Sugestão de citação: Anónimo (Ed.): "Número I", em: El Filosofo à la Moda, Vol.1\001 (1788), S. 3-24, etidado em: Ertler, Klaus-Dieter / Hobisch, Elisabeth (Ed.): Os "Spectators" no contexto internacional. Edição Digital, Graz 2011- . hdl.handle.net/11471/513.20.333 [consultado em: ].


Nível 1►

Amigo Lector.

Acaso no habrá habido jamas ninguna obra ni antigua ni moderna, que haya hecho tanto ruido en el pais donde nació, como Le Spectateur. El público de Francia la disfrutó en Papeles periódicos intitulados Discursos, de los que llegáron á despacharse hasta veinte mil exemplares en un dia, y consecutivamente se hiciéron otras muchas impresiones. Cesar Frasponi compuso sobre Le Spectateur, su Filósofo á la moda, dando á los Discursos el título de Lecciones; y omitiendo ó mudando los que le pareciéron algun tanto libres. Yo me he propuesto hacer lo mismo, no porque en el [4] trabajo de Cesar Frasponi se halle ninguna palabra capaz de escandalizar el oido mas escrupuloso, sino para adaptarme á este Público, que acaso no leeria de buena gana ciertas proposiciones hijas de la envidia de muchos escritores extrangeros. Yo pues, baxo el título de Filósofo á la moda, ó Maestro universal, pondré aquí aquellas Lecciones que me parecieren útiles, suplicando á mis Lectores disimulen los defectos del estilo, en consideracion á que me he determinado á escribir para utilidad suya, y no por vanagloria mia. vale.

Número 1

Nível 2►

Leccion I

Á sus Discípulos y Discípulas.

Citação/Divisa► Centuriæ seniorum agitant expertia frugis:
Celsi prætereunt austera Poemata Rhamnes.
Omne tulit punctum, qui miscuit utile dulci,
Lectorem delectando, pariterque monendo.

Hor. A. P. v. 341. ◀Citação/Divisa

Nível 3► Metatextualidade► Voy repasando en mi fantasía la calidad de mis futuros ó acaso posibles Lectores, y los separo en dos clases; una contiene los Mercuriales, y otra los Saturninos. Los primeros, imagino formarán la parte festiva de mis Discípulos, que desearán especulaciones gustosas y sútiles. Los otros mas serios y graves, no hallarán deleite sino en los Discursos morales, fundados sobre el buen sentido. Aquellos tacharán como una necedad todo lo [6] que es sólido, éstos ridiculizarán todas las cosas que tengan algo de jocoso. Si yo mantuviera siempre la gravedad de Filósofo, la mitad de mis lectores me abandonarian; y si quisiera siempre chancear, me expondria á perder la otra mitad; me es pues preciso buscar un medio para tenerlos á todos contentos. Me parece haber encontrado un método, que podrá redundar en su mayor beneficio mas bien que si escribiera continuamente, segun el genio particular de una ú otra parte. Puede fácilmente suceder que un Lector de humor alegre, tomando en la mano mis Lecciones para divertirse, quede, quando ménos lo piense, empeñado en algun razonamiento serio, útil y lleno de reflexîones que le sean provechosas; ó que una persona grave, lisongeada de hallar alguna cosa sólida y de profunda especulacion, encuentre insensiblemente una necesaria diversion. Cada uno en fin, no [7] obstante las sentencias y axîomas puestas al frente de las Lecciones, se sentará á mi mesa, sin saber á punto fixo que manjares le podrán tocar; y á lo ménos tendrá la esperanza de hallar alguna cosa de su satisfacción.

Yo mas quisiera aplicarme á instruir, que á divertir; pero si queremos ser útiles á la sociedad, es necesario conformarnos con lo que es el mundo. La mayor parte de los hombres licenciosos no se dignan mirar los escritos de aquellos autores, que pasan por rigurosos y severos. Un hombre debe tener algun principio de sabiduría, ántes de empeñarse en la lectura de un Séneca, de un Demóstenes. El título solamente de un libro moral, repugna á las personas distraidas é incapaces de aplicacion: yo espero que caerán en mis redes muchos de aquellos, que de ninguna manera prestarian atencion á las lecciones pronunciadas con la seriedad de un predicador, ó con la gravedad de un Filó-[8]sofo. Tropezarán por sí mismos en ellas, y sin pensarlo adquirirán el conocimiento de muchas máxîmas sabias y virtuosas: llegados á este grado, se hallarán mas dispuestos á oir Discursos serios, y entónces tendré el gusto que mis especulaciones no habrán sido totalmente inútiles. Si lo que he dicho no es suficiente para justificar la variedad del método propuesto; á lo ménos podrá servir para que se me dispense. Quando me aplicare [sic] á divertir mis lectores, no omitiré instruirlos al mismo tiempo; y si no salgo con mi deseo, esto es faltando instruccion á mis chanzas, jamas dexarán de ser inocentes. Una conducta escrupulosa tiene sin duda mas mérito de lo que regularmente se puede imaginar. Si se quisiera considerar quántas sátiras se ofrecen á uno que escribe, que no dexarian de agradar al mundo, y con todo el autor modesto las suprime; quántos pensamientos llenos de vivacidad y fuego mién-[9]tras se chancea y los sufoca para no perjudicar, ni remotamente á las viciadas fantasías de ciertas personas; quántas insinuaciones malignas rechaza el temor de ofender la reputacion de los próximos; si se supiera todo esto, y otras muchas cosas que se dexan por la brevedad, se tendria mejor opinion de los Escritores, que buscan divertir sin ofender, agradar sin ser perjudiciales. Es cosa fácil manifestar entendimiento quando se permiten á la pluma ciertas libertades: mas sin el socorro de éstas, dar á conocer vivacidad de ingenio, requiere invencion y sutileza.

No creo fuera del caso dar aquí noticia, que muchos habiendo penetrado mi intencion, me han escrito varias cartas, cuyo contenido iré refiriendo compendiosamente con las debidas reflexîones, para que los Lectores queden mas y mas instruidos de mi idea. En una de dichas cartas se me encarga no perdone en mis leccio-[10]nes esta moda ó aquella; en otra se desea la censura del peinado encima de los ojos; en todas finalmente se vé claro, que no hay adorno de uno ú otro sexô, que no haya experimentado las invectivas de algun zeloso, que se recomienda á la eficacia de mi pluma. Me veo por tanto en la obligacion de avisar al público, que mi designio no es baxarme hasta lo puntiagudo de los zapatos, ó hasta las hebillas de estraña invencion, si no exâminar las pasiones de los hombres, y corregir aquellas falsas ideas que originan los excesos de sus vestidos y adornos. Aunque las modas ligeras y extraordinarias indican la flaqueza que reyna en el juicio ó en el corazon, con todo no son muy culpables en sí. Deséchense de la fantasía las vanidades, destiérrense igualmente todas esas superfluidades de vestidos y de adornos. Caen de por sí las flores del árbol, quando se destruye la raiz que las sustenta.

[11] Aplicaré pues mis remedios solamente á las primeras semillas, y á los principios de afectacion en los vestidos, sin descender hasta á la menuda descripcion de los adornos. Publicaré algunas cartas que tengo de casos exemplares, sobre ciertas cosas acaecidas á varios sugetos y familias. El mundo es tan malo, que ya he recibido muchos libelos escritos por quien ni aun siquiera entiende la ortografía; y muchas sátiras denigrativas sin que se halle en ellas mas que malignidad. Ha pocos dias que me llego un pliego bien grande, lleno de cartas in[...]torias, malísimamente puestas: Conservo para el uso que merecen, un monton de papeles, que varias Señoras me han remitido de diferentes partes, no tan arrugados, como ofensivos: y por tanto á penas veo una firma que indica el nombre de Celia Liaia &c. concluyo que se me anuncia alguna indecencia ó hecho escandaloso. Si ca-[12]minamos á este paso, tendré bien pronto material suficiente, con que favorecer muchos Tahoneros, dándoles en lugar de leña, papel para calentar sus hornos. Sepan mis correspondientes; que mi deseo no es desenterrar aventuras infames, para exponerlas á la luz. Quando reprehenda á los viciosos, lo haré en general; y nunca acometeré á ninguno en particular, por mas que se me incite á ello. Supondré que tengo el Alma de Rodomonte, que despreciaba un enemigo solo, para acometer á un exército entero. Tendré, en quanto me sea posible, el mayor cuidado en afear la maldad, la disolucion y el atrevimiento, mas no me meteré con Pedro ó Juana. Consideraré el vicio tal qual se halla en especie, no como comparece en un individuo. Nível 4► Exemplum► Caligula deseaba que todos los ciudadanos de Roma, no tuviesen mas que una sola cabeza, para poderlos matar á todos de un golpe. ◀Exemplum ◀Nível 4 Yo con un princi-[13]pio de humanidad haré lo que aquel impio Emperador hubiera hecho por exceso de crueldad: mis golpes caerán en cima de los culpados en comun. Se que los motes satíricos, las calumnias, las malignidades son de grande eficacia para el buen éxîto de una obra. No obstante este incitativo, estoy bien léjos de igual tentacion. Veo que lo que he dicho hasta ahora me puede quitar muchos de mis correspondientes. Sea como fuese, no quiero hacer mas en el particular, sino decir á mis Lectores, que si tienen alguna Historia singular, sin tener medios para comunicarla al público; si se hallan con alguna nueva idea, y no saben como hacerla patente; si descubren algun mal epidémico, que huya de mis observaciones; si quisiesen manifestar al mundo alguna oculta y extraordinaria virtud; si finalmente les cayesen entre manos ciertas cosas propias para servir de honesto entretenimiento, pueden exîbir-[14]lo al Impresor del presente, que yo prometo producirlo lo mejor que sea posible, en beneficio del género humano. ◀Metatextualidade ◀Nível 3 ◀Nível 2

Nível 2►

Leccion II

Á los Ipocondriacos Valetudinarios.

Citação/Divisa►  . . . . . Ægrescitque medendo.

Virg. Æneid. XII. 46. ◀Citação/Divisa

Nível 3► Metatextualidade► La siguiente carta no necesita explicacion ó apología, para dar á entender las miras del Autor. Tal qual la he recibido, voy á darla al Público.

Nível 4► Carta/Carta ao editor► Metatextualidade► Señor Filósofo.

Nível 5► Exemplum► Yo entro en el número de aquella extenuada Tribu, que comunmente se llama de los Valetudinarios, y confieso á Vmd. que solamente el estudio de la Medicina, ha producido las enfermedades de mi cuerpo, ó por mejor decir de mi entendimiento. Desde que me apliqué á la lectura de libros Médicos, observé mucha alteracion en mi pulso. Nunca leia la des-[16]cripcion de una enfermedad, sin que me pareciese que la misma me afligia. El docto tratado sobre las calenturas, del Doctor Sidenham, me produxo una fiebre lenta, lenta, que no me abandonó en todo el tiempo que emplee en leerlo. Me apliqué luego al estudio de varios autores que han escrito sobre la Hética, é inmediatamente me pareció que este contagioso mal me habia acometido, pero poco despues habiendo notablemente engordado, una especie de vergüenza me sanó de esta enfermedad. Succesivamente me martirizáron todos los síntomas de la Gota, ménos los dolores; mas la lectura de un tratado sobre el mal de orina, escrito por un autor muy ingenioso, segun la práctica de los Médicos, de quitar un mal con otro, me produxo el mal de Piedra para libertarme de la Gota. Finalmente tanto estudié, que me heché á cuestas un cúmulo de varias enferme-[17]dades; pero despues de haber leido el famoso Discurso de Santorio, que por casualidad me cayó entre las manos, he determinado seguir su método, y observar todas sus reglas, á cuyo fin las he recogido con la mayor diligencia. Todas las personas literatas saben que este grande hombre para executar mejor sus experiencias, habia inventado una cierta silla matemática, suspendida en el ayre con tal artificio, que todo se podia pesar en ella, como si fuera una romana. De este modo sabia quántas onzas de su alimento se disipaban con la transpiracion, qué cantidad se le convertia en substancia, y lo que la naturaleza arrojaba por otros canales. Despues de muchas diligencias, pude finalmente encontrar una silla igual á la del Doctor Santorio, y entónces me acostumbré á estudiar, comer, beber y dormir sentado en ella, de modo que se puede decir, que he vivido tres años en [18] balanza. Segun mi cálculo, quando disfruto perfecta salud, peso exâctamente doscientas libras cavales; quedan ciento noventa y nueve despues de haber ayunado un dia; y suben á doscientas y una despues de haber tenido un banquete: de este modo estoy continuamente ocupado en mantener la balanza igual entre las dos libras volátiles de mi constitucion. En mis pastos ordinarios, crece mi peso hasta doscientas libras y media, y si despues de haber comido falta alguna cosa, bebo tanto vino quanto baste para igualarlo. En los mayores excesos, lo mas que se añade á mi peso es media libra; y tales comilonas, las quiero por el provecho de mi salud, en todos los primeros Lunes de cada mes. Quando despues de la comida me hallo bueno y escrupulosamente balanceado, me pongo á pasear hasta consumir cinco onzas y quatro escrúpulos. Si por medio de mi silla descubro ha-[19]ber logrado mi deseo, me aplico á leer, para disipar con el estudio otras tres onzas y media, y en quanto á las restantes tres onzas y ocho escrúpulos, (pues la libra que uso es de doce onzas) no tengo cuenta exâcta con ellas, ántes bien las desprecio. Nunca tengo horas fixas, ni para la comida, ni para la cena, pero si mi silla me advierte que toda la libra de alimento se ha disipado, saco la conseqüencia que tengo hambre, é inmediatamente pongo el reparo con toda diligencia, á cuyo fin tengo siempre prevenida una pequeña romana para pesar los alimentos. En mis particulares ayunos, pierdo libra y media de mi peso, y los ayunos solemnes me cuestan dos. Lo que pierdo en el sueño, una noche con otra, son tres onzas, grano mas, grano ménos; y si al despertar veo no haberlas consumido todas, me estoy sentado en la balanza, hasta consumirlas. Tengo un libro en don-[20]de asiento diariamente todo el peso que adquiero y que pierdo, y sumándolo á fin de año, encuentro, sobre poco mas ó ménos, que he adquirido doscientas libras, que he perdido otras tantas, y que doscientas son siempre las que me quedan; por cuyo motivo creo que mi salud no haya perdido un átomo, y estoy mas que persuadido á que mi silla romana es un grandísimo preservativo. Mas á pesar de todas mis diligencias en tener mi cuerpo en un justo equilibrio, me hallo reducido á una increible languidez. Estoy pálido y desfigurado, tengo el pulso desigual, y la hidropesía me amenaza. Tenga Vmd. pues la complacencia, mi Señor Filósofo, de recibirme en el número de sus Pacientes, y comunicarme una regla mas cierta de la que he observado hasta ahora: Obligará Vmd. mucho á su mas atento servidor que S. M. B. N. N. ◀Exemplum ◀Nível 5

Esta carta llama á mi memoria un [21] epitáfio que ví esculpido en el sepulcro de uno de estos Valetudinarios, donde se le hace hablar de esta manera.

Aquí yace un Español.
En este Ataud de Palo.
No murió por estar malo,
Si no por estar mejor.

El temor á la muerte, suele ser mortal, y nos hace tomar tales medidas para conservar la vida, que nos la suelen quitar. Algunos Historiadores reflexîonan que en mucho mayor copia quedan muertos los hombres, en una retirada, que en una batalla formal. Esta reflexîon se puede aplicar al infinito número de enfermos imaginarios, que arruinan su complexîon con una grande multitud de remedios; y para huir de la muerte; se arrojan entre sus brazos. Los que no anhelan sino la conservacion de la vida, como único fin que se debe proponer en este mun-[22]do; los que no cuidan mas que de la salud, ni tienen otros pensamientos, sino de reglas y remedios para conservarla, piensan tan vilmente, que no merecen ser de la naturaleza humana; y un ánimo elevado, mejor quisiera morir mil veces, que someterse á una práctica tan baxa é indigna de la excelencia de una criatura racional. Una continua inquietud por la vida, borra todo el placer, y llena de tinieblas la faz entera de la naturaleza. Es imposible gozar ni la mas mínima satisfaccion en la posesion de una cosa, que á cada instante teme uno perderla.

No por eso desapruebo un legítimo cuidado de la propia salud; solamente digo, que así como la tranquilidad del animo produce la capacidad para dirigir los asuntos, del mismo modo la salud procede de una buena complexîon: por tanto nadie necesita de mucho estudio para cultivarla y mantenerla. Mas este cuidado á que nos empeña el sentimiento comun, el [23] deber y la constitucion, jamas debe atraernos aquellos temores quiméricos, acometimientos de melancolía ó males imaginarios, que regularmente acompañan siempre á los que se fatigan mas para vivir, que para arreglar las costumbres. En suma un buen regimen debe ser el punto principal, y la propia conservacion el accesorio. Si adoptáremos esta máxîma inalterable, habrémos encontrado el mejor camino para conservarnos la vida; y sin que nos inquieten sus acaecimientos, llegarémos á experimentar aquella gran satisfaccion, aquel bien en su mas alto punto, que consiste en sentir de Marcial, en esperar la muerte sin desearla y sin temerla.

Por lo que toca á nuestro Valetudinario, que arregla su salud con las onzas y con los escrúpulos; y en lugar de seguir el natural deseo de comer, beber, dormir y pasear, se gobierna segun le prescribe su silla romana, le enviaré esta pequeña fábula:

[24] Júpiter, como nos refiere el Mitologista, para gratificar la piedad de un buen Paysano, le prometió concederle todo lo que le pidiese. El Paysano deseó tener el tiempo á su disposicion, é inmediatamente obtuvo la gracia: distribuyó la lluvia, la nieve y el sol sobre sus campos, á medida que lo juzgó necesario; pero á fin de año, quando esperaba una cosecha muy abundante, la halló mucho mas escasa, que la de sus vecinos; de modo que para no causar su propia é inevitable ruina, rogó á Júpiter tomase de nuevo á su cargo el gobierno del mundo.” ◀Metatextualidade ◀Carta/Carta ao editor ◀Nível 4 ◀Metatextualidade ◀Nível 3 ◀Nível 2 ◀Nível 1