El Pensador: Pensamiento XVIII

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Pensamiento XVIII

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Letter/Letter to the editor

Señor Pensador. No tiene remedio: El Mundo ha sido siempre ingrato, y lo queda continuando. Siempre ha perseguido à sus reformadores; y contento con sus ridiculeces, y extravagancias, ha mirado con horror à qualquiera, que ha procurado quitarle las manchas, que lo afean, y que èl cree lunares, que sirven à su adorno. Nada es mas natural à la corrupcion humana, que esta práctica. El vicio ha tenido, y conserva tantos partidarios, que nadie se ha atrevido à levantar el estandarte de la razon, para oponerse à las correrías, y ruinas, que ocasiona en la sociedad, sin experimentar las iras, y el encono de todos sus parciales. Basta de Prologo, que no me gustan largos, aunque sean como el de Vm. y vámos al caso.

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Yo me divierto (Señor Pensador) en andar rodando por los rincones de algunas Tertulias, y en ellas he oìdo con bastante impaciencia, y sentimiento mio, mil dicterios contra Vm. Unos dicen, que es Vm. muy mozo para Socrates: otros, que es demasiado Petimetre para Diogenes: estos, que habla mucho para pensar tanto, y aquellos, que gusta mucho de las diversiones para sostener el dificil empeño de reforma, que ha emprendido. Crea Vm. que al oìr tantas tachas, que hasta ahora no tienen mas fundamento, que la voluntariedad, se altera la colera, y se encrespa la irascible de qualquiera, que mira con imparcialidad la aplicacion de Vm. y sus loables deseos de contribuír con sus tarèas al beneficio de su Patria, promoviendo la policìa, y cultura, de que tanto necessitamos. Pero como un partidario ciego, aunque de justo enojo, no puede ser muy útil à su partido, yo, que serè siempre del de Vm. trago saliva en semejantes casos: procuro dissimular mi inclinacion, y mi enfado; y mezclandome como espìa perdìda en los mordaces corrillos, indágo el verdadero motivo de tanto encono; y gracias à su excessivo resentimiento, mas que à mi habilidad, he dado en el hito de sus quejas, y descubierto la causa principal de sus iras. ¿Y quál le parece à Vm. que sea esta? ¿Cree Vm. que le tachan el haver adoptado las dos Cartas de los Visitadores Generales, en que descubren muchos cuerdos, que passan por locos, y muchos desatinados, que passan por cuerdos? Pues no es esso. ¿Juzga que sea por haver desenterrado las venerables cenizas de los famosos padrastos del Theatro Español Vega, y Calderon, haciendo que se conozcan sus disparates? Tampoco. ¿Entiende Vm. que sea por havernos dado una idèa, que los mas no teniamos de lo que es, ò debe ser la Tragedia, la Comedia, y la Opera? Pues ni esso es tampoco. No cansemos mas con digressiones. De nada de esto se embaraza el público. Lo que solo siente es, que Vm. le toque à las niñas de sus ojos, ò, por decirlo mejor, à las niñas, en que tiene puestos sus ojos. Bueno es que hagan ellas quanto cabe en el arte, y algo mas, para su adorno, para su asseo, y para parecernos bien, aun à despecho de la misma naturaleza, y que luego, sin consideracion, y sin que este afan les sirva de merito, ni de disculpa, se venga Vm. con sus manos lavadas, y su bien cortada pluma à pintarnos al natural la afectacion de sus modas, la ligereza, y frivolidad de sus conversaciones, la impolitica de sus visitas, y lo mal parecido de sus Cortejos. Vè aqui, pues, la piedra del escandalo. ¿Y no quiere Vm. que lluevan dicterios, injurias, y blasfemias contra Vm., sus Pensamientos, y modo de pensar? No amigo: esto no puede ser, ò dejar de escribir Pensamientos, que seguramente no pueden saber à anises, ò hacer espalda para recibir latigazos, burlas, y quemazones.

General account

Testigo fuì en una Tertulia de lo mal parado, que saliò cierto Caballero por haverse atrevido à decir, que en la realidad, y miradas las cosas sin preocupacion, Vm. no decia mas que la verdad, ni hacia otra cosa, que fijarnos la vista en las mismas cosas, que vémos diariamente, y por las quales nos hace passar sin reflexion la costumbre; y si otro, que me pareciò ser su compañero, no huviera tomado el montante, y assegurado, que su camarada havia querido decir otra cosa muy diferente de la que las Señoras havian entendido, sabe Dios cómo huviera salido de la sala nuestro Atleta, y si le huvieran quedado ganas de contarlo por gracia. Con efecto, se calmò el furor semenìl: concedióse suspension de armas, ò cessacion de hostilidades mientras se explicaba proposicion tan escandalosa; y el mediador entonces, imponiendo silencio, dijo assi:

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“Señoras: Quando mi compañero dixo, que el Pensador no se engañaba en sus Discursos sobre modas, y Cortejos, y sobre la poca atencion, y ninguna pulidèz, que reyna en las conversaciones de Vms. &c. creyò satyrizar à los hombres, y no à las Señoras en modo alguno. Reflexionen Vms. un poco, y hallarán pruebas claras de esta verdad; y si no, veamos quièn subministra à Vms. los medios para mantener sus defectos, y quièn los fomenta desde el principio. Las Señoras gastan superfluamente en modas, fausto, y vanidades. Es verdad; ¿pero serà suya toda la culpa? No por cierto: los hombres tienen la mayor parte.

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Heteroportrait

El padre, que desde que nace su hija, procura que vaya muy entallada, y engreìda, y que apenas empieza à tener conocimiento la niña, le inspira, ò permite que otros le inspiren sentimientos de vanidad, y de orgullo, y que se le instruya en los modos, y medios de agradar, y cautivar à los hombres, como si fuesse el ultimo, y principal fin de su sexo; este padre, digo, es el primer delinquente en la mala conducta de su hija, y todos los desordenes de su vida deben correr por su cuenta. El la ha dirigido por un camino lleno de precipicios, quando sus pies débiles, y tiernos apenas podian formar passos inciertos: èl la ha alimentado con maximas erradas, y nocivas: jamás se borrarán estas impressiones: el arbol crecerà, y se mantendrà torcido; y la culpa no podrà recaer sobre la planta, sino sobre la malignidad, ò la ignorancia del jardinero.

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Heteroportrait

Porque su muger no vaya menos bien prendida que otra, se empeña un marido despues de haver gastado su hacienda para mantenerle el Peluquero, la Batera con exercicio continuo, la modista, &c. ¿Tiene toda la culpa la muger? De ningun modo. Por mas que ella guste de engalanarse, y de brillar, toda su inclinacion, y sus esfuerzos para ponerla en práctica serìan inutiles, si un marido cuerdo reglasse su conducta, y sus galas; y contentandose con que su muger midiesse su decencia por sus facultades, y su classe, hiciesse entender, con el tono conveniente, à Madama, que no debe procurar agradar à otro, que à su marido, ni gastar adornos, que, lejos de hacerla mas estimable, solo conducen à excitar fundadas sospechas de su juicio.
Es verdad, que una Dama reduce su conversacion à puras bagatelas: que las materias, que en ella se controvierten, son sumamente frivolas: que éstas se acompañan con tales dengues, y puerilidades, que no pueden verse, ni oírse sin enfado, y que en esto de modestia, dignidad, y pudor hay, segun dice el Pensador, muchos trabajos. Pero yo apuesto qualquier cosa à que no le ha passado por el pensamiento hacer à Vms. causa primera, ò principal de estos defectos. Un hombre, que piensa, y observa, no puede dejar de haver conocido de dónde se originan. Assi es, y no hay que dudarlo. El manantial de estos vicios està un poco mas lejos.

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Heteroportrait

Un Cortejo se vè precisado à mantener à Vms. diez, ò doce horas de conversacion cada dia: este es ordinariamente hombre sin instruccion, y sin cultura, y por lo mismo solo puede hablarlas de si estàn, ò no bien peynadas: de si el lunar estarà mejor compitiendo con el negro de las pestañas, ò dilatando el diámetro de la boca; y de otras semejantes frioleras, con que entretienen el tiempo, logrando por este medio no haver hablado una palabra despues de un año de conversacion; y vè aqui una causa.
Para Vms. estàn cerradas las buenas, ò malas Escuelas, que tenemos; y los pocos Libros utiles, y agradables Escritos en el idioma patrio, ni llegan à sus manos, ni aun su noticia. De las lenguas estrangeras es muy rara la Señora que sabe alguna: regularmente se enseñan estas mal, y se aprenden peor; y à mas de esto hay madres tan preocupadas contra este talento; y que miran con tanto horror el que sus hijas aprendan un idioma estraño, como si en cada sylaba de èl huviesse un pacto implicito con el diablo, y en cada letra una apostasìa de la Religion. Yo conozco una madre tan caprichuda, y temosa en este particular, que ni han bastado razones, ni experiencias para que permitiesse à sus hijas aprender el Francès, en el craso error de que los libros Franceses son escuela de indecencias, y de vicios. Pero para que se vèa la inconsequencia del corazon humano, y la fuerza de la preocupacion, esta misma madre permite, y se complace en que sus hijas lean las Novelas de Doña Maria de Zayas, y otras semejantes obras, escritas sin gusto, ni delicadeza, y en que las passiones se vèn pintadas con colores tan grosseros, que apenas pueden leerse sin que se ofenda el pudor; y este capricho de los padres es causa de la falta de instruccion, en que Vms. no tienen la mas leve culpa. Vms. suelen hacer alarde de un cierto ayre de inconstancia, de ligereza, de poco juicio, y en una palabra, de lo que los Franceses llaman coqueterie, y à que nosotros no hemos dado todavia nombre; y vè aqui una cosa, en que à la primera vista no parece pueden tener Vms. disculpa. Sin embargo la hay, y Vms. tienen mil razones sólidas en su abono. Todas Vms. desean establecerse, como que à esto estàn reducidos sus grados, empléos, y ascensos. Para esto es preciso agradar à los hombres; y ellos son tales, y tanta su corrupcion, que miran la modestia, la virtud, la decencia, la discrecion, y el pudor como trastos inutiles, enfadosos, y tan antiguos como el Cid. Las Señoras, que posseen estas prendas, no son de moda: las tratan de beatas, y de hypocritas, y no tienen que esperar hacer fortuna con el comun de los hombres. Vms. vèn, que para ser estimadas necessitan tener mucho ayre de taco, traher à lo menos media docena de hombres, como suelen decir, al retortero: decir à este un secretito, hacer un gesto al otro, sentar à aquel bajo del tontillo, tratar generalmente à todos con desenfado, andar à la Prusiana; y en fin, olvidar toda idèa de decencia en su trato. ¿Què han de hacer Vms. sino seguir la moda, y acomodarse al capricho de los hombres? Nosotros somos barbaros, y viciosos. ¿Pueden Vms. imaginar, que nos agrade la virtud, y la discrecion? Si apuramos la paciencia de Vms. con sospechas frivolas, con maliciosas desconfianzas, y otras mil impertinencias, ¿cómo han de tener el animo tranquilo, y jovial para recibir una visita indiferente? Si despreciamos, ò no hacemos caso de la muger modesta, y discreta, ò es preciso que ésta tome su partido reduciendose à entrar en un Convento, ò que para establecerse, y comerciar en el Mundo aprenda à ser desenvuelta, y bachillera. Finalmente, no hay mas sino ir examinando el origen de los desaciertos, y ridiculeces de las Damas, y se encontrará ser los hombres la causa primitiva. Es verdad que Vms. son las que dán el tono en la sociedad, y las que pueden pulir una Nacion, como dice el Pensador; pero éste, à mi entender, supone dos cosas: la instruccion, que ordinariamente viene de los hombres, y cierta sensibilidad delicada, y respetuosa en los hombres mismos. Si Vms. no están instruídas, el tono que quieran dár serà falso: si los hombres son grosseros, inutil. La recíproca inclinacion de los dos sexos, que forma los unicos, y mas estrechos lazos de la humanidad, me parece igual; pero desiguales sus consequencias. El hombre busca en la muger el placer, y la sociedad: la muger halla en el hombre el placer, la sociedad, la defensa, y los medios de existir; y es constante, que si aquel no equilibra con el respeto, y la sumission la desigualdad, caerá de esta parte la balanza.

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Heteroportrait

Vè aqui cómo mi compañero entiende los Discursos del Pensador, y cómo yo créo que deben entenderse, particularmente quando trata de los defectos de las Damas. No las justifica; pero tampoco les dá toda la culpa. ¿Pero por què assi como trata de sus defectos, (dirán Vms.) no habla tambien de sus virtudes? No hay cosa mas clara, ni mas natural, que la respuesta: porque el oficio que ha tomado es de reformador, y las virtudes jamás han estado sujetas à reforma. Este es en efecto el unico motivo: criticarlo vendria à ser lo mismo, que capitular à un Medico, porque solo trata de curar enfermedades. Yo he oìdo hablar al Pensador sobre este assunto, y sè que son estas sus idèas. Por lo mismo jamás habla con el todo. Sabe que hay muchas Damas muy virtuosas, prudentes, y llenas de verdadera discrecion: à éstas las venera, y estima, y nunca tomaría la pluma, sino para darles las alabanzas de que son dignas. Yo sè que su caracter es de amar, y desear lo justo; y desde luego, para que Vms. queden mas satisfechas, le escribirè, à fin de que ataque los vicios en su raíz, y piense sobre la educacion de los hombres, como que de ella se origina toda la corrupcion de la sociedad. Por lo menos, interin trate de ella, dejarà à Vms. en paz; y tela tiene cortada para bastante tiempo, si ha de decir algo de lo mucho que hay que corregir en el assunto. Yo le harè vèr, que esto es lo que mas importa: que por aqui debe empezar la reforma, y que tenga por seguro, que desde el instante en que los hombres se hallen en estado de que las Damas les puedan agradar, y grangear su estimacion con la moderacion en sus trages, la modestia en su porte, la consequencia en su trato, la solidèz en sus conversaciones, y el juicio en todo, seràn Vms. las delicias de la sociedad, el mejor ornamento de la naturaleza, y el objeto de nuestra admiracion, y respeto, como lo han sido siempre en todos los Paìses, donde ha reynado la virtud.”
Esta harenga tuvo todo el efecto, que yo deseaba, y que produce siempre la verdad. Calmò sus iras el hermoso congresso; y viendo la guerra en Paìs ageno, huvo alguna tan ingenua, que me confessó llanamente, aunque al oìdo, que todas sus extravagancias eran efecto de la tyranía, y del capricho de su Cortejo.

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Dialogue

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Selfportrait

“¿Què quiere Vm. que hagamos las mugeres? (me decia con un candor inimitable) Nuestra constitucion merece mas bien la compassion, que el desprecio. ¡Pobres de nosotras! Sujetas casi siempre à la tyranìa de los hombres, no tenemos mas guia, que su exemplo, ni mas voluntad, que sus caprichos. Ellos nos entretienen con novedades, y conversaciones frivolas, como si nuestras almas fuessen incapaces de elevarse à objetos de otra esfera; y nosotras, que por falta de instruccion no podemos hacer de nuestro fondo el gasto de una conversacion útil, passamos por estas limpiezas, casi sin conocerlas. Es verdad, que empleamos mucho tiempo en un adorno demasiadamente afectado; ¿pero el usarlo nosotras no es prueba evidente de que gusta à los hombres? Si maldecimos, no hacemos mas que imitarlos. Si somos inconstantes, ellos nos dán el exemplo, y ordinariamente muchos motivos de serlo. ¿Cómo hemos de ser sinceras con hombres llenos de artificio, ni què acogida hallarían el pudor, y la modestia en los que no tienen idèas de virtud, ni de decencia? Nuestros padres tratan con descuido nuestra educacion en la infancia: nuestras madres contribuyen à que hagamos un gruesso caudal de vanidad, y coqueteria en la juventud: nuestros maridos, y nuestros Cortejos perfeccionan la obra. Aquellos nos tratan como muebles, que solo sirven de perspectiva, y casi sin vernos, ni oírnos; y estos nos llenan las cabezas de ayre, nos lisonjean, y adulan: nos sirven con humildad, y nos contemplan con rendimiento, hasta que posseen nuestro corazon. Quando están seguros de su conquista, dejan el disfràz, desaparece la sumission, y nos tratan brutalmente con vilipendio. Entonces conocemos todo el peso de nuestro yerro; ¿pero què importa, si es tarde? Tenganos Vm. lastima. ¡Ah! ¡y què distintas seriamos, si los hombres no fueran como son! ¡Què de pesares nos ahorrariamos, si no se huviera introducido la moda de Cortejos.”
Apenas pudo la buena Señora articular las ultimas palabras, que le interrumpia el llanto. Pareciòme buena disposicion para una verdadera enmienda esta sinceridad, y procurè aprovechar la ocasion. Vèa Vm. le dixe, como tiene razon esse Caballero. ¿Apostemos algo à que adivino, sin conocerlo, el carácter de su tyrano? Sin duda esse es algun mozalvete, preciado de persona, de buen mozo, y de discreto, que por alguna casualidad de aquellas, que llamamos fortuna, se halla metido à Señorito, introducido entre las gentes, y dislocado de su esfera. Si esto es assi, como lo creo, no hay que estrañar su grosserìa, ni demàs calidades depravadas. La suerte solo transporta los sugetos; pero estos llevan consigo à todas partes los resabios, la presumpcion, la ignorancia, y demàs consequencias de su infelìz educacion; y colocados en una esfera estraña, les sucede lo que al Asno, que vestido con la piel del Leon, infundia miedo, hasta que por descuido descubriò las orejas. Muy rendidos al principio para lograr la confianza; y la distincion de la Dama, à quien persiguen por vanidad muchas veces, y pocas por cariño, apenas la adquieren, quando se les cae la mascarilla, y se vèn como ellos son. Se acaba el respeto, el obsequio, y el rendimiento, que fingian, y queda la aspereza, la altivèz, y la incivilidad de sus modales à cara descubierta. ¡Pobres mugeres! ¿Y què no tienen que sufrir quando conocen el error de su eleccion en un marido, y los efectos de su debilidad en un Cortejo? Su natural sensibilidad, y su buena fé les sirven de guia; y su docilidad las obliga á gemir, sin esperanza de remedio, y à arrastrar una cadena, que casi no puede romperse sin milagro. Preguntéla, si era esto lo mismo que passaba; y yà fuesse la fuerza de la verdad, ò su buena disposicion, me confessó con sinceridad, que la havia leìdo el alma, y adivinado todas las señas de su tyrano.
Tratamos largamente de esta materia, porque en efecto me compadeciò vèr una Dama de mas que medianas luces, y de bellissima indole, à quien havia arrastrado la fuerza del exemplo, y que solo necessitaba de ilustracion para abandonar las simplezas, y extravagancias, en que havia incurrido. Dila los consejos, que me parecieron mas del caso; y si, como me persuado, y me prometiò, los ha seguido, esta es la hora, en que està totalmente convertida.
Pero como ni es mi animo, ni mi carácter apropiarme el lauro ageno, y este, en que fuì mero instrumento, se le debe à Vm. por entero, he querido ponerlo en su noticia, y suplicarle de passo, que continúe su systéma de reforma, sin hacer caso de los dicterios de la embidia, ni de las oposiciones del vicio. Estè Vm. persuadido de que sus Pensamientos, bien que generalmente se tomen por diversion, no dejan de sacar algun fruto. Los Cortejos andan yà medio corridos. No dejan todavia sus expediciones; pero quando estàn mas engolfados, no falta alguna buena alma, que con voz baja, aunque bastante perceptible, excláme: ¡Què lastima que no estè aqui el Pensador! Esto se oye, y, tomenlo como quieran, no deja de contener al mas descarado. Las Damas quieren instruìrse, y se quejan de que Vm. no ha proseguido el segundo Pensamiento, que trata de su instruccion, y formadoles, como ofreciò, su Librerìa. He hablado estos dias en la Comedia con varias personas, que antes idolatraban indistintamente quantos delirios se representaban, y yà oygo, con mucho placer mio, hacer criticas medianamente sanas, y juiciosas, fundadas en los pocos principios, que Vm. expuso en su noveno Discurso. Pero sobre todo sepa Vm. y dése el parabien de que hay algunas Señoras, que haviendo sido hasta aqui madrastas de sus hijos, estàn resueltas à ser madres en adelante; y que en mas de una casa se han cerrado las puertas à la maledicencia. Continúe Vm., pues, su labor; y yà que tiene la fortuna de haver tomado la pluma en un tiempo, en que se permite pensar, aproveche esta dicha à beneficio de sus compatriotas: amplíe, y pula lo que yo solamente bosquejo en esta Carta; y creame siempre su fino amigo, y apassionado J. N.

Metatextuality

Havia pensado no bolver à tocar la materia de Comedias hasta tratarla con la extension que se merece. Pero à vista de lo que se representa estos dias, no puedo contener la pluma.

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En el Coliséo de la Cruz se representa la Fè de Abrahàn, y Sacrificio de Isaac. Es una de aquellas piezas disformes, y monstruosas, que vemos con frequencia. En el del Principe se representa una farsa intitulada: Los tres prodigios del mundo en tres edades distintas, y origen Carmelitano, farrago el mas desatinado, que creo se haya visto jamàs sobre las tablas. La accion dura mas de dos mil años. Cada Jornada ha querido ser una Comedia; pero en ninguna lo logra. Frayles por arriba, y por abajo: predicacion de Elìas: Nacimiento del Hijo de Dios: Degollacion del Bautista; y Fundacion hecha por San Simòn Stock, vè aqui la materia. Forma, no hay que buscarla: impropriedades, y delirios sì, à montones. El que es Elìas en la primera Jornada, se convierte en baylarìn, que vestido à la Hebréa, danza à la Francesa la Bretaña, y el Minuet en la segunda; y este baylarìn se transforma en San Simòn Stock en la tercera. Los Angeles vàn baratos: creo haver contado hasta siete. Hay aparicion de la Virgen. El Diablo hace tambien su papel. Pero sobre todo se vè un Donado, muy frio bufon, y muy resvaladizo en punto de tentaciones, que se entretiene en faltar por encima de una Dama: que convida à San Simòn para ir à la taberna: que atropella al Santo, al Rey, y à toda la Comitiva; y que finalmente se hunde por un escotillon, y buelve del Infierno con un poco de estopa encendida pegada al Habito. Esto se representa, quando tenemos nuestra Corte llena de Estrangeros. ¡Què verguenza para la Nacion!