El Argonauta Español: Número 16

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N. 16

Zitat/Motto

Ridiculum acri dulcius.

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¡Valgame Dios! ¡Qué de cosas ha visto el Argonauta en sus viages! Dice que ha conocído á muchos Sócrates en el mundo que ha visitado, y que solo éstos gozaban de tranquilidad en los matrimonios. ¿Qué dice Vm. Señor Bachiller? Hasta ahora no le entendemos. Pues atencion.

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Exemplum

Despues que este grande hombre, que mereció el nombre de sábio entre todos los sábios, hubo sufrido largo tiempo los gritos y desacompasadas voces de su muger, se salió de su casa, y se sentó delante de la puerta para libertarse de su importunidad: mas indignada su muger de ver que todos sus gritos no eran capaces de turbar su tranquilidad, le vertió un orinal lleno sobre su cabeza. Los que vieron esta acción se rieron del pobre Sócrates, mas sonriéndose asimismo este Filósofo, les dixo: “Ya extrañaba yo que despues de una tan grande tronada no viniese la lluvia.”
¿Cómo, pues, dice Vm. que hay muchos Sócrates? Nosotros ni lo somos, ní menos conocemos à alguno que tenga tanto sufrimiento. El Bachiller dice que sí, y que mira à muchos más pacientes que el mismo Sócrates.
Los mas, y muchos mas no quieren seguir la conducta de aquel Sábio, y asi pasan la vida rabiando, sin sosiego, y escandalizando à la vecindad. Las mugeres todas son unas: amigas de su gusto, y enemigas de aprobar lo que hacen sus maridos; y poco amantes de estudiar el humor del marido, posibles, y mas su sufrimiento. Hay muger que es capaz de desquiciar el buen humor del hombre mas prudente y mas santo; Y no solo en esto despuntan, sino que tambien quieren que sea siempre la suya; y no las haràn callar todas las furias del infierno. No ha muchos dias que se tiraron de las greñas marido y muger por igual temeridad.

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Allgemeine Erzählung

Venía la Señora de oir un Sermon, y al llegar à su casa emprendió à su marido diciéndole: ¿No decías tú que el P. N. era tan buen orador? Pues no he oido otro mas gerundio: de quantos he oido, ninguno predica peor que él: una palabra no le entendí, y creo que lo mismo le habrá sucedido à todos los demás del concurso . . . . . Calla, muger, si tú no lo entiendes, qué mucho que te hayas salido como has entrado . . . . . Tal no hubo oído la Señora, quando empezó à verter tales sapos y culebras por su boca, que hubiéra escandalizado al hombre menos timorato. Puso al marido y al pobre orador como un sucio trapo. Siguió la gresca, y al fin vino à parar en embestirse de modo que todo el vecindario no pudo separarlos, sino después de que ya no podía ella con sus huesos.
Viene el marido de la calle, ha tenido algun disgusto, no entra riéndose ò cantando, sin atender à la causa que puede ocasionarlo, empieza la muger diciendo: ¡Miren qué cara! ¿Qué traerà este? Tiene disgustos en la calle, y viene à pegar conmigo: verá Vm. como hoy hay historia.
Vá el pobre del marido á sentarse à la mesa, ya preocupado en sus negocios, ya apesadumbrado del suceso que no debe publicar. Pregunta la muger, ¿qué tienes? Nada, responde. Aquí empiezan los dichos, las indirectas, hasta obligar à saltar al pobre marido: necesita este poco para remontarse, sigue aquella con su imprudencia, ya tenemos el temporal, los truenos y rayos.
Si el pobre paciente dice lo que le ha pasado, lexos de suavizarle la muger, empieza con consejos, sino con decirle como he oido: Vés, no quieres decirme nada, el consejo de la muger es poco quien no le toma es loco. Siempre te sucede esto por no consultarlo conmigo: y otras doscientas mil cosas como esta, y peores que esta: de modo, que lexos de aplacar al otro la ira, se la encienden mas hasta parar en tragedia.

En vista de todo esto, ¿cómo querrá el Bachiller que se hallen muchos Sócrates? Aunque tengan tanta flema y paciencia como el mismo Job, les sacan de sus casillas ya con pretensiones fuera de tiempo, ya queriéndoles reprehender y ensañar, reprobando quanto hacen, ò por último, buscando su inquietud por otros medios algo mas irritantes que los orines de la muger de Sócrates; y de no, ¿qué Sócrates había de tolerar que no ganando mas que diez quieren gastar como veinte, obligando à los infelices maridos à cosas de un todo irregulares? ¿Qué Sócrates puede sufrir que madama sólo ha de tener el semblante risueño quando está en casa D. N. quando sale mano à mano con éste, y quando se le brinda con su gusto, aunque sea el más descabellado y perjudicial.
Por último, ¿qué Sócrates puede llevar à bien que la Señora gaste todo el dia en componerse, en paseos y pasatiempos, sin cuidar de los hijos, ni menos del gobierno de la casa, abandonándolo todo à una criada, no de las de mejor conducta? . . . . . Pues, Señor Bachiller, ¿cómo con esto hay tantos Sócrates como Vm. insinúa en el principio de este discurso?
Sí los hay, y los mas mártires, pues à pesar de lo mucho que sufren, callan y toleran muchas cosas por no escandalizar, porque no se publiquen los defectos de su casa.
No como tantos que sin reparo, y sin atender à su propio honor no se detienen en hacer pública su desdicha, ya lamentándose con todo el mundo, ya con las riñas diarias y perpetuas que públicamente tienen con sus mugeres.
Ni con algunos que se ausentan quando el motivo no es tan poderoso, manifestando lo que no hay.
No hay medio mas seguro que la prudencia, que en llevar à sus consortes por el medio mas suave, cual es hacerse respetar, cortar siempre la conversacion en el momento que se considere que vá à parar en riña, y por último, evitar que las mugeres lleguen à encinuarse.
Quando por estos medios no se consigue el fin, mas vale una arroba de flema, paciencia, y silencio, que cien quintales de voces, gritería, y otras cosas algo mas impropias. Este es el medio para llegar à ser Socraticos.

XXIV

Necesidad de una historia de la marina en España.

En el grandioso y admirable volumen del Universo podrían leerse todos los fastos de las diferentes edades, si quedaran vestigios que nos los recordasen; pero la fatal è indispensable vicisitud de las cosas con nuestra débil y corta vida obscurecen, quando no borran los acontecimientos que sucedieron ayer, y que quizá no volverán jamás. Cada momento presenta un nuevo prospecto de sucesos que solo exîsten el tiempo mismo en que perecen. Los hombres mismos viven aproxîmándose por instantes à su último fin. Los imperios más famosos duran mientras que caminan para su ruina. El mundo todo corre precipitado à una total trasmigracion. No es hoy lo que fué ayer, y en muy pocos instantes quedan apenas vestigios de lo que fué. Sin embargo, el orgullo del hombre le excita à respirar ancioso por la inmortalidad. Este mismo duende ha dado ocasión à que por medio de unos caracteres mudos transmita à la posteridad mas remota, à los mas lexanos siglos la memoria de todos los eventos, como si acabáran siempre de suceder. Llaman à esto historia. Esta es la que tanto fecunda al entendimiento humano, la que tanto recrea el espíritu, y la que nos pone à la vista los hechos gloriosos de nuestros Heroes, y las acciones infames è indecorosas de los malos. Esta es la misma que nos presenta el estado de un Reyno, artes, ciencias y agricultura, y quanto es capaz de servirnos de exemplo, ó para su imitacion, ò para que huyámos del mal.

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Todas las Naciones cultas han procurado enviar á los siglos mas remotos por su medio las noticias de sus acontecimientos. Y de aí nos viene el saber las expediciones marítimas de los pueblos primeros del mundo.
Sabémos la conquista de las Indias por Osiris, el mas antiguo de los Reyes de los Egipcios. Las de Sesostris, en las que se apoderó de todas las Islas y Ciudades del mar roxo, y que habiendo atravesado el Golfo Arábigo subjugó à todas las costas hasta las Indias.
La derrota de la armada navál de los Fenicios por Apries, Rey tambien de Egipto.
Por la historia ha venido à nuestro conocimiento la gran batalla naval de Semiramis con Strobato, Rey de los Indios.
Por ella se nos presenta à la vista la mas numerosa escuadra que hasta en aquellos tiempos se había visto en los mares, con la que emprendió Xerxes subjugar à los Griegos.
El sin número de acciones marítimas entre los Romanos y Cartagineses.
Del mismo modo nos recuerda la batalla mas celebrada de los siglos antecedentes à la invencion de la pólvora, esto es, la de Actium en Epiro. ¿Cómo, pues, subsistiría la memoria de todo esto sin el auxîlio de la admirable historia? Hasta los sucesos mas recientes yacerían sepultado en las aguas del leteo. Nada sabríamos de las grandes batallas entre los Ingleses, Franceses y Olandeses, ni tampoco de las nuestras, sin embargo de no ser menos memorables que quantas se han referido, si no se escribe la historia. Por consiguiente, quedarían en la mas profunda obscuridad Osiris, Sesostris, Apries, Semiramis, Xerxes, Licomedes, Temístocles, Asio, Manlio, Hannon, Hamilcar Augusto, Antonio, Cleopatra, Agripa, el Duque de York, el Príncipe Robert, El Conde de San Wich, Opdam, Tromp, D. Juan de Austria, el Marqués de Santa Cruz, el de la Victoria, y otro sin número de Heroes, que merecerán siempre una inmortal gloria. Menos podíamos saber de las vueltas que han dado al mundo, y descubrimientos que han hecho Magallanes, Cano, Anson, Bogamville Viron, Cordes, Dampierre, Davis, el Ermitaño, Chousen Oliver, Quiros, Rogeqin Alvaro, Saavedra, Pedro Sarmiento, Waflis, Carteret, Cook, y otros sin fin de Españoles. Luego es necesaria una Historia de la Marina de España. Es asi: este será el único y poderoso medio para acallar à nuestros rivales, y à tantas plumas insolentes como han escrito ocultando de un todo nuestras glorias, ù obscureciendo la verdad de los hechos, ò atribuyéndose impunemente el mérito que con tantos trabajos han conseguido los españoles. Quando no fuese otro el agente que arguyese una necesidad tan precisa de una historia de la Marina de España, debíamos interesarnos á que se escribiese.
El célebre Jesuita Isla, aludiendo à lo poco que se ha cuidado de conservar la noticia de nuestros fastos dice: “Notándonos no pocos críticos de tan secos, y tan poco elogiadores de nuestras cosas, que antes declinamos al extremo de despreciarlas que de encarecerlas; y no falta quien critíque esta ingenuidad nacional con el impropio nombre de orgullo Español.” Es indubitable, que la modestia natural que anima los corazones de los Españoles, y no el orgullo es la causa de que nuestros hechos sean tan poco publicados.
Lo que han escrito los Extrangeros, lexos de favorecernos, propende à borrar la memoria de nuestros Héroes, mas bien que à recordarlos. Se dirige mejor à denigrar nuestra conducta, que à ensalzarla segun merece: y por último, se inclina mas bien de parte de la nacion del escritor apasionado, que de la verdad. ¿Pues quánto no exîge este proceder que los mismos Españoles escribámos la historia?
Puedo probar, y aun demostrar, que nuestro mismo honor clama incesantemente para que nos vindiquémos. Por el propio hecho de que todas las Naciones nos confiesan ese desapego de la exâgeracion, y la ingenuidad que profesamos, debemos aplicarnos, ò deben emplear el tiempo en escribirla los talentos capaces para ello.
Si se registran los archivos, y se leen las empresas de la Nacion, las relaciones de los encargados de ellas, los partes de los Generales, ¿qué de cosas no se hallarán dignas de la inmortalidad?
En los primeros pasos de la civilizacion de los Españoles, en el tiempo de los Fenicios, Romanos, y Cartagineses, ¿quántas funciones no han declarado heroicas los propios Españoles?
No solo en tierra ha resplandecido el valor Español, como lo publican todos los Historiadores antiguos; tambien en la mar han despreciado los peligros, y han embestido las mayores adversidades.
El primero que dió vuelta al mundo fué un Español: bien sabido es; pues à imitacion de esto se hallarán à millares los hechos fastuosos, los descubrimientos, &c. ¿Pues cómo se consiente que duerman sumergidos en la oscuridad tantos hombres grandes, y tantas heroicidades? Luego qué mas prueba se puede dar de la necesidad de la historia de la Marina Española.

Ea, Señores Españoles, ya que no me hallo con fuerzas ni talento para empresa tan necesaria: Señores Marinos, ya que sobran talentos de primer órden en vuestro Cuerpo facultativo, y por último, ya que como que toca à Vms. de derecho emprender este punto tan esencial, animado del mas profundo patriotismo, suplico, que pues no les faltará favor para que les franqueen los archivos, se sirvan por su vida dedicar algun tiempo para hacer un servicio tan singular à la Nacion.
Con esto se conseguirá vindicarnos de las blasfemias de nuestros enemigos, y al mismo tiempo el que la Juventud Marítima se edifique y llene de deseos de imitar à tanto hombre grande como ha conocido España.
Desde luego si me considerára con aquellas dotes que son necesarias à un historiador, desde hoy tomára la pluma para tan opimo fin.
Me ofrecí à ello suplicando me franqueasen los archivos: conocióse mi insuficiencia para tan loáble fin, y por tanto lo han dexado para otras plumas mejor cortadas que las mias.
A esas ocurro rogando encarecidamente la emprendan; pues deseo con ansias, como he dicho, ver vindicada mi Patria, y à la Juventud con modelos que imitar.

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