El Murmurador imparcial: Observación Primera

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El Murmurador Imparcial, &c.

Observacion Primera.

Los Murmuradores,
y Visitas.

ARGUMENTO.

Citation/Motto

Mal haya quien apedrea
del vecino las ventanas,
si son de vidrio, y papel
las paredes de su casa.

Rom. Gener. part. 4. fol. 98.

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Si fuera permitido llevar la opinion de que hay vicios discretos, yo diria, que el de la Murmuracion es vicio de espiritus plebeyos, y corazones villanos, y por esta razon vicio el mas necio de todos. De qualquiera desorden de nuestras pasiones, ò extravagancias sacamos algun interès; pero ningun provecho, sino el de una fantastica, è inutil complacencia, se consigue con la Murmuracion. El Aváro, aunque no sea para su regalo, logra de su tenacisima codicia aumentar su tesoro. El Lascivo, aunque à riesgo de su salud, menoscabo de sus intereses, y à costa de algunas enojosas desazones, satisface un deseo, que le inspira la naturaleza, y le apetece complacido el imperio, que tiene sobre el hombre la hermosura; y aquellos no sees de Ovidio, quando hablando del amor dice:

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Es el amor, no sè què: embialo, no sè quien: viene, no sè por donde: criase, no sè còmo: sientese, no sè quando: contentase, no sè con què; y finalmente, quita la vida, sin saberse con què mata.
No obstante todo este confuso, y tyranico tropel de auxilios en su favor, y contrarios de nuestra quietud, es un vicio lo enamorado, que si no merece disculpas, à lo menos se concilia una especie de defensa, que la patrocina la natural inclinacion del hombre, aun quando su misma razon la reprehende; y finalmente el amor, aun mirado como lascivia, concluye en interès de la naturaleza, pues aspira à su propagacion, estrechando los tiernos, y suaves lazos de la sociedad.
Todos los vicios, aun siendo por su naturaleza malos, tienen una apariencia de buenos, quando se ensañan contra la murmuracion; y esto sucede si residen en corazones, que mal avenidos con la ruindad, y la baxeza, no quieren à cargo suyo los pecados en que otro se arruina.

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Heteroportrait

Yo he conocido hombre estrañamente relaxado, pero de tan noble corazon, y sana lengua, que quando se murmuraba de alguno, aunque fuera su enemigo, se encendia en tanto furor, que no bastaban à aquietarle ni los respetos del lugar, ni las súplicas del objeto de su amor, ni los sobornos de su mayor interès: y preguntado, ¿por què se enardecia tanto contra la Murmuracion? respondiò: Porque es un delito majadero; y si en el mundo son lo mas aborrecible de èl los tontos ¿quien, sino el que fuere necio de quatro suelas, podrà hallar deleite murmurando? y ¿quien, sino el que tenga la razon fuera de su lugar, ha de querer irse al infierno, cavallero en un asno, que tal se puede llamar el pecado de la Murmuracion? ademàs de que el murmurar no es de almas nobles, sino de espiritus ordinarios, villanos, y valadìes. En mi concepto no hay necedad del hombre mayor, ni mas insufrible, que la de murmurar; y al modo, que en el mundo ninguno es peor visto, que el tramposo, porque hurta, estafa, quita, y debe, y à ninguno satisface; asi en la dilatada provincia de los viciosos el murmurador es el mas perjudicial entre todos ellos; porque èl solo, entre tantos, es el embustero, estafador, y tramposo; pues quita honras, y no puede restituìrlas; estafa reputaciones, y nunca las vuelve; trampea contra la fama de su progimo, y jamàs vemos, que satisfaga deuda de tanto credito: pues ¿còmo no se le ha de abrasar el corazon al que le tenga bien complexionado, al sentir que hablan mal los que nunca pueden verse en estado de hacer bien? ¿y à lo menos de cumplir con su obligacion, restituyendo lo hurtado à la honra, y lo estafado al decoro de la virtud, y à la honestidad de la modestia? Concluyo mi pequeño sermon, y digo, que mas quisiera adolecer de una fiebre ectica, que del achaque infernal de mala boca; pues de aquella podrìan huir el contagio los que no me comunicasen; pero de la endemoniada epidémia de los apestados de boca no se libran, antes tienen mas riesgo, los ausentes. Yo aprendì de un Cavallero muy erudìto, y no menos virtuoso, à concluir siempre el Padre nuestro con: libranos, Señor, de mal, y de la boca deslenguada de los murmuradores, que es el mayor: todos respondimos, y muy de veras: Amen.

Pasémos à otra reflexion. Algunos piensan, que el ser ilustres consiste solo en haver tenido un casual distinguido nacimiento, y creen, que no puede haver defecto personal, que los infame, porque huvo fortuna, que los engrandeciese. Con este errado concepto se entregan à todos los mas extravagantes caprichos; y regularmente entre las personas de mas elevado caracter, tienen mayor acogida las calumnias, y murmuraciones; porque como hacen zelo, y decoro suyo todo lo que los adula, y paladéa la vanidad, tienen por reputacion suya aquello que destroza, y hace añicos la opinion, y fama agena: desdichados pensamientos los que sugieren máximas tan conformes al pernicioso Politico Florentino:

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“El vicio de la Murmuracion (decia aquel impio Estadista) se ha hecho yà transcendental à todas las esferas; pero donde ha fixado su mas constante domicilio es entre los que afectan mas lo delicado, y decoroso; y asi para tener con estos espiritus animados de la ambicion algun dichoso lugar, para hacer felices sus idèas los hombres de inferior fortuna, necesitan congraciarse con la Grandeza, diciendo, quando se habla con algun Poderoso, todo aquello que baste à desmedrar la gloria de sus rivales; y de este modo, descendiendo por los escalones de la dicha, se ha de entretejer la maledicencia con la lisonja, subiendo esta el tono de la alabanza por los puntos, que se vaya baxando la reputacion agena.”
Doctrina diabolica, pero yà tan bien admitida en Palacios, Gavinetes, y Casas de Grandes Principes, Poderosos, y Señores, que no se oye otro sonido, que el tiple de la lisonja, y el falsete de la calumnia. Por esto, sin duda, dixo Don Diego de Mendoza:

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Tal os tiene oy por amigo,
que mañana, si le place,
os tomarà por testigo
de los agravios, que os hace.

Mas abultada veremos esta verdad en el trato, si ponemos la atencion en algunos sugetos acostumbrados à sentir mal de todo lo que no les parece bien, ò porque es un callado desaire de su vanidad el merito estraño, ò porque es una manifiesta censura de su mal fundada presuncion el justo aplauso del progimo. En las Damas tiene este vicio mas poderoso influxo: à mi me ha sucedido una casualidad, que basta para corroborar este pensamiento.

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General account

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Heteroportrait

Hallabame yo un dia con otros en casa de una Señora, dotada por la naturaleza con una hermosura nada vulgar, y muy opuesta à muchas, que son bellezas provocativas, de cuyo peligroso incentivo solo sacan los afectos, aun mas puros, abrasarse en incendios escandalosos. Esta graciosa, y bien formada hermosura, que nada tiene que embidiar, y mucho para ser embidiada, no se satisface con ser bella, pues queria serlo sola, atravesando de modo su presuncion altanera los lìmites de la retentiva, que en llegando à la Murmuracion, no se ahorra ni con las amigas de su mayor cariño, y confianza.
Esto se me hizo demonstrable al oirla hablar de una de sus mas íntimas.

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Dialogue

Dixo un Cavallero de los que formaban el corro: Esta mañana estuve à ver à Doña Felisa, y me fiò el dulcisimo encargo, y el honor de que ofreciera à V. mi Señora Doña Florinda, todos sus afectos. Esta Señorita, que si no fuera tan vana, añadirìa mas solidèz à su discrecion, y hermosura, respondiò: Agradezco, como es justo, la memoria de mi amiga, y estimo la embaxada, por el Ministro à quien se ha fiado tan amorosa diligencia. Ahora bien, (añadiò) y què le ha parecido al Señor Don Lisidoro de aquella carita de pasqua, que todo el año tiene como estancadas las rosas? La misma preguntadora, sin dàr tiempo à la respuesta, se satisfizo à sì misma: No tiene duda, añadiò, que es muy fina la tèz, los ojos vivos, y hechiceramente amorosos, la nariz preciosa, y finalmente, en todo su rostro estàn las gracias muy de asiento: todo esto es verdad; pero tiene una indisculpable falta, y es, que hace yà muchos dias, que Felisa es hermosa: es cierto, que es muy discreta, y aníma un ingenio peregrino, que con èl solo tenia bastante para ganar afectos, y adoraciones; pero lucirìa mas su discrecion, si afectára menos lo entendida, y hablára menos vertida por las narices, y con mas represa por la boca. Casi ninguno ignora, que es una de las Damas de la Corte, que sabe acomodarse con el retiro, y gobierno de su casa; pero aquel Abate, que vive en ella, se sospecha la hace hallar dentro de su quarto todos los placeres del regocijo: nadie hay que no aplauda la modestia de sus adornos, y el exquisito gusto de vestirse sin apuros del cuidado; pero en mi concepto, no todo es virtud: yo creo, que es astucia de la necesidad, y estratagema del cariño, para que no le falten cortinas al ídolo de sus afectos. A muchos he oìdo celebrar otras preciosas qualidades, como el candor, la afabilidad, y una cierta poco comun condescendencia con el parecer ageno, que hacen à Felisa amable, hasta de aquellos que no la conocen; pero tanta sencillèz, y en Dama de su clase, yà es, no solo demasiado, sino equivocar lo noble con lo abatido. La afabilidad (prenda de almas no vulgares, que quando parece las humilla, mas las engrandece) es virtud tan delicada para el manoseo, que debe exercitarse con mucha economìa, y no abusando de la llaneza; porque lo que empieza agrado, finaliza vituperio: por esta razon entiendo, que en Felisa es la afabilidad interès, pues procura con ella adquirir los obsequios, que se resisten à su adelantada hermosura; y como yà no es de tan noble origen, como piden las leyes de ser afable, aunque logre aplausos de benigna, pierde todo el decóro de la congraciabilidad, por interesada. La condescendencia, en nosotras las mugeres, lleva consigo un sin numero de impropicias interpretaciones; y asi tanta deferencia es velo, que cubre muchisima malicia. Esto no ha sido mas, que dàr à entender al Señor Don Felisauro, que me oye, que no soy tan necia como algunos me creen: sabe Dios, que à mi Amiga, y muy amada Felisa la estimo; pero no puede, qualquiera que sea el conocimiento, que Dios me ha dado, reducirse à hacerle traycion à la verdad; y aunque havrà parecido desahogo de la embidia todo lo que he notado de sus circunstancias, no me dexo vencer de la pasion, donde debe tener el primer asiento la ingenuidad.

Yo, que debo al libre, y nada encogido numen del Què se me dà à mì el ser mas claro, que los cedazos, que aora usan las panaderos, y mas raìdo, que papel de vizcochos en poder de muchachos, estuve tentado de soltar la sin hueso; pero me contuvo el haver llegado al mismo tiempo Doña Felisa, muger de las que hay pocas que la igualen en virtud, hermosura, y modestia. Apenas entrò, se abrazò de ella Doña Florinda,

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Dialogue

y la dixo: Amiga de mi corazon, y regalo de mi cariño, me alegro que estès buena, y tan hermosa, como bien prendida: ciertamente tienes una embidiable fortuna en lo bien que te sientan aun las cosas mas comunes, y ordinarias: vaya, vaya, que de cada dia està mas de tu parte la hermosura: Valgame Dios! sin embargo de las restricciones de tu honestidad, todo te viene como pintado, y es en tì primor aun el descuido. Yo estoy apurandome, y mortificando à mi asistente de tocador, que no es enana de habilidad, y con todo su prolixo esmero, y mi escrupuloso estudio, nunca puedo competirte; què es competirte? ni igualarte: no quiero avergonzarte con aplausos, que à tu moderacion se haràn sospechosos, y asi concluyo afirmandote con las mayores veras, que por qualquiera de las circunstancias amables, que en tì contemplo, hallo siempre nuevos hechizos, y lo mas delicado, que advierto en ellos, es el no ser buscados, ni precisivos; pues parece, que la negligencia, y la casualidad hacen en tì mas progresos, que en otras el conato, y la prevencion: Jesus mil veces! toda tù naciste para producir embidia, aun en las amigas, que mas te aman.
Doña Felisa, poco, ò nada desvanecida de lo que escuchaba, dixo: Amiga, vete con mas tiento en la alabanza, que no me considero tan digna de tus finezas, que presuma es verdad todo lo que me dices; pero como quiera que sean tus favores, y mi merito, estimo mucho tus exageraciones: mas te suplìco, que aunque asi como te declaras pienses de mì, reprimas tus afectos, para que no se forme de ellos un monstruo; esto es, en mì una vanidad mal fundada, y en tì una adulacion peligrosa.
La equívoca, quanto prudente respuesta de Doña Felisa, pudiera haver calmado la inquietud, que pruduxo en mi seriedad la mentira bien disfrazada de Doña Florinda, y estuve en un tris de saltar, y decir: Señora Doña Felisa, no crea V. à esa terrible embustera, porque no habla sino quando miente, y miente en todo quanto habla, y dice: contentème sin embargo, acordandome, para mi desahogo, de lo que dice el Romancero General à este, y otros asuntos:

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Usanse unas Damas
compuestas de enredos,
tempranas, y locas,
como flor de almendro.
Mienten, por lo mas,
obran, por lo menos,
callan, poca cosa,
hablan, mucho cuento.
Aman al marido
con lealtad, y afecto:
si, como aora llueven
en el digno premios.
La verdad ilustre,
divino respeto,
los mas la bendicen,
dicenla los menos.
Mienten yà los Grandes;
y si en esto miento,
hablen las mercedes
de nuestros pequeños.
Volvamos la hoja,
que estoy muy acedo,
hablemos de burlas,
y alegrarnos hemos:
Que de dàr orejas
à los majaderos,
me ha dicho un amigo,
que estoy en los huesos.

Con este oportuno desenfado me despedì, y escapè de un riesgo, en que peligraba la cortesìa, y havia de rechinar la paciencia; pues como dixo Don Alonso Castillo Solorzano en sus Donayres del Parnaso,

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Suelen los mas mesurados,
quando se sueltan de pulsos,
con solo darse un hartazgo,
restaurar noventa ayunos.

Llena la imaginacion de una bulliciosa chusma de ofrecimientos, que se atropellaban unos à otros sobre qual havia de ser primero para mi desahogo, lleguè à casa de un amigo muy íntimo: aqui hallè otro conciliabulo, en el que se trataban diferentes materias, yà de Estado, yà de la vida civil, y tambien de literatura; pero notè, que (con bastante disgusto del dueño de la casa, el que se hacia como desentendido, por cortesìa) de los que iban saliendo, se quedaban los Con-murmuradores mofando.
Se tocaron por asunto de la conversacion materias erudítas, de las que se desempeñaba sin descortesìas de escuela, ni furores de pedante un sugeto muy versado en la erudicion, y literatura del mejor gusto. Este, concluìdo el discurso, se fue à sus negocios: apenas volviò las espaldas, lloviò sobre su estimacion una deshecha tempestad de calumnias; pues uno à quien le descomplacìa, que saliese de todos sus empeños literarios con tanta gloria, prorrumpiò acalorado (mejor dirìa borracho de cólera, y frenetico de embidia:)

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Dialogue

Es cierto, que Don Artemio es muy erudíto; pero tiene un entonamiento orgulloso, y muy contrario à las circunstancias, que pide Minerva para formar un docto, y es necesario no ser tan decisivo, que todo quanto se diga ha de tener fuerza de escritura: todos le confiesan, que habla con mucha propriedad, y pureza nuestra lengua Castellana; pero ha tomado tan por su cuenta nuestro Diccionario, que todo lo quiere reducir à la angustia, y precision de sus lìmites: produce con bastante discernimiento los pasages mas delicados, è ilustres de la Historia; pero quiere hacer valer con demasiado teson el partido de sus reflexiones; y aunque muchos juiciosos convienen en que tiene una critica muy segura, la vanidad con que la obstenta enfadarà à un casado modorro, y darà que sentir à quien de nada se piglie fastidio: finalmente es muy bueno, si no fuera por lo que tuvo, tiene, y se sospecha tendrà, con otras cosillas, que por tan conformes con su apetito, tienen declarada la guerra à su entendimiento.

Yo, que yà llevaba, como se dice, el cohete encendido, estuve tentado de apresurar el ardor, para que estallase el trueno; mas contemplando, que donde otros mas capaces que yo callaban, no era justo me llevase la preferencia de boquirroto, disimulè; pero con tantas bascas como el que con hastìo toma una purga, y solo dixe para mi coleto, y en despique de mi enojo: A este solemne majadero se le puede aplicar desde aora para quando muera el Epitafio de Castillo Solorzano, que dice:

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Yace aqui quien desbocado,
(siendo al freno contumàz)
de su satyra mordàz
muy pocos se han escapado.
No le toques al pasar,
que à pesar del marmol grave,
se levantarà, si sabe
que hay à quien satyrizar.

No havia llegado al remate de mi suspension, quando se apareciò en nuestro Congreso un Cavallerete de excelente nacimiento. Este (porque asi se lo ha hecho creer un pedante, con pretexto de Ayo, y un fino adulador, con gualdrapa de Maestro) se presume el Salomon de nuestra edad, sin mas arreos, para tan ridícula creencia, que haver mal deletreado, pues se duda los haya leìdo, algunos libros Franceses de literatura de moda, no sabiendo mas de ellos Maestro, y Discipulo, de quien aora tratamos, que un Pródigo de guardar, y un Aváro de esparcir.

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Heteroportrait

Este Cavallerete, ò Potrillo sin domar, tirando coces à lo grande, y con un orgullo insufrible, afectò mas conocimientos, que un hypócrita piedad, devocion, y ayuno: se soltò libremente, y al abrigo de la grandeza de su cuna, alargò las riendas à la satyra, fulminando desprecios contra Ingenios muy conocidos, y mejor empleados, sin guardar las justas leyes del respeto, y civilidad, no obstante tener en su presencia sugetos, que infunden moderacion, por sus admirables prendas, en qualquiera asamblèa, y tertulia: sin embargo de este poderoso freno, que lo serìa del menos bien instruìdo, maltratò el noble decoro de un erudíto ausente.

Aqui fue donde à uno de los circunstantes se le subió (como decimos) la mostaza à las narices, y sin encomendarse al ídolo de los lisonjeros, que es el disimulo, abriò las represas à la moderacion, y dixo:

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Dialogue

¿Què es lo que profiere el Señor Don Qualquiera, legitimo descendiente de su torpe ignorancia? ¡Vive el sagrado respeto del juicio, que yà es vergonzosa, y demasiado negra la esclavitud, que profesan los Sábios al oro! Si fueran estudiosos menos alucinados veneradores del Asno de Apuleyo, puede ser que se huviera cansado la Fortuna de ser vizca, y mal intencionada con las ciencias. La causa original por que estàn como renidos los premios, y el merecerlos, es, porque las personas sábias, y bien instruìdas, avasalladas de su misma humildad, tributan indebidos cultos al ídolo inutil, (por manco, cojo, ciego, sordo, y mudo) del haver ageno. Los Sábios, acobardados de su propria miseria, permiten salvo-conducto à los errores de los ricos, à quienes veneran como deidades, solo porque logran una dorada distincion en sus doblones, fundando en estos la engañosa esperanza del socorro de sus necesidades. Este vicioso, y abominable disimulo, que siempre se presenta con aspecto cortesano, hace creer al rico maja buenos, que sabe; y que à menos ciencia (como puede obstentar mas dinero, y con este, y en este mas soberanìa, y autoridad) puede tambien persuadir, que en todo quanto discurre, no solo tiene, sino que le sobra la razon. Esto supuesto, entienda V. señor Critico falsario, y en V. entiendan todos los que son, y seràn de su partido, que para juzgar del merito, ò demerito del progimo, no dan jurisdiccion las pesetas, ni los pesos gordos, sino las virtudes, y los exactos conocimientos. Si todos los hombres de literatura, y verdaderos profesores de las ciencias, se conspiráran contra la ignorancia engrandecida, esta levantarìa menos el vuelo, y aquellos se elevarian à mejor destino.
A esto saltè yo, y dixe: Hable V. un poquito mas baxo, porque si nos oyen todos aquellos à quienes se dirige el sermoncillo, tenemos mal pleyto; pues:

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De soplones el lugar
està lleno hasta las tejas,
y à sus agudas orejas
aun no es silencio el callar.
Es menester respirar
en secreto, y con cuidado,
porque yà se han inventado
anteojos de largo oìdo:
Bravo el torillo ha salido,
y de èl ninguno se escapa,
sino el que suelta la capa.

Leon y Ortega, Juicio del año de 1733.

La Murmuracion, estoy desengañado, que se ha hecho segunda naturaleza de los mal entretenidos: esto no debe asombrarnos, porque como hay tantos, que tienen desalquilado el desvàn de los sesos, procuran ocuparle con inquilinos adequados. A vista de esto, sepan todos, que

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La cencerrada và buena,
el suelo se torna en techo,
y los Zanganos se han hecho
Señores de la Colmena.
Traydores, y Taberneros
aguan la fiesta igualmente;
y desuellan à la gente
los Criticos, y Barberos.
La lisonja, y la maldad
dàn con la guitarra al traste;
y no hay azucar, que baste
à confitar la verdad.
Vistese de autoridad
con pera, y vigote un mico:
lo demàs, que yo no explico,
lo dirà la sonagilla:
Cada qual à su guardilla,
porque hay mucho mal ogaño;
pero lo mismo fue antaño.
ibi.

En esta inteligencia, recojamos las velas del discurso, y cada uno atienda à lo que està à su cargo: El murmurar es el vicio mas dulce, y pegajoso, por tanto debe ser el mas temido; mas para darle un buen cierra labios al intruso Critico, basta decirle, para que sepa donde le duele, que

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Sastres de la iniquidad,
con politica agudeza,
desnudan à la pobreza,
y visten à la verdad.
Es gorrona la maldad,
que hace su alcahuete al zelo;
sobre la luz un mochuelo
es de todos consultado:
Que en el relox disparado
de Madama la Fortuna,
à las ocho dà la uua [sic].
ibi.

Con licencia: En Madrid, en la Imprenta de Francisco Xavier Garcia. Año 1761.