando dirigiendose à mí, me habló en los terminos siguientes:

Ebene 5► Allgemeine Erzählung► El espejo que vés (me dijo) era en otros tiempos un hombre. Mas claro: era yo mismo, el desgraciado Fidelio. Mis padres me dieron dos hermanos dotados ambos de mucho ingenio; pero en quienes apenas bastaban estos dones para compensar la deformidad de sus cuerpos, que á la verdad eran de una rara figura. El primogenito, cuyo vientre se hundia ácia el espinazo de un modo mons-[114]truoso, era un gran perezoso, y estaba dotado de un humor colerico, que ocasionaba se encendiese facilmente su bilis, y le servia de aumentar considerablemente los objetos, que se le presentaban. El segundo, á quien havia tocado la desgracia de tener el pecho levantado á modo de giba, tenia por el contrario la costumbre de disminuir quanto se le ponia delante; y podia decirse con razon, que en todos sentidos era el antipoda de su hermano. Esta diversidad de humores divertia una, ó dos veces las sociedades en que se hallaban; pero por fin, las gentes llegaron á cansarse de sus genios, y mis buenos hermanos se vieron precisados á dejar la Corte, y retirarse á un Colegio á estudiar las Mathematicas.

Ebene 6► Selbstportrait► Es inutil decirte, que yá en [115] aquel tiempo pasaba yo plaza de un joven gallardo, y bien hecho, y tenia creditos de hombre pulido, y amable entre las gentes. Yo era el confidente, y el querido de todas las hermosas; y bien que las viejas hablasen mal de mí, esto de ningun modo perjudicaba á mi reputacion, pues nadie dejaba de conocer, que las movia á ello un espiritu de venganza, porque yo no cometia la bajeza de adularlas; y que sin embargo de lo mal que me trataban en sus discursos, ni unas, ni otras se atrevian jamás á ir al bayle, al paseo, á la visita, ni á la comedia, sin haver consultado antes mi gusto. Te parecerá jactancia, si te digo, que nadie ha merecido tanta confianza como yo á las damas; pero no lo es. Flavia, que por todas las minas del potosí no huviera confiado á mor-[116]tal alguno al mysterioso secreto de sus canas, las teñia en mi presencia. Dorisa, cuyas megillas sonrosadas excitaban la embidia de unas damas, y la maligna curiosidad de otras, solo á mí me dejò ver su palidéz. Celia me mostraba sus dientes. Pantea, que á todos engañaba con una riqueza de seno aparente, me le mostró mil veces al natural, y nunca me ocultó el artificio de su engaño. Cleanta hacia brillar á mi vista un hermoso diamante. Cloe me enseñaba con frequencia su pie; y finalmente (porque sería obra muy larga, si huviese de contarte por menor todas las confianzas, que he merecido) bastará que sepas, que apenas ha havido cosa alguna de adorno, que no hayan consultado conmigo las damas.

Es maxima observada general-[117]mente, que las personas que se quieren demasiado á sí mismas, tienen poco amor á las demás; y sin embargo, he visto, con grande admiracion mia, falsificada esta regla en las damas, de tal modo, que quanto mas satisfechas han estado de su belleza, y quanto mas ésta las ha movido á quererse, y á estar contentas de sus personas, tanto mayor ha sido el cariño que me han tenido. Esto se manifestó bien claro en mis amores con Philaucia, la qual, imitada despues por otras muchas, llegó á quererme con tal ternura, que no acertaba á salir de casa sin llevarme consigo. A la verdad, yo era demasiado grande, para que me pudiese llevár por dije, no solo Philaucia, sino qualquiera otra menos delicada, ó melindrosa; pero una dama habil todo lo vence; y por una especie de Magia, [118] que nunca he podido comprehender, no solo me ví transformado en mueble curioso, sino que tambien llegué á no tener situacion segura. Unas veces me hacia aparecer en la caja de los lunares; otras en un libro de memoria; otras en la almohadilla de la labor; muchas en una Guia de Forasteros; y no pocas colgado entre los dijes del relox. Mi mayor enemigo fue cierto necio de buen humor, que por un largo trato, y por sus prendas personales, havia llegado á ser muy parecido á Philaucia por todos terminos. Esta enemistad fue tal, y llegó á hacer tal impresion en el ánimo de mi querida, que no dudo me huviera desterrado de su presencia, á no haver observado, que Cleón, que era el dichoso, sin embargo de su oposicion, me pedia dicamen en cosas de la mayor [119] importancia. Y esta observacion me hizo mas amable á sus ojos. Los demás hombres, bien que me viesen querido, y acariciado de las damas, llegaron á formar tan alto concepto de mi virtud, que jamás tuvieron zelos, ni embidia. ◀Selbstportrait ◀Ebene 6

En medio de toda esta felicidad estuve expuesto á verme en el mayor infortunio. Sucedió, pues, que un dia que Cleón entraba á visitar á mi querida Philaucia, creyó haverla sorprendido en una conversacion amorosa. La terrible pasion de los zelos hizo su oficio de tal modo, que bien que estaba á una distancia desde donde apenas podia divisar los gestos, llegó á creer, que realmente oía las expresiones de ternura, que solo existian en su imaginacion. Es verdad, que Philaucia, creyendose sola conmigo, unas veces se acercaba á mí, [120] otras se retiraba, dando algunos pasos atrás con mucha magestad. Yá se le escapaba alguna sonrisa inocente, y yá ponia el semblante grave, y mesurado. A ratos baylaba, y me presentaba con ayre una mano blanca, y hermosa. A ratos medio cerraba los ojos en ademan de desmayados, ó dormidos. Tal vez me dejaba vér un semblante severo, y lleno de desdén; y tal una fisonomia placida, que acompañaban la ternura, y las gracias. Si en un minuto daba suspiros, que anunciaban, al parecer, irse á exhalar su espiritu, en el siguiente se mordia los labios, como despechada, y fuera de sí: unas veces se cubria el rostro con la mano, dejando algunos intervalos para verme, y otras con el abanico. En fin, los gestos, y ademanes eran tales, y tal la interpretacion, que el zeloso [121] Cleón les daba, que arrebatado de su furiosa pasion, no pudo contenerse en interrumpir á Philaucia. ¿Pero quién podrá pintar quál fue su sorpresa, quando en vez del amante, que se havia imaginado, solo encontró en el quarto al inocente Fidelio, la espalda apoyada en la pared, y colocado entre dos ventanas?

Me faltaría tiempo, si huviese de contarte todas mis aventuras. Bastará por ahora que sepas el lance en que recibí el golpe mortal.

Vióse por desgracia acometida Philaucia de las viruelas, y en esta ocasion se me prohibió muy formalmente gozar de su presencia, por el temor de que mi vista aumentase su mal. La inquietud con que viviría Philaucia todo el tiempo de esta ausencia no es facil de pintar; pero puede inferirla quien [122] sepa que era yo todos sus cariños, y el objeto mas preferido en su atencion. En quanto á mí, es cierto que el habito de verla á todas horas me hacia echar menos su vista; pero sufria con paciencia, esperanzado en que volveriamos á nuestra antigua comunicacion: luego que se restableciese. Llegó por fin el dia en que Philaucia tuvo licencia del Medico para vestirse, aunque con la expresa prohibicion de verme: error, que jamás podré perdonar á este Medico, pues no ignorando el cariño que Philaucia me profesaba, bien debió pronosticar, que entre levantarse de la cama, y hacerme una visita, no havria medio alguno: asi sucedió. Pudo lograr un rato, en que la dejaron sola, y al instante corrió al quarto immediato á verme; ¿pero quién podrá referir la sorpresa que [123] le causó el vér que yo estaba como espantado, á vista de un espectaculo tan desagradable? Ciega de rabia dió algunos pasos atrás para observar si yo tenia la insolencia de repetirle de nuevo la misma ver-dad. Yo, que naturalmente soy propenso á decir lo que siento sin lisonja, no solo repetí lo dicho, sino que tuve el candor de añadir, que su pasion aumentaba en muchos grados su fealdad. Creció la colera de Philaucia, y sin poder contenerse en el exceso de su enojo, empuñando, un alfiler de diamantes, que trahía entre los cabellos, me lo clavó con toda su fuerza hasta el corazon, quedando muy ufana de su venganza; bien que inutil, pues que mi sinceridad se mantuvo hasta despues de mi muerte. No pude conservar la vida despues de un golpe tan fatal; pero [124] hice lo que estaba en mi arbitrio, declarando siempre mis verdaderos sentimientos, aunque con palabras interrumpidas, y manifestando hasta el ultimo suspiro la fealdad de mi homicida.

Cupido, dedicado siempre á seguir el partido de las bellezas, y lastimado del desastre de un servidor tan fiel, obtuvo del Destino la gracia de que mi cuerpo fuese incorruptible, y conservase siempre las qualidades de mi espiritu. Al punto perdí la figura humana, y me ví pulido, y brillante; y hasta el instante en que te hablo conservo el privilegio de ser el primer favorito de las damas. ◀Allgemeine Erzählung ◀Ebene 5

Dijo: Y mi admiracion de vér que havia desaparecido, apenas articuladas las ultimas sylabas, me hizo despertar dudoso por mucho rato, de si sería ilusion, ó realidad lo que havia oído. ◀Traum ◀Ebene 4 Por una parte [125] observaba muchas verdades, que nunca se havian ofrecido á mi imaginacion, y por otra conocia la imposibilidad de semejantes transformaciones. Cedió por fin á la razon la ilusion del sueño; y yá del todo despierto, solo pensaba en comparar el soñado suceso de Fidelio con el que tendrian los amigos fieles, que deseaba la dama, semejantes á los espejos, para dirigir el espiritu de las personas de su sexo. No faltarían (me decia yo) amigos sinceros, si las damas generalmente tuviesen mas docilidad. Puede asegurarse, sin nota de temeridad, que pocas, ó ninguna sufre con paciencia la menor tacha en el asunto esencial á la hermosura. Es verdad, que este es el capitulo principal, y en que tienen fundado su patrimonio; pero si llegasemos al del espiritu, sucede-[126]ría lo mismo, con muy corta diferencia.

Asi me parece, que al paso que el deseo de la señora es muy digno de su capacidad, y de la de otras muchas, que la igualan, ó quiza la exceden en virtud, y talentos, sería muy dificil hallar hombres de experiencia, que quisiesen encargarse de la comision. Si hay alguno tan arrogante que presuma poder desempeñarla, puede tomar exemplo en el suceso de Fidelio, que aunque soñado, puede ser muy util. ◀Brief/Leserbrief ◀Ebene 3 ◀Ebene 2

Con motivo de las proximas fiestas, no saldrá el siguiente Discurso hasta el Jueves. ◀Ebene 1