Zitiervorschlag: Anónimo (Hrsg.): "Número XX", in: El Filosofo à la Moda, Vol.2\002 (1788), S. 19-36, ediert in: Ertler, Klaus-Dieter / Hobisch, Elisabeth (Hrsg.): Die "Spectators" im internationalen Kontext. Digitale Edition, Graz 2011- . hdl.handle.net/11471/513.20.709 [aufgerufen am: ].

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Número 20

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Leccion XXXVII

A las Mugeres Vanas.

Zitat/Motto► Spiramia consulit exta . . . . .

Virg. Æneid. IV. 64. ◀Zitat/Motto

Ebene 3► Metatextualität► Despues de haber expuesto la anatomía de la cabeza de un Petimetre, referiré aquí la incision del corazon de una Muger vana, segun he prometido, y expondré lo mas curioso que observamos.

Ebene 4► Traum► Antes que nuestro Anatómico pasase á dicha incision, nos dixo que no habia cosa mas dificultosa en su profesion, como la de abrir el corazon de una desvanecida, y explicar todas sus partes con exâctitud, á causa de una infinidad de laberintos y de dobleces que se hallan en él, y no se ven en el de los demas animales.

Luego nos rogó observaramos el [20] pericardio, ó el conjunto exterior del corazon, y vimos con el favor de nuestros microscopios un millon de pequeñas cicatrices, que parecian hechas con la punta de una infinidad de dardos y de flechas arrojadas contra aquella membrana, aunque no habia la menor señal de que ni una de aquellas saetas hubiese penetrado hasta la substancia del corazon.

Todos aquellos que tienen alguna tintura de la anatomía, saben que el pericardio contiene una especie de licor encarnado y sutil, que, segun se cree, nace de las exhalaciones del mismo corazon, y se condensa en él de aquel modo. Se procedió al exâmen de este licor, y se halló que tenia todas las calidades de aquel espíritu de vino, que sirve para llenar los termómetros, y manifestar los diferentes grados de calor ó de frio en sus respectivas estaciones.

No debo omitir aquí una experiencia, que uno de los asistentes á [21] la anatomía dixo haber hecho con este licor, con motivo de haber encontrado el año antecedente una considerable porcion de él en el corazon de una muger vana. Nos aseguró que habia llenado una fístula de vidrio, como la de un termómetro, mas en lugar de manifestar la variacion de las estaciones, enseñaba las calidades de las personas que entraban en el quarto donde estaba colgada. Añadió que aquel licor al acercarse á él un sombrero de plumas, un vestido bordado, ó una capa de grana, &c se elevaba; y al contrario, quando se presentaba una peluca vieja y mal hecha, un par de zapatos gordos, un vestido á la antigua, ú otras cosas semejantes, baxaba precipitadamente. Pero aquí no se encierra todo, nos aseguró indubitablemente, que si por casualidad alguno se echaba á reir cerca de este licor, se elevaba sensiblemente y baxaba con prontitud, apénas uno [22] se ponia serio. En pocas palabras quiso persuadirnos, que mediante esta máquina, podia conocer si en su casa se hallaban hombres de juicio, ó personas necias.

Despues de haber explicado el pericardio, y considerado el licor que encerraba, pasamos al mismo corazon. La superficie exterior era tan lisa, y la extremidad tan fria, que quando se queria tomarle en la mano, huia de entre los dedos, como un pedazo de yelo, ó una anguila.

Las fibras estaban mas complicadas que las de los otros corazones, de modo, que parecia que todo el corazon formaba un verdadero nudo gordiano, y así no podia haber tenido sino movimientos muy desiguales al exercer sus funciones vitales.

Quando exâminamos todos los vasos que se introducian, ó que sabian de él, nunca pudimos descubrir que tuviese la menor comunicacion con la lengua, lo que nos pareció [23] digno de mucha reflexîon.

Vimos al mismo tiempo que muchos de aquellos pequeños nervios que contribuyen á la sensacion del amor, del odio, ó de las demas pasiones, no baxaban del celebro, sí de los músculos situados al rededor de los ojos. La curiosidad me movió á tomar en la mano aquel corazon para juzgar de su peso, y me pareció tan ligero, que inmediatamente me persuadí estaba casi enteramente vacío. En efecto lo interior tenia muchas concavidades que se comunicaban de unas á otras, y semejaban á aquellos quartos que ciertos historiadores atribuyen á la cuna de Rosimunda. Muchos de aquellos pequeños pedazos se hallaban ocupados con mil frioleras, que me seria imposible describir; diré solamente que la primera cosa que descubrimos fué una cofia azul guarnecida de gasas color de rosa y lantejuelas, y un abanico guarnecido de cis-[24]ne por todos lados con unos zapatos azules de la tarántula. Se dixo asimismo, que la Dama de quien era aquel corazon, quando vivia, daba oidos á todos los que la galanteaban á todos los esperanzaba, y hacia creer á cada uno en particular, que era distinguido de los demas. Por esto nos aplicamos á descubrir la escultura de un infinito número de rostros sobre los diferentes laberintos de este corazon; pero quedamos muy admirados, viendo que todos estaban en lo exterior, y que al paso que se iba descubriendo el centro no se hallaba ninguno. Finalmente, era lo mas recóndito de él, y con el auxîlio de nuestros microscopios descubrimos un hombre pequeñito vestido de color de panza de sapo muy a lo petimetre. Quanto mas lo miraba tanto mas me parecia haberle visto en cierto pais, sin poderme acordar ni del tiempo, ni del parage. Mas uno de los compañeros que lo [25] habia exâminado muy de cerca, nos hizo ver con distincion las facciones del rostro, el ayre de todo su cuerpo, y que aquel pequeño polo, colocado en el medio del corazon era el Petimetre, de cuyo celebro habiamos poco ántes hecho la anatomía.

Inmediatamente que el Profesor concluyó la operacion, no hallándonos en estado de fundar ninguna máxîma sobre la naturaleza de aquel corazon, tan diferente del de las demas mugeres, resolvimos hacer algun experimento para descubrir su substancia. Nos convenimos pues, en ponerle sobre las asquas; pero léjos de abrasarse, no recibió la menor lesion; por lo que concluimos que la naturaleza de la salamandra y la suya eran en todo semejantes, por haber vivido en medio de las llamas.

Miéntras admirábamos un fenómeno tan extraño, puestos en círculo al rededor de aquel corazon, [26] arrojó un profundo suspiro y dando un estallido se convirtió en humo. Este imaginario estruendo, que me pareció mas ruidoso que el tiro de un cañon, me conmovió de tal manera, que disipó los dulces vapores de mi sueño, y no me fué posible poder dormir mas en aquella noche. ◀Traum ◀Ebene 4 ◀Metatextualität ◀Ebene 3 ◀Ebene 2

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Leccion XXXVIII

A los Literatos sobre la Quimera de los Indios Americanos en quanto a la otra Vida.

Zitat/Motto► Felices errore suo. . . . . .

Luc. ◀Zitat/Motto

Ebene 3► Metatextualität► Los Indios Americanos suponen que todas las criaturas animadas é inanimadas, las bestias, vegetables y piedras tienen alma, como los hombres; lo mismo piensan en quanto á las obras del arte, como los cuchillos, espejos, barcos, y de todo lo que se fabrica; y creen que sus almas, quando estas cosas perecen ó se rompen, van al otro mundo donde habitan los espíritus de los hombres y de las mugeres. Por esto junto á los cadáveres de sus amigos quando les dan sepultura ponen siempre un arco y algunas flechas, para que las usen en el otro mundo, y ponen tambien algunas armas y algunos instrumentos, prin-[28]cipalmente de los que se habian servido en éste. Por extraña que parezca esta opinion nuestros Filósofos Européos tuviéron asimismo varias opiniones del todo improbables. Ciertos Discípulos de Platon, en particular quando explican sus ideas, nos hablan de substancias, que no son ménos extrañas y quiméricas. Tambien muchos Aristotélicos han hablado de un modo poco inteligible de sus formas susbtanciales [sic], que se podrian explicar con la opinion de nuestros Indios Occidentales, considerándolas como las almas de las criaturas irracionales, sin la inmortalidad de la otra vida.

Ademas los Americanos pretenden, y es entre ellos una tradicion constante, que uno de su pais tuvo una vision, en la que baxó hasta el grande conservatorio de las almas, ó bien fué al otro mundo, como decimos aquí, y á su vuelta hizo relacion exâcta á sus amigos de todo [29] lo que habia visto en la region de los muertos. En cierta ocasion que arribáron á este pais unos Indios, un amigo mio se informó de lo que ellos mismos decian sobre esta tradicion. He aquí lo que se pudo recoger de las respuestas que diéron al tenor de las preguntas.

Ebene 4► Traum► El visionario, que se llamaba Marraton, despues de haber hecho un largo y penoso viage por una grande gruta subterránea, llegó por último á las cercanías de aquel mundo de los espíritus; pero no pudo entrar en él á causa de un bosque de abrojos, zarzas y cambroneras tan enlazadas unas con otras, que de ningun modo era posible abrir camino. Miéntras buscaba por todas partes alguna senda, vio á un espantoso leon en ademan de ir á acometerle. Retiróse el Indio algunos pasos; pero e1 leon se le echó encima. No teniendo arma ninguna, quiso agarrar un canto; mas quedó sorprehendido, al [30] ver no habia asido cosa ninguna. Si en esta ocasion se atemorizó, no fué ménos su regocijo al ver que el leon que ya le habia puesto sus manos en el hombro izquierdo, no le hacia daño alguno, como que no era mas que el espíritu de aquel animal. Libre de este enemigo incapaz de hacerle daño, siguió su camino por el bosque, y despues de algun tiempo de observacion, y de haber andado pocos pasos, procuró penetrar un sitio, que no le pareció tan difícil como el pasado, quando con suma admiracion suya halló que los abrojos, zarzas y cambroneras no le hacian la menor oposicion, caminando por medio y encima de ellas, como si no fuesen otra cosa que ayre, y en suma que todo aquel bosque no era mas que una floresta de sombras. Concluyó por último que aquella vasta extension de bosques servia solo de barreta ó cercado para detener los espíritus que allí moraban, pudiendo [31] ser muy bien que aquellas delicadas substancias quedasen heridas de aquellas sutiles puntas, aunque no hacian la mas mínima impresion en la carne. Con esta idea resuelto á atravesar todo el bosque, á poca distancia le hirió un oloroso ayre, que se aumentaba al paso que él andaba. No tardó en descubrir que los abrojos y malezas hacian lugar á infinidad de árboles cubiertos de flores de singular hermosura, y de un olor el mas grato y apetecible del mundo. Estos árboles colocados en una admirable simetría servian de término á la barrera de los abrojos que allí se encerraban. Al salir de esta deliciosa morada entró en una gran llanura, donde vió á muchos caballos que corrian á rienda suelta, y luego oyó los ladridos de una multitud de perros. Entre otras cosas observó á un jóven montado en un potro blanco, que corria velozmente, y cien perros que perseguian el espíritu de [32] una liebre, que con celeridad huia. Pasó el Caballero cerca de Marraton, quien mirándole con atencion conoció ser el jóven Príncipe de Nicarragua que seis meses ántes habia fallecido; por cuya muerte en aquella ocasion llevaba luto toda la América Occidental, en atencion á sus virtuosas y recomendables prendas.

Apénas salió de aquel bosque, quando vió una florida pradera con sus cristalinas fuentes y vistosos cerros ácia el Oriente, con sus umbrosos valles, donde moraban el contento el descanso y el refrigerio. Todo era tan superior á lo del mundo, que no podia explicarse con voces capaces de hacerlo comprehender. Esta deliciosa habitacion estaba poblada de infinitos espíritus que se divertian cada uno á medida de su genio y condicion; jugaban, pues, unos con sus sombras á las bochas, otros á la pelota, y muchos se aplicaban al trato cortes y político con [33] las almas de los enseres difuntos, nombre que dan los Indios á sus instrumentos quando estan reducidos á ceniza. En medio de aquel campo vistoso por la variedad de sus flores, entre las quales habia unas que nunca Marraton habia visto en su pais, tuvo muchas veces gana de coger alguna, y al ponerlo en execucion, no lo podia lograr, no obstante ser el objeto de sus ojos. Se acercó por último á un caudaloso rio, y como era aficionado á pescar, se detuvo algun rato en observar á un pescador de caña que habia sacado multitud de peces, que saltaban al rededor de él.

Se le habia muerto á este Indio su esposa, una de las mas hermosas mugeres de aquel pais, de quien habia tenido muchos hijos. El cariño que mutuamente se habian profesado era tal, que ha quedado por costumbre entre los Indios decir en el dia que se da la enhorabuena á los novios, vivid tan unidos y con-[34]tentos como Marraton y Taratilda. Mas este fiel viudo que miraba con tanta atencion al pescador, apénas apartó sus ojos de él quando vió de repente el alma de su querida Taratilda, quien atentamente le miraba desde la orilla opuesta, sin advertirlo él. Extendia los brazos, desecha en lágrimas, sus manos; voz y miradas le convidaban á que pasase el rio, aunque al mismo tiempo le daba con impaciencia á entender no habia por donde vadearlo. ¿Quién podrá describir el gozo, dolor, cariño y admiracion que asaltáron el corazon de Marraton á vista de su amada Taratilda? No pudo explicar las muchas, y vehementes pasiones que le agitaban, sino con abundantes y copiosas lágrimas. Ansioso de abrazarla se arrojó al rio, que no era mas que perspectiva, y llegó sin mojarse á la otra parte. Taratilda se echó en sus brazos, y Marraton se hubiera alegrado no hallarse con la animalidad que go-[35]zaba, pues le privaba de sus caricias. Despues de varias y recíprocas demostraciones de amor, en el modo que les fué posible, ella le introduxo en un jardin de plantas y de flores ordenadas por sus propias manos, donde se hallaba todo lo mejor que aquellos paises suministran al gusto. Cada dia aumentaba en él alguna nueva cosa, de modo, que en aquella sazon era ya el lugar mas delicioso de los que se pueden pensar. Miéntras Marraton contemplaba con admiracion la hermosura de aquel sitio, embelesado con la olorosa fragrancia, le dixo Taratilda que habia prevenido aquel lugar para recibirle despues de su muerte; pues no dudaba seria destinado á él en premio de sus virtudes, y buena fe para con los hombres. Luego hizo venir allí á dos hijos suyos, que la acompañaban en aquel hermoso albergue, y que dos años ántes habian muerto. Exhortó á su esposo educa-[36]se á los restantes, de modo, que todos juntos se hallasen en aquel ameno sitio, donde no se disfruta mas que placeres inocentes y tranquilos. ◀Traum ◀Ebene 4

La misma tradicion añade, que aquel Indio vió tambien las moradas espantosas destinadas para los malvados, despues de su muerte: vió muchos lagos de oro derretido, donde estaban sumergidos los espíritus de aquellos bárbaros Europeos, que habian maltratado infinidad de Indios pobres, por saciar su desenfrenada avaricia. Pero habiendo, aunque de paso, tocado las principales cosas de esta tradicion los términos de este papel, no me permiten extenderme mas. ◀Metatextualität ◀Ebene 3 ◀Ebene 2 ◀Ebene 1