El Pensador: Pensamiento LVIII

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Pensamiento LVIII

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Satire

Rhadamanto, saliendo apresurado.

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Dialog

Socorro, Rey de los Infiernos, socorro: el Infierno está à peligro de perderse, y vais à quedaros sin Estados. Pluton. ¿Qué novedad es esta, Rhadamanto? ¿Hay alguna sublevacion? Mercurio, Mercurio: ¿Dónde estará este ladron? Que se cierren todos los calabozos, doblense las centinelas, desatese á Cerbero. Rhad. Que no sirven esos aparatos. El mal no es de esa naturaleza. Ojalá lo fuese: vos teneis buenas Tropas: vuestro hermano Jupiter os prestaría los rayos, y todo se remediaria. Plut. ¿Pues qué ha sucedido? Rhad. Otro mal mayor. Plut. Acaba: dilo pronto, y no me tengas suspenso. Rhad. Señor, el Infierno está amenazado de peste. Plut. ¿De peste? ¡Miserable de mí! Corriendo . . . . . al instante . . . . . que se llame . . . . . Mercurio: ¿Dónde está este malvado? Rhad. No se sabe de èl: dos dias há que no ha venido con la barca; y Caron no sabe qué se ha hecho. Plut. ¡Infame! Rhad. Rey de los Infiernos, razon es disculpar al pobre Mercurio. Estos dias anda muy ocupado; y quién sabe si havrá ido con algun mensage à Argos, ò à Beocia. Plut. No será estraño. Pero sepamos de dónde, ò cómo ha entrado ese contagio en mis dominios. Rhad. Yo no puedo informaros. Minos fué à examinar esta materia, y él podrá . . . . . Pero aqui viene él mismo. Plut. Vén, Minos: sacame de esta confusion. ¿Qué peste es esta? ¿En qué consiste? ¿Cómo ha havido descuido en el examen de la sanidad? ¿Qué progreso ha hecho? Vamos, habla. No perdamos tiempo. Minos. Señor, la culpa de este contagio ha tenido Caron. Plut. ¿Ese maldito viejo? Yá me temia yo que esto fuese cosa suya. Rhad. Està muy anciano, señor: es solo, y mucha la fatiga que tiene. Min. Dice muy bien Rhadamanto. La priesa de los muertos por entrar en la barca es increíble. Parce les ha de faltar tiempo para venir. En la ultima barcada han venido ciertos Poetas. Como éste no es genero de contrabando, el pobre Barquero no puso dificultad en traherlos. Por desgracia estaban tocados del contagio, que dicen reyna de mucho tiempo à esta parte en el mundo, y han empezado à infestar vuestros Estados. Plut. Pero aún no me has dicho el genero de peste, que han trahido: si se podrá encontrar algun remedio para ella, ni qué tanta es la ruina que ocasiona. Min. La peste se ha descubierto ser de la especie que llaman de los equívocos: se ignora el modo de curarla, y el estrago es considerable. Plut. Y dime, ¿es tan perjudicial esta peste, como me ha dicho Rhadamanto? Min. Lo es tanto, que si no se corta, ni vos entendereis à vuestros vasallos, ni ellos os entenderán, ni podrá haver orden, ni justicia, ni sociedad, y todo será confusion. Estos Poetas todo lo trastornan con su maldito lenguage; y desde que ellos han venido, no nos podemos averiguar, ni se hace cosa à derechas. ¡En qué se vió el pobre Barquero para que le pagasen el derecho del pasage! Sobre si aquel derecho se debia entender por Derecho Civil, Canonico, Natural, Escrito, de Gentes, Municipal, ò Comun; y sobre si un Poeta zurdo podia estár obligado à derecho, armaron una algaravía infernal, de modo, que tomó à buen partido pasarlos de valde, con tal que callasen. Plut. Vé tú, Rhadamanto: embia al punto un recado à mi sobrino Apolo: hazle decir, que le espero en Palacio, y que venga luego, que tengo un negocio de entidad que comunicarle. Vé, ¿qué te detienes? Rhad. Obedezco. Plut. El, que es Dios de la Medicina, encontrará algun remedio para este mal. Min. No suceda, Señor, que lo empeore. Plut. ¿Qué dices, Minos? ¡Empeorarlo! No lo creas: nuestras antiguas discordias por la muerte de su hijo Esculapio há largo tiempo que están olvidadas; y yo sé que puedo seguramente fiarme de él. Min. No es esa la causa de mi temor. Plut. ¿Pues quál? Min. Es que todos estos Poetas dán à entender, que es Apolo quien les inspira tan ridiculo lenguage. Plut. ¿Quién? ¿Apolo? ¿El hijo de Jupiter, y Latona? No lo creas, Minos. Un Dios no puede inspirar tales desatinos, aun quando fuese el mismo Vulcano, que es el mas grosero, y rustico de los Dioses. Min. Lo mismo me parece à mí; y aun es una prueba el vér, que los que no son Poetas, y que por lo mismo no pueden pretender la misma inspiracion, hablen la misma algaravía, y se estén escopeteando à equívocos. Plut. ¡Cómo! ¿Con que no son los Poetas solos los que usan de ese lenguage? Min. No señor: ellos empezaron, y se glorían de ser los inventores; pero son muchos los que los imitan. Plut. Yá esto es otra cosa. Mientras creí que eran solos los Poetas, à decir verdad, no era mucho mi susto. Una dosis mas, ò menos fuerte de Eleboro, nos huviera sacado de cuidado; pero si el mal se propaga à las demás clases, pide otra atencion. Min. La epidemia, Señor, ha cundido tanto, que el infierno no se conoce, ni las gentes se entienden. Los Albañiles, que trabajaban en la habitacion antigua de vuestra grandeza, han tenido que suspender la obra, porque no podian hacer carrera con los peones. Plut. ¿Han suspendido la obra? Min. ¿Y qué havian de hacer los miserables? Si pedian cantos, les trahia un peon un canto del Pelayo: otro un canto del Ariosto: otro todos los cantos de la Araucana; y huvo peones, que vinieron cargados de canto llano, y canto de organo. Varios oficiales estaban pidiendo el otro dia reglas, y alli à presencia mia les trajeron unos las Reglas, ò Constituciones de varias Ordenes, y otros las cinco reglas de Arithmetica; y sobre todo, casi estuve à pique de perder mi seriedad, viendo que un Albañil pedia à gritos, y con mucha prisa la esquadra, y en vez de darsela, echaron à correr los peones à la marina, dando grandes voces para que viniese una porcion de la Armada Naval. Plut. Quizá ellos mismos se engañarian en la doble significacion de las voces. Min. Vuestra Magestad es demasiado bueno. ¿Qué se han de engañar? No señor: ellos saben muy bien, que lo que hacen no tiene conexion, ni relacion alguna con las cosas de que se trata. Hacenlo de pura bellaqueria, y tienen por amenidad, y gracia estas insipidas bufonadas. A Rhadamanto, y à mí, que somos sus Jueces, nos quisieron persuadir dias pasados, que nuestras varas no eran varas de justicia, sino varas de coche; ò quando mucho, varas de palio. El Inspector de la fabrica de armas, yendo à examinar dias pasados el trabajo, encontrò que unos oficiales hacian Aguilas en campo verde, otros roeles, y jaqueles otros. El reo, que dias pasados sentenciamos, debia ponerse en capilla, segun costumbre, y con todo, no huvo fuerzas diabolicas, que pudieran desquiciarle de que no havia de entrar alli, sino en una capilla de musica; y alegaba ciertas coplas, que dicen: Cantó de plano el mulato;
y viendo lo bien que canta,
luego al instante le dieron
en la capilla una plaza. Los Abogados, que se citan para Estrados, se ván à visitar damas, y dicen que alli están los verdaderos Estrados. Si se vé una muger, que tenga buena mano, no puede decirse que tiene manos hechas à torno, porque al instante hay quien exclame, que serán manos de Monja. Asi se mofan de quantas cosas hay; pero qué mucho, si hasta de los rayos tremendos de Jupiter se burlan, diciendo que son rayos de carreta. Sindo lo peor, que como estos insulsos equívocos cuestan poco, y hay en los infiernos tantos mentecatos, que se rien con ellos, y tienen à los que los usan por gentes de mucha instruccion, y entendimiento, no hay quien no quiera hacer papel à tan poca cosa, y tan sin trabajo; y asi se aumenta el numero de mentecatos, que para lucir se valen de estas puerilidades. Plut. ¿Y no hay castigo para estos bribones? ¡Pues qué! ¿se les ha de permitir que prosigan impunemente en este desorden? No. Yo quiero, y mando, que se castiguen; y si los tormentos, que hay, no son bastantes, inventense otros nuevos. Min. Infernal Magestad, estas gentes eludirán todas vuestras providencias; y vuestros tormentos serán inutiles, como lo ha sido el de Ixion; y el de otros muchos. Plut. No te entiendo, Minos. ¿Inutil el tormento de Ixion? ¿Pues no está dando bueltas, atado à la rueda, à que Jupiter lo condenó? Min. No señor: que dixo que havia sido maldad, y superchería de las Furias el tenerlo de aquel modo; y que la rueda en que Jupiter lo condenó à dár bueltas, no era aquella, sino una rueda de contradanza, ò de seguidillas; y diciendo esto, dejó su tormento, y se anda por todo el Infierno à caza de bayles. Plut. ¿Y mis Furias, què han hecho à vista de tal insolencia? Min. Bueno. ¡Las Furias! Las Furias no son de provecho desde que los Poetas, y equivoquistas las han tomado por su cuenta, que es peor, que si huvieran caído en manos de muchachos. A noche mismo les hizo un Poeta, de sobre mesa, unas coplas de pie quebrado, en que trata à una de Furia Francesa, y à las demás les dá otros semejantes epithetos: de modo, que se han ido avergonzadas, y no se sabe dónde paran. Aqui traygo las coplas; y las leeré, si gustais de oirlas. Plut. No: dejame por ahora, que harto aturdida tengo la cabeza con tantos desatinos. ¿Pero no es Apolo el que véo alli? Min. Sí señor. Él es, que viene acompañado de Rhadamanto. Plut. Seas bien venido, sobrino. Rato há que te espero, y me tenias con cuidado. Al caso: ¿Sabes para qué te he mandado llamar?

Apolo.

Lo sé; y si no he venido antes, es, porque me ha sido forzoso atender à ciertas quejas, que las Musas me han dado contra algunos, que se llaman Poetas. Plut. ¡Qué diablos! ¿Tambien anda por allá la misma cancion? Apol. Por todas partes hay abusos. Plut. Es fuerza que esta mala raza de los Poetas se haya empeñado en hacer rabiar, no solo à los mortales, sino tambien à los Dioses. Apol. Dignaos de tratar con mas decoro à los que merecen mi proteccion, sin confundir . . . . . Plut. ¿Que yo los trate con decoro? ¿Quién? ¿Yo? Pienso que has perdido el juicio. Apol. Es preciso distinguir los que son verdaderos Poetas, de los que solo tienen el nombre. Plut. Yo no entiendo de distinciones. Lo que entiendo es, que desde que han venido estos Poetas, que Jupiter confunda, hay mas desorden, y alboroto en mi Reyno, que en un refresco de Musicos. Apol. ¿Pero de dónde sabeis que esos sean Poetas? Plut. ¿De donde? ¡Buena pregunta! De que todos lo dicen. Apol. Pues eso no basta. Es preciso examinarlo, y no fiarse de lo que dicen gentes, que por lo comun no lo entienden. Plut. A fé mia que hablas como persona de razon: Me hace fuerza. Examinense, pues. Haz, Rhadamanto, que vengan al salon de audiencia todos los Poetas. Tú, Minos, dispon todo lo necesario; y vosotros, Guardias, ocupad las puertas del salon. Entretanto vamos nosotros al quarto de Proserpina, que acaso querrá divertirse en oír à estos majaderos; y que nos avisen luego que todo esté pronto.