El Pensador: Pensamiento XXV

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Pensamiento XXV

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Lettera/Lettera al direttore

Señor Pensador. Yo soy el mismo apassionado de Vm. que en la Carta XVIII. le contè alguna de las muchas pendencias, que he reñido por su causa. En este intervalo de tiempo he estado ausente de Madrid; y quando creía encontrar à mi regresso mas docilidad en mis Compatriotas, y un cierto reconocimiento à la ilustracion, que Vm. les procura, véo con sorpressa todo lo contrario. Vm. està mal, Señor Pensador: crealo assi, pues se lo assegura quien lo estima, y tiene bien examinada la materia. De las Damas hay unas que quieren arañarlo, y otras, que solo se contentan con llenar su nombre de oprobios, por no poder poner en exercicio el valor de sus uñas. Los hombres vàn por otro rumbo. Hay quien quiere matarlo à palos, y quien à pedradas; y no salta quien lo destine à suplicios mas crueles, y mas vergonzosos. Estos suelen ser en el dia los planes de operaciones de los Congressos. ¿Y se ha de estàr Vm. siempre como un lelo, susriendo sentencias, aguantando insultos, callando, y poniendose cada vez mas gordo? ¿En qué piensa Vm? Despierte del letargo: no es tiempo de venir à hacer del Heroe, del espiritu firme, ni del corazon que no conoce al miedo. No Señor: Vm. podria hallar su cuenta muy errada, y una pequeña china quizà daria con todo el edificio en tierra. ¿Ha examinado Vm. bien su conciencia? ¿Ha reconocido con proligidad sus Discursos? Y, finalmente, ¿ha observado si entre el calor del zelo patriotico han ido envueltas algunas especies, de que puedan osenderse la Patria, y los Patricios? Creo que no. Pues, amigo mio, vamos despertando. No basta creerse inocente: es preciso serlo; y yo, si no me engaño, véo poco arbitrio para que Vm. se justifique. Recorramos algunos de sus Discursos aqui en confianza, pues no es mi animo, ni tampoco regular, que Vm. dè ésta al Público; y oyga mis consejos, si no para enmienda, para noticia, y en prueba de un afecto imparcial, y sincero.

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Empezò Vm. su Obra por una Carta à las Damas, al parecer muy obsequiosa, y muy rendida. Mucho de la amable, la piadosa, y la mas bella mitad del genero humano, y luego muy poca atencion, y poquissima urbanidad al hermoso sexo; y en buen Castellano las trata Vm. de presumidas, è ignorantes; ¿y à quièn ? A las Damas de nuestro siglo. Vaya, que hay estraños caprichos, y à veces los tiene Vm. de mas de marca. Aun si huviesse Vm. hablado de las del siglo anterior, podria passar el Pensamiento à la sombra de alguna modificacion, que siempre serìa precisa. Pero tratar con tanta ossadìa à las de nuestros tiempos, que saben hablar de Griegos, y Romanos, y decir, que Cornelio Tacito suè uno de los mejores Poetas que tuvieron los Griegos, como yo mismo lo he oìdo, esto yà vè Vm. que es injusto, é indecoroso. A mas de que si las Damas no han de subir al pulpito, ni à la Cathedra: si no han de hacer Oposiciones, ni salir del Reyno con Plenipotencias, porque hay rezelos de que todo lo enredarian, ¿de què les ha de servir la instruccion, que Vm. les recomienda? ¿Para educar sus hijos, y regir los negocios domesticos? ¡Por cierto que sería entretenimiento digno de una Dama! Para lo uno hay Maestros; y en sabiendo el niño leer à saltos, y tropezones, y sormar algunos garavatos, ser bachillera, y presumida la niña, y tener ambos de memoria algunos pedazos del Cathecismo, entendiendolos como pudiera un Papagayo, catate dada la educacion. El gobierno domestico irà mal. Vaya en buena hora. ¿Quièn le ha hecho à Vm. tutor, ò curador de menores ? La sociedad padece. Valgate Dios por sociedad. Poco años hà, que ni siquiera conociamos este nombre, y ahora todo es sociedad, y vaya la sociedad, y torna la sociedad. Dejela Vm. que padezca, ò se componga del modo que pueda. Las Damas dicen, que no quieren resormarla, y que Vm. no tiene sacultades para encargarles comission tan odiosa; y dicen muy bien. Pero sobre todo, Señor Pensador, ¿dónde tenia Vm. el juicio, quando quiso persuadir à las Damas, que debian preferir las virtudes à la hermosura, y cuidar mas de los adornos del espiritu, que de los del cuerpo? Supongo que Vm. lo dirìa con pleno conocimiento de que pocas, ò ninguna adoptarian tal maxima, y assi lo hacen en general; pero esto no obsta para que si algun dia lo arañan, no sea muy justamente arañado. En el tercer Discurso empezò Vm. à vomitar veneno contra nuestras Comedias; y aun no suè esto lo peor, sino el querer hacer creer a las gentes, que aquella satyra endiablada era una Apología. Algunos tragaron la pildora; pero los demàs discurre Vm. que pusieron buena cara, y que no conocieron la supercherìa? Vm. debe de entender, que los Españoles no tienen ojos. Continuò Vm. en otros Pensamientos esta materia; y no parece sino que lo que Vm. llama amor à la verdad, y zelo del bien público , se havia convertido en persecucion contra nuestro Theatro. ¿Y es esto proceder como buen Compatriota? Podrà ser; pero yo, y otros muchos no lo entendemos assi. Vm. ha querido desahogar su bilis, y vendernos como buenos deseos su mal humor, ò su colera. A no ser assi, ¿quièn le ha dado à Vm. la comission de quitarnos la venda de los ojos? Señor,que estàn Vms. muy ciegos. En hora buena: dejenos Vm. en nuestra ceguedad, pues estamos contentos con ella. Es verdad que se necessita un estomago muy robusto para poder digerir las monstruosidades, y delirios de nuestros Dramas; pero si hasta aqui hemos vivido contentos con ellos, ¿por què quiere Vm. desacreditarlos, condenando su artificio, y nuestro gusto? Y, sobre todo, ¿quièn le mete à Vm. en tomar en boca los nombres respetables de Calderon , y Lope? ¿Què? ¿porque vè Vm. al primero pintado en la cortina del Theatro, casi haciendo su papel entre los Comicos en las Comedias de capa, y espada, y que el segundo no tiene la añadidura de un Don, siendo cosa tan trivial, y tan barata, cree Vm. que fueron hombres de poco mas, ò menos, ò Poetas adocenados, como los que tenemos por lo general en el dia? No Señor. Calderon, sin embargo de que lo vè Vm. hecho un mamarracho, y en lugar tan poco decente à su caràcter (bien que en esto parece no se repara) fuè Sacerdote, y Capellan de los Reyes Nuevos de Toledo; y Lope de Vega fuè tambien Sacerdote, y de la Orden de San Juan de Jerusalèn; y ambos fueron excelentes ingenios, bien que se acomodaron al mal gusto de su tiempo; y si, como se infiere de algunos passages de sus Discursos, conocia Vm. esto mismo, no debiò precipitarse à ofender à sus Compatriotas, nombrando à estos dos Ingenios; sino decir quanto le ocurriesse sobre las Comedias, sin hacer mencion de sus Autores, y todo huviera passado, pues la mayor parte de nuestras gentes no se detiene en delicadezas. Dejemos las Comedias por passar à los Cortejos. ¿Es possible que haya hombre de mediano juicio, tan ossado, y tan mal hallado con su quietud, que se atreva à tocar semejante assunto? Los hombres son débiles, y en la mejor ocasion suelen perder toda su prudencia. Esto le ha sucedido à Vm. No por esto debe creer que vitupero su zelo. Yo pienso igualmente, que Vm. en esta parte; y si me guarda el secreto, le diré que se ha quedado muy corto, echado una vez el pecho al agua. Y vé aqui parte de lo que me ocurre, y yo huviera dicho, si como Vm. huviera tenido vocacion de morir apedreado. Hizo Vm. una no malita pintura de los Cortejos en la Comedia, y en las visitas. ¿Pero lo dixo Vm. todo? No por cierto. Y aì es una friolera lo que se dejò Vm. en el tintero en punto de Tertulias: nada menos que los Confessonarios. Apostarè que Vm. no entiende lo que esto significa. Vm. examina, Señor Pensador, los vicios, y las ridiculeces; pero permitame decirle, que se le passa mucho por alto. Voy, pues, à explicarle lo que llaman Confessonario nuestras gentecitas. Yo no le he puesto el nombre; y assi no puedo ser responsable de la indecente aplicacion de una voz tan respetable.

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Racconto generale

Juntanse Damas, y Caballeros en una Tertulia, y à poco rato de su llegada, si no desde que entran se forman varios pareados , que, à vista de todo el concurso, se retiran à los angulos, ò parages mas retirados de la sala à estár escandalizando todo el tiempo que dura la Tertulia. A los principios solian conversar muy en secreto, y apenas podian traslucirse sus conversaciones por los gestos. Eran unos pantomimos, que à lo menos no ofendian los oídos. Ahora es al contrario, y cada día và en aumento. Yà no se hace escrupulo de que se entiendan sus conversaciones: ¡pero què conversaciones! llenas de grosserìas, è indecencias. No olvidarè jamás la consternacion, en que ví à una Señora, que por desgracia suya tuvo precision de estàr cerca de uno de estos detestables confessonarios en cierta Tertulia. Miréla encendida, inquieta, y pintada sobre su semblante una especie de agonìa, que no se puede explicar. Apartóse luego que pudo de aquel parage: acarquéme à preguntarla, si estaba indispuesta: revelóme el motivo de su desazon; y me añadiò, casi vertiendo lagrimas: “¡A què estado hemos venido à llegar! ¿En què edad vivimos? ¡Edad miserable, y siglo lleno de horrores! ¿Las mas prostituídas entre las mugeres públicas podrian tener conversaciones tan indecentes? Creolo impossible. ¿Y queremos que no nos pierdan el respeto al mismo tiempo que nosotras mismas damos motivo à que se nos trate con desprecio? Yo no he venido ayer al mundo, y sè que los corazones humanos son débiles, y se dejan dominar de las passiones. Pero este descaro me assombra. Hacer gracia del escandalo, y querer que passe por marcialidad el desenfreno, son cosas, que no alcánzo cómo pueden caber en personas, que, aun quando no tuviessen Religion, deberian tener honor, y verguenza. Yo no conozco yà las costumbres. Las Tertulias, si no todas, la mayor parte se vàn convirtiendo en b . . . . . Assi me retiro, y con sirme proposito de ne volver jamas à ellas.”
Véa Vm. en lo dicho una idéa muy ligera, y muy diminuta de los que llaman Confessonarios en las Tertulias. Acerquese Vm. à examinar esta materia, si quiere hallar cosas que lo aturdan, y material para pensar muchos años. Verá Vm. como alli se ponen públicamente espías para avisar quando entra algun marido indigesto, y como un Caballerete, que ha estando motivo de murmurar toda la noche con una Señora, se levanta al menor aviso, que le dá la guardia abanzada de haver indiscreto en campaña, y que no vuelve a mirarla mientras està de plantòn este marido poco civil. Tambien pudiera Vm. haver dicho, no solo algo, sino muchissimo, y de grandissima importancia, sobre lo que pratican los Cortejos en las Iglesias. Con haver ido un par de veces al Buen Sucesso, y à algunas otras Iglesias de esta Corte, y observado con espiritu de Christiandad los escandalos, è irreverencias, que en ellas se suelen vèr con mucha frequencia, huviera tenido sobrado motivo de llorar por largo tiempo la profanacion de los Templos. Huviera notado conversaciones familiares, y no pocas veces licenciosas: señas immodestas: trages indecentes: ninguna reverencia; y, finalmente, una prisa indecorosa, por no decir escandalosa, con que se sale de la Casa de Dios, del mismo modo que pudiera hacerse de una casa incendiada. Yà dijo Vm. en alguno de sus Discursos, que tratarìa de esta materia; pero quizà se le ha olvidado, como otras muchas, en que ha hecho igual oferta. Ahora digo yo: No puede negarse, que à un hombre, que tiene sentimientos de Religion, de honor, y de decencia, es preciso le dissuenen estos escandalos; pero tambien es cosa suerte, que sin tener mission particular, haya querido Vm. encargarse de corregir el mundo. Otros hay, que tienen esta obligacion, y que por su profession, y empléos deben zelar todo lo respectivo à las costumbres. Si lo hacen, ò no, esto no es de mi inspeccion. Lo que sí me parece mal es, que Vm. se meta en la mies agena, y que siendo un Petimetre de ala de pichon, estirado, erguido, con mucha vanidad, y muchos humos de susiciencia, se nos quiera venir à hacer papel de Missionero. Deje Vm. vivir á las gentes. Que cada uno vaya por el camino que se le antoje. Cuide de su conducta, y deje á los demás que hagan lo mismo. Acuerdese Vm. de la aventura de Don Quixote con los Yangueses, y aprenda à costa agena. Apenas deja Vm. los Cortejos , quando con solo el intervalo de una visita de locos, y un Diogenes moderno, que sin gran perjuicio de su reputacion podia haver omitido, vuelve Vm. à las Damas, con cierta Carta, que supone haverle escrito una, sobre su educacion. Hablemos claro. Damas, Comedias, y Cortejos parece son los assuntos, con que mas se ha familiarizado. Si esto es salta de idéas, pobreza de invencion, ò conocimiento de la importancia de estas materias, dexolo à que otros lo decidan. Lo cierto es, que la buena Dama en su Carta hace una consession general, à costa agena, la mas picara que pueda verse; y que la pintura, yà sea hecha por uno, ò por muchos modelos, manifiesta con bastante gracia mucha parte de los vicios dominantes entre las Damas de estos tiempos. Tambien es verdad, que yo imagino no seràn del todo inutiles los esfuerzos de Vm. en orden á instruír, y corregir à nuestras bellezas: à pesar de un cierto enojo, con que miran descubiertas sus debilidades, y caprichos, les he notado un grande placer de verse tratadas como personas de razon; y à lo que entiendo, para acabar de hacer amable à esta bella porcion del genero humano, como Vm. dice, solo saltarìa dirigir su ambicion à objetos proprios, y hacerle acabar de conocer en què consiste el verdadero merito. No hay duda alguna en que los vicios de la educacion son la plaga de las costumbres. Dije, y digo, que estas son en todo el resto de la vida lo que el modelo sobre que se han formado; y tambien, que en esto de educacion podia Vm. havernos dado muchos Pensamientos, siguiendo la materia, que en efecto es muy vasta. Por exemplo, podia, y aun debia havernos dicho algo de estas madres indulgentes, ò de buena pasta, que sentadas á una mesa de juego, miran con indolencia, que sus hijas, lejos de su lado, y aun de su vista, passen el tiempo en conversaciones secretas, y por lo menos muy ociosas, con jovenes, que seguramente no se hallan en estado de enseñarles las mejores maximas de decencia, y pudòr. Podia, y debia haver añadido los efectos que causan en una niña, que empieza la carrera de su vida, y à quien se dàn las primeras lecciones de educacion, el vèr á una madre, ò à una tia engreìdas, y ocupadas en el adorno de sus caducas personas, estudiando gestos, ensayandose en el modo de reír con gracia, haciendo de niñas, y acompañando estas ridiculeces de reflexiones llenas de hypocresía.

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Racconto generale

Vm. huviera estado muy divertido, si, como yo, huviesse logrado oír los chistes, y agudezas, que derramò sobre el assunto una Señora de esta Corte, que ciertamente, à mi entender, pudiera, no solo brillar en las mas cultas, y pulidas de Europa, sino tambien ser la admiracion, y el adorno. “Las mugeres” (decia) “tienen mil arbitrios para divertirse. Quando jovenes, las gracitas, y encantos, que lleva consigo la tierna edad, las hacen brillar por sì mismas. Passa tres veces una rebolucion de quince años: llaman à su puerta los diez lustros; y vè aqui, que si se creen sus palabras, yà para ellas han acabado las diversiones, los concursos, y toda suerte de placeres. A una vida esparcida, como la que confiessan haver tenido en sus mocedades, es justo que siga el arrepentimiento , y yà solo piensan en una conversion sincera, para aprovechar los cortos momentos de vida, que les quedan. ¿Pero despues de toda esta salutacion, y de otra caterva de palabras edificantes, creen Vms. que procuran divertirse menos? No Señores: ni por sueños. Para todo hay remedio. Es verdad que no pueden acortar los años, y que hay gentes tan curiosas, que harán una peregrinacion à Santiago por apurar la fecha de una edad; pero este es pequeño estorvo, y vè aqui cómo se suelen hacer semejantes milagros. Apenas hay alguna de estas Damas antediluvianas, ò como Vms. quieran nombrarlas, que no tenga una sobrina, ò una nieta, que por su tierna edad sea bien recibida en los Bayles, y Assambléas. Llega, pues, la esquela de convite, ò el recado para el bayle, y empieza à fruncirse mi buena vieja. Yà para mì, dice, se acabaron las diversiones: que baylen ahora estas mocitas, que andan en la maroma, que yà les llegarà su tiempo de conocer la necedad de semejantes placeres. Pero es preciso ir, aunque lo siento, porque, en fin, yo no crio à esta niña para Monja , ni quiero enterrarla en vida: es forzoso que se alegre, que ahora està en la edad de gozar del mundo; y tampoco quiero se haga ridicula , ni deje de ir adonde concurren sus iguales. Con estas, y otras semejantes gazmoñerìas, à quienes la buena sobrinita no deja de dàr todo el valor, que en sì tienen, se encaminan à la casa del bayle. Alli repite la vieja su harenga; pero à espaldas de ella, y à cuenta de las niñas, bayla, brinca, y se porta como una de ellas. Yo no sè si vendria bien aqui el proverbio de por los niños se pone la olla. Creo que sí; y si no viene al caso, hacer cuenta que no lo he dicho.
Podia, y debia Vm. haver hablado de la bondad, (si puede llamarse assi) y complacencia de ciertas madres, que en las concurrencias suelen llamar à este, ò à aquel Caballerete, que les parece, comissionandolos à que vayan à dàr conversacion à sus hijas: pues aunque esto se hace sin malicia, y solamente con el fin de que no estèn ociosas, con todo, hay en el mundo gentes tan malas, que forman juicios temerarios, y aun se atreven à decir, que estas tales madres llevan sus hijas à la feria.
Podia, y debia Vm . . . . . ; pero podia, y debia tantas cosas, que fuera largo y fastidioso el referirlas; y à mas de que yo no estoy en sus pensamientos, ni conozco sus idéas, tampoco es de mi incumbencia hacer criticas, ni quiero entrometerme en mies agena. Lo que sì quiero, y encargo à Vm. porque le estimo, es, que se vaya con mas tiento, y no se deje llevar tan à rienda suelta de el fervor de su zelo, ò de su genio. Mire Vm. amigo Pensador, que me parece està mal con su salud; y tan mal, que casi no daria por ella un ochavo. Vm. ha hallado el secreto de malquistarse con todo el universo, y esto no es seguro. Mire por sì, y creame. Las Damas chillan: los hombres rabian: las Comunidades levantan el grito sin haverles tocado: los Poetas lo persiguen à Decimas, y Sonetos: los Viageros claman por satisfaccion: los Pedantes estàn hechos unas furias: los Militares echan tacos: los Abates no se duermen; y generalmente nuestros Españoles lo tienen por enemigo declarado de la Patria. ¿Y con todo el torbellino de estas persecuciones, y de otras, que callo, y Vm. no ignora, se quiere estàr en sus trece, hecho el blanco de los apodos, las satyras, y el encono de sus Compatriotas? Despierte Vm. de el letargo: lo que Vm. tiene por firmeza de animo, puede muy bien ser tenacidad, y acaso confunde Vm. la virtud con el vicio. ¿Hay cosa mas dura, ni mas insufrible, que querer que los hombres abran los ojos à pesar suyo? ¿Gustarìa Vm. de que fuessen à dispertarlo, quando està en un sueño profundo? ¿Por què, pues, todo este conato? Deje vivir à las gentes. ¿Son malas las Comedias? El Pueblo está contento con ellas; y si no saca enseñanza, à lo menos se entretiene tres horas, y halla con que radicar su natural orgullo, su grosserìa, y sus falsas idéas. ¿La conducta de las mugeres no es la mas decente, hablando en general, ni la mas cuerda ? Sus maridas tienen: allá se las avengan. Si ellos estàn contentos, ¿por què Vm. no lo ha de estàr? El genio de Vm. es maligno, demasiado corazòn, y bellaco: los demàs suelen tener buena pasta: dejelos, pues, en su buena fé: no turbe la tranquilidad de las familias, ni venga á derramar zizaña en medio de la paz. Vm. no ha de heredar ningun Mayorazgo: no se cuide de quienes sean los herederos. ¿Es mala la educacion? Enhorabuena: sealo. ¿Y quál quiere Vm. que dèn à sus hijos los padres, que no la han tenido mejor? Vm. no ha de ser responsable; y tambien es cosa suerte, que una educacion, que ha sido, ò parecido buena en tantos siglos, sea mala ahora de repente, solo porque à Vm. se le antoje. Es verdad que algo se ha variado en el siglo presente, y que las niñas, que en el anterior no se huvieran atrevido à mirar à un hombre à la cara, le dicen hoy, con muchissima elegancia, y desenfado, mas bachillerìas, que pudiera una abuela preciada de critica; pero esto conduce para la sociedad, que no pudiera sostenerse con mudas, ni gazmoñas; y Vm. que tanto clama por ella, no debe tenerlo à mal.Del mismo modo pudiera ir convenciendo á Vm. sobre otros muchos articulos de sus Pensamientos; pero me hago cargo, que serìa demasiado para Carta. Assi la concluirè, pidiendo á Vm. tome mi consejo; pues la experiencia le hará vèr, que es muy sano. No quiero que deje de escribir, pues conozco que esta es su manìa; pero quiero que lo haga con cautela, y cordura. Yo acudo muchas veces à casa de su Librero. Deseo que tengamos una conferencia, para prevenirle varios assuntos, de que Vm. no me ha de tratar por motivo alguno, si quiere dormir descansado, y vivir tranquilo. Es verdad, que si assi lo hiciere, serà un hombre vil, traydor á la verdad, y á su Patria. Pero si le doy los medios de que le dejen sossegar, ¿què mas quiere?A Dios, hasta otro dia, que me dè gana de escribir. Procúre Vm. comer caliente, beber frio, y dejar rodar la maquina. Dios guarde, &c. C. G. J.
N.Una Dama, recien llegada á la Corte, y que se prepara para presentarse con todos los adornos, diges, y embelecos, que previene el ultimo reglamento, solicìta saber la significacion, ò la virtud de ciertos parches de terciopelo negro, que se ponen sus iguales en las llenes. Yà se deja conocer la importancia de esta curiosidad. Pidese la explicacion, y se espera con ansia.