Zitiervorschlag: Anónimo (Hrsg.): "Carta XV", in: El Corresponsal del Censor, Vol.2\15 (1786-1788), S. 235-250, ediert in: Ertler, Klaus-Dieter / Hobisch, Elisabeth (Hrsg.): Die "Spectators" im internationalen Kontext. Digitale Edition, Graz 2011- . hdl.handle.net/11471/513.20.48 [aufgerufen am: ].


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Carta XV

Zitat/Motto► Des sotïses du tems je compose mon fiel.

Boileau. Discours au Roi. v. 76.

De necedades del tiempo
mis sátiras se componen. ◀Zitat/Motto

Ebene 2► Metatextualität► Señor Censor.

Me ha dado el Cielo un primo tan poco Caballero en sus acciones y modo de pensar, qual reconocerá vmd. por la siguiente copia de la Carta que últimamente le he escrito. Sin embargo de lo bien fundadas que van [236] mis razones, temo muy mucho que vuelvan desairadas; porque de noble y rico no le ha quedado mas prenda recomendable que la de ser testarudo. Yo cumplo con instruirle, señalándole el camino que deben seguir todos los de su estirpe para lograr por este medio ser colocados con el tiempo en algun nicho del templo de la inmortalidad: y supuesto desempeñé mi obligacion, aunque él no quiera acreditar por sus extravagancias, con la que ha nacido; siempre, por siempre y para siempre me quedará pegado tenazmente á las telas de mi corazon ó entrañas, el consuelo de haber hecho quanto estuvo de mi parte. La Carta decia de este modo. ◀Metatextualität

Ebene 3► Brief/Leserbrief► Primo mio: Ebene 4► Fremdportrait► ¿Has olvidado por desgracia tu cuna? ¿No tienes presente que eres rama del mas ilustre tronco? ¿Qué modo de pensar tan ordinario y tan plebeyo es el tuyo? ¡Ah si resucitase tu nobilísimo pa-[237]dre! ¿Quién duda que volveria á morirse luego que viese lo poco que se le parecia su hijo, y lo mucho que habia degenerado de su brillante nacimiento? Por si le ignoras, te participo fuiste concebido como Caballero, creciste Caballero en el vientre de tu madre, y Caballero has nacido. Pero, ¡ah dolor, y qué poco vives como Caballero! Si quieres parecerlo, y que todos lo confiesen á gritos, es preciso tengas la docilidad de tomar los consejos que última y perentoriamente ha determinado mi cariño darte.

¿Acaso no conoces tu grandeza en el cuidado con que á porfia procuran todos obsequiarte? ¿No la adviertes en el profundo silencio que guardan en tu presencia quantos te necesitan, hasta tanto que tu demasiada bondad (ó tonteria), les permite hacer un corto uso de su lengua? ¿No la echas de ver en el afan con que aquel ricote procura [238] conseguir el honor de que admitas sus tesoros con la mira de hacer eternamente desgraciada á su hija? Todas estas cosas, dime, ¿no están aprobando claritamente tu elevada y rancia grandeza? Despierta de ese sueño, vuelve de ese letargo, y sacude esa modorra; respétate un poco mas, y estímate por lo que eres.

Tengo entendido con el mayor sentimiento, que jamás nombras á tus antepasados. ¡Qué ingratitud! y que si por casualidad hablas de alguno, es solamente de aquel que nació de sí mismo como Curcio Rufo, que fue el autor de su nobleza. A vista de semejante sandez, no me admiraré, no, que desees ser lo mismo, sin advertir que vales mil veces mas que él, por la razon de haber tambien mil siglos que eres noble. Dices que ese que nombras con tanto entusiasmo dió principio á tu ilustre alcurnia, y que por lo tanto le citas con preferencia á todos los [239] demas; reconocimiento mal fundado, pues asi declaras y confiesas que tuvo algun principio tu nobleza. No Señor, aquel debe perderse en una casa tan desaforadamente grande como la tuya; lo demas es querer confundirse con el comun de los hombres.

Tan obscuramente vives, que ya va caminando para dos años que tienes el mismo menage de casa, los mismos coches, y el mismo modo de vestir. ¿Qué se queda para un Caballero de aldea? ¿No es una vergüenza, no es un escándalo que con renta tan pingue como la tuya, te sirvas solo de un ayuda de Cámara, un cochero y dos lacayos, y ninguno de ellos con dos reloxes de oro, evillas de plata muy grandes, ni plumage en el sombrero? Si alguno de estos enferma, te envileces hasta el extremo de visitarle, consolarle, y aun asistirle como si fuera tu hermano ó tu igual. ¿Qué es [240] esto? ¿tú eres noble? No puede ser; á lo menos las señales no son de tal.

Ebene 5► Exemplum► Viene algun pobre artesano ó rentero tuyo á verte, y al momento le haces entrar, sin permitir espere en la antecámara de los lacayos dos ó tres horas; y no está aqui el mayor daño, sino en que te humanas hasta hablarle quando el miserable se tendria por muy dichoso en solo verte vestir. ◀Exemplum ◀Ebene 5 Los convidados que freqüentan tu mesa, son tan impolíticos que jamás hablan de cómicas, nunca comprometen el honor de muger alguna, ni se les ha oido elogiarte. ¿Qué podrán ser tales hombres sino unos espíritus geométricos que aplican la regla y el compas á las palabras y alabanzas? Quando se trata de alguna materia científica, callas como un marmol, y nunca decides aunque te halles muy instruido en ella. ¿Qué quiere decir esto sino que estás ignorante de que las personas de tu nacimien-[241]to tienen el particularísimo privilegio de saber de todo sin haber estudiado cosa alguna? ¡Ah si penetrases las funestas conseqüencias que forzosamente se han de seguir de ponerte al nivel de todos! La menor es que digas alguna vez tu parecer, y que algun temerario tenga la osadia de contradecirte. ¡Qué vergüenza para un hombre de tu clase!

Contempla quanto te desprecia el Público, pues jamás habla de tí, y casi siempre de tus iguales. Ninguno te cita, ni por lo magnífico de tus trenes, ni por la riqueza de tus vestidos, ni por el inmenso número de criados, y lo que es mas digno de llorar, ni por las extravagantes fantasias que caracterizan un gran nacimiento: aprende de mí todo lo contrario, y apréndelo tambien de tantos otros primos como tienes.

Me dicen que cuidas perfectamente de las muchas rentas que el [242] Cielo piadosamente te ha concedido: que pasas y repasas muchas veces las cuentas. ¿Pues cómo quieres que los Administradores se enriquezcan? Cometes la bastardia de no comprar jamás cosa fiada, no permitiendo que el Mercader te ponga en su libro verde, por cuyo motivo se vé en la precision de venderte los géneros al mismo precio que al mas miserable pordiosero. Bravo: ¿si todos fuesen como tú, podrian los comerciantes hacer en ocho ó diez años los inmensos caudales que acumulan? ¿Podrian prestar millones á veinte por ciento sombre hipotecas seguras? ¿Podrian levantar mas casas que testimonios á las vagatelas que venden quando dicen que son de Paris, y suelen estar fabricadas muy en España? ¿Podrian tampoco casar á sus hijas con Caballeros que compran á peso de oro? Claro está que no podrian.

Pero no se limitan solo á esto [243] tus defectos, aun los tienes mayores (si es posible), y mucho mas perjudiciales á tu estado y condicion; pues respondes á quantas cartas te escriben, y firmas de modo que un niño de escuela leerá sin tropezar tu nombre, apellido y dictados, quando debias hacer una letra incapaz de ser descifrada, ni aun por los mismísimos Secretarios del Godo Theodorico. Te curas de qualquier resfriado sin llamar al Médico. No sabes montar en una mula, y guiar un coche, siendo en este brillante y honroso exercicio el Automedonte de qualquiera Flora. Jamás han atropellado tus carrozas ó cupés á persona alguna, y vives firmemente persuadido á que el Pueblo baxo se compone de hombres. Eres tan económico que hasta ahora ninguna actriz sabe de que color sea tu moneda, ni si tu voz es de tiple ó contrabaxo. Estaba por negar á todos que corre en tus venas sangre mia.

[244] Lo que mas me ha escandalizado es la noticia que ayer me dieron de que pensabas viajar. Esto solo te faltaba, meterte á tuno. ¡Santo Dios! ¿A qué vienen estos viages? ¿Para qué son buenos? ¿Qué ventajas se sacan con andar corriendo de aqui para alli? Ya prevengo la fatua respuesta que me darás diciendo, que para conocer el fuerte y el debil de las naciones. Cíerto que esto es utilísimo, como si desde aqui no se supiese que hay tabernas en Londres, y tullerias en Paris: ninguna de las dos cosas faltan en Madrid. Yo sé desde el Prado, lo que tú vas á ver acosta de mil incomodidades y gastos. Puede ser (pues de tí niuguna [sic] necedad extraño), que despojándote de lo sublime de tu carácter, freqüentes en las dichas correrias las fábricas de toda manufactura, los arsenales, las bibliotecas, los gavinetes curiosos, y que tengas la baxeza de sentar á [245] tu mesa á los mas célebres Filósofos y Artístas, acompañarte con ellos, y preguntarles sobre las dudas que se te ofrezcan. Cierto que sacaras de todo esto notabilísimas ventajas, y que te puede quedar la patria muy reconocida. Dime: ¿De qué te servirán las noticias é instrucciones que estos puedan darte, mas que de imponerte sobre algunos proyectos de nuevos establecimientos, sobre los medios de hacer un comercio mas extenso, que los terrenos sean mas fértiles, y algun otro tal qual sistéma para que los ricos sensibles á las desgracias del próximo no tengan la molestia de ver tanto pobre? ¿Qué te importa todo esto, ni para qué conduce? fuera de que ese Ministro que tenemos, ese á quien muchos llaman dechado de Ministros, nada mas que porque lejos de insultar al infeliz pretendiente, le escucha con suma tolerancia, y le consuela, pues sabe que al afligido [246] no se le debe añadir afliccion, porque es tan vivo y penetrante en sus respuestas, tan prudente en resolver, tan valeroso en executar, y que diz tiene un corazon tan recto que podia servir para templo de la mismísima Themis1 ; ese mismo Señor dió tiempo há en la mania de enviar jóvenes á los paises extrangeros con el inútil fin de que se instruyan en las Ciencias y Artes para que restituidos despues á la patria puedan enseñarlas á sus conciudadanos. ¿Quánto mejor y mas acertado seria señalarles á estos mismos jóvenes una pensioncica para que continuasen estudiando á Goudin, ó á Froilan, aprendiesen como papagayos el Lárraga, y despues se ordenasen haciendose Clérigos ó Religiosos? y no que los dichos mozalvetes vayan á disiparse fuera, para volver á sus [247] hogares despreciando, quanto no moje el Sena, quanto no lama el Támesis. ¡Qué varias son las idéas de los hombres! Y que cierto es que los mayores se ven precisados á pagar por algun camino su cierto tributo á la enfermiza y debil humanidad. Tú, primo mio, procura solamente hacer en todas partes papelon y alarde de tu grandeza, y dexa los demas cuidados y atenciones á esos hombres miserables que viven afanados toda su vida observando, meditando y calculando para dexar de sí alguna memoria ventajosa, y al fin mueren secos, pálidos hipocondriacos, y comunmente pobrísimos. ¡Qué juiciazo tendran los tales entes! Tú eres de otra masa, creeme, y te saldrá la cuenta.

Pero, ¿por qué me admiro seas sentina de tanto defecto, quando me consta que siempre estás sobre los libros? ¿y qué libros? Ya si fuesen instructivos como Luz de la Fé y de [248] la Ley, Gracia de las gracias de los Santos, ó Gritos del infierno: vaya: pero no señor; ni aun acierto tienes en esto, segun me ha asegurado el ayo que tuve, y que puede ser sin duda por la barbaridad de su erudicion, Archipedagogo de la mas refinada pedanteria. Me acuerdo que burlándose un dia de tí me dixo que todas tus delicias eran las obras de Ausonio Galo, el mayor ladron que entró en Egypto; las de Séneca, padre de la ambicion, y dueño de inmensas riquezas, ganadas que sé yo cómo: las de Marcial, cuya detestable lengua era por muchas causas acreedora á ser picada en un tajo: las del pérfido Aristóteles, ingrato hasta con su mismo Príncipe: las de obscenísimos Cátulo, Tíbulo y Persio: las del muchas veces impío Luciano: las del torpe Ovidio, y las del nefando Virgilio. Yo no sé si en las obras de estos bribones, ó en [249] otras de igual calaña, que diz tienes de unos tales Plutarco y Titolivio (bravos Juanes, Claros y Arandillas) habrás leido las patrañas de que los Señores de Roma y de Atenas servian á sus Repúblicas con sus talentos, con sus virtudes y con sus armas: que la pluma, la eloqüencia, la admistracion del tesoro público, y la negociacion eran vagatelas en que estaban perfectamente instruidos; siempre muy moderados en los gastos domésticos, y sumamente pródigos luego que se trataba del bien público: que satisfacian muchas veces las deudas de los pobres, que dotaban á las hijas de estos para aumentar la poblacion, que socorrian con magnanimidad al Pueblo, y que algunas veces testaban á su favor. Sin duda has bebido en la Historia todas estas fábulas, las crees y procuras en quanto te es dable hacer lo propio. ◀Fremdportrait ◀Ebene 4 No, amado primo, déxate de bobadas, [250] mira por tu honor, por el mio, y por el de tu ilustre parentela. No anubles como hasta aqui con tus acciones lo brillante, puro y terso de tu nacimiento. Tientate una y mil veces el pulso, y sentirás la nobleza que corre en tus venas. Vive como gran Señor, tomando conducta opuesta á la que tienes, y conseguirás de este modo una fama tan eterna como la que espero yo lograr viviendo como vivo.

Dios te guarde muchos años para crédito é ilustración de tu casa.

Madrid 15 de Noviembre de 1786.

Tu afectisimo primo
Harnero. ◀Brief/Leserbrief ◀Ebene 3 ◀Ebene 2 ◀Ebene 1

1 . . . . . Neque Si carthae sileant quod bene feceris Mercedem tuleris. Horaz.