El Pensador: Pensamiento XXXV

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Pensamiento XXXV

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Considerando algunas veces lo que llamamos miserias de esta vida, he reparado, que no es tanto su numero, como muchos nos lo quieren persuadir, y que sobre esto se hallaria mas equidad en los juicios, que formamos de la naturaleza, si meditando un poco sobre el assunto, quisiessemos distinguir los males verdaderos de los que son imaginarios. Es verdad, que estamos rodeados de precipicios, por decirlo assi, en lo physico, y lo moral. Por una parte las intemperies del tiempo, por la otra las passiones, estàn acechando nuestra salud, y nuestro sossiego. Pero no son comparables sus estragos con los que causan nuestros caprichos, y en particular una passion, ò un afecto, que comenzamos à experimentar comunmente antes de haverse desembuelto nuestra razon, por el sumo cuidado, que tienen en fomentarlo casi todos los que cuidan de nuestra infancia, y cuyas consequencias nos hacen infelices, aun despues de haver llegado à la edad, en que serìa muy natural, que la razon reclamasse por sus derechos. El afecto, de que quiero hablar, es el miedo; y sin meterme por ahora en señalar sus varias especies, me contentarè con hablar de aquella especie de miedo, que mas que ninguna de las otras tiene su fundamento principal en la ignorancia, y la supersticion. No porque yo presuma poderlo desterrar de España, donde tiene un imperio mucho mas dilatado, que en otros Paìses, donde no deja de atrajarle el grado de cultura, que los ilustra; pero quisiera inspirar algun valor à nuestras Damas, que son las que mas adolecen de esta enfermedad, y que me dàn mucha lastima, por los sustos frequentes que las dà esta dolencia. Por lo que mira à los hombres, que en este punto son tan mugeres, como las mugeres mismas, es justo abandonarlos totalmente à sus temores, en castigo de su pusilanimidad, que les hace indignos de un sexo, cuyo carácter debe ser la robustèz, assi del alma, como del cuerpo.

Metatextualität

Hay ciertas flaquezas, cuya ridiculèz se manifiesta solo con pintarlas à lo natural; porque son tan completamente extravagantes, que por ningun lado se pueden dissimular. Tal es la que he tomado por assunto de este Discurso, y la que refiere la primera de las dos Cartas, con que regalo hoy à mis Lectores.

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Allgemeine Erzählung

Dias passados fuì à comer con un antiguo conocido mio, cuya familia tuve el desconsuelo de hallar en la mayor consternacion; y haviendole preguntado el motivo de tanta tristeza, me respondiò que su muger havia tenido la noche passada un sueño muy extraordinario, que le pronosticaba alguna desgracia à èl, à su muger, ò à sus hijos. Luego que la Señora huvo entrado en el quarto donde estabamos, me pareciò tan profundamente melancolica, que me huviera afligido muchissimo su estado, à no saber yà de dónde provenìa. No bien estuvimos sentados à la mesa, quando haviendome mirado con algun cuidado, se volviò ácia su marido, à quien dixo estas palabras, dignas de atencion: Querido, ahora puedes conocer la persona, que estaba à noche en la luz. Pusieronse despues à hablar de sus negocios domesticos; pero interrumpiò su conversacion un niño, que estaba al cabo de la mesa; quien dixo à su madre, que el Jueves proximo empezarìa à escribir sylabas, y voces enteras. ¡Jueves! (respondiò la Señora) nada menos que esso, hijo mio: no empezaràs (ni Dios lo permita) el dia de los inocentes: dile à tu Maestro, que bastarà que empieces el Viernes. Mientras yo consideraba en mì mismo esta extravagancia, admirado de vèr que huviesse quien estableciesse como una regla, la necessidad de perder un dia todas las semanas, la Señora de la casa me pidiò la diesse un poco de sal. Fuì à servirla, tomando la sal con la punta del cuchillo; pero lo hice con tanta precipitacion, que se cayò la sal en medio del camino. A vista de esta desgracia se horrorizò, y observò al instante, que la sal le havia derramado ácia su lado. Yo mismo quedè aturdido, y vergonzoso de vèr que todos se assustaban por este acaso; y discurrì haver acarreado alguna maldicion sobre aquella familia. Como quiera, la Señora, haviendo vuelto un poco en sì, dijo à su marido, dando un gran suspiro: Hijo, una desgracia nunca viene sola. ¿No te acuerdas que se cayò el palomar el mismo dia que la tonta de nuestra criada derramò la sal sobre la mesa? Sì, querida, la respondiò el marido, no he olvidado tampoco, que el Corrèo siguiente nos trajo la noticia de la toma de Hermione. Con esto echè de vèr, que mi amigo hacia el primer papel, y que menos por bondad, que por tonterìa, apoyaba las visiones de su muger. En quanto à lo demàs, mis Lectores se haràn cargo de mi embarazo en medio de todos aquellos discursos. Procurè acabar de comer quanto antes, arrimado à mi semblante silencioso. Al fin de la comida puse mi cuchillo, y mi tenedor en crux sobre mi plato; pero la Señora de la casa me suplicò los pusiesse el uno al lado del otro. Aunque yo no hallasse en lo que havia hecho nada contra la cortesìa, y la decencia, discurrì, que havia alguna tradicion supersticiosa contra el hecho, y que la urbanidad me obligaba à complacerla. Dispuse, pues, el cuchillo, y el tenedor en dos lineas paralelas, resuelto á ponerlos siempre del mismo modo, sin que para esto haya encontrado hasta ahora ningun motivo plausible.
No es dificil hacerse cargo del odio que me tienen muchas gentes: yo à lo menos conocì al instante en las modales de aquella Señora, que me miraba como un hombre estraño, cuya cara es anuncio de malas noticias. Assi, apenas se concluyò la comida, quando me despedì de la compañia, y me recogì á mi casa, donde, encerrado en mi quarto, me puse à hacer algunas reflexiones sobre los males que causan à los hombres sus idéas locas, y supersticiosas. Parece, como dije, que no les bastan las calamidades inseparables de la vida; pues tanto se afanan en buscarse nuevos pesares. A las circunstancias, las mas indiferentes, las miran como pronosticos de mala calidad; y tanto las atormentan sus males imaginarios, como verdaderos. He conocido un sugeto, á quien una exalacion quitaba el sueño toda una noche; y he visto uno de aquellos amantes, que todo se les và en suspirar, demudarse, y perder el apetito, por haver roto en la Primavera un vidrio de una pajarera. Algunas veces el canto del Buho ha espantado mucho mas à toda una familia, que una quadrilla de ladrones. La menor friolera puede ser un espantajo horrendo para una imaginaicon desconcertada. Un clavo viejo, cubierto de moho, y un alfiler torcido son para ella prodigios assombrosos.

Allgemeine Erzählung

Me acuerdo haverme hallado un dia en un estrado, donde reynaba un alegre bullicio, quando lo echò todo à rodar una Señora anciana, que reparò, que eramos trece personas. Con esto algunas Señoras, llenas de un terror panico, quisieron salirse del estrado; pero un amigo mio, que reparò, que una de las Señoras, que concurrian, estaba preñada, assegurò, que eramos catorce; y que lejos de haver ningun presagio de muerte, le havia evidentemente de nacimiento. A no haver encontrado mi amigo este expediente para apartar el pronostico, estoy seguro, que la mayor parte de aquellas Damas huvieran caìdo malas aquella misma noche.

Allgemeine Erzählung

Una soltera de edad abanzada, que padece vapores, dá un horror de molestias de esta naturaleza á sus amigas, y vecinas. Conozco à una de esta ilustres Sibylas, con el venerable nombre de tia, en una casa de distincion, que de un cabo del año al otro no hace sino echar profecìas. Siempre vè apariciones, descubre los precursores de la muerte; y por poco no perdiò la razon uno de estos dias, porque oyò un perro grande de la casa, que ahullaba en la caballeriza, mientras ella padecia dolor de muelas.
Un entendimiento trastornado hasta estos terminos, expone muchas gentes, no solo á terrores panicos, sino tambien à muchos oficios penosos, que no son de nigun provecho, y todo depende de la ignorancia, y los miedos, en que nos crian en la niñèz. El horror, con que contemplamos la muerte, ò qualquiera otro mal por venir, y la incertidumbre, en que estamos, del momento, en que ha de llegar, llenan una alma melancolica de una infinidad de temores, y sospechas: lo que es bastante para inclinarla á observar todos estos prodigios, y hacer estas predicciones ridiculas. Si por una parte los Philosophos se afanan en disminuìr los males de la vida, valiendose de la razon, y acudiendo al buen sentido, podemos assegurar, que por la otra los locos no buscan sino los medios de multiplicarlos con los principios de la supersticion, y del error. Y sentirìa mucho tener el dòn de adivinar todo el bien, y el mal, que me puede venir en esta vida, y de alegrarme de antemano del uno, y afligirme del otro. Me bastarà siempre experimentar, quando llegáre el caso, los afectos, que de ellos dependen. No conozco mas de un medio de fortalecerme contra estos funestos presagios, y temores del entendimiento, y se reduce à procurar merecer el amparo, y cariño del Ente Supremo, que dispone de los sucessos, y manda à lo futuro. De una ojeada lee toda mi existencia, no solo la parte, que passó; sino tambien la que corre, y vá à precipitarse en lo profundo de la eternidad. Quando me acuesto, le pido, que cuide de mì; y al despertarme, recurro à su providencia. En medio de todos los males, que me amenazan, no tengo mas recurso, que en su misericordia, y estoy seguro de que, ò los apartará, ò me los embiará para mi felicidad.

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Brief/Leserbrief

Señor Pensador. Reynan en el mundo varias opiniones, entre las quales un hombre cuerdo puede guardar una especie de neutralidad, y mantenerse indeciso entre los varios pareceres; y esta especie de equilibrio del entendimiento es necessaria para no caer en el error, ò para no entregarse á preocupaciones necias. Quando los argumentos en pro, y en contra son de igual fuerza en puntos indiferentes, el camino mas seguro es no dár assenso á ninguno, y suspender nuestro juicio. Esta es cabalmente mi conducta en punto de los sortilegios. Quando me acuerdo de los cuentos, que sobre esto nos refieren de todos los Paìses del Mundo, hasta de Europa, donde cada Nacion tiene tambien sus hechiceros: quando me acuerdo de ellos, no puedo dejar de creer, que hay verdaderamente algun comercio con espiritus malignos, semejante à el que se nombra sortilegio. Pero quando considero, que todas estas patrañas vienen de los Paìses de nuestro globo, en que la ignorancia, y la credulidad tienen establecido imperio, y que los que suponen haver entablado un comercio tan odioso, son entendimientos flacos, y imaginaciones destempladas, me páro, sin atreverme à decidir la question. Y me parece tanto mas necessaria esta moderacion, quanto estoy seguro de que en todos los siglos la impostura ha remedado las operaciones de la Magia en mas de millares de circunstancias. En suma, quando examina esta question: ¿Hay en efecto hechiceros en el mundo? Mi entendimiento queda indeciso entre los dos dictamenes opuestos; ò, por mejor decir, creo, que en general ha havido en el mundo algo, que se ha parecido á lo que llaman Magia; pero al mismo tiempo me es impossible creer ninguno de los exemplos particulares, que me citan para probarlo, à excepcion de los que nos refiere la Escritura. Lo que me ha dado motivo à esta reflexiones es un caso, que me sucediò dias passados, cuya relacion me parece digna de tener lugar en uno de los Pensamientos de Vm.

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Allgemeine Erzählung

Me estaba passeando en Antigola con un amigo mio, quando se acercò à mì una vieja para pedirme limosna. Su trage, y su figura me trajeron á la memoria una descripcion, que he leído en un Autor, que, si bien me acuerdo, venìa à decir assi:

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Fremdportrait

“Atravessando una senda, cercada de hoyas, reparè una bruja, toda arrugada, que recogia ramas secas, y que murmuraba entre dientes algunas palabras. Una fluxion de humores acres la havia encarnizado los ojos, y su aspecto era encendido. La fria perlesìa agitaba su cabeza, y sus manos secas parecian no haver tenido nunca carne. Su cuerpo agoviado estaba embuelto en pedazos despilfarrados de una antigua colgadura, que servian à resguardar su cadaver frio, aunque estaban todos agujereados. Su vestido estaba remendado con calandrajos, grosseramente cosidos, y de varios colores, cuya triste variedad señalaba, al parecer, la dañosa malicia de una hechicera.”
Acordandome de esta descripcion, y comparandola con el objeto, que tenia delante, mi amigo me dixo, que esta muger tenia en toda la vecindad fama de ser bruja: que si havia reparado, que siempre estaba meneando los labios, y que sus vecinos estaban persuadidos á que no havia palo de escoba en su casa, que no la huviesse llevado à muchos centenares de leguas. Si por desgracia le sucedia tropezar, siempre se hallaba delante de sus pies algunas pajas puestas en cruz. Si concurria à alguna casa donde rezassen el Rosairo, y que le sucediesse el decir Amen antes que los otros, inferian, que decia sus oraciones al revès; y no hay muchacha en toda la Parroquia, que, por un potosì, quisiesse tomar de ella un alfiler. La llaman Mariquita la Vieja; y muchas leguas al rededor no se habla de otra cosa, sino de sus hazañas imaginarias. Si no logra la Lechera hacer la quajada tan pronto como deseára, lo atribuye á que Mariquita la Vieja está en el fondo de la caldera. Si algun caballo suda en la caballeriza, es porque Mariquita lo ha montado. Si una liebre escapa al instante que parecia que los perros la iban à coger, es hechizo de la pobre Mariquita, à quien los cazadores echan mil maldiciones. Mi amigo me contò, con motivo de esta ultima picardìa de la bruja, que èl havia conocido un hidalgo del Lugar, el que todas las veces, que le sucedia à sus perros algun caso semejante, embiaba uno de sus criados, por vèr si Mariquita havia salido aquel dia. Esta relacion excitò mi curiosidad en terminos, que dije à mi amigo me llevasse à la choza de Mariquita, puesta en un parage del bosque algo apartado. No bien huvimos puesto los pies en esta triste habitacion, quando mi conductor me hizo señas, que mirasse detrás de la puerta, donde vì un palo de escoba. Un momento despues me dijo reparasse un gato de varios colores, que estaba sentado cerca de un cacharro, en el que havia un poco de lumbre, y que, segun mi amigo, no tenia mejor fama, que Mariquita la Vieja; porque además de que à ésta se le acumula haver tomado en algunas ocasiones esa forma, asseguran, que el gato ha hablado dos, ò tres veces en su vida, y ha jugado varias piezas, que denotaban talentos muy superiores à los de un gato. Yo estaba inquieto interiormente al vèr tan envilecida la naturaleza humana; pero al mismo tiempo no pude dejar de sonreirme del consejo, que mi amigo diò à Mariquita, de abstenerse de toda correspondencia con el diablo, y de hacer mal alguno al ganado de sus vecinos. Concluímos nuestra visita con regalarla algunos quartos, que recibiò de muy buena gana; y al volvernos, mi amigo me dijo, que Mariquita la Vieja havia sido delatada ante el Juez, por haver hecho escupir alfileres à algunos muchachos, y por haver hecho cojear algunas muchachas; y que los labradores estaban desatinados por echarla al agua, y por verificar con esta prueba, si era bruja; pero que por atencion suya no havian ossado hacer esta experiencia. Con el tiempo he reparado, que mi amigo no dejaba de impressionarse mucho con los cuentos, que le hacian de esta pretendida hechicera, que huviera delatado tiempos hà, à no haverselo estorvado un conocido suyo, hombre cuerdo, è ilustrado, que se rie de sus creederas en este particular, sin quererse empeñar en atacarlas seriamente.
He comunicado este lance à Vm. por haver tenido noticias de que hay muy pocos Lugares en España, que no tengan su Mariquita. Quando una vieja empieza à chochear, y à implorar la caridad de la Parroquia, se halla en breve transformada en hechicera, y llena todo el Paìs de visiones ridiculas, de enfermedades imaginarias, y de sueños espantosos. En el mismo tiempo la infelíz criatura, que es la causa inocente de tantos males, empieza à temerse à sì misma, y confiessa algunas veces un comercio secreto, que no existe, sino en su imaginacion turbada con los delirios de la vejèz. De esto proviene el no tener lastima alguna de infelices, que son un verdadero objeto de compassion; y que el Pueblo, naturalmente grossero, mira con odio esta parte infelìz de nuestra especie, en que se hallan unidos los achaques de la edad con el chochear, y la miseria.

Metatextualität

Me ha dado tal lastima la afliccion del pobre viudo, que me ha escrito la Carta siguiente, y hago tanto aprecio de los afectos, que manifiesta, que no he podido escusar, ni diferir el publicarla.

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Brief/Leserbrief

Señor Pensador. Estoy persuadido à que Vm. hace el estado del Matrimonio todo el aprecio, que se merece, y que en este supuesto acogerá con agrado la Carta, que le dirijo, sin temer el que me tengan por un hombre ridiculo, al vérme confessar, que aunque há yá mas de tres meses, que perdì una esposa muy amable, mi dolor es tan tierno, como el primer dia. Quando alguna cirunstancia me la hace presente à mi memoria, y que imagíno lo que huviera dicho, ò hecho en tal, ò tal ocasion, me enternezco de tal manera, aunque me halle en un concurso de gentes, que me véo precisado à apartarme, à fin de dár un passo libre à mis lagrimas, y suspiros, antes de poder volver en mì. Assi suplìco à Vm. se sirva meditar sobre la viudedad de los hombres, y darles sus reflexiones sobre este punto, lo mas presto que pudiere. Yá me hago cargo de que tendrán por insulto, y ridiculo quanto Vm. dijere en este assunto aquellos maridos, que se portaron mal con sus mugeres mientras vivieron; pero verterán lagrimas de piedad, ò de consuelo los que huvieren procedido segun las reglas proprias al estado de casado, cuyo numero es mayor de lo que se discurre, al leer las reflexiones, que sirvieren para su alivio. La Divina Providencia ha dispuesto las cosas de tal manera, que la afliccion suele perder su amargura, al passo que se manifiesta, ò se explaya, y que hay un no sè què, que nos consuela en medio del llanto; lo que proviene, à mi entender, de la persuasion interior, en que estamos, de que nuestro dolor es justo, y de que está fundado en la virtud. Es verdad, que al presente mi afliccion no es tan violenta, como à los principios, y que mi alma tiene mas sossiego; y créo que se podrian dár algunas reglas à los hombres para gobernarse en esta circunstancia, y hacerlos passar al estado en que me hallo, sin pesadumbre, sin inquietud, lleno de dulzuras, de bondad, y de complacencia. Pero si me dejo llevar de mis reflexiones, para acordarme de mi pobre muger, quando pienso en la tristeza, que la daba mi colera, y en el gozo, que manifestaba, quando me veía alegre, y la ternura, con que se compadecia de mis males, confiesso à Vm. que entonces no tengo consuelo, y que lloro, como si la viera morir. En esta situacion tan cruèl me interrumpe una niña hermosa, hija mia, que es el verdadero retrato de su madre en el dia de su boda. La pobrecita hace quanto puede para consolarme; pero su consuelo no sirve, sino de aumentar mi quebranto. Bien sabe, que su presencia dá nuevas fuerzas à mi dolor, aunque por otra parte me divierte. ¿Vosotros, Escritores, no me diréis cómo se puede expressar un afecto del alma, que hasta aqui no tuvo nombre? Quando se pone de rodillas, y pretende templar mi tristeza, entonces es mi hija: quando la tomo en mis brazos para exhortarla à que no insista sobre esto, entonces es mi esposa, y el mismo consolador, cuya pérdida estoy llorando. La preciso à salirse del quarto, lloro amargamente, y grito, que he perdìdo su madre, que encuentro en su persona. Quisiera, Señor Pensador, que Vm. pudiera experimentar movimientos tan agradables, y persuadir à los hombres dissolutos, que no son capaces de probar la felicidad, que gozan las almas virtuosas en medio de sus desgracias. Permita Vm. que le moleste algunos ratos mas, y le hable del modo con que muriò mi muger. Se despidiò de toda su familia, y aguantò la vana aplicacion de quantos remedios le recetaron con una paciencia heroyca. Quando el Medico la huvo dicho, que yà debia desconfiar de vivir, dijo à todos los que estaban en su alcoba, que se fuessen à otro quarto, y me hizo señas de que me quedasse. Entonces me dijo, que yá estaba resignada à la voluntad de Dios, y que yo sabìa, como ella misma, todo lo perteneciente à nuestros negocios temporales; pero que havia deseado hallarse sola conmigo, para darme gracias delante de Dios de mis buenos procederes. Añadio, que yo celebrarìa, al perderla, el haverla querido, como ella celebraba el haver cumplido con el honor, y la fidelidad de una esposa virtuosa. No puedo proseguir, ni decir à Vm. que esta generosidad me arrebatò. En lugar de quejarse de algunas impetuosidades, proprias de mi genio, que en algunas ocasiones la havian dado que sufrir, me dá gracias por la benignidad, con que la havia tratado. ¡Què grandeza de alma! ¡Què miramiento! ¿Era possible el no tratar bien à una muger de tantas prendas? Entonces se apoderaron de mi alma mil afectos, los unos agradables, y los otros tristes; y quando vì al momento despues, que se apoderaban de su cuerpo amado los symptomas de la muerte: quando vì, que sus hermosos ojos se nublaban, y se fijaban en mì en sus ultimos esfuerzos, no pude mas, y perdì toda mi paciencia. Muriò en mis brazos, y en el desorden, en que me hallaba, me pareciò, que su pecho aùn respiraba. Llamela. ¡Pero ay! Un vahido me cogiò: me pareciò, que todo el quarto rodaba, y la mas preciosa de todas las mugeres havia fallecido. La instruccion que se puede sacar de esta relacion, es, que en todas las personas honradas hay una cierta igualdad de alma, que se manifiesta aun en medio de los pesares, y que disminuye su violencia. Aunque estèn expuestas à las mismas calamidades, que los demás hombres, la seguridad de su virtud las hace menos dolorosas, y el beneficio, que experimentan de ésta, sirve para hacerla mas activa. Yo queria empeñar à Vm. en darnos reglas para moderar estas aflicciones; pero mejor serìa enseñarnos la práctica de la virtud, que sola puede darnos el valor de sufrirlas. ¡Quántos, y quán sólidos Pensamientos nos comunicaría Vm. si quisiesse meditar sobre las personas, que son capaces de experimentar la tristeza, de que le acabo de hablar! Me adelanto à decir, que despues de haverlo meditado con cuidado, Vm. hallaría, que no tiene el mundo almas mas valerosas.