El Pensador: Pensamiento X

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Pensamiento X

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Lettre/Lettre au directeur

Señor Pensador. Mi Coléga el Visitador General de los Locos regalò à Vm. una Carta, en que mostrò su mal humor, y diò à conocer su genio puerìl, cobarde, y apocado; pues sin mas, ni mas, solo porque le salieron fallidas las noticias de unas quantas esquelas de locos, montò en colera, è hizo dejacion de su empléo, quando debia dàr muchas gracias de no hallar el mundo tan poblado de freneticos, como querian los que le embiaban los avisos.

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Autoportrait

A mì me sucede todo lo contrario en el Departamento de los cuerdos, los prudentes, y los virtuosos, cuya visita general me ha cabido en fuerte. Me han dado, y dàn todos los dias muchos mas chascos, y chascos tanto mas sensibles, quanto và del placer de encontrar juiciosos, y cuerdos á los hombres notados de locos, al sentimiento de hallar extravagantes, fatuos, y freneticos à los que se creía prudentes, y moderados. Pero no por esto me passa por la imaginacion hacer demission de mi empléo; antes bien pretendo continuar en èl, siendo una centinela vigilante, que advierta à las gentes incautas, à fin no se dejen preocupar de la falsa moderacion, ni de la virtud aparente. Mi Compañero tuvo el alivio de que le avisaban quando havia algun loco: yo no he tenido quien me dè avisos, ni me embie esquelas relativas à los cuerdos. Los hombres son naturalmente avaros de alabanzas, y apenas, forzados, se reducen à confessar la virtud, el juicio, y el merito de sus semejantes. Assi para mis visitas, y revistas no he tenido mas auxilios, que los que en las conversaciones, calles, y plazas me han procurado mi diligencia, y mi observacion.
Sin embargo han sido mas que suficientes. Vayan algunos casos.

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Hétéroportrait

Theodemo vino à la Corte, y yo le conocì, y tratè en ella. Tomò el pretexto de querer divertirse en Madrid algunos meses. Su primer cuidado fuè el de prevenir á los Ministros, y à toda la Corte, que lejos de tener pretension alguna, rogaba à todos olvidassen su corto merito, en caso de querer premiarle, ò aprovecharse de su experiencia para algun empléo. “Yo no ignoro (decia) que los hombres no deben huìr el hombro al trabajo, y mucho menos quando éste puede ser util à la Patria. Pero mi salud quebrantada . . . . . mi edad . . . . . la experiencia que tengo del mundo . . . . . los cuidados, que trahen consigo, y la integridad, y desvelos, que piden los cargos . . . . . En fin, yo no estoy para nada de esto. Acabè mi carrera. Búsque el incienso quien no conoce su ningun valor. El Rey me dà mas de lo que necessito para mi decencia. ¿Què puedo desear, sino mi descanso? Esto es solo lo que procuro. Los pocos dias, que me queden de vida, los quiero passar con sossiego, y tranquilidad.” ¿Quièn no dirìa, que este era el mas cuerdo de los hombres? ¿Caracterizado, con amigos poderosos, realmente benemerito, y reusar los Empléos? ¿y huìr del mando? ¡Oh! De esto no se vè en nuestros dias: hay pocos sugetos de este temple. Es un Fenix entre los hombres. En tales terminos se hablaba de Theodemo, y yo mismo huviera incurrido en este comun error, à no obligarme mi empléo à examinar las cosas con madurèz, y reflexion. Tanta moderacion, tanto desinterès, me confundia. Empecè à observar la conducta de mi Heroe. Veìa que entraba demasiado en las Oficinas: que fatigaba à los Ministros: que le huìan el cuerpo los Oficiales; y que perdian con èl la paciencia los Porteros. Todas eran malissimas señales. Acerquème à investigar con mas immediacion la materia, y hallè que Theodemo, contra toda su intencion, y à pesar suyo, se viò creìdo, y por consiguiente frustradas sus idèas. No pensaba encontrar gentes, que creyessen tan de ligero. El despecho le hizo quitar la mascara. Solicitò un grande Empléo, y se le negò; y las consequencias fueron caer enfermo de opression de animo, y pagar el ultimo tributo en breves dias, calificando de ambicion simulada su decantada virtud, su cordura, y su moderacion.

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Hétéroportrait

Emilia corre con creditos de muger muy cuerda, porque sin embargo de su aficion al juego, se contiene, y se priva de este placer, hecha cargo de que no puede sacrificar à la diversion lo que necessita para mantener su familia. Nada serìa mas cuerdo, ni mas juicioso que este proceder en la pobre Camila. Pero Emilia es rica; y serìa mucho mas razonable, y mas sensato, que expusiesse algo al pequeño riesgo de un juego regular, que el querer vendernos por virtud su mezquindad, y passar las noches maldiciendo. No hay espectáculo mas triste para la humanidad, que las visitas, en que se juntan muchas Emilias. Al principio de la noche suele ser general, è indiferente la conversacion. Hablase de las noticias, que corren en el dia, y por lo regular ocurren pocas materias sujetas à mi jurisdicion; pero acabase el refresco, y mudase la decoracion del Theatro. Las Señoras, que antes han estado esparcidas, se unen para juntar sus fuerzas. Forman una especie de Amphitheatro en la testera del Estrado; y empieza una greguerìa, que no es facil describir. Las palabras salen de tropèl. Una Señora està respondiendo, y otra le està preguntando al mismo tiempo. Yo he visto dos, que se hallaban juntas, hablar sin interrupcion, y sin tomar un instante de descanso, horas enteras. Todo esto es nada: lo sensible, lo vergonzoso es, que toda esta conversacion tumultuosa se dirige à murmurar, y maldecir. Alli se despedaza al proximo: no hay defecto real, ò imaginario, que no salga à plaza: se examina el interior de las casas: se rebuelven las familias: la hija no perdona à la madre, ni la amiga à la amiga: se siembra la cizaña: se fomenta la enemistad, y la division; y finalmente se dedica el tiempo, que se havia de emplear en darse mutuas señales de amistad, de confianza, y de cariño, al mas perjudicial, y vergonzoso de los vicios; y todo esto se practìca con una especie de candor, de inocencia, y de satisfaccion, como si se tratasse de estimularse à la virtud; y con un ardor, como si temiessen morir al dia siguiente, y que les quedasse algo por murmurar.

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Hétéroportrait

Varias veces oì hablar de Aristipo á un sugeto, y darle los epitetos de piadoso, benefico, y humano. ¡Què entrañas de hombre! decia. ¡Què liberalidad! Los hombres serian felices, si huviesse muchos como este. Bolverìa à nacer entre nosotros el siglo de oro. Propuseme conocer à Aristipo, y averiguar su vida, y milagros, y lo logrè. Aristipo tuvo un empléo de los mejores para saciar la sed del oro, si ésta fuesse capàz de saciarse. Logrò enriquecerse, sin mas perjuicio que el de los Pueblos, que reduxo casi à la mendiguèz, y de su conciencia. ¿Què havia de hacer? La tentacion era fuerte, y precisa una conciencia à prueba de bomba (permitaseme la frasse) para no caer en ella. Ha dotado despues una lampara, y fundado dos Capellanìas. Suele dàr con mucha solemnidad, y en público, tal qual ochavo à los vagos, que, para verguenza nuestra, alborotan las calles con salvo conducto, y à los que vàn à interrumpir la poca devocion de los Templos; y el Pueblo, pagado de exterioridades, y cuyas observaciones se quedan en la superficie, ha olvidado yà sus robos, sus cohechos, y sus extorsiones. ¿Y esto se llama humanidad? (dixe á su panegyrista) = Sì Señor: Humanidad, piedad, y beneficencia. = ¿Y puede haver quien crèa que es liberalidad, ò que es virtud fundar las que llaman obras pias con el sudor ageno, con la sangre del pupilo inocente, y de la viuda desvalida? =  Cada uno hace sus cuentas, y sabe lo que passa en su casa mejor que el estraño. Aristipo ha salido bien de sus residencias à fuerza de presentes: ¿Por què no ha de hacerlos al Cielo, y tener esto adelantado para la residencia ultima? = ¡Impio!

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Hétéroportrait

Tantas veces tuve noticia de que Clelia era exemplo de virtud, que, persuadido de que fuessen ciertas, me determinè á visitarla; pero jamàs llegò el caso de verla. Por las mañanas, me decian que estaba en la Iglesia, y por las tardes sucedia lo mismo, ò estaba en conferencia con su Director. Informème de la vecindad, y de su misma familia; y yà se vè, ¿què havia de hallar contra una reputacion de virtud tan sólida, y tan bien establecida? Deciame una vecina con mucha gracia: Señor, es una santa: no sale de la Iglesia. = Pero, Señora, ¿no tiene marido, hijos, y familia? = Si tiene; mas ella es una bendita, y como la dejen ir à sus devociones, nada se le dà que la casa se cayga, que su marido vaya roto, que sus hijos anden en camisa, ni que sus criados estèn arreglados, ò en desorden, ¡Ah! Mi alma como la suya. Ella no es yà de este mundo. = Pues, Señora, ¿tiene Vm. por virtud el abandonar las primeras, y mas principales obligaciones? ¿Cree que puede haver verdadera devocion, quando falta el cimiento de esta, que consiste en que cada uno desempeñe las cosas, que la naturaleza, el empléo, el destino han puesto à su cargo? = Yo no entiendo ni una palabra de todo esso. Es verdad que algunas cosas de la casa me parece que no vàn bien; pero mi vecina no dà passo, que no lo consulte con su Padre espiritual. Mire Vm. es tan buena, y tan bendita, que teniendo la casa plagada de ratones, fuè à consultarle el modo de extinguirlos, y de esto nos reimos mucho las vecinas, porque somos malas, que ella lo haria con una sencillèz, que assi la tuviera yo. Y diga Vm. lo que quiera, que para mì Clelia es una santa, à pesar de cien Theologos, y à pesar de la razon, si es menester. Reíme mucho de la sandèz de esta buena muger, y salì admirado de encontrar una vecina, que tuviesse tan buena opinion de otra.

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Hétéroportrait

Anselmo tiene reputacion de hombre cuerdo, y no vá el Pueblo muy descaminado. El es el mejor hombre del mundo, sossegado, pacifico, sin malicia. En fin, tiene todas las calidades, que se requieren para marido de una muger cortejada en toda forma. Nada le assusta. Los juicios temerarios ni tienen entrada en su espiritu, ni siquiera los conoce de nombre. Su muger se hacia peynar antes por una criada. Llegò esto à ser comun, y disgustóse. Trajole Peluquero. Era un bestia, y le hacia un mal infinito al tiempo de rizarla. Un Petimetre de cierta classe, habil en el peynado, se ofreciò para este ministerio: tomò possession, y continùa con mucha satisfaccion de todos. Hay premissas de que si Madama dice que no la visten bien sus criadas, irà el marido à buscarle luego un Ayuda de Camara. Si esto es cordura, hay muchos cuerdos en Madrid.

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Hétéroportrait

Violante no cambiarìa su fortuna de tener un Peluquero Francès, que peyna con la mayor elegancia, por todas las Indias. Sin embargo, esto lo atribuye à prudencia, porque, en la precision de haver de ir peynada segun estilo, dice que es razon sea con gracia, y symetrìa. Cuestale muy caro el Peluquero; pero en no siendo para socorrer alguna verdadera necessidad, hay dinero para todo. Peynala en dibujo, formando Rosas, y Claveles del pelo; y es cosa graciosa vèr la cabeza de Violante hecha una primavera. No quisiera faltar del mundo hasta que las Señoras se hagan peynar en dibujo de Lechugas, y Berengenas; y creo no serìa preciso llegar à muy viejo.

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Hétéroportrait

Esculapio, embutido en un pelucon de à folio, con ayre de oraculo, passos graves, baston grande, y sortijon desmesurado, se ha adquirido fama del Medico mas prudente, y de mayor valentia, que se conoce. Comparados con èl los demàs Medicos, son, en su dictamen, unos imbeciles, sin valor, sin conocimiento, y sin resolucion. Su systèma favorito es el de consolar à todos sus enfermos, complaciendolos en recetar por mañana, y tarde, aunque les cueste la vida. Diceles, que es preciso no dàr tiempo al enemigo para que se fortifique. Ordena purga, sangria, bebidas, y emplastos todo en un mismo dia; y el pobre enfermo, que apenas tenia un amago de mal, se halla, quando menos lo piensa, con una enfermedad grave, originada de los mismos remedios. Llamanle para vèr à un sugeto, que se halla resfriado, y con algun poco de calentura. Pulsa, registra la lengua, reconoce el semblante del doliente, todo con un ayre magistral, y mysterioso. En el mismo instante hace la descripcion, y el prognostico de la enfermedad. Dice, que es mas de lo que parece: que el enemigo està oculto; pero que èl le harà salir à campo raso: que entretanto es preciso picarle la retaguardia, y precaverse contra todo insulto, que pudiesse intentar por la espalda, ò costados. Ensarta media docena de palabras Griegas, con que suelen semejantes Medicos querer ocultar su ignorancia. Pide papel, y tintero. Receta seis bebidas diferentes, y señala la hora, à que ha de tomar cada una. De passo, y solo por modo de prepacion, manda se le hagan luego, luego quatro sangrias, algo copiosas. Assegura, que no serà cosa de cuidado; y marcha à consolar del mismo modo otros enfermos. El nuestro queda muy contento, porque al fin, si sale de esta vida, yà lleva la satisfaccion de no haver sido por falta de Medico, ni de remedios, sino antes bien por sobra de estos, lo qual es una señal de esplendidèz, que debe hacer mucho honor al difunto. Vuelve por la tarde nuestro Esculapio, encuentra cadaver al enfermo. ¿No lo dixe? exclama muy contento de su prediccion. El mal estaba emboscado, y su fortuna consistiò en haverme sorprendido los batidores. Pregunta à què hora ha muerto. Dicenle, que à las dos, y veinte y siete minutos. ¡O, fuerza de la medicina! (prosigue el Medico) Sin los remedios, que se le aplicaron, huviera espirado à los veinte y seis minutos sin falta. Créo, que Esculapio ha estudiado en el arte de la guerra del Rey de Prusia, el modo de hacerla à la humanidad. Su pretendida prudencia, y su valentia no son otra cosa, que barbarie, y crueldad; y sin embargo, hay enfermos de tal capricho, que lo prefieren à otros juiciosos, y sabios, en la parte que permite la incertidumbre del arte, solo porque receta. Esto es, porque trastorna la naturaleza, y la debilita, y porque sin pararse à observarla, parte de ligero en enfermedades, cuyo conocimiento, y examen piden mucha pausa, cometiendo errores, y daños irremediables.
De esto hay bastante, Señor Pensador. Causame mucha lastima la preocupacion de tantos enfermos, como continuamente suspiran por remedios, y que creen, que su salud ha de salir precisamente de la Botica; y me llena de horror la cruèl complacencia de algunos Medicos, que los recetan, conociendo la inutilidad, y aun el daño, que seguramente ocasionan aun los mas inocentes, por dàr gusto à un doliente necio. Por esto me he detenido de proposito en este articulo. El solo merece, que dè Vm. esta Carta al Público, añadiendo, si le pareciere, las reflexiones que tenga por convenientes en assunto, en que se interessa nada menos que la salud, y la vida de los hombres.

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Hétéroportrait

Pocas famas se hallaràn tan estendidas, como la de Nicandro, hombre rico, y que segun dicen las gentes, possee en grado eminente la virtud de la generosidad. Sin embargo, hay pocos hombres, que tengan un corazon tan depravado. Es verdad, que à su vecino Aristo, que necessita dinero para una urgencia, no solamente se lo presta, sino que casi lo obliga à tomar mayor cantidad de la que pide. Convidalo con tono de amistad à recibir nuevos prestamos: ofrecele su casa, su hacienda, y su credito, y le assegura, que solo desea su bien, y ponerlo en estado de que pueda passar su vida sin ahogos. Esta humanidad me dexò encantado. Los hechos son ciertos: el mismo Aristo los confiessa. Pero el mysterio està descifrado facilmente. Aristo tiene una bella possession immediata à otra de Nicandro, y muchos deseos éste de incorporarla en la suya. La necessidad ha abierto la puerta à sus designios. La deuda ha crecido. Aristo se halla mas impossibilitado que nunca de pagar; y su possession, yà amenazada de entrar en poder de su pretendido bienhechor, vá à desengañarlo de que el pronto socorro, las señales de amistad, y la generosidad con que pareciò atendia à las leyes de la humanidad Nicandro, tenian por objeto desposseerle de su alhaja, haciendo servir su aparente generosidad al vicio de la ambicion.

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Hétéroportrait

Celio, hombre grave, y de humor tetrico, ha sido preferido por su virtud, y cordura para Ayo de un Señor. Empieza su educacion por inspirarle un orgullo feròz. Hace que trate à sus criados como esclavos, y mire al resto de los hombres como nacidos para tributarle respetos, y lisonjas. Enseñale una prolija etiqueta; y en fin, corrompe sus bellas disposiciones de modo, que quando acaba su ministerio, deja à su discipulo muy engreìdo, muy lleno de orgullo, y de ceremonias; pero sin la menor idèa de que es preciso ser humilde, compassivo, y benefico para ser hombre.
Finalmente (Señor Pensador) no dudo, que hay muchos hombres cuerdos, prudentes, y virtuosos; pero yo no los hallo. Del mismo modo, que solo se llama locos à los que tienen una locura fuera de lo comun, y cuya extravagancia no sympatiza con las de los demàs, ni entra en el comercio de la vida; assi créo que se dà nombre de cordura, de virtud, y de prudencia à ciertas acciones muy equivocas, y à ciertas prácticas de ceremonia. El engañar con dissimulo se tiene por prudencia: la dureza, la falta de compassion, y de humanidad passan por cordura; y un exterior hypocrita por virtud. Assi se equivocan los vicios con las virtudes. Los hombres se contentan con parecerse à la mayor parte de los hombres. Esta es generalmente la regla, y el modèlo; y lejos de hacer uso del dòn precioso de la razon, parece que nos guiamos solamente por una imitacion grossera. He pintado los hombres del mismo modo que los he hallado. Omito otros varios casos, en que igualmente he visto engañadas mis esperanzas, porque serìa preciso dilatarme demasiado, y estoy persuadido de que serìa labor infructuosa. Ofrezcome à la disposicion de Vm. siendo siempre su apassionado El Visitador General de los Cuerdos.

Metatextualité

He recibido la Carta siguiente; y para evitar esta advertencia en lo successivo, hago saber, que siempre que reciba alguna, que contenga utilidad, y me parezca digna del Público, llevarà al principio la letra A.

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Lettre/Lettre au directeur

Muy Señor mio:

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Récit général

No hà mucho tiempo, que la necessidad de cumplir con una obligacion, con que nos han gravado los ociosos, que no tienen otra cosa en què entender, me obligò à ir à dár los dias à una Señorita de las que tan justamente han ocupado à Vm. sus Pensamientos. Pareciòme que bastaría sentar mi nombre en la Antesala; pero como la Señora estaba visible, me vì obligado à passar adelante. Entrè en la Sala, y la hallè rodeada de Caballeros de razon, y de edad, que ocupaban sus sillas con el mayor silencio. Saludèla como se acostumbra, y no me debiò de oìr. No me respondiò. Tomè assiento como los demás, conociendo que à todos havria sucedido lo mismo, y persuadiendome, bien instruìdo de lo que passa, que si esperára à que se me dijera, me estuviera en piè hasta que fuesse llamado al Valle de Josaphat. Nadie despegaba sus labios, porque à nadie podia atender nuestra Visitada, y yo, que quisiera despachar con mi cumplido, y marcharme à otra parte, de donde sacasse mas utilidad, no me atrevia, porque el no haver hablado, ni havèr podido hablar una palabra, entrar, salir, sentarme, y levantarme, como pudiera hacer en mi casa, me parecia cosa ridicula, aunque algunos, por no dilatar todo un dia la visita, se vieron precisados à hacerlo. Bien conocerà Vm. que no serìa descortesìa en esta Señorita la que usaba con nosotros. Un Petimetre de primera tijera sentado à su lado se llevaba las unicas atenciones, recostado el hombro izquierdo, à la verdad con descortesìa, sobre el derecho de su favorecedora. No fuè poca la fortuna que tuve. Al cabo de largo tiempo, en que sin ser entendido apenas, unas veces reía, otras casi lloraba, interrumpiò nuestro posseedor pacifico la conversacion semisilenciosa. Sacò el relox. Levantòse. Y sin despedirse, ni aun con la cabeza, de ella, ni de los que alli estabamos, se fuè casi corriendo. ¿Què mas huviera hecho con su Lacayo? Pero vámos al caso: no es este mi assunto, y de èl ha tratado Vm. otras veces. A esta Señorita la bastaba, que la creyessemos instruìda en la moda. Su Philosophia no debiera passar adelante, y esto en caso de creerla discreta al uso. El Petanler, el Corsé, la Herradura deberian ocupar sus discursos, quando quisiera passar por discreta. Las etiquetas de una visita, de un bayle, y de un Cortejo deberian componer suficientemente la Metaphysica de sus estudios. Volvamos al caso. Falta de la conversacion de su Muñeco, no dexò nuestra Modista negocio por revolver, ni assunto por tratar. ¡Què pretendida cultura en sus palabras! A gobernarse en su boca el Estado, todo huviera mudado de situacion. ¡Què Rhetorica tan desconocida! Asseguro à Vm. que salì aturdido de la visita; y quisiera mas huviesse durado la del Cortejo, haviendo oído tan gran suma de desatinos como nuestra Culta manejò; y deseoso de pedir à Vm. que no se olvide de pensar en esto, pues sus Pensamientos solos pueden obrar el efecto necessario para la enmienda.
Antes de cerrar la Carta debo advertir, que muchas Señoritas, al parecer arrepentidas, se quejan de que en los ultimos Pensamientos Vm. se olvida de ellas, y de su reforma, dejandolas à los principios de su conversion. Efectivamente Vm. las deja por buscar al hombre, y le halla tal, que no le conoce. Busque Vm. Señor Pensador, el origen de la mayor parte de las deformidades que en èl encuentra, y acaso acertarà à dàr à estas Señoras el gusto que desean: y en tanto mande à un Su Aficionado.