Citation: Bachiller D. P. Gatell. (Ed.): "Número 26", in: El Argonauta Español, Vol.1\26 (1790), pp. 201-208, edited in: Ertler, Klaus-Dieter / Hobisch, Elisabeth (Ed.): The "Spectators" in the international context. Digital Edition, Graz 2011- . hdl.handle.net/11471/513.20.672 [last accessed: ].


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N. 26

Citation/Motto► Ridiculum acri dulcius. ◀Citation/Motto

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Una de las grandes aventuras del Bachiller.

Level 3► Dormido estaba la noche pasada el Bachiller de tal modo y manera, que mejor se parecía é un tronco que à una criatura racional. Level 4► Traum► No bien sería media noche, quando le sorprendió una voz que oiría entre sueños que le llamaba: Argonauta? Bachiller? despierta, que viene por tí la Sibila Eritrea. No se movía, y esto le obligó à aquella famosa Señora á cogerle por un brazo, y dándole un secudillon logró que se despertase; pero algo sobresaltado, sin embargo que no era medroso, ni creía en brujas, fantasmas, ni animas. ¿Quién, quién me llama? dixo con alta voz. Yo soy: la Sibila Eritrea es quien viene por tí, levanta y sígueme. Sin saber el pobre Bachiller lo que le sucedía, se levantó y echó à andar al paso bien ligero de su conductora. En un decir amen se vio en la orilla de un lago lóbrego y nada alegre, y en menos de un instante embarcado y navegando qual pájaro que llevan en jaula. Muy pronto arribó à la otra banda, donde estaban esperándole un diluvio de almas. Sin saber cómo ni quando, agarraron de él, y le llevaron à un magnifico palacio de otra arquitectura que los vários órdenes que se vén en Europa. Conducíale por la mano Eritrea, y con esto no se atrevieron con él ni la serpiente, ni otras fieras que guarda-[202]ban las puertas. En erecto, luego se vió dentro de un salón extensísimo. Lo primero que irió su vista fué un magestuoso trono en que estaba sentado el Dios Pluton. A sus lados estaba Eaco, Minos, y Radamante, graves y circunspectos, como Alcaldes de Aldea. El patio estaba lleno de gentes, y todos cargados de protocolos. Estaban divididos en pelotones. En medio se veía un alambique del tamaño del monte Atlas, mucha leña, y algunos Farmacéuticos y sus ayudantes. A todo esto estaba el Argonauta con la boca abierta como la de un papamoscas: nada hablaba. Díxole la Sibila: Bachiller, ¿qué decís de esto? Qué sé yo, respondió. ¿Qué no conoceis à ninguna de estas gentes? En mi vida los he visto. Pues sepais que este pelotón son los escritores de bellas letras: Aí está Rouseau, Volter, Marmontel, Alambert, y toda la demás caterva. Los demás pelotones son Escritores de las demás facultades y ciencias de este siglo. ¿No conoce Vm. à nadie? No, por cierto. Todos esos que mira son Españoles. ¿Españoles? Sí y los mas de Madrid. ¿No conoces à ese que està aí cerca? No le distingo bien la Fisonomía. Pues este es el Argonauta Español, el Autor de La Moral de D. Quixote, el Panegirista, y el que escribió aquella obra de Historia Natural que corre con el nombre de una Parra. Que no soy yo. Sí, tú eres; pero no por eso dexas de entrar tus obras y las demás que se han escrito en este siglo para la analisis. Asi será, pero yo no me siento sino acá. Bien, no importa. Todos los demás son los restantes Escritores que creen haber ilustrado el siglo . . . . . Interrumpió esta conversacion una voz de un clarin. A esta siguió el que vários con el aceyte, cera y sebo que consumieron los Escritores, lo echaban en el alambique. Ya que se acabó esta faena, mandó Redamante que cada uno fuese metiendo sus papeles en el recipiente: al punto fueron executando cada una la orden, y quedó dentro del alambique en un momento quanto se escribió en este siglo. En el otro instante vino una furia con un gran tison encendido, lo aplicó à la fornalla, y fué cociendose el caos contenido dentro del recipiente. Todos sabían el fin de aquella [203] funcion, porque Eaco lo habia ya relatado antes de la llegada del Argonauta, y fué como se sigue.

Habitantes de estas oscuras cavernas, informado el gran Pluton de que muchos de allá del mundo creen, y llaman á este siglo ilustrado, y deseoso de averiguar tan extraño pensamiento, ordena que acudan à su tribunal todos los Escritores, para que en el alambique presente se alquimisen en presencia de todos, para que los mismos que han dado lugar à que se difunda tal voz sean testigos de si merece ò no semejante epiteto, à fin de que siempre que no sea así, se arrojen los resultados al rio Letéo, para que se destierre del mundo una idea fantástica, y productiva de la mayor parte de la sobervia reynante; y que si por el contrario resultase acreedor el siglo à tan famoso nombre, se escriba en el libro dorado para eterna memoria. Esta es su voluntad, y en su cumplimiento se hace comparezca tambien el Argonauta para que sea tambien juez de su causa, y lo publique al universo.

Ardía à mas no poder la fornalla, y se sentía el herbidero que tenían los papeles con la cera, aceyte y sebo. Poco despues levantóse Minos, y acercándose à las diferentes piezas de cristal que debían de recibir los espíritus, quintas esencias, y demás que resultase: viendo que nada destilaba por parte alguna, y que habia cesado la evolucion, dispuso se apagase el fuego. Hecha esta diligencia, se pasó à abrir el alambique, y nada mas se halló que caput mortuum, Dió parte al gran Pluton, y despues de una larga conferencia, puesto en pie Redamante, hizo el siguiente razonamiento.

Bien visto queda, Señores Escritores del presente siglo, que lo único que ha resultado de la analisis que vienen de presenciar es lo que llaman los Químicos caput mortuum, que no hemos experimentado ningun aceyte, ni sal esencial, ni menos sales fixas, seguras y de alguna utilidad. Segun el dictámen de nuestra junta habrá dado la analisis muchos espíritus volátiles, de que constaban los cerebros de tantos Autores. Esto por congetura por-[204]que, en realidad, nadie podrá asegurarlo como Vms. pueden confesar. Si se exâmina el caput mortuum, seguramente se debe de temer alguna peste, pues seràn tantos los malos vapores que exhalan, como las malas conseqüencias que se han visto y vén en el mundo: por tanto, deseosos del bien universal hemos resuelto dejarlo intacto; pues no es necesaria tal inspeccion para que Vms. mismos confiesen que sus escritos no tienen cosa que pueda ilustrar el siglo en ningun género ò especie de materias; y puesto que el silencio de Vms. es la mayor prueba de hallarse convictos, ordena el grandioso Pluton que el Argonauta vuelva al mundo, y haga manifiesta esta operacion quìmica, con todo lo que se ha visto en este teatro, ò mejor en este laboratorio.

Acabó Redamante su discurso, se salieron todos por donde habian entrado, y el Argonauta acompañado de la Sibila volvió al mundo, esto es, à su cama, como si tal cosa no hubiera acontecido. ◀Traum ◀Level 4 Despertó muy de madrugada pensando en el caso, y à sí mismo se preguntaba: ¿Qué es lo que por mí pasa? ¿No voy creyendo que no es sueño lo que me ha sucedido? ¿No estaba yo tambien allá con mis papeles debaxo del brazo? Por cierto que he quedado lucido. Vaya, vaya, ¿no será mentira? Pero no, no puede ponerse en duda. Ea, mal de muchos consuelo de tontos. Poco importa que un Bachiller sea del número de los ilustradores negativos, quando ha visto à tantos doctores. El caso es, que debo publicarlo segun se me ha mandado: es muy cierto. ¿Pero callaré eso de que mis papeles sirven igualmente solo para envolver dulces? ¿Para qué? Ea, sépalo todo el universo, que lo mismo he de ganar de un modo que de otro. ◀Level 3

Esta reflexîon animó al Bachiller à dar al Público esta decantable operacion química, de la que con tanta cera, aceyte y sebo, tanta agalla, vitriolo, y agua, ò vino, de tanto papel de Olanda, Genova, y Barcelona, y de tantos meollos, meolladas y cerebros, no ha resultado ni una gota de aceyte esencial, ni una de algun [205] espíritu, ni mas que unas eces pestíferas, venenosas, &c. Pues sépalo el mundo todo, y entienda que esta es una relacion circunstanciada de lo que ha pasado en los cascos de un dormido despierto. Esta fué la famosa ilustracion del siglo: aquella que ha llenado de viento à tantos que no es creible.

Acabará él, y para el que sigue se verá mas patente esta fabulosa verdad. Ni el Argonauta lo verá; pero basta que lo conozca.

Mas virtudes, mas aplicacion hubieran, sí, ilustrado el siglo; mas no la presuncion, el ocio, y la maldad. ◀Level 2

Lista de los señores subscriptores al papel periodico el Argonauta Español, segun el orden con que se subscribieron.

El Excelentísimo Señor Don Joaquin de Fonsdevie y Ondeano, Gobernador de esta Plaza.

Señor Don Antonio Escobar Riquelme, Alcalde Mayor de esta Ciudad.

Señor Don Antonio de Uclés, Secretario del Gobierno.

Señor Don Juan Bernado de Uclés, Oficial de dicha Secretaría.

Señor Don Josef Alier, Contrarlor de Artillería.

Señor Don Cayetano Hue.

Señor Don Juan Castril.

Señor Don Francisco Ayres.

[206] Señor Don Eduardo Bacquer.

Señor Don Lorenzo Tomati, del Comercio.

Señor Don Luis Ximenez de Palacios.

Señor Don Diego Josef Balcader.

Señor Don Pedro de Montes y Orieguela.

Señor Don Gerónimo Josef de Morales.

Señor Don Nicolás de Mora y Sanchez.

Señor Don Manuel Arenas.

Señor Don Fernando Soria, Teniente de Navio de la Real Armada.

Señor Don Cayetano Nuñil.

Señor Don Carlos Gordon.

Señor Don Tomás Junquera.

Señor Don Manuel Pinillos.

El M. R. P. Fr. Gregorio Vila, Corrector del Convento de la Victoria del Puerto de Santa Maria.

Señor Don Josef Nicolás Linigo.

Señor Don Rafael Josef Belluga.

Señor Don Juan N.

Señor Don Manuel de la Presa Santa Coloma.

Señor Don Pablo Maria Bizarron y Rivas, Regidor y Justicia mayor del Puerto de Santa Maria.

Señor Don Josef Jossi.

La Biblioteca RR. PP. Dominicos de esta Ciudad.

Señora Doña Francisca de Luque.

Señor Don Josef Dominguez.

Señor Don Juan Cabruja, del Comercio.

Señor Don Manuel Garcia.

Señor Don Juan Canjino.

Señor Don Domingo Gual, el Comercio.

Señor Don Pedro Marquif.

Señor Don Francisco de Paula Moya.

Señor Don Fermin Nadal, primer Cirujano de la Real Armada.

El M. R. P. Fr. Juan Roso, Provincial y Prior del Convento Hospital del Señor San Juan de Dios.

Señor Don Joaquin Necochea, del Comercio.

Señora Doña Antonia de Prado.

[207] Señor Don Alonso Ramirez de Arellano.

Señor Don Josef Manuel Jennett, del Comercio.

Señor Don Eduardo Prendergase.

Señor Don Estevan Alberez del Fierro.

Señor Don Manuel Ximenez de Sanz, del Comercio.

Señora Doña Leocadia Maria de Castro y Biedma.

Señor Don Macario del Campo.

Señor Don Josef Salinas.

Señor Don Antonio Camps.

Señor Don Alberto Monge.

Señor Don Guillermo Gonzalez.

Señor Don Martin Montes, Ayudante de esta Plaza.

Señor Don Josef de Quintana y Villalba, Comisario de Barrio.

Señor Don Salvador Mateu.

Señor Don Josef Muralla.

Señor Don Santiago Coromina.

Señor Don Juan de Beytia.

Señor Don Lorenzo Lacosta.

Señor Don Francisco Pabon, del Comercio.

Señor Don Mateo Egococheaga, del Comercio.

Señora Doña Catarina Emparan y Estenaga.

Señor Don Antonio Lasteti.

Señor Don Josef Villaverde.

Señor Baron de la Bruere, en Valencia.

Señor Don Francisco Xavier Meñaca, Alferez de Navio de la Real Armada.

Señor Don Josef Lembeya

Señor Don Augustin Berlinguero.

Señor Don Francisco Briart.

Señor Don Bernardo Hidalgo y Mozonzillo, Abogado de los Reales Consejos.

Señor Don Juan Josef Marphi.

Señor Don Josef de Cea y Garcia.

Señor Don Antonio Picardo.

Señor Don Josef Torices, Escribano público.

Señor Don Don Manuel Aldicoa.

Señor Don Angel Gonzalez de Villanueva.

[208] Señor Don Franscisco Frifú.

Señor Don Salvador Maria Roxo.

Señor Don Pedro de Saldo.

Señor Don Juan Antonio de las Cuebas.

Señor Don Pedro de Grimarest, Ayudante mayor del Regimiento de Asturias.

Señor Don Josef Santos Diaz.

Señor Don Josef Lascano.

Señor Don Josef Bout, Director de la Campañía Marítima.

Señor Don Josef Ignacio Callebout, Presbítero.

Señor Don Antonio Junciel.

Señor Don Francisco Xavier de Lauda, Teníente de Infantería de Malta.

Señor Don Nicolás Morgat.

Señor Don Antonio de la Torre.

Señor Don Francisco Estevan.

Señor Don Manuel Valgas.

Señor Don Miguél Martinenz Diaz.

Los Señores Isquierdos è Hijos.

Señor Don Josef Maria Acevedo.

Señor Don Juan Lagarde.

Señor Don Manuel Behic, Contador de Exercito.

Señor Don Francisco Boronat. ◀Level 1