El Pensador: Pensamiento XXXII

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Pensamiento XXXII

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Fremdportrait

Un Negro tiene el color de cutis, y el pelo diferente de el nuestro, la naríz chata, y los labios gruessos: luego es un bruto.

Fremdportrait

Un Turco se sirve de turbante en vez de sombrero: luego es un barbaro.

Fremdportrait

Un Canadiense, y un Iroques presentan por señal de paz un Calumet1en vez de una vandera blaca: luego son salvages.
Tales son nuestros raciocinios: mas torpes, salvages, y barbaros, que estos, aquellos, y los otros. Solo nuestras costumbres, y nuestros usos nos parecen sensatos; y por efecto de vanidad, y de orgullo olvidamos que la razon es natural de todos los climas, y que se encuentran razon, y genio donde quiera que hay hombres. El amor, que la naturaleza ha gravado en nuestros corazones para con el Paìs, en que hemos nacido, es una de las virtudes mas utiles à la conservacion de la sociedad; pero sucede con ella lo que con otras muchas, en las quales mezcla nuestra vanidad, ò nuestra preocupacion una tintura viciosa, que altera toda su pureza. Todo lo corrompe el amor proprio. Las preocupaciones suelen hacer ridiculo en un particular el mismo amor á la Patria, que apenas puede alabarse bastante en el comun. Es mas dificil de lo que se piensa el deshacerse enteramente de todos los errores nacionales, que vician nuestra razon, y nos impiden colocarnos en el verdadero punto de vista, que convendrìa para examinar bien los objetos, à que no estamos acostumbrados; pues à pesar de qualquiera precaucion, siempre los vemos al travès de un vidrio, que los aumenta, ò disminuye; y no pocas veces nos los representa con coloridos, que no les son proprios. La fuerza de la costumbre nos arrastra, y nos hace condejar usos, que no tienen mas defecto, que no ser nuestros. Acostumbrados al sombrero, no podemos figurarnos que sean gentes de razon las que se sirven del turbante. La simplicidad passa por grosserìa entre los que no reflexionan quanto tiene de arbitrario lo que llamamos Politica; y por barbarie todo lo que no es análogo à nuestras idéas, como si las Naciones, á quienes motejamos de barbaras, no tuviessen casi las mismas razones para aplicarnos el mismo epitheto, y fuessen tales nuestras costumbres, que no pudiessen ridiculizarse del mismo modo que ridiculizamos las agenas.

Metatextualität

No creo necesite de prueba esta verdad. Sin embargo, para corroborarla, y humillar un poco nuestra soberbia, he querido incluìr en este Dicurso un Dialogo, que passó en mi presencia entre un Caballero, bastante conocido en Madrid, y un Canadiense, criado suyo, llamado Sam.

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Dialog

M. Sam. . . . . Sam. . . . . Sam. = Sam. Señor. = ¿Dónde estabas? = Aqui. = ¿Y cómo no me respondias? ¿Què tienes? Estàs descontento? = Sì estoy. = ¿Y por què =Por poca cosa. Porque me has sacado con engaños de mi tierra, y me hallo yá sin esperanza de volver á vèr à mis Caciques, à mi muger, y á mis hijos, y de assistir à nuestros Tabagias,2à la caza, y á la pesca. Pero dime, Señor: ¿Què mal te hacia yo en mi Paìs para traherme á éste?

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Allgemeine Erzählung

Tù no puedes olvidar, que en la guerra con los Hurones, y los Algunkinos3te hice mi prisionero. Tu muerte, ò tu vida estaban en mi mano. Tuvete lastima, y te dexè vivir. Despues te cobrè amor: partìa contigo mi sustento, y te guardaba las mejores pieles de castor. Te acompañè en el mar: en todas ocasiones he sido como un perro fiel, velando mientras tú dormìas, para librarte de las manos de los malos; y tù sabes muy bien si mi brazo ha sabido defenderte. Todo esto me parece merecia mejor premio; pero tù, mas cruel que el cocodrilo, me has pagado con engaños: en fin, me has tratado como à un barbaro.
= No, Sam mio. Tù mismo eres el que te engañas. Yo reconozco, y agradezco tus servicios. El modo con que te trato, en nada desmiente esta verdad. Tù eres el depositario, y aun el dueño de quanto yo posséo. = Todo esso es muy lindo. Sin embargo, desde que estamos en esta tierra, noto en tì una muy grande diferencia. Tù quieres tener dominio sobre mí. Sam. . . . . venga Sam, vaya Sam. Allà en mi Paìs no era assi. Siempre te tratè como si fuesses mi hermano; y tù fingias estàr contento con esto. En fin, te has mudado: no eres el mismo que antes: ayer me reñiste mucho, y me trataste, como si yo fuesse tu esclavo. = ¿Pero no te havia de reñir, si haviendote dejado en casa, para que cuidasses de ella, me la abandonaste por irte á passear? = ¿Para que cuidasse de tu casa? Pues què necesidad tiene de que yo la cuide? No: no tienes que rezelar. Vosotros haceis las casas, como si huviesseis de vivir siempre, y no hay peligro de que se escapen. = No lo entiendes. El cuidar de la casa, consiste en guardarla, para que no entren ladrones en ella. = ¡Ladrones! ¿y què animales son estos? En mi tierra no hay animales de esse nombre. = No estraño tu ignorancia; pero es preciso que sepas, que los ladrones son una gente maligna, y asusta, que aprovechandose del mas leve descuido, roban quanto se les presenta; y que assi, para precaverse de ellos, es forzoso vivir con sumo cuidado. = ¿Y hay ladrones entre vosotros? ¡Què! ¿puede haver ladrones en un Pueblo, en que, segun tú me has dicho, hay tanto orden: donde las Leyes castigan el robo con penas severas en esta vida, y la Religion amenaza con otras mas terribles en la otra? = Todo esso es verdad; pero no impide el que haya ladrones entre nosotros. La debilidad de los hombres, su malicia, su pereza; y sobre todo la ceguedad, con que se lisonjean de poder ocultar sus delitos, los inclina al robo. = ¿Y con todo os teneis por Pueblos civilizados, y religiosos? ¿Què quieres que te diga? En nuestra Nacion, que tù, y los tuyos tratais de barbara, y salvage, no se conoce este delito. Las puertas de nuestras cabañas estàn sin cerrojos, ni candados; y no es esto lo mejor, sino que tampoco los necesitamos. Nosotros nos exercitamos en la caza, y en la pesca. Es verdad, que nada tenemos superfluo; pero tampoco nos falta lo necessario para vivir; y este necessario serìa un objeto, bastante, si, como vosotros, estuviessemos dominados por la malignidad, y no tuviessemos por maxima no hacer con nuestros vecinos, lo que no querriamos hicessen ellos con nosotros. En fin, estamos persuadidos à que no es razonable quitar à otro lo que le pertenece, y esto nos basta. En una palabra: entre vosotros hay leyes, que prohiben el robo, y castigos prontos para los ladrones. Nosotros no tenemos estas leyes: pero tampoco conocemos semejante delito. ¿Quál vale mas? = Tienes razon. Este, y otros vicios deshonrarian nuestras costumbres, si no entrasse à la parte la reflexion, de que es impossible contener enteramente la debilidad, ò la malicia de los hombres; y que no puede pedirse otra cosa á un Pueblo civilizado, que el tener leyes, por las quales no queden impunes los delitos, y se assegure del modo possible la conservacion de los Ciudadanos, y la tranquilidad del Estado. = Todo esso està muy bien dicho; pero lo que yo véo es, que á pesar de essas leyes, y de essos castigos, hay ladrones entre vosotros; y esto yo no sè cómo entenderlo; pues es preciso, ò que no entendais, ni tengais noticia de vuestras leyes, ò que os burleis de las penas, que éstas imponen. Aunque, si he de decir verdad, yo vèo entre vosotros tantas ridiculeces, y tantos delirios, que no es esto lo que mas me admira. Vosotros debeis de tener leyes para todo; y buenas, ò malas, vuestras, ò agenas, las acomodais à vuestro gusto, y no me parece os deteneis mucho en sus consequencias. Yo he examinado con curiosidad cómo se sentencian vuestros pleytos: cómo se eligen Prelados en vuestras Religiones; y cómo determinan vuestros Cabildos, y vuestras juntas, y en todas estas cosas hallo una irregularidad, que me ha hecho perder mucha parte de la estimacion, en que al principio os tuve. El que tiene mas votos à su favor, gana el pleyto: el que tiene mas votos en la eleccion, es Prelado; y en fin, la determinacion, que tiene mas votos, es la que prevalece. . . . . = ¿Pero què es lo que estrañas en esta práctica? Mas facil es sin duda, que se engañe uno, que tres. Menos dificil es atraher à su partido por interès, ò amistad à un hombre, que el ganar à tres, ò quatro. Esta es la práctica de todas las Naciones, y que la experiencia ha hecho adoptar por mas cuerda, y menos expuesta à errores. = Pues yo créo todo lo contrario, ò es mentira todo lo que me has dicho tantas veces. ¿No te acuerdas haverme dicho en muchissimas ocasiones, que el numero de los ignorantes es infinito, comparado con el de los sabios, y que para un hombre, que vè la luz, hay millares, que viven en tinieblas? Pues si esto es assi, ¿por què se ha de preferir el voto de muchos, quizá ciegos, al de uno, tal vez ilustrado? = Deja estos assuntos, que no son para tu capacidad. Basta saber, que este es el uso, y que sin duda serà acertado, quando no lo han reclamado nuestros padres en tantos siglos. = ¡Vuestros padres! = Sì, nuestros padres: ¿de què te admiras?= Creìa que no teniais padres, ni madres. = ¿Pues què? ¿Hemos nacido milagrosamente? Cierto, que estás muy raro. = No entiedo yo, que nazcais por milagro; pero me admiro de que llameis padres, y madres à los que os dieron el sèr, solo por este motivo. Si vuestros padres huviessen tenido cuidado de vosotros, y vuestras madres os huviessen alimentado, serìa justo darles estos titulos; pero dár nombre de padre à un hombre, que apenas os vè nacer permite que os arrojen de su casa, y de su presencia, y que quando debia ayudaros con sus luces, y formaros con su exemplo, os entrega à hombres alquilados, que no os tienen amor, ni se interessan sino solo en su ganancia; y llamar madre à la que, con un corazon duro, como un pedernal, os niega el sustento, tengolo por necedad, y aun por locura. Tù debes acordarte de la ternura, con que se portan las madres de mi País: del cuidado, con que nos crian, y de las atenciones, que les merecemos. Es verdad, que allá prohibe la ley, que la muger, que ha dado à luz un hijo, véa à su marido particularmente hasta passados dos años, y esto créo que hace mucho al caso. El clima de esta tierra no es tan templado, y yà se vè, que en esto no tienen culpa los habitantes. = ¿Tambien eres malicioso? Deja, Sam, essas cosas, pues no estás en estado de poder juzgar de ellas. Nosotros veneramos à nuestros padres, como es debido, y solo un barbaro puede condenar esta veneracion. = Yá te entiendo. Tù me dices muy bonitamente, y con mucha claridad, que soy un barbaro. Sealo en hora buena; pero no por esto dejarè de conocer, que assi como vuestros padres no lo son de véras, assi tambien vuestra veneracion para con ellos es una pura burla. Yo no alcanzo vuestro modo de pensar, ni créo, que nadie sea capáz de alcanzarlo, ò me engaña mucho mi rudeza. Haceis alarde de obedecer à vuestros padres, y esto no dura, sino en tanto que sus ordenes se acomodan à vuestro gusto, dejando burlada su potestad, y haciendo vano el nombre de obediencia siempre que se os antoja; y aun no es esto lo peor, ni lo mas ridiculo, si se observa, que los hijos, que segun vuestras leyes no pueden hacer contrato alguno, ni aun en la cosa mas leve, porque sería nulo, hacen contratos de alianza, que son muy validos; y el mismo hijo, ò hija, que no tiene facultad para disponer de sus zapatos, la tiene para disponer de su voluntad, haciendoos tragar, à pesar vuestro, un yerno, ò una nuera, que os deshonran, y obscurecen vuestra familia; y si esto no es contradiccion, no sè que las haya en el mundo. A lo menos entre nosotros no havrás visto exemplo de esta naturaleza. ¿Si los huvieras visto, què nombres los darias? ¿Pero por què me admiro de esto? Las ridiculeces, que hay entre vosotros, son tantas, y tales, que no pueden numerarse. = Nos honras mucho. = Yo no honro, ni deshonro. Digo mi sentir, sin lisonja, ni artificio; y si me engaño, no es por malicia, ni por querer engañarme, ni baldonaros con mis observaciones; sino porque realmente véo cosas, que à mi parecer son barbaras, y me hace mas novedad verlas establecidas entre vosotros, que no solo os teneis por instruídos, y civilizados, sino que nos tratais à los demàs de salvages. Y si no, dime: ¿Puede haver cosa mas monstruosa, que vér el cuidado, que poneis en comprar una mula, y el descuido, con que dais maridos à vuestras hijas? Para comprar la mula haceis venir al Herrador: la passéa, y examina con mucha prolixidad, si tiene algun defecto, y sobre todo, si està sana; y no dais vuestro dinero hasta estár muy seguros de que no vais engañados en la compra. Por otra parte ¿què es lo que haceis para dár maridos a vuestras hijas? Nada. Os contentais con examinar, si es rico, y si, aunque sea de cien leguas, tiene parentesco con algun titulo, y à esto se reduce todo vuestro examen. Que tenga buena, ò mala conducta: que estè sano, ò enfermo: todo os es indiferente; y no parece sino que estimais mucho mas los cinquenta doblones, que dais por una mula, que à vuestra propria hija. = Confiessote, que tienes razon. Es verdad, que en este particular hay un notable descuido, que no pocas veces ha ocasionado consequencias muy funestas. Pero no es bastante esta negligencia para que tan generalmente nos trates de locos, y ridiculos. = Ahora, que hablamos de locos, me haces acordar de una especie. El otro dia estuve en el Hospital General. = ¿Y què te pareciò? = Muy bien. Digote la verdad: este establecimiento, que ha hecho vuestra caridad para restablecer la salud de vuestros hermanos, me ha parecido una obra muy piadosa, y muy propria de la humanidad; y yo quisiera, que en mi País se hiciessen semejantes fundaciones. Pero no puedo olvidar una cosa, que me hizo reír à carcajadas, y aun ahora apenas me permite contener la risa. = ¿Y quál fuè? = El patio de los locos. = Verías alli raras manìas. Sin embargo, Sam, este no debe ser assunto de risa, sino antes bien de compassion. Los pobres, que han tenido la desgraica de perder el juicio, son acreedores à nuestra lastima, y . . . . . = Que no es esso. Lo que me hacia reìr era el vér un patio tan pequeño, y tan corto numero de jaulas; porque si se han de encerrar los locos, bien pueden encerraros à todos; y à fé, que para solo los de Madrid, apenas créo, que bastaría una casa tan grande como esta Villa. = ¿Por tan locos nos tienes, y crees, que estè tan estendida esta epidemia? = Mira, hablemos claro. Bien créo yo, que hay muchas personas cuerdas, de juicios, y entendimientos sanos; pero en general todos sois locos, y locos malignos, artificiosos, y que siempre andais procurando echar vuestra malicia à puerta agena. No por esto quiero decir, que seais freneticos, ò de aquellos locos, que solo lo son por accidente. No por cierto. Yo solo os tengo por locos de aquella especie, que produce la naturaleza ordinariamente, y de que à mi parecer està poblado todo el mundo, los quales jamás se curan, y son siempre igualmente locos. Y si no, dime: ¿No es verdad, que todos teneis vuestras manías? Esto es innegable. Unos la tomais por ir muy ricamente vestidos, haciendo consistir todo vuestro merito en un poco de tela, que solo debia serviros para decencia, y para abrigo: otros, por ir muy bien peynados: otros, por juntar mucho dinero, que de nada les sirve: otros, por gastar el suyo, y el ageno. Unos presumìs de valientes: otros de bien parecidos: otros de sabios: otros de prudentes; y otros de otro sin numero de cosas, que no tengo presentes; ¿y què es todo esto, sino una locura? ¿Y quál de vosotros está sin tener su buena porcion de este genero? Mira si tengo razon para creer, que sois faltos de juicio, y que si encerrais como locos à algunos infelices, es por persuadir, que los que no lo estàn son de otra especie. = Nos haces mucho favor, y es lastima, que no vayas pregonando por las calles lo que acabas de decirme; pues estoy seguro de que no faltaría quien te diesse las gracias. = Esso yà yo lo créo, y tambien, que me las darian de modo, que no quedasse contento; pero yo me guardarè muy bien de hacer lo que dices. Os conozco bastante para saber quánto os amargan las verdades, y que, à pesar de conocer la razon, estais tan mal con ella, y tan bien hallados con vuestros caprichos, que no podeis sufrir, que alguno se tome la licencia de hacerosla conocer. = A lo menos no puedo negar, que eres ingenuo. = Bien puedes creerlo. Nosotros no conocemos el dissimulo, y decimos las cosas del mismo modo, que las concebimos. Pero aùn me tendrias por mas ingenuo, si te hablára de otras ridiculeces, que he notado, y vosotros no debeis de conocer. Si te hablára, por exemplo, de la ridiculèz de sufrir, que vuestras mugeres lleven los pechos descubiertos, y tener un cuidado muy escrupuloso de que no se les véan los tacones. Si te expusiera mis observaciones sobre vuestras amistades, devocion, diversiones, y juegos. Entonces conocerías si los salvages tienen ojos. = Yá lo véo, y hallo, que los tienen mas perspicaces de lo que pensaba; pero, Sam, no tienes que cansarte. El descubrir vicios, y ridiculeces en nuestras costumbres, no quita, que haya mucho de uno, y otro entre vosotros. Tú miras mis defectos, y no vés los tuyos.= Hace mucho tiempo, que pienso de esse modo, y este es el punto à que queria traherte. ¿Si todos tenemos vicios, y virtudes, defectos, y ridiculeces, por què nos debemos creer tan distantes unos de otros, que os aproprieis el ser discretos, y prudentes, y à nosotros nos dejeis solamente los titulos de salvages, y barbaros? Convengamos, pues, de buena fé, en que con muy corta diferencia todos los hombres somos unos, y que si hay vicios en el centro del Canadà, no los hay menos en el de tu País. = Tienes razon.

Metatextualität

Este fuè con muy corta diferencia el Dialogo, que passó entre el citado Caballero, y el Canadiense; pues aunque varía algo en las expressiones de éste, que eran mas senciallas, no varía en la substancia. Bastante material hay en sus reflexiones, si queremos bajar el tono de nuestro orgullo, y considerar, que las mismas razones, que nosotros tenemos para tratar de barbaras las costumbres de algunas Naciones, tendrian éstas respecto de nosotros. Que un Japonès crea estár en postura mas humilde, quando està sentado, y un Européo, quando està en piè, todo esto es muy indiferente à la humanidad. Cada Nacion tiene sus ceremonias autorizadas por el uso. Las que difieren de aquellas, en que nos hemos criado, pueden causar novedad, pero no admiracion. Lo contrario es prueba de un pequeño espiritu, y de menos reflexion. Los hombres lo son en todas partes: sus corazones merecen nuestro examen; pero no sus usos, ni sus trajes, que dependiendo solamente del clima, ò de la costumbre, nada pueden quitar, ni añadir à lo essecial del hombre.

Metatextualität

Acabarè este Discurso con un fragmenteo de Carta, escrita por un Viagero, natural de Siam. En ella parece quiso hacer la descripcion del juego, que créo se llama Lanscanet, ò Sacanet; y dice assi:

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Allgemeine Erzählung

“Estos Européos dicen, que no adoran sino à un solo Dios. Ellos lo dicen; pero yo no puedo creerlo, pues à mas de las Damas, à quienes ofrecen muy humildes votos, tienen otras muchas Deidades, à las quales sacrifican, como yo lo he observado en una de sus Assamblèas, adonde me llevaron dias passados. Veíase en ella un grande Altar redondo, adornado de un tapete verde, iluminado en el medio, y circundado de muchas personas, que estaban sentadas del mismo modo que nosotros acostumbramos hacerlo en nuestros sacrificios domesticos. En el instante que entrè, uno de estos, que, segun lo que observè, debia ser el Sacrificador, estendiò sobre el Altar algunas hojas sueltas de un pequeño libro, que tenia en las manos. Sobre estas hojas estaban representadas varias figuras muy mal pintadas, que à mi parecer eran imagenes de algunas Divinidades; pues à medida, que se iban repartiendo à los circunstantes, ponian estos sobre ellas una oferta, cada uno segun su propria devocion; bien, que tambien observè, que estas ofrendas eran mucho mas considerables, que las que ordinariamente hacen en sus Templos públicos. Despues de la ceremonia, que os he dicho, el Sacrificador puso su mano tremula sobre las demás hojas de aquel libro, y se mantuvo algun tiempo como sobresaltado del temor, y casi sin accion. Todos los demás circunstantes, atentos à lo que èl hacia, quedaron igualmente suspensos, è immoviles. Empezò el Sacrificador à volver algunas hojas, y los assistentes à agitarse poco à poco, aunque con alguna diferencia. Unos, juntando las manos, y cubiertos sus rostros de alegria, daban gracias al Cielo. Otros miraban fijamente su imagen, rechinando los dientes. Estos se mordian los labios, y los dedos; y aquellos pateaban la tierra. En suma, casi todos hacian posturas, y contorsiones tan estrañas, que apenas les quedaba figura de hombres. Pero apenas el Sacrificador huvo vuelto cierta hoja, quando èl mismo entrò en furor: despedazò el libro, y lo devorò con rabia: arrojò el Altar, y maldijo el sacrificio. Yà no se oìa otra cosa sino lamentos, gemidos, gritos, è imprecaciones. Confiessoos que me quedè pasmado, y confuso. Yo no sè lo que esto sea, ni en què consista; pero à juzgar por las apariencias, no puede creer otra cosa, viendo estos hombres tan fuera de sì, y tan furiosos, sino que el Dios, que ellos adoran, es un Dios zeloso, y que para castigarlos, à causa del sacrificio, que hacen á otras Deidades, embia à cada uno de ellos algun diablo maligno, que los agite, y atormente.”

Metatextualität

Muy grosseramente se engañaba el Viagero Siamès; pero es preciso perdonarle su error, y tener compassion de su ignorancia. Estas Naciones Orientales, mal disciplinadas, è incapaces de los primores Européos, son tan barbaras, ò incultas, que, como acaba de verse, ha havido individuo de ellas, que ha tenido la dignissima, y nobilissima profession del juego por idolatría, y à los Jugadores por Idólatras.

1Grande pipa de fumar, hecha de marmol, y adornada de cabezas, y alas de pajaros de hermosos colores. Los Iroqueses la llaman Ganandoe, y los Canadienses Paogan. Es symbolo de paz, y el sello de todos los negocios de consequencia, de las empressas, y ceremonias públicas.

2Especie de festìn, en que suelen passar los Canadienses dias, y noches, dedicados à comer, baylar, y fumar.

3Pueblos de la parte occidental del Canadà.