El Pensador: Pensamiento I

Permalink: https://gams.uni-graz.at/o:mws-096-309

Livello 1

Pensamiento I

Que servirà de Prologo, ò Introduccion

Livello 2

Metatestualità

Señor Público. Vm. no gustará de que se le presente una Obra periodica, sin prevenirle el motivo, que ha tenido el Autor para escribirla: el objeto, que se propone en ella: el methodo, que ha de seguir en su execucion: el tiempo, en que debe salir à luz; y, lo que es mas, las circunstancias agravantes de si el Autor es blanco, ò tinto, grande, ò pequeño, de genio dulce, ò de complexion biliosa, cosa tan importante para su inteligencia. Sobre todo quiero satisfacer la curiosidad de Vm. y à esto se reducirá mi Prologo.

Livello 3

Autoritratto

Yo, señor mio, soy de genio taciturno, pensador, y nimiamente delicado. La menor cosilla en orden à las costumbres, à la politica, al idioma, ò à qualquiera de aquellas, que miran à la sociedad, à la vida, à las Artes, y à las Ciencias, excita mi imaginacion, y sin saber cómo, ni por dónde, me hallo à cada instante con el cerebro lleno de idéas, que unas veces me alegran, otras me entristecen, y siempre tienen en exercicio mi pensamiento. Lo peor de el caso es, que, por aquel rato, que me dura el entusiasmo (que no son pocos) todo quanto pienso me parece excelente: me miro como el primero de los hombres: deploro la suerte de éstos en no tenerme por su guia; y llega mi desvanecimiento hasta creer, que podria contribuìr à su felicidad. En esta divertida manìa passo la mayor parte de mi vida, siempre pensativo, y casi siempre sin salir de mi Quarto. A los principios se volvian mis pensamientos por el mismo camino, que havian trahido: llegaban otros, que ocupaban el lugar de los primeros; y no despidiendose éstos, ni los que les seguian sin dejar succession, se iban borrando en mi memoria, al arrivo de los nuevos huespedes, las idéas, que havian excitado sus abuelos. No le pareciò bien este methodo à mi amor proprio, que en cada especie olvidada creìa haver perdìdo un thesoro. Mudè de systema: empecè à trasladar al papel todas las quimeras, y todas las necedades, que passaban por mi fantasìa; y, gracias à este cuidado, me hallo hoy con un registro general de quanto he pensado de algunos años à esta parte.

Livello 4

Racconto generale

He leìdo à mis amigos algunos de mis Pensamientos: notè que no les ponian mal semblante; y no necessitò mas mi vanidad para querer darlos à la prensa. Es verdad, que deseaba algo mas: Queria me dixessen, que era lastima no imprimirlos: que serìa sensible no saliessen al público; y que éste tendria fundado motivo de quejarse de mi floxedad. Esto, y mucho mas han logrado otros casi de mi calibre, si hemos de creer à ciertos Prologos, y no serìa milagro sucediesse lo mismo conmigo; pero no he sido tan dichoso. El que mas me ha lisonjeado de mis amigos, se ha contentado con decirme, mascando, y meneando la cabeza: No es del todo malo: hay algunas cosillas tolerables; y esta expression, que huviera desalentado qualquiera otro, ha bastado para determinarme à salir à la verguenza.
Creame Vm. señor Público. Yo no sè estár ocioso: Leer, pensar, y escribir es mi ocupacion, y mi entretenimiento; y serìa cosa dura almacenar escritos, en que quizá puede Vm. hallar utilidad, si se le comunican. Este es el motivo de imprimir mis Pensamientos; se entiende, el que quiero que Vm. crea. En confianza, bien podrìa dár otros motivos, no tan especiosos, pero mas sinceros. Dirìa que escribo porque me dá gana, y esto yá se vè que no es preciso ser muy diablo para adivinarlo, y añadirìa otras semejantes sandeces, entreveradas de equivoquillos, que serìa un pasmo; pero no quiero gastar el tiempo en frioleras, y voy à tomar mi semblante serio, y mi tono severo, y magistral, tales, quales convienen al reverendo personage de un Pensador.
El objeto es mejorar à los hombres: La empressa es ardua; ¿pero què se aventura en emprenderla? Se procura mejorar la raza de los caballos, de los pajaros, y de otros animales: se trabaja en mejorar las tierras, las calles, los caminos, y las habitaciones, ¿y para quièn todo esto? Para el hombre, para su servicio, para su commodidad: ¿pues por què no se ha de procurar mejorar al hombre, objeto de tantas atenciones, y tantos afanes? Los hombres son malos muchas veces por mera malicia; pero muchas mas por ignorancia, ò por una estúpida, y ciega imitacion. Quien se tome el trabajo de rectificarles las idéas, les hará un servicio, quizá el mas importante de la vida. Pero era necessario ser mas que hombre para practicarlo bien, y con sucesso. Convengo en ello, y por lo mismo no me lisonjèo de recoger una abundante cosecha, y me darè por contento con que haya una sola persona, que se mejore con mis Pensamientos. He vivido bastante tiempo, procurando aprovecharlo en observar à los hombres, y quisiera ser util à los que han de vivir. Las observaciones de un Piloto dán muchos aciertos al que le sigue. Aqui vè señalado un vajìo: alli un escollo: en esta parte halla notado, que reynan en tal estacion los Typhones, y en aquella los Cierzos. Se precave: se aleja: toma su tiempo para montar el cabo; y espera la marea para entrar en el puerto. Ni hay menos escollos en la carrera de la vida, ni se necessita menor prudencia para tratar con los hombres; pero es preciso conocerlos, y éste será uno de mis principales assuntos. Yo harè el oficio de Piloto, señalando los riesgos: los demás se aprovecharán, si quisieren. Si los hombres estudiassen su propria conducta, y quisiessen conocerse de buena fé, havria muchos à quienes irritassen mis reflexiones, del mismo modo que se enfadarìa una fea, à quien se presentasse un espejo; pero en esto de conducta, y de dictamenes sucede lo que con los reloxes. Se saca una docena en un concurso: todos varìan; pero cada qual guarda el suyo, persuadido de que es el mas exacto. Lo mismo sucederá con mis Papeles. Cada uno pretenderá conocer en los lineamentos de los vicios à tal, ò qual persona; pero nadie se reconocerà à sì mismo, creyendo irreprehensible su conducta, y viciosa la agena. No todos los hombres están dominados de unos mismos defectos; pero todos tenemos el de no querer conocer los proprios, ò el de tratarlos con una indulgencia, que llega à ser ceguedad. Poco, ò ningun fruto prometen semejantes terrenos; bien que en cambio ofrecen mucha tranquilidad à un Pensador, no creyendo ninguno que habla con sus vicios. Pintarè tal vez un avaro, un mentiroso, y un soberbio: Leerá el Pensamiento Tiresias, y no encontrará cosa, que hable con su conducta. ¿Son estos mis ojos? (dirá) No por cierto. ¿Es esta mi boca? De ningun modo. ¿Es esta mi narìz? Mucho se le parece . . . . . ¿pero quántas narices havrá parecidas à la mia? Methodo, ni orden no hay que esperarlo en esta Obra. Assi como serán varios los assuntos, sirviendo de materia quanto se presente à mi imaginacion; assi tambien la colocacion será casual. Y yo estoy tan acostumbrado à la extravagancia de mi fantasìa, que no me admirarè, si à espaldas de un Discurso contra la murmuracion, saliere otro tratando de la reforma de la Respetuosa, ò del exercicio del Abanico. Esta Obra se dará à luz todos los Lunes. Razon será, que antes de informarnos por la Gaceta de las Guerras, de las Alianzas, y demás, en que se interessa la curiosidad, volvamos los ojos, y nos informemos de lo que passa entre nosotros, y en nuestros mismos interiores. Pero no por esto entienda Vm. que quando ofrezco para los Lunes mis Pensamientos, hago cuenta de atar mi imaginacion, sin dejarla facultad de pensar otro qualquier dia. No, señor: ella es libre, voluntariosa, y antojadiza; y si qualquiera otro dia de la semana le dá gana de pensar, y de divertirse, no serè yo tan cruel, que la prive de este gusto. Y en fin, de esto decidirá el buen, ò mal acogimiento, que Vm. haga à mis Pensamientos. Si gustáren, serè incansable: si no, ni à Vm. le importará que deje de continuarlos, ni yo querrè vérlos destinados à envolver biscochos, ò caramelos. Algunas fealdades se encontrarán en los retratos: hablo de aquellas que caracterizan los vicios, y que no pueden omitirse, quando se trata de manifestar su deformidad, y hacerlos aborrecibles. Sin embargo, me lisonjèo de dejar contenta la decencia mas escrupulosa. En lo demás, no puedo tener culpa, assi como no la tiene un Pintor, que hace retratos feos, si lo son los modelos. Y en todo caso, si alguna persona reconociere su semblante, y no estuviere contenta, podrá hacer con mis Pensamientos lo que las Damas presumidas con algunos espejos demasiado sinceros. Yá está Vm. satisfecho (señor Público) en orden à las principales dudas, que pudiera suscitarle esta Obra; pero falta lo mas essencial, (dice Vm.) que son las calidades, y circunstancias del Obrero. Poco à poco. Aunque no me vendo, y que por consiguiente nada le importan à Vm. mis calidades, quiero que seamos amigos, y es preciso empezar por darle gusto.

Livello 3

Autoritratto

Yá dixe à Vm. que soy de genio delicado, taciturno, y pensador. Añado ahora, que las horas del dia, que tengo libres, las empléo en examinar toda classe de gentes. Tan presto me introduzco en una Assamblèa de Politicos, como en un Estrado de Damas. Ni en uno, ni en otro parage hago traycion à mi querido silencio, con lo que quedan aquellos muy satisfechos de que he estado encantado de sus maximas, y persuadidas éstas à que salgo absorto de su hermosura. Dejo à todos contentos con su vanidad, y lógro mi designio. Visito los Theatros, los Passeos, y las Tiendas: entablo mis Dialogos con el Sastre, el Zapatero, y el Aguador: la Puerta del Sol me consume algunos ratos; y en estas escuelas aprendo mas en un dia, que pudiera en una Universidad en diez años. Vérme en una conversacion es cosa de comedia, porque aborrezco la murmuracion; y como, por desgracia, casi todas las conversaciones se reducen à despedazar al proximo, si tengo precision de assistir à este abominable espectaculo, me entristezco, sudo, patèo, me muerdo los labios, y no tengo otro consuelo, que el de estár imaginando cómo ridiculizar, y avergonzar à esta maldita raza de murmuradores, que tienen apestada la España. Esta, y otras semejantes debilidades de mi genio me tienen en un tormento continuo. Los padres, que educan mal à sus hijos: Los ricos, que oprimen al pobre, volviendo las armas de su opulencia, y de su credito contra el mas digno objeto de su generosidad, y de su compassion: Las madres, que dán à sus hijas exemplos de profanidad, en vez de modelos de virtud, y modestia: Los maridos, que se dejan engañar de sus mugeres, en perjuicio de sus conveniencias, y no pocas veces de su honor, por mera indolencia: Los avaros, los novelistas, los aduladores, los maldicientes, los hypocritas, los embusteros, los modistas, los impios, y los supersticiosos: Todos estos, digo, y otra inmensa turba me hacen rabiar, llorar, y gemir, sin que basten à contenerme todas las reflexiones, que hace mi razon para mantenerme con indolencia à vista del mal. En fin, por desgracia mia, yo soy tan sensible, especialmente en orden à aquellos males, que turban la sociedad, que no puedo mirarlos sin dolor; y tan simple, que mi Philosophia pierde los estrivos, y me tomo una pesadumbre tal, y tan buena, quando contemplo el estado actual de los hombres, como si todos ellos fueran mis hijos, ò yo tuviesse comission particular para proteger la virtud, las Artes, el buen gusto, y la razon; con lo que passo la vida mas triste, y mas afligida del mundo. En punto de ambicion estoy muy bonitamente. Yo no me considero nacido para mandar à los hombres, ni estos me parecen tales, que merezcan la pena, y afanes, que cuesta el mandarlos. Los assuntos del Gobierno, su plan, ni sus maximas, tampoco me inquietan, ni tientan mi curiosidad. Amo à mis Reyes, como fiel vassallo, y à mi Patria, como buen hijo. Yo soy un passagero en la nave del mundo: pretendo hacer en ella mi viage; pero no mandarla, ni fiscalizar à los que tienen este cargo. Gobiernela quien quiera, y del modo que guste: todo me es indiferente, como naveguemos tranquilos. Los grandes empleos no se hicieron para mì, ni yo soy à proposito para los pequeños. Aquellos no me son accessibles; y quando lo fuessen, quizá no serìan compatibles con mi Philosophia, y tendria precision de desalojar ella, ò ellos. En estos, padecerìa mi amor proprio, que este nombre quiero dár à mi vanidad. Y en fin, estimo mas estár confundido entre la multitud, siendo un Pensador obscuro, y sin nombre, que todos los inciensos, por que sacrifican su tranquilidad los necios, que suspiran por grillos, y cadenas. Segun esto (dice Vm. y me parece que lo oygo) yo soy un hombre perfecto, y un Phenix entre el resto de los hombres. No, señor. Hasta aqui me he mostrado por el lado, en que mi figura es regular; pero falta vér el reverso de la medalla. Considereme Vm. pues, raro, delicado, sin contemplacion, pagado de mi dictamen, engreído con un cierto merito, que me he figurado, y finalmente, haciendo tanta vanidad de mi Philosophia, como pudiera un Principe de sus titulos, y de sus Estados; y concluirá Vm. que soy como los demás hombres, ni mas ni menos: esto es, un compuesto de vicios, y de virtudes.
Faltame prevenir à Vm. algunas cosillas: voy à proponerlas, y procurarè ser breve, porque yá me parece demasiado Prologo. Ni mi genio es satyrico, ni me ha puesto la pluma en la mano este maligno humor, el rencor, ni la venganza. Unicamente me ha determinado à esta ocupacion el gusto de entretener mi tiempo, y el deseo de no haver vivido inutilmente. Conozco el incontestable derecho, que tienen todos à mantener su buena opinion, y decoro, y por ningun motivo excederè los limites de una crítica general. Véo muy bien, que quando pinte para la censura un vicio, havrá quien acomode las lineas à la phisonomia, que se le antoje; pero esta será culpa personal del que haga la aplicacion. En este concepto, no hay que buscar personas, à quienes se adapten los nombres de Clelia, Celio, Tiresias, ni Aristipo, personages todos imaginarios, y para los quales ahora, ni nunca havrá clave, que los haga conocer, pues yo mismo no los conozco. Que cada uno tome para sì, y para su correccion lo que le convenga, sin querer hacer retratos las que son figuras de capricho. Si algunas personas quisieren embiarme sus pensamientos, yá sea en tono de Cartas, de Discursos, ò del modo que gusten, ofrezco imprimirlos, como no contengan cosa contra la Moral, contra el Gobierno, ni contra persona alguna en particular, y contribuyan de algun modo al bien público. A este fin los podrán embiar con cubierta para el Pensador à los hermanos Orcèl, Libreros en esta Corte, calle de la Montera; y la experiencia hará vér, que el Pensador no convierte en merito proprio el trabajo ageno. No hay que esperar pulidèz en mis Pensamientos. Mi genio es poltron: traslado al papel las ideas del modo que se me presentan; y si tuviera precision de entretenerme en corregir, ò limar el estilo, renunciaría antes al exercicio de escribir, que sujetarme à la pesada materialidad de aquel trabajo. Yá es tiempo de concluír, señor Público. Vm. está sin duda admirado de no encontrar en este Prologo zalamería, ni arrogancia; pero no hay que esperar uno, ni otro de mi pluma. Yo no me he de poner de rodillas à suplicar à Vm. passe en silencio los defectos de la Obra; porque antes bien estimarè me los advierta, para corregirlos. Tampoco me estaría bien tratar con fanfarronadas à mis Jueces. Assi, si no encuentra Vm. los hypocritas epitetos de benevolo, candido, curioso, y benigno, tampoco verá los insolentes de grossero, impertinente, preocupado, y necio. Vayase uno por otro; y en todo caso, si à Vm. le pareciere, honrando mi trabajo, que es susceptible de critica, que recayga ésta sobre la Obra, y no sobre el Operario. Alejemos de nosotros la villana costumbre de apuntar al Libro, y dàr al Autor. Una madre muy casta, y muy honesta puede dár à luz un hijo feo, y contrahecho. ¿Formarèmos por esto un processo à sus costumbres? Basta. Seamos amigos, y crea Vm. que lo es suyo muy de veras El Pensador.