Zitiervorschlag: Bachiller D. P. Gatell. (Hrsg.): "Número 5", in: El Argonauta Español, Vol.1\05 (1790), S. 33-40, ediert in: Ertler, Klaus-Dieter / Hobisch, Elisabeth (Hrsg.): Die "Spectators" im internationalen Kontext. Digitale Edition, Graz 2011- . hdl.handle.net/11471/513.20.668 [aufgerufen am: ].


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N. 5

Zitat/Motto► Ridiculum acri dulcius. ◀Zitat/Motto

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Continuacion del Barometro.

Ebene 3► Descartes, Hugens y Hook fueron los que trabajaron sobre los compuestos, llenaron de agua la mitad del tubo, mas como esta se evapora, siempre estaba expuesto à variaciones. Descartes ponía el agua sobre el azogue y los otros dos debaxo. De resultas de este defecto se inventó el horizontal ò rectángulo, porque formaba la figura de un ángulo recto ò escuadra, cuyo lado corto estaba horizontal y el otro perpendicular terminando en una cisterna. Tampoco tuvo el efecto deseado. El mismo efecto se halló en el diagonal, que formaba un ángulo obtuso: el lado perpendicular venía à parar en un vaso que contenía azogue; y el otro lado, que era mas corto era el que formaba la mayor abertura del ángulo. Despues el Dr. Hook inventó el de rueda, en efecto, es muy curioso para adornar una sala. Este se reduce al de Torricelli. En primer lugar tiene en la parte inferior una rueda grande fixa, en la que están marcadas las divisiones de las lineas y pulgadas: en el centro de esta está una polea, en la que está pasado un cordon de cuyos dos extremos están asidas dos bolas, una que descansa sobre el azogue del vaso ò cisterna y la otra flotante en el ayre guardando el mayor [34] equilibrio. En el centro de la polea está un indice que señala las lineas. Cuando el mercurio baxa hace que suba la bola flotante, y de este movimiento resulta que el indice cambia de situacion apuntando en la rueda lo que aquella ha subido en determinado número de lineas, y por el contrario, si aquel sube, que baxando la bola flotante, resulta mudar el indice de direccion, señalando las lineas &c. Es preciso que para la exâctitud de esta máquina se ponga todo esmero. Se le añaden otros adornos para que esté mas vistosa. El colgado ò pendiente consiste en un tubo conico, situado verticalmente, cerrado herméticamente por arriba. Esta figura suple la necesidad de cisterna. El marino dicen ser invencion del Dr. Hook. Tiene un uso grande en la mar para conocer la mutacion de los vientos y tiempos. Esta máquina viene à ser un termometro doble, esto es, dos tubos semillenos de espíritu de vino: uno cerrado hermeticamente en los dos extremos con una cantidad de aire comun encerrada en él, y el otro cerrado por el uno extremo, y abierto por el otro.

El que llevó Mr. Phips en el viaje al Polo es de diferente construccion: fué hecho por Mr. Nairne, el que ha dado la siguiente descripcion. La cavidad del extremo superior de este Barometro tenia tres decimales de pulgada de diámetro y tres pulgadas de largo. Estaba esta unida à un tubo de vidrio, cuya cavidad era de una vigésima parte de una pulgada, ambos formaban el tubo de este Barometro. Se llenó de azogue por el extremo inferior, se introduxo en un vaso que contenia azogue, se derramó lo sobrante hasta contrabalancear la gravitacion del ayre de la atmósfera. Para el uso se colgó de una polea, con un peso asido à la parte inferior de la tabla en que estaba puesto, y de este modo seguía los vaivenes del navio sin ocasionar mas defecto. ◀Ebene 3

Metatextualität► Aquí dá fin el Br. à la descripcion del Barometro, porque no permite mas extension lo limitado del papel, y porque juzga soficiente [sic] lo dicho para que se puedan hacer cien mil. Dice que su deseo es quitar à los Extrange-[35]ros el trabajo de traerlos acá, y que se apliquen los curiosos en hacer nuevas observaciones para ver si adquieren otros usos. ◀Metatextualität

IX.

Artes.

Ebene 3► No se acomoda el Argonauta con la division que hace Ciceron de las Artes. Establece por máxîma que todas son nobles con proporcion à la utilidad que atraen à la Patria; y que el nombre de oficio que tan mal suena se vá à borrar del Diccionario, y asi se llamará en adelante Arte el que profesa el zapatero, el curtidor y todos los demás que hasta hoy se han llamado oficios. Declara por honestos á todos los que hasta aquí han llamado viles, y ennoblece à todas, sin excepcion. Declara tambien por indignos del nombre de Ciudadanos, y de verdaderos patriotas à todo aquellos que pensaren ò dixeren lo contrario. Previene asimismo, que los hombres no se infaman por el Arte que exercen, sino por su mala conducta, vicios, y demás circunstancias denigrativas. El hombre honrado, íntegro, puro, y buen cristiano, es el verdadero noble, por mas sastre que sea. Tampoco rebaxa al jornalero con proporcion al maestro, porque depende esto del accidente de no tener. Añade à lo dicho un sin fín de cosas honoríficas à favor de todas las Artes y de los Artesanos.

Hiere con el mayor anatéma à todos los padres que dexan sin Arte à sus hijos; pues que ya está terminante el no ser sino muy decoroso el ocuparlos, y lo contrario dexarlos de vagabundos; porque además de no resultar en pro de la República, se crian unas sabandijas perjudiciales à ella, y dán mucho que hacer, y mas que sentir, à toda su familia, si no es que vienen à parar à un suplicio.

Divide las Artes en dos clases. Unas propias à los hombres, y otras à las mugeres, las que exîgen dolor, [36] fuerza, robustez y fatiga para aquellos, y los demás para estas. De aí dimana que se indispone cuando mira à tanto Joven empleado en las tiendas, y demás ocupaciones propias à las Señoras, y à los Viejos. Tampoco se aviene con que se ocupe la gente moza de criados, lacayos y cocheros, &c. Tiene asimismo guerra abierta contra los estudiantes; esto es por el número, y por otras causas que tiene à bien omitir. Refiere que de mil que empiezan los cursos, apenas queda util el diez por ciento; que los demás, con que han criado hueso en la barriga, ya no sirven para aplicarlos al trabajo, de lo que resultan muchos tunantes. Y que le es muy doloroso, por la necesidad de muchas manos para la Agricultura é industria. Asegura que las escasés de obreros no depende de la poca poblacion, sino de las causales dichas. Tampoco podrà España hacer progresos en la industria sin que todos contribuyamos à desterrar ociosos y vagos; pues serán inutiles todos lo desvelos del Soberano y Ministros, si nosotros no ponemos de neustra parte quanto sea dable para llenar tan altos fines. El objeto de la incesante proteccion de las Artes, de la fundacion de fábricas, ¿qué otras miras tiene mas que la aplicacion de todos? ¿De desterrar el ocio, y de construir rica à toda la Nacion? Serán ineficaces todos los medios que se han tomado si no se desarraiga el orgullo, la vanidad y el fantástico envilecimiento de las Artes. Si no se procura desterrar el abuso de preferir la indolencia à la aplicacion. Ya se dixo que la agricultura era nobilisima. Es una verdad que nadie ignora, pues ¿porqué no se han de emplear à ella los hijos? Las Artes están años ha declaradas por honradas; ¿pues à qué es dejarlos de paseantes ocupados únicamente al juego y demás vicios? Luego nosotros no seremos verdaderos Patriotas, si no concurrimos à promover la aplicación de los hijos. Sr. Br. sin embargo que ya se ha dicho mucho sobre esta materia, apreciamos el favor de Vm. y sus buenos deseos; conocemos la razon, mas no podemos resolvernos, porque nos sienta mal disgustar à la fami-[37]lia, y en especial à las mugeres, que siempre escupen por el colmillo. Es bueno que no quieren que sigan la Profesion de su Padre, y han de consentir que aprendan otra algo mas inferior. Luego estamos obligados à ir mas bien à mas que à menos. Si los aplicamos à los estudios, podrán llegar à Ministros, Consejeros, Obispos, y tambien à Papas. Con que vea Vm. quanto mejor es esta carrera que la que Vm. propone. Mucho podría responder à esto el Br. pero está ahora irritado y teme no se le resbale la pluma en lo que no es menester. Quisiera referir la fábula del Grajo que se vistió con las plumas de un Pavo real, y otras dos ò tres que tambien vienen muy de molde, pero no dá lugar el papel. Tiempo al tiempo, que su ratico habrá de desengaños para los y las que piensan tan à la ligera. Lo dicho dicho. ◀Ebene 3

X.

Historia.

Pensará Vm. que el Argonauta vá à describir la historia de las Batuecas, Calicut, ò del gran Tamberlan de Persia. No, por cierto. Dice que vá à pelear contra un abuso que, de viejo, ya le han nacido diez veces los dientes. Ya se acavaron los libros de caballería; ya feneció la perversa costumbre de leer aquellos libros que trastornaron la cabeza à Alonso Quijada; pero para eso que entró otro peor, pues los libros que se leen en el dia tienen mas veneno que aquellos. No se trate de imponerse cada uno en la Historia de España, porque ¿qué importa? Ya se dexó à Carlo Magno, Pierres y Magalona, Bernardo del Carpio y Oliveros, &c. Tampoco corren mucho los romances por mas que ha quedado su semilla; ¿pero qué hemos conseguido? ¿Se sabe algo de las glorias y virtudes de nuestros mayores? ¿Acaso importa poco el que todo español las sepa? ¿Cómo será posible imitarlos, si ignoramos hasta los colores? Es una [38] desidia digna de la mayor reprehension. Tal vez esta será la causa de los pocos progresos que hacemos en lo que aquellos brillaron. Este será tal vez el orígen de que no sea atendido como antes el nombre español, y desde luego debe creerse que si tuvieramos à la vista las acciones gloriosas de valor y virtud de nuestros progenitores, no llegaría al punto que miramos nuestra debilidad y corrupcion. El único medio para que renazcan las antiguas costumbres es la memoria de ellas ¿sin el conocimiento de la Historia como podrá conseguirse jamás? Si todas las Naciones cuidan con suma vigilancia de que la juventud lea, y aun aprenda la historia de sus ascendientes, ¿por qué no nosotros? ¿Acaso tendrá alguna mas motivos? ¿Contará alguna fastos mas gloriosos, renombre más general que la española? De manera alguna. ¿Se ha distinguido mas la misma Roma, Cartago, &c. que España? Diganlo los mismos Romanos. ¿Contarán más número de Héroes en virtud y valor? Tampoco. ¿Pues cómo nos hemos precipitado en un abismo de ignorancia tan profundo? ¿Cómo vivimos en un letargo tan insensible? ¿A quién habemos de seguir? ¿Qué dechados nos hemos de proponer, mas que nuestros mismos progenitores? ¿Y cómo conseguiremos esto sin leer la Historia de nuestra Nacion? ¿No es vergonzoso que mejor la sepan los extrangeros que nosotros? ¿No es mas que indolencia la ignorancia tan facilmente vencible de los sucesos de nuestro propio Paiz? ¿No es mas que reprehensible el que no sepamos palabra de él, como nuestros abuelos consiguieron los títulos, escudos, motes, vandas, cruces y demás distinciones? Dice el Br. que ha hecho un prolixo exâmen de varios sujetos ilustres de España; que ha preguntado à ellos mismos por el orígen del lustre de su familia y que ni uno ha hallado que le haya dado la menor noticia. ¿Puede darse desidia mayor? ¿Cómo han de seguir las huellas de sus antecesores, si ignoran los medios con que consiguieron las [39] grandezas? ¿Si no tienen presente el motivo de su lustre, cómo han de imitar su exemplo? Hacen alarde de una executoria, de un título tamaño de nobleza, y no saldrán de sus casas sin cargar con él para todas partes: ¿y por ventura, saben lo que contiene? Nada de ello. ¿Pues de qué sirve entonces? Los Reyes dán estos testimonios, no tanto para que se tengan por instrumentos de vanidad, quanto para que teniendo presentes las causales, sigan aquel exemplo. Pues luego si por lo general no se cuidan de imponerse en sus mismos timbres, ¿quánto menos se ocuparán en leer la Historia de la Nacion? Nos hallamos en los concursos, en las tertulias, y si alguno despunta por la cronologia de nuestros ascendientes, si refiere alguno de tantos hechos memorables, nos quedamos hechos unas estátuas, se nos abre la boca, y nos llenamos de admiracion. Si algun extrangero refiere algun hecho denigrando nuestro valor, honor, &c. nos vemos precisados à callar, porque à la verdad, no pescamos palabra. ¿Es esto vergonzoso? ¿Somos dignos de poca reprehension? Dice el Br. que bastantes ocasiones ha acontecido en su presencia en el tiempo de su expedicion, con harto dolor de su corazon. ¿Son señales estas de Patriotismo? ¿Es de importancia el imponerse en la Historia de su propia casa? ¿Quién lo duda? Nadie lo puede negar. No es tanto de extrañar el que no se sepa la Historia antigua, cuando ignoramos hasta la del siglo en que vivimos. De cada cien mil se hallará apenas uno que tenga una regular noticia de la incomparable batalla de nuestro inmertal tal Marqués de la Victoria. De la vida exemplarísima en valor y virtud del hombre mas grande de este siglo. Y de un héroe que nos dió Dios para que le imitemos en todo y por todo; y que lo fué tanto en tierra como en la mar, y por tanto mereció el Glorioso empleo de Capitan General de mar y tierra. ¿Pues en qué pensamos? Pues si nada sabemos de lo que fué ayer: ¿Qué diremos de las gloriosas hazañas del gran Capitan Gonzalo Fernandez de Córdoba, Cortez, Leyva, Abalos, Basto, Farnecio, Duque de Parma, Oria, Albuquerque, Alvarez de Toledo, Duques de Alba, Marqués de Santa Cruz, Condesa de [40] Fuentes, Marqués Espinola, Faxardos, Colon, Hernan Cortez, Pizarros, Colonas, Cardona, Pescara, Frias, Aytona, Duque de Lerma, Fadrique de Toledo, Zelada, Conde de la Fera, Lazo, Victoria, Velasco, y de otros muchos de quienes casi se ha borrado injustamente la memoria. ¿Pues cómo no se ha de leer la Historia? Debiamos tenerla gravada en nuestros corazones. ¡Ah desgracia de nuestros tiempos! Dice el Br. con muchisima razon, que debia desde la niñez enseñarse à los jóvenes, como punto mas esencial. Que el primer libro que se debia poner en sus manos despues de la doctrina christiana debia ser el compendio de la historia de España, y que los adultos la del Padre Mariana. Dice mil veces bien. ¿Qué de ventajas no se conseguirían entonces? Aseguro con toda la pluma y con el corazon, que era este el verdadero medio de hacer renacer el lustre antiguo de la Nacion; y que se llena de furor al ver el poco aprecio que se hace de ella; lo poco que se cultiva; y mucho mas quando vé que este sería el mas poderoso medio para que vuelvan de nuevo aquellos dorados siglos de la Nacion Española. Entonces dice que conservando à la vista los gloriosos fastos de nuestros antepasados, y el ejemplo que dieron de amor, obediencia y fidelidad à sus Soberanos, siguiendo tan vivos ejemplos llegaría nuestro nombre à la inmortalidad como acontece con aquellos. Ya está loco de contento el Argonauta, porque espera que con este viaje logrará que todos los Padres, Ayos y Maestros de primeras letras obligarán à sus hijos y discípulos à aprenderla de memoria, y que los jóvenes y adultos cargarán siempre con ella y que, tomándola por vía de recreo, se impondrán à fondo en ella; y que añadiendo à lo que leyeren algunas reflexiones, se conseguirá lo que tan entrañablemente anhela para el mayor bien de la Patria. Con esto el militar ¿qué no hará de prodigios? El letrado, ¿qué no conseguirá de ventajas? El labrador, ¿qué no debe esperar de riquezas? El artesano, ¿qué no alcanzará de beneficios? Y por último, el Br. ¿qué de alegría no sentirá en su corazon al ver el efecto que han hecho sus palabritas? Asi lo espera, y ruega al Todo Poderoso para que prospere la Nacion, y se haga respetable, venerable, memorable, y temible de todas las gentes que pueblan la faz de la tierra. Asi sea, asi sea. ◀Ebene 2 ◀Ebene 1