El Filosofo à la Moda: Número VIII

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Número 8

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Leccion XV

A las Salamandras Humanas.

Zitat/Motto

Cervi luporum præda rapacium,
Sectamur ultro, quos opimus
Fallere & effugere est triumphus.

Hor. Lib. IV. od. IV.

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Metatextualität

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Fremdportrait

Hay una especie de mugeres, que distinguiré con el nombre de Salamandras. Estas son Heroínas de castidad que caminan sobre las asquas, y van en medio de las llamas sin recibir la menor lesion. Una Salamandra no hace diferencia de sexôs; se familiariza inmediatamente con Estrangero, ni tiene el corazon tan vil, que la obligue á exâminar si la persona con quien trata lleva faldas ó calzones. Recibe las visitas de un Caballero estando todavía en cama; juega con él á las damas, ó á los cientos toda una tarde; en tiempo de verano pasea con él en el Prado desde las ocho á las once de la noche al reflexo de la Luna, y con mas satisfaccion si las Estrelleas solas son testigos de sus conversaciones; y se escandaliza mucho que un Marido sea tan irracional, ó un Padre tan cruel, que quiera prohibir al bello sexô una libertad tan inocente.
Por esta razon declama fuertemente, y de continuo contra los zelos; aplaude la buena educacion Francesa; y habla con ardor á favor de la marcialidad, de los tratos libres, y desenvueltos. En suma la Salamandra vive en el estado de una simplicidad é inocencia inalterable. Se halla adornada de un cierto frio natural, que la constituye incorruptible. Se admira al oir hablar de tentaciones, y no teme los acometimientos de todo el género humano. Su castidad está siempre expuesta á las pruebas del fuego, y á imitacion de la buena Reyna Ema; la pobrecita inocente con los ojos vendados, pasea continuamente sobre las brasas, sin experimentar calor siquiera.
Yo no dirijo esta Leccion á las Salamandras sean casadas, ó no lo sean; debe servir solamente para aquellas del bello sexô, que son compuestas de carne, hueso y sangre, y que se creen sujetas á la fragilidad de la naturaleza humana. A éstas me vuelvo, y con mucha seriedad las exôrto á arreglarse de otro modo, y á alexarse con todo su esfuerzo de lo que la Escritura llama tentaciones, y la moral ocasiones. Si supiesen quántos millares de su sexô han pasado poco á poco de estas inocentes libertades al deshonor y á la infamia, y quántos millones del nuestro, despues de haber empezado con las adulaciones, con las protestas, y con las señales de ternura, han terminado con impropérios, perjurios y perfidia: si supiesen, digo, todo esto, huirían como de la muerte los primeros pasos de aquel que las podría llevar á los intrincados laberintos de la culpa y de la miseria. Seame aquí permitido abandonar la causa de los hombres, y advertir á las mugeres la siguiente sentencia de un célebre Poeta cómico, puesta en boca de uno de sus Heroes:
Las mugeres deben estar alerta contra los hombres, que de su naturaleza son todos pérfidos, disimuladores, falsos, crueles é inconstantes. Quando un hombre se llega, y os habla de amor, no os fies de él sino teneis buenas seguridades; mas si jura, seguramente os engaña.
Pudiera facilmente extenderme, sobre este particular, pero me ceñiré á referir una Historia verdadera, que ha pocos años que sucedió, y me la contó un Capitan de estos Reynos hombre de verdad y dígno de toda fé; nos suministrará un infelíz exemplo del peligro á que se expone una muger, quando se familiariza demasiado con un hombre; dicha Historia es la que sigue.

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Allgemeine Erzählung

Un Caballero natural de Castilla la vieja de grande prudencia y de conducta grave y séria á los cincuenta años de su edad determinó casarse. Para no tener motivo de arrepentirse de su eleccion, y para pasar lo restante de sus dias con alguna dulzura, escogió una Jóven, que no tenía mas mérito que la hermosura, y una buena educacion. Casó con ella, y despues de haber experimentado por algun tiempo aquella tranquilidad y agradables satisfacciones, que proceden del nudo conyugal, se vió precisado á pasar á Napoles, donde poseía la mayor parte de sus bienes. Su Muger que le amaba extremadamente, no le quiso dexar ir solo, y determinó acompañarle en el viage. Se fueron á Barcelona, en donde se embarcaron, y desplegadas las velas con un viento favorable, habian navegado poco mas de cincuenta leguas, quando un Xabeque Argelino los acometió, rindió el Baxél, y todos los que iban en él quedaron esclavos. En este no esperado infortunio, nuestro Caballero y su Esposa tuvieron el consuelo de servir á un mismo amo, quien viendo el recíproco cariño que se tenian, y su impaciencia de redimirse, pidió por su rescate una suma exôrbitante. Si el Castellano se hubiese hallado solo, hubiera mas bien querido morir en la esclavitud, que pagar aquella suma, que casi le reducía á pedir limosna; pero tubo tanta compasion de su Muger, que envió poder, y repetidas órdenes á España á uno de sus mas próxîmos parientes, para que vendiese sus bienes, y le remitiese prontamente el importe. El Pariente lisonjeandose por una parte, que con el tiempo se disminuiría la suma pedida, y por otra no teniendo ganas de enagenar unos bienes, que esperaba heredar algun dia, fue dilatando el asunto de modo, que pasaron tres años enteros, sin haber hecho la menor diligencia de venderlos.
En este intermedio sucedió, que un Francés renegado fue á vivir al mismo parage donde el Caballero y su Muger se hallaban prisioneros. Era hombre muy vivo y perspicáz, que freqüentemente los entretenía contandoles sus aventuras, y añadiendo siempre algun chiste, para divertirlos, y además, el conocimiento que él tenía de todas las costumbres de los Argelinos, le franqueaba ocasion de hacerles muchos favores. Un dia que el Castellano hablaba con él amigablemente, le descubrió el mal proceder de su pariente, y le pidió consejo en el asunto, añadiendo que el sacar la suma pedida para su rescate, tenía visos de imposible, si no iba personalmente á vender sus bienes. El Renegado le respondió inmediatamente, que el Argelino su amo no consentiría jamás en dexarle ir con tal pretexto; le sugirió luego el expediente de huír vestido de marinero. El intento no se malogró, y el Castellano huyó, y despues de haber vendido las casas y heredades que poseía, no quiso confiar su dinero á nadie, temiendo otra desgracia; pero resolvió perecer mas bien, que dexar en la Esclavitud á su Esposa, á quien quería mas que á su propia vida; por lo que se embarcó de nuevo en una pequeña Nave destinada para Argél. Es imposible expresar el gozo que experimentaba, pensando que bien pronto volvería á ver al amable objeto de su cariño, y que éste redoblaría el amor ácia él, en consideracion de la extradordinaria generosidad que iba á practicar.
Durante su ausencia el Renegado se habia grangeado tan buen lugar en el corazon de la Dama, y la habia sabido divertir y adular de modo, que llegó á formar de él el mejor concepto y á considerarle como el mas atento, agraciado, y tambien el mas hermoso de todos los hombres que hasta entonces habia conocido. En suma se determinó á no considerar mas al pobre Caballero, que como á un débil viejo, indigo de poseerla. El Renegado la habia instruído como se debía manejar á la vuelta de su Esposo; esto es, que despues de haberle recibido con todas las demostraciones del cariño mas tierno, y de un sincerísimo reconocimiento, le persuadiese á poner en manos de su amigo el Renegado, el dinero del rescate, báxo el pretexto de que él solicitaría la rebaxa de alguna porcion, lo que acaso lograría con mas facilidad, que ningun otro. Ella lo executó todo con exâctitud y energía, y el bueno del hombre admirando su prudencia, adhirió al iniqüo consejo.

Metatextualität

Quisiera poder ocultar lo que resta de esta historia para refrenar las lágrimas de mis ojos, que van inundando el papel donde escribo, y para evitar á los compasivos, que lo leyeren esta Leccion, la opresion de su corazon; pero ya que he llegado á este punto, me conviene terminarla, y lo haré con toda brevedad.

Allgemeine Erzählung

La siguiente mañana despertó el castellano muy tarde, sin duda por algun opio, que se le dió en la cena, para conciliarle el sueño; no hallando á su Muger, se levantó, la llamó y buscó inutilmente, pues le dixeron que al amanecer la habian visto con el Renegado. Este malvado habia tomado sus medidas con tanta exâctitud, que prontamente se halló con su manceba, y con el dinero fuera de los confines de Argél. El infelíz Marido quedó en la esclavitud, expuesto al furor de un amo cruel, que echandole en cara su huída, y atribuyendole la fuga de su Muger, le hizo experimentar todos aquellos malos tratamientos que saben sugerir la rabia y la barbárie. Oprimido de tantos males, no pudiendo olvidar la perfida de su ingratísima Muger, se rindió al grave peso de tantos males, y en poco tiempo acabó sus dias.

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Leccion XVI

A las Personas Castas.

Zitat/Motto

 . . . . . Odora canum vis.

Virg. Eneid. IV. 132.

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Allgemeine Erzählung

Se imprimió, no sé en qué Ciudad, una Biblia, en la que los Impresores dexaron pasar un error muy grosero: en lugar de estas palabras, non adulterabis: tú no cometerás adulterio: imprimieron algunos miles de exemplares donde se leía, adulterabis: tú cometerás adulterio. Aunque tarde enmendaron el error lo mejor que se pudo, y los correctores de la Imprenta fueron castigados.
Si debiéramos juzgar de la depravacion que hoy dia reyna, nos veríamos obligados á creer, que una grande porcion de la moderna juventud disoluta de uno y otro sexô, ha leído esta ediccion [sic] corrompida del sagrado Texto, pues observa con todo rigor el precepto tal qual se halla mal impreso en ella, por la omision de la partícula negativa.
En los primeros siglos de la Iglesia se excomulgaban perpetuamente los adúlteros, y se les hacía incapáces de volverse á hallar en las juntas religiosas de los demás christianos, no obstante que pidiesen perdón con lágrimas, quando su penitencia no se reconocía mas que sin síncera.

Metatextualität

Pudiera traer aquí muchas Leyes de las Naciones gentílicas, que castigaban el adulterio con el último suplicio, y añadir otras que todavía subsisten en estos tiempos. Pero como una materia de esta cláse es muy séria para la mayor parte de mis Lectores, que arrojan prontamente las Lecciones, si no las hallan animadas con alguna cosa agradable ó extraordinaria, quiero publicar un pequeño manuscrito, que me ha venido no ha muchos dias á las manos, que si se le debe creer, es muy antiguo, aunque por ciertas fráses modernas, y por particularidades que se observan en él, no creería mas bien obra de algun Sofísta moderno.
Todos los Literatos saben que antiguamente habia en el monte Etna un templo dedicado á Vulcano y custodiado de unos perros que tenian un olfato tan fino, que podían conocer si las personas eran castas, ó no lo eran. Encontraban aquellas, las olían y las acariciaban como amigas de su amo, Vulcano, y se arrojaban contra las demás, y no dexaban de ladrar y de acometerlas hasta arrojarlas del Templo.
He aquí en suma la relacion que el manuscrito dá de aquellos perros, y que parece sirve de comento al hecho que he referido.

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Allgemeine Erzählung

“Diana la Diosa de la caza, y de la castidad, apenas observó este natural instinto en alguno de sus perros que regaló á su hermano Vulcano unos cachorros de aquella raza. Se cree quisiese perturbar á su hermana la hermosa Venus que nunca volvía á su Esposo sin hallarle de buen ó mal humor, segun el bueno ó malo acogimiento que la habian hecho los perros. Estos vivieron muchos años en el Templo, aunque eran tan rabiosos, que arrojaban de él á la mayor parte de aquellas personas, que concurrian al mismo Templo. Informadas las Sicilianas del hecho, enviaron una solemne embaxada á los Sacerdotes, para avisarles que ellas no concurrirían mas, ni llevarían las ofrendas al Templo, sino ponían el bozal á sus mastines; por lo que determinaron que una tropa de niñas, menores de siete años, cumpliría en su lugar este deber. Todo el mundo quedó sorprehendido, añade el Autor, de la buena acogída que aquellas niñas hallaban en aquellos mismos perros que tanto habian maltratado á sus madres. Se dice que un Príncipe de Siracusa, de natural muy zeloso, tuvo la suerte de lograr de aquellos Sacerdotes un cachorro, de aquella famosa casta de perros. Casó poco despues con una Princesa que en los primeros dias de su matrimonio fue tan atormentada, que solicitó muchas veces al Marido lo echase de Palacio, y lo devolviese al Templo: pero él respondió aquellas palabras, que pasaron á proverbio, y que reducidas en nuestro Idioma, dicen, quien quiere á Beltran, quiere á su can. Despues vivió de muy buena inteligencia con el Marido, y con el perro. No sucedió lo mismo con las otras damas Siracusanas. Estas se hallaban tan enfadadas, que muchas de ellas de muy buena reputacion no querian ya ir á la corte, sino se desterraba al perro. Muchas á la verdad no temían su olfato, pero se observaba que al acercarse á ellas, aunque no las mordia, las gruñía terriblemente. Mas para volver á los perros del Templo, despues de haber vivido en él una larga série de años, sucedió que una noche uno de aquellos Sacerdotes fue á visitar á una viuda que vivia en el promontorio de Lilibeo: volvió á casa muy tarde, y los perros se arrojaron encima de él con tanto furor, que le hubieran hecho pedazos si sus hermanos no hubiesen acudido á socorrerle. En aquella ocasion ahorcaron todos los perros, porque les faltó su natural instinto.”

¡Qué lástima que á nuestros dias no haya llegado una raza tan portentosa! Mas que nunca la necesitariamos ahora para hacer justicia á nuestras damas y honrarlas, haciendo ver al mundo la diferencia que hay entre las Gentiles, y las christianas embebidas en los verdaderos principios de virtud y de Religion. Yo nunca dexaré de declamar contra aquel mal ministro de Vulcano que tuvo la culpa que el mundo perdiese un tesoro tan precioso.