El Escritor sin Titulo: Discurso Sexto

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Nivel 1

Discurso Sexto

Desengaño al Desengaño II. que Intentó dar
al Teatro Español D. Nicolas Fernandez de Moratin.

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Relato general

A la tercera va la vencida. El modo de representarse los Autos es el objeto que debe emporcar este papel: pero eso quisieran para reirse los que me ven lleno de torniscones y cachetes de prensa. Como si yo fuera el Apoderado de la Literatura de nuestros abuelos, parece que he de ser el morrion que reciba la metralla de qualquier Escritor antojadizo, aunque no traiga mas principios que las primeras líneas. Pues no señor, los hombres parecemos á las veletas que mudamos de situacion como de ayres; y si ayer maravilla fuí, hoy sombra mia no soy; y en buen romance me llamo antana. Sobre que estaba deseando sacudir las plagas de Apologista y sacatrapos de descuidos agenos. No siempre habia de ser espíritu de contradiccion; alguna vez me habia de ver libre de colgar líneas, y entrecomar letras. ¿Qué me importará que Don Pedro Calderon de la Barca escribiese las Coplas de Calainos ó el saliéron á reñir dos caballeros? ¿Qué burro se me muere porque lo pongan como un trapo, lo hagan coplista de poco pelo, calvo ó peludo? Es acaso mi madre ó mi tia, para que yo haga renacer las leyes del duelo, y defienda su honor ajado de montesinos el Bachiller Carrasco, ó algun otro andante literario? ¿Qué pio legado ó beneficio simple hay cargado para los que consuman el humedo radical, entresacando periodos y desmoronando papeles? ¿Quién le mete á Juan Bonete en alegorías, verisimilitud, ilusion y otras petrimetrerías escolásticas que no las pueden saber, sino los que hablan en Guirigay? Si yo no he salido del cascaron, que todavía soy pollo huero, ¿por qué tengo de sacar el gallo, ni meterme á erudito de moda? A mas que el no abrir los ojos al primer desengaño puede pasar; pero el que los cierra al segundo, se supone incurable. Pues tate, que yo quiero ver, y si hasta ahora

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“parece desgracia de la nacion, que siempre hayamos de estar con los ojos cerrados, porque apénas uno pretende abrirlos, quando mil obstinados en lo que aprendiéron nos vuelven á dexar en tinieblas.”
Ni yo quiero quedarme en tinieblas, ni que sin mas ni mas me tengan por obstinado. Lo peor es, que de aquí se seguiria el gravísimo inconveniente de que

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“la disputa sobre los Autos no se terminará jamas, miéntras que sus defensores no se desnuden de la manifiesta pasion que los domina;”
porque aunque yo tenia derecho para formar la contradictoria, y decir lo propio de parte de las calzas atacadas, me guardaré bien, porque me preguntarán con razon, y á qualquiera que defienda los Autos.

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“¿Si sabe qué cosa es Poesía, y en qué clases se divide? ¿Sabe quál es la Dramática ó representable? ¿Quál su artficio? ¿De qué partes consta? ¿Qué circunstancias debe tener? ¿Qué reglas debe observar? ¿Los Autores que en nuestra nacion y en las extrañas han tratado la materia desde los mas remotos siglos?”
Esto será sin duda ántes del Diluvio;

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“¿saben los que la han puesto en práctica mas felizmente?”
Seguiditos otros muchos sabes, y luego:

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“Si sabe todas estas cosas, que las saben pocos (porque no son tan fáciles como parece) estoy cierto que no aprobará los Autos; pero si no las sabe (aquí es ello) ¿por qué ha de aplaudir lo que no entiende? ¿No conoce que va expuesto á decir mil disparates? ¿No ve que no es posible el entendernos por su falta de principios?”
Pues señores, vuélvome á mis trece; y pues no hay otro modo para saber que la Poesía se divide en Epica, Dramática y Lírica que hablar mal de los Autos; quiero, es mi voluntad y última disposicion, que todo el mundo me tenga por mal hablado, y cáteme Vm. Epico, Dramático y Lírico. Item los Autos de Don Pedro Calderon de la Barca desde hoy dia de la fecha se han de tener por nulos, y sin las formalidades de Derecho; que no hay otro modo de tener principios, y aun olla; salir del trabajo de decir mil disparates; saber las partes que constituyen una Comedia, el artificio que debe tener; y para no gastar saliva, quanto se necesita para ser un Moliere hecho y derecho. Pero esto no quita, para que con licencia del Señor Moratin, admire el que nos diga:

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“No tiro á ventana determinada, hablo con todos y con ninguno; pero deben saber los ignorantes, que en materias que no entienden no son aptos para decidir; y miéntras hablan los que lo han estudiado, ellos deben observar un profundísimo silencio:”
porque aunque Vm. lo debia observar y saber esto mismo, es menester ser mondo de cascos, para no entender que lo ménos que Vm. gradua es de ignorante, falto de principios y sin algun conocimiento en la Poesía al que defienda los Autos. Y siendo yo en el dia el miserable que ha tomado la voz, el que los defiende, y á quien se dirige toda la cataplasma del segundo desengaño al Teatro Español, parece que se convence que yo soy el ignorante, el falto de principios, el que no sé de Poesía; y en una palabra, el que Vm. dibuxa con mas faltas que una pelota. Pero soy Juan de tan buena alma, que no turbo mi serenidad por tan pocas cosas; y aunque con la pluma en la mano, por lo que tiene de cañon podria disparar igual cascajo, con todo, no estoy de tan mal ayre, y ántes bien (seguro de que no me han de creer) diré que es Vm. uno de aquellos eruditos, que de tarde en tarde vomitan los siglos; que sus obras todas son iguales; que la Petimetra y la Lucrecia, Tragedia Española, son unas buenas piezas, y que la Egloga, en alabanza de Velasco y Gonzalez, está tan natural, como si la hubieran hecho los pastores que la forman; que es Vm. hombre completo con su alma y cuerpo, lo mismo que lo fuéron Terencio y Plauto, quantos celebra la fama y han hecho bulto en los Arcades de Roma. Quando para todo esto no tuviera mas razones que el terrible empeño con que nos prueba, que los Autos, todas las piezas Dramáticas y aun Poéticas han de tener algunas reglas, me bastará para no desplegar mis labios ni decir esta boca es mia; porque hasta de ahora ha sido esto como la quadratura del círculo, que nadie la tiene apurada bastantemente, y ya salimos, bendito sea Dios, á puerto de claridad; sabemos lo que han ignorado nuestros abuelos, y lo que pueden saber los hijos del que sea padre. Así supieramos cómo se ha de entender el que

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“los Autos Sacramentales, no hay duda que son unas piezas Dramáticas para representarse:” Y con su colita al canto; “esto nadie lo ha negado:”
pues yo no sé cómo ha de ser este niño, probando Vm. con tan eficacísimas razones el que no observan regla alguna de las que constituyen el Drama, y parece que no ha de ser Drama lo que no observa regla alguna de las que lo constituyen. A mas, que para falsificar esta proposicion: Todo hombre es blanco, basta que haya uno que no lo sea, y del mismo modo ésta: Nadie lo ha negado, en habiendo un qualquiera que la niegue estamos del otro lado. Pues esto ¿qué tiene que hacer? Vm. no habrá leido mi Discurso quarto que intenta impugnar, ni el que le sirve de asunto que sueña defender, pues de otro modo hubiera visto, que hablando de los Autos, dice Don Joseph Clavijo: Tampoco pueden tener el nombre de Poema Dramático, lo que yo impugné en quanto pude, y ya se ve, que negándoles hasta el nombre, no queda razon de dudar que hay quien les niegue el ser Poemas Dramáticos. Con todo, estas son unas piltrafillas filosóficas que no merecen atencion. En fin, gazofia de Frayles y monigotes. La verisimilitud ó propiedad en los Autos parece cosa desconocida, y que Vm. se contentaria con solo estas madamas se dexasen ver de quando en quando; pero esto es pedir peras al olmo, porque parece que hay quien diga:

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“que aquello es como si nos leyeran un libro (¡Qué bien lo entiende!) y que la historia es semejante á la representacion.”
Eso quisieran Vms. para reirse, que hubiera quien respondiese semejantes desatinos para descargar la mampostería de sus desbarros y erudicion copiada; pero no se verán en ese espejo, que los que defendiamos los Autos defendiamos su verisimilitud y las partes que constituyen un Drama, segun las reglas de la prudencia y los maestros del Arte: pero eso fué in illo tunc, y hasta que hemos tenido la fortuna de saber,

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“que las personas que componen estas piezas, no han de ser fantásticas ni incapaces de articular palabras, que es el fin para que se introducen. Y si no, dígame Vm. ¿es posible que hable la primavera? ¿Ha oido Vm. en su vida una palabra al apetito? ¿Sabe Vm. cómo es el metal de la voz de la rosa, ó si es carraspeña la del cedro? ¡Ah Señor! responden que esto es alegoría.”
¿Pero quién lo responde? Esto hasta ahora no se sabe ni se sabrá; pero es menester creerlo de buena fe. En verdad que es para admirar que se jacten estos hombres de que van á abrirnos los ojos, y luego salgan con estas zarandajas, que solo pueden hacer fuerza á quien no haya visto mas que coplas de ciego, ó desengaños al Teatro Español. Es comunísimo en todos los Poetas de alguna nota fingir sentido al que no lo tiene, voces á los brutos, y alma á cosas inanimadas.

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Ejemplo

Virgilio en el libro primero de la Eneida pinta haber Juno intercedido con Eolo, para que diese libertad á los vientos, y de mancomun destruyesen la Armada de los Troyanos, lo que consiguió tan lindamente, que fué menester que Neptuno sacase á relucir su Tridente, y con una cara de espanta-muchachos les hablase, poco mas ó ménos, en esta forma que pongo en Castellano para remedio de los legos; y de fiesta para la gente de mal humor: Eurum ad se Zephirumque vocat dehinc talia fatur . : : : : : 

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Soploncillos, ¿es posible Que os atrevais con tal broma
A mezclar la Tierra y Cielo,
Haciendo montes las olas? Por vida de: pero tate, Que lo que urge por ahora
Es dexar la mar en leche,
Por si me quiero hacer sopas. Que despues yo os aseguro, Que habeis de llevar tal solfa,
Que no tenga semejante
Otra alguna, alguna, ú otra. Idos, pues, con mil demonios, Y á vuestro Rey en persona
Le diréis, ¿que si conmigo
Piensa jugar á la morra? Del Mar Imperio y Tridente, Ni le tañe, ni le toca,
Que yo lo gané por suerte
Una tarde á la pelota. Gobierne él en los peñascos Casas vuestras, su Corona
Exerza allí, y en la Cárcel
Os tenga sin buscar costas.

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Ejemplo

Qué dirémos de Lucano1, que nos pinta á Cesar á la otra parte de los Alpes, cerca del pequeño riachuelo Rubicón, en donde parece que se dexó ver su patria triste, macilenta, tendido el cabello, los brazos desnudos, echando lagrimones como ajos pelados, y que con una voz congojosa le dixo: ¿Adónde pasais mas adelante? ¿A qué parte conducis mis banderas? Si vencís con derecho, si sois mis Ciudadanos, hasta aquí, hasta aquí es lícito.
Vaya el Señor Hisopo, mejorado en Fedro, y uno y otro pantallas de Homero, Hesiodo con otra gente de las que no se escupen en la manga, ¿no nos han dexado mas exemplos, que páginas de Leones, Zorras, Plantas, Lobos, Perros y toda casta de animales que decian sentencias como así me lo quiero? ¿En los Teatros de Grecia no fué comunísimo en algunos tiempos? ¿Pero para qué es machacar? Oiga Vm. lo que dice el Padre Juvencio, uno de aquellos Jesuítas, que en estas materias son unos pobrecillos, porque aunque explicó á Horacio2, como pocos, tal vez seria algun

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beatus vir: agrada, dice, en grande manera, que tanto los Poetas antiguos como modernos induzcan personas ficticias en el Poema Epico, Trágico, Cómico, Bucólico y Satírico; y sigue: No sin dignidad y elegancia á las cosas inanimadas se les da espíritu; á las mudas voz, como quando á Roma, Francia, Africa las vemos hablando; y tambien quando las artes toman bulto y expresiones de personas.
Ahora me habia de salir Vm. con que Virgilio, Lucano, Hisopo, los Griegos, y quantos modernos y antiguos hay y ha habido lo usáron bien, y Calderon mal; porque á Vm. y á todos ellos les sabré yo decir con mucho modo:

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“pues de esa manera yo haré un Auto, Comedia ó Farsa; y en viéndome aturdido haré hablar al primer poste, á los calzoncillos del apuntador, á los anteojos del guitarrista, ó al dengue de la acomodadora; y si me dicen es desatino, yo responderé es alegoría; pues la misma facilidad tienen para hablar los calzoncillos, &c. que la justicia, la verdad, la razon,”
Asia, Africa, Roma, Francia, las artes y los vientos para llevar recados ni oir reprimendas. O no me dirán, ¿qué Parroquia cargó con las mangas de la patria de César? ¿Qué Peluquero la dexó tan mal peynada? ¿Si su voz era de tiple ú de tenor? Y quando todo no sea bastante, habrá cosa mas preciosa, que la que dixo una mosca desde un corredor de oreja alufrando, tal vez, alguna matadura: Yo y mis compañeros aramos. ¿Qué primor seria que aquel sutilísimo pico, empleado en muy otras materias, prorumpiese en esta sentencia, que lo es difinitiva para muchos que les parece que aran, sin ser mas que insectos que nos molestan? El P. Colonia en su lib. I. de Retórica explica como son verisímiles las locuciones de los irracionales, y otras cosas que no tienen voz ni alma, y se les finge uno y otro, cuya proporcion se debe observar para los entes metafisicos que personalizan los Autos; y de los miembros y otras partes del cuerpo humano tenemos testimonio bien auténtico en Tito Libio con su Apólogo Membral, bien conocido en el Orbe Literario. Seria lástima que nos dexasemos en el tintero la monstruosa difinicion de la alegoría, que despues de preguntarnos, si sabemos qué cosa sea; responde

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“Sí señor, dirán: ó es decir una cosa y aludir á otra, ó hacer que á una cosa muerta, ausente ó incapaz de formar voces ni tener sentido, se les finja uno y otro.”
¿Habrá mas horroroso modo de cambear los frenos, y poner pies de cabra á cabeza de rostro racional? ¿Qué impugnacion hará de unas piezas alegóricas, quien de este modo define la alegoría? Este hombre que toma el tono de desengañador, no es cosa desengañada? La definicion que yo pongo en mi Discurso IV. es comunísima entre todos los Retóricos. ¿Pero qué ha hecho? Tomó un pedazo de ella, y otro de la definicion de la Prosopopeya, y ha formado un revoltijo que Dios nos asista, y le pague lo que me revuelve los sesos para traer á colacion tal tropel de cabos sueltos, sin órden, método ni cosa que lo valga. Aquí me copia un pedazo, allí trunca otro; pero lo mas precioso es ver la facilidad con que hace tacos una solucion y dispara un argumento:

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“Moises, dice, Job, David, Prudencio, Juvenco no usáron de alegorías violentas ni desproporcionadas como Poetas Dramáticos, y esto es, á lo que entiendo, la mente del que lo dixo.”
¡Qué cansada se le habrá quedado á Vm. la cabeza! ¿A quién hemos de creer tan zonzo y pobre de espíritu, que dixera que los Poetas Líricos no usaban de las alegorías como Dramáticos? ¿No era una sandez de bulto, y un modo de hablar hasta ahora inusitado? ¿Hay cosa mas chula que este modo de impugnar y resolver? Señores, el Pensador dice:

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Moyses, Job, David nos dexáron los mejores modelos de esta Poesia que destináron á cantar las maravillas del Altísimo : : : : :  sin que en alguna de estas obras se vean autorizadas las alegorías que notamos en los Autos. Y un poquito mas abaxo: Prescindo de si estan bien observadas las reglas de la alegoría, y que las de esta naturaleza deban, ó por mejor decir, puedan tener lugar en el Teatro.
Con que aqui no procede la qüestion de si las alegorías que usa Calderon son buenas ó malas, si deben ó no deben tener lugar en el Teatro, porque de esto se prescinde; sino de las alegorías como alegorías, y como que son parte de una composicion sagrada. Esto lo tengo extensamente probado; pero Vm. es hombre de rompe y rasga, resuelve un argumento mejor que el aceyte de ladrillos un rumor, copia lo que le da la gana, dexa lo que no le es del caso, y va llenando sus hojitas como Dios le ayuda. Pero lo que se sigue es del todo precioso.

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“Yo no digo (dice) que el libro de los Cantares sea literal, no porque Duhamel repare en que siéndolo no habia de comparar la nariz de la esposa á la torre que mira ácia Damasco, porque éste era el modo y estilo de los Asiáticos.”
¿Podrá darse alucinacion mas formidable? Lo primero, ni Duhamel dice semejante cosa, ni los Asiáticos han tenido semejante modo de hablar, sino quando inspirados del Espíritu Santo han proferido lo que no está sujeto á la comprehension de los hombres; pero ¿cómo habia de encaxar aquella célebre noticia de que Homero, para celebrar en su Iliada los ojos de Juno, dice, que parecen de buey ó vaca, sino emendándole la plana á un hombre como Duhamel? Sea en buena hora, que esto es ser eruditos, y no los que se andan despulgando papelejos, y oxalá parara en eso, pues no corre mejor fortuna el Padre La-Haye. Este hombre á todas luces grande, y que tanto fruto dió á la Iglesia de Dios, y dixo que los Cantares eran pieza dramática; y el señor Moratin con su acostumbrada energía dice:

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“este libro es un Diálogo y no Drama, ni mas ni ménos (prescindo de la materia) que el de Castillejo con su pluma; aunque yo mas me inclino á que es un Epitalamio en especie de Égloga sagrada.”
¿No es esto una belleza? Yo estoy muy contento de considerar que quando los extrangeros se mofen y burlen de que haya Españoles tan necios y disparatados, que defiendan los Autos, encontrarán tambien ingenios de tal estofa, que les pongan las peras á quatro á los primeros hombres que ha tenido París, ni ha celebrado Venecia, y que despues de haber empleado toda su vida en el estudio de las Escrituras, haya quien les diga, tal vez sin saberlas construir materialmente, como han de entender los lugares que explicáron á tanta costa. Pero señor Moratin, habrá muchos tan zotes, que crean al Padre La-Haye mas que á Vm. y yo soy uno de ellos; y siendo lo mismo Drama que cosa representable, es menester que esta materia nos la explique con su acostumbrada claridad: porque personalizándose en ella los entes metafísicos, y siendo alegórica hasta en los nombres, sacamos en limpio que quando los Autos esten llenos de disparates, no por personalizar entes metafísicos, ni ser alegóricos, sino por personalizarlos mal, ó por alegorizar no bien, lo que está Vm. muy léjos de probar, porque de uno ni otro entiende. Y no sabrémos cómo, quándo, ó por qué han de ser los Cantares Egloga sagrada, quando ésta, segun los Poetas grandes y Vm. entre ellos, la forman entre pastores y gente de zamarra, cosa que no entiendo como la hemos de componer; pues el esposo es Rey, la esposa dicho se está. Pero sea lo que quisiere, que para Vm. lo mismo es uno que otro. Vaya otro empujon por el mismo término que los antecedentes, y no hay que esperar método, porque necesitabamos un siglo para refutar con órden todo lo que inculca el susodicho desengaño. Ello es que nos dice:

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“suponiendo, pues, que toda pieza teatral es absolutamente disparatada si no se funda en la verosimilitud, díganme si se halla rastro de ella en los Autos, y quáles son las reglas que observan; pues ellos no pueden escapar de estar sujetos á algunas, ¿Imaginará ninguno, que es verdad quando oye hablar á la culpa y la responde la gracia? Señor, que es alegoría: respondo que es falso.”
Y yo tambien; ¿pero se puede dar modo mas fatal de confundir la verdad con la verisimilitud como si fuesen una misma cosa? Yo estoy persuadido, de que muchos de los que se arman con este trampantojo no han soñado en su vida cómo ha de ser una cosa verisímil. Vamos, pues, á explicar qué cosa es verisimilitud, para que Vm. ni otro alguno nos rompa los cascos con esta cantinela. En primer lugar, pues, se debe notar que la accion principal de qualquiera clase de Poema debe ser verdadera y clara en la Historia, de tal suerte, que seria un error notable si yo hiciese una Tragedia de la muerte de César, y figurase en ella haber muerto de enfermedad natural; pero siendo ésta la accion principal en quanto á las accesorias, puedo fingir todo aquello que proceda á su muerte, con tal que no diga repugnancia con el hecho positivo. De modo que muchas veces sera defecto contar verdades, si no parecen verisimiles; y como es indubitable, que muchas faltas son mas probables que las verdaderas, por la misma medida mas conformes á la verisimilitud; y los Autores mas rígidos encargan:

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que el Poeta esté obligado á proferir accion que verdaderamente haya acontecido, la que adornará de tal modo, que en el ornato consulte mas la verisimilitud, que la verdad.
Sucede, pues, que Calderon pinta al hombre enfermo y necesitado; á un Dios que lo quiere, procura su alivio, y le da el último remedio en su mismo Cuerpo y Sangre. La accion principal en todos los Autos es ésta, que sin disputa es verdadera. Pues ahora la inverisimilitud tan decantada está en que doy por caso el alivio primero á su necesidad lo ofrezca Melchîsedec en pan y vino, o alguno de los demas Patriarcas de la Ley antigua en otro modo de iguales circunstancias. De suerte que si este mismo pan y vino lo ofreciera qualquier Pedro Fernandez, este episodio seria verisímil: ¿porque qué cosa puede serlo mas, que el que un padre socorra á su hijo necesitado? Pues, señor, ni esto ni el que Calderon proceda por abstracciones, y no haga mas que lo que han hecho otros muchos bien entendidos, sirve para estos caballeros que todo lo que no entienden se les figura anacroismo, disparate, é inconexîon. Pues ¿qué repugnancia tendrá que supuesto que se les finja voz y cuerpo á la gracia y á la culpa; hable una, y otra responda, siendo tan freqüente entre contrarios y rivales? ¿Ni qué cosa mas del caso, que poner á los ojos del hombre el horror de la culpa y la hermosura de la Gracia, para que viéndolas de bulto destierre de su corazon el mayor de los monstruos por la belleza mas belleza entre todas? Pero no señor, la Comedia satírica del Machîabelo contra las Damas de Florencia es pieza perfecta, y toda alegórica: la de nuestro Jauregui contra el libro de Quevedo,y otras muchas que no cito, sin faltarles verisimilitud ni otro algun primor, dice nuestro desengañador: solo los miserables Autos no tienen cosa que no sea borron ó sombra. Qué bien dixo el que dixo: Habent sua fata libelli. Ahora entra el argumentazo mas terrible y espantoso que se fulmina contra los Autos. Porque díganme Vms.

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“¿Juzgará nadie posible que se junten á hablar personages divinos y humanos de muy distintos siglos y diversas naciones: v. gr. la Trinidad Suprema, el Demonio, San Pablo, Adan, San Agustin, Jeremías, y otros tales, cometiendo horrorosos é insufribles anacroismos?”
En primer lugar no será malo que Vm. sepa que en Job nos pintan una conversacion entre Dios y el Diablo, de la que dimanó que éste lo fatigase con tanto trabajo, que fué y ha sido el paciente por antonomasia, objeto de las complacencias de su Magestad, blanco de las misericordias, y dechado de los mas perfectos. Luego ha de saber Vm. que Aristóteles entre las arracadas que hermosean la Poesía, pone como una de las mas príncipales la Máquina. ¿Y qué cosa es Máquina? Por lo que toca á nuestro asunto no es otra cosa, que

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Accion, ó modo de accion superior á las fuerzas humanas, del que se debe usar solo para desatar algun lance dificil. Y dice el Padre Juvencio: quando los Poetas trágicos traian los Dioses como baxados del Cielo aquel socorro, ó dado por los Dioses ó de qualquiera otro modo, pero extraordinario, y sobre las fuerzas humanas, se llamaba Máquina. Y preguntando él mismo ¿quándo se debe usar de esta maniobra? Responde: que quando hay necesidad de saber alguna cosa de las que pasáron, ó han de venir, la qual no se puede saber sin la ayuda de la Deidad, ó siempre y quando hay necesidad de saber algun hecho que exceda la capacidad de los hombres.
Con que parece que entre los antiguos y los mejores Maestros del Arte ha sido recibido el juntar personas de diversos siglos, divinas y humanas, sin furiosos anacroismos, y como Vm. no nos dice dónde, ó cómo comete estos excesos nuestro Calderon, nos contentamos con darle esta regla general observada de los mayores y mejores Poetas. En Virgilio se ve á cada paso; y Aristóteles culpa en Hornero que hiciese descender á la Diosa Minerva desde el Cielo para detener unos soldados, quando esto se podria hacer con el consejo de un varon prudente.

Cita/Lema

Horacio encarga: Nec Deus intersit, nisi dignus vindice nodus inciderit: In Arte Poet.
Lo que prueba, que para mediar este concurso se necesita algun nudo dificil y digno de la divinidad, lo que practica Calderon en los lances mas estrechos y sagrados. Pero por quanto las reglas que observáron los Gentiles sabios é instruidos, son para Vms. las de mayor eficacia, hemos usado del exemplo de estos en los Poemas épicos, que son comunes tambien á los dramáticos, y nos reservamos para mejor ocasion el demostrar que estan autorizados igualmente por sugetos Christianos, hábiles y medidos. Lo bueno es que nos venga Vm. otra vez con los Cantares, materia tan alta y tan fuera de nuestra jurisdiccion; y que nos diga que

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“se ven allí la propiedad, la dulzura, la elegancia, la alegoría sencilla, sin embolismos, truhanerías, ni despropósitos, y no advierten la disonancia.”
Supongo que Vm. no los ha leido: y supongo que aunque los haya leido Vm., habrá sido sin dos ó tres intérpretes de los de mas nota: porque de otro modo ¿cómo habia de decir que la alegoría es sencilla? Es divina, es dictada por el Espíritu Santo, es de fé; pero ha de saber Vm. que tienen mas dificultades que palabras, que sudan los mas doctos Escriturarios para hallar el verdadero sentido, y que muchas cosas de las que contienen, si se tomaran materialmente como suenan, parecerian defectos considerables; que yo estoy muy léjos de comparar con los Autos porque sé la diferencia que hay de la regla infaltable de nuestra Fe, á las producciones de un hombre, aunque hábil, sujeto al error: por eso no tengo mas que decir en este asunto, sino que dice Vm. bien, en que no tienen truhanerías, envolismos, ni despropósitos; pero que le den de beber por la gracia: porque ya se ve, que advertirnos esto de un libro sagrado es un favor considerable. Y lo bueno es que se querelle lastimosamente de que no nos dexemos advertir de los modernos, y que tenga por empeño ridículo, y ceguedad, el que se defienda á Calderon: porque estoy bien seguro que el mas contrario á sus obras y mas mal habido con los Autos, ha de reprobar un modo tan bárbaro de mover palillos, encaxe, ó no encaxe. ¿Qué dirémos del modo con que pone los yerros de Historia y Geografía, copiados de Luzan y otros, que en algunas Comedias justamente reprehende á Calderon en la suposicion de ser suyas? Pero no se hacen cargo que en el prólogo á los Autos se querella; que en uno de sus tomos,

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de diez Comedias que tiene, no son las quatro mias, ni aun ninguna pudiera decir, segun estan no cabales, adulteradas y defectuosas.
El que en la devocion de la Misa haga á Leon pueblo de Asturias, es cierto que es un error de marca, para quien no sepa que en sus principios lo fué efectivamente, y aun hoy solo tiene una especie de distincion material. Pero con todo, no nos quejemos, que el

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“pensamiento del soneto, que se cita en mi Discurso VI. es admirable: pero (quejémonos por qué) no es de Calderon; que es de San Francisco Xavier.”
El de este Santo Apóstol de las Indias está en las manos de todos, y es tan admirable como suyo; pero fuera de tener el mismo objeto, yo no sé por qué ha de decirse que el pensamiento del de Calderon es el mismo, porque por esta regla ni el del Santo se podria llamar suyo, pues tiene el mismo objeto que todos los Actos de Contricion han tenido y tendrán. Ambos tiran por diversos rumbos á un fin: pero porque no le quede á Calderon ni un ápice que parezca bien, hasta en lo que hallan cabal han de buscar pero. Inmediatamente á este reparo prosigue su merced:

Nivel 3

no hay duda que Calderon fué el que mejor trató el idioma, despues de Lope, segun Don Gregorio Mayans; mas no por eso dexó de caer en estravagantes metáforas y freqüentísimos defectos, v. gr. en la vacante general:

Nivel 4

Con la pluma de ese Remo,
En el papel de las ondas
Dexarás tu nombre impreso.
Desde luego confieso que Calderon no supo nuestra lengua, ni Don Gregorio Mayans quantas son cinco, si se cuenta esta clase de metáforas por estravagantes, y prueba de frecüentísimos defectos; pues de esto tiene mucho é inferior, pero me queda el consuelo de que tiene Vm. ayres de no saber qué es metáfora.

Nivel 3

En el mismo Auto parece que dice San Pablo.

Nivel 4

O vosotros humildes pescadores, Que de Genezareth hoy en la playa
Freno de arena, que detiene á raya
Ese del Mar caballo desbocado, &c.
“¿Qué dirán de esto sus sequaces? ¿Es éste el estilo del Diálogo, ó el Drama? Para una cancion lírica era bueno sed nunc non erat his locus.”
Vea Vm. aquí una prueba positiva de lo antecedente, pues nos confiesa que este estilo era bueno para una cancion lírica, pero no para Drama, que es decir, que el estilo es sublime, pero no natural. ¿Pues en qué se opone esto á lo que dice Don Gregorio Mayans? ¿No hay aquí inferiores ó iguales metáforas que la de arriba? ¿Pero no sabrémos por qué unos pobres pescadores, y la gente mas humilde no ha de entender unos versos que evidentemente son claros y perceptibles? Es constante que Don Pedro Calderon se remontó algunas veces fuera de su esfera, pero este es un defecto fondo en primor, y tal vez natural á su fértil ingenio; pero ni aun en esto saben poner el dedo, segun conviene. Lo mejorcito de todo es, que el señor Moratin nos diga:

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“yo sé de cierto que San Pablo no fué tan pedantesco, y que quando escribió á los sabios Magistrados de Roma, Epheso ó Corintho, &c. no usó de los circunloquios con que Calderon le hace hablar de repente á unos sencillos pescadores, que si lo entendiesen se quedarian admirados de un caballero tan culto.”
Vale esta cláusula á peso de plata. ¿Con que Pablo no fué tan pedantesco? ¿Sabe Vm. qué quiere decir tan? Pues en buen romance es decir, que el Santo fué pedantesco, pero no tanto como en ésta: Ovidio no fué tan Poeta, denota que fué Poeta, pero no tanto como Virgilio, si es sobre quien apela el tan pa tan tan. ¿Con que escribió á los sabios Magistrados de Roma, Epheso ó Corintho? Pues no lo crea Vm. aunque se lo juren, que á quien escribió fué á los pobres humildes Christianos, que léjos de componer Magistrados, solo el nombre los aterraba, y aunque tenian sus Prelados y Obispos, sus juntas eran clandestinas, y solo se manifestaban, ó por el ardor de la Fe, ó por alguna perniciosa acusacion; pero esto está Vm. tan léjos de saberlo, como la casta de estilo que usó nuestro Vaso de Eleccion: porque en primer lugar, escribiendo á unos sabios Magistrados, como Vm. dice, no fuera extraño que usara de estilo sublime; pues por la dignidad y sabiduría parece que les venia de molde. A mas, que sin disputa, fué tan elevado, tan singular y tan dificil, que por lo comun los pocos Expositores que yo he visto, gastan quadruplicado papel en explicar sus Epístolas, que en otra qualquier parte del Nuevo Testamento, que contenga igual volúmen. Pero si con todo este torrente de erudicion lleva Vm. el fin de probar que no escribió Calderon tan bien como San Pablo, se le concederémos á Vm. gustosamente, y si le parece añadir todos los Santos Padres, no nos detendrémos en lo mismo. Para figurarnos el espantoso modo con que Calderon desfigura á la naturaleza, nos trae el primer pasage de la Comedia La Vida es sueño; de lo que hasta de ahora yo no me he constituido Apologista: pero desde luego confieso, que ni ésta ni otra alguna de las Españolas está tan acabada como la Petimetra, del señor Moratin, á quien aseguro que si mi salud estuviera en mejor disposicion, haria ver las reglas que le sobran, la verisimilitud que tiene, y los primores que incluye; pero puede ser que algun dia me levante con ayre de mal emplear el tiempo.

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“Volviendo, pues, á los Autos, digo: (dice) que en punto de su artificio está ya dicho bastante, para quien se quiera hacer cargo; pero el que no lo entienda, calle.”
Pues, señor, yo no lo entiendo, pero no quiero callar. A Vm. se le rompe algun brazo, porque yo hable y diga, ¿qué artificio es éste, pues van tocadas mas teclas que tienen todos los órganos de Madrid? Pero no nos paremos en pelillos, y vamos á la materia, que es en donde parece que está la mayor dificultad.

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“En las Órdenes Militares pide Christo al mundo la Cruz, y éste para dársela llama á Moyses, Job, Jeremías y David, los quales por parte de Padre le abonan; pero por parte de Madre yo no sé lo que dicen; solo sé que por la disposicion de los quatro Testigos, el mundo le da la Cruz, no obstante que confiesa que á nadie se la ha puesto, que no sea por baldon. Yo aquí reflexîonara un poco, dice, pero un mozalvete con sombrero de tres picos á la dernier no puede discurrir mucho en estas materias.”
Esta es una buena palinodia y á tiempo. Es bueno que se meta con que si las razones de Duhamel son eficaces ó ineficaces para probar, que el libro de los Cantares no es literal; que corrija el Padre La-Haye; que difina el estilo de San Pablo, que intente meter su cucharada en las materias mas sagradas, que juzgue si está ó no está bien interpretada aquí ó alla la Sagrada Escritura, ¿y que nos salga ahora con el sombrero á la dernier? Pues señor, mi ánimo es siempre explicar todos los puntos que toco con la mayor claridad; pero son tantos los registros que Vm. exîste, que es imposible apurar las cosas segun conviene. La Generacion del Divino Verbo está pintada en Moyses, Job, Jeremias y David, con los colores que les dispensó el Espíritu Santo, haciendo que todos se ordenasen al Encarnado, y señaladamente Jeremías prorumpe: ¿Quién narrará su Generacion? En donde confiesa y explica la grandeza de nuestro Dios por lo mismo que juzga su Generacion por inenarrable; y este Divino Verbo, que tambien es Sabiduría increada, es el que se llama Primogénito, ó ántes que toda criatura. Habiendo tomado carne humana en las entrañas de María Santísima y héchose hombre por remedio del hombre, cargó con nuestros dolores, tomó sobre sí nuestros trabajos, y sin ser pecador fué reputado por tal. Estos quatro testigos, que como Dios lo pintan sin mancha ni borron, y superior á quanto se puede decir, lo consideran como hombre, y segun el juicio que han de formar los hombres, que en gran parte lo han de despreciar; y desde la cuna hasta el sepulcro lo hallan lleno de miserias y aflicciones, hijo en la apariencia de un Carpintero, reputado entre los suyos por Samaritano, lo que visto por el Mundo, que no lo conoció, le da la Cruz como baldon; pero puestas las pruebas en el Consejo Supremo de las Órdenes de Dios, el vilipendio se volvió culto, y el baldon presea de los mayores Monarcas, verificándose que luego que se levantó de la tierra, atraxo todas las cosas á sí mismo. Esta es alegoría, y no los disparos que Vm. forma para luego barajarnos los sesos con será alegoría, y algo mejor está en el Auto para el que la entienda y sepa leer. Ahora entran las Loas á llevar su tañidura, que no habian de tener mas fortuna que lo demas, pues la de este Auto (Las Ordenes Militares)

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“se reduce á equívocos, cosa indigna del asunto, y propios solamente para los versificantes y copleros bufones de escalera abaxo. ¿Y es eso solo? Pues lo mejor falta. Yo sé, prosigue, que los Profetas no alabáron á Dios con equívocos y juguetillos del vocablo, porque esta es Poesía falsa, que con un capirote se deshace.”
Vamos por partes: ¿es posible que la Academia Francesa (con cuya noticia Vm. nos honra) tuviese á Calderon por digno competidor de Corneille, con unas obras propias de bufones y copleros de escalera abaxo? ¿Cree Vm. que dice alguna cosa con que los Profetas no alabáron á Dios con equívocos? ¿Quántas cosas hay que no usáron los Profetas y son santas y buenas? ¿Si lo alabarian con Tragedias á la Francesa, repulidas hasta no mas? Sin duda que no. ¿Si serán buenas? Aun dudarlo es delito. Señor mio, el uso del equívoco, quando es mero equívoco, no es cosa de que nos andemos á cachetes por él; pero quando entre esta sal lleva otra substancia, es como pan con nueces, y los Extrangeros lo envidian mas que lo culpan. Ahora, eso de decir Calderon, que Christo murió en la calle de las tres Cruces, y que la Samaritano viviò en la del Pozo; ya se ve que es una cosa que se pierde de vista, porque ¿quién ha de entender por unas voces tan confusas el verdadero sentido de estas proposiciones? ¿Qué diria el señor Moratin si oyera que Madrid es una Babilonia, una Ginebra, ó cosa que tal? Diria que era un disparate, una barbaridad y una locura. Pues señor, de estas locuras hallará Vm. á cada paso en los Oradores de alguna nota; quando por comparacion, hipérbole ó sacudida, reprehenden los vicios del pueblo; y no le va léjos la de la calle de las tres Cruces y la del Pozo. Pero ¿qué diré yo, pobrecito de mí, si me recarga Vm.

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“con que de ese modo el Bautista vive en la calle de Santa Isabel? ¿Sanson y David en la de Leon, y la Burra de Balán en la del Prado? ¿Quántas blasfemias y heregías se podrán decir á este tenor? Es esto alegoría?”
No señor, esto es gana de sacar la lengua al ayre, salga pez ó salga rana. Supongo que Vm. no ha soñado en saber qué es blasfemia: yo no sé si lo trae el Padre Ripalda, ó Belarmino; pero quien lo traerá sin duda es mi señora Larraga, y me parece que ha de ser: cosa de maldicion, contumelia ó denuesto contra Dios ó sus Santos. La heregía, negando algun artículo de Fe, sea material, formal, externa, interna, ó mixta, y en el caso propuesto, Vm. convencerá por lo mas mucha necedad, poco respeto á la Escritura, ningun suco, un mero jugar del vocablo; pero déxese de blasfemias y heregías, porque somos Christianos á macha martillo, y póngase en estos puntos el sombrero á la dernier y sin meterse en exclamar:

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“¿Es posible que un modo tan voluntario, tan ridículo y tan fútil es el modo de interpretar las sólidas verdades de la Escritura Santa?”
Que aquí no hay interpretacion ni mas propiedad ó impropiedad, que una acepcion material de lo que suena para acomodarla á una verdad constante y de fe; y quando haya todo lo que Vm. quiera, en hallarme cosa que de mil leguas huela á blasfemia, que me la claven en la frente. Sobre lo que está Vm. muy erudito es, sobre el Toletot; pero tenga paciencia, que no se lo aplauda como merece, porque tenemos otros puntitos de mas importancia, y el papel y la gana van dando de mano. No he podido con mi genio dexar pasar por alto el que

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“los argumentos que en otra Loa hace para probar la exîstencia de Dios Sacramentado en muchas Formas Consagradas, son incoherentes y muy débiles, (aunque no es él solo) y es desatino probar una verdad infalible con una sofisteria.”
¿Pero no nos dirá Vm. por qué carga de agua lo hemos de creer? De Poeta tiene Vm. dadas pruebas muy positivas; pero de Teólogo y Filósofo no hemos visto ni Cursos. La sofistería é incoherencia son quisicosas, que por lo comun van rebozadas y no se dan á conocer fácilmente: con que no será extraño que suspendamos el juicio, y nos hagamos cargo de que

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“en la misma Loa para probar la verdad certísima de que Dios no se aminora, por mas que le comulguemos, se vale de un argumento absolutamente falso, que es una antorcha.”
Este argumento, absolutamente falso, á lo que yo puedo entender, es, que Calderon muestra con una hacha encendida, que así como ésta comunica su luz á otras muchas, quedándole siempre la suya con igual resplandor; del mismo modo Dios Sacramentado exîste en muchas Formas, sin que por eso falte, ni se disminuya en alguna. Sin disputa, no es para convencer á un Zingliano, Calvinista, ó igual casta de páxaros; pero es uno de los exemplos mas instructivos para un pueblo humilde y Christiano. No hay cosa visible que comparada con las invisibles y eternas, no tenga igual ó mas disonancia. ¿Pero qué cosa mas comun en la Doctrina de Jesu-Christo y los Santos Padres, que estimularnos por estas partes materiales y terrenas á las divinas é inmateriales? Para que no le falte el Don de Consejo al Desengañador de nuestro Teatro, nos persuade que si es por alegorías ¿por qué no se forman Tragedias de Varones Justos que contienen las Escrituras, como Abraham, Isaac, y Jacob? Yo no entiendo esto: porque ¿qué cosa mas freqüente en los Autos, que estos personages de la Ley antigua? ¿La Escala de la Gracia, el primero y segundo Isaac, quien hallará Muger Fuerte, las Espigas de Ruth, y quasi todos los restantes, son mas que un cumplimiento de este deseo? Sí señor, porque parece que en estas piezas está totalmente desconocido el carácter de los Hebreos, y era preciso encaxar un poquito de erudicion Francesa:

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“porque ningun Auto dará mejores ideas de la Religion, que la Esther y la Athalia de Racine, sin necesitar de extravagancias ni prosopopeyas monstruosas.”
Ni con Racine, ni con otros de los famosos de la Francia, ó alguna otra Nacion, es mi ánimo ensangrentarme, porque sé lo que se debe á un mérito sólido; pero si nos gobernasemos por los principios del señor Moratin, puede ser que corriera la misma fortuna que Calderon. Porque ¿qué cosa mas fácil que figurar argumentos sin ton, ni son, y hacer que se les cayga la baba á los que tienen por mejor lo último que leen? Todo esto viene á convencer que en Francia todavía tienen aplauso los Dramas sagrados, cosa que ni Monsieur Fontenelle, ni Don Joseph Clavijo llevan á bien: porque esto fué solo propio de los siglos bárbaros. Lo que es mucho no haya Vm. tenido presente para que la famosa Tragedia del Nacianceno Christus patiens se hubiera quedado sepultada en el olvido; sin concedernos que se puede hacer una pieza dramática de cosa tan sagrada como la Pasion de Christo, pues no tuve yo otro objeto para traerla por exemplo en mi Discurso IV. que probar esta verdad. Así pudiera probar tan fácilmente que no se opone á la Religion en un ápice el uso de estas Poesías, pues aunque no teniendo decidido cosa en contrario, basta la autoridad de un Santo Padre Teólogo por antonomasia; eso no obstante, monta para mí mucho ver que suspende su juicio nuestro Desengañador. No es ménos el trabajo que me cuesta el que Calderon saque á San Pablo de Maestro de Armas, sin que podamos saber si esto es decente, ó no es decente: porque Job es verdad que dixo: que era la vida del hombre Milicia sobre la tierra: baxo de cuyo principio no parece extraño que uno de los primeros Soldados del Christianismo, y que tanto lidió con el mayor de los enemigos, nos enseñase los quites con que frustró sus fuerzas; pero con todo es preciso confesar, que ésta ni otras cosas son para los que entienden no mas que lo que materialmente suena. Ello es forzoso que mucho se nos pase por alto; pero no puede pasar el que

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“si las materias mas sacrosantas de nuestra Religion se deben disputar sofísticamente en un Corral de Comedias, hasta los Zapateros de viejo serán Teólogos Dogmáticos.”
¡Haya tal belleza! ¿A Vm. le parece que el poner un sofisma es tan fácil? Pues no sé yo que le falte mucho para poder argüir sólidamente al que lo hace con sofistería. Es cosa para mí de mucho gusto el que en otra parte hablando de la ninguna regla que observan los Autos, dice Vm. pues de ese modo un Escarolero los podrá hacer. Y puede creerme, que siento no hallarme con mil doblones para ofrecerlos á su disposicion con sola la circunstancia de que disputase sofisticamente en un Auto como Calderon, ó pusiese en planta lo que puede hacer un Escarolero. ¡Pero que sea yo tan negado, que ni uno ni otro pueda! ¡Y que llegue mi preocupacion á tanto, que aunque me dieran un mundo, no habia de poder formar un Auto igual á los que tanto reprueban estos caballeros! Y con todo si me pagaran á cincuenta pesos Comedias como la Petimetra, me parece que las habia de llover. Lo mejorcito de todo es, que nos diga Vm.

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“Las alabanzas de Calderon yo no niego que sean justas.”
Pues es muy mal hecho, porque un hombre que se le pone por exemplo del modo que interpreta las Escrituras el

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conservare digneris, conservar los dineros, que se hallan blasfemias y heregías á cada paso, que no observa regla alguna y que lo que hizo lo puede hacer un Escarolero,
¿por qué se le ha de alabar justamente? Hasta el estilo en que le vindica Luzan no tiene morada en Vm. Y yo á la verdad, aunque Ricoboni, los Aprobantes, la Academia Francesa, y otras buenas gentes hayan hallado en Calderon cosas dignas de elogio, no lo tengo por cosa de tanto peso como el que Vm. de pies á cabeza lo encuentre lleno de macas, pecas ó despilfarros. ¿No es bueno que creia haber concluido, y me hallo todavía con dos cosas que piden pronta y precisa resolucion? Es la primera, ver

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“¿qué razon hay entre Católicos para alegorizar las Fábulas Mitológicas de los Etnicos, figurando á Christo por medio de un hombre Gentil y vicioso, habiendo tantos en el Nuevo y Viejo Testamento, que le simbolizáron mas dignamente, v. gr. por la dulzura David, mejor que Orpheo, y por sus triunfos Josué, mejor que Eneas, &c? Miéntras no expliquen esto, no hay que hacer caso de sus dicharachos, porque no tienen voto, y son unos ignorantes, presumidos y charlatanes.”
Voy á explicarlo para no ser si lo hago, lo que le toca á Vm. por el contrariorum eadem est ratio. En primer lugar, en mi Discurso antecedente se toca este punto con extension, y ahora falta que añadir, que una señora, que llaman Doña Antonomasia, dexó dispuesto que se pudiera tomar el nombre apelativo por el propio, y que le sucediera lo propio al propio por el apelativo. Y así se entiende en diciendo el Poeta, Virgilio; y en diciendo es un Virgilio, se entiende un Poeta; y del mismo modo el Músico Orpheo, Orpheo un Músico. Pero por quanto Calderon suele pasar mas adelante en las Fábulas, ha de entender Vm. que entre las muchas mentiras que se cuentan del señor Orpheo, fué una, el que sacaba las Almas del Infierno á lo dulce de su instrumento, y esta ficcion no está verificada en David, pero sí en Christo nuestro Bien, que con la dulzura de su Ley nos sacó de la esclavitud de Satanás y del Infierno. La otra cosa, que pide respuesta con igual prontitud; es quitar á Vm. los temores de que le llamen Frances, Italiano, ni Chino, pues para mí es Vm. Español y muy Español, dudo si Vízcaino ó Catalan, por la pureza del estilo; y quando creyera que podia ser extrangero, no dudaria en hacerlo Moscobita. Supuesto, pues, que está Vmd. seguro, que

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no le pueden combatir con razones sólidas y nerviosas, sino con dichicos, encadenamiento de agudezas sin solidez, equivoquillos y refranes de bodegon,
tambien puede estarlo de que yo no le he de impugnar mas, ni meterme á vueltas con sus papeles, porque me vuelvan tarumba con tal tropel de especies inconexâs y acinadas, sin hilo, cuerda ni calabaza; y á Vmd. le toca despreciar los mios, como cosas en fin de Escritor sin Titulo.

1Lib. I. Pharsaliæ.

2Sæpissimè laudatus R. P. Juvencius, lib. I. Instit. Poetic. Cap. 3. de Forma Poeseos. Placent Maximè, quæ à veteribus sæpè recentioribusque Poetis in Poemate Epico, Tragico, Comico, Bucolico, etiam, & Satyrico, fictitiæ inducuntur Personæ. Non sine dignitate, ac vetustate in animis spiritus, mutis vox tribuitur: Ut cum Roma, Gallia, Africa, loquentes inducuntur, vel cum scientiæ, Artes in personas item conformantur.