Cita bibliográfica: Joseph Álvarez y Valladares [José Clavijo y Faxardo] (Ed.): "Pensamiento XXXIII", en: El Pensador, Vol.3\033 (1762-1763), pp. 149-170, editado en: Ertler, Klaus-Dieter (Ed.): Los "Spectators" en el contexto internacional. Edición digital, Graz 2011- . hdl.handle.net/11471/513.20.608 [consultado el: ].


Nivel 1►

Pensamiento XXXIII

Nivel 2► Carta/Carta al director► Señor Pensador.

No me atrevo à pedir à Vm. incluya esta Carta en sus Pensamientos. Yo me conozco, y sè que no soy capáz de hacer Cartas, que merezcan imprimirse. Lo que unicamente pido à Vm. es, que en alguno de sus Discursos tenga á bien tratar de la situacion, en que me hallo. Si su corazon conoce la piedad, si sabe Vm. apiadarse de los infelices, crea que no puede socorrer à persona alguna, que sea tan digna de compassion como yo.

Nivel 3► Autorretrato► Hallome enfermo, cargado de años, y desterrado en una Casa de campo, donde ha sido entregada mi vejèz á la discrecion [150] de dos criados, que ni miran con respeto mi edad, ni con caridad mis enfermedades: que me tendrian continuamente olvidado, si yo no fuesse importuno; y cuya brutalidad me es preciso sufrir, si quiero tener algun socorro en mis necessidades: gentes, en fin, entre las quales no me ha quedado otro apoyo, que la piedad, que deberia inspirarles mi situacion, y que sin embargo produce tan poco efecto, que abusan del olvido cruèl, en que me ha dexado su Amo. Vè aqui una constitucion bien triste, Señor Pensador; y vè aqui tambien, que no obstante su dureza, entre mis penas, y angustias, son estas las mas tolerables. Lo que mas me aflige, lo que llena mi vida de amargura, es, que este Amo, de que acabo de hablar . . . . . me atreverè á de-[151]cirlo . . . . . Es mi hijo. Estoy seguro de que Vm. se compadece à vista de mi estado; pero por buen corazon que tenga, conozco, que no puede Vm. comprehender toda la miseria, que en sì encierra. Era menester hallarse en mi lugar: era preciso ser padre, para conocer toda su extension. ◀Autorretrato

Figurese Vm. què infelicidad sería para un hombre de mi edad el verse abandonado de todo el mundo, y estár à merced de gentes estrañas, que ni fuessen sus parientes, ni sus amigos: no hallar persona alguna, que se interessasse en sus alivios, y procurasse hacerle tolerable el resto de una vida triste, y llena de dolencias. Este hombre, puesto en tales extremidades, sería un objeto digno de compassion; pero sin embargo, si no tiene hijos, si [152] Dios no lo ha hecho padre de un hijo ingrato, que lo abandona, estè Vm. persuadido, que todo el infortunio de este hombre nada tiene de comparable con el mio. No por cierto. Es muy poca cosa verse olvidado de los hombres, y tener motivos de quejarse de su falta de compassion. Naturalmente los hombres son crueles, y duros, y mucho mas con aquellos à quienes no estàn ligados por amor, parentesco, amistad, ò interès. En este caso son otros tantos indiferentes, otros tantos incognitos, á quienes queremos obligar à ser generosos. Ellos no quieren serlo respecto de nosotros: quizà lo son para con otros; y si no nos hallassemos en necessidad, nada exigiriamos de ellos.

¿Pero puede Vm. imaginarse [153] bien lo que es un hijo? ¿Sabe cómo se le mira, lo que se espera de èl, y, finalmente, quánto pesa este nombre en el amor paterno? ¿Puede un padre hacer cuenta, que su hijo es un hombre como otro qualquiera? Para esto me faltan las expressiones. Aqui es donde mi corazon desfallece. Esto es lo que me hace sufrir un tormento, que no es dolor, ni desesperacion; pero que es mas cruèl que uno, y otro. Es señal de vida, y de conservar aùn algunos restos de valor, y de fuerza, quando se siente desesperacion, ò dolor; y yo puedo decir, que yà no vivo, pues no conservo mas señales de vida, que un sentimiento de tristeza, que me penetra: que confunde, y yela mi alma: que me priva de todo temor, y esperanza; y que me [154] aniquila. Que los hombres me desprecien, y me olviden, como lo hacen, passe; pues al fin esto no es mas, que ser despreciado, y olvidado de los hombres; pero que mi hijo me deseche, y abandone, como ellos, para esto no hay valor; pues es ser desechado, y abondonado de la naturaleza entera. El era mi unico consuelo, mi unico apoyo; pero un apoyo, de que nada al parecer podia privarme: que era propriamente mio; y que no dependia ni del favor, ni de la humanidad de los hombres. Que mi hijo fuesse, ò no generoso, la naturaleza, la educacion, que se dà à los hijos, la ternura, con que se les trata, la costumbre de respetar à sus padres, y hasta las preocupaciones mismas, todo me afianzaba su amor: todo me asseguraba [155] que este amor sería mi mejor, y mayor tesoro. Todo debia obligarle à preferirme à los demàs hombres. Aun quando no huviesse tenido honor, ni probidad, todo lo ligaba à mì, como todo me ligaba à èl. Supongo que huviesse sido el hombre mas aborecible del mundo, ¿huviera yo podido aborrecerlo, ni olvidar jamás, que era su padre? ¿Los hijos, para hacer experiencia de nuestra sensibilidad, tienen acaso necessidad de merecerla, siendo buenos, y amables? No por cierto. Sus vicios no producen otro efecto en nosotros, que el de afligir nuestro amor sin cansarlo.

Sí, hijo mio: desde el estado, en que me haveis puesto: de este estado, en que desfallezco, mi amor es el que todavia os habla. Vos no haveis podido quitarme-[156]lo. El es el que se queja de vos; y si me es duro el conservar la vida, es solamente porque os amo siempre. No: yo no padezco sino porque sois vos el que me maltratais. Hà tiempo que vuestro corazon me desconoce, y sin embargo mi ternura subsiste aùn. Hijo mio: yo no he cessado jamàs de ser vuestro padre, ¿cómo haveis podido vos determinaros à cessar de ser mi hijo? Nada me queda yà en el mundo. Todo me ha dexado, y me miro como en un desierto. En èl me imagino solo, ignorado de todo el Universo, de un hijo, que lloro, que llamo à mi socorro, y que me desconoce como el resto de los hombres.

Nivel 4► Relato general► Sin embargo, Señor Pensador ¿què motivos he dado yo à este hijo par tratarme con tanta [157] ingratitud? Vealos Vm. aqui. De seis, que tuvo, solo éste me quedò. Yo no era rico; pero le amaba tiernamente; y en la educacion, que le dí por mí mismo, mi economìa, y la industria de mi amor, me sirvieron de riqueza; y tuve el gusto de vèr, que su aplicacion, y su obediencia correspondian à mis desvelos. Embiélo despues à la Corte, para que se perfeccionasse en la carrera de las Leyes, á que le llamaba su inclinacion, privandome casi de lo necessario para mantenerlo. Hizo efectivamente progressos, que le adquirieron la estimacion de los que le conocian; y añadiendose á esto el verlo laborioso, una Señora rica, que le havia confiado el cuidado de sus interesses, le cobrò tanto afecto, y formò tan buen concepto de èl, que le ofreciò su hija, [158] con la condicion de que al tiempo de casarse con ella, tuviesse yá à lo menos un mediano fondo de que poder mantenerse. Este fondo estaba en mi poder, y consitìa en dos pequeñas possessiones, que provenian en parte de mi patrimonio, y en parte de mi economìa; y sus rentas havian servido para procurar los adelantamientos de mi hijo, y mi sustento.

Escribiòme la proposicion, que se le havia hecho, manifestandome todas las ventajas del partido, que se le ofrecia, y diciendome, que su fortuna estaba en mis manos. ¡Ah! ¿dónde podia estár mas segura? Puseme al instante en camino para la Corte, y me convine desde luego á darle la mitad de mi hacienda.

Poco tiempo despues se efectuò su casamiento. Mi hijo dejò [159] la carrera de las Leyes con la esperanza de obtener otros Empléos, que parecian mejores. Su muger muriò en breve, y yo perdì mucho en su muerte. Ella me amaba tiernamente, y su memoria me serà siempre grata.

Quatro, ò cinco meses despues de su fallecimiento, mi hijo, para ciertos designios, tuvo necessidad de una suma considerable de dinero: tomò prestada una porcion; pero todavia le faltaba para la cantidad necessaria. Sus procedimientos me tenian entonces muy contento. Es preciso confessarlo: yo he nacido sencillo, y lleno de candor: creìalo mas amante de mi reposo, que yo mismo; y vendiendo la hacienda, que me quedaba, para completar la suma, miraba, que ésta cambiaba de naturaleza, sin sospechar [160] que mudasse de dueño.

Vendìla en efecto, segun sus deseos, y con tanta generosidad, que ni aun quise tomar precaucion, que me assegurasse una corta subsistencia para el resto de mis dias. El dinero se empleò segun sus idèas, y éstas se lograron aun mas allà de sus esperanzas. Viòse poderoso, y quiso empezar à gozar sin nuevos cuidados, creyendo yà assegurada su fortuna. Su casa se puso sobre otro piè: todo en ella respiraba luxo. Nuevos amigos ocuparon el lugar de los antiguos: deshizose insensiblemente de estos ultimos, cuyo comercio le parceia yá muy plebeyo; y, finalmente, empezò á avergonzarse de tenerme por padre.

Conocí esta novedad; pero apenas podia creerla á los principios. Caì enfermo en este tiem-[161]po: vì, que no cuidaba de mì en mi enfermedad, y que los criados, à su imitacion, se descuidaban tambien en mi assistencia. Esto empezò à contristarme. Hicele rogar que viniesse à mi quarto, donde no havia entrado por espacio de quatro dias, y vino en efecto. Nivel 5► Diálogo► Quejème del poco cuidado, que se tenia de mì. Esto consiste, me respondiò, en que Vm., Padre mio, està muy raro. Esta es la primera vez que me lo dices, le repliquè, y tu respuesta me admira. Si para darme quejas, y hacerme cargos me ha llamado Vm., volviò à decirme, bien podia haverlo escusado. Aqui se le cuida del modo possible, y sin embargo siempre se está Vm. quejando: ¿cómo lo he de remediar? Procure Vm. restablecerse; y si quando lo estè, quisiere tomar mi consejo, [162] yo serìa de dictamen, de que Vm. se fuesse á vivir á la Casa de Campo. Alli estarà mas tranquilo, y podrà vivir à su gusto, y de contado no nos incomodarèmos uno á otro. ◀Diálogo ◀Nivel 5

El procedimiento de mi hijo, y sus respuestas me havian herido en lo mas vivo de mi corazon, y ocasionadome funestos presagios de lo que me havia de suceder. Comprehendì, que yà debia mirarme como un estraño en la casa de mi hijo; y que en fin, èl, y yo eramos dos, y no uno, como siempre me havia imaginado. Mantuveme algunos dias en cama: levantéme al cabo de ellos: mis fuerzas volvieron poco à poco: vestìme como pude: era hora de comer, y oì pedir la sopa: dì voces á los criados para que me ayudassen á bajar: respondieron-[163]me; pero ninguno vino. Vime precisado á pobar si podria bajar la escalera de mi quarto, apoyandome en mi bastòn; y yà estaba á la mitad de ella, quando mi hijo me saliò al encuentro.

¿Què es esto? me dijo con un tono muy rudo. ¿Què caprichos son los de Vm? Yo tengo convidados, y no es razon que se presente Vm. de esse modo. Sin duda teme, que no le embien la comida à su quarto. Con esto, y dár orden á un criado para que me condujesse á mi estancia, se volviò á entrar, dejandome immovil, y bañado en lagrimas.

El criado hizo la ceremonia de ayudarme à subir, diciendome, que estaba aùn demasiado verde para mi edad. Nada respondì á esta burla, considerando que cumplia con su obligacion en insultar-[164]me. El dolor me avia hecho mudo. Volvì à entrar en mi quarto, todo fuera de mì. Sentìme indispuesto: pedì un poco de vino; y se passó muy bien media hora hasta que lo trajeron, con un poco de sopa muy fria, que no quise probar, como tampoco lo demàs de mi comida, que llegò muy tarde.

Passé lo demàs del dia en la mayor confusion, que puede imaginarse. Mis suspiros se confundian à cada instante con mi llanto. ¿Adónde irè? me decia. ¡Què situacion la mia! Nada me queda. Yo me he despojado de todo; y éste es el pago de un proceder tan generoso.

Despues de muchas reflexiones, determinè dejar la casa de mi hijo á la mañana siguiente. Yo no podia yá vivir en ella: todo [165] me afligia, y me servia de un tormento inexplicable. Propuseme, pues, de ir á buscar uno de mis amigos, manifestarle mi situacion, y pedirle me socorriesse, ò à lo menos me diesse algun consejo en mi afliccion. Con este designio me levantè al dia siguiente mas temprano de lo que acostumbraba, y me vestí.

Verisimilmente huvo alguno, que diò parte à mi hijo de mi resolucion, pues contra su costumbre lo vì entrar en mi quarto al tiempo que yo iba à salir. Nivel 5► Diálogo► ¿Adónde vá Vm., Padre mio? me dixo. A buscar, le respondì, algun amigo, que quiera darme de buena gana un pedazo de pan para los pocos dias, que naturalmente debo vivir. Vos sabeis, que no me ha quedado recurso para mi subsistencia, haviendome desposseído de [166] todo por vos. ¡Què discursos tan extravagantes! me dixo. Es preciso confessar, que las gentes, que llegan à la edad de Vm., tienen raros caprichos. Sin duda està Vm. muy quejoso de lo que le dije ayer mañana. Hijo mio, le respondí, yo me hallo bastantemente consternado: dejadme salir sin responderme: vos no estais en estado de hablarme. Vuestras palabras son otras tantas puñaladas, que me atraviessan el corazon: ellas me matan, y vos no lo conoceis. Acabemos de una vez todas estas quejas, me replicò con mucha viveza. Vm. no tiene razon. Hay mil cosas, de que deberia haverse hecho cargo. Vm. se halla en edad abanzada, y, criado siempre fuera de la Corte, sus idèas, sus modales, y sus usos son tan diferentes de los que en ella se practícan, que [167] Vm. mismo debería haverse disgustado del trato de las gentes, que vienen à verme. Vm. no conoce, segun vèo, esta diferencia; pero yo la conozco. ¿No le parece à Vm. que serà una cosa de mucho gusto para mí, vèr à Vm. en conversacion con gentes de ciertas classes, pulidas, y delicadas, à quienes su sencillèz sirve de comedia? Pues esto es lo que sucede al piè de la letra, y esto es lo que sin hacer un grande esfuerzo de reflexion, debia Vm. conocer, que no puede serme ventajoso. Yo soy un hombre de fortuna, y Vm. lo sabe mejor que yo. ¿Para què lo hemos de dár á entender á los que lo ignoran? Vm. con su rusticiadad lo hace conocer al primer folio, y sin embargo tiene la manía de querer estár siempre entre estas gentes. Dejemonos, pues, de dis-[168]sensiones. No hay necessidad de ir á informar à nadie de nuestras discordias. Yo voy á dár orden para que conduzcan á Vm. sin perder tiempo á mi Casa de Campo. Vm. será en ella el dueño: estará como en su centro: de tiempo en tiempo lo irè á vèr; y nada le faltará para su regalo. A Dios, Padre. Vm. vá á marchar, y yo salgo á un negocio de importancia. ◀Diálogo ◀Nivel 5

De este modo se separò mi hijo de mì. Vinieron luego algunos criados á llevar mis cofres: hicieronme bajar de mi quarto, y casi sin sentido me pusieron en un coche, que me condujo á esta Casa de Campo, donde hà dos años que estoy padeciendo, privado enteramente de todo consuelo, y aun à veces de las cosas mas necessarias para la vida, y donde mi hijo en este tiempo no ha venido [169] à visitarme, segun sus promessas. ◀Relato general ◀Nivel 4

Yà vè Vm. mi situacion, Señor Pensador. Ella es la mas triste, que puede imaginarse. Mis angustias se aumentan de dia en dia; y juntas à mi edad, y achaques, me consumen, y aniquilan por momentos. Todo esto me sería tolerable, si viniesse de parte de un estraño; pero de parte de un hijo, à quien tanto he querido, y quiero, no hay valor para poderlo resistir. Mi ambicion no es otra, que el vèr à mi hijo sometido à las leyes de la humanidad, y del honor. Que me trate como à su padre, y no se averguence de ser mi hijo, y con solo esto serè yo el hombre mas dichoso del Universo. ◀Nivel 3 Escriba Vm. sobre la ingratitud: pinte Vm. la fealdad de este vicio, y particularmente de la ingratitud para con los padres. Quizà mi [170] hijo, ahora alucinado, volverà en sí. Yo conozco su cáracter, y no puedo persuadirme à que su falta proceda de malignidad. Tengolo por bastante docil, y espero que la razon haga en èl su efecto. Y en fin, si yo no pudiesse lograr este consuelo, que serìa el mayor de mi vida, no por esto quedará inutil el trabajo de Vm. Servirà para que otros padres no lleguen à verse en una constitucion tan cruèl como la mia; y instruyendo à los hijos en el amor, obediencia, y respeto, con que deben tratar à sus padres, y en las infelicidades, y desdichas, que los amenazan siempre que desatienden una obligacion tan sagrada, harà Vm. un servicio muy essencial à la humanidad.

Dios guarde à Vm. muchos años. ◀Carta/Carta al director ◀Nivel 2 ◀Nivel 1